miércoles, 30 de mayo de 2012

Hollande y el continente enfermo

Europa debe levantar la cabeza y puede hacerlo. Este es el mensaje que François Hollande lanzó anoche en su primera entrevista televisiva desde su toma de posesión como presidente de la República el pasado 15 de mayo. “No puedo aceptar que Europa sea mirada como un continente enfermo”, afirmó Hollande, quien recordó que la UE “es la primera potencia económica del mundo, tiene una moneda fuerte que debe defender y una capacidad de inversión muy importante”. “No podemos dejar que nos miren con piedad”, subrayó en alusión a la última reunión del G-8 en Camp David, a la que asistió por primera vez.
El presidente francés insistió en la necesidad de tomar medidas “inmediatas” –y no únicamente a largo plazo– para relanzar el crecimiento económico y se mostró convencido de que con la canciller, Angela Merkel, pese a las divergencias de partida, será posible “encontrar una vía de compromiso”. Hollande consideró imprescindible el papel motor de la pareja franco-alemana –dentro de la cual, subrayó, “hay que buscar un buen equilibrio”–, pero advirtió que debe contarse también con el resto de socios europeos: “Necesitamos a los otros, no podemos apartarles”, dijo en una velada crítica a la manera de conducirse de la pareja Merkozy.

En materia de política exterior, Hollande confirmó su decisión –“comprendida”, aseguró, por los aliados de Francia– de anticipar la retirada de Afganistán.

Y en lo concerniente al caso de Siria –cuya embajadora en París ha decidido expulsar– expresó su determinación de trabajar por un endurecimiento de las sanciones internacionales contra el régimen de Bachar El Asad. Preguntado por una posible intervención militar –como pide ya el inspirador de la intervención en Libia, el escritor y filósofo Bernard-Henri Lévy–, el presidente francés no la descartó: “Una acción militar no está excluida”, dijo, aunque a condición de que fuera en el marco de la ONU. De todos modos, dada la postura de Rusia y China –defensores de Damasco– abogó por buscar “otra vía no forzosamente militar”.

El presidente “normal” no llamó anoche a los periodistas al Elíseo, sino que se desplazó él mismo al plató de France 2, la tele pública. Una manera –como la de viajar a Bruselas en tren– de marcar distancias respecto a su antecesor, Nicolas Sarkozy, y subrayar una presidencia “simple”, “ejemplar” y “respetuosa”.

Hollande no hizo anoche grandes anuncios, y menos aún los dolorosos. El presidente aseguró que será posible reducir el déficit como está previsto y a la vez cumplir todas sus promesas electorales. Para lo cual, avanzó, “será necesario hacer esfuerzos, pero justamente repartidos”. La concreción, sin embargo, no vendrá hasta después de las elecciones legislativas del 10 y 17 de junio.

Los socialistas, empujados por la inercia de las eleccions presidenciales parten en principio como favoritos, pero con una ventaja muy corta. Un sondeo realizado por Ipsos para varios medios de comunicación franceses atribuye al PS y sus aliados ecologistas una intención de voto del 37%, al que podrá sumarse con seguridad el 8% del Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélénchon, mientras que la UMP quedaría ligeramente por detrás con un 35%. El Frente Nacional, por su parte, obtendría un 15%. Hollande no se abstuvo anoche de pedir a los franceses una “mayoría amplia, sólida y coherente” para poder aplicar su programa.


Ayrault aborda el diálogo social

El nuevo Gobierno de Hollande abordó ayer la primera toma de contactos con los interlocutores sociales. El primer ministro, Jean-Marc Ayrault, y los titulares de Trabajo, Asuntos Sociales, Recuperación productiva y Función Pública –Michel Sapin, Marisol Touraine, Arnaud Montebourg y Marylise Lebranchu–, recibieron uno por uno, durante una jornada maratón, a los líderes de los sindicatos y las organizaciones patronales, con el fin de iniciar el diálogo, que debe culminar en una cumbre social antes de la Fiesta Nacional del del 14 de julio. El Ejecutivo ha prometido que toda reforma en materia económico-social se hará a través de un proceso previo de concertación. Cada participante puso el acento en sus respectivas preocupaciones. Los sindicatos pidieron ayuda ante la previsible cascada de planes de reestructuración de plantilla que se preparan, así como condiciones no restrictivas para el retorno a la jubilación a los 60 años para quien haya empezado joven a trabajar y haya cotizado 41 anualidades. La patronal pidió que no aumente el salario mínimo.




Nadal, a por la séptima

Rafael Nadal tiene al alcance de la mano escribir un hito en la historia del tenis y convertirse en el único tenista en coronarse siete veces en Roland Garros. Tras igualar el año pasado el récord de seis títulos del sueco Bjorn Borg, el tenista español –número dos del ránking– aborda de nuevo el torneo de París en condición de favorito. Sólo el actual número uno, el serbio Novak Djokovic –a quien Nadal ha batido en Monte Carlo y Roma–, y el número tres, el suizo Roger Federer –quien aspira a colarse de rondón en la final–, pueden cerrarle el camino.
El tenista mallorquín no pudo estrenarse de mejor forma en la primera ronda de la 82ª edición del torneo, ayer tarde, en el estadio Philippe Chatrier. Nadal arrancó con una victoria fácil sobre el italiano Simone Bolelli –111º del ránking mundial–, a quien batió de forma incontestable en tres sets (2-6, 2-6 y 1-6) en sólo una hora y 58 minutos. En ningún momento, el italiano, que cuenta con más derrotas que triunfos en su palmarés, puso en dificultades al manacorí. “Estoy contento de cómo he jugado. Me siento cómodo en los entrenamientos. Siento una frescura diferente a la del año pasado”, comentó Nadal al término del partido.

El tenista español empezó el primer set con nervios –“aunque menos que otras veces”, remarcó–, pero cuando el italiano le igualó 2-2 reaccionó de forma fulminante. Aunque el resultado fue el mismo, el segundo set fue algo más largo, y más costoso para el mallorquín. Bolelli aprovechó un momento de “desconcentración” de Nadal cuando éste ganaba 0-4 para remontar y por poco estuvo en el sexto juego –muy disputado– de romper el servicio de su rival y acercarse 3-4. No lo logró y la espectacular reacción de Nadal sentenció el pulso a su favor. El tercer set fue ya cuesta abajo.

El día fue caluroso ayer en París, pero en el estadio Philippe Chatrier faltaba –una vez más– la calidez del público parisino, siempre distante con el tenista español. Los franceses la han tomado con Nadal y los guiñoles de Canal Plus emitieron recientemente una nueva parodia donde el mallorquín aparecía como un émulo de King Kong, producto del dopaje. Ayer Nadal lo borró de un revés: “No me importa nada, es un tema cancelado”.

En su camino a por el séptimo título, Nadal afrontará mañana el partido de segunda ronda contra el uzbeko Denis Istomin. De momento, ayer se colgó ya el récord de haber sido el jugador más joven en ganar 150 partidos del Grand Slam. Uno más que Nadal mira con distancia: “Cuando me retire ya habrá oportunidad de contar los récords.


domingo, 27 de mayo de 2012

El vacío de Sarkozy... quiere ser llenado

La tregua habrá durado dos semanas en el seno de la derecha francesa. La paz armada firmada por los principales barones de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) con el fin de no malograr la campaña de las elecciones legislativas –para cuya primera vuelta faltan 14 días– no ha resistido la tensión del vacío. Nicolas Sarkozy no está ni se le espera. Derrotado en las elecciones presidenciales frente al socialista François Hollande, forzado a una retirada inesperada y prematura, el ex presidente francés ha abandonado las riendas del partido que tomó al asalto en 2004. Quizá algún día regrese, pero eso no es para mañana. Y mientras tanto, la UMP deberá buscar otro líder: el próximo mes de septiembre, un congreso del partido elegirá a un nuevo presidente, cargo que quedó vacante tras el ascenso de Sarkozy al Elíseo en 2007.

La lucha interna por hacerse con el liderazgo del gran partido de la derecha francesa, cara a las elecciones presidenciales de 2017, promete ser dura y sin cuartel. François Fillon ha sido el primero en dar un paso adelante y esta semana ha presentado batalla. El ex primer ministro de Sarkozy ha desatado las hostilidades contra su rival, el secretario general de la UMP, Jean-François Copé, aún a riesgo de aparecer como el responsable de una guerra que puede conducir a la derecha a una segunda derrota electoral. Diversas figuras del partido, empezando por los también ex primeros ministros Alain Juppé y Jean-Pierre Raffarin, han lamentado esta situación y han llamado a mantener la paz y la unidad.

Pero esa paz y esa unidad, nuevamente reafirmadas ayer en un seminario del partido en París, no son más que fachada. Por debajo, cada campo trabaja para erosionar al contrario. Si Fillon ha salido a la palestra es porque su principal rival amenazaba con utilizar su plataforma de la secretaría general para erigirse en la única voz de la derecha y en el líder de la oposición a Hollande.

François Fillon, sin explicitar su intención de optar a la presidencia del partido, lo ha dado claramente a entender esta semana. En una entrevista publicada el viernes por Le Figaro Magazine –pero calculadamente filtrada el miércoles–, el ex primer ministro aseguraba que “tras la marcha de Nicolas Sarkozy no hay un líder natural en la UMP” y anunciaba su intención de “participar plenamente en la competición” por el nuevo liderazgo.

Acusado por Copé y los suyos de haber declarado la guerra, Fillon contestó el jueves en una entrevista en RTL criticando la “hipocresía” de sus rivales y recordando al secretario general que “no puede pretender ser el líder de la UMP sin que haya habido un debate democrático y se hayan pronunciado los militantes”.

Antiguo chiraquista, Copé, de 48 años, aspira sin ambages a erigirse en el nuevo líder de la derecha francesa y en el candidato al Elíseo dentro de cinco años, para lo que pretende utilizar como catapulta –como hiciera Sarkozy– la jefatura de la UMP que logró en 2010. Al frente de un grupo de cuadragenarios autodenominados los mosqueteros –François Baroin, Luc Chatel, Christian Jacob, Bruno Le Maire y Valérie Pécresse–, abandera el ascenso al poder de una nueva generación.

Frente a ellos, Fillon, de 58 años, pretende encarnar el retorno a un gaullismo social. En su favor tiene a la opinión pública –el 44% de los franceses lo prefiere a Copé (12%)–, lo que puede darle ventaja si la UMP celebra elecciones primarias abiertas para elegir a su candidato en 2017.






sábado, 26 de mayo de 2012

Presidente a todo tren

A François Hollande se le veía encantado, el miércoles por la tarde, al tomar en la Gare du Nord de París el tren de alta velocidad Thalys que –en 1 hora y 20 minutos– iba a llevarle a Bruselas para participar en la cumbre informal del Consejo Europeo. El mismo, por cierto, que tomó el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, quien sin embargo ocupó un vagón diferente. Sonriente y distendido, el presidente francés se entretuvo unos minutos –como es de su gusto– en saludar a otros viajeros y curiosos, estrechar manos y posar para fotos de recuerdo. No había sin embargo la misma despreocupación y alegría entre los responsables de garantizar la seguridad del jefe del Estado, martirizados por el empeño del nuevo inquilino del Elíseo en seguir comportándose –o casi– como un hombre “normal”.

¿Puede un presidente de la República permitirse el lujo de tomar el tren como cualquier francés? La pregunta está hoy en todas las bocas. Y pocos son los que la responden afirmativamente. Entre ellos no está Henri Guaino, ex consejero de Nicolas Sarkozy, para quien el episodio del Thalys no fue “ni muy profesional ni muy razonable”. “Algo así cuesta más caro, es complicado para todo el mundo”, dijo Guaino, quien añadió: “Cuando se es presidente de la República no se elige lo más cómodo o lo más divertido, sino lo más eficaz y menos costoso”.

El coste del viaje de Hollande en tren de alta velocidad a Bruselas ha sido cifrado por el Elíseo en 5.972 euros, lo que incluye los billetes del Thalys del presidente y sus acompañantes, los servicios de seguridad y el viaje del convoy de cinco vehículos oficiales que hizo el trayecto de ida y vuelta a la capital belga para poder devolver al jefe del Estado a París de madrugada (el último tren sale a las 21.15h), acabada la cumbre.

En contra de lo apuntado por Guaino, resultó más barato que el viaje en uno de los aviones de transporte del Ejército, cuyo coste es de unos 5.000 euros por hora de vuelto. Pero si costó menos fue porque no se adoptaron algunas de las medidas habituales –no se envió ningún avión de reserva a Bruselas, por considerar que la proximidad permitía enviarlo en caso de necesidad desde Villacoublay– y porque se trató de un primer viaje sorpresa, decidido en el último momento.

Si a Hollande le diera a partir de ahora por asisitir a todas las cumbres de Bruselas en tren, ello obligaría –dada la previsibilidad de los desplazamientos– a asegurar el trayecto apostando policías en todos los puentes del recorrido, lo que no parece muy barato. Por no hablar de la imposibilidad de mantener desde el tren comunicaciones codificadas. “Todo esto es muy simpático, pero no es muy profesional. Si seguimos así, vamos hacia una catástrofe”, aventuró un policía de la seguridad presidencial en Europe 1.

Para acabar de poner de los nervios a los responsables de seguridad, Hollande ha dado instrucciones de respetar, a partir de ahora, todas las normas del código de la circulación cuando se desplaza en coche: desde el límite de velocidad a los semáforos en rojo. Así volvió el presidente la madrugada del jueves desde Bruselas, en lo que empleó cerca de tres horas. Sin motoristas, sin señales luminosas. Pero como advirtió un especialista: un convoy parado ante un semáforo podrá ser ejemplarizante, pero es también enormemete vulnerable.




jueves, 24 de mayo de 2012

Rajoy y Hollande, convergencia interesada

A rey muerto, rey puesto. Mariano Rajoy y François Hollande retomaron ayer en el palacio del Elíseo el hilo de las relaciones entre España y Francia donde las dejaron José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolas Sarkozy antes de que la campaña electoral francesa emborronara el idilio entre Madrid y París: con una total sintonía en materia bilateral y marcadas convergencias en política europea.

Las diferencias ideológicas entre el presidente del Gobierno español y el presidente de la República francesa –hoy invertidas respecto a las que separaban sus antecesores– nunca han sido determinantes en las relaciones hispano-francesas. Y tampoco lo serán ahora. Ni a Madrid ni a París les interesa estar en campos enfrentados en el tablero europeo.

Pese a partir de planteamientos a priori divergentes –Rajoy se ha alineado preferentemente con la política de austeridad de la canciller alemana, Angela Merkel–, ambos mandatarios prefirieron, pocas horas antes de la cumbre informal de Bruselas dedicada a debatir las políticas para estimular el crecimiento económico en Europa, poner por delante lo que les une y dejar en sordina lo que les separa. Si Hollande constató la existencia de “posiciones convergentes” en las “grandes prioridades”, Rajoy subrayó por su parte un “acuerdo muy sustancial” en numerosos planteamientos de la política económica europea.

El ejercicio fue tanto más fácil cuanto que hay detrás una larga herencia de trabajo en común en el seno de la UE. Y que las relaciones bilaterales –en palabras de Hollande– son “excelentes”, como muestra el hecho de que Rajoy haya sido el primer líder extranjero recibido en el Elíseo por el nuevo presidente francés. Hollande reafirmó, por otra parte, el compromiso de Francia de apoyo a España en la lucha antiterrorista. Y ambos dirigentes acordaron celebrar una próxima cumbre –después de tres años en blanco– en el último trimestre de 2012.

Fuentes diplomáticas indicaron que el encuentro, en torno a un almuerzo, transcurrió de forma muy positiva y con buena sintonía. Símbolo del acercamiento entre Madrid y París, Rajoy y Hollande viajaron por la tarde a Bruselas en el mismo tren de alta velocidad Thalys, aunque –eso sí– lo hicieron en vagones distintos.

Aunque con acentos diferentes, ambos dirigentes se manifestaron de acuerdo en la necesidad de sanear las finanzas públicas y reducir los déficit, a la vez que remarcaron la necesidad de complementar esta política con medidas que contribuyan al relanzamiento de la actividad económica. El presidente del Gobierno español apoyó en este sentido la iniciativa del presidente francés de poner en la agenda europea la negociación de un pacto por el crecimiento, por más que ambos no estén necesariamente de acuerdo en las medidas para conseguirlo. Y Hollande apoyó la reclamación de Rajoy de garantizar de forma prioritaria la liquidez del sistema financiero y hacer que el coste de la deuda sea sostenible.

“Europa tiene que dar una respuesta. Porque no podemos vivir mucho tiempo con unos diferenciales tan grandes [en los tipos de interés] a la hora de financiarse”, dijo Rajoy, quien alertó que de lo contrario “las políticas de control del gasto pueden no producir los efectos previstos”. El presidente del Gobierno español pidió al respecto decisiones urgentes y –aunque se cuidó mucho de no pronunciar su nombre, para no importunar a Berlín– sugirió una intervención decidida del Banco Central Europeo. Menos empacho tuvo el presidente francés, quien consideró que el papel del BCE como garante de la liquidez y en el fomento del crecimiento “formará parte de las discusiones en las próximas semanas”.

Rajoy insistió en París, en contra de lo que Hollande había expresado en Camp David, en que la recapitalización de los bancos españoles –que por otra parte no exigirá “una cuantía muy importante”, aventuró– puede ser asumida por España sin ayuda exterior. “El Gobierno no tiene ninguna intención de acudir a ningún fondo de rescate europeo”, afirmó Rajoy, quien añadió que lo importante es “disipar cualquier duda sobre el euro (...) Europa necesita certidumbre”. El presidente francés eludió enmarañarse de nuevo con el caso español y sólo apuntó que “los bancos que los puedan necesitar” deberían poder recapitalizarse, por ejemplo, a través del Fondo Europeo de Estabilidad. El Elíseo se preocupó ayer de remarcar que Francia no tiene ninguna intención de “entrometerse” en los asuntos internos españoles y que en el comentario de Hollande sobre la ayuda europea a los bancos españoles “no había ninguna hostilidad”.

Mariano Rajoy apoyó también la imposición de una tasa sobre las transacciones financieras –como defiende Francia– para financar inversiones europeas, a condición de que sea adoptada por una mayoría de países y no se repercutan los costes sobre los clientes de las entidades financieras. Tampoco se mostró hostil a la emisión de euro-obligaciones, aunque los enmarcó en un proceso a largo plazo de una mayor integración económica, fiscal y política europea. Hollande, que defiende a ultranza la idea de las euro-obligaciones para financiar las deudas de los Estados –las antiguas o las nuevas– frente al rechazo de Alemania, tampoco la plantea como de aplicación inmediata, pero sí quiere un compromiso.

Las propuestas de Hollande, apoyadas por los socialistas europeos, recibieron ayer la adhesión del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, en cuya opinión vienen a España “como anillo al dedo”. El líder socialista apostó por que se alumbre una nueva política económica en Europa y defendió una “flexibilización” de los plazos de reducción de los déficit.


Amenaza en el cajón

La amenaza de Francia de no ratificar el tratado de disciplina presupuestaria si no se adopta un pacto por el crecimiento económico sigue vigente, pero ha sido momentáneamente guardada en un cajón. Así lo acordó François Hollande con Angela Merkel y con Herman van Rompuy, con el objetivo de destensar las negociaciones. Así lo confirmaron ayer fuentes del Elíseo, quienes explicaron que el asunto saldrá tarde o temprano. “La cuestión de la ratificación será abordada después, cuando se haya avanzado sobre los instrumentos de la política de crecimiento y su formulación jurídica”, señalaron. En ese momento habrá que ver si el acuerdo puede ser objeto de un tratado o un protocolo paralelo o, como había planteado inicialmente París, obliga a reabrir y “renegociar” el tratado fiscal.






martes, 22 de mayo de 2012

DSK, de nuevo sospechoso de violación

Dominique Strauss-Kahn podría ser responsable de la violación de una prostituta belga a mediados de diciembre de 2010 en un hotel de Washington. Así lo cree el fiscal de la ciudad francesa de Lille (Norte), Frédéric Fèvre, que ayer comunicó su decisión de abrir una investigación por este presunto delito contra el ex ministro socialista y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco del caso de la red de prostitución del hotel Carlton de Lille. Strauss-Kahn está procesado hasta el momento en este affaire por el presunto delito de “proxenetismo agravado”, al que podría añadirse el de “violación en reunión”.

Se trata de la tercera sospecha de violación que pesa sobre el ex director del FMI, que el 14 de mayo de 2011 se vio forzado a dimitir tras ser detenido por la policía de Nueva York por la presunta violación de una mujer de la limpieza del hotel Sofitel de Mahnattan. Tras acusarle formalmente de violación, la fiscalía acabó retirando los cargos por falta de pruebas, pero la presunta víctima, Nafissatou Diallo, mantiene contra él una demanda civil.

También el año pasado, la periodista y escritora francesa Tristane Banon presentó denuncia contra el ex ministro socialista por un presunto intento de violación en 2003, que la fiscalía archivó por juzgar que el delito –agresión sexual– había prescrito.

Este tercer caso de violación contra Strauss-Kahn ha sido abierto por la fiscalía a instancias de los jueces instructores del caso Carlton, que a su vez se basan en la declaración ante la policía de una prostituta belga. La presunta víctima, sin embargo, no ha querido presentar denuncia.

Los hechos se remontan a diciembre de 2010, en el marco de una de las fiestas sexuales que el grupo de Lille organizaba para su amigo, entonces director del FMI, en diversas ciudades y para las que reclutaban habitualmente a prostitutas de lujo. Entre el 15 y el 18 de diciembre, el grupo formado por los empresarios Fabrice Paszkowski y David Roquet, así como el comisario Jean-Christophe Lagarde, se desplazaron a Washington para cumplimentar a Strauss-Kahn. Todos ellos, salvo Lagarde, participaron en una velada sexual en una suite del hotel W de la capital estadounidense –cerca de la Casa Blanca– la noche del 16 de diciembre junto con dos prostitutas traídas de Bélgica, Estelle y Marion.

Este última declaró a la policía belga –que la interrogó por encargo de la policía francesa– haber sido sodomizada a la fuerza por Strauss-Kahn, que desoyó sus negativas y sus vanos intentos de zafarse. Según Marion, David Roquet acudió en ayuda de DSK y le sujetó las muñecas. La otra prostituta asegura no haber oído las quejas de su compañera.



lunes, 21 de mayo de 2012

El arte de la síntesis

Durante los once años en que ejerció como primer secretario del Partido Socialista francés (1997-2008), François Hollande ejercitó y depuró una habilidad innata para el compromiso, una inclinación profunda por la concertación y el pacto. Reunir a los contrarios, cimentar la unidad y alcanzar una síntesis siempre fue el desiderátum del hoy presidente de la República, que puso en ese objetivo todo su empeño y sus capacidades. Si durante este tiempo el viejo partido de François Mitterrand, minado por los personalismos y las corrientes, no saltó más de una vez roto en mil pedazos –tras el trauma de la derrota de Lionel Jospin en 2002, en el referéndum europeo de 2005– fue gracias a la destreza y la sangre fría de su jefe de filas.

Sus adversarios, tanto de fuera como de dentro, han querido llamar a este rasgo de su carácter –conciliador y afable, aderezado por un afilado sentido del umor– debilidad, blandura, flaqueza. Flanby, fresa del bosque... Todos los apodos que le han buscado sus camaradas denotan un desprecio íntimo hacia quien tiene la fama de evitar siempre los enfrentamientos.

Pero las apariencias engañan. “François Hollande es como un guijarro, romo y liso por fuera pero duro por dentro”, subraya la veterana cronista política de Le Point Sylvie Pierre-Brossolette. Su larga trayectoria habla por él. Solo, tras abandonar la dirección del PS a finales de 2008, el nuevo presidente francés inició entonces su larga carrera hacia el Elíseo. En su autoconfianza y determinación, sus adversarios quisieron ver un asomo de ingenuidad, cuando no de iluminación o desvarío. Sus rivales en el partido le menospreciaron y, cuando quisieron darse cuenta, había ganado las elecciones primarias y era el flamante candidato a la presidencia de la República. Nicolas Sarkozy cometió el mismo error irreparable. No se puede subestimar a Hollande. Se paga caro.

“Contrariamente a la descripción que se hace de él a veces, tiene opiniones muy firmes. Pero a la vez se muestra muy pragmático”, comentaba semanas atrás en L’Express un empresario –anónimo– gratamente sorprendido por el entonces todavía candidato. Hollande no tiene muchas relaciones en el mundo empresarial, pero quienes le han tratado valoran su seriedad, su disposición a escuchar y a dialogar.

Detrás de su aspecto campechano, de su cultivada imagen de “hombre normal”, el nuevo inquilino del Elíseo es un hombre con una muy sólida preparación. Titulado en Derecho por la Universidad de París, por la Escuela internacional de negocios HEC, por el Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po) y por la Escuela Nacional de Administración (ENA), Hollande inició su carrera profesional como miembro del Tribunal de Cuentas, antes de abandonarla para dedicarse a la política.

Pese a su formación y su larga experiencia política, Hollande es novel en las tareas de gobierno. Nunca, a diferencia de tantos de sus compañeros de filas, fue llamado a ejercer como ministro, un hándicap que la derecha francesa ha utilizado para descalificarle. Sin embargo, su falta de currículum no debe confundirse con ignorancia. Hollande se estrenó en los años 80 como consejero en el Elíseo junto a François Mitterrand y entre 1997 y 2002 trabajó mano a mano con el entonces primer ministro Lionel Jospin.

“François Hollande nunca ha sido ministro, pero desde hace treinta años ha estado asociado al ejercicio del poder en Francia. Yo le conozco mucho, desde hace mucho tiempo, para poder presentarme como garante de cu competencia, de su transparencia, de su cultura, de su seriedad y de su fuerza moral”, dejó escrito en vísperas de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el economista y ensayista Jacques Attali, un antiguo hombre de Mitterrand que no duda en llamarse “amigo” de Sarkozy.

François Hollande no es una persona dada a la improvisación. Todos los pasos que da, los prepara minuciosamente. La canciller alemana, Angela Merkel –quien, aliada de Sarkozy, no quiso conocerle hasta su elección–, ha podido comprobar cómo se las gasta su nuevo interlocutor en París. El presidente francés llegó el martes por la noche a Berlín, apenas unas horas después de ser investido en el Elíseo, con una baza de peso bajo el brazo: una alianza cuidadosamente trabajada con los socialdemócratas alemanes para actuar como una pinza sobre Merkel y obligarla a aceptar la exigencia de complementar la política de austeridad y consolidación fiscal con medidas que estimulen el crecimiento económico. El SPD, que tiene en su mano la mayoría para bloquear la ratificación del tratado de disciplina presupuestaria por Alemania, se ha alineado aquí con Hollande...

El presidente francés, que ha amenazado a su vez con no ratificar el tratado si sus demandas no son atendidas, ha atraído a sus tesis a todos los socialistas europeos. Pero confía en obtener también la complicidad de la Comisión Europea y de los gobiernos conservadores de los países del sur de Europa –España, Italia– acogotados con la política de austeridad dictada con prusiana inflexibilidad por Berlín. Tampoco van a faltar presiones desde Washington sobre Angela Merkel para que se decida a soltar lastre.
En este sentido, el viento sopla a favor de François Hollande. Las dificultades de España, Italia e –incluso– Holanda para cumplir sus objetivos de déficit pese a –o precisamente a causa de– los recortes aprobados, y el ascenso electoral de los movimientos extremistas en toda Europa son, a su juicio, señales de alarma que Alemania no va a poder ignorar.

Firme, pero flexible al mismo tiempo, éste es el presidente francés con el que tendrá que lidiar en las próximas semanas y meses Angela Merkel. La entente franco-alemana no parece correr peligro, a poco que cada parte esté dispuesta a ceder un poco en aras de un acuerdo. Y que la canciller acepte que Merkozy pasó a la historia. La personalidad política del nuevo inquilino del Elíseo, su talante, hacen poco probable un choque frontal entre Francia y Alemania, pese a los temores expresados en este sentido por el ex primer ministro francés Michel Rocard. Por el contrario, abren la vía a un compromiso. El riesgo, sin embargo, como sucedía con las alambicadas síntesis del Partido Socialista, es que el pacto que pueda alumbrarse acabe siendo totalmente insípido.


La deuda francesa se coloca bien

El primer examen de Hollande en los mercados, tan sólo un día después de su toma de posesión como presidente de la República, fue positivo. El Tesoro francés consiguió colocar el miércoles varias emisiones de deuda pública por un valor de 9.178 millones de euros sin problemas especiales y a unos tipos de interés confortablemente bajos. La mayor parte de la emisión –cerca de 8.000 millones– fue en títulos a 3, 4 y 5 años, para los que París consiguió unos tipos de interés de entre el 0,74% y el 1,72%, por debajo de los aplicados hace un mes. Algo menos bien fue la deuda a largo plazo –1.182 millones de euros a 10, 11 y 15 años–, donde los tipos experimentaron un ligero repunte. De todos modos, se mantuvieron bajos, entre el 1,19% y el 1,45%. La elección del líder socialista como presidente de la República no ha tenido hasta ahora ningún efecto directo en los mercados financieros, a la expectativa de lo que el nuevo Gobierno pueda decidir en materia económica y fiscal en las próximas semanas. Dos agencias de notación, Fitch y Standard & Poor’s, ya avanzaron el lunes pasado que el resultado de las elecciones no tendría un impacto inmediato.


Crecimiento nulo para empezar

La toma de posesión de Hollande como presidente fue saludada por el Insee con la cifra de un crecimiento nulo –0%– en el primer trimestre del año. Mal inicio para el nuevo presidente, que confía en llegar al 1,7% en 2012.


10.200 empleos netos más

No todas las noticias dadas a conocer esta semana son malas. La economía francesa creó en el primer trimestre de este año 10.200 empleos netos, después de dos trimestres seguidos de pérdidas. El aumento es tanto más notable cuanto que el crecimiento registrado en el último trimestre de 2011 fue casi nulo: del 0,1% según la última cifra revisada. Esta mejoría se debe fundamentalmente a la recuperación del sector servicios (23.700 empleos netos más), mientras que la industria perdió 9.100.