martes, 13 de septiembre de 2011

DSK, segundo asalto

Sin esposas, sin paseíllo ante las cámaras, con la discreción típicamente francesa y bajo la cómoda condición de testigo –no de acusado-, Dominique Strauss-Kahn se vio ayer de nuevo interrogado por la policía por un presunto intento de violación. En este caso, de la periodista y escritora francesa Tristane Banon, que el pasado mes de julio presentó una denuncia contra el ex ministro socialista y ex director del Fondo Monetario Internaciona (FMI) por unos hechos supuestamente cometidos el año 2003.
Exculpado por la justicia norteamericana –por falta de pruebas- de la violación de la empleada del hotel Sofitel de Manhattan  Nafisatou Diallo, y de regreso en Francia desde el pasado 4 de septiembre, Strauss-Kahn se enfrenta ahora al riesgo de un segundo proceso por un delito sexual. Pero si le fue difícil a la fiscalía de Nueva York reunir pruebas suficientes para mantener los cargos en su contra no parece que le vaya a ser más fácil a la fiscalía de París, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido.

Strauss-Kahn acudió a declarar a petición propia –con el fin de acelerar el procedimiento y según sus amigos, “saldar este asunto”- a la sede de la policía judicial, en la que permaneció tres horas. El ex director del FMI, que ha presentado una demanda contra Banon por denuncia calumniosa, negó todas las acusaciones de la joven, que en su momento calificó de “fabulaciones”.

Banon, de 32 años, acusa a Strauss-Kahn de haber intentado abusar sexualmente de ella en 2003, en un apartamento de París donde la había citado para realizar una entrevista, en el marco de un libro que la joven estaba preparando. Banon renunció a presentar denuncia en su momento aconsejada por su madre, Anne Mansouret, militante socialista y –según confesó este verano- ex amante del político francés.

Toda la dificultad de la investigación abierta por la fiscalía de París reside en establecer si en efecto hubo un intento de violación –delito que tiene diez años de prescripción y que, por tanto, todavía podría ser juzgado- o hubo sólo una agresión sexual, en cuyo caso habría prescrito.

Antes de tomar declaración a Strauss-Kahn, la policía ha interrogado a numerosas personas, entre ellas a la segunda esposa del político, Brigitte Guillemette, cuya hija –Camille, la misma con la que DSK almorzó el día en que fue detenido en Nueva York- era amiga personal de Tristane Banon, así como al primer secretario del Partido Socialista en la época, François Hollande. Ahora, el fiscal deberá decidir si archiva el caso o lo pasa a un juez de instrucción.

Temiendo que la justicia francesa se disponga a cerrar el caso, Tristane Banon ha organizado con el apoyo de diversas asociaciones feministas una manifestación frente al palacio de justicia el 24 de septiembre. En un texto colgado de su página de Facebook, la periodista expresa su “náusea” por el tratamiento de “héroe” con que Strauss-Kahn ha sido recibido a su regreso a Francia. Y añade: “Sin embargo, soy yo quien agacha la cabeza y camina pegada a las paredes, cuando otros sonríen a las cámaras”.
 

Chirac y Villepin, salpicados por la ‘Françafrique’

Un nuevo escándalo, aunque con sabor añejo, ha venido a sacudir la política francesa a siete meses de las elecciones presidenciales, en lo que aparece como el enésimo ajuste de cuentas en el seno de la derecha. Esta vez, de la mano de la tumultuosa Françafrique. Un oscuro abogado, Robert Bourgi, histórico intermediario entre París y los jefes de Estado de las antiguas colonias francesas en África, ha salido de su silencio para acusar al ex presidente de la República Jacques Chirac y el ex primer ministro de Dominique de Villepin de haber recibido entre 1997 y 2005 –a través suyo- hasta 20 millones de dólares donados por diversos dirigentes africanos. Bourgi, que aporta numerosos detalles aunque admite no tener pruebas materiales, sostiene que estas prácticas habrían beneficiado también a Pompidou y Giscard d’Estaing, así como al fundador de Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, y que habrían cesado con Nicolas Sarkozy. Se da la circunstancia de que Bourgi es un hombre próximo al actual presidente francés. Chirac y Villepin negaron tales acusaciones y anunciaron la presentación de demandas por difamación.

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