domingo, 6 de abril de 2014

Arquitectura por amor al arte

Enclavada en una colina de Saint-Paul de Vence (Costa Azul), en medio de un frondoso pinar y un jardín de esculturas, la Fundación Maeght es un lugar luminoso y mágico. Un lugar de quietud y de asombro. Resultado de la combinación perfecta de tres sensibilidades –las del arquitecto Josep Lluís Sert, el pintor y escultor Joan Miró, y Aimé Maeght, marchante de arte, galerista, editor y mecenas– es un tesoro y a la vez un foco de proyección de la arquitectura y el arte moderno y contemporáneo. Inaugurada el 28 de julio de 1964, la fundación conmemora ahora su 50º aniversario con una exposición que celebra –hasta el próximo 9 de junio– la fecunda imbricación de la arquitectura de Sert con el arte. “Sólo un entendimiento desde el principio entre el pintor, el escultor y el arquitecto puede culminar en una totalidad, en un conjunto”, escribió Josep Lluís Sert cuando trabajaba en el proyecto.

Erigida una década antes que la Fundació Miró de Barcelona, con la que guarda un indiscutible parentesco, la Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence es una de las grandes obras legadas por el arquitecto catalán. “La verdad es que no le ha salido ni una sola arruga”, constata con orgullo Adrien Maeght, presidente e hijo del promotor de la fundación. Una opinión que comparte plenamente el arquitecto Jaume Freixa, antiguo colaborador de Sert –a quien conoció a mediados de los sesenta y con quien trabajó durante diez años en Estados Unidos– y presidente desde el 2009 de la Fundació Miró, de cuya ampliación es autor. “Es una arquitectura que aguanta muy bien”, subraya Freixa, consejero artístico de la exposición, a cuyo juicio el complejo de la Fundación Maeght –que no es un edificio compacto, sino más bien una especie de poblado– demuestra que se puede construir con “frescura e imaginación sin perder la escala humana”.

El edificio de la fundación es, en sí mismo, la principal estrella de la exposición. Una obra de madurez. Colaborador temprano de Le Corbusier, con quien trabajó a finales de los años veinte, Josep Lluís Sert (Barcelona 1902-1983) fue uno de los fundadores del grupo de arquitectos renovadores del GATPAC, inscribiéndose en la escuela racionalista. De esa época datan edificios tan conocidos en Barcelona como la Casa Bloc o la Joyería Roca, ambos de 1934. La Guerra Civil española marcó un antes y un después en su carrera. Exiliado en Estados Unidos, enseñó arquitectura en Yale y posteriormente fue nombrado decano de de la Escuela de Diseño de Harvard. Muy preocupado por el urbanismo, a sus alumnos trató de inculcarles las bondades de la ciudad compacta frente al insostenible modelo norteamericano de los suburbios.

La arquitectura de esta segunda etapa de su vida, sin dejar de ser racionalista, se inspira en los elementos típicos de la tradición mediterránea –como los patios– y evoca de algún modo el espíritu de las casas ibicencas. “Sert hacía una aquitectura funcional, pero dotada a la vez de una visión artística –subraya Freixa–. Sabía servir muy bien un programa, pero con una gracia y una armonía especial. La racionalidad no basta, la racionalidad ha producido arquitectura muy mediocre”.

La exposición de Saint-Paul de Vence repasa de forma exhaustiva, con la ayuda de cartas, planos y maquetas, la concepción del edificio de la Fundación Maeght. Así como de las principales realizaciones o proyectos de Sert vinculados el mundo del arte: el pabellón de la República Española para la Exposición Internacional de París de 1937 –donde se exhibió por primera vez el “Guernica”, de Picasso–; el taller de Joan Miró en Palma de Mallorca (1956), la casa-taller para Georges Braque en Saint-Paul de Vence (1959), el proyecto de casa para Marc Chagall en Vence (1961), el taller de Zao Wou-Ki en Ibiza (1972), la Escuela de Bellas Artes de Besançon (1972) y la Fundació Miró de Barcelona (1975). Todo ello completado con entrevistas y un documental sobre el arquitecto. Y jalonado con pinturas y esculturas de los artistas que fueron objeto de la prolija correspondencia entre Josep Lluís Sert y Aimé Maeght: Pierre Bonnard, Georges Braque, Marc Chagall, Eduardo Chillida, Alberto Giacometti, Julio González, Vassily Kandisnky, Fernand Léger, Henri Matisse o Joan Miró...

“Hay en mi arquitectura algo fundamental: un elemento mediterráneo que es como una nostalgia del clima, de la luz”, escribió Sert en 1972. Lamentablemente, la luz, esa luz que insufla de vida sus edificios, ha tenido que amortiguarse, así en Saint-Paul de Vence como en Barcelona, en aras de la protección de las pinturas.


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