domingo, 30 de junio de 2013

Incombustible Ségolène Royal

"Yo formo parte del paisaje político"

Como una roca firme en medio del temporal. Así es Segolène Royal. Cien veces caerá a tierra y cien veces se levantará, desafiando al derrotismo y a la autoconmiseración. A sus 59 años, juvenil y radiante como nunca –algo que las mujeres se atreven a decirle en la cara y los hombres callan por pudor–, la malograda candidata socialista al Elíseo en el 2007 vuelve a estar en pie, dispuesta a ocupar un lugar visible en la escena y demostrar su libertad de espíritu. “Yo formo parte del paisaje político”, afirma, desmintiendo –y retando a la vez– a aquellos que han pretendido enterrarla.

Ségolène Royal ha sobrevivido a todo: a la derrota frente a Nicolas Sarkozy y a la ruptura de la pareja que formaba con François Hollande en el 2007, a su fraudulento descabalgamiento en la lucha por la jefatura del Partido Socialista en el 2008, a su fracaso en las primarias del PS en el 2011, a su humillante descalabro –con tuit de su rival sentimental de propina– en las elecciones legislativas del 2012... “La vida enseña que un fracaso es la apertura de otra posibilidad”, dice. Y se dice.

Ségolène Royal ha querido explicar y transmitir en un libro –Cette belle idée du courage ("Esta bella idea del coraje")– las fuentes que han inspirado su determinación y combatividad legendarias, de Nelson Mandela a Stéphane Hessel, de Juana de Arco a Franklin D. Roosevelt. La promoción del libro la está llevando estas semanas por los platós de televisión y de radio, y fue el objeto de un reciente almuerzo con un grupo de corresponsales europeos. Elegante y sobria, guapa y delgada –apenas prueba el vino y rechaza el postre–, parece de nuevo dispuesta al combate.

“La campaña (del 2012) fue dura, muy dura”, rememora un año después, aparentemente rehecha. “Yo ya veía que no era el momento, pero no tenía derecho a abandonar el campo de batalla –argumenta–, no podía dejar que me presentaran como un accidente de la historia, no podía permitir que me utilizaran como ejemplo para decirles a las mujeres, a las chicas: ‘quédate en tu lugar, ya ves lo que pasa si no lo haces”.

Rebelde e independiente, Ségolène Royal no lo ha hecho nunca, lo de quedarse en el supuesto lugar que tenía asignado, empezando por el papel de ama de casa biencasada que le tenía reservado su padre militar. En su lugar, y a fuerza de tesón, construyó una sólida carrera política que a punto estuvo de llevarla a las puertas del Elíseo. “Lo que he vivido entre el 2007 y el 2012 ha sido enorme..., pero rechazo situarme de nuevo en esa lógica. No guardo rencor, ni lamento nada, pero he tomado mucha distancia”, explica. Sin alejarse por ello de la política: “Estoy en otra dimensión. No reclamo nada. No necesito a nadie, no dependo de nadie –sostiene–. Yo observo y conservo mi libertad de palabra”.

Observa, enjuicia y habla. Desde su doble atalaya de la presidencia de la región Poitou-Charentes y la vicepresidencia del nuevo Banco Público de Inversiones (BPI) –donde ya ha censurado los sueldos de los directivos y el lujo de ciertos despachos–, Royal no se abstiene de criticar la acción del Gobierno y del hoy presidente y padre de sus cuatro hijos. Así sea por la forma de gobernar –“Hay que plantear un horizonte y las etapas para alcanzarlo”–, la estrategia de la tensión con Alemania –“No hay que fragilizar esta relación”– o el modo de abordar la aprobación de matrimonio homosexual –“Es mejor conducir los espíritus poco a poco”–.

“A menudo hay un problema de método. Este es un país demasiado centralizado, se hacen las cosas de arriba a abajo”, constata. Y advierte a sus compañeros de filas: “Si la gente no es protagonista del cambio, refunfuñará”.



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