domingo, 20 de enero de 2013

Sangriento desenlace en Ain Amenas


El asalto islamista a la planta de extracción de gas natural de Ain Amenas, en el este de Argelia, cerca de la frontera con Libia, terminó ayer como había empezado. A sangre y fuego. La operación iniciada el jueves por el ejército argelino para recuperar el control de la planta y rescatar a los más de 600 rehenes retenidos por los terroristas, que reclamaban el fin de la intervención militar de Francia contra los islamistas del norte de Mali, no acabó hasta la mañana del sábado y dejó tras de sí un reguero de varias decenas de muertos. El balance de los cuatro días de secuestro, todavía no definitivo al cierre de esta edición, era de al menos 23 rehenes muertos –según datos del Ministerio del Interior, que no precisó sus nacionalidades–, un elevado coste humano que ha llenado de horror a la comunidad internacional y que ha desatado no pocas críticas hacia los métodos del Gobierno argelino. Francia, interesada en contar con la complicidad de Argelia en su combate contra los islamistas en el norte de Mali, ha sido una llamativa excepción.

El presidente francés, François Hollande, remachó ayer mismo el clavo al juzgar comprensible la actuación argelina. “Cuando hay una toma de rehenes con tantas personas y terroristas tan fríamente determinados, dispuestos a asesinar a sus rehenes –lo que han hecho–, un país como Argelia ha tenido las respuestas que a mi juicio parecen las más adaptadas, puesto que no podía haber negociación”, afirmó.

El asalto definitivo de las fuerzas especiales argelinas –los ninja– al último reducto de los terroristas fue decidido, según fuentes de la seguridad, tras apercibirse de que los últimos 11 islamistas que quedaban atrincherados en las instalaciones, junto a siete rehenes extranjeros, habían empezado a prender fuego en la planta. Según la televisión estatal argelina, en respuesta al asalto los siete rehenes fueron asesinados por sus secuestradores, quienes fueron abatidos después por las fuerzas especiales. Un total de 32 terroristas resultaron muertos. Tras el asalto, los artificieros procedieron a desactivar los explosivos que los islamistas habían colocado en la planta con el fin de hacerla saltar por los aires.

La nacionalidad de los últimos siete rehenes muertos no había sido confirmada al cierre de esta edición, pero la víspera los terroristas habían asegurado a la agencia de noticias mauritana ANI tener en su poder a tres ciudadanos belgas, dos estadounidenses, un británico y un japonés. Durante la noche del viernes al sábado las fuerzas de seguridad liberaron a otros siete rehenes –de nacionalidad japonesa, irlandesa e india– y descubrieron los cadáveres calcinados de 15 personas.

El grupo petrolero británico British Petroleum (BP) –que explota la planta gasista junto con la sociedad argelina Sonatrach y la noruega Statoil– aseguró anoche desconocer el paradero de cuatro de sus trabajadores. Por su parte, Statoil ignoraba el destino de cinco de sus empleados.

Los terroristas, que pertenecían al grupo “Los que firman con sangre”, liderado por el islamista argelino Mojtar Belmojtar, exfundador de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), justificaron el asalto a la planta de Ain Amenas como una represalia por la intervención armada de Francia en Mali y el apoyo de Argelia a la operación al abrir su espacio aéreo a los cazas franceses que han bombardeado en los últimos días la retaguardia de los islamistas en el norte del país.

Los asaltantes reclamaban que Francia detuviera su intervención militar. Pero en sucesivos momentos pidieron también la liberación de cien islamistas detenidos en Argelia y el intercambio de dos rehenes norteamericanbos por dos islamistas presos en Estados Unidos: el jeque Omar Abdel Rahman, considerado el inspirador del primer atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, en 1993, y de Aafia Siddiqui, un paquistaní condenado por haber disparado contra dos soldados norteamericanos en Afganistán

Los testimonios de los rehenes liberados demuestran la determinación y la crueldad de los terroristas. Edelyn Andrada, espos de uno de los trabajadores que pudo ser liberado, el filipino Rubén Andrada, explicó a una radio de Manila que los secuestradores adosaron explosivos a su marido y otros rehenes –“le pusieron una bomba, como un collar”, explicó– y después les colocaron en camiones cargados tambien de artefactos. Andrada se salvó porque la bomba de su camión no explotó. “En otros sí explotaron” –añadió– y los rehenes murieron”.


África pide más compromiso en Mali


Los países de África del Oeste quieren que la comunidad internacional asuma un mayor compromiso en las operaciones militares contra los islamistas en Mali, que hasta ahora llevan a cabo en solitario las tropas malienses y francesas, y que en las próximas semanas serán reforzadas por una fuerza militar africana.
El presidente de Costa de Marfil y presidente de turno de la Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste (Cedeado), Alassane Ouattara, hizo un llamamiento en este sentido en la apertura de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Cedeao celebrada ayer en la excapital ivoriana, Abiyán. “Ha llegado el momento de una movilización más amplia”, afirmó al respecto Ouattara, quien reclamó una “mayor solidaridad con Francia y África en la guerra total y multiforme contra el terrorismo”. “Hay que ir más allá de nuestros efectivos actuales”, añadió.

Hasta ahora, la comunidad internacional, y en especial los aliados occidentales de Francia –Estados Unidos y la Unión Europea–, se han mantenido prudentemente a distancia, comprometiendo únicamente apoyo logístico. El secretario norteamericano de Defensa, Leon Panetta, elogió ayer desde Londres la intervención francesa y añadió que Estados Unidos echará una mano: “Trataremos de ayudar en este esfuerzo”, dijo sin más concreción.

La cumbre de Abiyán había sido convocada precisamente para acelerar el despliegue del contingente militar africano previsto en el marco de la Misión Internacional de Apoyo a Mali aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Nueve países africanos –Benin, Burkina Faso, Ghana, Guinea, Níger, Nigeria, Senegal, Togo y Chad, país este último que no pertenece a la Cedeao– han comprometido el envío de tropas para constituir esta fuerza internacional, que de los 3.300 soldados inicialmente previstos llegará seguramente a 5.800.

Francia, cuyo ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, participó en la cumbre de ayer, cuenta con el despliegue africano en las próximas semanas para pasar a un segundo plano. Las tropas francesas desplegadas en Mali alcanzaron ayer los 2.000 soldados y podrían acabar superando los 2.500 previstos, según admitió el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian. El presidente francés, François Hollande, reiteró ayer una vez más que Francia se quedará en Mali “el tiempo que sea necesario”.

Reconquistada el jueves la ciudad de Konna (oeste) con el apoyo francés –tanto aéreo como terrestre–, el ejército maliense se disponía a entrar ayer con todas las precauciones en Diabali (este), que los islamistas aparentemente habían abandonado.


sábado, 19 de enero de 2013

La pesadilla sigue en Argelia


La pesadilla en la planta gasista de Tiganturin, en In Amenas, en el este de Argelia, asaltada el miércoles por un grupo de islamistas armados en represalia por la intervención militar de Francia en Mali, estaba anoche lejos de haber terminado. Atrincherados en un sector de las instalaciones, una parte de los terroristas retenía todavía al cierre de esta edición a un número indeterminado de rehenes, todos ellos al parecer trabajadores extranjeros de la planta. La agencia de noticias mauritana ANI, que citó como fuente a un portavoz del grupo terrorista, “Los que firman con sangre”, liderado por el yihadista argelino Mojtar Belmojtar, dio la cifra de siete –tres belgas, dos estadounidenses, un británico y un japonés–, aunque no había ninguna confirmación oficial. Los islamistas propusieron intercambiar a los dos norteamericanos por dos terroristas presos en Estados Unidos, pero Washington rechazó de plano negociar.

Más de veinticuatro horas después de que el ejército argelino lanzara su ataque contra los terroristas en In Amenas, la situación en la planta gasista seguía sin estar controlada y la confusión más absoluta persistía sobre el balance de la operación militar, que podría haber causado varias decenas de muertos y heridos. Una fuente gubernamental argelina citada por la agencia oficial APS subrayó que el asalto se había producido en unas condiciones “extramadamente complejas” y que había evitado un “verdadero desastre”. No es éste precisamente el punto de vista de la mayor parte de las capitales occidentales con ciudadanos entre los secuestrados, muy críticas con la forma en que las autoridades argelinas han conducido la crisis.

La agencia oficial argelina APS informó, a partir de fuentes de la seguridad, de que un total de 639 personas habían sido liberadas por la intervención del ejército, de las cuales 573 eran de nacionalidad argelina. Los 66 restantes formaban parte de los 132 trabajadores extranjeros de la planta, explotada por la sociedad argelina Sonatrach, la británica British Petroleum (BP) y la noruega Statoil.

Qué ha sido de los que faltan sigue siendo un misterio. Aparte de los siete que seguían anoche en manos de sus secuestradores, la agencia de noticias argelina habló de 12 rehenes muertos durante el asalto, así como de 18 terroristas. Nada se sabe qué ha pasado con el resto de extranjeros –una sesentena–, dados provisionalmente como desaparecidos. El Gobierno noruego no sabe nada de ocho de sus nacionales.

Algunos de los extranjeros cuyo paradero se desconoce pueden haber muerto, pero otros pueden estar todavía en algún lugar indeterminado de la planta. Las instrucciones de seguridad de los empleados, ante el caso de un ataque, es esconderse. Un francés, Alexandre Berceaux, directivo de la empresa Catering International Services (CIS), ha explicado tras su liberación cómo pasó 40 horas escondido bajo la cama de su habitación. Tres ingleses se escondieron, por su parte, en el falso techo de la despensa del restaurante colectivo. En este local se encontraban agrupados unos 250 argelinos, que al escuchar los tiros y las explosiones

Los testimonios de los trabajadores liberados han permitido confirmar que los terroristas sólo estaban interesados en los trabajadores extranjeros, y en concreto los “expatriados”, enviados a la planta gasista por las dos empresas extranjeras. Según declaró un empleado argelino, Abdeljader, a la agencia Reuters los islamistas buscaban a los “cristianos e infieles”. A quienes consiguieron capturar, los ataron y los recluyeron en un local aparte, mientras los argelinos –una parte de los cuales pudieron irse y otros, la mayoría, quedaron retenidos en la planta– no fueron importunados y algunos de ellos gozaron incluso de una relativa libertad de movimientos en el interior.

Los terroristas, miembros de un grupo que ha hecho del secuestro una especialidad lucrativa, pusieron como condición para liberar al conjunto de los trabajadores de Tiganturin que las autoridades argelinas les abrieran un pasillo para poder escapar con los rehenes occidentales. Ante la negativa de Argel a negociar, los secuestradores intentaron el jueves escapar del recinto con unos cuantos rehenes a bordo de un convoy en dirección a Libia, cuya frontera se encuentra a tan sólo unas decenas de kilómetros. Fue en ese momento cuando las fuerzas especiales del ejército argelino –los llamados ninjas– entraron en acción y desencadenaron la operación de asalto.

Acorralados, los terroristas intentaron ayer jugar la baza de Estados Unidos y ofrecieron al Gobierno norteamericano intercambiar a los dos rehenes estadounidenses que permanecen en sus manos por la liberación de dos islamistas presos en Estados Unidos. Se trata del jeque Omar Abdel Rahman, considerado el inspirador del primer atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, en 1993, y de Aafia Siddiqui, un científico paquistaní condenado por haber disparado contra dos soldados norteamericanos en Afganistán. Washington se negó en redondo. La portavoz de la Secretaría de Estado, Victoria Nuland, subrayó que Estados Unidos “no negocia con terroristas”. El secretario de Defensa, Leon Panetta, por su parte, amenazó a los terroristas con perseguirlos hasta el final: “No encontrarán ningún santuario donde esconderse, ningún refugio, ni en Argelia, ni en el Norte de África ni en ninguna parte”, declaró.

En Francia, el ministro de Asuntos Exteriores. Laurent Fabius, confirmó que un trabajador francés de la planta gasista figura entre los muertos en In Amena, mientras que otros tres han sido liberados y están sanos y salvos. Para París, que se ha guardado mucho de criticar a Argel en este asunto, el desenlace desde el punto de vista interno es menos grave. Pero el alivio puede no ser tal, porque entre los terroristas muertos podría figurar también un francés. No sería la primera vez que se encontrara un yihadista galo en Afganistán o el Sahel. Pero sí que un islamista francés interviniera contra otros franceses. Aparte de Mohamed Merah...



Los islamistas retroceden en Mali


La ciudad de Konna, en la frontera entre el norte y el sur de Mali, vuelve a estar en manos –esta vez, sí– del ejército maliense, que el jueves consiguió reconquistarla con el apoyo de las fuerzas militares francesas –aéreas y terrestres– desplegadas en la zona. Situada 400 kilómetros al norte de la capital, Bamako, y punto clave de la comunicación entre el norte y el sur, la ciudad de Konna había sido tomada por los grupos islamistas procedentes del norte el pasado día 10, lo que precipitó la intervención militar de Francia, iniciada ayer hizo una semana.

La toma de Konna fue anunciada por el ejército maliense a través de un breve comunicado en el que aseguraba haber recuperado el “control total” de la ciudad y haber infligido “severas pérdidas al enemigo”. La información fue confirmada horas después por un portavoz del Ministerio francés de Defensa en París. Los combates más duros se desarrollaron, según el jefe de las fuerzas malienses en la zona, el coronel Didier Dakouo, citado por laagencia France Presse, en torno a la población de Ndegué, a unos treinta kilómetros de Konna. Las fuerzas aéreas francesas respaldaron la ofensiva bombardeando las posiciones de los islamistas.

Al este de Konna, malienses y franceses seguían sin embargo sin lograr la reconquista de la ciudad de Diabali, que los islamistas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) conquistaron el pasado lunes en una contraofensiva sorpresa. Fuentes malienses dieron por hecha ayer la recuperación de la ciudad, pero el Ministerio de Defensa francés desmintió a media tarde este extremo. Los islamistas presentes en la ciudad, según explicó el portavoz militar francés, el coronel Thierry Burkhard, se han mezclado y confundido entre la población local, lo que limita enormemente la capacidad de bombardeos aéreos. “Ellos saben bien que en estas condiciones no dispararemos”, dijo el coronel Burkhard. Un habitante de la ciudad aseguró que los islamistas se habían afeitado la barba y cambiado la vestimenta para camuflarse.

Mientras Francia ha desplegado ya 1.800 soldados en Mali –de un total previstos de 2.500–, los países africanos se disponen a acelerar el envío de tropas para integrar el contingente militar internacional decidido por la ONU en el marco de la Misión Internacional de Apoyo a Mali (Misma), que finalmente debería contar con 5.500 soldados. Nueve países han comprometido hasta ahora su contribución –Benin, Burkina Faso, Chad, Ghana, Guinea, Níger, Nigeria, Senegal, Togo–, que acabará de acordarse en la cumbre extraordinaria que hoy celebrarán en Abiyán los jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Económica de Estados de África del Oeste (Cedeao)

El Comisariado de la ONU para los refugiados alertó ayer que en los próximos meses podría haber un enorme flujo de desplazados por el conflicto, que calcula en 700.000 personas, hacia países vecinos y dentro mismo de Mali. La Iglesia maliense llamó a abrir urgentemente corredores humanitarios para hacer llegar alimento y ayuda a los habitantes de las zonas de combate y la organización Médicos Sin Fronteras reclamó asimismo tener acceso a las zonas hoy cerradas.


viernes, 18 de enero de 2013

Asalto trágico en Argelia


El asalto terrorista a la planta gasista de In Amenas, en el este de Argelia, donde un grupo islamista retenía desde la madrugada del miércoles a 41 rehenes extranjeros y varios centenares de trabajadores argelinos –recluidos en el recinto–, terminó ayer en un baño de sangre. El ejército argelino, con sus fuerzas especiales a la cabeza, lanzó a última hora de la mañana un ataque, para intentar rescatar a los rehenes y capturar a los terroristas, que se prolongó hasta entrada la noche y que acabó con un número indeterminado de muertos y heridos, entre ellos algunos de los secuestrados.

A primera hora de la tarde, un portavoz islamista aseguró a la agencia de noticias mauritana ANI que en el asalto habían perecido 34 de los rehenes extranjeros –entre los que había estadounidenses, británicos, noruegos, japoneses y franceses–, una cifra que la agencia Reuters, citando fuentes locales, redujo horas después a seis. Al cierre de esta edición, el Gobierno argelino no había ofrecido ningún balance oficial. El ministro de Comunicación, Mohamed Said Belail, aseguró anoche en televisión que la operación había permitido liberar a una parte de los rehenes y “neutralizar” a un gran número de terroristas. “Desgraciadamente –añadió– hemos de deplorar algunos muertos y heridos”. Si no había información sobre las cifras, menos aún sobre las circunstancias en que se produjeron las víctimas. Algunos de los rehenes, a quienes los terroristas habían colocado cinturones con explosivos –según explicaron ellos mismos por teléfono–, pudieron ser asesinados por sus captores.

Conforme pasaban las horas, la inquietud –y una cierta irritación– fue ganando terreno en las capitales que contaban con algunos de sus nacionales entre los rehenes. Washington expresó su preocupación por la falta de explicaciones de las autoridades argelinas, mientras Londres se quejó de no haber sido advertido antes del asalto y Tokio instaba a Argel a detener el ataque. El primer ministro británico, David Cameron, suspendió el viaje que tenía previsto hacer hoy a Amsterdam –donde debía pronunciar un importante discurso sobre la Unión Europea– y preparó al país para recibir “malas noticias”.

París fue, en cambio, mucho más contemporizador. El presidente francés, François Hollande, que habló de un desenlace en “condiciones dramáticas”, se abstuvo de toda crítica hacia Argelia, un país con el que Francia mantiene una compleja relación y que resulta un aliado fundamental en la crisis actual. Hollande aprovechó para reafirmar su determinación de proseguir el combate contra a los islamistas: “Lo que pasa en Argelia justifica aún más mi decisión de acudir en ayuda de Mali para detener la agresión terrorista”, declaró.

Los asaltantes de la planta gasista argelina, pertenecientes al grupo del líder islamista argelimo Mojtar Belmojtar –uno de los fundadores de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI)–, justificaron su acción como represalia por la intervención militar de Francia contra los islamistas del norte de Mali y el apoyo ofrecido para esta operacióm por Argelia, que abrió su espacio aéreo a los cazabombarderos franceses Rafale. Situada a escasos kilómetros de la frontera con Libia, la planta de In Amenas es explotada conjuntamente por la sociedad argelina Sonatrach, la británica British Petroleum (BP) y la noruega Statoil. En ella trabajan habitualmente 700 personas.

El Gobierno argelino, que se negó por principio a negociar las exigencias de los terroristas, aseguró a través de su ministro de Comunicación haber intentado durante más venticuatro horas encontrar una solución pacífica. Pero la actitud “extremista” de los asaltantes de la planta hizo inevitable la intervención. Además de reclamar el cese de la intervención armada de Francia en Mali, los terroristas exigian la liberación de un centenar de islamistas presos en Argelia y que les dejaran partir en dirección a Libia con los rehenes extranjeros. Según el Gobierno argelino, los terroristas procedían de Libia. Entre ellos podría haber, según la agencia Reuters, un yihadista de nacionalidad francesa.

El asalto de las fuerzas especiales argelinas se desencadenó al parecer cuando una parte de los secuestradores trató de salir de la planta en un convoy, llevando consigo a algunos de los rehenes, con el objetivo de tratar de ganar la frontera. Una parte de las víctimas, acaso la fundamental, se produjo aquí. Posteriormente, el ejército asaltó la planta, lo que debido a sus magnitudes y su complejidad llevó varias horas. En contra de lo que los islamistas denunciaron a primera hora de la tarde, el ejército no bombardeó la planta con helicópteros de combate, algo que hubiera podido provocar una catástrofe de una magnitud inconmensurable.

Los trabajadores argelinos de la planta –algunas fuentes hablaban ayer de alrededor de 600– fueron liberados, así como algunos de los rehenes extranjeros. A diferencia de estos últimos, atados y recluidos en un local de la planta, los argelinos permanecían retenidos en el recinto pero gozaban de una relativa libertad de movimiento. La guerra, en todo caso, no iba contra ellos.

El número y la nacionalidad de los rehenes extranjeros liberados seguía siendo incierta al cierre de esta edición. Algunas fuentes hablaban de tres o cuatro. Otras aseguraban que una quincena habrían logrado escapar por sus propios medios de la planta.

La drástica intervención del ejército argelino provocó un malestar general en la mayoría de los países afectados, que hubieran deseado agotar antes todas las vías de diálogo posibles para tatar de salva la vida de los rehenes antes de optar por una acción militar. Washington llegó a ofrecer a Argel el concurso de sus fuerzas especiales para realizar una operación de rescate, pero los argelinos rechazaron toda cooperación exterior. En Francia se manifestaba, en general una gran comprensión hacia la línea dura aplicada por las autoridades argelinas, habida cuenta del trauma que causó el terrorismo islamistas en los años noventa.


Francia sube a 1.800 soldados

El despliegue del ejército francés se prosigue sin descanso en Mali, donde ayer había ya regrupados 1.800 soldados. Francia tiene previsto llegar en principio hasta 2.500, con el fin de contener todo avance de los grupos islamistas que controlan el norte del país y preparar el terreno para la reconquista de la mitad septentrional por parte del ejército regular maliense. Varios países africanos han prometido enviar cotingentes militares para integrar la futura Fuerza Internacional de Apoyo a Mali (Misma) prevista por la ONU. Los 3.300 soldados previstos podrían acabar siendo al final unos 5.000. Ayer llegaron los primeros a Bamako: se trata de 200 miembros de los grupos especiales del ejército de Chad. Las fuerzas francesas participan, junto a las tropas malienses, en los combates por retomar el control de las ciudades de Konna (oeste) y Diabali (este), en manos de los islamistas, apoyados por la fuerza aérea.






jueves, 17 de enero de 2013

Contragolpe islamista en Argelia


Cinco días después de que Francia empezara su intervención militar para combatir a los islamistas en Mali, los yihadistas dieron ayer un espectacular contragolpe al asaltar una planta gasista en el este de Argelia y secuestrar a 41 occidentales –estadounidenses, noruegos, británicos, japoneses y probablemente también franceses– que al cierre de esta edición mantenían como rehenes y a cambio de cuyas vidas reclamaban el cese de la intervención armada francesa. En el asalto, que se produjo en la madrugada del miércoles, murieron un británico y un argelino, y seis personas más resultaron heridas, entre ellas dos británicos y un noruego. El ejército, la gendarmería y las fuerzas especiales argelinas –los ninja– tenían rodeada la planta, que los islamistas amenazaban con hacer volar por los aires si los militares lanzaban un ataque.

El objeto del asalto es la planta de extracción de gas natural de Ain Amenas, situada a escasos kilómetros de la frontera con Libia y a más de 1.000 kilómetros de Mali, país del que los asaltantes aseguraron venir (algo que el ministro del Interior argelino, Dahu Uld Kablia, descartó, asegurando que eran de la región). La planta es explotada por la sociedad argelina Sonatrach en colaboración con la británica British Petroleum (BP) y la noruega Statoil, y en ella trabajan 700 personas.

Los asaltantes, un grupo fuertemente armado integrado al parecer por unos 60 combatientes, pertenecen a la organización “Los que firman con sangre”, una facción creada el año pasado por el argelino Mojtar Belmojtar, uno de los fundadores de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). Además de una respuesta a la intervención francesa, la operación parece también una represalia directa contra Argelia por haber abierto su espacio aéreo a los aviones de combate franceses Rafale que han bombardeado estos días las bases islamistas en el norte de Mali y por haber cerrado su frontera terrestre con este país.

Una gran confusión reinaba todavía anoche sobre la nacionalidad de los 41 occidentales secuestrados por los islamistas –que, según testimonios contactados telefónicamente, los mantenían encerrados en unos locales de la planta–, así como el número de trabajadores argelinos –al parecer, varios centenares– que seguirían retenidos en el recinto, pese a que una parte habrían sido liberados. Entre ellos hay, al menos, 150 empleados locales de la empresa francesa CIS Catering.

Según una primera reivindicación a la agencia privada de noticias mauritana ANI, entre los rehenes habría siete estadounidenses –lo que ha sido confirmado por Washington, aunque sin precisar su número–. El Gobierno noruego confirmó por su parte que entre los retenidos había también 13 ciudadanos de esta nacionalidad. Está confirmada asimismo la presencia de británicos –entre ellos, un norirlandés– y de japoneses. Y se sospecha que puede haber también franceses, pero el presidente François Hollande aseguró anoche no haber podido todavía verificar este extremo. Los occidentales permanecen, al parecer, recluidos y atados. Mientras que el resto del personal puede moverse más o menos libremante por la planta.

Los secuestradores exigieron al Gobierno argelino la liberación de cien islamistas presos en las cárceles argelinas y un paso franco para abandonar el país con los rehenes extranjeros. El ministro del Interior, Dahou Ould Kablia, aseguró que no había “nada que negociar con los terroristas”. Los islamistas replicaron amenazando con destruir la planta, en la que han colocado explosivos, si el ejército decida lanzar un asalto.
“Somos miembros de Al Qaeda y hemos venido del norte de Mali. Pertenecemos a la brigada Jaled Abul Abbas, Mojtar Belmojtar”, declaró un portavoz de los asaltates en el momento de reinvidicar la acción. Y recordó que Belmojtar había “amenazado con responder a toda intervención militar en Mali”. Venidos de Mali –lo que nadie cree, por más que tengan vínculos–, de la vecina Libia o del propio desierto argelino, los expertos consideran que el asalto a la planta debía haber sido preparado desde hace tiempo y los acontecimientos en Mali sólo lo habrían precipitado.

Mojtar Belmojtar, el tuerto, que recientemente se separó de AQMI, era uno de los jefes militares del GIA (Grupo Islamista Armado), que en los años noventa puso a Argelia a sangre y fuego. Posteriormente, participó en la fundación de Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), que en el año 2007 se convirtió en la rama magrebí de Al Qaeda. Su grupo, instalado en el Sahel, se especializó en los últimos años en el secuestro de ciudadanos occidentales, con el fin de obtener rescates con los que financiar la compra de armas. Francia le atribuye el secuestro y muerte de cuatro franceses en Mauritania en el 2007. También se le atribuye el secuestro de otros dos s franceses que resultaron muertos en enero del 2011, en la frontera entre Mali y Níger, en otra operación fallida operación de rescate de los servcicios especiales.





Los franceses combaten en el suelo


Los soldados franceses combaten ya directamente en Mali contra las fuerzas islamistas que controlan el norte del país. La Operación Serval, que empezó como una acción de apoyo aéreo en respaldo del ejército regular maliense para hacer frente a la ofensiva de los yihadistas, se ha convertido en una intervención terrestre. Los bombardeos desde el aire, a cargo de cazas Mirage y Rafale, sobre las posiciones, bases y centros logísticos de los islamistas han empezado a perder efectividad, ante la dispersión de las fuerzas yihadistas en la vastedad del desierto y su dilución entre la población local en las ciudades, obligando a descender al suelo.

Efectivos de las fuerzas especiales francesas ha entrado ya en combate con los islamistas en la zona de Diabaly, en el este de Mali, una ciudad conquistada por los islamistas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) el lunes. Fuentes malienses de seguridad aseguraron a France Presse que los franceses combatían “cuerpo a cuerpo” con los yihadistas, un extremo este último que el Ministerio francés de Defensa desmintió después. Las tropas francesas estarían también apoyando al ejército maliense en su intento por recuperar la ciudad de Konna, en el oeste, cuya pérdida el pasado jueves ante la ofensiva islamista precipitó la intervención militar de Francia. Grupos de blindados franceses estaban desplegándose a su vez en la zona próxima al frente y ayer tomaron el control preventivo de un puente estratégico sobre el río Níger cerca de Markala.

Francia cuenta en este momento con 800 soldados desplegados en Mali, una cifra que debería alcanzar en los próximos días los 2.500. Paralelamente, los países africanos comprometidos en el envío de una fuerza internacional a Mali integrada por 3.300 soldados –Senegal, Níger, Burkina Faso, Costa de Marfil, Togo, Benin, Guinea, Ghana...– han empezado a acelerar los preparativos.

En Francia, las dos cámaras del Parlamento –la Asamblea Nacional y el Senado– debatieron la intervención militar en la antigua colonia, aunque sin que mediara ninguna votación. El apoyo a la intervención fue prácticamente unánime, aunque el secretario general de la UMP, Jean-François Copé, puso el dedo en la llaga al expresar su preocupación por el hecho de que Francia se encuentre “aislada” y hg frente en solitario al problema. Fuera del hemiciclo, el presidente François Hollande, negó que Francia se encuentre sola y repasó una vez más los apoyos políticos recibidos del Consejo de Seguridad de la ONU, los países africanos y la Unión Europea, algunos de cuyos miembros prestan asimismo apoyo logístico. “Si no hubiéramos intervenido –reiteró una vez más–, Mali hubiera sido completamente conquistado por los terroristas”. Fuentes del Elíseo insistieron en quitar hierro a la situación, subrayando que una vez iniciada la operación sería muy difícil y complejo incorporar a otros países al dispositivo.

Paralelamente, el fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda, anunció ayer la apertura de una investigación oficial sobre los crímenes de guerra cometidos en Mali desde el inicio de la guerra en enero del 2012.