sábado, 18 de enero de 2014

Más expulsiones que nunca

La llegada de François Hollande al Elíseo y la marcha de Nicolas Sarkozy puso fin a muchos hábitos, entre ellos –al menos en teoría– a la política de objetivos cifrados en materia de seguridad e inmigración. El cambio, sin embargo, no ha tenido ningún resultado apreciable, como no sea el inverso. Así, durante el año 2013, las autoridades francesas expulsaron del país a cerca de 20.000 gitanos procedentes del Este de Europa –los llamados roms, rumanos y búlgaros–, el doble que el año anterior y que el precedente. “Estas evacuaciones forzadas son la expresión de una política de rechazo que ha empeorado con la izquierda”, ha denunciado la Liga de Derechos del Hombre, autora de un informe al respecto.

En el 2013, el Gobierno francés desmanteló un total de 165 campamentos gitanos ilegales –sobre los alrededor de 400 que hay censados en el conjunto de Francia– y repatrió a 19.380 personas a sus países de origen. La cifra duplica la de las expulsiones del 2012 –9.404– y del 2011 –8.455–, año en que gobernaba la derecha. Según la Liga, que se muestra muy crítica con el ministro del Interior, Manuel Valls, la voluntad de represión se nota en el hecho de que más de la mitad de las expulsiones –5.408– se produjeron en el último trimestre del año, una época –el otoño e inicio del invierno– en el que habitualmente se aplicaba una cierta tolerancia.

El número de expulsados es superior a la cifra de roms que, según cálculos oficiales, hay en Francia –una población flotante de unas 17.000 personas–. Eso se explica porque muchos de ellos regresan al cabo de poco tiempo, aprovechando el hecho de que son ciudadanos europeos y gozan por tanto del derecho a la libre circulación en la Unión Europea. La expulsión es legal en el caso de que el afectado no pueda demostrar medios de subsistencia. Pero eso no impide su retorno también en toda legalidad. “Esta política es injustificable, costosa e inútil”, ha remarcado la Liga.

El presidente francés, François Hollande, justificó el pasado martes en su conferencia de prensa en el Elíseo la política de desmantelamiento de los campamentos ilegales y las expulsiones, y respaldó explícitamente a su ministro del Interior diciendo que “Francia no tiene de qué sonrojarse”. “No hay otra regla que la aplicación de la ley”, remachó. La proximidad de las elecciones municipales, el mes de marzo, no hace prever que la administración socialista vaya a relajar precisamente esta política.


Bulbos dorados junto a la torre Eiffel

Los bulbos dorados, esas cúpulas características de las iglesias ortodoxas rusas, siguen ahí, ofreciendo un chocante contraste con la torre Eiffel. Pero al margen de esto, el nuevo proyecto para la gran iglesia rusa de París, pactado por las autoridades francesas y rusas, tiene poco que ver con el que ganó el concurso internacional en el 2011, obra del arquitecto español Manuel Núñez-Yanowsky, apartado hace casi un año de la operación. El nuevo proyecto, pactado hasta el milímetro por el Elíseo, el Kremlin y el Patriarcado de Moscú, ha sido realizado por el arquitecto francés Jean-Michel Villmotte, que quedó segundo en el concurso. Núñez-Yanowsky lo ha impugnado ante la justicia.

El proyecto de Wilmotte mantiene, pues, las inevitables cúpulas doradas. Pero toda semejanza con el anterior acaba ahí. El complejo, que contará con una iglesia, un centro religioso, un centro cultural y una escuela franco-rusa, ha sido proyectado de forma que sea lo más “sobrio” posible, utilizando la misma piedra que la de la catedral de Notre Dame, y de una altura inferior a la de los edificios circundantes (18 metros, salvo la cúpula central, coronada con una cruz a 35 metros). El proyecto de Núñez-Yanowsky, más audaz, preveía una gran cubierta de cristal, que no fue del gusto del alcalde de París, Bertrand Delanoë.

El centro cultural y religioso ruso estará ubicado en los antiguos terrenos de la sede de Méteo France, junto al río Sena, frente al Pont de l’Alma –un lugar muy céntrico. Las obras van a empezar de forma inmediata –el permiso fue concedido el 24 de diciembre– y durarán alrededor de dos años.

El proyecto de erigir una nueva gran iglesia rusa ortodoxa en la capital francesa viene de lejos. Pactado en du día por Nicolas Sarkozy y Vladimir Putin, echó a andar en febrero del 2010, cuando la Federación Rusa adquirió con este fin el edificio de Méteo France. Pero su desarrollo ha estado plagado de dificultades. El jefe de Intendencia del Kremlin, Vladimir Kojine, que ayer presentó el nuevo proyecto en París, llegó a decir que ha pasado por momentos “dramáticos” y admitió que en algún momento estuvieron cerca de abandonar.

En marzo del 2011, tras un concurso internacional en el que participó un centenar de aquitectos, el proyecto fue adjudicado a Manuel Núñez-Yanowsky. Todo fue bien al principio... hasta que Sarkozy fue batido en las elecciones presidenciales de mayo del 2012 y el socialista François Hollande ocupó su lugar en el Elíseo. Las autoridades francesas, hasta entonces benevolentes, cambiaron de actitud –cosa que el arquitecto español achaca al alcalde de París y a la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti– y empezaron a poner pegas, hasta que Rusia retiró su solicitud de permiso de obras, abandonó el proyecto, despidió a Núñez-Yanowsky y buscó una salida negociada con el nuevo poder.

El arquitecto español, que se considera despojado del proyecto de forma fraudulenta, ha presentado varias demandas contra las partes implicadas, ninguna de las cuales ha culminado todavía. “El centro ortodoxo ruso de París, símbolo de pureza de la unión del hombre con Dios, será construido sobre una montaña de impurezas de los socialistas franceses”, declaró ayer indignado.




viernes, 17 de enero de 2014

¿Demasiados tranquilizantes?

La hospitalización de la compañera oficial del presidente francés, Valérie Trierweiler, el viernes pasado, tras conocer la infidelidad de François Hollande con la actriz Julie Gayet, pudo deberse a una ingestión excesiva de tranquilizantes, según han avanzado varios medios de comunicación franceses citando a amigos de la primera dama de Francia.

Ni el Elíseo, que mantiene un silencio absoluto sobre el tema, ni el gabinete de Trierweiler han confirmado este extremo. La versión oficial sigue siendo la misma de hace hoy una semana, cuando la compañera de Hollande fue ingresada en el hospital de la Pitié-Salpétrière, esto es: un ataque de fatiga que le exige reposo. De momento, hospitalizada sigue y seguirá aún varios días, e incluso –según avanzó el analista político Michaël Darmon, del canal i-Télé– podría acabar siendo transferida a una clínica de reposo.

El semanario de información general Le Point apuntaba ayer que tras recibir la confesión del presidente sobre sus relaciones amorosas con Julie Gayet , la noche del jueves –víspera de que la revista Closer publicara una amplia información con fotos de los dos amantes entrando y saliendo del mismo edificio en una de sus citas clandestinas–, Valérie Trierweiler habría tomado una dosis elevada de tranquilizantes. “Sólo tomó alguna píldora de más”, aseguró uno de sus amigos, descartando así que pudiera tratarse de un intento de suicidio.

Una versión muy parecida publicó ayer la revista del corazón Ici Paris, que incluso identifica el fármaco: Lexomil, un ansiolítico compuesto de bromazepán e indicado para estados de ansiedad severos. Según el relato de esta publicación, Valérie Trierweiler, ya tensa después de la conversación de la víspera con el presidente, sufrió un shock el viernes por la mañana al ver las fotos de la revista Closer y decidió dejar el Elíseo para trasladarse a su domicilio particular, en el distrito XV de París. Una vez allí, al parecer, tomó los tranquilizantes con el fin de poder dormir. Pero su guardaespaldas, inquieto, habría alertado inmediatamente al Elíseo y el presidente habría ordenado su traslado preventivo al hospital.

Preocupado debía estar también, en efecto, François Hollande el pasado viernes y, según algunas fuentes, estuvo llamando regularmente al hospital para interesarse por el estado de su compañera. Sin embargo, a petición de los médicos, el presidente francés no ha puesto en ningún momento los pies en el centro hospitalario. Después de la confesión inicial, la pareja presidencial tiene aún pendiente una conversación crucial sobre su futuro. Y es muy probable que lo que Hollande tenga que decirle a su compañera no sea precisamente lo más indicado para levantar el maltrecho ánimo de la paciente.

Si el presidente deseara mantener a Trierweiler a su lado ya habría ido a visitarla y el martes, en su multitudinaria conferencia de prensa en el Elíseo, habría confirmado sin ambages que ella sigue siendo la primera dama. No ha hecho ni una cosa ni otra, por lo que el escenario que se dibuja es más bien el de una ruptura.

Según los amigos de la periodista, citados en diversos medios, Trierweiler se encuentra en un estado de “fatiga nerviosa” muy acusado y alterna sentimientos de cólera y de abatimiento. Y estaría dispuesta a perdonar para salvar su pareja. Falta, sin embargo, que Hollande, que en los últimos tiempos se ha mostrado más bien distanciado, esté interesado.

La última crónica firmada por Valérie Trierweiler en Paris Match, semanario del que sigue siendo asalariada y donde escribe regularmente una tribuna cultural, empezaba ayer con una frase que ha dado pié a todo tipo de interpretaciones: “No hay peor veneno mortal que la indiferencia”.


Gayet reclama 50.000 euros

La actriz Julie Gayet, supuesta amante del presidente francés, François Hollande, ha presentado una demanda por atentado a la vida privada contra la revista Closer, por la publicación el pasado viernes de imágenes de los dos amantes entrando y saliendo del número 20 de la rue du Cirque, donde mantenían sus citas clandestinas. Gayet reclama al semanario una indemnización de 50.000 euros, más otros 4.000 euros en concepto de gastos judiciales, así como una llamada en la portada sobre la sentencia condenatoria. François Hollande, por su parte, anunció el martes en su conferencia de prensa que personalmente renunciaba a perseguir a esta publicación para no abusar de sus prerrogativas como jefe del Estado. El semanario, que pagó al parecer 30.000 euros al fotógrafo que tomó las imágenes, ha hecho hasta ahora un buen negocio y lo seguirá haciendo aunque le caiga una condena. El número del viernes pasado ha vendido unos 600.000 ejemplares y la revista ya anunció ayer que el número que sale hoy a la venta en los quioscos aportará nuevas revelaciones y –sobre todo– nuevas fotos sobre el affaire.






jueves, 16 de enero de 2014

Gayet paga el primer peaje

La actriz francesa Julie Gayet, de 41 años, supuesta amante de François Hollande, de 59, ha empezado a darse de bruces con lo que significa mantener una relación sentimental con el presidente de la República. Sobre todo, sus peajes. El Gobierno francés se vió forzado ayer a retirar, de prisa y corriendo, a Gayet de la lista del jurado que debe seleccionar a los artistas becados por el centro cultural francés de Roma, situado en la Villa Medicis, con el fin de evitar el primer escándalo.

La ministra de Derechos de las Mujeres y portavoz del Ejecutivo, Najat-Vallaud Belkacem, justificó esta decisión para evitar que el nombramiento de Gayet fuera objeto de “manipulación e instrumentalización”, y que se añadiera como “nuevo tema de polémica” al debate que rodea la vida sentimental del presidente.

La designación de Julie Gayet –junto a otras tres personas– como miembro del jurado de la Villa Medicis fue propuesta por el director del centro cultural, Eric de Chassey, a cuyo juicio la actriz y productora es una “profesional reconocida” y tenía “toda la legitimidad” para formar parte. Al parecer, la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, no había encontrado en principio ninguna objeción y su nombramiento se daba ya por hecho en la propia página web de la Villa Medicis. Hasta que la revista Closer reveló el viernes la relación amorosa de Gayet con François Hollande y el escenario cambió por completo.

Apenas unas horas después de que el semanario La Canard Enchaîné publicara ayer una información al respecto, Filippetti dio marcha atrás y aprovechó que el decreto aún no había sido firmado para nombrar en su lugar a la guionista Emmanuèlle Bernheim. Los miembros del jurado de Villa Medicis son los encargados de seleccionar a los quince artistas que serán pensionistas de esta institución durante el próximo año o año y medio. No se trata de un cargo permanente y su remuneración –30 euros a la hora– se limita a los días en que el jurado se reúne para examinar y elegir las candidaturas. Pero no era cuestión de añadir una nueva controversia, en el caso de un supuesto favoritismo, a la polémica que rodea hoy al presidente.

Julie Gayet nada ha dicho, ni de este asunto ni de su presunta relación con Hollande. Pero según la cadena RTL, la actriz ha decidido demandar a la revista Closer –que ilustró su información con fotos de los dos amantes entrando y saliendo de la finca donde tenían sus citas clandestinas– por violación de su intimidad. El presidente avanzó la víspera que, por su parte, renunciaría a esta posibilidad para no ser acusado de valerse de la situación privilegiada que le otorga su condición de jefe del Estado
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Mientras tanto, la compañera sentimental oficial de Hollande –y en tanto que tal, primera dama–, Valérie Trierweiler, de 48 años, permanecía ingresada en el hospital de la Pitié-Salpétrière, donde guarda reposo tras haber sufrido un shock emocional. Según Paris Match –semanario para el que Trierweiler, periodista de profesión, sigue trabajando–, Hollande no acudió a visitarla durante los tres primeros días.

Según nuevas revelaciones, el distanciamiento de la pareja era ya muy evidente el pasado verano, cuando Trierweiler pasó una semana de vacaciones con sus hijos –fruto de un matrimonio anterior– en Grecia, sin Hollande. El presidente, mientras tanto, se encontraba en su feudo electoral de Tulle (Corrèze), donde se paseó por el mercado acompañado de Julie Gayet y acudió con ella a un concierto de Olivia Ruiz...

Mientras la mayoría de socialistas guardan una estricta prudencia sobre el tema, alegando el respeto la vida privada, el alcalde de París, Bertran Delanoë, rompió ayer una lanza en favor del presidente francés. Sin citar a Hollande, el edil reivindicó el “derecho a la pasión y al arrebato”, y consideró que el afán por quererlo saber todo de todos –que calificó de “extremadamente malsano”– puede acabar atentando contra el “derecho a amar”.


Berlín aplaude el giro económico

El giro én la política económica anunciado por François Hollande en su multitudinaria conferencia de prensa en el Elíseo recibió ayer un aplauso unánime en Alemania. El ministro germano de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, calificó de “valiente” la apuesta del presidente francés, que consideró la “buena vía, no sólo para Francia, sino también para ayudar a Europa a salir más fuerte de la crisis”. Los democristianos de Angela Merkel también emitieron juicios similares. “Es un claro cambio de paradigma”, se felicitó por su parte el vicepresidente del grupo parlamentario de la CDU, Andreas Schockenhoff. Desde Bruselas, la Comisión Europea calificó las medidas anunciadas por Hollande de una “buena noticia”, juzgando que Francia avanza así “en la buena dirección”.







miércoles, 15 de enero de 2014

Por la senda de Blair y Schröder

Contaminada por su agitada vida sentimental, la conferencia de prensa de ayer del presidente francés tenía sin embargo un contenido de mayor calado. Abandonando la línea ideológica defendida hasta ahora tradicionalmente por el Partido Socialista francés, François Hollande planteó un auténtico giro reformista en su política económica, en línea con el camino abierto en los años 2000 por el laborista Tony Blair en el Reino Unido y el socialdemócrata Gehard Schröder en Alemania. Dos herencias que Hollande eludió reivindicar –prefirió la de los países nórdicos, más aceptables para su partido– pero que guían sin duda una apuesta que algunos califican de “social-liberal”.

Reforma en profundidad del Estado y redefinición de sus principales misiones; reducción drástica del gasto público –al menos 50.000 millones de euros entre el 2015 y el 2017–; reforma de la Seguridad Social, con el fin de reducir sus costes y “acabar con los excesos y los abusos”; revisión de la organización territorial, simplificación administrativa, disminución del coste del trabajo –con el aligeramiento de las cargas sociales que sufragan las empresas por valor de 30.000 millones–, rebaja aún por determinar de los impuestos que pagan las empresas y las familias a medio plazo...

El programa de Hollande para el resto de su quinquenato –escuchado con cara circunspecta por los ministros más a la izquierda, de Montebourg a Hamon– fue saludado por la patronal, Medef, que ha visto recogidas sus aspiraciones, aunque sea a costa de suscribir un “Pacto de Responsabilidad” en el que deberá asumir contrapartidas en materia de creación de empleo. Los sindicatos y el resto de la izquierda –del Partido de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon al PCF– expresaron en cambio su rechazo a la nueva línea política emanada del Elíseo. Preguntado por cuáles eran las diferencias entre la política expuesta ayer y la de su predecesor en la presidencia, Nicolas Sarkozy, Hollande no pudo ser más explícito: “Que él no la puso en práctica”.

El presidente francés negó estar dando un golpe de timón a su política económica –habló de “nueva etapa”, de “ir más rápido y más lejos”– y lo cierto es que las medidas que puso ayer sobre la mesa entroncan que las ideas que expuso cuando optaba a ser elegido candidato al Elíseo en la campaña de las primarias del PS. Pero contrastan con las proclamadas en la campaña de las presidenciales y las efectivamente aplicadas tras su elección en el 2012. Aunque es cierto que ha dado pasos en este sentido –por ejemplo, al bajar una parte de las cargas sociales a las empresas y lograr un pacto para la reforma del mercado laboral–, también lo es que los impuestos han subido de forma muy acusada y que el gasto público apenas ha sido contenido.

Pero el propio Hollande admitió ayer que las medidas adoptadas hasta el momento han llegado ya al límite, sin que por ello el paro –que ronda el 11%– haya podido ser reducido, como era su promesa para este mismo año. “Necesitamos un crecimiento más vigoroso y sin las empresas no se crearán más empleos”, dijo, a la vez que volvía a defender la necesidad de reducir el déficit: “Ser de izquierdas no significa gastar más. Si la sensibilidad de izquierdas se midiera por el gasto, mis antecesores serían entonces de extrema izquierda”, ironizó.

En otro momento de la conferencia de prensa, Hollande aludió también a la necesidad de impulsar el relanzamiento de la Unión Europea y abogó por reforzar la pareja franco-alemana, algo en lo que hasta ahora ha fallado clamorosamente. En lo que también aparece como un cierto giro político, el presidente francés planteó tres escenarios en los que reforzar el eje entre París y Berlín: la convergencia fiscal entre ambos países, la coordinación en materia de transición energética y una nueva complicidad en materia de defensa.



"Son momentos dolorosos"

La crisis personal y sentimental que atraviesa François Hollande, camino de convertirse poco menos que en un asunto de Estado, es ya un hecho reconocido, aunque su solución y desenlace son todavía inciertos. El presidente francés admitió ayer por primera vez de forma pública la existencia de una grave crisis en la pareja que forma con la periodista Valérie Trierweiler, pero se negó en redondo a abordar las implicaciones de esta crisis, particularmente lo que concierne al estatus político de la primera dama. “No es el lugar ni el momento”, dijo tajante a la pregunta de un periodista en la multitudinaria conferencia de prensa celebrada ayer tarde en el Elíseo. “Todo el mundo, en su vida personal, puede atravesar adversidades. Es nuestro caso. Son momentos dolorosos. Pero tengo un principio: los asuntos privados se tratan en privado”, afirmó zanjando así la cuestión.

Como era de prever, Hollande tuvo que afrontar esta espinosa cuestión a la primera pregunta. Pero él se mantuvo fiel a su línea de conducta y sólo respondió lo inevitable. Y aún menos. El presidente francés no aclaró si su compañera sentimental –hospitalizada desde el viernes, una vez supo de la relación amorosa de François Hollande con la actriz Julie Gayet–, sigue siendo la primera dama de Francia. Aunque prometió clarificarlo antes del viaje oficial a Estados Unidos que tiene programado en el mes de febrero. Respecto a su estado de salud fue más que escueto: “Reposa”.

El affaire sentimental entre Hollande y Gayet, objeto de rumores insistentes en París desde hace meses –hasta el punto de que la actriz se vio obligada a desmentirlo ya en marzo del año pasado–, fue desvelado al público el pasado viernes por la revista del corazón Closer, que ofreció una serie de fotos de los dos amantes entrando y saliendo del edificio donde durante meses mantuvieron sus citas clandestinas.

La pareja se encontraba en un apartamento del número 20 de la rue du Cirque, a dos pasos del Elíseo, alquilado por una amiga de Gayet, la también actriz Emmanuelle Hauck, cuyo ex marido y cuyo ex compañero sentimental –condenado por la justicia el primero, asesinado el segundo– tenían vinculaciones con la mafia corsa. En sus idas y venidas, Hollande se desplazaba en la parte de atrás de un scooter, conducido por un agente de la seguridad presidencial, mientras un segundo guardaespaldas vigilaba los alrededores. Este mínimo dispositivo de seguridad no impidió que el fotógrafo Sébastien Valiela, el mismo paparazzo que en 1994 hizo la foto de la hija secreta de François Mitterrand –Mazarine–, pudiera tomar las imágenes desde el edificio de enfrente sin que nadie reparara en él.

La cuestión de la seguridad del presidente ha suscitado, por todo ello, serios interrogantes en la clase política. François Hollande intentó ayer quitar toda importancia al asunto asegurando que en ningún momento su seguridad había estado en peligro en sus citas secretas (a las que solamente aludió de forma implícita). “Vaya donde vaya, mi seguridad está garantizada, ya sea en mis desplazamientos oficiales como en los que hago a título privado, donde el dispositivo es menos fuerte”, afirmó, sin que lograra mostrarse en este terreno muy convincente.

Hollande se confesó ayer encolerizado por la publicación de sus amoríos clandestinos –“Mi indignación es total”, dijo–, subrayando que de esta forma se ha violado gravemente su derecho a la intimidad. Pero descartó actuar judicialmente contra la revista para no aprovechar –dijo– la situación de privilegio que le ofrece la ley al estar protegido por la inmunidad de que goza el jefe del Estado. Del mismo modo, se negó a endurecer la ley contra los atentados a la vida privada: “No estoy a favor de las leyes de circunstancias, y menos aún de las leyes a medida”, argumentó.

La hasta ahora compañera sentimental de Hollande y primera dama de Francia, Valérie Trierweiler, se enteró de la infidelidad por boca del propio presidente, que le confesó todo la noche del jueves, ante la inminencia de la publicación de la información de Closer. Trierweiler, que según sus amigos hasta ese momento había preferido no creer en los rumores, sufrió un fuerte choque emocional y el viernes por la tarde fue ingresada en un hospital. Los médicos le prescribieron reposo y, según la versión oficial de su gabinete, ayer aún seguía hospitalizada. Esta circunstancia ha dejado en suspenso la resolución de la crisis sentimental de la pareja y, lo que tiene un mayor alcance político, la clarificación de si Valérie Trierweiler sigue siendo la primera dama y, en consecuencia, puede seguir representado a Francia. Su próxima cita es, en teoría, el 11 de febrero en una cena en la Casa Blanca con el matrimonio Obama.

La crisis ha hecho que responsables políticos de todo el arco parlamentario, incluido el Partido Socialista, hayan planteado la necesidad de o bien regular el estatuto de la primera dama –que no está constitucionalmente reconocido– o bien suprimirlo. Hollande se manifestó por mantener esta figura, pero con una doble condición: que haya una “total transparencia” sobre los recursos públicos destinados a la primera dama y que el presupuesto sea lo más reducido posible”.


Cerca de 600 periodistas

El Salón de Fiestas del Elíseo estaba ayer lleno a rebosar por la presencia de entre 500 y 600 periodistas de todo el mundo, más interesados que nunca en la tercera conferencia de prensa semestral del presidente francés.







martes, 14 de enero de 2014

El apartamento y la mafia corsa

A medida que se van conociendo nuevos detalles de la relación amorosa clandestina de François Hollande con la actriz Julie Gayet, más en evidencia queda el desenfado con que el presidente francés abordó las cuestiones relativas a la seguridad. Conducido a sus citas por su antiguo chófer de los tiempos del Partido Socialista –recuperado para la ocasión– y con sólo dos escoltas de protección, el apartamento donde se citaba la pareja, situado en el número 20 de la calle Cirque –a una manzana de distancia del Elíseo–, aparece indirectamente vinculado a la mafia corsa.

Propiedad de un comerciante jubilado residente en Biarritz, el piso está alquilado a la actriz Emmanuelle Hauck, amiga de Julie Gayet. El exmarido de Hauck y padre de sus hijos, el también actor Michel Ferracci –que irónicamente participa en la serie de televisión “Mafiosa”–, del que está separada desde hace seis años, fue condenado en noviembre del año pasado a 18 meses de prisión en el marco del caso del Círculo Wagram, una sala de juego de París utilizada par desviar dinero en favor de la banda de la Brise de Mer, un gang del crimen organizado de la isla de Córcega.

Emmanuelle Hauck estuvo después sentimentalmente ligada a François Masini, un hombre vinculado al mundo del fútbol, que el 31 de mayo del año pasado fue acribillado a balazos cerca de Bastia, al norte de la isla en un ajuste de cuentas de firma mafiosa. El director del diario digital Mediapart, el primer medio que alertó sobre esta circunstancia, Edwy Penel, subrayó ayer el riesgo que asumió el presidente francés al acudir en los últimos meses a este apartamento. “Hollande podría haber sido víctima de una trampa de la mafia corsa”, dijo. Hipótesis descabellada o no, lo cierto es que los servicios de seguridad de la presidencia de la República no parecen haber tenido en cuenta este extremo.

Asimismo, la relativa facilidad con que Hollande fue cazado por el fotógrafo que vendió las imágenes a la revista Closer –Sébastien Valiela, el mismo paparazzo que en 1994 tomó la foto de la hija secreta de François Mitterrand. Mazairne–, plantea la cuestión del riesgo potencial de un atentado. Apostado en un piso alquilado a tal efecto en el edificio de enfrente, el fotógrafo tuvo al presidente a tiro en varias ocasiones.

Mientras tanto, la compañera sentimental de François Hollande, Valérie Trierweiler, permanecía anoche hospitalizada. Según fuentes próximas a la primera dama, cuya salida del hospital se esperaba para ayer, permanecerá aún varios días bajo la vigilancia de los médicos, indicó la agencia France Presse. Trierweiler, que según el periodista Frédéric Gerschel, de Le Parisien, que ha podido hablar con amistades cercanas, se enteró de la infidelidad de Hollande por boca de éste la noche del jueves, pocas horas antes de que Closer publicara las fotos comprometedoras –hasta entonces, no había querido creer en los insistentes rumores que circulaban por París–, sufrió un shock y el viernes tuvo que ser ingresada.

Según el entorno de Trierweiler, ésta espera una “clarificación” de la parte del presidente sobre su situación, habida cuenta de que además de las cuestiones personales está en juego su papel oficial como primera dama. De acuerdo con estas fuentes, Trierweiler no estaría por la ruptura, sino por salvar su pareja.

En el Elíseo, en víspera de la conferencia de prensa semestral del presidente, el nerviosismo estaba a flor de piel. Tan pronto se reprochaba en voz baja al gabinete de la primera dama orquestar un chantaje emocional, tan pronto se veía la mano de Nicolas Sarkozy en la información publicada por Closer. En todo caso, Hollande deberá decir algo a los 500 periodistas de todo el mundo que le esperarán hoy en el Elíseo.


El papel de Ségolène Royal

Ségolène Royal, ex compañera sentimental de François Hollande y madre de sus cuatro hijos, abandonada por el hoy presidente francés para unirse con Valérie Trierweiler, ha mantenido en todo este asunto una exquisita elegancia. Preguntada por el caso en una radio, abogó por “pasar página”. Curiosamente, Ségolène Royal está indirectamente en el origen del encuentro entre François Hollande y Julie Gayet. La actriz participó, en efecto, en la campaña electoral de Ségolène Royal para las presidenciales del 2007 y ahí entró en contacto con Hollande y con los amigos de la entonces pareja. Julie Gayet reapareció a finales del 2011 para prestar su apoyo a la campaña de Hollande en las primarias del PS.