domingo, 2 de febrero de 2014

El glamur del titanio

Lo tiene todo. Es joven inteligente, brillante, ambiciosa, determinada, libre... Y encima, guapa y elegante. Nathalie Kosciusko-Morizet, de 40 años, candidata de la derecha francesa a la alcaldía de París en las elecciones del 23 y 30 de marzo –y sin duda la aspirante más chic y glamurosa del plantel electoral–, lo tiene todo para gustar. Y, también, para ser aborrecida. Demasiado perfecta, demasiado aristocrática, demasiado segura de sí misma, demasiado altiva...

Con la belleza etérea de las madonnas de la escuela veneciana, Kosciusko-Morizet, más conocida por las siglas NKM, es la más genuina representante del ala más moderada y progresista de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) –lo que no le impidió ser la portavoz de campaña de Nicolas Sarkozy en las presidenciales del 2012–, una candidata que encaja a la perfección en el mundo de los bobos, los “burgueses bohemios”, pero menos en el París popular, donde a NKM se la ve demasiado asociada a los barrios altos, los beaux quartiers.

A Nathalie Kosciusko-Morizet, que esta semana compartió mesa y mantel con un grupo de corresponsales europeos, no le gusta que la etiqueten. Que la clasifiquen como una burguesa o como una mujer de derechas. Ni que le recuerden que viene de una buena familia... “¡Mi bisabuelo era un senador social-comunista!”, protesta. Aunque senador era. Lo mismo que su padre, François Kosciusko-Morizet –hospitalizado en noviembre por un ataque vascular cerebral– es alcalde de Sèvres, en la periferia oeste de París. “No tengo por qué excusarme”, dice. Y dice bien. Pero lo cierto es que, quiera o no, se siente de algún modo obligada a ello.

Del mismo modo que debe defender haber llegado adonde está por sus propios méritos. Titulada en ingeniería por la selecta Escuela Politécnica –¡cuyos estudios incluyen formación militar!–, Kosciusko-Morizet pertenece en consecuencia a la élite, algo que sus adversarios utilizan también en su contra. “No entiendo que se pueda reprochar a alguien tener estudios, yo gané mi ingreso por concurso, no tuve ningún privilegio”, argumenta. Y añade: “Elegí ser ingeniero, eso demuestra un temperamento particular”.

También por mérito propio, y frente a no pocas zancadillas –el sector duro de la UMP la atacó por haberse abstenido en la aprobación del matrimonio homosexual–, se hizo con la nominación de candidata a la alcaldía de París tras ganar las primarias internas celebradas en junio del 2013. Desde entonces, no ha tenido un respiro, debiendo enfrentarse a las tradicionales divisiones de la derecha parisina y a la aparición de candidaturas paralelas aquí y allí... “Todos los disidentes son personas que querían un puesto en mi lista, es un problema de egos”, sostiene. Y advierte que no dará marcha atrás: “Yo he optado por la renovación y la alianza con el centro desde el principio, es una apuesta exigente y arriesgada, pero no voy a ceder al chantaje”, dice con firmeza. Quienes le conocen aseguran que tras su imagen de porcelana hay una mujer hecha de titanio.

Su marido, Jean-Pierre Philippe, de 58 años, ex alcalde socialista, al que conoció en la embajada francesa en Varsovia y con quien tiene dos hijos, la apoya discretamente, siempre desde la sombra.

Ex alcaldesa de Longjumeau, ex consejera regional de Île-de-France, ex ministra de Ecología y diputada, para Kosciusko-Morizet, hacerse con la alcaldía de la capital francesa es –aunque ella no lo diga abiertamente– una etapa más en una carrera política de largo alcance que apunta inevitablemente hacia el Elíseo. Si gana, como Jacques Chirac en 1977, dispondrá de una plataforma inigualable. Pero para ello tendrá que vencer a otra mujer, la socialista Anne Hidalgo, de origen español, mano derecha del alcalde saliente, Bertrand Delanoë, a quien todos los sondeos otorgan ventaja.

Que los dos grandes partidos, la UMP y el PS, presenten como candidata a alcalde a una mujer es algo inédito. Pero a Nathalie Kosciusko-Morizet no le gusta –tampoco– que la reduzcan a esta condición: “Yo tengo el hábito de ser mujer desde hace cuarenta años. No es raro estar aquí, es raro encontrarlo raro”, zanja.


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