martes, 1 de abril de 2014

Un francés de Barcelona

Uno es de donde ha nacido, pero sobre todo de donde se ha hecho. Y de donde uno quiere ser. Manuel Valls, el nuevo jefe del Gobierno francés, es catalán y español de nacimiento –en su caso, algo absolutamente compatible–, pero es fundamentalmente francés, nacionalidad que adoptó en 1982, a los veinte años, por convicción. Su formación, sus maneras, su visión del mundo, son totalmente francesas, por más que a este lado de los Pirineos les guste buscar en él los rasgos del carácter ibérico: la pasión, la furia...
El azar de la política ha querido que su nombramiento como primer ministro se haya producido apenas veinticuatro horas después de que otra española –en este caso, gaditana–, Anne Hidalgo, se convirtiera en la primera mujer elegida alcaldesa de París.

Si el padre de Anne Hidalgo, electricista, emigró a Francia en busca de trabajo, el del nuevo primer ministro –el pintor figurativo Xavier Valls (1923-2006)– lo hizo imantado por la fuerza artística y cultural de París. Los franceses de aquella época sólo veían a los españoles como pobres de solemnidad, así que Manuel Valls tuvo que oirse decir en la escuela: “No hay que tener vergüenza de tener un padre pintor”. De brocha gorda, se entiende.

Xavier Valls y su mujer, Luisa Galfetti, vivían ya en París cuando nació su hijo Manuel, el 13 de agosto de 1962. Pero ambos quisieron que viera la luz en Barcelona, la ciudad de su padre, y en su barrio: Horta. A lo largo de los años, el hoy primer ministro se ha preocupado por mantener su vínculo con la capital catalana, donde murió su padre y donde vive su hermana, Giovanna.

Manuel Valls tenía sólo 17 años cuando ingresó como militante en el Partido Socialista (PS), donde se identificó con los postulados de renovación socialdemócrata del que sería primer ministro Michel Rocard, líder de la llamada segunda izquierda. Valls puede haber cambiado de alianzas a lo largo de los años, pero nunca ha traicionado sus ideas. En 1985, por ejemplo, abandonó la Liga de los Derechos del Hombre (LDH) después de que esta organización se opusiera a la extradición de miembros de ETA a España. Valls creía que había que combatir el terrorismo mucho antes de asumir el mando en la plaza de Beauvau. Sus ideas en materia de seguridad e inmigración, que tanta urticaria provocan en algunos sectores del PS, condujeron en el 2007 a Nicolas Sarkozy a intentar ficharle...

Su primer contacto con el poder se produjo en 1997, cuando el recién elegido primer ministro,Lionel Jospin, se lo llevó como portavoz a Matignon. Y su carrera política se vio definitivamente lanzada en el 2001, cuando fue elegido alcalde de Evry, una ciudad de 50.000 habitantes de la banlieue sur de París, donde reinó ininterrumpidamente hasta el 2012, cuando se retiró para incorporarse al Gobierno tras la victoria de François Hollande.

Anclado claramente a la derecha en el espectro ideológico del PS, Manuel Valls siempre ha sido una rara avis, un francotirador sin apenas tropas o seguidores. Pero, ambicioso y hábil, siempre ha sabido encontrar los aliados adecuados en el momento oportuno. Cara a las elecciones presidenciales del 2007, Valls se alineó con Ségolène Royal, de la que llegó a ser su portavoz de campaña y, después, en 2008, su principal lugarteniente en el intento de tomar el mando del partido. Cara al 2012, y una vez electrocutado su candidato inicial –Dominique Strauss-Kahn–, Manuel Valls se presentó a las elecciones primarias del PS, donde obtuvo solamente el 6% de los votos.

En la segunda vuelta, aportó su apoyo a Hollande, que pronto lo incorporó a su equipo y le nombró director de comunicación de su campaña. El vínculo entre los dos hombres no hizo más que estrecharse, ayudado por la amistad paralela que su mujer, la violinista Anne Gravoin, con quien está casado en segundas nupcias –Valls tiene cuatro hijos de un matrimonio anterior–, entabló con Valérie Trierweiler...

Tras la victoria de mayo del 2012, Valls se aupó de forma natural al Ministerio del Interior, convirtiéndose en el miembro más popular del Ejecutivo. Ambicioso, su objetivo es ser algún día presidente de la República. Nunca lo ha escondido.



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