sábado, 8 de septiembre de 2012

Muerte en el bosque


Una disputa por una herencia podría estar detrás de la matanza de Chevaline, en los Alpes franceses, en los que una familia británica fue diezmada por uno o varios asesinos el pasado miércoles junto a un camino forestal, con el resultado de cuatro personas muertas. El fiscal de Annecy, Eric Maillaud, confirmó que un equipo de investigación conjunto franco-británico indagará sobre esta pista, considerada como seria e importante, aunque no la única.

Según varios testigos del barrio donde vivían las víctimas, una zona acomodado de Claygate (Surrey), al sur de Londres, el padre de familia asesinado, Saad al-Hilli –un ingeniero de origen iraquí que vivía en el Reino Unido desde los años setenta– mantenía un duro litigio con su hermano, Zaid, sobre la herencia de su padre, fallecido hace un año.

Zaid al-Hilli se presentó espontáneamente en dos ocasiones ante la policia británica, primero para pedir información sobre el suceso y confirmar que su hermano era una de las víctimas, y después para desmentir toda disputa familiar y negar toda implicación. Zaid al-Hilli será interrogado en los próximos días, en principio como testigo, después de que los dos jueces de instrucción que han asumido el caso en Francia hayan presentado una comisión rogatoria internacional. La herencia en disputa, según algunas fuentes, estaría integrada por diversas propiedades en el Reino Unido, Francia y España. Los investigadores de la Gendarmería no descartan, sin embargo, otro móvil de carácter criminal.

La matanza se produjo poco antes de las cuatro de la tarde del pasado miércoles, en un aparcamiento situado junto a un camino forestal cercano al cámping donde la familia Al-Hilli pasaba unos días de vacaciones. Uno o varios pistoleros –el fiscal no quiso desvelar cuántas armas ni de qué tipo se utilizaron– mataron a tiros a Saad al-Hilli, su esposa Iqbal, la que parece ser la madre de la mujer, de 74 años y nacionalidad sueca, y un ciudadano francés, Sylvain Mollier, que pasaba en aquel momento por allí con su bicicleta. Sólo las dos hijas de la pareja, de 7 y 4 años –la mayor, Zainab, herida de gravedad, y la pequeña, Zeena, ilesa–, sobrevivieron milagrosamente a la masacre. La familia fue acribillada cuando se encontraba en el interior del coche. Todas las víctimas presentaban varios impactos de bala y al menos una en la cabeza. 

Los gendarmes recogieron unos 25 casquillos junto al vehículo, un lujoso BMW todoterreno.
La hija pequeña, que se salvó al esconderse bajo su madre –donde permaneció ocho horas hasta ser descubierta por los gendarmes–, ha hablado a los investigadores, pero no ha contado nada sustancial. La mayor, golpeada violentamente en la cabeza y con una herida de bala en el hombro –a la que los asesinos dieron seguramente por muerta–, aún no ha podido ser interrogada.


De repente, el horror

El horror se presentó la tarde del miércoles en un camino forestal de Chevaline (Alta Saboya), un hermoso y apacible rincón de los Alpes franceses cercano a Annecy. Un misterioso asesino, cuyas motivaciones se ignoran pero cuya voluntad de matar no ofrece ninguna duda, acabó con la vida de cuatro personas: tres adultos de una misma familia –una pareja británica de origen iraquí y una mujer de más edad– que pasaba las vacaciones en un cámping cercano y un ciclista francés que pasaba por el lugar en el peor momento y que con toda probabilidad fue testigo de la matanza.

Dos niñas de 7 y 4 años, pertenecientes a la misma familia, se salvaron milagrosamente de la masacre. La mayor, golpeada brutalmente en la cabeza y con una bala alojada en el hombro, resultó herida de gravedad, aunque su vida no corre peligro. La menor, ilesa, permaneció ocho horas bajo el cadáver de su madre, dentro del coche, inmóvil y en silencio, sin que los gendarmes percibieran de su presencia. Ambas permanecen hospitalizadas bajo una fuerte vigilancia policial.

La matanza ha causado una gran conmoción en Francia y en Gran Bretaña. El fiscal de Annecy, Eric Maillaud, juzgó el crimen de una “salvajada extrema”.

El motor del vehículo de la familia, un lujoso todoterreno BMW de matrícula británica, estaba todavía encendido cuando un segundo ciclista que pasaba por el lugar, un turista británico veterano de la Royal Air Force (RAF), descubrió la matanza. Eran las 15.50h y el drama acababa de producirse, pues hacía muy poco que el ciclista muerto, que yacía junto al coche, le había adelantado por el camino. Dentro del vehículo estaban los cadáveres de los tres adultos y la niña herida, que el veterano socorrió colocándola en posición lateral. No vio a la pequeña, como tampoco la vieron los gendarmes después, obligados a mantener intacta la escena del crimen a la espera de los especialistas del Instituto de Investigación criminal de la Gendarmeria Nacional (IRCGN) procedentes de París. Ocho horas pasó la niña oculta hasta que fue descubierta a medianoche. Un sindicato policial, Synergie, criticó lo que considera un sistema “inepto que roza el ridículo”.

El padre de familia muerto ha sido identificado como Saad al-Hilli, de 50 años, un ingeniero aeronáutico nacido en Bagdad y residente en Gran Bretaña desde los años setenta. Su esposa, de nombre Iqbal, era asimismo de origen iraquí. La mujer de más edad –presuntamente la abuela de las niñas– tenía 74 años y era de nacionalidad sueca. La familia se alojaba desde hacía varios días en el cercano cámping Le Solitaire du Lac, en Saint-Jorioz, junto al lago de Annecy.

La policía británica registró ayer el domicilio familiar de las víctimas, en un barrio acomodado de Claygate, en el condado de Surrey, una treintena de kilómetros al sur de Londres, donde residían desde el año 1984.
El ciclista asesinado era Sylvain Mollier, de 45 años y vecino de un municipio cercano, que había salido a dar un paseo.

Tres de las cuatro personas muertas fueron asesinadas de un tiro en la cabeza. Los investigadores, que hallaron una quincena de casquillos de bala de pistola automática, no se inclinan por ninguna hipótesis en particular.

El presidente francés, François Hollande, que ayer se entrevistó en Londres con el primer ministro británico, David Cameron, prometió: “Haremos todo para encontrar a los culpables”.




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