miércoles, 2 de julio de 2014

Sarkozy, 15 horas de arresto y una imputación

La justicia no está dispuesta a mostrar piedad con Nicolas Sarkozy. El ex presidente francés pasó ayer 15 horas bajo arresto en la sede central de la policía judicial para ser interrogado por los agentes de la Oficina central de lucha contra la corrupción y, ya entrada la madrugada, salió del despacho de las jueces de instrucción Patricia Simon y Claire Thépaut, en el polo financiero del Tribunal de Gran Instancia de París, imputado por los presuntos delitos de corrupción activa, tráfico de influencias y encubrimiento de violación del secreto de la instrucción.

No es la primera vez en la V República que un ex jefe del Estado es perseguido por la justicia. Su antecesor en el Elíseo, Jacques Chirac, fue asimismo interrogado, imputado, juzgado y condenado. Pero nunca antes se había llegado a imponer un arresto, una especie de condena mediática que no parece ajena a los violentos enfrentamientos que Sarkozy mantuvo con la judicatura siendo presidente de la República y aún antes, ministro del Interior.

La justicia sospecha que Sarkozy pudo haber tratado, por mediación de su abogado, Thierry Herzog, de obtener información sobre el curso del caso Bettencourt en el Tribunal de Casación, e incluso haber intentado influir en su decisión. El ex presidente de la República, que ya había sido imputado –y posteriormente exculpado– en el citado caso por abuso de debilidad sobre la heredera del grupo l’Oréal, Lilianne Bettencourt, de 91 años, pretendía que el Tribunal de Casación anulara la utilización de sus agendas oficiales del Elíseo como prueba, alegando que estas estaban también protegidas por el estatuto de impunidad penal del jefe del Estado en el ejercicio de su cargo.

El objetivo del ex presidente era desactivarlas no sólo –o no tanto– en el caso Bettencourt, sino también en otros 'affaires' que le amenazan, como el caso Tapie. Al final, no lo consiguió. Pero a la justicia le importa bien poco si se salió con la suya o no. El mero hecho de intentarlo ya es un delito. Y en Francia puede ser castigado con hasta cinco años de prisión y una multa de 500.000 euros.

El presunto informador de Sarkozy y Herzog en el Tribunal de Casación era un amigo de este último, el magistrado Gilbert Azibert, abogado general (fiscal) en la sala de lo civil, quien al parecer tenía asimismo contacto con otro abogado general, Patrick Sassoust, de la sala de lo criminal, que era la encargada de dictaminar sobre el asunto de las agendas. A cambio de su ayuda, Sarkozy habría prometido a Azibert –siempre por mediación de su abogado– ayudarle a conseguir un puesto de consejero de Estado en el Principado de Mónaco.

Herzog y los dos magistrados ya fueron llamados a declarar bajo detención el lunes, y tras pasar toda la noche en las dependencias policiales, ayer siguieron siendo interrogados. Azibert y Herzog fueron los primeros en salir y ser presentados a las jueces de instrucción. Y, al igual que Sarkozy, salieron imputados.

Citado por los agentes de la oficina central de lucha contra la corrupción, Nicolas Sarkozy llegó poco antes de las ocho de la mañana, conducido por su chófer, a la sede central de la policía judicial en Nanterre (periferia oeste de París), donde le comunicaron su detención. Salvo en casos especiales –como los de terrorismo– este periodo de arresto no puede exceder de las 48 horas, tras las cuales debe ser puesto en libertad sin cargos o enviado ante el juez, que puede imputarle o citarle como testigo (simple o asistido de abogado). Sarkozy tenía derecho ayer a ser interrogado con un abogado, pero renunció por el hecho de que el suyo se encontraba asimismo detenido. Era también un modo de expresar su protesta.

El caso del Tribunal de Casación, por el cual se abrió una investigación oficial el pasado mes de abril –encargada a las magistradas Patricia Simon y Claire Thépaut–, se destapó casi por casualidad. Otros dos jueces, Serge Tournaire y René Grouman, que investigan la presunta financiación ilegal de la campaña electoral de Sarkozy en las presidenciales del 2007 por parte del desaparecido líder libio Muamar el Gadafi, decidieron el año pasado poner bajo escucha a varios colaboradores próximos del ex presidente francés. Y, a partir de septiembre, también a este último.

Fue a través de estas escuchas que, inesperadamente, los investigadores se toparon con el caso del Tribunal de Casación... Descubrieron que Sarkozy y Herzog estaban muy bien informados sobre el desarrollo de la instrucción en el citado tribunal y que, además, habían sido advertidos por alguien de que podían estar bajo escucha, tal eran las precauciones que tomaban en sus conversaciones. Poco tardó en descubrir la policía que ambos se habían agenciado, utilizando una identidad falsa, dos teléfonos móviles paralelos para mantener sus conversaciones confidenciales. Sarkozy adoptó el nombre de Paul Bismuth, que resultó ser también el de un promotor inmobiliario israelí, antiguo compañero de instituto de Herzog (el Bismuth verdadero ha amenazado, hasta ahora sin hacerlo, con presentar una demanda por usurpación de identidad)

Interceptado el buen canal de comunicación, los investigadores grabaron conversaciones muy comprometidas entre Sarkozy y Herzog sobre sus gestiones con el magistrado Gilbert Azibert, que son las que precipitaron la apertura de una nueva instrucción. Las escuchas hacen sospechar asimismo de la existencia de una red más vasta de informadores de Sarkozy en el mundo de la judicatura y de la policía. Entre ellos estaba aparentemente el patrón de la Dirección Central de Información Interior (DCRI), Patrick Calvar, a quien el expresidente habría intentado sonsacar información sobre el caso Gadafi.

La detención de Sarkozy provocó ayer un seísmo entre la clase política, particularmente en la derecha. Las reacciones en el seno de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) fueron, sin embargo, contrastadas, en un reflejo de las luchas fratricidas que se libran en su seno. Los sarkozystas militantes salieron rápidamente en defensa del expresidente y denunciaron un “encarnizamiento” por parte de la justicia. Sus protestas fueron tan expresivas como los silencios de sus principales rivales en el partido, desde Alain Juppé hasta François Fillon, pasando por Xavier Bertrand. Un diputado popular, Philippe Gosselin, se atrevió a sugerir que acaso la UMP debería “dejar de lado los afectos y actuar en interés del partido”. Soltar lastre, en definitiva. 


Seis amenazas en el camino

Exculpado en octubre del 2013 en el caso Bettencourt –en el que estaba imputado por abuso de debilidad en la persona de la heredera del grupo L’Oréal, la anciana Liliane Bettencourt–, Nicolas Sarkozy se ve amenazado por seis casos judiciales abiertos. El primero en importancia –aunque último en aparecer– es el del presunto tráfico de influencias con un magistrado del Tribunal de Casación. Pero aún tiene otros cinco pendientes: el caso Tapie, sobre un presunto trato de favor a su amigo el empresario Bernard Tapie en su litigio con el Estado por la venta de Adidas; el caso de los sondeos del Elíseo, sobre un supuesto encargo a dedo de estudios de opinión; el caso Bygmalion, de facturas falsas para ocultar haber sobrepasado el gasto permitido en la campaña del 2012; el de la presunta financiación de su campaña del 2007 por el desaparecido líder libio Muamar el Gadafi; y el caso Karachi, sobre el supuesto pago de comisiones ocultas en la venta de submarinos a Pakistán para financiar la campaña de Édouard Balladur en 1995, de la que Sarkozy era el portavoz.






Estrasburgo avala la prohibición del velo

La prohibición de vestir el velo integral –burka o niqab– en el espacio público, en vigor en Francia desde abril del 2011, no vulnera ningún derecho fundamental. Así lo ha dictaminado en una sentencia dada a conocer ayer la Gran Cámara del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que ha rechazado una demanda presentada en este sentido por una joven musulmana francesa de 24 años. El tribunal ha considerado por una amplia mayoría –de 15 a 2 votos– que la interdicción aprobada por Francia, y posteriormente por Bélgica, es una medida justificada por cuanto la ocultación del rostro “puede atentar contra la convivencia”. Y ha entendido que tal iniciativa entra de lleno en el “amplio margen de apreciación” de que disponen los Estados.

La llamada ley del velo, aprobada por el Parlamento francés a finales del 2010 –aunque no entró en vigor hasta abril del 2011–, prohíbe toda vestimenta que oculte el rostro en el espacio público, bajo la amenaza de una sanción de 150 euros de multa y la obligación de seguir un cursillo de ciudadanía. Precisamente, la “levedad” de las sanciones previstas en la ley es un factor fundamental que el tribunal tiene en cuenta para considerar que la prohibición es “proporcionada” respecto al objetivo perseguido.

La nueva norma fue impugnada por una joven francesa de confesión musulmana y abogada de profesión –cuya identidad no ha trascendido–, quien alegó que vestía el velo integral por convicción personal, sin que nadie le obligara a ello, y que la prohibición atentaba contra su derecho al respeto a la vida privada y familiar (artículo 8 de la Convención europea de los derechos humanos), y a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (artículo 9), además de vulnerar el artículo 14, que condena toda discriminación. El tribunal, por amplia mayoría en los dos primeros casos y por unanimidad en el tercero, rechazó los argumentos de la demandante, quien por boca de su abogado, Ramby de Mello, mostró su “decepción” por el fallo.

No todo en la sentencia es, sin embargo, favorable a las tesis del Estado francés. Así, el argumento de que la prohibición del velo integral –la ocultación del rostro en general– se justificaba por motivos de seguridad es totalmente rechazado. Según los jueces, la prohibición por este motivo podría considerarse desproporcionada, salvo que pudiera acreditarse una amenaza general contra la seguridad pública, lo cual –agregan– no se demuestra en ningún momento.

Del mismo modo, aun aceptándola, expresan su “preocupación” por el “impacto negativo” que tal medida puede tener sobre las mujeres afectadas –apenas 1.900, según cálculos oficiales– y, sobre todo, por las “declaraciones islamófobas” que se suscitaron durante el debate de la ley. No obstante, como ya se ha dicho, el tribunal juzga legítimo el objetivo de proteger la convivencia y acepta el recurso a la prohibición de “prácticas o actitudes que ponen fundamentalmente en cuestión la posibilidad de relaciones interpersonales abiertas que, en virtud del consenso establecido, es un elemento indispensable de la vida en sociedad”. Con todo, llama a ser vigilantes para evitar los excesos.

Ayer mismo, el Tribunal de Apelación de Versalles confirmó la condena a tres meses de prisión –con suspensión condicional de la pena– y una multa de 1.000 euros a un joven que en julio del 2013 se opuso violentamente a la identificación de su mujer, vestida con el niqab, en Trappes (sudoeste de París). La mujer fue condenada en primera instancia a los 150 euros de multa y a un mes de cárcel –igualmente con suspensión– por injurias y rebelión.



domingo, 29 de junio de 2014

Franceses con acento español

El 31 de julio de 1914, mientras Europa avanzaba con determinación hacia la hecatombe de la Primera Guerra Mundial, nacía en Courbevoie –en la periferia oeste de París– Louis de Funès, probablemente el mayor cómico francés de todos los tiempos. Francia celebra hoy el centenario de su nacimiento elogiando de forma unánime el genio cómico de un actor que arrastró al cine a millones de espectadores de varias generaciones. Pocos saben, sin embargo, que Louis de Funès, que tan magistralmente encarnó el arquetipo del francés gruñón –“Je râle, donc je suis” (Protesto, luego existo)– era de origen español.

Luis de Funes y de Galarza era su verdadero nombre. Sus padres, pertenecientes a la alta burguesía, no se trasladaron a Francia por motivos económicos ni políticos. Sino por amor. Para hacer posible una unión condenada por la familia. En aquella época, principios del siglo XX, si se exceptúan artistas e intelectuales, los españoles que se trasladaban a Francia lo hacían por otros motivos. Eran, en general, campesinos pobres, que acudían a trabajar como jornaleros en el campo o como obreros sin cualificación en la industria. La mayoría se asentaba en el sur de Francia. El caso De Funès, si no es muy representativo, ilustra en cambio cómo los hijos y nietos de españoles se han ido instalando, con los años, en todos los ámbitos y estamentos de la sociedad francesa. Hasta destacar con luz propia.

Louis de Funès no es, por cierto, un caso único en la industria del cine y del espectáculo. Ahí está, por ejemplo, el celebrado Jean Reno –en sus documentos de identidad, Juan Moreno–, de origen gaditano y nacido en el antiguo Protectorado francés, como la actriz y realizadora Nicole Garcia, hija de un modesto comerciante español. Apellidos hispanos pasean también por los títulos de crédito los actores Olivier Martinez y Vincent Perez –que aunque nacido en la ciudad suiza de Lausana, ha hecho su carrera en Francia–. En la música, una de las cantantes más populares ostenta el nombre artístico de Olivia Ruiz, apellido que rescató de su abuela, quien–como tantos republicanos españoles– pasó por el indigno campo de concentración de Argelès-sur-Mer.

Hijo de un anarquista catalán refugiado era también Raymond Domenech, ex entrenador de la selección francesa de fútbol, un puesto que antes ocupó otro español. Michel Hidalgo. En el mundo del fútbol hay aún otras figuras, como Luis Fernández –ex entrenador del PSG– y Mathieu Valbuena, que juega estos días en Brasil representando a Francia.

La Guerra Civil empujó a miles de españoles al otro lado de los Pirineos. La emigración española a Francia, sin embargo, viene de antes. El primer gran salto se produjo en los años veinte, alentado por la necesidad de mano de obra derivada de la Primera Gierra Mundial. Y se disparó en la época dorada llamada los 'Treinta gloriosos', sobre todo en los cincuenta y sesenta. En 1968, los españoles llegaron a 607.000 y constituían la primera nacionalidad extranjera (una cifra que resultaría diezmada después a causa de la crisis del petróleo)

La mayoría encontraron empleo en la agricultura y la industria del automóvil, la siderurgia y la construcción. En general, vivían precariamente. Algunos, en barracas, en el departamento de Sena-San Denís, al norte de París. Otros, en esas minúsculas habitaciones –'chambres de bonnes' (habitaciones de criadas)– que se apiñan en el último piso de los edificios señoriales de la capital. Una película reciente –"Les femmes du 6e étage"– recuerda esa época. La misma en la que el selecto y burgués distrito XVI de París era conocido como el “distrito de los españoles”, porque españoles eran –como después serían portugueses– sus conserjes.

La familia de la nueva alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo –llegada a Francia con dos años–, forma parte de esa historia. El padre, electricista, se llevó en 1961 a toda su familia a Lyon, donde trabajó para la empresa Electrifil. Su elección, como la llegada del barcelonés Manuel Valls a Matignon, han hecho visible la emergencia de toda una generación. La trayectoria del nuevo primer ministro, sin embargo, es diferente. Su padre, el pintor Xavier Valls (1923-2006), se instaló en París en busca de un ambiente más propicio para desarrollar su obra figurativa, lejos de las capillas artísticas de Barcelona, que le asfixiaban. “Un día –ha explicado– en la escuela rellenamos un formulario en el que preguntaban la profesión del padre. La maestra vino después a decirme que no debía avergonzarme de tener un padre pintor...”. De brocha gorda, se entiende. En los sesenta, la sociedad francesa no concebía que los españoles no fueran pobres de solemnidad.

Hoy, esta percepción ha cambiado radicalmente. Y a nadie sorprende, por ejemplo, que sea también un francés de origen español, Jean-Luc Martinez, el director del Museo del Louvre. Que el consejero diplomático del presidente François Hollande, Paul-Jean Ortiz, y el portavoz del Quai d’Orsay, Romain Nadal, tengan el mismo origen. Que la presidenta de Havas Worldwide se llame Mercedes Erra; el director delegado de la Société Générale, Bernardo Sánchez Incera, o el director general adjunto de Hermès, Patrick Albaladejo... Que Frédéric Lopez conduzca alguno de los programas más valorados de la televisión –'Rendez-vous en terre inconnue', 'La parenthese inattendue'–, o que el informativo de mayor audiencia de la TV pública, France 2, esté dirigido por otro barcelonés, David Pujadas...

Una bonita revancha. Aunque con un peaje: de españoles, todos ellos tienen ya muy poco. Sus raíces, sus apellidos, su lengua –y no siempre– es lo único que conservan. Si algo son, es esencialmente franceses.



“La diferencia puede ser una oportunidad”
Entrevista a Mercedes Erra, presidenta de Havas Worldwide y del Museo de la Inmigración

Nacida en Sabadell en 1954 y llegada a Francia de niña, Mercedes Erra encarna el modelo republicano de integración, que tiene en la escuela –hoy, enfrentada a graves problemas– la clave del ascenso social. Presidenta ejecutiva de la multinacional de la publicidad y la comunicación Havas Worldwide y fundadora de una de sus filiales, BETC, es hoy una de las empresarias francesas más influyentes. Sus orígenes le llevaron a aceptar en el 2010 la presidencia del consejo de administración del Museo de la Inmigración.

- ¿Por qué un museo

- Francia se ha construido con la inmigración, como Estados Unidos. Una cuarta parte de los franceses procede de la inmigración y eso si nos remontamos únicamente a los abuelos. Hoy más que nunca es necesario un lugar así, donde se explique la aportación de la inmigración a la construcción del país. El modelo de integración francés, no comunitario, implica que uno puede devenir francés sin ser francés de pura cepa.

- ¿No le molesta esta expresión, “de pura cepa”?

- No, para nada. Lo importante es ser francés. Lo importante es aceptar la diversidad. Y compartir un zócalo de valores comunes. Para ser francés no es necesario haber nacido en Francia, eso hay que repetirlo obstinadamente. El museo combate la demagogia.

- ¿Qué significa para usted tener a dos españoles, Manuel Valls y Anne Hidalgo, como primer ministro y alcaldesa de París?

- Es una demostración de que la integración funciona. ¡Y de que lo conseguimos! Yo me siento muy próxima de Valls, mi historia es también la suya.

- ¿Cómo vivió su llegada a Francia?

- Yo tenía seis años. Tuve que aprender francés –lengua de la que acabé siendo profesora–, tuve que luchar en la escuela, donde se burlaban de mi acento y de mi nombre. Eso forja el carácter. La diferencia puede ser una oportunidad. El confort no siempre construye y yo tuve la suerte de tener que batirme. Moverse, cambiar de país, ayuda a relativizar las cosas, te hace más tolerante. El movimiento, el cambio, han estructurado mi vida, mucho más que el hecho de haber nacido en Catalunya.

- ¿Mantiene vínculos con su tierra de origen?

- Sí. Mis padres regresaron y viven en Orrius. Yo me siento muy catalana y muy francesa a la vez. No hay que simplificar a la gente. Yo no estoy por la separación, todo esto me fatiga, no comprendo nada... Yo estoy por Europa.


sábado, 28 de junio de 2014

La hermana atormentada

La familia. Como motor, como refugio. Como prisión y como tormento, también. Pero siempre en el centro de todo. Para Valeria Bruni-Tedeschi, de 49 años, la familia es el eje de su vida y de su trayectoria artística. Viniendo de una italiana, parece un tópico. Sólo que, en su caso, el cliché casa a la perfección con la realidad. Actriz y realizadora cinematográfica, además de “hermana de” –la sombra de Carla Bruni siempre la ha oscurecido un poco-, Valeria Bruni-Tedeschi ha construido su carrera como directora en torno a su historia personal y familiar. Y en sus películas ha recurrido siempre a su familia para interpretar a los personajes principales. Su tercer filme, “Un castillo en Italia”, actualmente en las carteleras españolas, no ha escapado tampoco a la regla.

Historia de una familia de la alta burguesía venida a menos, con la madre obligada a desprenderse del castillo que posee en el norte de Italia, una hija actriz que vive a caballo de París y la casa familiar, y un hijo que muere de sida, “Un castillo en Italia” guarda enormes similitudes con la vida de los Bruni-Tedeschi. La realizadora franco-italiana no niega las semejanzas, aunque tiende a relativizarlas. Su madre, Marisa Borini –que asume en la película su propio papel, por el que fue nominada al César a la mejor actriz en un papel secundario en el pasado Festival de Cannes-  asume, en cambio, sin ambages, su carácter biográfico. “Es la historia de nuestra familia”, ha dicho.

A pinceladas, de forma fragmentada, la historia de la familia Bruni-Tedeschi aparece en “Un castillo en Italia” –la tercera película de la directora- como aparecía ya en “Es más fácil para un camello” (2003), donde abordaba la relación con su hermana y la inminente pérdida de su padre enfermo – “No es una autobiografía, sino un autorretrato”, alegó entonces-, y en “Actrices” (2007), sobre una actriz en la cuarentena y en plena crisis, que se enamora de un actor más joven. El intérprete, Louis Garrel -19 años más joven que Valeria Bruni-Tedeschi- se convirtió a raíz de esta película en el compañero sentimental de la actriz y realizadora, que hasta entonces había mantenido una relación con el director italiano Mimmo Calopresti.

Bruni-Tedeschi y Garrel adoptaron en el 2009 una niña, Céline, y en el 2012 se separaron. Lo que no ha impedido que la directora pensara en su “ex” para interpretar en su nueva película el papel de su enamorado. “Cuando escribí el guión tenía ganas de que fuera él”, ha confesado, “me gusta rodearme de la gente a la que quiero”.

En las películas de Valeria Bruni-Tedeschi, la ficción y la realidad se entremezclan hasta difuminar todas las fronteras. En su caso no se trata de un accidente, sino de una vocación. Su madre ha hecho de su madre en las tres películas. Y si su hermana, Carla Bruni, no ha hecho otro tanto es porque en su momento declinó la invitación. “Para mí, la familia constituye un motor de creación esencial” -ha dicho-. Todo parte de y conduce de nuevo a la familia”. Una familia percibida como “identidad” y como "prisión” de la que hace falta liberarse para devenir uno mismo.

Sobre todo del padre, esa figura totémica que presidió la infancia de Valeria Bruni-Tedeschi. “Yo creo que una chica tiene que ‘divorciarse’ de su padre para poder estar con otro hombre, pero ocurre que cuando el padre es demasiado seductor, eso se convierte en algo muy difícil y doloroso”, declaró en una ocasión.

El padre, ese padre idolatrado, desaparecido en 1996, era Alberto Bruni-Tedeschi, un industrial –fundó la CEAT (Cavi Elettrici Affini Torino), una industria de neumáticos después integrada en Pirelli- que en una segunda vida se dedicó a componer óperas. Valeria, nacida el 16 de noviembre de 1964 en Turín, fue la segunda hija del matrimonio formado por Alberto Bruni-Tedeschi y Marisa Borini, actriz y concertista de piano. El primogénito, Virginio, murió a causa del sida en el 2006. Y la tercera, Carla, se convertiría en el miembro más famoso de la familia, merced a una carrera doblemente exitosa –top model primero, cantautora después- y a su matrimonio con Nicolas Sarkozy, que la convirtió en primera dama de Francia. La más auténtica Bruni, sin embargo, es Valeria, puesto que años después se supo que el verdadero padre de Carla era el empresario Maurizio Remmert, un antiguo amante de su madre.

La vida de toda la familia dio un vuelco en 1973, cuando el patriarca decidió trasladarse a París para huir del peligro de las Brigadas Rojas, que habían comenzado a extorsionar a los miembros de la alta burguesía italiana con la amenaza de secuestrar a sus hijos. Valeria siempre vivió mal su condición de niña rica –“Cuando eres rico, siempre hay una sensación de vergüenza ante el sufrimiento”, opina- y probablemente debido a ese “sentimiento de culpabilidad” que le acosa desde la infancia hizo que en el 2008 aprovechara su proximidad con Sarkozy para tratar de evitar la extradición a Italia de una antigua terrorista de las Brigadas Rojas, Marina Petrella. Ironías de la vida.

Valéria empezó estudiando teatro en la École des Amandiers, de Nanterre (periferia oeste de París), con el recientemente desaparecido Patrice Chéreau, que la dirigió después en tres películas y le dio en 1987 su primer gran papel en “Hôtel de France”. Seis años después obtuvo el César a la mejor esperanza femenina por “La gente normal no tiene nada de excepcional” de Laurence Ferrara Barbosa. Desde mediados de los años ochenta hasta ahora, la hermana mayor de Carla Bruni ha rodado como actriz una sesentena de películas a las órdenes de los más prestigiosos realizadores franceses, como Claude Chabrol, François Ozon, Claire Denis, Cédric Kaplish o Alain Tanner, y extranjeros, como Steven Spielberg, Ridley Scott y Bernardo Bertolucci.

Los personajes de Valéria Bruni-Tedeschi acostumbran a ser mujeres en crisis, atormentadas por dudas existenciales, frágiles o neuróticas. Un poco como ella misma, que más que aspirar a la felicidad busca desesperadamente la serenidad, y que trata de encontrar respuestas en la fe –se confiesa católica- y en el psicoanálisis. Además de en el cine. Sin demasiado resultado, como ella misma ha confesado: “El trabajo es una terapia, me da serenidad, aunque no apacigua mis tormentos”.


viernes, 27 de junio de 2014

Antisarkozismo en Sarkolandia

"Veo por primera vez en el partido la aparición de un antisarkozysmo nuevo...”. El afable Jean-Pierre Raffarin lo constató hace un par de días durante una entrevista radiofónica. El partido al que aludía no era otro que la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y lo nuevo, lo realmente nuevo, no es el antisarkozysmo en sí –ampliamente enraizado en la izquierda–, sino su aparición en el seno mismo del partido de Nicolas Sarkozy. El ex primer ministro francés debe saber bien de qué habla, puesto que sus dos colegas del triunvirato que gobierna provisionalmente la UMP, Alain Juppé y François Fillon, se han sumado poco o mucho a esta nueva corriente interna.

El amado líder, la gran esperanza blanca, ya no es ni una cosa ni la otra. Los barones de la derecha francesa le disputan abiertamente el derecho a ser candidato al Elíseo en el 2017, mientras algunos jóvenes cuadragenarios se proponen tomar, a sus expensas, las riendas del partido en el congreso extraordinario del próximo otoño. “¡El jefe vuelve!” proclamaba esta semana con un optimismo poco fundado el ex ministro Roger Karoutchi, uno de sus fieles. La verdad es que está lejos de haber en el partido un clamor que pida su retorno –¿no fue acaso Sarkozy quien les condujo a la derrota en el 2012 y ha llevado a la UMP al borde de la quiebra?– y cada vez hay más voces que se atreven a criticar en voz alta al antiguo patrón. ¡Lo nunca visto!

Nicolas Sarkozy había previsto volver como salvador de la patria, reclamado para rescatar a Francia del desastre como se reclamó el retorno de De Gaulle en 1958. Pero, a juzgar por las reticencias –cuando no la oposición frontal– que tal regreso suscita en el seno de su propio partido, le espera un camino lleno de espinas, sin que el éxito final esté asegurado. De momento, pues, calla. Y deja que sean los suyos quienes hablen por él... Porque en el momento en que descienda a la arena, será la guerra.

Las escaramuzas, de hecho, se suceden sin descanso. El escándalo Bygmalion –del nombre de la agencia de comunicación que preparó facturas falsas para enmascarar el gasto electoral desmesurado de la campaña presidencial de Sarkozy en el 2012– no sólo ha costado su puesto al presidente de la UMP, Jean-François Copé, sino que planea como una amenaza sobre el ex presidente francés, señalado como el gran culpable de que el partido se encuentre en un estado financiero dramático. “La UMP está en riesgo de desaparecer”, advirtió días atrás Juppé en tono apocalíptico.

Si Sarkozy sueña con volver al Elíseo en el 2017 –de la inevitabilidad de lo cual ha logrado convencer a su esposa, la cantante Carla Bruni–, otros sueñan con alcanzarlo por primera vez. Y no parecen dispuestos, en esta ocasión, a cederle el paso.

El primero de ellos es Alain Juppé, elevado –con un 52% de opiniones favorables– a la categoría de la figura política más popular de Francia, que parece haber dejado de jugar al ratón y al gato con su posible candidatura. El ex primer ministro y antiguo delfín de Jacques Chirac –a quien este calificó como “el mejor de todos nosotros”– admitió anteayer por primera vez públicamente que se plantea presentarse a las primarias de su partido, que se celebrarán presumiblemente en el 2016, para ser elegido candidato a la presidencia de la República, y que tomará una decisión a principios del 2015. “Si me lanzo, será para ir hasta el final”, advirtió.

Su compañero de triunvirato François Fillon hace tiempo que no esconde esa misma ambición. El ex jefe de Gobierno de Sarkozy durante sus cinco años de mandato se ha empancipado definitivamente y no duda en hacerse abanderado de la “ruptura” que el ex presidente prometió y no llevó a cabo. Fillon aborda la etapa de Sarkozy utilizando palabras insospechadas tales como “errores”, cuando no “desastre”...

Con menor peso en el partido, pero similar aversión hacia la figura del antiguo líder, el ex ministro Xavier Bertrand aspira también al Elíseo y rechaza que Sarkozy pueda pretender presentarse saltándose las primarias. “No hay ningún hombre providencial en la derecha, nadie es incontestable”, ha declarado, mientras dedica su tiempo a hacer un balance crítico del expresidente: “Su política no estuvo a la altura de los resultados esperados”, dice.

Poco convencido de ganar unas primarias, Sarkozy baraja la idea de asegurarse la nominación tomando antes el control del partido en el congreso del otoño, esto es, presentándose de nuevo candidato a la presidencia de la UMP. Pero también aquí tiene oponentes: el exministro Bruno Le Maire ya ha anunciado su candidatura, al grito de “Yo propongo la renovación frente a la restauración”. Las balas silban.



jueves, 26 de junio de 2014

Adiós a las armas en Córcega

Los independentistas corsos abandonan las armas. Treinta y ocho años después de abrazar la violencia política y lanzar su primera cadena de atentados con bomba, el histórico Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC) anunció ayer en un comunicado haber “decidido unilateralmente iniciar el proceso de desmilitarización y una salida progresiva de la clandestinidad”.

En su comunicado, de 14 páginas y autentificado por el mensual 'Corsica', los dirigentes del FLNC subrayan que el abandono de las armas se hace “sin condiciones previas y sin equívocos”, y llaman a sus militantes a sumarse a la lucha política a través de las “organizaciones políticas y sindicales”. En ninun caso, advierten sin embargo, eso supone un abandono del combate por la independencia de la isla: “No se trata del fin de la historia. Al contrario. Con este gesto de hoy queremos ofrecer perspectivas nuevas en nuestra marcha hacia la soberanía”, arguyen. El FLNC insta asimismo al Estado francés a abordar la “instauración de un nuevo estatuto negociado” y a “solucionar la cuestión de los presos y perseguidos” de la organización.

La decisión tomada por la dirección del FLNC, la principal organización armada de la isla, no implica necesariamente el final definitivo de la violencia. A diferencia de otras organizaciones terroristas clásicas como ETA o el IRA, el movimiento corso no tiene una estructura piramidal, sino que funciona con grupos más o menos autónomos, que pueden seguir o contestar las decisiones de la cúpula. Víctima de una feroz guerra fratricida en los años noventa –tras la cual adoptó el nombre de FLNC-Canal Histórico–, la organización ha sufrido desde su fundación en 1976 diversas escisiones. Las últimas datan de los años 2002 y 2012.

En sus casi cuarenta años de existencia, el FLNC ha cometido alrededor de 8.000 atentados con explosivos, pero menos de una decena de asesinatos, puesto que su voluntad ha sido en general no causar víctimas. El crimen más importante desde el punto de vista político –cometido por un grupo disidente– fue el del prefecto de la isla, Claude Erignac, en 1998. Y el último, el de un mafioso en venganza por la muerte de uno de los suyos, fue reivindicado en diciembre del 2011.

La última acción violenta en la isla –política, se entiende, porque hay también un importante nivel de violencia mafiosa– fue el ametrallamiento el pasado 12 de junio de un cuartel de la Gendarmería en Bastia para 'saludar' la visita del ministro del Interior, Bernard Cazaneuve. En su comunicado, el FLNC indica que a partir de este momento, cualquier acción de este tipo que pueda cometerse no le será imputable.

La decisión del FLNC se produce como consecuencia, según la propia organización, de las iniciativas adoptadas en los últimos meses por la Asamblea territorial corsa, que a su juicio abren la vía a dar “un paso histórico en la lucha por la liberación nacional”. La Asamblea ha planteado diversas reivindicaciones en el sentido de profundizar la autonomía actual –la mayor de entre las regiones francesas metropolitanas, pero muy lejos de las de las comunidades españolas–, desde un estatuto fiscal particular hasta la cooficialidad de la lengua corsa, pasando por la instauración de un título de residente con el fin de limitar las adquisiciones inmobiliarias de ciudadanos foráneos.




Eutanasia suspendida

La batalla legal prosigue. Apenas unas horas después de que el Consejo de Estado francés –máxima autoridad jurisdiccional administrativa– decidiera autorizar la desconexión de un tetrapléjico en estado vegetativo irreversible, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo decidió suspender la aplicación del fallo mientras estudia el fondo del recurso presentado por los padres del paciente. La decisión de desconectar a Vincent Lambert, de 38 años, que lleva desde el 2008 internado en el hospital universitario de Reims tras sufrir un accidente de moto, fue adoptada por el equipo médico de acuerdo con la esposa del paciente, Rachel, y seis de sus hermanos y hermanas, así como un sobrino. Sin embargo, los padres, Pierre y Viviane –católicos fervientes, próximos a la hermandad integrista Saint-Pie X–, apoyados por otros dos hijos, se oponen con ferocidad, hasta el punto de agotar todos los recursos judiciales. Este es ya el último.

El Tribunal de Estrasburgo intervino de acuerdo con un procedimiento que le permite excepcionalmente imponer a los Estados medidas cautelares –en este caso, una suspensión de la ejecución de la sentencia– cuando hay un “riesgo real de daños graves e irreversibles”. El caso de Vincent Lambert, a quien los médicos se disponían a desconectar de la máquina que le mantiene artificialmente con vida –suministrándole alimento e hidratación–, entra de lleno en este supuesto. El tribunal, que a veces puede tardar años en pronunciarse, ha indicado que dará toda la prioridad a este caso y que su decisión podría producirse en unos meses.

Un “infinito alivio” para los padres del enfermo. Una tortura para su mujer y el resto de la familia. El director del servicio de cuidados paliativos del hospital de Reims, el doctor Eric Kariger, aceptó la decisión judicial –que juzgó lógica– con resignación, pero desde el punto de vista médico y humano la consideró “insostenible” e instó al tribunal a “tomar una decisión rápidamente”. “Vamos a tener que hacerle sufrir (a Vincent Lambert) tratamientos que suponen un encarnizamiento terapéutico”, añadió. “Un encarnizamiento más”, se sumó su sobrino François, con quien Vincent se sentía muy unido.

El Consejo de Estado, en una decisión que probablemente marcará la evolución de la legislación en la materia –actualmente en fase de revisión–, consideró el martes que el mantenimiento artificialmente con vida de Vincent Lambert, que –según un informe médico independiente– no presenta ninguna consciencia y su estado es irreversible, constituye un caso de “obstinación no razonable”, tal como prevé la ley Leonetti del 2005. Tanto más –y aquí está la cuestión fundamental– cuanto que el propio Vincent Lambert, enfermero de profesión –como su mujer–, había expresado reiteradamente, eso sí, de forma verbal, su deseo de no ser mantenido artificialmente con vida en caso de llegar a un estado como en el que se halla.

Los padres del paciente no son, obviamente, de esta opinión y consideran, basándose más en la fe que en las evidencias, que acaso algún día los avances médicos puedan recuperar a su hijo. En todo caso, la batalla jurídica entre las dos partes de la familia enfrentadas ha causado ya una profunda división y algunos de sus miembros no se dirigen la palabra. El abogado de la esposa ha denunciado que su clienta llegó a ser espiada por un detectivo contratado por sus suegros...

La coincidencia de este caso con el juicio –y absolución– de un médico que aceleró la muerte de siete de sus pacientes en fase terminal (ver información adjunta) ha revitalizado en Francia el debate sobre la eutanasia.


Absuelto el médico que ayudó a morir a 7 pacientes

Una salva de aplausos acogió ayer al doctor Nicolas Bonnemaison a su salida de la Audiencia de Pau (Pirineos Atlánticos), donde fue absuelto de todos los cargos por haber ayudado a morir a siete pacientes en fase terminal en el hospital de Bayona entre 2010 y 2011. A priori, Bonnemaison, acusado formalmente de “envenenamiento”, podía haber sido condenado por asesinato a cadena perpetua, pero la petición del fiscal –de cinco años de prisión con una suspensión parcial o total de la condena– fue ya muy benevolente. “Usted no es un asesino en el sentido común del nombre –dijo–, usted actuó como un médico, pero como un médico que se equivocó”. Bonnemaison, médico urgentista, replicó ayer: “Yo actué tal como concibo el papel del médico,creo que forma parte del deber de un médico acompañar a sus pacientes hasta el final”.

Su abogado estimó que la sentencia “obligará a los políticos a ir más rápido” en la revisión de la legislación. El presidente francés, François Hollande, encargó recientemente la elaboración de una propuesta para actualizar la llamada ley Leonetti del 2005, que introdujo por primera vez el concepto de “obstinación no razonable” en la prolongación artificial de la vida de los enfermos terminales. La Asociación por el derecho a morir dignamente reclamó la legalización de la eutanasia.