viernes, 30 de noviembre de 2012

Un accidente sin culpables

Nadie tuvo la culpa del accidente del Concorde que el 25 de julio del 2000 se estrelló en las cercanías del aeropuerto Charles de Gaulle de París causando 113 muertos. Al menos, así quedará para la justicia francesa, que ayer consideró que no había lugar a ninguna responsabilidad penal. Para sorpresa de todo el mundo, y en contra de la opinión del fiscal, el Tribunal de Apelación de Versalles decidió absolver a la compañía aérea norteamericana Continental y a uno de sus empleados, condenados en primera instancia por el tribunal de Pontoise hace casi dos años. Pese a ello, la sentencia esteblece que cometió una serie de “faltas” por las cuales le condena a pagar una indemnización de un millón de euros a la compañía Air France.

El tribunal constata la concatenación de hechos que condujo al fatal accidente. Todo empezó cuando un avión DC-10 de Continental que había despegado pocos minutos antes por la misma pista perdió en la maniobra una lámina de titanio adosada al fuselaje. Cuando le tocó el turno al Concorde –vuelo AF-4590 de Air France con destino a Nueva York–, el avión supersónico topó con la lámina, lo que provocó el reventón de un neumático del tren de aterrizaje y la perforación e incendio del depósito de combustible, lo que condujo a la pérdida de potencia de sus reactores. Imposibilitado para intentar un aterrizaje de emergencia, el Concorde se estrelló dos minutos después sobre un hotel de carretera en Gonesse, donde perecieron cuatro de las víctimas.

La primera sentencia consideró que había una relación de causa a efecto entre la pérdida de la lámina del DC-10 y el accidente, y por ello condenó a Continental al pago de una multa de 200.000 euros y a uno de sus mecánicos, a 14 meses de cárcel, además de a indemnizar –también con un millón de euros– a Air France. El Tribunal de Apelación de Versalles considera, en cambio, que la pérdida de la lámina de titanio del avión de Continental, si bien es una falta, no constituye en cambio una infracción penal.

El abogado de Continental, Olivier Metzner, celebró ayer la sentencia en la medida en que supone una reparación para la imagen de la compañía. “Este proceso ha estado contaminado por las autoridades francesas”, insistió el letrado, que ya en su momento acusó a Francia de haber “puesto el patriotismo por delante de la justicia” en este asunto. Metzner intentó siempre derivar la responsabilidad sobre Air France y los constructores del Concorde.

Air France también celebró la sentencia, que le exonera también de toda culpa y que –al establecer la responsabilidad civil de Continental– reforzará su demanda en este terreno, que es objeto de una tramitación paralela. Los únicos descontentos fueron las familias de las 113 víctimas. Stéphane Gicquel, secretario general de la Federación nacional de víctimas de accidents colectivos (Fenvac), expresó su “malestar” y “consternación”.




jueves, 29 de noviembre de 2012

La derecha francesa se suicida


Cuando los ecos de la batalla fratricida que enfrenta a Jean-François Copé y François Fillon por el liderazgo de la derecha francesa se hayan extinguido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP) asemejará un campo de ruinas. Francia asiste estupefacta e incrédula, minuto a minuto, al violento desgarramiento del gran partido de la derecha, fundado por Jacques Chirac en el 2002 con el fin de superar para siempre las luchas de clanes. Lo que el diario conservador Le Figaro no ha dudado en calificar de “suicidio en directo”. Cuando termine la guerra, que ayer se había reanudado de nuevo tras una equívoca tregua, la UMP habrá dejado en el campo de batalla toda su credibilidad, y deberá iniciar un arduo camino de reconstrucción. Eso en el mejor de los casos. En el peor, se romperá en dos.

En un mes, según pone de relieve un sondeo de TNS Sofres difundido ayer, la mala imagen de la UMP entre los franceses se ha disparado hasta el 62% (+7), mientras la buena ha caído al 27% (-8). Los dos duelistas –como ya han sido rebautizados irónicamente en alusión al obsesivo enfrentamiento de los protagonistas de la película de Ridley Scott– van a salir también desplumados del envite: entre los simpatizantes de la UMP, la popularidad de Fillon ha retrocedido al 70% (-10) y la de Copé al 44% (-17). Ya se lo advirtió el martes el ex presidente francés, Nicolas Sarkozy, cuando logró forzarles a una frágil entente: de seguir así, les recordó, no sólo el partido sufrirá, sino también su propio capital político, y sus opciones de presentarse a las elecciones presidenciales del 2017 se verán arruinadas.

Como si nada. De nada habrán valido las desesperadas gestiones del que fuera primer presidente de la UMP, Alain Juppé, admitido como mediador la semana pasada; de nada las severas admoniciones de Nicolas Sarkozy; ni los dramáticos llamamientos de una cincuentena de parlamentarios no alineados –encabezados por Bruno Le Maire y Nathalie Kosziusko-Morizet– reclamando un arreglo. Copé y Fillon extinguieron ayer la única posibilidad que había sobre la mesa para encontrar una solución, al dar por rota toda negociación sobre la organización de un referéndum interno para decidir si debe repetirse la elección de presidente del partido. ¿Es que queda ya otra opción? La celebrada el pasado día 18, en la que salió oficialmente elegido Copé, no sólo es contestada por Fillon, sino que nadie cree ya que pueda servir para sostener un nuevo liderazgo.

Cincuenta diputados y un centenar de senadores de la UMP reclamaron ayer la convocatoria de una nueva votación. Mientras, desde la base, seis federaciones del Este de Francia se proponen hacer votar a sus militantes una moción en favor de la unidad y contra “la guerra de los jefes”.

El martes por la noche, la solución del referéndum –puesta sobre la mesa por Sarkozy– había sido aceptada por ambos campos. Pero cada cual pretendió imponer al otro condiciones inaceptables. El desencadenante de la ruptura fue la decisión de Fillon de mantener, contra viento y marea, su iniciativa de crear un grupo parlamentario disidente –Reagrupamiento-UMP– en la Asamblea Nacional, integrado por una setentena de sus seguidores. Se trataba de un elemento de presión, una demostración de fuerza para negociar con ventaja las condiciones del referéndum. El propio Fillon había asegurado que el grupo se disolvería en cuanto se llegara a un acuerdo.

Pero para Copé, que más que instalado se ha encastillado en la presidencia de la UMP, el desafío de Fillon era inaceptable. Era “cruzar la línea roja”. Consumado el gesto anteanoche, ayer a primera hora Copé dió por roto el diálogo, para revenir después y fijar un plazo –hasta las 15 horas– para que el grupo fuera disuelto. “No aceptamos ultimátums de nadie”, respondieron los de Fillon. Pasaban quince minutos de las tres de la tarde cuando la número dos de Copé y secretaria general del partido, Michèle Tabarot, emitió la sentencia definitiva: “La negociación se acaba aquí”.

Las próximas veinticuatro o cuarenta y ocho horas van a resultar cruciales. François Fillon deberá decidir hasta dónde lleva su desafío. La consolidación del grupo disidente podría acabar privando a la UMP, ya en situación económica delicada, de una parte de la financiación pública a la que tiene derecho en función del número de diputados. Si el ex primer ministro da ese paso, abriría el camino a la secesión. Pero ¿quién le seguiría? En su propio campo han empezado a aparecer las primeras muestras de incomodidad y desfallecimiento.

La extrema dureza del enfrentamiento entre Jean-François Copé, de 48 años, y François Fillon, de 58, es la propia de una lucha desesperada por hacerse con el control de la UMP como paso previo para intentar el asalto al Elíseo dentro de cuatro años y medio. Pero detrás de esta guerra de personas hay también dos líneas políticas que se enfrentan.

La contestada victoria de Copé, reforzada por el triunfo de la moción La Francia Fuerte, implicaría, caso de consolidarse, la confirmación del giro estratégico dado por Nicolas Sarkozy a partir del 2011. Inspirado por los consejos de uno de sus más controvertidos asesores, Patrick Buisson, un hombre surgido de la extrema derecha, el ex presidente francés viró hacia al populismo identitario, agitando el miedo al islam y la inmigración. Frente a Copé, adalid de esta nueva “derecha desacomplejada”, Fillon representa a una derecha más moderada y liberal, más centrada.



Sin papeles, un poco más de lo mismo


En 1981, con François Mitterrand, y en 1997, con Lionel Jospin, los socialistas franceses abrieron la puerta a una regularización masiva de inmigrantes extranjeros en situación irregular. No sucederá lo mismo en el 2012 con François Hollande. El presidente francés ya lo había advertido durante la campaña electoral y ayer el Consejo de Ministros lo confirmó, al aprobar una circular oficial con las nuevas reglas para regularizar –individualmente, caso por caso– a los simpapeles que demuestren arraigo en Francia.

Los nuevos criterios, que el ministro del Interior, Manuel Valls, calificó de “exigentes y justos”, suavizan algunos de los requisitos vigentes hasta ahora y endurecen otros. Y, sobre todo, clarifican definitivamente las lagunas que existían hasta ahora y establecen las mismas reglas para todo el territorio nacional, en lugar de dejarlas a la interpretación de los prefectos. Pero en lo fundamental mantienen la misma línea restrictiva que en materia de inmigración había aplicado Nicolas Sarkozy en los últimos años. Su objetivo es también el mismo: no sobrepasar la cifra de 30.000 regularizaciones al año. Sólo una parte de los entre 300.000 y 500.000 simpapeles que se calcula que hay en Francia podrán beneficiarse de estas condiciones.

La “firmeza” en el “control de los flujos migratorios” y la “lucha contra la inmigración ilegal” evocada ayer por el Gobierno socialista enlaza directamente con la herencia del ex presidente francés, quien no porque sí tentó en su día a Manuel Valls con asumir la cartera de Interior con él. El ministro, que fue alcalde en la banlieue sur de París –en Evry– y conoce a la perfección las inquietudes de los franceses ante el fenómeno de la inmigración y el problema de la seguridad, siempre ha mantenido un discurso de firmeza en ambos terrenos, que lo ha situado en el ala derecha del Partido Socialista. Pero sus ideas, avaladas por François Hollande, son hoy las del Gobierno.

Si un acento diferente puede percibirse es en la voluntad expresada por el Ejecutivo de abordar el problema de la inmigración con “responsabilidad” pero evitando toda utilización populista –algo de lo que Sarkozy no sabía privarse– y dando un “tratamiento humano” a las situaciones personales más difíciles.
La circular aprobada ayer por el Consejo de Ministros establece como requisito general –salvo alguna excepción– la permanencia en Francia durante al menos cinco años como condición de partida para poder aspirar a obtener un permiso de residencia.

En el caso de los inmigrantes por motivos de trabajo –la mayoría–, deberán demostrar haber trabajado al menos 18 meses en los últimos dos años, o 30 meses en los últimos cinco, y presentar un contrato de trabajo o promesa de empleo. Sólo quienes hayan trabajado en periodos importantes –dos años como mínimo– podrán acogerse al mismo trato si llevan al menos tres años en el país. Con Sarkozy, se pedía también un mínimo de cinco años de permanencia en Francia y 12 meses con el mismo empleador.

Los inmigrantes simpapeles podrán asimismo pedir la regularización si tienen hijos escolarizados desde al menos tres años (incluido el nivel preescolar). Con la derecha, en el 2006, se pedían sólo dos años de residencia y un año de escolarización, pero eso duró poco y luego quedó al albur de la autoridad administrativa. Las asociaciones en defensa de los inmigrantes han criticado las restricciones en este capítulo.
Más suave es, en cambio, la condición que se impone a los cónyuges en situación irregular, a quienes se exige cinco años de presencia en Francia y 18 meses de vida en común (antes eran cinco años), además de demostrar recursos suficientes para vivir. Los jóvenes de 18 años, por su parte, podrán acceder a la regularización si han llegado al país antes de cumplir los 16 (antes la barrera estaba en los 13 años)

El Gobierno anunció la presentación, durante el segundo trimestre del 2013, de un proyecto de ley para instaurar permisos de residencia plurianuales para determinados tipos de inmigrantes regulares. Antes, durante el primer trimestre, se organizará un debate monográfico dedicado al tema de la inmigración en el Parlamento, que a partir de ese momento se repetirá anualmente. Es sí, con voz pero sin voto.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Última salida: volver a votar


Votar para ver si se ha de volver a votar. La idea, apadrinada por Nicolas Sarkozy como último recurso para salvar a la UMP de la explosión, puede parecer la broma de un prestidigitador, pero ha abierto por primera vez una débil luz al final del túnel en que se encuentra atrapada la derecha francesa. El objetivo es que los militantes de la Unión por un Movimiento Popular decidan en referéndum si quieren repetir la votación para elegir al presidente del partido, dado que la celebrada el pasado día 18 es contestada por una de las partes en liza. Esta alambicada fórmula, aceptada en principio por los dos contendientes –Jean-François Copé y François Fillon–, permitiría salvar formalmente la cara del primero dando a la vez satisfacción a las reclamaciones del segundo, que no reconoce la legitimidad de la elección y exigía su repetición.

La intervención de Nicolas Sarkozy fue “determinante”, en palabras de un lugarteniente de Fillon, para romper el bloqueo. Furioso y harto de la guerra fratricida que está desgarrando a la UMP, el ex presidente francés se empleó ayer a fondo para forzar a los dos rivales –a quienes amonestó severamente y amenazó con una descalificación pública– a buscar una salida a la crisis. Sarkozy consiguió que Copé y Fillon se reunieran, cara a cara, durante media hora en la Asamblea Nacional y aceptaran un compromiso.

Jean-François Copé, que se había encastillado en la legitimidad formal de su nombramiento como presidente –confirmada por todas las instancias oficiales del partido– y se negaba a volver a votar, ha tenido al final que ceder y aceptar implícitamente la inevitabilidad de repetir la elección. El referéndum, una argucia para suavizar esta marcha atrás y darle una suerte de cobertura jurídica, se convertirá de hecho en una primera vuelta de esta nueva elección. Y su resultado será capital. Si los militantes votan por volver a votar, Copé quedará desautorizado y más que debilitado.

El punto de inflexión de la crisis fue la decisión de François Fillon, más decidido que nunca a llegar hasta el final, de constituir un grupo parlamentario propio –separado de la UMP– en la Asamblea Nacional. Una medida de presión tan brutal como arriesgada que sitúa al partido en la antesala de la escisión. El equipo de Fillon presentó anoche la documentación oficial ante la Cámara baja, aunque la constitución formal de ese nuevo grupo, rebautizado Reagrupamiento-UMP, no se producirá antes del próximo martes. De aquí a entonces será una espada de Damocles sobre la supervivencia del partido. El ex primer ministro ha logrado reunir a 68 de los 194 diputados de la UMP y hoy podría hacer lo mismo con unos 70 de sus 131 senadores. Ese Fillon prudente y moderado, a quienes algunos de sus camaradas denigraron llamándole Mr. Nobody, ha demostrado una determinación que ha cogido a sus adversarios por sorpresa.

Anoche, ambos campos mantenían su pulso sobre las fechas y las condiciones en que debería celebrarse dicho referéndum. Fillon envió a Copé un memorándum donde urgía a convocar la consulta antes de las vacaciones de Navidad, exigía que la votación –a través de internet– sea controlada por una instancia independiente exterior al partido y, sobre todo, que en el ínterin Copé ceda el mando de la UMP a una dirección colegiada.

Jean-François Copé, que ya había anunciado su intención de seguir ejerciendo como presidente del partido hasta el final de todo el proceso, rechazó tales exigencias. Planteó celebrar la consulta más bien en enero Y reclamó por su parte a François Fillon que renuncie a su intención de fracturar la representación parlamentaria de la UMP. 


Desgaste desigual en la opinión

La mayoría de los franceses (71%) y de los simpatizantes de la UMP (67%) considera conveniente la repetición de la elección del presidente del partido. Según un sondeo de Ifop, Fillon sale mejor librado, pues su popularidad entre los electores de la UMP sólo ha bajado 4 puntos (al 86%), mientras que la de Copé ha caído 21 (al 55%)




martes, 27 de noviembre de 2012

A Sarkozy se le escapa la UMP


Llamado al rescate por Alain Juppé y algunos barones de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Nicolas Sarkozy intervino ayer entre bambalinas en la crisis de su partido para tratar de mediar entre los dos líderes enfrentados, Jean-François Copé –proclamado presidente– y François Fillon, que contesta frontalmente su elección. Sin aparente éxito. De retorno ayer mismo a París, tras haber viajado a China para pronunciar una conferencia, el expresidente francés almorzó con su antiguo primer ministro y conversó por teléfono con Copé para intentar –sin comprometerse públicamente– buscar una solución. Pero al término de la jornada, el enfrentamiento entre los dos campos era tanto o más violento que al principio.

Jean-François Copé llevó hasta el final su estrategia y consiguió que la Comisión Nacional de Recursos de la UMP –una instancia bajo su control, cuya credibilidad contesta Fillon– ratificara su elección como presidente del partido. Guinda sobre el pastel: su victoria ya no sería por el escaso margen de 98 votos –sobre un total de 150.000 sufragios emitidos–, sino de 992. La comisión tuvo a bien, en efecto, incorporar los votos “olvidados” de ultramar, pero a la vez anuló por presuntas irregularidades las votaciones en varios colegios electorales importantes –en Nueva Caledonia y Alpes Marítimos– en los que Fillon había ganado.
Jean-François Copé, en una breve intervención, dio su victoria por incontestable y la querella interna por terminada. Y, apelando al “perdón”, llamó a todos los militantes del partido –incluido Fillon: a trabajar juntos por la unidad y la “reconstrucción”. Nada que se vea en el horizonte.

El ex primer ministro rechazó de nuevo la proclamada victoria de Copé, que calificó de “golpe de fuerza”, y reiteró su intención de acudir a los tribunales de justicia para impugnar la elección interna de la UMP. Su abogado, François Soureau, confirmó la preparación de un recurso. Fillon envió a la UMP a un ujier para requerir los datos de la elección, a lo que el partido se negó.

Por si faltaran motivos de desconfianza y de tensión, el hasta ahora tesorero de la UMP, Dominique Dord –un hombre próximo a Fillon–, dimitió ayer de su cargo y acusó a Copé de haber utilizado de forma masiva los recursos del partido, económicamente exangüe, en su beneficio exclusivo para financiar su campaña.
El ex primer ministro, que hoy reunirá a sus partidarios para decidir los próximos pasos, podría plantear la creación de un grupo parlamentario aparte, separado de la UMP, anque sin llegar a encabezar una escisión del partido. Una maniobra de estas caractarísticas dejaría a la derecha gravemente tocada en el Parlamento, extremadamente debilitada, además de privarle de parte de los recursos que recibe del Estado.

Entre los dos campos, un grupos de no alineados encabezado por la exministra Nathalie Kosciusko-Morizet, promueve una petición para que se repitan las elecciones internas a presidente de la UMP. “Volver a votar es la mejor solución para evitar la escisión”, argumentó. La iniciativa recogió ayer, en un sólo día, más de 16.000 firmas. La idea parece avanzar, de momento poco a poco. Nicolas Sarkozy, según el diario Le Figaro, se habría mostrado favorable durante su conversacion con Fillon. Y anoche, el director de campaña de este último, Eric Ciotti, también la apoyó. Pero Copé la rechaza de plano.

Mientras la derecha se desangra en esta guerra civil, los partidos fronterizos con la UMP se frotan las manos. En particular la nueva Unión de los Demócratas e Independientes (UDI) del centrista Jean-Louis Borloo. Según fuentes de este partido, en la última semana han recibido nuevas peticiones de adhesión a un ritmo de mil al día. Desde principios de mes, serían ya 14.000. En el otro extremo, la presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, observa con delectación la explosión de un partido cuya ala más a la derecha se propone fagocitar.


Duelos a repetición

La agitada historia de la derecha francesa bajo la V República muestra que la guerra fratricida protagonizada por Jean-François Copé y François Fillon por el control del partido, la UMP, no es nada excepcional. El primer gran enfrentamiento se produjo en 1974 a la muerte de Georges Pompidou, cuando Jacques Chirac sumó sus fuerzas a las de Valéry Giscard d’Estaing –que saldría elegido presidente– para elminar a Jacques Chaban-Delmas. Chirac se enfrentaría posteriormente a Giscard con una gran violencia, hasta el punto de favorecer el triunfo del socialista François Mitterrand en 1981. En 1995 el duelo que desgarró a la derecha fue entre Chirac –que salió triunfante– y Édouard Balladur. El penúltimo capítulo lo protagonizaron en los tribunales Nicolas Sarkozy y Dominique de Villepin.



lunes, 26 de noviembre de 2012

La UMP avanza hacia el abismo



La derecha francesa avanza con obstinada determinación hacia el suicidio. La tentativa de mediación del ex primer ministro Alain Juppé, el hombre probablemente con más autoridad moral y política en la Unión por un Movimiento Popular (UMP), fracasó ayer rotundamente ante la negativa frontal del presidente proclamado del partido, Jean-François Copé –elegido oficialmente por una contestada ventaja de 98 votos, de 150.000, sobre François Fillon–, a aceptar las condiciones del mediador. El ex ministro Benoît Apparu, no alienado, resumió anoche con sarcasmo la situación: “¡Una nueva corriente en la UMP, la Derecha Muerta!”.

Apenas 45 minutos de reunión tripartita entre Alain Juppé, Jean-François Copé y François Fillon bastaron para certificar el deceso del proceso de mediación apenas comenzado. En un escueto comunicado, Juppé dio por “terminada” su mediación al “no reunirse las condiciones”. Ya por la mañana, el ex primer ministro lo había vaticinado. “Tengo pocas posibilidades de conseguirlo”, admitió en una entrevista radiofónica, en la que colocó a Copé y Fillon frente a sus responsabilidades: “El éxito de mi mediación es del interés de los dos protagonistas. Si no, uno y otro sufrirán las consecuencias”, advirtió.

Jean-François Copé, que ya había dado muestras durante la semana de no estar dispuesto a ceder en lo esencial, acudió a la reunión determinado a imponer sus condiciones. Esto es: mantenerse como presidente electo de la UMP y dejar que sea la Comisión Nacional de Recursos la que –estatutos en la mano– verifique las votaciones y confirme la elección. Ahora bien, esto era justamente lo que François Fillon –quien cuestiona la credibilidad de dicha comisión– y Alain Juppé –quien planteaba dirigir y controlar él todo el proceso de verificación– no podían aceptar. Sólo quedaba certificar el fracaso.

A la salida de la reunión, Copé insistió en sus planteamientos y abrió la posibilidad de un nuevo intento de mediación a posteriori; es decir, una vez confirmados los resultados y proclamado definitivamente el presidente –o sea, él–, para tratar de pactar una dirección equilibrada entre las diferentes corrientes internas.
Nadie puede creer en eso. Fillon anunció en un comunicado que impugnará los resultados electorales de la UMP ante los tribunales. Y uno de sus lugartenientes, Lionel Tardy, expuso crudamente la situación: “Todos los ingrediantes están reunidos para una escisión de la UMP”. 



sábado, 24 de noviembre de 2012

Juppé, general de 'cascos azules'


Se llaman a sí mismos los cascos azules. Son un puñado de dirigentes y militantes no alineados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) decididos a actuar como fuerza de interposición para evitar que las tropas de Jean-François Copé y François Fillon destruyan el partido en su lucha ciega por hacerse con el poder. Al frente de este precario contingente se encuentra el general Alain Juppé, la figura probablemente más carismática y respetada de la UMP, de la que fue fundador y primer presidente (2002-2004). La tarea de mediación del ex primer ministro se enfrenta a grandes dificultades. La frágil tregua pactada el jueves por la noche fue ya violentada ayer mismo. Y el ex presidente Nicolas Sarkozy –librado de sus cuitas por el caso Bettencourt– ha empezado a maniobrar entre bambalinas. No necesariamente de forma neutral.

“Lo que está en juego ya no es la presidencia de la UMP, sino su existencia. Vamos directos hacia la explosión si no se detiene esta mascarada”. Con estas duras palabras asumió Alain Juppé la responsabilidad de intentar una difícil mediación entre Jean-François Copé, oficialmente proclamado presidente de la UMP –por una escueta ventaja de 98 votos, sobre 175.000 en la elección del domingo– y el ex primer ministro François Fillon, que contesta los resultados alegando que la comisión de control “olvidó” contabilizar 1.304 votos de tres federaciones de ultramar. Un error que la propia comisión ha admitido.

Para intentar hallar una solució, Juppé ha impuesto una serie de condiciones a los dos contendientes que pasan básicamente por dos premisas: tener las manos libres para dirigir el proceso de revisión de los resultados, y que la Comisión Nacional de Recursos –instancia oficial jurídicamente responsable de dicha revisión, pero en la que Fillon no confía– acepte su relegación. Por encima de ella, con una función política, Juppé constituirá una comisión de notables integrada por dos personalidades neutrales –los ex ministros Bruno Le Maire y Nathalie Kosciusko-Morizet– y dos partidarios moderados de cada bando: el ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin y el ex presidente de la Asamblea Nacional Bernard Accoyer.

Aceptadas estas condiciones por las dos partes el jueves por la noche, el viernes Jean-François Copé volvió a cuestionar la marginación de la Comisión Nacional de Recursos. Y lo mismo ha hecho la misma comisión (que ya ha empezado, por cierto, a ser objeto de chanzas por su acrónimo, Conar, cuyo sonido en francés es idéntico a conard, gilipollas). Esta marcha atrás se produjo después de que Copé hablara telefónicamente con Nicolas Sarkozy, quien mantuvo asimismo otros contactos durante la jornada. “No voy a dejarme robar la victoria”, advirtió ayer Copé, mientras Fillon le acusaba de dirigir el partido como una “mafia”. Juppé quiere reunirlos el domingo para limar asperezas... O así.


El retorno del 'mejor’

“El mejor de entre nosotros”. Así lo calificó una vez Jacques Chirac, que había querido hacer de él su delfín. Alain Juppé, de 67 años, reducido hoy a su condición de alcalde de Burdeos y padre fundador de la UMP, lo tenía todo para haber sucedido a Chirac como líder de la derecha francesa. Ministro en varias ocasiones durante los años ochenta y primer ministro entre 1995 y 1997, Juppé dirigió en paralelo el antiguo partido gaullista, el RPR, y en 2002 pasó a ser presidente de la nueva UMP. Pero los cambalaches de Chirac en la alcaldía de París –por los que el ex presidente sería finalmente condenado en 2011– truncaron la carrera de Juppé en 2004. Condenado a un año de inhabilitación por el caso de los empleos ficticios, el otrora mano derecha de Chirac en el Ayuntamiento tuvo que abandonar todos sus cargos y se exilió temporalmente en Canadá. Cuando regresó, Nicolas Sarkozy estaba al mando.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Sarkozy y el juez (no tan) Gentil


Nicolas Sarkozy tuvo ayer la oportunidad de comprobar personalmente que el juez Jean-Michel Gentil, de gentil sólo tiene el nombre. El magistrado, reputado por sus métodos enérgicos, sometió al ex presidente francés a un maratoniano interrogatorio de doce horas y media –Sarkozy llegó al juzgado de Burdeos a las 9.15h y salió las 21.45h– para tratar de establecer su implicación en el llamado caso Bettencourt. La justicia investiga si la heredera del imperio L’Oréal, Liliane Bettencourt, de 90 años, fue víctima de la codicia de su entorno, que se habría aprovechado de su senilidad para sacarle el dinero.

En lo que atañe a Sarkozy, el juez investiga si Bettencourt –consciente de ello o no– contribuyó a financiar de forma irregular la campaña electoral de las presidenciales del 2007. Como este presunto delito estaría ya prescrito, el juez se planteaba la posibilidad de imputar al ex presidente francés por “abuso de debilidad”. De momento, lo ha puesto en calidad de “testigo asistido”.

Nicolas Sarkozy es el segundo presidente de la V República inquietado por la justicia al término de su mandato. El otro ha sido su antecesor en el Elíseo, Jacques Chirac, que ayer hizo exactamente cinco años y un día fue imputado por el caso de los empleos ficticios de la alcaldía de París y finalmente condenado en el 2011 a dos años de cárcel con suspensión condicional de la pena.

El juez Gentil está doblemente interesado en determinar el papel exacto de Sarkozy en la presunta captación irregular de dinero de Bettencourt para financiar su campaña y, una vez en el Elíseo, su eventual intervención, en presunta connivencia con el fiscal Philippe Courroye, del que es amigo personal, para tratar de frenar la investigación del caso.

El juez tiene varios indicios comprometedores. De entrada, una declaración de la ex contable de la heredera de L’Oréal, Claire Thibout, quien sostiene que a principios del 2007 el entonces administrador de los bienes de Bettencourt, Patrice de Maistre, le había pedido 150.000 euros en efectivo para dárselos a Eric Woerth, tesorero de la campaña de Sarkozy. El juez cuenta también con sospechosas proximidades de fechas entre la retirada de cuatro millones de euros en efectivo entre los años 2007 y 2009 de las cuentas bancarias de Bettencourt en Suiza y varias reuniones de Sarkozy y Woerth con Bettencourt y De Maistre. Una anotación del fotógrafo François Marie Banier, amigo de la multimillonaria, en su diario alimenta también la duda: “De Maistre me ha dicho que Sarkozy había pedido otra vez dinero. Yo he dicho sí”. Todos ellos, hasta un total de 14 personas, están imputados.

El juez quiere saber también por qué Sarkozy se reunió hasta ocho veces con el fiscal de Nanterre, Philippe Courroye, quien pretendía dirigir la investigación en abierto conflicto con la juez de instrucción Isabelle Prevost-Desprez, antes de que el sumario fuera trasladado a Burdeos.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Guerra civil en la derecha francesa


La guerra civil en la derecha francesa es ya abierta, irreversible, violenta. La fractura entre el campo de Jean-François Copé, líder del ala más derechista de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), proclamado oficialmente presidente del partido tras la eleción del domingo, y el del ex primer ministro François Fillon, cabecilla del sector moderado, que perdió formalmente por sólo 98 votos de un total de casi 175.000 emitidos, se ha convertido en un profundo abismo que amenaza gravemente con hacer saltar por los aires el partido de Nicolas Sarkozy. La escisión ya no es una palabra tabú. La ruptura está a la vuelta de la esquina.

El detonante de la deflagración que sacudió ayer los cimientos de la UMP fue el asombroso descubrimiento, por parte del equipo de Fillon, de que la comisión encargada de verificar el escrutinio se había olvidado por error de contabilizar los 1.304 votos emitidos por los militantes de tres federaciones de Ultramar: Nueva Caledonia, Mayotte y Wallis-et-Futuna. El director de campaña del ex primer ministro, Eric Ciotti, aseguró que si estos sufragios se contabilizan, el triunfador de la elección sería Fillon por 26 votos de ventaja, y reclamó la “reparación inmediata” del error.

El presidente de la comisión electoral, Patrice Gélard –quien según los fillonistas habría reconocido el olvido–, advirtió enseguida de la imposibilidad de rectificar los resultados, competencia que una vez proclamados está en manos de la comisión de recursos. Los fillonistas quieren evitar precisamente pasar por esta instancia, presidida por un copeísta.

François Fillon, que compareció anoche en el canal de televisión TF1, rechazó totalmente recurrir a esta comisión – “No tengo confianza, nunca ha habido en la UMP una instancia verdaderamente independiente”, denunció– e insistió en que se contabilicen los votos de las tres federaciones olvidadas. Pero no para ser elegido presidente: “Yo no reclamo la presidencia de la UMP, yo renuncio”, aseguró, ejecutando un nuevo golpe de teatro que buscaba inequívocamente la deslegitimación de Copé en la presidencia. “La UMP no puede ser dirigida por un presidente con sólo 98 o 26 votos de ventaja”, afirmó el ex primer ministro, quien propuso la formación de una dirección colegiada bajo la dirección de un “hombre incontestable”, el también ex primer ministro Alain Juppé, quien fuera fundador y primer presidente del partido.

“Francia necesita una UMP que represente la ética y la moral”, argumentó con dureza. Fillon, que amenazó con recurrir los resultados de la elección de la UMP ante los tribunales si sus demandas son rechazadas, eludió referirse con claridad al riesgo de una ruptura del partido. Pero se mostró extremadamente resuelto: “Iré hasta el final”, dijo.

La escisión está lejos de ser una amenaza meramente teórica. Un grupo de 135 diputados, senadores, europarlamentarios y ex ministros afines a Fillon pidieron formalmente la designación de Alain Juppé como presidente interino, condición que plantearon como irrenunciable. En caso de no ser escuchados, los reunidos pusieron sin ambages sobre la mesa la amenaza de ruptura total, según indicó uno de los presentes al diario económico Les Échos: “Estamos dispuestos a crear grupos en la Asamblea Nacional y el Senado”, confirmó.

Juppé, que ha permanecido neutral en la encarnizada lucha entre Fillon y Copé, se mostró dispuesto a ejercer el papel de mediador entre los dos campos enfrentados, pero a condición de que ambos estén de acuerdo. De momento, no es el caso.

Jean-François Copé rechazó implícitamente la solución Juppé –al que en una breve declaración ni se molestó en citar– y, por el contrario, reafirmó su legitimidad en tanto que presidente electo de la UMP. Copé lamentó el “espectáculo desolador” que está ofreciendo la derecha, esgrimió los estatutos internos para rechazar las pretensiones de los fillonistas e invitó al ex primer ministro a apelar a la comisión de recursos. Pero en tal caso, advirtió en tono amenazador, serán revisados “todos los votos de todos los colegios electorales, no sólo los que quiera el señor Fillon”.

En un tono que se quería mesurado, Copé ofreció buscar un terreno de entendimiento para recuperar “el apaciguamiento y al diálogo”, pero descargó toda la culpa de lo que está pasando en su adversario: “Apelo a François Fillon a reencontrar el sentido de la responsabilidad”, concluyó.

En el campo de Copé, la irritación era ayer extrema y entre sus seguidores el lenguaje utilizado era de gran dureza. Entre quienes se expresaron con mayor severidad estuvo el ex consejero de Nicolas Sarkozy en el Elíseo Henri Guaino, quien cuestionó la altura de hombre de Estado de Fillon y retó a sus seguidores a marcharse: “Tienen la puerta abierta”.


El silencio de Sarkozy

Mientras su partido se desgarra en una lucha interna de consecuencias incalculables, Nicolas Sarkozy guarda por el momento un absoluto silencio. El ex presidente francés evitó ayer cuidadosamente a los periodistas que intentaron obtener su opinión aprovechando su presencia en un hotel de Londres para pronunciar una conferencia ante empresarios.






miércoles, 21 de noviembre de 2012

La derecha francesa desproteje su centro


La victoria de Jean-François Copé en las elecciones internas para elegir al nuevo presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) va a marcar un punto de inflexión en la historia del partido creado en el 2010 por Jacques Chirac para reunir en una gran fuerza política única a todas las sensibilidades de la derecha y acabar con las guerras fratricidas de los años ochenta y noventa. Poco importará, al final, que Copé, exponente del sector más radicalmente a la derecha del partido, haya ganado por apenas 98 votos a su rival, François Fillon, líder del ala más moderada. Su ascenso a la jefatura de la UMP, en la que sucede a Nicolas Sarkozy, consolida el acusado giro a la derecha iniciado por el ex presidente francés hace un año y abre un espacio inesperado para la nueva fuerza centrista aglutinada en torno a Jean-Louis Borloo, presidente de la nueva Unión de los Demócratas e Independientes (UDI)

A fuerza de obsesionarse únicamente por su flanco derecho, disputando los votos del Frente Nacional (FN) con un discurso rayano en el populismo, Sarkozy acabó perdiendo las elecciones presidenciales. Y sus émulos, con Copé a la cabeza, se arriesgan a conducir a la ruina al partido entero.

Jean-François Copé, todavía no investido presidente pero ya en ejercicio –de hecho, ya actuaba como el capataz del partido en tanto que secretario general–, se reunió ayer a puerta cerrada con el grupo parlamentario de la UMP en la Asamblea Nacional para intentar cohesionar sus filas, después de la grave fractura que ha dividido a la organización en dos mitades enfrentadas.

“Yo no dejaré rehacer la UDF”, advirtió Copé seriamente a sus diputados –informó el canal de televisión LCI–, en alusión a la Unión por la Democracia Francesa (UDF) de Valéry Giscard d’Estaing, el partido de centro que en los años setenta disputó la hegemonía de la derecha al gaullista Reagrupamiento por la República (RPR) de Chirac. “Tenemos un peligro: el retorno al horror del RPR-UDF”, añadió.

Pero al nuevo presidente de la UMP, que hasta ahora ha despreciado la sensibilidad de centroderecha en su propio partido, necesitará algo más que amenazas para salvar los muebles. Las heridas están aún sangrantes, como demostró la posterior intervención de Copé en el hemiciclo –en la que lanzó una agresiva pregunta al Gobierno–, fervorosamente aplaudida por una parte de los diputados de la UMP puestos en pie mientras los demás se quedaban sentados con los brazos cruzados. El campo del derrotado François Fillon no está aún presto a recoger la manto tendida de su verdugo: ayer rechazaron con cajas destempladas –calificándola de “grotesca”– la oferta de conceder al ex primer minstro una vicepresidencias de la UMP.

Pese a las advertencias de Copé, las deserciones en el interior del partido han empezado a dejar de ser un riesgo para convertirse en una realidad. El centrista Pierre Méhaignerie, que habia apoyado la candidatura de Fillon, anunció ayer mismo su intención de abandonar la UMP y unirse a la UDI de Jean-Louis Borloo. Otro diputado de sensibilidad centrista, Lionel Tardy, se dijo dispuesto a hacer lo mismo si el ex primer ministro no organiza una nueva “estructura” política. Tardy añadió que una quincena de diputados de la UMP se reunirán hoy con el fin de discutir su eventual pase a la UDI.

Para las ambiciones de Jean-Louis Borloo, cuyo objetivo declarado es resucitar –bajo otro nombre– la antigua UDF, empeño para el que cuenta con el padrinazgo del propio Giscard, la evolución de los acontecimientos no puede se más favorable. “La ilusión de un partido único ya no se aguanta”, declaró ayer en una entrevista en Le Monde, donde señalaba que el triunfo de Copé consolida definitivamente una fractura ideológica en la UMP.



martes, 20 de noviembre de 2012

Copé se impone a Fillon por 98 votos


Nicolas Sarkozy ya tiene sucesor. Jean-François Copé, de 48 años, fue proclamado anoche oficialmente nuevo presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) tras ser declarado vencedor, por un escasísimo margen –menos de 100 votos–, de las elecciones internas celebradas el pasado domingo. El nuevo líder de la derecha francesa, contestado y frágil, tendrá como primera y más urgente misión intentar cerrar la grave fractura que ha dividido en dos al partido. Su oponete, el ex primer ministro François Fillon, de 58 años, que ayer todavía reivindicaba la victoria, asumió disciplinadamente los resultados y renunció a presentar recurso a pesar de constatar “numerosas irregularidades”. Pero negó su “aprobación” a los métodos utilizados por su rival, al que de forma implícita deslegitimó.

Pasaban unos minutos de las diez y media de la noche cuando el presidente de la comisión electoral de la UMP, Patrice Gélard, anunció, cual un árbitro en medio del cuadrilátero, los resultados oficiales: 87.388 votos en favor de Copé (50,03%) por 87.290 en favor de Fillon (49,97%), tan sólo 98 votos de diferencia. Una victoria a los puntos que puede cobrarse un costoso peaje en términos de cohesión interna. La comisión necesitó veinticuatro tensas horas, en medio de gravísimas acusaciones de fraude lanzadas por un campo y el otro, para contar, recontar y volver a contar los votos emitidos el domingo por los militantes. El presidente de la comisión instó a reformar de inmediato los estatutos del partido, que consideró “completamente inadaptados” a las exigencias de la democracia interna.

Jean-François Copé, “sin amargura ni rencor”, tendió enseguida la mano a su rival para intentar restañar las heridas y le invitó a “unirse” a él en la nueva etapa que ahora se inicia. “Lo que nos une es infinitamente superior a lo que nos divide”, afirmó el nuevo presidente de la UMP, quien se mostró dispuesto a “trabajar con todo el mundo”. François Fillon no está presto a dársela. En una declaración muy breve pero de una gran dureza, el ex primer ministro constató que “la fractura que atraviesa nuestro campo político es ahora manifiesta”. “Es una fractura política y moral”, añadió con gravedad, antes de anunciar que en los próximos días comunicará qué piensa hacer respecto a su futuro político.

El riesgo de una ruptura, de una dislocación, de la UMP recorrió los espíritus durante toda la jornada. Hasta el punto de que el ex primer ministro Alain Juppé, primer presidente del partido tras su fundación en el 2002, hizo un dramático llamamiento para salvar la unidad y evitar el “estallido” de la organización. “Es la propia existencia de la UMP la que está en cuestión”, advirtió.

La UMP no está condenada de antemano. El Partido Socialista vivió una experiencia idéntica hace cuatro años, en el fratricida congreso celebrado en Reims en noviembre del 2008. También entonces, Martine Aubry se impuso a Ségolène Royal por sólo 102 votos de diferencia en medio de acusaciones de fraude. El hoy ministro del Interior, Manuel Valls, llegó a amenazar con recurrir a los tribunales de justicia. Pero al final, el instinto de conservación y de supervivencia se impuso.

La UMP probablemente se salvará por las mismas razones. Pero la fractura que han puesto en evidencia las elecciones internas de este domingo va mucho más allá de una lucha de clanes, de un choque de ambiciones personales. La UMP está netamente dividida en dos mitades prácticamente iguales con sensibilidades políticas muy marcadas: detrás de Copé, adalid de lo que el llama una “derecha desacomplejada”, se agrupa el sector más radical e intransigente de la derecha, al que no incomoda coquetear con las ideas de la extrema derecha. Detrás de Fillon, se agrupa el sector más moderado, de tradición gaullista y democristiano.


lunes, 19 de noviembre de 2012

La derecha francesa se desgarra


La peor pesadilla que podía imaginar la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el gran partido de la derecha francesa, se hizo anoche realidad. Profundamente dividido entre los partidarios de François Fillon y Jean-François Copé, candidatos a suceder a Nicolas Sarkozy en la presidencia de la organización en las elecciones internas celebradas ayer, el partido se fracturó en dos bloques violentamente enfrentados. En medio de una gran tensión, exacerbada por el equilibrio de fuerzas existente, ambos campos intercambiaron graves acusaciones de fraude, dejando el resultado completamente en el aire. Uno y otro reividicaron la victoria en el filo de la medianoche.

El pulso entre el exprimer ministro y el secretario general de la UMP por hacerse con la jefatura del partido, extremadamente ajustado, acabó en una guerra abierta como la que vivieron en 2008 los socialistas franceses en el fratricida congreso de Reims. Como hace cuatro años entre Martine Aubry y Ségolène Royal, un puñado de votos separaba anoche, al cierre de esta edición, a Fillon y Copé. Pero las impugnaciones presentadas por uno y otro bando ante la comisión de control electoral convertían en incierto el nombre del ganador.

El recuento de los votos, alrededor de 180.000 –sobre un censo de militantes cercano a los 300.000– fue largo y penoso. Los problemas de organización, con colas de dos y tres horas para votar en algunos colegios electorales, retrasaron el cierre de las urnas y el inicio del escrutinio. Pero enseguida, las denuncias de irregularidades y de anomalías esgrimidas por una y otra parte emponzoñaron todo el proceso. El campo de Jean-François Copé impugnó el voto en algunas circuncripciones de Niza y París, mientras el equipo de François Fillon cuestionaba el voto en lugares como Toulouse y Marsella.

El equipo de Copé reivindicó, a las 23.30 horas, su victoria, que de confirmarse desmentiría de forma radical todas las previsiones de los sondeos y demostraría que entre la militancia de la UMP y sus votantes hay serias divergencias de orientación política. Jean-François Copé fue el primero en comparecer ante los medios de comunicación para dar por segura su victoria y atribuirse la presidencia de la UMP. Profeta de una “derecha desacomplejada”, prometió –tal como ha repetido durante su campaña– una oposición de “resistencia” contra el Gobierno socialista. Y tendió la mano a Fillon, en nombre de la reconciliación y de la unidad.

Nada más incierto, sin embargo, en este momento. Los partidarios del ex primer ministro contestaron la declaración de Copé cantando a todo pulmón La Marsellesa. Como un desafío. Quince minutos después, fue François Fillon quien reivindicó para sí el triunfo y advirtió a su adversario: “No dejaré robar la victoria de los militantes”, amenazó. Todo dependerá ahora del recuento oficial de la comisión de control.

A la vista de lo sucedido ayer, la herencia que ha dejado Nicolas Sarkozy en la UMP ha sido absolutamente envenenada. El radical giro a la derecha impuesto por el expresidente francés durante su campaña electoral, que ahuyentó a los sectores más moderados de su electorado –sin por el contrario convencer a los votantes de extrema derecha– y precipitó su derrota frente al socialista François Hollande, ha sembrado también la división y la discordia en su partido.

Hoy, en la UMP, hay dos almas enfrentadas: un sector moderado, de matriz gaullista y democristiana, y un sector más radical e intransigente, cuyos extremos se acercan peligrosamente a las tesis de la ultraderecha. Copé, autoerigido en heredero de Sarkozy, se ha apuntado sin ambages a esta línea, agitando el miedo al islam como banderín de enganche.

El balance de las elecciones internas de la UMP, precisamente por lo ajustado del resultado, dejará al nuevo jefe del partido en una situación precaria que, de repente, abre todas las posibilidades para un retorno con fuerza de Nicolas Sarkozy cara a las elecciones presidenciales del 2007. El ex presidente francés no podía esperar mejor escenario. Un líder fuerte le cerraría la puerta. Ahora, la tiene abierta.


La alargada sombra de Sarkozy

Conforme pasa el tiempo, más crece la figura de Nicolas Sarkozy entre el electorado de la derecha, cada vez más inclinado a acariciar la idea de un retorno político del ex presidente francés. Un sondeo realizado hace una semana por el instituto de opinión Ifop para el Journal du Dimanche constata que un 64% de los votantes de la UMP es partidario de que Nicolas Sarkozy sea de nuevo el cabeza de cartel del partido en las elecciones presidenciales del 2017, esto es, once puntos más que el pasado mes de agosto. En el caso del electorado de derecha en sentido amplio el porcentaje es algo menor: 51%. Sólo un escuálido 6% prefiere amortizar a su antiguo campeón y aboga por su definitiva retirada política. La popularidad del ex jefe del Estado es especialmente acusada entre los más jóvenes –de 18 a 24 años– de los simpatizantes de derechas (60%), los obreros (63%) y los habitantes de municipios rurales (57%)





Rihanna, trepidante y fugaz


Trepidante como un trueno, fugaz como un relámpago, Rihanna abrasó la noche del sábado en París como un rayo divino, para éxtasis de los 1.200 entregados y privilegiados fans que se agolpaban entre los históricos muros de Le Trianon, el célebre teatro y café-concierto de Montmartre donde otrora triunfara la gran vedette Mistinguett. La capital francesa –si hoy es sábado, esto es París– era la cuarta etapa de la cantanta de Barbados, de 24 años, en su enloquecido Tour 777 para promocionar su nuevo disco, Unapologetic, que le habrá llevado a siete ciudades de todo el mundo en siete días: México, Toronto, Estocolmo, París, Berlín, Londres y Nueva York.

Tres horas esperaron los más madrugadores a su diva. Tras hora y media de preparación artillera a cargo de dos DJ, que si no lograron calentar al público sí consiguieron ablandar sus meninges hasta convertirlas en gelatina, Rihanna desembocó en el escenario como una fulgurante carga de la caballería ligera. Nada se resistió a su paso. La batalla la tenía ganada de antemano. “You are the very best in the world!!”, lanzó a sus enfervorecidos seguidores, dispuestos a creerse que eran los primeros –y los últimos– a quienes lanzaba semejante piropo.

Enfundada en unas altas botas negras cuissardes y una brevísima camiseta de seda, Rihanna bailó poco –imposible hacerlo aupada sobre sus tacones de vértigo– pero sus movimientos de pantera en celo noquearon a los elementos masculinos situados en las primeras líneas.

La cantante interpretó dos de sus nuevas canciones, Diamonds y Stay, y evocó algunos de sus principales éxitos, como Only girl in te world, Don’t stop the music, Where have you been o Umbrella. El éxtasis llegó cincuenta minutos después de empezado el concierto, con la interpretación de We found love. El teatro temblaba con los saltos eufóricos del público... Pero cuando los seguidores de Rihanna, embrujados todavía por su potente y cálida voz, quisieron darse cuenta, la estrella bajó del escenario, dejó caer sus monumentales muslos sobre los hombros de uno de sus guardaespaldas y se eclipsó por un vértice de la platea. Una docena de canciones y c’est fini! La decepción se reflejaba en algunos rostros, que habían confiado en una prestación similar a la que habían tenido derecho los mexicanos, con una veintena de tubes.

Tras el concierto, Rihanna y su troupe, a la que se unió el rapero P. Diddy, recalaron en la exclusiva sala de fiestas VIP Room, a dos pasos del Louvre, donde prosiguieron la fiesta hasta las cuatro de la madrugada. En Roissy esperaba el Boeing 777 en el que Rihanna cruza el mundo acompañada por una corte de 150 periodistas y blogueros musicales. Como el Air Force One...


domingo, 18 de noviembre de 2012

Fuego cruzado sobre Francia


Un nutrido y peligroso fuego cruzado se abate en los últimos días sobre el Elíseo. Desde la otra ribera del Rhin, desde la otra orilla del Canal de la Mancha, las baterías de la ortodoxia prusiana y el catecismo neoliberal disparan proyectiles de gran calibre sobre la política económica del presidente francés, François Hollande. Demasiado prudente, demasiado blanda, demasiado socialdemócrata para los gurús de la City y el Bundesbank. ¿Francia, el nuevo eslabón débil de la zona euro? ¿el cáncer que puede arrastrar a Europa al abismo? Los adjetivos van cargados de intención y de veneno. Pero los hechos –un crecimiento del 0,2% en el tercer trimestre, el mismo que Alemania, mientras la recesión se extiende por los países que aplican la austeridad a rajatabla– desmienten por ahora estos negros augurios.

Dos portadas periodisticas ilustran este estado de opinión. El viernes, el semanario británico The Economist, profeta del libre mercado y martillo de herejes keynesianos, dedicaba un amplio dossier a la situación económica de Francia con una provocadora imagen en primera: un hatillo de baguettes dispuestas como cartuchos de dinamita, sujetas con una banda tricolor y con una mecha encendida bajo el título “La bomba de relojería en el corazón de Europa”. De forma análoga, el diario alemán Bild abría el 31 de octubre su segunda página con el siguiente interrogante: “¿Es Francia la nueva Grecia?”.

Menos sensacionalistas, pero no más indulgentes, los cinco miembros del Consejo Alemán de Expertos Económicos –que asesora el Gobierno federal– han expresado también su inquietud por la situación económica en Francia. “El problema más serio de la zona euro en este momento ya no es Grecia, España o Italia, sino Francia, pues no ha emprendido nada para restablecer verdaderamente su competitividad y va incluso en la dirección opuesta”, ha comentado al respecto uno de ellos, Lars Feld.

Elevada deuda pública, crecimiento económico átono, pérdida de competitividad, déficit exterior abisal... Los síntomas del mal francés son de todos conocidos y se arrastran desde hace años. Pero lo que los dedos acusadores señalan –desde fuera, pero también desde dentro– es la aparente pasividad de François Hollande y su resistencia a acometer reformas estructurales en profundidad, confiando en una incierta recuperación general de la economía mundial en 2013...

Sin embargo, la severidad de algunos de estos juicios son anteriores a un hecho fundamental: el Pacto de Competitividad presentado por el presidente francés el pasado 6 de noviembre, que sigue el grueso de las recomendaciones del informe elaborado por el ex presidente de EADS Louis Gallois y que prevé rebajar en 20.000 millones de euros las cargas sociales sobre las empresas.

La medida, que se aplicará a través de la fórmula de desgravaciones fiscales, no empezará a tener efectos hasta 2014, año en que entrará asimismo en vigor un aumento del IVA –del 19,6% al 20% el tipo general, y del 7% al 10% el reducido– para financiar la mitad de esta pérdida de ingresos. La otra mitad se obtendrá a partir del recorte del gasto. Que la patronal, Medef, y el diario Le Figaro, el gran portavoz de la derecha, hayan aplaudido esta medida –anunciada pero nunca llevada a cabo por Nicolas Sarkozy durante cinco años de mandato– dan la medida de su calado.

Si Hollande, para quien más importante que ir rápido es ofrecer una perspectiva clara y estable, ha decidido esperar un año ha sido para no penalizar aún más el consumo –tradicional motor de la economía francesa– después del choque fiscal previsto para 2013: un total de 20.000 millones adicionales en impuestos –a añadir a los 7.000 ya aprobados en 2012– con el objetivo de reducir el déficit el año que viene al 3% sin entrar a saco con los recortes. De hecho, los 10.000 millones de reducción del gasto público previstos en 2013 no son tanto un recorte real como virtual (es la progresión normal que debería haber tenido el presupuesto siguiendo la inflación)

Hollande y su equipo económico consideran –con razón o sin ella, el tiempo lo demostrará– que el aumento de la presión fiscal tiene un efecto inmediato menos recesivo que al recorte del gasto público, que tan devastador está siendo en países como Grecia, Portugal, España o Italia. Prefieren, pues, subir impuestos de entrada y dejar para más adelante los recortes más fuertes. Su apuesta sólo sera exitosa si logran que el año que viene se cierre con un crecimiento del 0,8%.

La otra gran reforma económica que está sobre la mesa es la reforma del mercado del trabajo, con el fin de hacerlo más flexible a cambio de una mayor seguridad para los trabajadores. Hollande ha dado aquí prioridad al diálogo social –“A algunos les parecerá una pérdida de tiempo, pero en realidad nos hará ganarlo”, ha dicho– y la patronal y los sindicatos han empezado ya a abordar las negociaciones. Sólo si los interlocutores sociales fracasan, el Gobierno legislará por su cuenta.

Con su política de rigor presupuestario, la reducción de las cargas sociales a las empresas y la reforma laboral, Hollande está dando un giro copernicano, decididamente reformista y socialdemócrata, que rompe con la tradición izquierdista del socialismo francés. Una auténtica revolución. 


La derecha francesa elige nuevo líder


Los cerca de 300.000 militantes de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el gran partido de la derecha francesa, tienen hoy en sus manos decidir la persona que liderará sus filas en la era post Nicolas Sarkozy. Según quien salga elegido en las elecciones internas de hoy y –sobre todo– con según qué resultado, el ex presidente francés podría tener alguna posibilidad de intentar un retorno cara a las elecciones presidenciales del 2017 o bien quedar definitivamente amortizado. Más allá de sus declaraciones públicas, los dos principales contendientes, el ex primer ministro François Fillon y el actual secretario general del partido, Jean-François Copé, se juegan sus posibilidades de intentar el asalto al Elíseo dentro de cinco años. Una ambición que ambos comparten a media voz.

La presidencia de la UMP, vacante desde que Sarkozy accedió al Elíseo en el 2007 –el cargo quedó entonces temporalmente congelado–, es la plataforma que el ex presidente utilizó para catapultarse después a la presidencia de la República. Sus émulos pretenden hacer lo mismo. Jean-François Copé, que hace tres años se hizo con la secretaría general –ejerciendo desde entonces como una suerte de capataz– tiene en su favor el control del aparato, pero su rival parece contar con el favor de la opinión.

Todos los sondeos realizados hasta ahora, sin excepción, dan como claro favorito a Fillon. El exprimer ministro de Sarkozy, con quien aguantó cinco años al frente de Matignon –sólo Georges Pompidou estuvo tanto tiempo–, es percibido por el conjunto de los electores de derecha como el hombre más capaz para dirigir el partido y el Estado, así como de derrotar al presidente actual, el socialista François Hollande. De este modo piensa el 67% de los simpatizantes de la UMP, frente a un 32% que prefiere a su rival, según una encuesta de BVA difundida el viernes por i-Télé.

Ahora bien, los electores de la UMP son una cosa y los militantes otra. Y nadie sabe lo que realmente piensan. El nivel de participación que puede haber hoy estambién un misterio. Hasta ahora, los militantes de la UMP sólo habían sido llamados a las urnas para plebiscitar al líder de turno.

Los fillonistas se han empleado a fondo estas últimas semanas en promover una participación lo más amplia posible, en la confianza de refrendar las previsiones de los sondeos, mientras Copé ha jugado a fondo la baza de su condición de secretario general para presentarse como el candidato legítimo de los militantes.

La batalla ha sido ruda, sobre todo en los últimos siete días, con un vivo intercambio de acusaciones. “Estos últimos días, he sido muy atacado, injuriado incluso”, se quejó Jean-François Copé en un mitin celebrado en París. “He recibido unos cuantos golpes y me he esforzado todo lo posible en no devolverlos. Comprendo que no se comparta mi línea política, pero pido que se la respete”. añadió. Con el atrevimiento que le es propio, Copé ha llegado a alertar a sus seguidores del riesgo de fraude, cuando él está de hecho al frente del partido...

François Fillon le replicó en una entrevista radiofónica sin paños calientes: “Reconozca que es un poco irritante pasar por un agresor cuando uno es una víctima. Lo que yo constato, simplemente, es que después de haber sido el jefe de la mayoría durante cinco años, desde hace seis meses he tenido que enfrentarme permanentemente a la hostilidad de la dirección de mi partido”.

Más allá de sus diferencias de personalidad y de estilo, Copé y Fillon no presentan grandes diferencias ideológicas. A no ser –y aquí radica el quid de la eleccion– en el acento del discurso, más radical en el primer caso, más moderado en el segundo. Copé, autoerigido en el escudero de Sarkozy, ha adoptado la línea derechista radical del ex presidente durante su campaña electoral.

Profeta de una “derecha desacomplejada”, Copé promete una oposición de “resistencia” al poder socialista incluso en la calle –lo que opone a la moderación de su rival, calificado por su supuesta blandura de “Hollande de derecha”–, y utiliza de forma descaradamente demagógica el miedo al islam, denunciando ya sea al “racismo anti-blanco” en las banlieues, ya sea las imposiciones de los musulmanes al resto de los ciudadanos, con la célebre anécdota –¿apócrifa?– del chaval al que robaron el pan con chocolate por no respetar el ramadán.

Frente a él Fillon se presenta con su aura de hombre prudente y mesurado, conciliador, en la mejor tradición chiraco-gaullista. “Las elecciones se ganan en la derecha, pero también en el centro e incluso en la izquierda”, ha declarado casi como un reto. Los centristas que aún no se han sumado a la nueva Unión de los Demócratas e Independientes (UDI) de Jean-Louis Borloo esperan a ver el resultado. Para quedarse... o salir corriendo.


LOS CANDIDATOS
François Fillon y Jean-François Copé pertenecen a dos generaciones diferentes, pero sus carreras políticas han sido paralelas. En ambos, su sarkozysmo es reciente.

François Fillon
Exprimer ministro, 58 años
Ministro con Balladur, Juppé y Raffarin, François Fillon ha jugado durante cinco años el papel de segundo de a bordo de Nicolas Sarkozy al frente del Gobierno. Casado en 1980 con la galesa Penelope Clarke, tiene cinco hijos.

Jean-François Copé
Secretario general UMP, 48 años
Ministro en el Gobierno de Raffarin, Jean-François Copé procede del chiraquismo. En el 2010 se hizo con el mando del aparato de la UMP. Casado en segundas nupcias con Nadia d’Alincourt, tiene cuatro hijos.


Consagración oficial de las corrientes

Los estatutos de la UMP reconocen desde su fundación, en 2002, el derecho a constituir corrientes internas o “movimientos”, pero hasta ahora nunca se había traducido en la realidad. En el congreso de hoy, por primera vez seis mociones concurren para testar sus apoyos internos y obtener una representación proporcional en los órganos de dirección. El ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin –corriente “Humanista”– y el ex ministro Laurent Wauquiez –“Derecha Social”– encabezan los movimientos más moderados, junto a Michèle Alliot-Marie, cabeza de cartel de los gaullistas. Otras dos mociones –la Derecha Popular y la Derecha Fuerte– reivindican la línea dura encarnada al final de su mandato por Nicolas Sarkozy.



Seminaristas de ficción


La Iglesia y sus intrigas, ciertas o imaginadas, han despertado tradicionalmente el interés de los cineastas y los realizadores de series televisivas de carácter histórico. En Francia va camino de convertirse en todo un subgénero: ahí están, por citar dos ejemplos recientes, las series sobre la saga de los Borgia, de Canal Plus, y la Inquisición (Inquisitio), de France 2.

Más raro, sin embargo, es que la televisión se atreva a abordar en clave de ficción la vida de cinco jóvenes seminaristas en la actualidad. Es lo que ha hecho el canal cultural Arte, que entre el 11 de octubre y el 1 de noviembre pasados emitió los ocho capítulos iniciales de la serie Ainsi soient-ils (Así sean). El éxito de público –cerca de 1,4 millones de telespectadores (5,3%), la mejor audiencia de una serie los jueves por la noche en prime time– ha llevado a los productores a preparar ya una segunda entrega.

La emisión de Ainsi soient-ils ha generado un vivo debate entre los sectores católicos franceses. ¿Hasta qué punto la serie es fiel a la realidad? ¿refleja adecuadamente el espíritu profundo del compromiso de los hombres de fe? ¿las libertades dramáticas son un mal menor aceptable o, por el contrario, desnaturalizan la auténtica vivencia cristiana? Las respuestas a todas estas preguntas no son unívocas.

De entrada, todo el mundo acepta la premisa de que una obra de ficción está obligada a seguir la lógica inherente a un producto televisivo de este tipo. El productor de la serie, Bruno Nahon –que empezó a trabajar en el proyecto en el 2007, “fascinado” por el carisma de los hombres de religión– y los dos guionistas, David Elkaïm y Vincent Poymiro –ninguno de los dos creyente–, han abordado el tema con respeto, pero echando la sal necesaria para construir una trama atractiva. “Las personas felices no tienen historia y es comprensible que una ficción necesite encontrar resortes en el rico abanico de los fallos y las ambigüedades de la naturaleza humana”, reflexionaba el padre Didier Berthet, superior del seminario Saint-Sulpice, de Issy-les-Moulineaux.

Junto a la búsqueda interior de los cinco seminaristas –Raphaël, Yann, Guillaume, Emmanuel y José–, cada uno con su particular historia y su propio fardo moral, y el reflejo de los problemas de la Iglesia –falta de vocaciones, pérdida de influencia en la sociedad–, la serie recurre a los tópicos del sexo, el dinero y el poder. Para algunos fieles, el peaje que esto último supone es asumible, en la medida en que ofrece la oportunidad de hacer llegar al gran público el mensaje cristiano. “Los episodios reservan también bellos pasajes sobre la vocación y su misterio, la relación de la Iglesia con su mundo, la misericordia divina y la dificultad de vivir un sacerdocio”, apuntaba el sitio católico Pèlerin (Peregrino). Benevolente es también el juicio del Servicio Nacional para la Evangelizacón de los Jóvenes y las Vocaciones (SNEJV), que ve en la serie la oportunidad de suscitar entre los cristianos un acercamiento a “la realidad de los seminarios, los caminos de la vocación y la vida de la Iglesia”.

Más crítica ha sido la jerarquía eclesiástica, que ha recibido con incomodidad la caracterización de los personajes del presidente de la Conferencia Episcopal francesa y del Papa. Si el portavoz de los obispos, monseñor Bernard Podvin. hablaba de “caricatura exagerada”, para el obispo de Gap y Embrun, Jean-Michel di Falco Léandri, la serie es una “mascarada carnavalesca” alejada de la fe. “¿Y Dios en todo esto? –se pregunta– Visiblemente, no ha sido incluido en el cásting”.



viernes, 16 de noviembre de 2012

La mafia corsa vuelve a golpear


Apenas un mes después del asesinato del abogado Antoine Sollacaro, figura histórica del nacionalismo corso y uno de los personajes más notables de la isla, la sangre ha vuelto a correr en Córcega. Un pistolero encapuchado tiroteó la noche del miércoles en Ajaccio al presidente de la Cámara de Comercio e Industria del sur de la isla, Jacques Nacer, que murió en el acto. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, no dudó desde Berlín en atribuir a la “mafia” este nuevo ajuste de cuentas, que eleva a 17 el número de muertos en lo que va de año a causa de la guerra entre clanes.

Los ministros del Interior, Manuel Valls, y de Justicia, Christiane Taubira, se desplazaron con urgencia a Córcega en plena madrugada con el fin de reunirse con las autoridades políticas y policiales locales, y transmitir la determinación del Estado francés de combatir a los grupos mafiosos y sus tentáculos en los principales sectores económicos de la isla (construcción, turismo, ocio, juego y obras públicas). Valls y Taubira prometieron un reforzamiento de los medios policiales y judiciales, pero reclamaron también una movilización de la propia sociedad corsa. “El Estado solo no puede nada”, advirtió el ministro del Interior, en lo que pareció una confesión de impotencia. Desde hace una década, cada año se producen una treintena de asesinatos o intentos de asesinato en Córcega, sin que los sucesivos gobiernos hayan podido poner freno a esta mortífera espiral.

Con sólo 310.000 habitantes –el 0,5% de la población francesa–, Córcega acumula el 20% de los ajustes de cuentas cometidos en todo el país, mientras que el grado de dilucidación de los crímenes está por debajo de la media. Muy raramente los asesinos son capturados y juzgados. La ley del silencio, una suerte de omertá mafiosa, reina desde el Cap Corse hasta Bonifacio. Las afrentas se lavan aquí con sangre.

Aunque los responsables de la investigación consideran prematuro sacar conclusiones, el asesinato del presidente de la Cámara de Comercio de Ajaccio parece directamente vinculada a la del abogado Antoine Sollacaro hace un mes. Al igual que este último, Jacques Nacer, de 49 años, otro prohombre de la isla, era también una persona estrechamente vinculada al presidente del club de fútbol Ajaccio –del que era secretario general–, Alain Orsoni, ex jefe del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC-CH) y del Movimiento por la Autodetermi nación (MPA) reconvertido en un hombre de negocios.

Desde el año 2005, un total de seis personas vinculadas al clan de Orsini han sido asesinadas y el propio jefe de filas sufrió un atentado en noviembre del 2008, al parecer como represalia por la muerte de un jefe mafioso. Al año siguiente, Alain Orsoni fue detenido –y posteriormente, puesto en libertad– por su presunta implicación en una ola de asesinatos en el mundo de la delincuencia organizada. Su hijo está procesado en el mismo sumario.


martes, 13 de noviembre de 2012

Orgullo y vergüenza


Frente a la tumba de Mohamed Merah, apenas un montón de tierra aartado en un rincón del cementerio de Cornebarrieu, su hermano mayor, Abdelghani, llora. Llora por el pequeño Mohamed, por aquel chaval sensible a quien su familia educó en la violencia. Llora también por sus víctimas. Pero no por el “monstruo” que mató a siete personas –entre ellas, tres niños judíos– en Toulouse y sus alrededores en marzo pasado. en el que ya no reconoce al Mohamed de su infancia. “Todavía me resulta difícil asumir la atrocidad que cometió”, dice.

Avergonzado y triste, Abdelghani Merah está furioso contra su familia –contra sus padres, sus hermanos, sus tíos–, por haber sembrado en Mohamed la rabia y el odio, por haberle sumergido en la violencia. Todos ellos cruzaron la línea roja cuando intentaron atraer también a su hijo a su intolerante yihad. En un libro que acaba de aparecer –“Mi hermano, ese terrorista”– y en un documental emitido el domingo por la noche por el canal de televisión M6 –realizados ambos en colaboración con el periodista Mohamed Sifaoui–, Abdelghani Merah ajusta las cuentas a su familia y desenmascara con frialdad a su hermana Souad, convertida al salafismo radical –igual que su hermano Abdelkader, actualmente en prisión–, con quien mantiene una conversación grabada a escondidas para la TV.

Engañada por Abdelghani, Souad –que va totalmente cubierta de negro, dejando ver únicamente el rostro– se lanza a una viva defensa de Mohamed Merah, elogiando a los salafistas –“los únicos que hacen algo”, dice– y la figura de Ossama Bin Laden. “Mohamed dio el paso ¡Estoy orgullosa, orgullosa, orgullosa!”, grita fuera de sí Souad Merah en un momento de la conversación, en la que manifiesta asimismo su odio hacia los judíos. “Estoy orgullosa de mi hermano, combatió hasta el final”, añade.

La emisión de las declaraciones de Souad Merah provocó las airadas protestas de los abogados de las familias de las víctimas, quienes pidieron una intervención de la justicia –toda vez que la hermana del terrorista admitió también haber declarado en falso a la policía–. La fiscalía abrió diligencias por apología del terrorismo y el ministro del Interior, Manuel Valls, advirtió: “Eso demuestra que el peligro está ahí”.




lunes, 12 de noviembre de 2012

El suicidio del cocodrilo


El emblema de la marca Lacoste debe su origen al apodo que ostentó su fundador, el tenista René Lacoste, en las pistas de todo el mundo en los años veinte, El cocodrilo. Pero en lugar de un gran saurio debería haber sido un escorpión, un animal al que persigue la leyenda del suicidio. Desgarrados por una guerra de familia que recuerda los mejores momentos del clan de los Ewing de Dallas, los herederos del Alligator –el otro sosias del tenista– han decidido autoinmolarse y entregar la sociedad fundada en 1933 por el abuelo al grupo suizo Maus Frères, el único gran accionista de la empresa ajeno a la familia. Francia vuelve a perder así un buque insignia.

El desenlace final de este enfrentamiento empezó a escribirse el pasado 24 de septiembre, cuando en un inesperado golpe de mano, una de las nietas del fundador, Sophie Lacoste-Dournel –de profesión, actriz–, apoyada por una parte de la familia y el grupo Maus, echó a su propio padre, Michel Lacoste, del consejo de administración y se hizo con la presidencia.

El enfrentamiento venía de lejos y no tenía nada que ver con la marcha del negocio. El suicidio del clan Lacoste empezó a gestarse en 2008, cuando el todavía presidente, Michel Lacoste, uno de los cuatro vástagos del fundador, echó de la empresa a su hijo Philippe, que hasta ese momento pasaba por ser su delfín. El origen del problema no eran tanto diferencias empresariales como familiares: ni Philippe, ni sus hermanas Corinne y Sophie, se llevaban bien con la tercera esposa de su padre. En aquel momento, Michel Lacoste designó como sucesora a su sobrina Béryl. La guerra estaba servida.

Los despechados se tomaron la venganza hace mes y medio, convencidos de haber ganado la batalla decisiva. Pero no calcularon que Michel Lacoste estaba dispuesto a utilizar la bomba atómica al grito de “o mía, o de nadie”. Después de acusar a su hija y sus aliados de haber hecho el trabajo sucio en beneficio del grupo Maus –que calificó de “lobo en el rebaño”–, el ex presidente de la empresa y la parte de la familia que ha seguido a su lado llegaron a un acuerdo con los suizos para venderles su parte –el 30,3% de las acciones– por entre 400 y 500 millones de euros. De esa forma, Maus –que ya poseía el 35% del capital a través de la sociedad Devanlay, que se encarga además de la fabricación bajo licencia del prêt-à-porter de la marca– se hacía con el control absoluto de la sociedad.

A Sophie Lacoste-Dournel y la parte de la familia que estaba con ella sólo le quedaba una oportunidad para tratar de evitar lo inevitable: aprovechar el derecho de compra preferente para hacerse con las acciones destinadas a Maus. Pero la elevada suma que Maus ha aceptado pagar lo ha hecho completamente imposible. El miércoles, Sophie Lacoste-Dournel, reunió a los trabajadores de Lacoste y anunció su rendición. De perdidos al río, su clan decidió vender también su parte a los suizos. Los nuevos amos.


Un español al frente del caimán

El desenlace de la guerra de familia de los Lacoste ha dejado al grupo suizo Maus Frères como nuevo propietario de la célebre marca francesa a través de la empresa Devanlay, que hasta ahora reunía la doble condición de accionista (con el 35% del capital) y de fabricante de la ropa prêt-à-porter de la marca. Al frente de Devanlay, elevado de repente a auténtico hombre fuerte de Lacoste, se encuentra un español, José Luis Durán. A sus 48 años –que cumple hoy–, el presidente de Devanlay, donde desembarcó en 2009, ha realizado la parte más exitosa de su carrera en Francia. Tras diez años en Pryca –donde ingresó en 1991–, Duran fue nombrado en 2001 director financiero de la casa madre, el grupo Carrefour, de cuyo directorio fue designado presidente en 2005.