lunes, 4 de noviembre de 2013

¡Que vienen los negros!

Una sorda agitación, revestida de temor, sacude desde hace unos meses a algunas ciudades intermedias de Francia. Un rumor interesado –y añejo– que ha reaparecido en vísperas de las elecciones municipales y que se expande a gran velocidad por todo el país, desde el oeste (en poblaciones como Niort, Poitiers o Le Mans) al norte (Saint-Quentin, Châlons-en-Champagne), pasando por el centro (Nevers, Tulle). La historia es tan falsa como simple y, a ojos de quienes le dan crédito y la difunden, amenazadora: el departamento de Sena-San Denís, en la banlieue norte de París, con una elevada proporción de habitantes de origen extranjero, estaría “exportando” a parte de su población, básicamente africanos, a otros departamentos de provincias a cambio de dinero. Negros. Negros a quienes se les habrían concedido viviendas sociales –en perjuicio de los locales–. Negros que estarían detrás de un supuesto aumento de los delitos y la inseguridad. Negros que invaden de repente un paisaje eminentemente blanco...

El runrún ha adquirido en algunos lugares tal dimensión que ha empezado a emponzoñar el ambiente, a desquiciar la política local. Y a sembrar la inquietud entre los alcaldes y candidatos que deben enfrentarse al veredicto de las urnas en los comicios locales del p´róximo mes de marzo. Así que algunos de ellos, como los alcaldes de Niort y Poitiers, Geneviève Gaillard y Alain Claeys –ambos del Partido Socialista (PS)–, han llegado incluso a presentar una denuncia ante la justicia contra los presuntos autores y propagadores del rumor. ¿La extrema derecha? Es verosímil. Pero nadie tiene pruebas.

No es únicamente la izquierda la afectada. En Châlons-en-Champagne, el diputado de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) Benoist Apparu, ministro en la época de Nicolas Sarkozy y hoy teniente de alcalde, ha sido personalmente víctima de la misma especie. Como si alguien quisiera destrozar sus posibilidades de suceder al alcalde actual, de su mismo partido.

El rumor del 93 –por el número bajo el que es conocido el departamento de Sena-San Denís– lleva años recorriendo el Hexágono. Va y viene. Y ahora ha regresado con renovada fuerza. Todas las ciudades donde ha resurgido tienen una cosa en común: situadas a una distancia media de París –entre 200 y 400 kilómetros–, en los últimos tiempos han ganado población. Habitantes de Île-de-France han huido de los insoportables precios inmobiliarios de la región parisiense y se han desplazado a la provincia en busca de una vida más asequible.

Como ya explicaban los profesores de Harvard Gordon W. Allport y Leo Postman en su célebre tratado “Psicología del rumor”, publicado en 1947, no hace falta que un rumor tenga bases ciertas para que se difunda como un reguero de pólvora. Basta con que sea verosímil, que tenga, en el mejor de los casos, “un grano de verdad”. Y que cumpla la ley básica de todo rumor, esto es, que sea percibido como algo importante –para quien lo explica y quien lo escucha– y que contenga cierta ambigüedad en relación a las pruebas que lo sustentan.

¿Pruebas? Nunca hay. Pero siempre hay alguien de confianza que lo ha visto con sus propios ojos. Que ha visto o que sabe a ciencia cierta que tal alcalde o tal otro ha recibido dinero –para construir un puente, para financiar una piscina, para guardárselo en el bolsillo– a cambio de aceptar el trasvase de habitantes del 93... Y, ya puestos, negros.

Como si apenas hubiera diferencia entre la Francia del siglo XXI y la América de los años cuarenta, donde proliferaban los rumores respecto a los negros, sentidos como una amenaza para el orden social establecido. Por prejuicios raciales, y también –por volver a citar a Allport y Postman– porque “los sembradores de rumores de la población blanca hallan sus sentimientos de inseguridad económica y social explicados y en cierto grado aliviados por estos infundios”. Podría haberse escrito hoy mismo.





Obsesionados con los extranjeros

Los extranjeros vuelven a estar en el centro del debate en Francia. Es una tendencia vieja. Cuando las cosas van mal dadas, como ahora –las empresas siguen cerrando y el paro, subiendo–, y las urnas se dibujan en el horizonte –habrá elecciones municipales y europeas la próxima primavera–, la cuestión de la inmigración vuelve al primer plano de la discusión política, poniendo en evidencia los fantasmas que atormentan a la sociedad francesa.

En la primavera del 2005, en vísperas del referéndum sobre el proyecto de Constitución Europea, el debate giró en gran medida en torno a la figura del “fontanero polaco”, un espantajo hábilmente agitado por los antieuropeístas para alertar de una eventual llegada masiva de trabajadores procedentes del Este de Europa a causa de las nuevas directivas de la UE. El éxito de la maniobra puso en evidencia el anclado temor de los franceses a que una inmigración descontrolada pueda poner en peligro sus empleos y, más allá, sus valores y su propio modo de vida. El miedo a los extranjeros, expresado en los últimos años especialmente ante el crecimiento del islam –del que hay en Francia unos seis millones de fieles–, viene de lejos y reaparece en las proximidades de cada convocatoria electoral.

La inflamada polémica sobre los roms –los gitanos procedentes de Rumanía y Bulgaria– y el caso Leonarda han explotado justamente –y amenazan con volver a resurgir– ante la cercanía de las elecciones municipales del próximo mes de marzo y las europeas del mes de mayo, en las que el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, con su discurso en favor de la denominada “preferencia nacional”, tiene posibilidades de dar la campanada electoral.

La derecha, empeñada desde la época de Nicolas Sarkozy en plantear batalla en el terreno ideológico de la extrema derecha, ya ha decidido empujar de nuevo el debate hacia este terreno, al colocar el endurecimiento de la legislación sobre inmigración como uno de los ejes –junto al empleo, naturalmente– de su campaña electoral. Que Sarkozy perdiera, pese a ello, las elecciones presidenciales del 2012 no parece haber hecho mella alguna.

La señal la dió días atrás el presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean-François Copé, al proponer la revisión del principio del “derecho de suelo”, por el cual los niños nacidos en Francia de padres extranjeros reciben automáticamente la nacionalidad francesa cuando cumplen los 18 años –si siguen en el país a esa edad y han residido al menos cinco años desde los 11–. La propuesta de Copé, adalid de la “derecha desacomplejada”, consiste en sustraer este derecho a los hijos de extranjeros en situación irregular. Pero su principal rival en la UMP cara a las presidenciales, el exprimer ministro François Fillon –que pasa por ser un hombre más moderado–, va más allá, al proponer la supresión total de este derecho automático. La adopción de una iniciativa de este tipo –que el número dos del FN, Louis Alliot, se ha apresurado a celebrar como un triunfo propio– no pasará, sin embargo, sin tensiones en el seno de la propia UMP, algunos de cuyos dirigentes, como el también exprimer ministro Alain Juppé, la juzgan inaceptable.

Las mayores divisiones y tensiones amenazan, con todo, al Partido Socialista (PS), que a falta de una doctrina clara sobre inmigración oscila entre su corazón de izquierdas y la razón práctica. El caso Leonarda –la niña rom expulsada con su familia a Kosovo– ha exacerbado esta contradicción, enfrentando al ala izquierda del partido –y no sólo al ala izquierda– con el ministro del Interior, Manuel Valls, defensor de una línea de firmeza que algunos asimilan al sarkozysmo.

“Francia no puede acoger toda la miseria del mundo”, dijo ya en los años ochenta el entonces primer ministro socialista Michel Rocard. Y Manuel Valls, cuyos orígenes políticos son rocardianos, tiene muy anclada la convicción –reafirmada en su etapa como alcalde de Evry, en la banlieue sur de París– de que la inmigración debe ser estrictamente controlada. Lo contrario, a su juicio, abriría la puerta a fuertes tensiones sociales. Y también a un aumento de la ultraderecha.

La izquierda y las asociaciones de defensa de los inmigrantes se sienten traicionadas por el PS y amenazan con acrecentar su presión por un cambio de política. Pero el presidente François Hollande sabe que necesita a Valls. Al menos hasta las elecciones.


Integración por la asimilación

Valls levantó una polémica al poner en duda la capacidad de integración de los roms. Pero, al hacerlo, no hizo más que inscribirse en la tradición francesa que identifica integración con asimilación, y que reclama a los extranjeros que adopten los valores y el modo de vida franceses.







domingo, 3 de noviembre de 2013

Último viaje a Kidal

Dos periodistas franceses de Radio France Internationale (RFI) fueron secuestrados y asesinados ayer por un grupo armado en la ciudad de Kidal, en el nordeste de Mali, adonde se habían desplazado para realizar un reportaje. Las circunstancias de su ejecución no están claras. ¿Fue un acto premeditado? ¿o una decisión improvisada sobre la marcha? El Ministerio francés de Defensa confirmó que un helicóptero de combate del contingente Serval –desplegado en Mali para combatir a los grupos armados islamistas– despegó inmediatamente después de conocer el secuestro para perseguir al convoy de los captores y que cuando llegó al lugar, a una docena de kilómetros de la ciudad, ya estaban muertos. No puede descartarse, sin embargo, que sintiéndose perseguidos, los captores decidieran matar a los periodistas.

Las dos víctimas, la reportera Ghislaine Dupont, de 51 años, y el técnico Claude Verlon, de 58, habían llegado el martes pasado a la capital maliense, Bamako, desde donde se dirigieron hacia el norte. Ambos habían estado ya en el país en el mes de julio, para cubrir las elecciones presidenciales. El ejército francés, que la semana pasada lanzó una amplia operación militar contra los reductos islamistas que todavía están activos en la region, les desaconsejó viajar al norte y denegó su solicitud de desplazarse “incrustados” en las fuerzas francesas. Al parecer, fueron a Kidal en un convoy de la fuerza de la ONU (Minusma)

En Kidal, situada en la región tuareg, los dos periodistas habían concertado una entrevista con Ambéry Ag Rissa, un dirigente del separatista Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA). Fue al salir del domicilio de este último, según explicó la propia RFI, que ambos fueron secuestrados por cuatro hombres armados y obligados a subir a un todoterreno beige. que partió hacia el este.

La muerte de los dos periodistas fue confirmada a última hora de la tarde por el prefecto de Tinzawaten, Paul-Marie Sidibé, quien precisó que los cuerpos estaban “acribillados de balas”. Posteriormente, el Ministerio francés de Asuntos Exteriores lo confirmó oficialmente. El presidente François Hollande expresó su “indignación” por el asesinato de los dos periodistas y hoy reunirá a los ministros implicados para tratar este caso.

La intervención militar lanzada por Francia en Mali el pasado mes de enero consiguió frenar el avance islamista hacia la capital, desalojar a la mayor parte de los grupos armados acantonados en el norte y estabilizar la situación para permitir la celebración de elecciones. Pero la zona no está limpia del todo. La semana pasada el ejército francés movilizó a 1.500 soldados en una nueva ofensiva.


viernes, 1 de noviembre de 2013

No insultarás a la ministra negra

El matrimonio homosexual lleva más de cinco meses autorizado en Francia, lo que ha dado ya tiempo suficiente para que llegue incluso el primer divorcio –una pareja de hombres de Toulouse–, pero algunos de los opositores a las bodas gays siguen manifestándose como si nada. Hace una semana, un centenar de activistas católicos se concentró frente al palacio de justicia de Angers (Loira) para hostigar a la ministra de Justicia, Christiane Taubira.

Megáfono en mano, los valerosos padres dejaron que sus retoños se foguearan en el escrache a la francesa y profirieran gritos tan civilizados y cristianos como “¡Taubira, hueles mal, tus días están contados!”. Hasta que, sin duda enardecida por el ambiente, una niña de 12 años blandió una piel de plátano y gritó: “¡Una banana para la mona!”. Mientras sus progenitores reían, la policía decidió prudentemente mirar hacia otro lado, a pesar de que injuriar a un ministro es un delito.

El insulto, de tintes obscenamente racistas, no hubiera pasado de ser una anécdota si no fuera porque los ataques de este tipo han empezado a proliferar de forma inquietante. La niña de Angers ha sido la útima, pero no la primera, en atacar a la ministra de Justicia por su condición de mujer negra. Hace apenas dos semanas, la candidata del Frente Nacional a la alcaldía de Rethel, en las Ardenas, Anne-Sophie Leclère, fue suspendida por su partido por haber comparado a Taubira con un simio en televisión. “Prefiero verla colgada de las ramas que en el Gobierno”, dijo. Antes, en Facebook había realizado un montaje fotográfico con la imagen de un mico y la ministra.

Un cura integrista de la comunidad de Sant Pie X –lefebvristas–, el abad Beauvais, párroco de la iglesia Saint-Nicolas.du-Chardonnet, de París, aportó su grano de arena haciendo una jocosa broma en una concentración de la organización ultracatólica Civitas: “Y'a bon Banania, Y'a pas bon Taubira!”, dijo, retomando un rancio eslogan publicitario del cacao en polvo Banania de evocaciones colonialistas. Y qué decir de la pancarta de los opositores a las bodas gays en la que Taubira parecía King Kong...

Para Christiane Taubira, nacida hace 61 años en Cayenne (Guyana francesa), que ha hecho de la lucha contra el racismo y la condena del esclavismo una constante política, el giro racista de los ataques que recibe de la extrema derecha es muy preocupante. “Me parece extremadamente grave –ha dicho– que cada vez hay más personas que se desmarcan de las obligaciones de un Estado de derecho, esto es, de respetar la ley, y que profieren insultos, injurias y amenazas”. A su juicio. el principal riesgo de esta deriva es que otras personas, más “vulnerables y expuestas” que un miembro del Gobierno, puedan acabar siendo víctimas de agresiones.

Los ataques racistas contra la ministra de Justicia han levantado la indignación de la izquierda y de la derecha republicana, que los han condenado. Pero los coqueteos de una parte de los conservadores franceses con las ideas y el lenguaje de la extrema derecha han allanado el camino.

El historiador Pascal Blanchard, apuntaba en Libération que el problemas no es que haya más racistas, sino que se sienten amparados para expresarlo en voz alta. “Lo que era invisible se ha vuelto visible, una prohibición ha saltado”, argumenta. Según un reciente sondeo realizado por investigadores suecos y publicado en la revista de ciencias sociales Kyklos, Francia –donde le 22,7% de la población dice no desear tener como vecino de otra raza– es uno de los países más racistas del continente europeo.


A Le Pen no le gustan las barbas

A Marine Le Pen no le gustó nada el aspecto que presentaban, a su regreso a Francia, los cuatro exrehenes que han estado algo más de tres años en manos de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Secuestrados en una mina de Areva en Níger, los cuatro aterrizaron anteayer en París luciendo barba y llevando turbantes del desierto en el cuello. “Yo me sentí mal viendo esas imágenes (...) Estaban muy reservados, llevaban la barba cortada de forma sorprendente, con una vestimenta extraña...”, comentó la presidenta del Frente Nacional, sugiriendo su eventual conversión al islam. Censurada por todas partes, Le Pen rectificó después, admitió que habíia cometido una “torpeza” y aseguró que nunca quiso criticar a los exrehenes.







jueves, 31 de octubre de 2013

'Los 343 cabrones'

Su título es provocador, su tono, descarado y su contenido, declaradamente combativo. Además de abiertamente antifeminista... Un grupo de 343 hombres franceses –única y exclusivamente hombres–, entre los cuales hay conocidos portavoces de la autodenominada “derecha desacomplejada”, han firmado un manifiesto para expresar su absoluto rechazo a la proposición de ley de dos diputadas socialistas para endurecer la lucha contra la prostitución a base de penalizar a los clientes de las prostitutas. La iniciativa ha sido promovida por el semanario político Causeur (“conversador”), exponente de la corriente neoconservadora, que no ha dudado en adoptar –adaptándolos– conocidos lemas de la izquierda.

Así, los firmantes se hacen llamar Les 343 salauds (“Los 343 cabrones”), en alusión a las 343 salopes (“343 guarras”), como fueron llamadas satíricamente en 1971 las firmantes –con Simone de Beauvoir a la cabeza– de un célebre manifiesto en favor de la despenalización del aborto. Para redondear la provocación, el eslogan escogido –Touche pas à ma pute! (“¡No toques a mi puta!”)– evoca el utilizado por la organización SOS Racisme en 1985 –Touche pas à mon pote! (“No toques a mi amigo!”)– para denunciar el racismo y la xenofobia.

Entre los firmantes del manifiesto están el escritor, comentarista y presentador de televisión Frédéric Beigbeder –cuya última aventura profesional ha sido la reedición de la histórica revista erótica Lui–; el periodista y editorialista Eriz Zemmour –estandarte de la nueva derecha neorreaccionaria (néoréac), que se dio a conocer en el 2006 con un libro antifeminista titulado “El primer sexo”–; el articulista de derechas Ivan Rioufol, que escribe una combativa columna en Le Figaro: el humorista Basile de Koch –marido de Frigide Barjot, la activista que lideró el movimiento conservador contra el matrimonio homosexual–, y el letrado Richard Malka, abogado del exministro socialista y exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn, salpicado por todos los escándalos sexuales habidos y por haber.

También lo han suscrito el actor y director teatral Philippe Caubère –que en el 2011 publicó una tribuna en <CF21>Libération</CF> confesándose “cliente de prostitutas”–; el humorista y escritor Nicolas Bedos –un militante de la provocación– o el novelista y crítico musical Benoît Duteurtre.

“Homos o heteros, libertinos o monógamos, fieles o volubles, somos hombres. Eso no hace de nosotros los frustrados, perversos o psicópatas descritos por los partidarios de una represión disfrazada de combate feminista”, escriben los firmantes, quienes –tras aclarar que no todos han “ido de putas”– rechazan en nombre de la libertad la pretensión del poder político de legislar sobre los hábitos sexuales de los ciudadanos. Para la directora de la revista Causeur, Elisabeth Lévy, el objetivo es “defender la libertad” y “la causa de los hombres”.

La ministra de los Derechos de las Mujeres y portavoz del Gobierno, Najat Vallaud-Belkacem, descalificó las motivaciones del manifiesto: “Las 343 guarras pedían disponer de su propio cuerto, los 343 cabrones piden disponer del cuerpo de los demás”, declaró por todo comentario.

La proposición de ley que está en el centro de la polémica no ha sido presentada por el Gobierno en tanto que tal –aunque cuenta con el apoyo de la ministra Vallaud-Belkacem–, sino por los diputadas socialistas Maud Olivier y Catherine Coutelle, quienes proponen castigar con una multa de hasta 1.500 euros –el doble, en caso de reincidencia– a los clientes de las prostitutas, a quienes se pretende “responsabilizar”.
La medida, que será debatida el 27 de noviembre, se inspira en la legislación sueca en la materia. Y el principal reproche que suscita –más allá de la arrogancia de pretender “abolir” la prostitución– es que puede resultar contraproducente. Además de las propias interesadas –agrupadas en el Sindicato de Trabajadoras del Sexo– también se oponen algunas asociaciones de ayuda social y de salud, que temen que las prostitutas queden en una situación todavía más precaria. 


Frigide Barjot, expulsada de su vivienda pública

El matrimonio de humoristas formado por Virginie y Bruno Tellenne, más conocidos como Frigide Barjot y Basile de Koch –este último, firmante del manifiesto de los 343 salauds–, han recibido el requerimiento de un tribunal para que desalojen, en el plazo de cuatro meses, la vivienda pública que ocupan cerca de la torre Eiffel. Se trata de un dúplex de 173 metros cuadrados por el que pagan un alquiler de 2.850 euros al mes, un precio bastante por debajo del del mercado. El Ayuntamiento de París, que ha instado su expulsión, alega que subarrendaron una parte para una actividad comercial. Barjot, que lideró la oposición al matrimonio gay, se considera víctima de una venganza política.







miércoles, 30 de octubre de 2013

Hollande, enésima marcha atrás

François Hollande ordenó ayer dar marcha atrás a toda máquina y suspender la entrada en vigor de la nueva ecotasa sobre los camiones, que había encrespado los ánimos en Bretaña. Pero la maniobra del presidente francés, que suscita un nivel de desconfianza inédito en la opinión pública, puede revelarse tan contraproducente como onerosa.

Con la suspensión indefinida de la ecotasa, el Gobierno quiere apaciguar los ánimos y evitar una deriva violenta del movimiento de protesta, pero lo hará a costa de erosionar aún más la credibilidad del presidente, abrir una grave crisis de confianza con sus socios gubernamentales, Los Verdes, y dilapidar el dinero público. El panorama es tan desolador como el de la salomónica solución ofrecida al caso Leonarda.
La ecotasa, que debía entrar en vigor el próximo 1 de enero –y que ahora queda aplazada sine die–, no es un impuesto creado por Hollande, sino que es fruto del gran pacto nacional por el medio ambiente suscrito en el 2007 –bajo presidencia, por tanto, de Nicolas Sarkozy– por el Estado, las administraciones territoriales, empresas, sindicatos, partidos y organizaciones ecologistas. Pero, por azares de los ritmos políticos, se ha convertido en el exponente más visible de la exasperación de los franceses por la política fiscal de los socialistas.

La ecotasa fue concebida para gravar el consumo de combustibles fósiles en el transporte de mercancías. Los contribuyentes eran los camiones pesados (de más de 3,5 toneladas), que en función de su categoría y su nivel de emisiones iban a pagar entre 8 y 15 céntimos de euro por kilómetro recorrido. La contestación ha sido liderada por la patronal agrícola, FNSEA, a cuyo juicio, el nuevo impuesto encarecerá entre un 5% y un 10% los gastos de transporte, y ha prendido sobre todo en Bretaña, castigada por la crisis de su industria agroalimentaria.

El primer ministro, Jean-Marc Ayrault, fue el encargado de anunciar la suspensión, que “no supresión”, de la ecotasa. Y la justificó diciendo que ello permitirá dialogar con calma sobre las modalidades de su aplicación y “evitar el engranaje de la violencia”. La alusión no era gratuita: los servicios de información –Renseignements Généraux (RG)– habían alertado al Gobierno que la protesta podía acabar adquiriendo dimensiones “explosivas” y extenderse a otras regiones.

Lo que parece un mal menor, sin embargo, tendrá efectos secundarios graves para François Hollande. De entrada, para su imagen política, en la medida en que consolida la percepción de los franceses de que el presidente no tiene ninguna autoridad. Y a continuación porque emponzoña sus relaciones, ya difíciles, con los ecologistas, que semanas atrás amagaron con irse del Gobierno por sus incumplimientos en materia de medio ambiente.

Por si fuera poco, la suspensión de la entrada en vigor de la ecotasa no sólo hará perder al Gobierno unos preciados ingresos –1.000 millones de euros al año–, sino que además le obligará a pagar a la empresa que ha instalado los 180 pórticos de control en la red viaria principal y que deberá percibir 50 millones al trimestre. Haya o no haya ecotasa. 


Liberados cuatro rehenes en Níger

Los cuatro rehenes franceses secuestrados por AQMI en una explotación de uranio de la empresa Areva en Níger, el 16 de septiembre del 2010, Thierry Dol, Daniel Larribe, Pierre Legrand y Marc Féret, fueron liberados ayer sanos y salvos después de algo más de tres años de cautiverio. Otros tres secuestrados el mismo día –una mujer francesa, un hombre togolés y otro malgache– fueron liberados en el 2011.




martes, 29 de octubre de 2013

Exasperación fiscal

En 1675, miles de campesinos bretones se sublevaron violentamente contra la creación de nuevos impuestos decidida por el rey Luis XIV –en particular, el impuesto sobre el papel timbrado–, en lo que ha pasado a la Historia como La Revuelta de los Gorros Rojos. Los bretones no empuñan hoy picos, espadas ni fusiles, sino huevos y coles, ya no gritan torr-e-benn! (“¡rómpeles la cabeza!”), pero el pasado fin de semana volvieron a colocarse el gorro rojo para protestar por el aumento de los impuestos decidido por el Gobierno socialista, protagonizando violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La chispa que ha encendido la mecha en una región duramente castigada por el declive de su industria agroalimentaria ha sido la próxima entrada en vigor de la ecotasa que gravará –a partir del próximo 1 de enero– el transporte de mercancías en camión. Pero, más allá de sus implicaciones locales, la protesta es un exponente del descontento y la exasperación crecientes de los franceses por la política fiscal de François Hollande, de la que es otra muestra la huelga convocada por los clubes de fútbol profesional de primera y segunda división, para la jornada del 30 de noviembre y 1 de diciembre, contra el impuesto de solidaridad, que grava con un tipo del 75% todos los salarios percibidos por encima de un millón de euros anuales y que deben pagar las empresas.

Aunque cada cual defiende intereses particulares, la revuelta de los agricultores en Bretaña y la protesta del fútbol expresan un descontento general, que atraviesa a toda la sociedad francesa. Los ciudadanos tienen la sensación de que el Gobierno les masacra a impuestos con la avidez de un vampiro. Los sondeos recogen este hartazgo, que está detrás de la bajísima popularidad de Hollande –26% según el último sondeo de BVA, hecho público ayer–, quien en tan sólo año y medio de mandato se ha convertido en el presidente más aborrecido de toda la V República. En Facebook una nueva página titulada La révolte fiscale c’est maintenant (“La revuelta fiscal es para ahora”) –que parafrasea el lema de campaña de Hollande en las presidenciales– ha conseguido en pocos días 6.000 seguidores. Su emblema: los irredentos galos del poblado de Astérix y Obélix.

El origen de los problemas a los que se enfrenta hoy el Gobierno francés radica en la decisión primigenia de Hollande de tratar de colmatar el déficit público según lo reclamado por la Unión Europea –y aún sin conseguirlo del todo, pues cerró el año pasado con un 4,8%– primando el aumento de los impuestos por encima del recorte de los gastos. En el presupuesto del 2013, el primero de su mandato, la recaudación fiscal imputable a un aumento de los impuestos o a la creación de nuevas tasas se elevó 20.000 millones de euros, y en el del 2014 aumentará aún en 3.000 millones más. Y eso sin contar –sin contarlo el Gobierno, porque se decidió ya hace un año y no es “nuevo”– que el 1 de enero aumentarán los tipos del IVA: del 19,6% al 20% el normal y del 7% al 10% el intermedio. La teoría decía que el esfuerzo debía recaer en las capas más favorecidas de la sociedad. Pero la realidad es que le está tocando a todo el mundo. Hasta tal punto que el propio presidente francés prometió una “pausa fiscal”... ¡para el 2015!

El segundo problema, tanto o más grave que el anterior, es el modo en que Hollande ha abordado la política fiscal. Lejos de su promesa de campaña de plantear una amplia y profunda reforma fiscal, el presidente se ha dedicado a hacer pequeños y continuos toques aquí y allá con el único fin de cuadrar el presupuesto, con el mismo método –hecho de improvisación y medias tintas– que le ha conducido al fracaso en el caso de la niña gitana Leonarda. Y que el ensayista Jacques Attali, gurú de la izquierda socialdemócrata desde los tiempos de François Mitterrand, muy crítico con Hollande, ha calificado severamente de “bricolaje patético”.
Este sistema ha conducido al Ejecutivo a dar continuas marchas atrás. El año pasado le sucedió con la reforma de las plusvalías empresariales, retirada tras el motín de los empresarios de start-ups, los llamados palomos, y este fin de semana, con la reforma de la imposición de los productos de ahorro. Habrá que ver qué pasa con la Bretaña.


Exilio al alza

Las cifras se van decantando poco a poco y con cierto retraso, pero permiten observar una tendencia inquietante: en el año 2011, en vísperas del triunfo electoral de François Hollande, el número de exiliados fiscales se disparó al alza en un 62%. Así lo revelan los datos oficiales de la Dirección General de las Finanzas Públicas a los que ha tenido acceso el senador de la UMP Philippe Marini. Según estos datos, en el 2011 un total de 35.077 contribuyentes partieron al l extranjero, un número sensiblemente superior al del año anterior, que fue de 21.646. Los números nada indican sobre los motivos de la expatriación –fiscales o profesionales–, aunque Marini sospecha que la perspectiva de victoria de la izquierda debió influir. Paralelamente, otros datos recogidos por L’Express indican un sensible aumento de los residentes en el consulado de Ginebra, en Suiza, de 121.320 en el 2010 a 131.594 en el 2012.