sábado, 19 de abril de 2014

La leal infantería y el BCE

Francia asumirá sus obligaciones en materia de reducción de déficit público –particularmente, el objetivo de situarlo por debajo del 3% a finales del 2015– pero a cambio quiere que el Banco Central Europeo (BCE) modifique su política monetaria e intervenga decididamente para depreciar el euro, cuyo valor de cambio –alega París– arruina todos los esfuerzos de competitividad que realizan los países europeos. Los franceses, que hablan sin reparos de “contrapartidas”, reclaman también que la Comisión Europea lleve a cabo una verdadera política de relanzamiento para favorecer el crecimiento.

“Nosotros asumimos nuestras responsabilidades en lo que concierne al déficit público, lanzamos reformas. Pero a cambio vamos a pedir algunas cosas a Bruselas –declaró el ministro francés de Economía, Arnaud Montebourg, en una entrevista publicada el jueves por el diario económico Les Échos–. Queremos contrapartidas en el interés de Francia y de Europa”. “Ha que ayudar a las infanterías nacionales que se esfuerzan por restablecer sus cuentas públicas con un apoyo aéreo del Banco Central Europeo (BCE)”, añadió en lenguaje militar.

Montebourg sostuvo que Francia sólo podrá asumir “decisiones difíciles” si cuenta con el apoyo de una “nueva política monetaria” más expansiva, en la línea de la Fed norteamericana. “El euro está demasiado caro y eso es un asunto político”, declaró para justificar la necesidad de que este tema sea abordado por el Consejo Europeo, a quien compete –subrayó– la política cambiaria. El nuevo patrón de Bercy saludó las recientes declaraciones del presidente del BCE, Mario Draghi, en las que aludió a la posibilidad de recurrir a medidas no convencionales para depreciar el euro, y le animó a dar el paso siguiente: “Debe pasar al acto”.
Antiguo apóstol de la “desmundialización” y 'enfant terrible' del Partido Socialista –donde se sitúa en el ala izquierda–, Montebourg siempre se ha mostrado muy crítico con las políticas de Bruselas y de Frankfurt. 

Pero en esta ocasión, y a pesar de su ganada fama de francotirador, no ha ido por libre. Su colega Michel Sapin, ministro del Presupuesto y de Finanzas, utilizó el mismo lenguaje para referirse a las declaraciones de Draghi, que consideró “la primera de las contrapartidas” que Francia espera recibir por su esfuerzo de saneamiento presupuestario. O al menos, así pretendió venderlo.

Para los franceses –y para el PS en particular– el proyecto del Gobierno de reducir el gasto público en 50.000 millones de euros entre el 2015 y el 2017 es una amarga píldora difícil de tragar. De ahí la insistencia en tratar de obtener alguna compensación. De hecho, esta línea la marcó ya el nuevo primer ministro, Manuel Valls, durante su discurso de política general –una suerte de investidura– ante la Asamblea Nacional el pasado día 8: “El Banco Central Europeo aplica una política monetaria menos expansionista que sus colegas americanos, ingleses o japoneses. Y es en la zona euro donde la recuperación económica es menos vigorosa”, remarcó Valls, quien manifestó su voluntad de abordar este tema con sus socios comunitarios.

El programa de recortes anunciado por el primer ministro el miércoles pasado –que supondrá la congelación, por primera vez desde el inicio de la crisis, de las pensiones y las prestaciones sociales– ha causado un hondo malestar en la izquierda. En el propio PS, un centenar de diputados contestó un día después los planes del Gobierno y le instó a limitar los recortes a 35.000 millones. Los sindicatos están totalmente en contra y han anunciado protestas para el 15 de mayo por la congelación salarial de los funcionarios.


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