miércoles, 6 de febrero de 2013

En busca de los rehenes


El equilibrio de fuerzas ha cambiado. Los grupos armados islamistas ya no son los señores del norte de Mali, sino una fuerza disminuida y acorralada en el macizo de los Ifoghas, al norte de a ciudad de Kidal, cerca de la frontera con Argelia. Francia no le observa ya impotente desde Europa, sino que está a sus puertas.

El bombardeo aéreo sistemático de algunas posiciones islamistas en las montañas llevado a cabo por Francia estos últimos días y el envío de los 600 soldados franceses que estaban en Tombuctú en dirección a Kidal –donde ya se han desplegado 1.800 soldados chadianos– han redoblado la presión sobre los yihadistas. Y abierto una puerta a la liberación de los siete rehenes franceses retenidos por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unicidad y la Yihad en África del Oeste (Muyao) desde el 2010, el 2011 y el 2012.

“Estamos muy cerca”, subrayó el presidente francés, François Hollande, el sábado pasado en la capital maliense, Bamako, desde donde instó a los grupos terroristas a liberar a los rehenes sin condiciones. Y sonó a amenaza.

Si París opta por una negociación aprovechando su actual posición de fuerza –posibilidad por la que apuestan algunos expertos en la materia, pero que contradiría las declaraciones públicas del presidente de la República–, o si se arriesga a lanzar una operación de rescate –que podría acabar tan mal como la desencadenada en Somalia el pasado 11 de enero–, dependerá mucho de las condiciones que puedan crearse. Será más una cuestión de oportunidad que de principios.

El general nigeriano Shehu Abdulkadir, comandante en jefe de la Misión Internacional de Apoyo a Mali (MISMA) –la fuerza militar africana creada de acuerdo con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU–, ha señalado que tropas francesas y malienses preparan una operación de comando para rescatar a los rehenes, retenidos presuntamente en las montañas. Un antiguo jefe del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN) señalaba ayer que la situación actual en el norte de Mali hace más propicia una operación de este tipo que en Somalia cuatro semanas atrás. En este caso, el intento de rescate de un agente del contraespionaje francés acabó con la muerte del rehén y de dos miembros de las fuerzas especiales que participaron en el asalto.

Los familiares de los siete secuestrados, temiéndose lo peor, clamaron ayer por explorar la vía de la negociación y evitar una solución por la fuerza. “Una intervención militar sería muy arriesgada para la vida de los rehenes”, remarcó en declaraciones al canal de televisión BFMTV el abuelo de uno de ellos, René Robert,

En este asunto Francia ha logrado, en el norte de Mali, la complicidad interesada de dos fuerzas de los rebeldes tuareg, el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) y el Movimiento Islámico del Azawad (MIA) –enfrentados ahora a los islamistas–, que habían reclamado que el ejército maliense no entrara en Kidal, ni tampoco ningún ejército africano encuadrado en la MISMA. Así ha sido, hasta ahora. El contingente militar de 1.800 soldados enviados por Chad, país que no es vecino de Mali, actúa fuera de ese marco.

Según un diputado maliense, los tuaregs del macizo de los Infoghas habrían contactado ya con los secuestradores, quienes habrían mostrado una “buena disposición” a tratar sobre las condiciones de liberación de los rehenes. Paralelamente, el MNLA tiene en sus manos a dos dirigentes islamistas, entre ellos uno del Muyao, Oumeini Ould Bab Ajmed, y el número tres del grupo islamista tuareg Ansar al Din, Mohamed Ag Mohamed, y tiene la intención de utilizarlos como baza. “El MNLA –dijo un portavoz– transmitirá a las fuerzas francesas las informaciones recogidas en los interrogatorios”.



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