viernes, 31 de enero de 2014

Una granada activada

En el Partido Socialista francés hay quienes huelen el peligro. Engañada, humillada, abandonada y –sobre todo– libre, Valérie Trierweiler puede dejarse llevar por el rencor y querer hacer pagar a François Hollande su ruptura sentimental. “Es una granada activada”, comentaban días atrás de forma ilustrativa algunos socialistas, temiendo ya la explosión. La exprimera dama de Francia no ha tardado mucho en darles la razón: “Estoy más decepcionada que encolerizada, pero no excluyo escribir un libro...”, dejó caer con calculada ambigüedad a una periodista de Le Parisien Magazine durante su viaje a India.

Un libro, con todo su corolario de incómodas revelaciones, puede convertirse en una pesadilla para el presidente francés, cuyo nivel de popularidad es ya inauditamente bajo. La revista Closer, la misma que destapó el 10 de enero la relación amorosa clandestina de François Hollande, de 59 años, con la actriz Julie Gayet, de 41, publica hoy un sondeo según el cual el 64% de los franceses considera que el presidente “no encontró el tono adecuado” para anunciar su ruptura. “Hago saber que he puesto fin a la vida en común que compartía con Valérie Trierweiler”, dictó Hollande a la agencia France Presse el sábado pasado. Un escueto y seco comunicado de 18 palabras (en el original en francés) que su excompañera oficial ha apreciado también más bien poco: “Dieciocho palabras, casi una por cada mes que hemos pasado juntos desde su elección”, ha comentado en la misma publicación.

Parece claro que Valérie Trierweiler, extremadamente discreta durante el desarrollo de la crisis, ha decidido empezar a hablar. Y no poco. El viaje humanitario a la India que realizó el pasado fin de semana de la mano de la ONG Acción contra el Hambre fue aprovechado a conciencia para mantener largas conversaciones con numerosos periodistas, cuyo contenido ha empezado a aparecer entre ayer y hoy en diversos semanarios. De entrada, el suyo, Paris Match, donde sigue trabajando como periodista (aunque ayer tampoco saliera la crítica literaria que publica semanalmente)

En Paris Match, Valérie Trierweiler alude por primera vez, aunque indirectamente y sin citar explícitamente a nadie, a la infidelidad del presidente. Y admite que, aunque “el distanciamiento (entre ella y Hollande) había empezado”, no se lo esperaba. “Yo oía rumores, evidentemente, pero se oían sobre todo el mundo. Sobre mi también. No prestaba atención. Cuando lo supe, sentí como si cayera de un rascacielos”, dice.

Para Trierweiler, “es el fin de una historia”. Una más, para esta mujer de casi 49 años y madre de tres hijos que ya se había divorciado dos veces. “Puede parecer extraño pero, para mi, no estoy atravesando una crisis. No es la primera ruptura en mi vida –prosigue–. Esta es violenta porque es mediática”.





jueves, 30 de enero de 2014

La República rescata las lenguas regionales

La cuestión de las lenguas regionales en Francia vuelve a estar sobre la mesa. Y, como siempre que se aborda este asunto, el debate promete ser vivo y acalorado. La Asamblea Nacional francesa aprobó la noche del martes, por una abundante mayoría de 361 contra 149 votos, una iniciativa para modificar la Constitución con el fin de ratificar la Carta Europea de las Lenguas Regionales, redactada en 1992, que Francia nunca ha convalidado por el veto del Consejo Constitucional.

El objetivo de esta iniciativa, respaldada por el Gobierno socialista, es abrir el camino para reforzar la protección y promover el uso de las lenguas regionales. Según un recuento realizado en 1999 –lo único parecido a un censo oficial que existe–, en Francia se hablan un total de 75 lenguas minoritarias, incluyendo aquí las diversas lenguas regionales históricas –occitano, bretón, corso, alsaciano, catalán, vasco, flamenco...–, el créole, los múltiples dialectos polinesios y las lenguas de la población de origen inmigrante que no son oficiales en sus países de origen: del árabe dialectal al bereber, pasando por el romaní, el armenio occidental, el yiddish o el júdeo-español.

“Durante demasiado tiempo, Francia ha luchado contra las lenguas regionales, hoy estimamos que contribuyen a nuestra riqueza cultural”, ha declarado la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, al semanario L’Express, donde apunta algunas de las ideas sobre las que trabaja el Gobierno. Entre ellas, reforzar la enseñanza de las lenguas regionales en la escuela pública y promover –aunque no obligar, ni mucho menos exigir– su uso en la administración, además de facilitar la rotulación bilingüe en las señales de tráfico o aumentar las competencias de las regiones en esta materia... En mayor o menor medida, todo esto se hace ya en algunas zonas de Francia, pero sin ninguna cobertura legal. De lo que se trata es de blindarlo y 
potenciarlo, con el fin de evitar que las lenguas regionales se pierdan.

A diferencia de España, en Francia los esfuerzos uniformadores –de los Borbones primero y de la República después– tuvieron éxito y las lenguas regionales tienen hoy una presencia extremadamente minoritaria. Y su presencia recula año tras año. Un informe elaborado en julio del 2013 por el Consejo consultivo para la promoción de las lenguas regionales y de la pluralidad lingüística interna –aún sin hacer un censo exhaustivo– constataba que la proporción de ciudadanos que utilizan exclusivamente el francés en su vida diaria alcanza el 87%, cuando esta proporción era del 74% en su infancia, lo que indica que las nuevas generaciones van abandonando progresivamente las otras lenguas.

El Gobierno es enormemente cauto en sus planes. En ningún caso la Constitución o las leyes reconocerán ningún “derecho colectivo” a los hablantes de una determinada lengua, y los ciudadanos no podrán tampoco en ningún caso exigir a la administración el uso de otra lengua que la francesa. En francés deberán seguir siendo redactados todos los documentos oficiales –aunque en algunos casos podrán hacerse duplicados en otra lengua– y el bilingüismo estará excluido de la administración de justicia.

A pesar de todo, como siempre que se aborda este asunto, empiezan a alzarse voces alertando que esta iniciativa amenaza nada menos que la unidad de Francia. “Pronto el francés ya no será la lengua de la República”, escribía ayer en tono apocalíptico el escritor Gérard de Cortanze en Le Figaro. Muchos lo han hecho antes que él y muchos otros lo harán después. Hace seis años, la Academia Francesa ya se llevó las manos a la cabeza por una iniciativa similar, que consideró “un atentado contra la identidad nacional”.

La iniciativa aprobada por la Asamblea Nacional debe pasar ahora el cedazo del Senado. Un trámite delicado, porque los socialistas –que han votado mayoritariamente por el texto– no tienen mayoría, el resto de la izquierda está fracturada y la derecha es mayoritariamente contraria. Hacer previsiones es tanto más difícil cuanto que las opiniones están divididas en todos los partidos y puede haber –como ya ha habido– votos disidentes. En el 2008, el veto de la Cámara Alta ya forzó un reconocimiento de rango menor de las lenguas regionales en la Constitución.



miércoles, 29 de enero de 2014

"El poder ha roto nuestra relación"

No ha llegado el momento de echarse las culpas. No todavía. Tres días después de consumada su ruptura sentimental con François Hollande y de abandonar el palacio del Elíseo, Valérie Trierweiler no siente –o no quiere mostrar– ningún rencor hacia el presidente francés. Y prefiere, por el momento, buscar la causa de sus desgracias en la política. “El poder ha roto nuestra relación”, confió ayer la ex primera dama de Francia a un grupo de periodistas franceses con quien conversó de manera informal durante su visita humanitaria a la India, organizada por Acción contra el Hambre. “Si François Hollande no hubiera sido presidente, quizá todavía estaríamos juntos”, aventuró Trierweiler, quien por primera vez se expresaba públicamente sobre su separación.

La política, ciertamente, emponzoñó la relación de la pareja, puesta seriamente a prueba por las exigencias de la jefatura del Estado. Trierweiler no supo en un primer momento cómo asumir su función de primera dama y cuando por fin empezó a encontrar su camino era ya demasiado tarde: su controvertido tuit enviado en junio del 2012 –poco después de la llegada de Hollande al Elíseo– para sabotear la campaña de las legislativas de Ségolène Royal, la ex compañera del presidente y madre de sus cuatro hijos, marcó un serio enfriamiento con Hollande y fue aprovechado por sus enemigos internos para segarle la hierba bajo los piés.

Trierweiler denunció ayer la “hipocresía” del mundo político, su violencia y sus golpes bajos... algo que después de haber cubierto como periodista durante largos años la política francesa para Paris Match –de ahí conoció a Hollande– debería todo menos sorprenderle (algunos colegas no se abstenían ayer de subrayarlo). Su desagrado, en todo caso, es hoy tan acusado que si bien su intención es seguir ejerciendo como periodista, preferiría no reincidir en este campo: “Todo menos política”, dijo ayer, a la par que se mostraba dispuesta a seguir comprometida en el terreno de la cooperación humanitaria.

La ruptura de la pareja presidencial –política aparte– no puede entenderse sin el romance que François Hollande ha mantenido secretamente en el último año o dos años –las fuentes divergen al respecto– con la actriz Julie Gayet, y cuya revelación por la revista Closer precipitó los acontecimientos. Pero, como es lógico, Trierweiler no quiere por el momento hablar de ello. Todo lo más, se permite una ironía al responder a quienes, desde la oposición, han comparado el comunicado de Hollande para dar a conocer oficialmente su separación con una “carta de despido”, subrayando que en su caso no se han cumplido los trámites exigidos por la legislación laboral: “No ha habido preaviso”, dijo.

El entorno de Trierweiler sostiene que la ex primera dama y el presidente han puesto fin a su relación en “buenos términos”, que no hay ninguna “guerra” entre ambos y que sin duda seguirán en contacto en el futuro inmediato... En todo caso, el acuerdo que la pareja alcanzó el jueves pasado para consumar su separación –a la que Hollande estaba totalmente determinado– parece haber satisfecho a Trierweiler, que mantiene el uso del apartamento de alquiler que ambos compartían en la calle Cauchy, en el distrito XV de París, y ha obtenido al parecer una compensación económica por el hecho de haber renunciado parcialmente a su trabajo para acompañar al presidente en su campaña electoral y en el Elíseo. La ex primera dama tiene tres hijos de su anterior matrimonio, uno de los cuales es menor.

Valérie Trierweiler, a pesar de su mala experiencia personal, defendió finalmente la vigencia y la utilidad del puesto de primera dama. “No me molesta que me llamen ex primera dama, yo lo he sido –afirmó–, es importante que haya una en el Elíseo”. En contra de su opinión, Hollande no tiene intención de seguir su consejo. Los miembros del gabinete de la primera dama ya han recibido –estos sí– las cartas des despido y su figura ha desaparecido de la página web de la Presidencia.


La dama más bella


Valérie Trierweiler, escasa de elogios y de cariño estos últimos tiempos, no se resistió ayer a redifundir a través de su cuenta personal en Twitter un simpático tuit de los niños del Socorro Católico (Cáritas) de Clichy-sous-Bois: "Nosotros, los niños del SecoursPop, la queremos. ¡Usted sigue siendo la dama más bella!", escriben. La declaración está firmada por "Sira y sus compañeras".







martes, 28 de enero de 2014

¿Repudiada?

Fue en un baile de máscaras en la galería de los espejos del palacio de Versalles, celebrado con motivo de la boda de su primogénito, Luis-Fernando de Borbón, con la infanta María Teresa de España, en febrero de 1745, cuando el rey Luis XV reparó en Jeanne-Antoinette Poisson, una inteligente y bella joven casada con un funcionario llamado Charles-Guillaume Lenormant d’Étoiles. Prendado por aquella desconocida burguesa recién llegada a la corte, el rey la instaló en Versalles (en un apartamento por encima del suyo, al que se accedía por una escalera interior) y la convirtió en su amante, regalándole de paso el título de Marquesa de Pompadour.

Siete años duraron los amoríos del rey y la principal de sus favoritas, durante los cuales Jeanne-Antoinette se convirtió en una de las mujeres más influyentes del reino. Amante, amiga y consejera, la insigne cortesana reinó menos tiempo en las sábanas del monarca que en su alma. Pero cuando el rey, de un apetito sexual incontenible, la sacó de su cama para buscar otras compañías, no la apartó de su lado, sino que la mantuvo cerca suyo, siguió pidiéndole consejo, edificó por ella el Petit Trianon y, para sus estancias en París, le regaló el entonces palacio de Evreux, conocido hoy como el Elíseo… La marquesa de Pompadour murió en 1764, a los 42 años, de una congestión pulmonar, en el palacio de Versalles, cuidada por los médicos del rey, un raro privilegio. Y cuentan que Luis XV lloró amargamente la pérdida de aquella “amiga de veinte años”…

También lloró Napoleón poco después de consumar el divorcio con su hasta entonces amada esposa, Josefina de Beauharnais, el 14 de diciembre de 1809 ante la corte imperial reunida en el palacio de las Tullerías. Explican sus biógrafos, entre los cuales el ex primer ministro Dominique de Villepin –quien, por cierto, vendió en subasta hace unos años su biblioteca napoleónica por algo más de un millón de euros-, que el emperador, abatido por la tristeza, subió una última vez a ver a su mujer, con la que había estado unido quince años, por la escalera interior que unía su gabinete con el apartamento de ella y ambos se abrazaron largamente. Napoleón, que había tenido varias amantes –como los había tenido con anterioridad la propia Josefina- no quiso nunca separarse por amor, pese a que llegó a estar perdidamente enamorado de la aristócrata polaca María Walewska, pero sí lo hizo por razones políticas.

Obsesionado con tener un heredero y tejer una alianza que le permitiera afianzar su frágil Imperio, se divorció para poder casarse con la princesa María Luisa de Austria, hija del emperador Francisco I. En ningún momento se desentendió, sin embargo, de Josefina, a la que mantuvo el título de emperatriz, instaló en el palacio de Malmaison y dotó con propiedades y rentas. En las semanas posteriores le escribió cada día interesándose por su estado: “No puedes poner en duda mi constante y tierna amistad, y conocerías mal mis sentimientos si supusieras que yo puedo ser feliz si tu no eres feliz, y contento, si tu no te tranquilizas”, le escribió el 16 de diciembre, dos días después del divorcio. Su correspondencia se proseguiría hasta la muerte de ella en 1814.

Cuentan que el sábado pasado por la noche, solo en el Elíseo, el presidente François Hollande tenía el semblante serio y grave, poco después de haber comunicado sucintamente a la agencia France Presse la ruptura de su pareja tras casi ocho años de convivencia: “Hago saber que he puesto fin a la vida en común que compartía con Valérie Trierweiler”. Una frase escueta –dieciocho palabras, en la versión original francesa-, neutra y seca, sin un atisbo de sentimiento ni de reconocimiento para quien hace apenas tres años calificaba públicamente como la “mujer de su vida”.

Las pocas contemplaciones con que el presidente francés ha despachado su separación, quince días después de que se desvelara públicamente su relación amorosa clandestina con la actriz Julie Gayet, ha llevado a algunos de sus oponentes políticos a acusarle de haber “repudiado” a su mujer como en otros tiempos hacían monarcas y emperadores. También el publicista Jacques Séguéla, quien en Le Figaro vaticinaba que este gesto, esta ruptura “extremadamente brutal”, puede costarle cara entre el electorado femenino. “¡Años de vida en común y una separación anunciada en 18 palabras, repitiendo tres veces “yo”,  como un rey de Francia repudiando a su favorita!”, se exclamaba.

Hay que admitir que el presidente francés tenía una papeleta extremadamente difícil. Otro hombre en sus mismas circunstancias, enamorado de otra mujer y determinado a romper su matrimonio para abrazar una nueva vida, coge la puerta y se va. Tanto más fácil cuando no hay papeles ni hijos de por medio. Pero nadie puede irse del Elíseo. Así que Hollande, que lógicamente no podía marcharse ni esperar esta vez a que le echaran –como hizo Ségolène Royal en el 2007, tras conocer su infidelidad con Valérie Trierweiler- no tenía más remedio que expulsar él a su mujer, añadiendo nuevo dolor a la herida y la humillación sufridas. ¿Se puede hacer bien algo así?

La pareja llegó el jueves pasado a un acuerdo de separación aparentemente amistosa,  que en principio resuelve también las cuestiones materiales y prevé –pese a no estar casados- una cierta compensación económica a Valérie Trierweiler por haber puesto en sordina su carrera profesional y dedicarse a apoyar a su compañero en la campaña electoral de las presidenciales primero y a su función como primera dama, después.

Sólo François Hollande y Valérie Trierweiler saben lo que se han dicho estos días, y cómo se lo han dicho. Sólo ellos conocen sus sentimientos. Y a ellos solos atañe. Pero su expresión pública y la forma en que la ruptura ha sido consumada no dejarán de ser juzgadas por los franceses. Los ciudadanos no censurarán probablemente a Hollande por sus amoríos extraconyugales –la sociedad francesa es increíblemente tolerante con el adulterio-, pero pueden acabar reprochándole su comportamiento como persona.

Todo el mundo suponía al presidente francés un hombre indeciso, blando, carente de autoridad y alérgico al conflicto. Cuentan en el Partido Socialista que cuando él era el primer secretario, todo el mundo salía de su despacho satisfecho, creyendo haber obtenido una respuesta afirmativa a sus demandas, y después eran sus subalternos –o el paso del tiempo- los encargados de desengañar a los incautos. Lo que no se sabía, o se sabía menos, lo que estos quince días han revelado ante los ojos de todo el mundo, es que detrás de este presidente orondo y afable, simpático y cordial, hay un hombre ambiguo y escurridizo, aparentemente indiferente y frío como un témpano, capaz de no emitir la más mínima señal de humanidad y de escatimar hasta el último gesto público de cariño a quien ha sido su amante y compañera. Además de primera dama.

“¡Dios sabe cuánto semejante resolución ha costado a mi corazón! Pero no hay ningún sacrificio que esté por encima de mi coraje cuando se me demuestra que es útil para el bien de Francia. Debo añadir que, lejos de haber tenido nunca motivo de queja, sólo he tenido, por el contrario, que congratularme del cariño y la ternura de mi bien amada esposa. Ella ha embellecido quince años de mi vida. El recuerdo quedará grabado en mi corazón”, proclamó Napoleón ante la corte imperial en homenaje a Josefina al oficializar su divorcio. ¿Cinismo? ¿Un último gesto de delicadeza? Que cada cual juzgue. François Hollande no ha hecho, en todo caso, nada que se le parezca. Lo cual tampoco es sorprendente, puesto que con Ségolène Royal, la madre de sus cuatro hijos, fue igualmente avaro. Es un hombre “muy púdico”, argumentan quienes defienden su silencio. Valérie Trierweiler anticipó otra explicación cuando, en un libro escrito por la periodista Cécile Amar (“Hasta aquí, todo va mal”) sobre la campaña electoral del hoy presidente, dejó ir una confidencia: “François no es afectuoso”.



lunes, 27 de enero de 2014

La ultraderecha saca pecho


"¡Europa secesión, Francia es una nación!”, “¡Hollande dictador!”, “¡Libertad de expresión!”. Estos eran algunos de los eslóganes que pudieron escucharse ayer tarde en las calles de París mientras miles de personas –17.000 según la Prefectura de la Policía, 160.000 según los organizadores– se manifestaban, convocados por organizaciones ultras, contra la política del presidente francés, François Hollande, y de la Unión Europea. Al término de la movilización, grupos de radicales se enfrentaron violentamente con las fuerzas antidisturbios.

La jornada de protesta, bautizada Jour de Colère (Día de cólera) –una apelación tomada prestada curiosamente de los países árabes–, había sido convocada por un rosario de organizaciones y grupúsculos de extrema derecha y católicos integristas, como Primavera Francesa o Civitas. apoyados para la ocasión por algunos bonnets rouges bretones y seguidores del controvertido humorista antisemita Dieudonné...

Un cóctel indigesto en el que no estaba físicamente presente el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, empeñado en presentarse ante la opinión pública como un partido serio y de gobierno. Aunque sí estaba en espíritu: receptáculo del descontento de la sociedad francesa con el Gobierno socialista y con Bruselas, un sondeo publicado ayer por el Journal du Dimanche mostraba que el FN –con un 23% de los votos– se afianza como el favorito en las elecciones europeas del próximo 21 de mayo. Un resultado así, que consolida una tendencia apuntada ya por otra encuesta del pasado mes de octubre, nunca se ha dado en Francia en unas elecciones de ámbito territorial nacional y sobrepasaría de largo –en cinco puntos– el resultado de las elecciones presidenciales del 2012, en las que Marine Le Pen obtuvo un histórico 18%. Hace cinco años, en las europeas del 2009, el Frente Nacional obtuvo solamente el 6,3%.

Frente al empuje de la extrema derecha, los dos grandes partidos franceses, la Unión por un Movimiento Popular (UMP) de Nicolas Sarkozy y el Partido Socialista (PS) quedan claramente por detrás, con el 21% y el 18% de los apoyos respectivamente.

La fortaleza del FN, que ha podido observarse en los últimos meses en diversas elecciones parciales –en las que el partido de Le Pen ha logrado ganar tanto a la UMP como al PS–, ha crecido con la crisis económica y se alimenta del malestar social y, sobre todo, del miedo al futuro que atenaza a algunas capas de la población francesa. Los frentistas crecen en los feudos obreros arrasados por la pérdida de las industrias tradicionales –como sucede en el Norte, por ejemplo–, en las zonas con una fuerte presencia de la inmigración de origen extranjero –lo que explica su éxito histórico en el Sur– y, en estos últimos años, en las llamadas zonas “periurbanas”, demasiado alejadas de las grandes concentraciones urbanas –a distancias medias de entre 30 y 50 kilómetros– pero sin constituir zonas rurales.

Es en este territorio intersticial donde se han ido acumulando todos los males que amenazan a la cohesión de la República: fuerte aumento de la población –expulsada del centro de las conurbaciones por los elevados precios de la vivienda–, paro elevado, incremento de la delincuencia y aislamiento geográfico. Aquí, el voto del FN sobrepasa claramente al de la media.

El discurso frentista, de corte claramente populista, ha conseguido penetrar en el espíritu de las clases populares mezclando la tradicional receta del FN contra la inmigración y los extranjeros –con una fuerte dosis de anti-islamismo barnizado de laicidad republicana–, un planteamiento económico y social combativamente antiliberal –desconocido en tiempos del partiarca Jean-Marie Le Pen– y la dosis inevitable de nacionalismo, señalando a Europa y la burocracia de Bruselas como la causa de todos los males habidos y por haber. Declaradamente antieuropeísta –la Unión Europea es presentada como una construcción “totalitaria” dirigida por “oligarcas”–, el FN aboga por sacar a Francia del euro y convocar un referéndum en el ámbito de Los 28 para desmantelar la Unión y regresar a las soberanías nacionales...

En este objetivo, el FN se ha propuesto tejer –lo cual no es la menor de las ironías– una alianza europea con las fuerzas nacionalistas y soberanistas de otros países. En noviembre pasado, Marine Le Pen selló un acuerdo de colaboración con el holandés Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad conocido por su islamofobia. Y esta misma semana, alcanzó un pacto similar con la Liga Norte italiana. Lorenzo Fontana, jefe de filas de los liguistas en el Parlamento de Estrasburgo confirmó la existencia de un acuerdo entre ambos partidos para constituir un grupo parlamentario común tras las elecciones, en caso de poder reunir entre todos al menos 25 eurodiputados de siete nacionalidades.

El ascenso de las expectativas electorales del Frente Nacional ha ido parejo en Francia a una banalización de los planteamientos y el lenguaje de la extrema derecha, de los que durante su etapa como presidente de la República Nicolas Sarkozy usó y abusó con fines electorales. No ha sido sólo la UMP la que ha contribuido a legitimar posturas hasta no hace tanto tiempo mal vistas. Un nutrido grupo de intelectuales y comentaristas de ideología soberanista alimentan desde hace tiempo, desde sus tribunas en los medios de comunicación, discursos de tipo racista o xenófobo, bajo una aparente cobertura de ortodoxia republicana. De tal forma que no es de extrañar que casi un tercio de los franceses se diga de acuerdo con las ideas del FN.


El último viaje de la primera dama

Valérie Trierweiler ya no es la compañera de François Hollande y, por consiguiente, tampoco primera dama de Francia. Pero ayer salió en avión en dirección a Bombay, donde tiene previsto participar en una serie de actos organizados por Acción contra el Hambre, como si todavía lo fuera. A fin de cuentas, el viaje había sido coordinado en su momento con el Elíseo y todos los tarjetones y acreditaciones indias aluden a Trierweiler como “First Lady of France”. Así que el presidente francés accedió a que, por última vez, su excompañera llegara al pié del avión a través del acceso reservado a las autoridades y que viajara acompañada de su director de gabinete –candidato al paro– y un agente de seguridad.

La periodista de Paris Match –semanario donde seguirá trabajando– no ha hecho ninguna declaración sobre la ruptura de la pareja presidencial, dejando a Hollande la responsabilidad de asumir y comunicar la separación. Su única alusión, hasta ahora, ha sido un tuit difundido a última hora del sábado en el que decía: “Toda mi gratitud para el extraordinario personal del Elíseo. No olvidaré nunca su afecto ni la emoción en el momento de la partida”. Trierweiler ya no regresará al Elíseo, sino al domicilio particular que hasta ahora compartía la pareja, un piso de alquiler en el distrito XV de París, donde residirá a partir de ahora sola.



domingo, 26 de enero de 2014

De Napoleón a Sarkozy

Toda la corte imperial se encontraba reunida en el palacio de las Tullerías aquel 14 de diciembre de 1809. Napoleón y la emperatriz Josefina iban a aparecer juntos por última vez y a levantar acta pública de su divorcio. Lejos del secretismo actual, ambos leyeron sendos discursos para materializar su ruptura ante la crema del Imperio. Un acto político, motivado por razones políticas. Enamorado de la noble polaca María Walewska, a quien dos años antes había bombardeado con cartas encendidas –llevadas en mano por el mariscal Duroc, cuyas idas y venidas fueron tan conocidas en su época como si hubiera sido fotografiado por Closer–, Napoleón podría haber decidido divorciarse por amor. Pero lo hizo por ambición política. Determinado a consolidar su Imperio, y ante la imposibilidad de tener hijos con Josefina, decidió buscar una nueva esposa. Y, ya puestos, tejer una alianza internacional casándose con María Luisa de Austria, hija del emperador Francisco I.

Después del divorcio más famoso de la historia de Francia, hubo que esperar casi dos siglos para que un jefe del Estado francés se separara de su mujer en pleno ejercicio de su cargo. El presunto privilegio de hacer historia le correspondió a Nicolas Sarkozy, quien en octubre del 2007, tan sólo cinco meses después de ser elegido presidente de la República, se divorció de su segunda mujer, Cécilia Ciganer-Albeniz. A diferencia de Napoleón, sin embargo, no fue el presidente francés quien tomó la iniciativa de la ruptura, sino su esposa.

El divorcio puso punto final a un largo culebrón sentimental, seguido ya entonces muy de cerca por los medios de comunicación, que había empezado en el 2005 , cuando Cécilia Sarkozy abandonó durante casi un año el domicilio familiar para reunirse con su amante –y hoy marido– Richard Attias. Nicolas Sarkozy era entonces ministro del Interior y removió cielo y tierra para reconquistar a su mujer. Cuando entró junto a ella en el Elíseo el 6 de mayo del 2007 parecía un hombre colmado. Pero la procesión iba por dentro y la crisis de la pareja era irreversible. Cinco meses después, Cécilia abandonó la condición de primera dama y se marchó para siempre a hacer su vida.

Nicolas Sarkozy rompió el molde en el que se habían acomodado hasta entonces todos sus predecesores de la V República. Casado en segundas nupcias –fue el primer presidente divorciado en acceder al Elíseo–, no dudó en exponer ampliamente su vida privada ante la opinión pública, utilizándola como una baza política.

Impulsivo y sentimental, Sarkozy siguió haciendo lo mismo tras su divorcio, con su romance y posterior matrimonio –el tercero– con la cantante franco-italiana Carla Bruni, en febrero del 2008. En una célebre conferencia de prensa celebrada el mes enero en el Elíseo, el entonces presidente había reconocido públicamente su relación amorosa con la ex modelo –“Con Carla, va en serio”, dijo– y lo había justificado en aras de la transparencia. “No quiero que me fotografíen al alba en una situación sórdida”, argumentó, anticipando sin saberlo lo que le acabaría pasando a su sucesor, François Hollande, cazado por los paparazzi entrando y saliendo del edificio, en el número 20 de la rue du Cirque –muy cerca del palacio del Elíseo–, donde se citaba secretamente con su amante, la actriz Julie Gayet.

El comportamiento de Sarkozy produjo una auténtica ruptura. Hasta entonces, los presidentes de la República podían haber tenido amantes –como Valéry Giscard d’Estaing o Jacques Chirac– e incluso familias secretas –como François Mitterrand–, pero niguno de ellos se separó o divorció de su mujer. Y todos ellos consiguieron mantener su agitada vida personal lejos de la atención pública. Después de Sarkozy esto ya no es posible. Las reglas han cambiado. Y sólo así se entiende al osadía de Closer de espiar al presidente como si se tratara de cualquier otro personaje de las revistas del corazón.

La frontera entre vida pública y vida privada que hasta ahora protegía a los dirigentes políticos franceses ha quedado hoy tan difuminada, es tan porosa, que parece imposible reconstruirla. François Hollande ha intentado contra viento y marea mantener su vida personal lejos de los focos. Pero no ha podido. 



Valérie, c'est fini

Francia ya no tiene primera dama. François Hollande comunicó finalmente ayer, pocos minutos antes de las siete de la tarde, que había decidido “poner fin” a su “vida en común” con la periodista Valérie Trierweiler. Ni una palabra más, ninguna otra explicación. Esta vez, a diferencia de lo que sucedió con el divorcio de su antecesor en el Elíseo, Nicolas Sarkozy, en el 2007, no hubo ningún comunicado oficial de la presidencia de la República, ninguna declaración escrita, ni individual ni conjunta. Tan sólo una llamada del presidente a la agencia France Presse a título personal, un modo de reforzar su determinación de mantener su vida privada separada de su vida pública.

La ruptura de la pareja presidencial parecía inevitable después de que la revista Closer desvelara hace dos semanas –con fotos incluidas– la relación amoroso clandestina de François Hollande, de 59 años, con la actriz Julie Gayet, de 41. Las escasas y escuetas declaraciones que había realizado el presidente a este respecto, más los pocos comentarios surgidos desde su entorno, apuntaban a este desenlace. Quedaba decidir cuándo anunciarlo.

Hollande hubiera deseado hacerlo inmediatamente, pero la hospitalización de la que en ese momento era todavía su compañera oficial, a causa de una crisis nerviosa –que al parecer le empujó a una ingestión excesiva de tranquilizantes– provocada por la noticia de su infidelidad, le obligó a esperar. Ingresada durenta una semana en el hospital de la Pitié-Salpétrière, Trierweiler salió hace una semana y se instaló provisionalmente, para guardar reposo por consejo de los médicos, en la residencia presidencial de La Lanterne (Versalles)

El presidente francés se comprometió, en su conferencia de prensa de apertura del año en el Elíseo, el pasado día 14, a “clarificar” su situación personal –y por consiguiente la continuidad o no de Valérie Trierweiler como primera dama– antes de su viaje oficial a Estados Unidos del próximo 11 de febrero, en cuyo programa había una cena privada, a cuatro, en la Casa Blanca, con Barack y Michèle Obama. Al final, el anuncio sorpresa de que Valérie Trierweiler iba a mantener su participación en un viaje a la India organizado por Acción contra el Hambre –que se inicia mañana en Bombay– ha precipitado el anuncio este fin de semana. Aunque presentado como de “carácter privado”, el viaje había sido preparado conjuntamente con los servicios de Trierweiler en el Elíseo y en las acreditaciones de prensa se aludía explícitamente a la visita de la “First Lady of France”. La “clarificación” devino en ese momento urgente.

Las condiciones de la separación, que al parecer fueron pactadas por la pareja en un almuerzo el pasado jueves, no han sido por ahora explicitadas. Hollande y Trierweiler, cuya relación data de hace ocho años, nunca se han casado, ni firmado documento alguno. Pero el hecho de que Trierweiler se haya visto obligada a dejar –ni que sea parcialmente– su trabajo para asumir su función de primera dama ha obligado sin duda a pactar también las cuestiones de tipo material. De momento, ayer dejó La Lanterne y se trasladó a su domicilio particular, en el distrito XV de París.

A punto de cumplir 49 años, Trierweiler sigue siendo asalariada de Paris Match, semanario para el que escribe actualmente una crítica literaria y gracias al cual conoció a Hollande. El hoy presidente era primer secretario del Partido Socialista (PS) cuando la periodista fue encargada de cubrir la información de los socialistas. Su romance se inició en el 2005. Madre de tres hijos, Valérie Trierweiler –cuyo apellido familiar es Massonneau– estaba casada entonces en segundas nupcias con el periodista Denis Trierweiler, mientras que Hollande estaba unido a la que fuera candidata socialista al Elíseo en el 2007, Ségolène Royal, con quien tiene tres hijos. Ese año, la misma noche de las elecciones legislativas, Royal anunció públicamente su ruptura con Hollande.

Trierweiler tuvo desde el principio dificultades para adaptarse al papel de primera dama. Obsesionada por Ségolène Royal, puso a Hollande en una postura desairada en dos ocasiones: al forzarle a darle un beso en la boca en la fiesta que se celebró en la Bastilla nada más ser elegido presidente, el 6 de mayo del 2012, y cuando en la campaña de las legislativas de junio difundió en Twiter un mensaje para sabotear la candidatura de Royal en La Rochèle.

El epidosio del tuit degradó un poco más las relaciones con Hollande –que al parecer ya no iban muy bien– y con los hijos de éste, además de echarse a la opinión pública en contra. Si Hollande es el presidente más detestado de la V República, Trierweiler era la primera dama más impopular (sólo un 8% de simpatizantes)

La separación deja a Hollande las manos libres para proseguir su relación sentimental con Julie Gayet. Pero, en este caso, será totalmente privada. El presidente francés ya ha dejado claro, en conversaciones privadas, que no piensa colocar a una nueva primera dama en el Elíseo. Esta figura no existe legal ni constitucionalmente en Francia, pero la realidad es muy otra. Trierweiler tenía hasta ahora un gabinete propio, integrado por cinco personas, cuyos salarios se elevaban a 19.742 euros netos mensuales. A partir de ahora, Hollande será como un presidente soltero.


sábado, 25 de enero de 2014

Tú a Bombay y yo a Estambul

La primera dama de Francia no está dispuesta a aceptar sin más que la pongan de patitas en la calle. Mientras el presidente francés, François Hollande, busca el mejor momento y la mejor manera –suponiendo que exista– para poner fin a su relación con la periodista Valérie Trierweiler, la que todavía es su compañera oficial ha decidido reanudar su agenda y realizar este fin de semana un viaje humanitario a la India, abandonando así el reposo que le habían recomendado los médicos. Casi a la vez, el presidente realizará el lunes y martes próximos un viaje oficial a Turquía, donde visitará Ankara y Estambul.

Hospitalizada en la sección de psiquiatría del hospital parisino de la Pitié-Salpétrière tras hacerse pública la relación sentimental clandestina entre François Hollande y la actriz Julie Gayet –presuntamente por una crisis nerviosa que la habría conducido a ingerir una dosis excesiva de tranquilizantes–, la primera dama fue dada de alta hace una semana y su primera decisión fue trasladarse no a su domicilio privado, en el distrito XV de París, sino a la residencia presidencial de La Lanterne (Versalles), un gesto que ya dijo mucho sobre su determinación de no dar nada por perdido.

En línea con esa primera decisión, Trierweiler ha decidido ahora, para pasmo del Elíseo –que no fue informado–, honrar el compromiso que había adquirido meses atrás con la organización Acción contra el Hambre y el domingo partirá en dirección a Bombay para participar en varios actos de tipo humanitario.
La ONG insistió ayer en que se trata de un viaje de “carácter privado” –costeado por diversos mecenas–, pero lo cierto es que había sido organizado conjuntamente con el gabinete de Trierweiler en el Elíseo y será, si nada pasa antes, en tanto que primera dama que participará el lunes en una conferencia de prensa en el hotel Taj Mahal. Podría haber anulado su participación y todo el mundo lo habría comprendido. No lo ha hecho, y todo el mundo lo entiende también...

“Es un desafío amoroso”, opinó ayer Nadia Le Brun, autora de una biografía sobre Trierweiler titulada “La dama de picas”, a cuyo juicio se trata de una “mujer enamorada” que lucha por salvar su pareja y estaría dispuesta a olvidar la afrenta y “perdonar”. Lo mismo parecen haber entendido en el Elíseo, donde los colaboradores del presidente se pellizcaban ayer la mejilla para comprobar que no estaban soñando.

Pero en los asuntos del amor este tipo de órdagos conllevan muchas veces el riesgo de precipitar los acontecimientos en el sentido inverso al perseguido... Y eso mismo podría acabar pasándole a Trierweiler. El canal de televisión BFMTV apuntaba ayer que François Hollande podría acelerar a este mismo fin de semana la anunciada “clarificación” sobre su pareja, ya sea a través de un comunicado conjunto, ya sea a través de un comunicado oficial de la Presidencia de la República.

La “clarificación”, como ha sido evidente desde el primer momento en que Hollande se vio forzado a abordar públicamente el affaire –cuando se refirió a los “momentos dolorosos” por los que atraviesa su pareja– implica la separación. La frialdad y el distanciamiento con que se ha conducido denotan que el presidente, en su interior, ya ha pasado página. Y los pocos amigos que osan hablar –siempre bajo condición de anonimato– apuntan sin duda hacia una ruptura. “François vive una bonita historia”, señalaba uno de ellos citado por Le Parisien. Bonita historia con Julie Gayet, naturalmente.

El presidente, según fuentes del Elíseo, hubiera querido resolver este trámite hace quince días, inmediatamente después de que la revista Closer desvelara sus amoríos con la actriz y difundiera fotos de sus citas clandestinas en un apartamento de la rue du Cirque, a dos pasos del Elíseo. Pero la hospitalización de Trierweiler abortó esta maniobra.

En la conferencia de prensa celebrada el día 14 en el Elíseo frente a 600 periodistas de todo el mundo, Hollande evitó en lo que pudo este espinoso asunto, pero se comprometió a despejar todas las incógnitas que rodean la condición de la primera dama antes del 11 de febrero, inicio de su viaje de Estado a Estados Unidos. Aunque sólo sea porque en el programa de la visita hay prevista una cena en la Casa Blanca de la pareja presidencial francesa con el presidente norteamericano, Barack Obama y su mujer, Michèle.Tiempo, no le quedaba ya mucho. Ahora, aún tiene menos.

La inesperada intervención pública anteayer de la abogada de Valérie Trierweiler, Frédérique Giffard, en la que expresaba el interés de la primera dama en –nuevamente– “clarificar” la situación y resolver los aspectos materiales de una eventual separación, toda vez que no están casados, parecía dar a entender que Trierweiler daba por descontada la ruptura. Pero ayer la abogada fue desautorizada.


viernes, 24 de enero de 2014

La pasión del presidente

"Un beso es un acto que se comparte con alguien sin saber qué van a hacer de él los azares de la vida”. Así lo explicaba la actriz Julie Gayet en una entrevista publicada en el 2007 con motivo del lanzamiento de la película de Emmanuel Mouret Un baiser, s’il vous plaît (Un beso, por favor), que abordaba el espinoso tema de la infidelidad y donde ella representaba un papel secundario.

Con un beso, ese primer acto transgresor de insospechadas consecuencias, que hace y deshace parejas, empezó más que probablemente la aventura sentimental de Julie Gayet, de 41 años, con el presidente de la República, François Hollande, de 59, unido todavía hoy –aunque sin papeles– a la periodista Valérie Trierweiler. Una historia banal como la vida misma. Si no fuera porque el protagonista masculino de este romance está al frente del Estado francés y sus avatares personales acaban teniendo, se quiera o no, efectos políticos.

François Hollande prometió “clarificar” la situación de su pareja –y, en consecuencia, de la primera dama de Francia, una figura que existe aún sin existir legalmente, como las meigas– antes de su visita de Estado a Washington el próximo 11 de febrero. El país lo espera. Y, desde luego, también Julie Gayet.

Desde que el semanario Closer reveló el idilio, el pasado 10 de enero, la actriz mantiene una discreción absoluta. Ni una declaración, ni un comentario. Todo lo más, la presentación de una demanda contra la revista del corazón, a la que reclama 54.000 euros por atentado a su vida privada. Por lo demás, Julie Gayet sigue su vida –casi– como si nada. Hace una semana, anuló su participación en la última película que ha producido, Les étoiles (Las estrellas) para no alimentar el morbo y escapar de la prensa. Pero sigue acudiendo a la oficina de su productora, Rouge International, en el número 54 de la calle del Faubourg Saint-Honoré –cerca, muy cerca, del Elíseo–; sale como de costumbre a hacer la compra por su barrio, en el este de París, donde vive con sus hijos Taddeo y Ezéchiel, de 15 y 13 años, en un loft en el que –según Paris Match– no hay televisor pero sí un retrato de Samuel Becket y una imagen de la Virgen María; queda con sus amigos, y organiza fiestas en su casa para celebrar el cumpleaños de su hijo menor...

El azar ha querido que, además de una película en cartel –Les âmes de papier (Las almas de papel)–, la imagen de Julie Gayet aparezca estos días en una campaña de publicidad de la firma de prêt-à-porter Bleu Tango, a cuya directora artística, Lou Ripoll, de 24 años, la actriz, entonces adolescente, cuidó de niña.

“Julie está tranquila, muy segura de sí misma”, comentó días atrás su ex marido y padre de sus hijos, el guionista argentino Santiago Amigorena. Pareja actual de otra actriz, Juliette Binoche, Amigorena se divorció de Gayet en el 2006 tras ocho años de matrimonio. ¿A causa de una infidelidad? En todo caso, fabuló con ello en su novela Des jours que je n’ai pas oublié (Días que no he olvidado), publicada en el 2013.

Fuerte y determinada –rasgos que comparte con las otras dos mujeres de la vida de Hollande, Valérie Trierweiler y Ségolène Royal, dicho sea de paso–, Julie Gayet acostumbra, en su profesión, a seguir su intuición y no le importa asumir riesgos. La misma actitud con la que parece conducir su vida personal. Ella misma ha admitido sentirse convencida de acabar cayendo siempre de pie. “Como los gatos”, dice.

Nacida el 3 de junio de 1972 en Suresnes, una ciudad de la periferia oeste de París –de evocaciones históricas para el socialismo español–, esta fortaleza de carácter, esta seguridad en sí misma, las heredó de su familia, de origen bretón. Lo mismo que su amplia cultura, su afición por la filosofía –como un guiño, lleva la letra phi del alfabeto griego, surcando sobre las olas, tatuada al final de la espalda–, y su compromiso político con la izquierda.

Su padre, Brice Gayet, prestigioso cirujano y director del servicio de patología digestiva del Instituto Mutualista Montouris de París –que fuera asimismo miembro del gabinete de Bernard Kouchner en el Ministerio de Salud en los años noventa– y su madre, Anne, anticuaria, han frecuentado tradicionalmente los círculos socialistas. Y para compromiso, el de su abuelo paterno, Alain Gayet, uno de los Compañeros de la Liberación que se unió al general De Gaulle en Londres en 1940 para combatir contra los invasores nazis.

De pequeña, Julie Gayet empezó estudios de canto lírico pero pronto descubrió su vocación de actriz y con 17 años se trasladó a Londres a estudiar con Jack Waltzer, del Actor’s Studio. Difícilmente clasificable, desde su debut, a principios de los años noventa, hasta ahora Julie Gayet ha participado en más de 70 películas, de todo tipo y todo género, rodando con algunos de los más reputados directores del cine de autor, de Costa-Gavras a Krzysztof Kieslowski y Agnès Varda. En 1997 fue galardonada con el Premio Romy Schneider –¡su ídolo!– por su papel en el filme Select Hotel, de Laurent Bouhnik.

Sencilla, abierta, afable... sus amigos la describen como una “chica normal”. Nada más indicado, pues, para quien se reivindicaba como el “presidente normal”. Comprometida en la campaña electoral de Segolène Royal en el 2007, Julie Gayet se incorporó de forma natural a la de François Hollande a finales del 2011. Seducida por la personalidad del candidato socialista, la relación entre ambos traspasó pronto la frontera de lo político y de lo conveniente. “El amor llega de forma completamente inopinada, cuando uno tiene la cabeza en otras cosas”, decía en el 2007. Y ya entonces se preguntaba: “¿Cómo controlar lo incontrolable?”. 


Trierweiler quiere salir “con diginidad” de la crisis, dice su abogada

Valérie Trierweiler, compañera oficial del presidente francés, quiere salir “con dignidad” del enredo en el que la ha metido François Hollande al revelarse su relación sentimental clandestina con la actriz Julie Gayet. Así lo indicó ayer al diario Le Figaro la letrada Frédérique Giffard. abogada y amiga de la todavía primera dama, que sigue instalada temporalmente en la residencia presidencial de La Lanterne (Versalles) para guardar reposo. Según Giffard, Trierweiler y Hollande están “reflexionando” conjuntamente sobre la manera de resolver la situación, que según todos los indicios desembocará en una separación de la pareja.

“Es muy difícil para Valérie Trierweiler permanecer serena frente a esta presión mediática y política, pero es consciente de que se impone una clarificación”, añadió Giffard, para quien ni uno ni otro quieren que esta situación se eternice. En su conferencia de prensa del día 14 en el Elíseo, Hollande se comprometió públicamente a “clarificar” la situación política de la primera dama –y por ende, de su pareja– antes del 11 de febrero, fecha en que el presidente francés debe iniciar una visita de Estado a Washington y donde ambos son inicialmente esperados en la Casa Blanca.

De acuerdo con la información de Le Figaro, Hollande y Trierweiler habrían empezado a hablar ya de su situación el sábado en La Lanterne, antes de que el presidente viajara a Holanda. Según la abogada de Trierweiler, que tiene tres hijos de un matrimonio anterior, uno de los asuntos que deben resolverse es su situación material. Giffard advirtió que en ningún caso, su clienta esté “haciendo comedia” y menos aún “chantaje”. La compañera de Hollande, con quien no está casada ni ha firmado ningún papel, dejó parcialmente su trabajo como periodista –en el canal de televisión D8– para dedicarse a su nuevo papel de primera dama. Y el piso que ambos comparten en el distrito XV de París es de alquiler. En común, no hay ni hijos ni patrimonio alguno.


jueves, 23 de enero de 2014

Romance de anuncio

Ser presidente de la República ya no es lo que era. El respeto casi reverencial que suscitaba, en Francia, la figura del jefe del Estado es hoy sólo un pálido recuerdo de lo que antaño fue. Si De Gaulle levantara la cabeza, sentiría sin duda una punzada en la vesícula patriótica. La desacralización de la presidencia ha alcanzado niveles inauditos, hasta el punto de que los publicitarios se han lanzado desde hace un tiempo –los más osados– a jugar con la actualidad política. Ahora, con los amores clandestinos del presidente y la actriz Julie Gayet, la cosa empieza a tomar dimensiones de pitorreo.

“Señor presidente, la próxima vez evite el scooter. Sixt alquila vehículos con los cristales tintados”. Éste era el provocador eslógan que la empresa alemana de alquiler de automóviles Sixt publicó en un anuncio la semana pasada, aludiendo a la imagen de Hollande –difundida por la revista Closer– acudiendo a sus citas galantes con Gayet a bordo de un scooter. Hay que decir que Sixt es una empresa veterana en el doble juego entre amor y política. En época de Sarkozy realizó otro anuncio con el siguiente lema: “Haga como la señora (Carla) Bruni. Opte por un pequeño modelo francés”. La alusión no era un gran dechado de sutileza.

Por la brecha abierta la semana pasada por Sixt han seguido otros. De entrada, un competidor, la casa de alquiler de coches Drive, que en sus anuncios alude también a los cristales tintados y osa apuntar el coste del recorrido entre el Elíseo (en el 55 de la calle Faubourg Saint-Honoré) y el número 20 de la rue du Cirque, donde se encontraban ambos amantes: 5 euros. “A este precio, escoja la discreción”, remachaba.

La forma en que Hollande trataba de pasar desapercibido, oculto bajo su casco de moto, ha suscitado también una publicidad especial del fabricante del casco, Motoblouz –“Gracias, señor presidente por haber elegido nuestro casco para su seguridad”–, y hasta de Virgin Radio, que pinta a Hollande como presunto fan del grupo francés Daft Punk, cuyos dos componente aparecen siempre ocultos bajo un casco.

Naturalmente, no podían dejar de unirse al festín los sitios de encuentros. Así Gleeden, especialista en encuentros extraconyugales entre hombres y mujeres casados –“Nos lanzamos por fin en Holanda”, dicen jugando con la grafía idéntica del nombre del país y del apellido del presidente–, y también Be2, que se dirige a la primera dama, la periodista Valérie Trierweiler –“Querida Valérie, el cambio es ahora”– haciendo un juego de palabras con el eslógan de Hollande en la campaña de la elección presidencial.

Ahora bien, si alguien se merece el premio a la anticipación, es el sitio de encuentros adúlteros Ashley Madison, que en octubre pasado utilizó en un anuncio las imágenes de Mitterrand, Chirac, Sarkozy y Hollande –todos ellos con huellas de labios femeninos en el rostro– con la siguiente pregunta: “¿Cuál es su punto en común?”. Premonitorio.




martes, 21 de enero de 2014

Un Elíseo sin primera dama

Francia puede estar a un paso de quedarse sin primera dama por tiempo indefinido. Y no por falta de candidatas, reales o potenciales. El presidente francés, François Hollande, está sopesando la oportunidad de aprovechar la crisis por la que atraviesa actualmente su pareja con la periodista Valérie Trierweiler –y que podría desembocar de forma inminente en una ruptura– para dejar el puesto vacante. Así lo ha dado a entender en los últimos días el presidente en persona, que según el periodista y analista Michaël Darmon fue muy claro al respecto en una reciente conversación privada: “En el futuro, no quiero que haya más primeras damas en el Elíseo”, habría dicho.

Semejante pronunciamiento, como otros anteriores –calculadamente ambiguos pero no por ello menos inequívocos– del presidente francés, parece dejar pocas dudas sobre el desenlace de la crisis de la pareja presidencial, que estalló hace casi diez días cuando la revista Closer desveló –con fotos incluidas– la existencia de una relación amorosa clandestina entre Hollande y la actriz Julie Gayet. La separación, sin embargo, no parece ser la solución querida por Valérie Trierweiler, que a la salida del hospital el pasado sábado –tras permanecer ingresada una semana por un principio de depresión– no se trasladó a su domicilio particular, sino a la residencia presidencial de La Lanterne, en Versalles. Los mensajes que surgen de su entorno hablán mas bien de “perdón” y dibujan un escenario próximo al de la pareja de Bill y Hilary Clinton tras el escándalo Lewinsky...

El problema es que Hollande, que hubiera deseado solucionar rápidamente la crisis con un comunicado conjunto anunciando la separación, parece decantarse por la salida contraria. Su relación con Gayet, que según Closer dura desde hace dos años, sería suficientemente fuerte como para no permitir una marcha atrás.

Pero aún en tal caso, y a la vista de lo expresado por Hollande, no parece que la actriz pueda acabar algún día asumiendo la función de primera dama, aún cuando su relación con el presidente siga adelante. Dotado con un presupuesto público, el puesto de primera dama no tiene sin embargo ninguna cobertura legal o constitucional. Hollande parece pues tentado de proseguir su mandato como un presidente soltero (cosa que realmente es, pues nunca se ha casado, ni con Valérie Trierweiler ni con su primera mujer y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal). El presidente francés tuvo ayer oportunidad de comprobar de cerca, en su primera visita oficial a los Países Bajos, cómo la soltería no está reñida con la dirección política de un país: el primer ministro neerlandés, Mark Rutte, es soltero... En La Haya, Hollande tuvo que responder de nuevo a una pregunta sobre su vida privada. Y fue escueto como siempre: “Valérie Trierweiler está mejor, descansa en La Lanterne”. Es todo


La patria de sus ancestros

Hollande en Holanda. Parece un juego de palabras debido a l azar, pero de azar no tiene nada. El apellido del presidente francés tiene justamente su origen en la procedencia de sus antepasados, protestantes holandeses que en el siglo XVI se refugiaron en Francia huyendo de la persecución religiosa. Hollande no ha conservado, sin embargo, ningún rastro de su puritanismo.








Aborto, camino inverso

Mientras España prepara un endurecimiento de las condiciones para poder abortar, Francia se dispone a hacer todo lo contrario. Los socialistas franceses han aprovechado la tramitación de la nueva ley para la Igualdad de hombres y mujeres, que ayer empezó a discutirse en la Asamblea Nacional, para introducir en el texto dos enmiendas con el fin de liberalizar completamente la práctica del aborto en Francia.

De ser aprobadas tal cual han llegado a la cámara baja –las enmiendas se discutirán probablemente el viernes próximo, coincidiendo con una visita oficial del presidente, François Hollande, al Vaticano–, las mujeres francesas verán explícitamente reconocido su derecho a disponer del propio cuerpo y a abortar, sin que sea exigido otro requisito que el cumplimiento de los plazos establecidos. Esto es, hasta 12 semanas de gestación en el caso de aborto quirúrgico y cinco semanas si es farmacológico (en España son 14 y seis, respectivamente)

Actualmente, de acuerdo con la ley de despenalización del aborto impulsada en 1975 por Simone Veil –bajo el gobierno del centroderecha y la presidencia de Valéry Giscard d’Estaing–, las mujeres francesas que desean abortar, y que no entren en los supuestos de malformación del feto o peligro para la madre, deben justificar un estado de angustia o desamparo, después de realizar dos consultas médicas obligatorias (una tercera psico-social fue eliminada en 1982). A partir de ahora este requisito se suprimirá y no hará falta más que la expresión de la voluntad de la mujer. “El derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, a acceder a la contracepción y a pedir una interrupción voluntaria del embarazo, está garantizado por la ley”, reza explícitamente la enmienda.

La iniciativa de los socialistas franceses, enormemente críticos con la contrarreforma de Ruiz-Gallardón –el propio Gobierno la ha criticado públicamente, por boca de la ministra portavoz y titular de la cartera de Derechos de las Mujeres, Najat Vallaud-Belkacem–, ha irritado a la derecha francesa y ha puesto fuera de sí a los sectores más conservadores.

Diversos diputados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) –el partido de Nicolas Sarkozy– han defendido el mantenimiento de la condición del “estado de angustia y desamparo”, que a su juicio confiere al aborto un carácter de “excepción”, mientras que la reforma socialista va en el camino de su “banalización”. El centrista Jean-Louis Borloo ha advertido al Gobierno del riesgo de “abrir la Caja de Pandora”. En 1975 la discusión de la ley del aborto fue alcanzó una violencia verbal inusitada.

Este domingo, los grupos provida y antiabortistas, que cada mes de enero se manifiestan en contra de la ley Veil –aprobada justamente un 17 de enero–, consiguieron reunir en una manifestación en París a entre 16.000 y 40.000 personas –según la Prefectura de la Policía y los organizadores, respectivamente–, una cifra superior a la de los últimos años. Los manifestantes portaban los colores de la bandera española, con el fin de reinvidicar una reforma legal en Francia en el mismo sentido que la del Gobierno de Mariano Rajoy. “España está hoy en la vanguardia del progreso”, tronó la exministra Christine Boutin, presidenta del Partido Democristiano. El movimiento podría ampliarse si se meten de lleno las asociaciones que se movilizaron contra el matrimonio gay.

“Las mujeres deben tener la libertad de elegir. Es extremadamente importante reafirmarlo –subrayó ayer la ministra Vallaud-Belkacem– en un momento en que vemos a nuestro alrededor las tentaciones de regresión”.
En Francia se practican unos 225.000 abortos –interrupciones voluntarias del embarazo (IGV), en la jerga oficial– cada año, lo que da una media de 15 por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 49 años. Los abortos farmacológicos representan ya el 55% del total.

La cuestión del aborto es sólo uno de los aspectos que incluye el proyecto de ley de Igualdad entre hombre y mujeres, una de cuyas medidas más destacadas es la extensión de los permisos de paternidad –subvencionados con dinero público– a condición de que el hombre asuma una parte. 


7.000 bodas gay en siete meses

En el 2013, un total de 7.000 parejas homosexuales contrajeron matrimonio en Francia, aprovechando la legalización de las bodas gay, un ritmo superior –según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee)– al que registraron en un principio otros países en los que se legalizó el matrimonio homosexual, como España. En Francia, la ley entró en vigor el 18 de mayo y empezó a aplicarse en la práctica en junio, por lo que los 7.000 matrimonios se celebraron en siete meses. Las bodas gay representaron un 4% del total de matrimonios y la edad media de los contrayentes fue superior a la de los heterosexuales: 50 años en el caso de los hombres y 43 en el de las mujeres. La legalización del matrimonio entre homosexuales, una de las promesas electorales de François Hollande, generó una oleada de protestas masivas. Los opositores a la reforma, conservadores y católicos, llegaron a movilizar a un millón de personas en París. Pero la ley fue aprobada y avalada por el Consejo Constitucional.






Peugeot cede la parte del león

En el grupo Renault hace décadas que no queda ya ningún descendiente del fundador, Louis Renault, desposeído de la propiedad por el Estado francés en 1945 por haber colaborado con el ocupante nazi. En el otro gran grupo automovilístico francés, PSA Peugeot-Citroën, los herederos de Armand Peugeot han seguido y seguirán siendo accionistas de la compañía, pero por primera vez en su historia, la familia se dispone a ceder el control. El Consejo de Supervisión del grupo acordó el domingo por la noche un proyecto de ampliación del capital de 3.000 millones de euros que dará entrada a la empresa china Dongfeng –ya asociada a PSA para la fabricación de automóviles en China– y al Estado francés.

La operación de ampliación de capital se realizará en dos fases. Los dos nuevos accionistas aportarán cada uno del orden de 800 millones de euros, mientras que la familia Peugeot aportará un centenar. Al final del proceso cada uno de los tres accionistas controlará el 14% del capital. Hasta ahora la familia disponía del 25% de las acciones y el 38% de los derechos de voto. Esta solución, apoyada por el presidente del holding familiar, Robert Peugeot, podría acabar implicando el desalojo de Thierry Peugeot como presidente del Consejo de PSA.

El proceso, sin embargo, entra ahora en la fase de la negociación de los detalles. En un comunicado difundido ayer, PSA subrayó que el grupo “estudia otros escenarios alternativos” para recapitalizarse y que hasta que no se cierre un acuerdo definitivo “no puede darse ninguna seguridad sobre su culminación”. Con todo, se trata del único plan concreto que hay sobre la mesa.

Fracasada la alianza con General Motors –que abandonó el capital de PSA a finales del año pasado– y en una situación económica e industrial delicada, el grupo francés necesitaba con urgencia un socio que inyectara capital. El grupo chino Dongfeng, con quien PSA mantiene una alianza industrial desde el año 1993, aparecía como el socio más lógico, toda vez que es en China donde el fabricante francés está registrando el aumento de las ventas más acusado (un 26%) y se trata ya de su segundo mercado, después de Francia.

El Gobierno francés, sin embargo, no veía con buenos ojos una operación que podía poner a PSA Peugeot-Citroën, uno de los florones de la industria francesa, en manos extranjeras y ha forzado su entrada en el capital. El Estado francés, a fin de cuentas, ya había tenido que acudir en socorro del grupo en el 2012 y otorgarle garantías por valor de 7.000 millones de euros para evitar el hundimiento de PSA finanza.

En el 2013 y por tercer año consecutivo, PSA registró un nuevo retroceso en sus ventas. Con 2,8 millones de vehículos, se trata de la cifra más baja desde el año 2000. Si en China, como ya ha quedado dicho, las ventas se han disparado y han aumentado también en América Latina, han caído en cambio en Rusia y sobre todo en Europa, que sigue siendo el principal mercado. Aquí han retrocedido un 7% y la cuota de mercado ha bajado al 11,9%. 


lunes, 20 de enero de 2014

Franceses en la Yihad

Hakim, de 15 años, vecino de Pinsaguel (Alto Garona), una localidad francesa de la banlieue sur de Toulouse, acudió el pasado 6 de enero al instituto como cada lunes. Pero ese día no regresó a casa. En una carta dirigida a sus padres, dejada en un diccionario, les explicaba que se había marchado para “predicar el mensaje del profeta”. En realidad, su objetivo era trasladarse a Siria, vía Turquía, para unirse a los grupos de yihadistas que combaten contra el régimen de Bachar el Asad. El joven Hakim no se fue solo, sino con un compañero de clase, Assan, de 16 años, seducidos ambos por la palabrería fundamentalista. “Un lavado de cerebro”, lamentó el padre del primero.

Los servicios de información franceses siguen la pista de ambos adolescentes, dentro de una lista de 89 jóvenes franceses o residentes en Francia –entre los cuales hay una docena de menores– que están camino de Siria para participar en la Yihad. “Este fenómeno se ha acelerado en las últimas semanas, desde finales del 2013”, explicó ayer en la emisora de radio Europe 1 el ministro francés del Interior, Manuel Valls, que mostró una extrema preocupación por esta deriva. “Esto representa el mayor peligro (en materia de seguridad) al que deberemos hacer frente en los próximos años”, dijo el ministro, quien añadió: “Tanto franceses como europeos podemos vernos sobrepasados por este fenómeno, a la vista de su amplitud”. El peligro es que estos individuos puedan cometer atentados terroristas en suelo europeo a su regreso.

Según las informaciones recogidas por la Policía francesa y los servicios de la lucha antiterrorista, alrededor de 700 franceses estarían, de cerca o de lejos, implicados en el conflicto de Siria. El ministro del Interior cifró en 250 los jóvenes franceses que están actualmente combatiendo en tierras sirias, a los que deben sumarse los 89 en tránsito y unos 150 más que habrían manifestado en un momento u otro su intención de viajar a Siria. De los que ya han ido, 76 han regresado a Francia y 21 han perdido la vida.

Éste es el caso de dos hermanos franceses –hijos del mismo padre pero de diferente madre– que murieron el año pasado en Siria. Nicolas y Jean-Daniel Bons, de 30 y 22 años respectivamente, dos jóvenes convertidos al islam, ganaron notoriedad al difundir por internet en julio pasado un vídeo en el que, kalashnikov en la mano, llamaban a los musulmanes de Francia a sumarse a la lucha. Jean-Daniel murió poco después, en el transcurso de un combate contra las tropas leales a Bachar el Asad. Su hermano Nicolas se suicidó el 22 de diciembre en un atentado kamikaze.

Los dos hermanos eran originarios de Toulouse, lo mismo que los dos adolescentes que huyeron de sus casas en dirección a Siria a principios de este mes. Toulouse, una ciudad con grupos islamistas muy activos, era también la ciudad de nacimiento de Mohamed Merah, el terrorista que en marzo del 2012 asesinó a siete personas, cuatro personas de confesión judía –un adulto y tres niños– y tres militares, en la capital del Garona y Montauban, antes de caer él mismo abatido por las fuerzas especiales de la Policía.




domingo, 19 de enero de 2014

Hollande y sus mujeres

François Hollande pudo ser el candidato socialista al Elíseo en el 2007. Pudo haberse enfrentado a Nicolas Sarkozy cuando éste se encontraba en el momento de su máxima fuerza. Y pudo haber perdido... Muy probablemente hoy no sería presidente, sus compañeros del Partido Socialista francés –donde siempre tuvo importantes adversarios– lo habrían enviado al desván de los trastos inservibles.

La historia podría haberse escrito de forma muy diferente si su compañera sentimental de entonces, y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal, no se hubiera interpuesto en su camino y se hubiera impuesto como candidata. Pero lo hizo. ¿Por ambición? Desde luego. Pero también por despecho. En el caso de François Hollande, las cuestiones privadas –y particularmente, las sentimentales– han estado desde siempre inextricablemente ligadas a su carrera política, empujándola unas veces, saboteándola otras. El seísmo provocado ahora por su relación amorosa clandestina con la actriz Julie Gayet es sólo el último ejemplo de esta deriva.

En noviembre del 2005, François Hollande salió triunfante del difícil congreso socialista de Le Mans. El entonces primer secretario del PS logró evitar la explosión del partido –herido por la fractura del referéndum de la Constitución Europea– y consolidar su liderazgo interno. Su objetivo eran las elecciones presidenciales del 2007. Y en esta carrera de fondo, en la que preveía destaparse en la recta final, los movimientos de Ségolène Royal –que empezaba a coquetear entonces con su propia candidatura– le servían para mantener distraídos a sus adversarios. Hollande estaba convencido de que su compañera le acabaría cediendo el paso.

La propia Ségolène Royal lo repetía a los amigos de la pareja: “Es el momento de François”. La excandidata socialista a Elíseo recordaba sin duda cómo su nombramiento como ministra de Medio Ambiente por François Mitterrand en 1992 cerró las puertas del Gobierno a su compañero... Desde que se conocieran en los bancos de la Escuela Nacional de Administración (ENA), ambos habían actuado siempre no sólo como una pareja, sino también como un equipo. Juntos entraron en el gabinete de Mitterrand en el Elíseo en 1981, juntos obtuvieron su acta de diputado en 1988...

Hollande, púdico y reservado según sus amigos, tan celoso hoy de su vida privada, no tuvo empacho en los años noventa en posar con Ségolène para Paris Match en su domicilio, con sus hijos, ofreciendo la imagen de una pareja moderna y feliz, en una evidente operación de promoción política. Siendo ya ministra, en 1992, Royal llegó incluso a recibir a los periodistas en el hospital donde acababa de dar a luz a su última hija, Flora. Un reportaje firmado por una tal Valérie Trierweiler...

¡Ah, Valérie! En el otoño del 2005, Hollande ya había empezado su relación amorosa con la periodista de Paris Match encargada de cubrir la información de los socialistas franceses... Y fue justo en ese momento, cuando Ségolène Royal se enteró de la infidelidad de su compañero, que su decisión de optar a las primarias del PS para ser candidata al Elíseo se volvió irreversible. ¿Ansia de venganza? Probablemente, en parte. Pero también, y sobre todo, la conciencia de que ya no le debía a su hombre ninguna lealtad política. ¿Por qué entonces sacrificar la propia ambición?

A lo largo del 2006, Ségolène Royal intentó reconquistar al padre de sus hijos y especuló con la posibilidad de casarse con él. En el 2007, en plena campaña electoral de las presidenciales, llegó incluso a proponérselo en público, aprovechando una invitación de un dirigente polinesio para que contrajeran matrimonio en Tahití. “Sería locamente romántico”, dijo. Algunos de los adversarios de la candidata presionaron incluso al primer secretario –“¡Cásate con ella, François!”– para evitar que acabara presentándose.

Pero Hollande estaba ya en otro sitio. No sólo no se casó, sino que dejó claro que en caso de que su mujer ganara las elecciones él no iría jamás a vivir al Elíseo... Hollande no tenía ningunas ganas de ver a su mujer como presidenta de la República y lo cierto es que la dejó completamente sola durante la campaña, huérfana del apoyo de un partido que en el fondo la rechazaba. Tras caer frente a Sarkozy en mayo del 2007, Royal esperó a la noche de las elecciones legislativas del mes de junio, en plena derrota del PS, para formalizar públicamente la ruptura de la pareja: “Le he pedido que deje el domicilio y que viva su historia sentimental por su lado”.

Humillado –expulsado de su casa, señalado como culpable a la vista de todos–, pero libre, Hollande inició entonces su nueva vida con Valérie Trierweiler, acabó dejando la dirección del PS e inició su larga marcha hacia el Elíseo. Vulnerando de nuevo su apego a la discreción, en el 2010 hizo una declaración de amor pública a su nueva compañera: “Es la mujer de mi vida”, dijo, faltándole así al respeto a la mujer con la que había vivido 25 años y tenido cuatro hijos. “Valérie lo necesitaba”, se justificó después.

A la todavía primera dama de Francia –con la que Hollande nunca se ha querido tampoco casar–, la sombra de Ségolène Royal la persiguió siempre. No en vano, su antigua rival, en tanto que figura importante del PS, seguía estando cerca de su compañero. Insegura, intentó vetarla en la campaña electoral de las presidenciales del 2012, donde al menos consiguió borrarla –al estilo soviético– de un vídeo que retrataba la vida del hoy presidente. Y en un mitin, para contrarrestar su presencia y subrayar quién era quién, exigió a Hollande, a la vista de todos, que la besara en la boca... Finalmente, en la campaña de las legislativas de junio de ese mismo año, lanzó su famoso tuit apoyando al candidato socialista disidente de La Rochèlle frente a Ségolène Royal, que perdió su escaño y, de rebote, la presidencia de la Asamblea Nacional.

La imagen pública de Hollande –ya calificado de blando y débil– sufrió gravemente por este hecho, al aparecer ante la opinión pública como incapaz de controlar las querellas entre su mujer y su ex, y emponzoñó definitivamente las relaciones entre Valérie Trierweiler y los hijos del presidente, que le retiraron la palabra. La relación de la pareja empezó ahí a degradarse. Aunque, de estar en lo cierto Closer, el idilio clandestino de Hollande y Julie Gayet ya había empezado.

Herida y ofendida, Royal hizo en el 2012 un comentario premonitorio sobre Trierweiler: “Ya lo tiene todo, en lugar de preocuparse por el pasado, haría bien en preocuparse por la siguiente...”. 


Trierweiler abandona el hospital

Ocho días después de ser ingresada de urgencia, Valérie Trierweiler abandonó ayer tarde el hospital de la Pitié-Salpétrière de París. Eran alrededor de las 15h30 cuando, a bordo de un vehículo oficial y escoltada por dos motoristas, la primera dama de Francia dejó el centro y partió con rumbo desconocido. Según la revista Paris Match, para la que la compañera del presidente francés sigue trabajando como periodista, Trierweiler debería pasar ahora unos días des descanso suplementarios en la residencia oficial de La Lanterne, una finca vinculada a la Presidencia de la República situada en las lindes del parque del palacio de Versalles.

Valérie Trierweiler fue hospitalizada el pasado día 10 tras sufrir aparentemente una crisis nerviosa –otras fuentes hablan de una ingestión excesiva de tranquilizantes–, después de que la revista Closer desvelara públicamente la relación amorosa que François Hollande mantiene con la actriz Julie Gayet. El presidente no ha querido hacer ningún comentario sobre su vida privada, únicamente ha reconocido que su pareja atraviesa por momentos difíciles y “dolorosos”, y en ningún caso ha desmentido su relación sentimental con Gayet.

François Hollande no se encontraba en París en el momento en que su todavía compañera dejaba el hospital. El presidente francés, que no ha cambiado en ningún momento su agenda oficial, se desplazó ayer a Tulle (Corrèze), su feudo electoral en el centro del país, para cumplir con la tradición de dirigir a sus ciudadanos sus buenos deseos para el año nuevo (los voeux). Hollande centró su discurso en la reforma territorial y evitó hablar con el nutrido grupo de periodistas que le seguían. También limitó al máximo el contacto con la gente de la calle y evitó su habitual paseo por el mercado de la población.

“Ya es hora de que nuestro presidente tome decisiones sobre su vida personal y que el debate se cierre, que no haya más rumores y fotos”, declaró a France Presse Cécile At, propietaria de la Taverne du Sommelier, un establecimiento que Hollande frecuenta. El presidente anunció en su conferencia de prensa del martes pasado en el Elíseo que “clarificará” la situación de su pareja antes del inicio de su viaje de Estado a Estados Unidos, el próximo 11 de febrero, donde en principio era esperado acompañado.



sábado, 18 de enero de 2014

La infidelidad pasa factura

Por mal que vayan las cosas, siempre pueden empeorar. Eso ha empezado a sucederle al presidente francés, François Hollande, cuya imagen entre los ciudadanos ha sufrido una súbita degradación tras revelarse su infidelidad amorosa con la actriz Julie Gayet. Con un nivel de popularidad inusualmente bajo –sólo un 20% de los franceses muestra confianza en él. algo inédito en la V República–, Hollande ve ahora cómo el juicio de sus conciudadanos, no ya sobre su competencia como presidente sino sobre sus cualidades humanas, empeora.

Un sondeo realizado tras las revelaciones de la revista Closer por el instituto Ifop para el diario digital Atlantico (ver gráfico adjunto) constata un retroceso claro
en todos los frentes, pero especialmente en el personal. La caída es moderada en atributos políticos, donde ya estaba mal valorado, pero es particularmente acusada en las cualidades humanas, como la simpatía (-7 puntos) y la sinceridad (-14 puntos). Es todavía pronto para sacar conclusiones, la evolución de la opinión pública sin duda variará mucho en función de la forma en que el presidente de la República resuelva este asunto, pero es ya un primer indicador de que el desapego de los franceses todavía puede subir algunos peldaños.

Hasta el momento, Hollande ha tratado de contener la crisis, en la medida de lo posible, dentro del marco estricto de la esfera privada. En la conferencia de prensa del martes en el Elíseo, aún viéndose obligado a contestar algunas preguntas sobre la cuestión, consiguió que su agitada vida sentimental no contaminara la sesión y que prevalecieran los contenidos políticos, por otra parte de gran calado. Desde entonces, ha proseguido su actividad presidencial como si nada, absolutamente nada, hubiera sucedido. Ninguna coma de la agenda del Elíseo ha sido movida de su lugar, ninguna cita anulada.

Pero este papel de seriedad y sobriedad, que tanto le aleja de las efusiones públicas de un Nicolas Sarkozy, puede acabar jugándole una mala pasada. Los franceses quieren que el presidente se ocupe de los asuntos del Estado, naturalmente, pero a la vez quieren a alguien humano. Y Hollande está transmitiendo la imagen de una persona fría, distante e indiferente. El hecho de no ir a visitar a su compañera, Valérie Trierweiler –la engañada, la ultrajada, la víctima de esta historia–, en su lecho del hospital ha sido mal comprendido por la opinión pública. Cuando el Elíseo se dio cuenta, trató a la desesperada de argumentar que los médicos lo habían desaconsejado, pero el mismo jueves por la noche, el presidente acudió finalmente a la Pitié-Salpetrière, donde la primera dama está ingresada desde el viernes de la semana pasada y donde aún seguirá algunos días. Al parecer, su estado de fatiga y su tensión, muy baja, le impiden incluso levantarse normalmente.

El estado de salud de Trierweiler es el principal obstáculo para la resolución de la crisis, que es en primer lugar sentimental, personal, pero después política. Hollande ha dado suficientes señales hasta el momento como para pensar que el escenario que se dibuja es el de la ruptura de la pareja, lo que obligará a Trierweiler a abandonar el Elíseo. En todo caso, el presidente no puede dilatar indefinidamente la situación, pues como él mismo admitió públicamente, debe clarificar este asunto antes de su viaje de Estado a Estados Unidos el 11 de febrero próximo. Los servicios de protocolo de la Casa Blanca esperan para poder cerrar la agenda.

Algunos colaboradores del presidente francés le aconsejan que aproveche la ocasión para abrir una nueva etapa en su quinquenato y asumir una presidencia totalmente en solitario, en tanto que presidente “soltero”, independientemente de cuál sea la evolución de su vida sentimental. Soltero, de hecho, ya lo es, siempre lo ha sido. La cuestión sería amortizar de alguna manera el puesto de “primera dama”, que no está constitucionalmente previsto.

Mientras tanto, nuevas revelaciones van ampliando el alcance de la relación sentimental que Hollande mantiene desde hace tiempo con Julie Gayet. La revista Closer, que destapó el affaire hace una semana –con fotos incluidas– sostenía en su número de ayer que la relación amorosa del presidente y la actriz empezó en realidad hace dos años, antes por tanto de que Hollande llegara al Elíseo, cuando Gayet se incorporó a su campaña. Desde entonces, siempre según Closer, la pareja habría alternado rupturas y reconciliaciones. Sus encuentros clandestinos no se habrían limitado al ya célebre apartamento del número 20 de la rue du Cirque –a dos pasos del Elíseo–, sino que habrían tenido como escenario el domicilio y el despacho profesional de la actriz, otro apartamento prestado en el oeste de la ciudad, la casa de Hollande en Mougins (Costa Azul) y su feudo electoral de Tulle (Corrèze)...

Desde que su relación saliera a la luz, Julie Gayet permanece callada y oculta. El lunes debía participar en la proyección de la última película que ha producido, Les étoiles (Las estrellas), pero anuló finalmente su presencia. Aunque no ha hecho declaraciones públicas, la actriz ha desmentido personalmente a radio Europe 1 –según ha informado la propia emisora– que esté embarazada, un rumor difundido por un bloguero francés a través de Twiter y reproducido sin más por algunos medios de comunicación anglosajones.