sábado, 26 de mayo de 2012

Presidente a todo tren

A François Hollande se le veía encantado, el miércoles por la tarde, al tomar en la Gare du Nord de París el tren de alta velocidad Thalys que –en 1 hora y 20 minutos– iba a llevarle a Bruselas para participar en la cumbre informal del Consejo Europeo. El mismo, por cierto, que tomó el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, quien sin embargo ocupó un vagón diferente. Sonriente y distendido, el presidente francés se entretuvo unos minutos –como es de su gusto– en saludar a otros viajeros y curiosos, estrechar manos y posar para fotos de recuerdo. No había sin embargo la misma despreocupación y alegría entre los responsables de garantizar la seguridad del jefe del Estado, martirizados por el empeño del nuevo inquilino del Elíseo en seguir comportándose –o casi– como un hombre “normal”.

¿Puede un presidente de la República permitirse el lujo de tomar el tren como cualquier francés? La pregunta está hoy en todas las bocas. Y pocos son los que la responden afirmativamente. Entre ellos no está Henri Guaino, ex consejero de Nicolas Sarkozy, para quien el episodio del Thalys no fue “ni muy profesional ni muy razonable”. “Algo así cuesta más caro, es complicado para todo el mundo”, dijo Guaino, quien añadió: “Cuando se es presidente de la República no se elige lo más cómodo o lo más divertido, sino lo más eficaz y menos costoso”.

El coste del viaje de Hollande en tren de alta velocidad a Bruselas ha sido cifrado por el Elíseo en 5.972 euros, lo que incluye los billetes del Thalys del presidente y sus acompañantes, los servicios de seguridad y el viaje del convoy de cinco vehículos oficiales que hizo el trayecto de ida y vuelta a la capital belga para poder devolver al jefe del Estado a París de madrugada (el último tren sale a las 21.15h), acabada la cumbre.

En contra de lo apuntado por Guaino, resultó más barato que el viaje en uno de los aviones de transporte del Ejército, cuyo coste es de unos 5.000 euros por hora de vuelto. Pero si costó menos fue porque no se adoptaron algunas de las medidas habituales –no se envió ningún avión de reserva a Bruselas, por considerar que la proximidad permitía enviarlo en caso de necesidad desde Villacoublay– y porque se trató de un primer viaje sorpresa, decidido en el último momento.

Si a Hollande le diera a partir de ahora por asisitir a todas las cumbres de Bruselas en tren, ello obligaría –dada la previsibilidad de los desplazamientos– a asegurar el trayecto apostando policías en todos los puentes del recorrido, lo que no parece muy barato. Por no hablar de la imposibilidad de mantener desde el tren comunicaciones codificadas. “Todo esto es muy simpático, pero no es muy profesional. Si seguimos así, vamos hacia una catástrofe”, aventuró un policía de la seguridad presidencial en Europe 1.

Para acabar de poner de los nervios a los responsables de seguridad, Hollande ha dado instrucciones de respetar, a partir de ahora, todas las normas del código de la circulación cuando se desplaza en coche: desde el límite de velocidad a los semáforos en rojo. Así volvió el presidente la madrugada del jueves desde Bruselas, en lo que empleó cerca de tres horas. Sin motoristas, sin señales luminosas. Pero como advirtió un especialista: un convoy parado ante un semáforo podrá ser ejemplarizante, pero es también enormemete vulnerable.




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