miércoles, 22 de mayo de 2013

Suicidio en Notre Dame contra el islam


Dominique Venner, de 78 años, un conocido ensayista e historiador francés de extrema derecha, escogió ayer la simbólica catedral de Notre Dame de París para suicidarse y denunciar de este modo la amenaza de islamización de Francia y de Europa. Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando Venner se pegó un tiro en la cabeza junto al altar de la catedral, frente a los 1.500 fieles y turistas que llenaban en aquel momento el templo, que fue posteriormente evacuado.

En su último blog, colgado la misma mañana de ayer, el ensayista abogaba por la realización de “gestos nuevos, espectaculares y simbólicos” para despertar las conciencias sobre el peligro de islamización de la sociedad. Y, evocando al filósofo alemán Martin Heidegger, reivindicaba el derecho –si no el deber– de vivir de forma consecuente hasta el último momento: “El último segundo tiene tanta importancia como el resto de una vida. Por eso, hay que ser uno mismo hasta el último instante”, dejó escrito.

Venner dejó sobre el altar varias cartas, en las que podría explicar su gesto. Pero a falta de conocer su contenido, el sentido de su último blog es clarificador. Algunos medios de comunicación vincularon apresuradamente la inmolación del ensayista a una protesta contra la ley de las bodas gais, que el ensayista juzgaba “infame”. De hecho, su blog llevaba como título “La manif del 26 de mayo y Heidegger”, en alusión a la manifestación del próximo domingo contra el matrimonio homosexual. Pero su verdadera preocupación era el islam.

Tras reproducir el comentario de un bloguero argelino según el cual la ley del matrimonio gay será anulada cuando “dentro de quince años los islamistas tengan el poder en Francia”, Venner subraya que si eso sucediera “sus consecuencias serían mucho más gigantescas y catastróficas que la detestable ley Taubira”. “Desde hace 40 años, los políticos y gobernantes de todos los partidos (salvo el FN), así como la patronal y la Iglesia, han trabajado activamente en este sentido acelerando por todos los medios la inmigración afromagrebí”, decía.

Para el ensayista éste era el mayor peligro para Francia. “Los manifestantes del 26 de mayo no puede ignorar esta realidad. Su combate no puede limitarse al matrimonio gay”, decía, y subrayaba que “no bastará organizar manifestación amables” para impedir lo que el escritor Renaud Camus definió como la “gran sustitución” de las poblaciones originarias de Francia y Europa. Venner proponía, en consecuencia, “gestos nuevos, espectaculares y simbólicos para quebrar las somnolencias, sacudir las conciencias anestasiadas y despertar le memoria de nuestros orígenes”.

La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, no se equivocó al calificar el suicidio de Venner como “un gesto político para despertar al pueblo de Francia”.



Alerta en los institutos del Bajo Rhin por la amenaza de una masacre por internet

Unos 500 policías y gendarmes fueron desplegados ayer de nuevo en Estrasburgo y el departamento del Bajo Rhin para proteger los institutos de enseñanza secundaria, después de que un internauta anónimo –presuntamente, un ex alumno– amenazara el viernes con cometer una masacre y suicidarse después. Otros 250 investigadores siguen la pista del internauta, cuya imagen fue captada por una cámara de vídeovigilancia al salir del cibercafé donde colgó su mensaje.






martes, 21 de mayo de 2013

In English, s'il vous plaît


“¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?” se exclamaba ya en 1905 el poeta Rubén Darío, lamentando le hegemonía creciente de la cultura anglosajona y la pérdida de terreno –en su caso– del español. Más de un siglo después, el avance de la lengua de Shakespeare en todo el mundo es incontestable y la mismísima Francia, adalid de la “excepción cultural”, se dispone a certificar su triunfo dándole entrada franca en la universidad.

El proyecto del Gobierno socialista de facilitar la enseñanza en inglés en la educación superior no pasará, sin embargo, sin dolor y ya ha generado una viva polémica entre los partidarios de la apertura y los defensores de las esencias. La iniciativa ha abierto una neta división tanto en el mundo académico como en el político.

La medida de abrir la mano en la cuestión de la enseñanza en inglés ocupa, en realidad, un único artículo del proyecto de ley de Enseñanza Superior enviado por el Gobierno al Parlamento. En él se reconoce –como excepción a la legislación vigente– que “una parte” de la enseñanza impartida pueda serlo en otro idioma diferente del francés –se trata del inglés, aunque no se explicite– siempre que sea “en el marco de acuerdos con universidades extranjeras o programas financiados por la Unión Europea”. El objetivo, según la ministra de Enseñanza Superior, Geneviève Fioraso, es hacer más atractivos los centros de enseñanza superior franceses para los estudiantes extranjeros. Francia cuenta con 278.000 estudiantes extranjeros, gran parte de los cuales proceden de países francófonos (Magreb y África del Oeste), mientras son relativamente pocos los procedentes de países emergentes como China, India o Brasil.

En la práctica, las grandes escuelas –no tanto las facultades universitarias– ya imparten cursos enteramente en inglés. Es el caso de la escuela de negocios ESSEC, por ejemplo, cuyo director general, Pierre Tapie –presidente a la vez de la Conferencia de Grandes Escuelas–, es un ardientye partidario de la reforma. “Este proyecto significa un avance importante”, ha declarado. Todos estos casos, sin embargo, son únicamente tolerados, pues la realidad es que la legislación actual no lo permite. Así, el artículo 121-3 del Código de la Educación –que es el que se trata de modificar– establece que el francés es la lengua obligatoria de la enseñanza, los exámenes y concursos, las tesis y las memorias en los centros públicos como privados. Y sólo admite como excepciones las escuelas internacionales o cuando haya profesores extranjeros invitados. La reforma pretende hacer saltar este candado.

La idea ha sido naturalmente bien recibida, aplaudida incluso, por los equipos académicos de las grandes escuelas –de negocios, de economía, de ingeniería...– que ya utilizan el inglés, así que por algunos insignes científicos. Un grupo de investigadores encabezado por los premios Nobel de medicina y de física Françoise Barré-Sinoussi y Serge Haroche publicó el pasado día 8 una tribuna en <CF21>Le Monde</CF> en la que defendían la introducción del inglés como lengua vehicular en la enseñanza superior y sostenían que la medida reforzará “la inserción de Francia en el mundo”.

Sin embargo, tanto o más numerosos –y desde luego, más virulentos– han sido los pronunciamientos en contra. La Academia Francesa lanzó el primer ataque serio el pasado 21 de marzo, cuando difundió una declaración en la que denunciaba una medida que a su juicio comportará la “marginalización” de la lengua francesa y pedía al Parlamento que frene el proyecto gubernamental. Entre las voces contrarias están las del filósofo Michel Serres –que sin embargo enseña en Stanford– y el ensayista Jacques Attali. Para todos ellos, la iniciativa sólo puede ir en detrimento del francés y convertirla incluso a largo plazo en una “lengua muerta”.

A nivel político, la oposición a la introducción del inglés atraviesa todo el arco parlamentario, desde la derecha y la extrema derecha hasta los comunistas. Y empieza a ser particularmente audible en el Partido Socialista, uno de cuyos diputados, Pouria Amirshashi –que es de origen iraní–, encabeza un grupo de 50 parlamentarios opuestos al texto. 


El frente empresarial

Si hay un ámbito donde el inglés ha ganado más terreno es el empresarial. En las multinacionales, ya sean francesas o asentadas en Francia, muchas veces con empleados de diversas nacionalidades, el inglés es la lengua de comunicación principal. Una cuarta parte de las empresas radicadas en la región de París utiliza tanto el inglés como el francés y un 9% sólo el inglés. Ver a Louis Gallois, ex presidente de Airbus y de EADS, dar una conferencia de prensa en París en inglés, muestra la mutación que se está produciendo en Francia. La ley de empleo del francés aprobada en 1994 –más conocida como ley Toubon–, sin embargo, vigila que no se sobrepasen ciertos límites. Así, algunas empresas han sido condenadas por no respetar la obligación de utilizar también el francés en los documentos internos.


viernes, 17 de mayo de 2013

Hollande tiende la mano a Merkel


Un año después de acceder al Elíseo, François Hollande se ha decidido finalmente a dar el paso y tomar la iniciativa en Europa. El presidente francés aprovechó ayer la apertura simbólica de su segundo año de mandato –oficializada en una multitudinaria conferencia de prensa con 400 periodistas de todo el mundo– para anunciar una “ofensiva” política con el objetivo de relanzar la integración europea y “corregir la trayectoria” de la política de austeridad económica, causa a su juicio de la recesión generalizada en Europa. Hollande tendió la mano especialmente a la canciller alemana, Angela Merkel, a quien propuso alcanzar un compromiso para avanzar decididamente en la unión política de la zona euro.

“No tenemos ningún miedo de la unión política”, afirmó con rotundidad el presidente francés, enormemente cauto hasta ahora –pusilánime, según sus críticos– en el dossier europeo, consciente de que la Unión Europea es causa de una importante división en la izquierda francesa, incluido el Partido Socialista, como se vio en el referéndum perdido del 2005. Hollande no abandonó, sin embargo, toda su prudencia y eludió de forma descarada una pregunta directa sobre el federalismo.

Consciente de que la Unión Europea es cada vez más impopular entre los franceses –el apoyo ha caído al 45%, según un reciente sondeo de Pew Research Center–, el presidente francés no es menos lúcido para ver que la única salida a la crisis puede ser europea. Ayer mismo lo admitió al subrayar que la recuperación del crecimiento económico, más allá de las medidas internas que adopte Francia, “dependerá mucho de las decisiones europeas”. Acorralado en el plano interior por una situación económica cada vez más degradada y enfrentado a una profunda desconfianza de la opinión, Hollande sabe que la única esperanza de salir de la recesión pasa por Europa.

El presidente francés puso cuatro temas sobre la mesa. En primer lugar, la instauración de un auténtico gobierno económico de la zona euro –con reuniones mensuales y un verdadero presidente elegido para un mandato prolongado–, con la misión de coordinar las políticas económicas de sus miembros, armonizar la fiscalidad, empezar a establecer una convergencia en el terreno social y luchar contra el fraude fiscal. En una fase posterior de integración, la zona euro debería poder tener un presupuesto propio dentro de la UE y disponer de capacidad de endeudamiento.

Hollande no evocó sino de forma colateral la unión bancaria, aunque para Francia es también un punto fundamental. En las últimas semanas, París y Berlín han avanzado en la definición de las etapas para ponerla en marcha. El presidente francés planteó asimismo la creación de una comunidad europea de la energía que fomente de forma coordinada las energias renovables y prepara la transición energética.

Por último, aunque no en último lugar, Hollande urgió también a adelantar la aplicación del plan europeo para el empleo juvenil –dotado con 6.000 millones de euros y previsto a partir del 2014– y la definición de una estrategia de inversiones en el ámbito de las nuevas industrias y los sistemas de comunicaciones.
Todo o casi todo lo que incluye el plan de Hollande está de un modo u otro sobre la mesa. Lo nuevo, lo esencial, es que Francia parece finalmente haber decidido tomar la iniciativa, en lugar de intentar con mejor o peor fortuna contrarrestar las líneas políticas emanadas de Berlín.

El planteamiento de Hollande pasa por encontrar un nuevo equilibrio entre las políticas de ajuste presupuestario –que globalmente no contesta– y las políticas de crecimiento, y consideró a este respecto que la posición de Bruselas favorable a dar un plazo suplementario de dos años a varios países –Francia y España entre ellos– para reducir el déficit al 3% es un signo en la buena dirección. “Es necesaria una toma de conciencia sobre la necesidad de apostar prioritariamente por el crecimiento y el empleo”, dijo.

El presidente francés quiere empezar a avanzar ya a partir del Consejo Europeo de junio y alcanzar un “compromiso” con Alemania, sin esperar a la celebración de las elecciones alemanas de otoño. “Alemania ha dicho en varias ocasiones que estaba dispuesta a una unión política. Francia está igualmente dispuesta a dar contenido a esta unión”, afirmó el presidente francés.

“Francia y Alemania tenemos el deber de hacer avanzar Europa, no podemos decidir en lugar de los demás pero sí hemos de arrastrar a los otros”, añadió Hollande, quien advirtió que “si Europa se queda como está ahora probablemente será su fin”. “Si queremos una Europa sólida –agregó– debemos darle un proyecto, que no puede ser sólo el control del déficit público. Debemos darle ambición”. 


El capitán mantiene el rumbo

En el timón hay un capitán determinado y decidido a mantener el rumbo. Éste es el doble mensaje que François Hollande, cuya popularidad está por los suelos –“en el cenit”, bromeó él mismo– quiso enviar ayer a los franceses al inicio de su “Año II”. Durante cerca de dos horas y media, el presidente francés se libró a un ejercicio de pedagogía y persuasión, con el fin de tratar de devolver la confianza a una ciudadanía profundamente decepcionada y refractaria. “Ofensiva”, “movimiento”, “valentía”, “decisión”... fueron algunas de las palabras clave que Hollande quiso asociar a su gestión, habitualmente señalada como indecisa, dubitativa, pasiva o timorata. Con sus palabras, el presidente de la República quiso transmitir esperanza, mientras que el contenido de su exposición prometía sacrificios.

Hollande empezó defendiendo la política económica adoptada por su Gobierno y las principales medidas aprobadas hasta ahora –rigor presupuestario y estabilización del gasto público, Pacto de Competitividad, Banco Público de Inversiones, nuevos contratos para fomentar el empleo juvenil, reforma del mercado de trabajo, control de la banca– y avanzó la próxima presentación de un a priori ambicioso Plan de Inversiones para los próximos diez años que se concentrará en los terrenos de la economía digital, la energía, la salud y las infraestructuras de transporte. El montante real de este plan está todavía por ver... Pero el presidente francés ya avanzó que su financiación será el fruto de un cóctel público y privado, incluidos aquí los fondos de inversión extranjeros.

Hollande, persuadido de llevar el rumbo adecuado, consideró que este conjunto de medidas acabará dando frutos a medio o largo plazo. Su problema es que, hoy y aquí, Francia lleva dos trimestres consecutivos con una contracción del PIB del 0,2% y el paro –que está alrededor del 10,7%– sigue creciendo, sin que las previsiones para este año puedan dar alas a ningún optimismo. “Yo pido ser juzgado por los resultados al final de mi mandato”, reivindicó. Fiel a su línea, el presidente dio por acabada la crisis financiera y atribuyó la recesión actual a la política de austeridad aplicada hasta ahora de forma inflexible en la zona euro.

El menú de las próximas reformas no es tampoco para levantar el ánimo. Junto a la reforma de la formación profesional y la prestación de desempleo, confirmó la revisión de la políticas de ayudas a la familia –hasta ahora iguales para todos, serán moduladas según la renta– y la reforma del sistema de pensiones, que con toda seguridad se convertirá en el proyecto más controvertido y más conflictivo de su mandato. El tenor de la reforma quedó claro: “Si se vive más tiempo, es lógico que se tenga que trabajar un poco más de tiempo”, argumentó.

Hollande aprovechó la ocasión para rechazar la posibilidad de un cambio de Gobierno inminente y reafirmar su confianza en el primer ministro. “Jean-Marc Ayrault es un primer ministro valiente, leal y desinteresado”, afirmó el presidente de la República, quien ha abandonado definitivamente el uso de la primera persona del plural para hablar de su gobierno: “Sólo hay una línea política, la que yo he fijado”.


Royal olvida pero no perdona

La excandidata presidencial socialista Ségolène Royal, durante más de 20 años pareja sentimental de François Hollande, se refirió ayer al tuit que el año pasado escribió la primera dama, Valérie Trierweiler, apoyando al rival de Royal en su circunscripción de cara a las legislativas. “Hay que perdonar. Pero el perdón es una cosa, el olvido, otra”, dijo.





jueves, 16 de mayo de 2013

Francia también cae en la recesión


Francia ha vuelto a hincar la rodilla en el suelo. Después del tropezón del 2009, la economía francesa ha vuelto a caer en la recesión, al acumular dos trimestres consecutivos con una contracción del PIB del 0,2%. El presidente francés, François Hollande, admitió ayer en la reunión del Consejo de Ministros que la situación es “grave”, pero posteriormente y de puertas afuera –durante una conferencia de prensa conjunta en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso– hizo gala de su irredento optimismo, al dar una vez más por “pasado el momento más difícil”. No es la primera ni la segunda vez que lo dice. Y los franceses han dejado ya de creerle.

Hollande atribuyó la nueva caída de Francia en la recesión –“menos profunda que la del 2008-2009”, objetó no obstante– a la situación general de la zona euro, donde varios países están en la misma o peor situación, con el consiguiente retroceso de la demanda. El presidente francés recordó, de paso, que Alemania si bien ha crecido un 0,1% en el primer trimestre de este año, cayó un 0,7% en los últimos tres meses del 2012... E insistió de nuevo en la necesidad de aplicar sin más dilación el Pacto por el Crecimiento a nivel europeo y adelantar el programa de fomento del empleo juvenil, dotado con 6.000 millones de euros.

La contracción del 0,2% de la economía francesa en el primer trimestre del año no fue la única mala noticia que dio ayer el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos. El Insee, en efecto, empeoró los datos de 2012 sobre la evolución del poder adquisitivo –que bajó un 0,9% en lugar del 0,4% apuntado inicialmente– y del consumo de las familias, tradicional motor de la economía francesa. que cayó un 0,4% y no un 0,1%.

El Gobierno mantuvo oficialmente su previsión de crecimiento para este año en el 0,1%, aunque el propio Hollande admitió que el crecimiento probablemente será “nulo”. En cualquiera de los casos no se ve cómo en estas circunstancias el presidente francés podrá cumplir su compromiso de invertir la curva del paro –que ha sobrepasado ya el 10%– ni rebajar el déficit público –que cerró el año pasado en el 4,8%– al 2,9% anunciado.

La Comisión Europea, en todo caso, no lo cree y ya ha aceptado conceder a Francia un plazo suplementario de dos años –hasta el 2015– para situar el déficit por debajo del listón del 3%. La benevolencia de Bruselas, cada vez más consciente de que es necesario aflojar un poco la soga de la austeridad, tendrá sin embargo un precio. Barroso recordó ayer que la CE espera de Francia la adopción de reformas estructurales “creíbles”. El presidente de la Comisión subrayó la urgencia de adoptar medidas para recuperar la competitividad perdida, a lo que Hollande respondió con las reformas ya adoptadas hasta el momento –Pacto de Competitividad, reforma laboral, reforma bancaria– y algunas que vendrán –como la de las pensiones–, pero habrá que ver si Bruselas las considera suficientes. La sentencia caerá el 29 de mayo... 


miércoles, 15 de mayo de 2013

Los vándalos vuelven a atacar en París


La plaza Trocadéro de París, esa magnífica terraza sobre la torre Eiffel por la que circulan diariamente cientos de turistas –ignorantes en su mayoría de la razón de tal nombre, que conmemora la victoria de los Cien Mil Hijos de San Luis sobre los liberales españoles en 1823 a las puertas de Cádiz–, parecía ayer un campo después de la batalla. Motos y coches destrozados –alguno, incluso quemado–, vitrinas y escaparates quebrados, comercios saqueados, paradas de autobús, señales de tráfico y contenedores rotos, era el balance de los disturbios que se produjeron tras la fiesta para celebrar la tercera victoria en la Liga francesa de fútbol del Paris Saint-Germain (PSG)

Centenares de jóvenes –cerca de 3.000 según algunas fuentes–, algunos pertenecientes a los grupos de hinchas ultras del PSG y otros a bandas de gamberros venidos de la banlieue, provocaron violentos incidentes y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad al grito de “¡París es nuestro!” (Paris est à nous!). Los incidentes más graves se produjeron en la plaza Trocadéro, pero se extendieron también al pie de la torre Eiffel –donde el depósito de equipajes de un autocar de turistas fue desvalijado– y a los Campos Elíseos. Un total de 32 personas resultaron heridas y la policía detuvo a 42 alborotadores. Las autoridades suspendieron sobre la marcha el crucero que el equipo del PSG debía realizar por el Sena y la presentación del trofeo en la plaza del Ayuntamiento.

El dispositivo policial, integrado por 800 agentes entre policías de seguridad ciudadana y antidisturbios, quedó rápidamente desbordado, hasta el punto de que la plaza Trocadéro –que las fuerzas de seguridad abandonaron precipitadamente para acudir en socorro de los Campos Elíseo– quedó durante veinte inacabables minutos a merced de los vándalos.

La fiesta se convirtió en un fiasco y la operación de imagen internacional del nuevo PSG –atrapado por su pasado de violencia– quedó totalmente arruinada. Para desesperación de los nuevos propietarios del club, Qatar Sport Investments (QSI), las imágenes de París contrastaron radicalmente con las de la cívica fiesta azulgrana en Barcelona.

La polémica desencadenada por estos hechos, sin embargo, ha ido mucho más allá del ámbito del fútbol para entrar de lleno en el de la política. Ministro más popular del Gobierno, el titular de la cartera de Interior, Manuel Valls, ha chocado aquí con su primer gran fracaso y la oposición de derechas no ha tardado ni un segundo en aprovechar la ocasión de echársele encima.

El presidente interino de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean-François Copé pidió el cese del prefecto de Policía de París, Bernard Boucault –nombrado hace un año por el nuevo poder socialista–, pero el diputado de su partido Claude Goasguen, alcalde del distrito XVI de París –donde se encuentra la plaza Trocadéro–, fue más allá y reclamó la dimisión del ministro del Interior. La derecha ha pedido también una comisión de investigación en a Asamblea Nacional para analizar los sucesos.

Lo primero que ha sido puesto en cuestión es la elección del lugar para el festejo, una plaza pública en lugar del Parque de los Príncipes. Para algunos observadores, era dar una oportunidad de oro para que actuaran –y se vengaran– los alrededor de 300 hinchas radicales que tienen prohibido entrar en el estadio. Según Le Point, los responsables del grupo de violencia urbana de los servicios de información habían alertado del riesgo y aconsejado aplazar la celebración.

La oposición denuncia falta de previsión, así como la infradotación del dispositivo policial y fallos de coordinación a la hora de hacer frente al problema, tal como han apuntado los sindicatos policiales Alliance y Synergie.


“Descendientes de esclavos”

“Los vándalos son seguramente descendientes de esclavos, tienen excusa, (Christiane) Taubira les dará una compensación!”. El diputado de la UMP Jean-Sébastien Vialatte se lanzó anoche en Twiter con una controvertida afirmación, al vincular la propuesta de la ministra de Justicia de compensar económicamente a los descendientes de esclavos con la identidad de los gamberros. Vialatte borró su tuit y admitió su error.





La OCDE alerta de la desigualdad y la pobresa


La crisis ha acentuado –está acentuando– las desigualdades de renta entre ricos y pobres en los países más desarrollados del planeta, mientras aumentan los niveles de pobreza, sobre todo entre jóvenes y niños. Así lo constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en un informe hecho público hoy. Los datos comparan la evolución de la renta disponible entre el 2007 y el 2010, por lo que –subrayan los autores del estudio– se trata sólo del “principio” del problema. En la medida en que la crisis persiste –con algunos países en recesión– y que cada vez hay más parados que pierden la prestación de desempleo, la situación no puede sino empeorar.

“Las desigualdades de renta han crecido más en los tres primeros años de la crisis que en los 12 años anteriores”, remarca el informe de la OCDE, aunque esta progresión –añade– ha sido suavizada en la práctica por las políticas fiscales y las transferencias sociales. Con todo, una vez sumados estos factores correctores, el 10% de la población más rica en los 33 países de la OCDE ganó en el 2010 hasta 9,5 veces más que el 10% más pobre, cuando en el 2007 era 9 veces.

“Estos datos preocupantes subrayan la necesidad de proteger a los más vulnerables de la sociedad, especialmente cuando los gobiernos prosiguen la necesaria tarea de controlar el gasto público”, declaró el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría. Los recortes sociales –alerta el informe– “amenazan con profundizar la desigualdad y la pobreza en los próximos años”.

Los niveles de pobreza han aumentado ya a causa de la crisis. En el 2010, según el estudio, la pobreza –entendida como tal una renta inferior el 50% de la renta media disponible– afectaba ya al 11% de la población de la OCDE. Esta progresión ha sido particularmente acusada entre los niños (que ha pasado en tres años del 13% a 14%) y los jóvenes (del 12% al 14%), mientras que la incidencia de la pobreza entre la gente mayor –más protegida por los gobiernos– ha bajado del 15% al 12%.

España, donde la crisis ha sido particularmente grave y donde el paro alcanza unos niveles extremadamente elevados, aparece en el informe de la OCDE más bien mal colocada. España es, por ejemplo, uno de los países donde la renta global ha caído de forma más acusada (un 6%), donde las desigualdades han crecido más (2,5 puntos, frente a 1,3 de media) y donde la pobreza alcanza a más familias (un 15%), aunque por detrás en esta caso de Japón y Estados Unidos. Único consuelo, España aparece como uno de los países donde las transferencias fiscales y sociales son más altas.



martes, 14 de mayo de 2013

Diecinueve años para la tercera


París vivió ayer una jornada como no vivía desde hace diecinueve años, los mismos que el Paris Saint-Germain (PSG) ha tardado en conseguir su tercera victoria en la Liga de fútbol francesa. Sólo en otras dos ocasiones, en 1986 y 1994, había logrado hacerse con el título. Magro palmarés que explica el entusiasmo desbordante de los miles y miles de hinchas y seguidores parisinos que se concentraron ayer en la plaza de Trocadéro –con la torre Eiffel como telón de fondo– y en los puentes y las riberas del Sena, por donde el equipo azul y rojo paseó orgulloso su victoria. Algunos grupos de hinchas desbordaron a las fuerzas policiales, se encaramaron peligrosamente a andamios y provocaron incidentes. Los disturbios se saldaron con 30 heridos y una veintena de detenidos.

La resurrección del PSG, que hace tan sólo cinco años estuvo a un paso de descender a segunda división, tiene el color del dinero. De los petrodólares, para ser más exactos. El cambio de tendencia llegó en el 2011 con la entrada en el capital del club de Qatar Sport Investments (QSI), que se hizo con el 100% de la propiedad al año siguiente. En dos años, los qataríes han dado la vuelta a la tortilla y han devuelto al Paris Saint-Germain la ambición perdida.

Nada que ver con el trabajo paciente y perserverante del Barça con su cantera, el nuevo PSG, campeón de Liga y cuartofinalista en la Champions esta temporada, se ha construido a base de talonario y fichajes estelares: Thiago Silva, David Beckham y –sobre todo– el ex barcelonista Zlatan Ibrahimovic, quien con 27 goles en 32 partidos se ha convertido en el alma del equipo. “Esto es el comienzo de la nueva historia del PSG”, declaró a L’Équipe el presidente del club y de QSI, el qatarí Nasser Al Khelafi.

El director deportivo del club, Leonardo –quien la noche del doming mantuvo un altercado en los vestuarios con Ibrahimovic–, tuvo que ser hospitalizado ayer por un problema de tensión.

Para proseguir esta trayectoria, los dirigentes del PSG piensan ya en nuevos fichajes –el madridista Cristiano Ronaldo está en su punto de mira– y, sobre todo, en amarrar la continuidad de su entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, que mantiene la duda sobre su futuro en la capital francesa. Al Khelafi aseguró ayer haber pedido personalmente al director general del Real Madrid, José Ángel Sánchez, de respetar el contrato del entrenador, a quien le queda todavía una temporada más. Pero Ancelotti, molesto con la forma en que fue tratado por la dirección cuando el PSG pasó un bache en diciembre. acaricia la idea de marcharse.