martes, 5 de noviembre de 2013

Vuelve el centro

Los centristas han vuelto a la escena política en Francia. Las dos grandes familias enemistadas del centro francés, reagrupadas en la Unión de los Demócratas Independientes (UDI) de Jean-Louis Borloo y el Movimiento Demócrata (MoDem) de François Bayrou, han sellado esta tarde su reconciliación con el lanzamiento de una coalición electoral significativamente bautizada como La Alternativa. No se trata de una fusión –no todavía- y cada cual mantendrá inicialmente su propia identidad y su autonomía en el marco de la alianza. Matrimonio de conveniencia, pero matrimonio al fin y al cabo, se trata del primer y más importante paso en el camino de reconstrucción de la antigua Unión por la Democracia Francesa (UDF) de Valéry Giscard d’Estaing.

Dividido, disperso y fagocitado por la derecha de origen gaullista, el centro político había prácticamente desaparecido en Francia. Tan sólo François Bayrou, el único dirigente díscolo que se negó a fusionarse en la gran Unión por un Movimiento Popular (UMP) impulsada por Jacques Chirac, mantuvo viva la llama de la independencia, llegando incluso a atraer en torno a su candidatura al 17% de los votantes en las elecciones presidenciales del 2007. Pero el sistema político francés –mayoritario- le acabó condenando al ostracismo y dejándole sin apenas representación parlamentaria.

Si la reconstitución del centro ha sido posible, mal que le pese hoy a la UMP, ha sido a causa de la deriva derechista impuesta por Nicolas Sarkozy durante su mandato presidencial y confirmada por su sucesor en la presidencia del partido, Jean-François Copé, adalid de la “derecha desacomplejada”. La radicalización de la derecha y sus coqueteos ideológicos con el Frente Nacional, particularmente acusados durante la campaña de las presidenciales del 2012, acabaron expulsando a los centristas y abriéndoles un espacio inesperado. El ex ministro Jean-Louis Borloo fue quien, desde la mayoría gubernamental, protagonizó la escisión, aunque manteniendo su alianza con la UMP.

De hecho, el nuevo centro, La Alternativa, y a diferencia de la política llevada a cabo por Bayrou al frente del MoDem, nace con la vocación de mantener una alianza preferente con la derecha, su socio histórico e ideológicamente más afín. Afín pero no idéntico. Como subrayó Borloo al fundar la UDI, la derecha francesa “siempre ha caminado con dos piernas”. Y así va a ser de nuevo. Uno de sus principales ejes programáticos es combatir “toda tentación y toda deriva en dirección a los extremos”.

El jefe de filas de la UMP, Jean-François Copé, saludó el nacimiento de La Alternativa con un evidente disgusto, recordando que François Bayrou –quien en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del año pasado llamó a votar por el socialista François Hollande- “contribuyó a la derrota electoral de Nicolas Sarkozy”.

La vocación del centro de aliarse con la derecha, escrita negro sobre blanco en el acuerdo de coalición, deberá convivir sin embargo con el hecho de que los centristas de Bayrou gobiernan en algunos municipios aliados con los socialistas. Así, la nueva alianza tiene previsto presentarse como cartel electoral en todas las elecciones nacionales, regionales y europeas -las próximas, en mayo del año que viene-, pero mantiene una total ambigüedad respecto a las municipales del mes de marzo. No vendrán por aquí, sin embargo, los problemas. La gran prueba de fuego de la solidez de la nueva alianza centrista llegará cuando toque designar un candidato propio al Elíseo en el 2017.  Ahí, todas las ambiciones personales entrarán en juego.



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