jueves, 28 de febrero de 2013

Encarnación del espíritu de resistencia


Resistir, no rendirse nunca a la fatalidad, no ceder jamás ante la opresión y la injusticia. Si tuviera que resumirse en un único rasgo la poliédrica personalidad de Stéphane Hessel (Berlín, 1917-París, 2013), designar el norte que guió toda su vida, sería su espíritu de resistencia. Él mismo no hubiera buscado otra definición. Su rebeldía, su inconformismo, le empujaron en 1941 a sumarse a la Resistencia francesa y combatir al ocupante nazi; a trabajar después como diplomático en las recién creadas Naciones Unidas –donde colaboró en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos– para tratar de edificar un nuevo mundo; a fomentar la cooperación y la ayuda internacionales; a defender finalmente todas las causas imaginables... empezando por la causa del pueblo palestino, su gran objetivo de los últimos años y causa de las más furibundas críticas que recibió en toda su vida.

Fue este mismo espíritu el que le llevó en el 2011, ya nonagenario, a dirigirse a las nuevas generaciones a través de su manifiesto “¡Indignaos!”, en busca de agitar las conciencias y provocar una insurrección cívica y pacífica contra las injusticias de la sociedad, para sacar a la juventud de lo que consideraba un peligroso estado de pasividad e indiferencia. Era más una apelación moral que una propuesta política.

El éxito de la empresa –más de cuatro millones de ejemplares vendidos en un centenar de países– dejó a todo el mundo anonadado. Empezando por él mismo, a quien el eco de sus palabras sacó de su plácido estatus de diplomático retirado y le convirtió en una suerte de oráculo universal. El movimiento de los indignados españoles, el 15-M, que arrastró después a otros movimientos de protesta similares en todo el mundo, le conmovió especialmente. Lo cual explica que su libro póstumo, el que quedará como su testamento político –“¡No os rindáis! Con España, en la trinchera” por la libertad y el progreso”–, esté dirigido específicamente a los indignados españoles.

Modesto y humilde, tanto por naturaleza como por educación, Hessel recordó muchas veces en el último tramo de su vida unas palabras que le había dicho su madre cuando era niño, y de las que comprendió todo su sentido: “Para que la modestia te siente bien, tiene que ir de la mano del éxito”. En su caso, se cumplió.
Nacido en Berlín el 20 de octubre de 1917, pocos días después de la revolución Soviética –coincidencia que el solía subrayar para explicar su alergia al ideal revolucionario, que asociaba al totalitarismo–, Stéphane Hessel era un genuino producto del agitado y trágico siglo XX. La peripecia vital de sus padres, Franz Hessel, escritor procedente de una familia judía convertida al luteranismo, y Helen Grunt, una artista polifacética que se comportó siempre como una mujer libre. le llevaron a París cuando tenía siete años. Y a acabar adoptando finalmente la nacionalidad francesa.

Su madre, con la aquiescencia inicial de su padre, mantuvo en París una relación sentimental paralela con el escritor francés Henri-Pierre Roché, un amigo común de la pareja, quien posteriormente se inspiraría en su propia experiencia para escribir la célebre novela Jules y Jim, la historia de un triángulo amoroso que después adaptaría al cine François Truffaut. La historia real tuvo un final menos trágico y, aunque no por ello fue fácil para su padre, dejó en Stéphane Hessel una profunda aversión a los celos, un sentimiento que consideraba particularmente nefasto y degradante.

Fue como francés que Stéphane Hessel fue movilizado por el ejército en 1940 para hacer frente a la ofensiva de Hitler, y como tal se sumó al año siguiente –tras huir de un campo de prisioneros alemán– a las filas del general De Gaulle en Londres. Su dominio del francés, del alemán y del inglés le condujeron a convertirse en agente de enlace entre la Resistencia francesa y el contraespionaje británico. Enviado a Francia en 1944, fue capturado por la Gestapo en París, torturado y enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde escapó por muy poco de morir ahorcado. Trasladado a otros dos campos, huyó de un tren y se unió a las filas del ejército norteamericano. Tras la guerra, inició en la ONU una larga carrera diplomática que le conduciría a recibir el rango de Embajador de Francia.

La experiencia terrible de la deportación no destruyó a Hessel, que ni se hundió en la depresión ni incubó en su interior el odio ni las ansias de venganza. Las dificultades y el sufrimiento nunca le arrebataron su amor a la vida y su alegría de vivir. “Yo he tenido un suerte enorme en mi vida”, decía. Y junto a los éxitos de su vida pública, citaba a las dos mujeres de su vida –al margen de su madre–, Vitia, con quien se casó en 1939 y tuvo tres hijos, y Christiane, quien le ha acompañado en sus últimos años.

Cada vez más disminuido por la edad y sólo parcialmente restablecido de la crisis cardiaca que le llevó al hospital en la primavera del 2012, Stéphane Hessel apenas salía ya de casa, o contadas veces. Pero su modesto y acogedor apartamento del distrito XIV de París, estaba abierto a todo el mundo. El viejo luchador, de sonrisa franca y generosa, recibía a sus visitantes con un cariño y una amabilidad extraordinarias.

Hombre comprometido y con fibra de combatiente, nunca cejó en su lucha. Hasta el final. El pasado otoño impulsó, junto con el economista Pierre Larroutorou, una de las mociones presentadas en el congreso del Partido Socialista francés –que obtuvo el 12% de los votos– y participó en la constitución del grupo de opinión Roosevelt 2012. En las últimas semanas aún seguía trabajando para transmitir a los jóvenes españoles un mensaje de esperanza. Y de exigencia.

Hombre de izquierdas, humanista y profundamente europeísta, la figura de Hessel fue saludada ayer en Francia de forma casi unánime. El presidente François Hollande rindió homenaje a su trayectoria “excepcional”, siempre “en defensa de la dignidad humana”. El PS propuso rendirle un homenaje nacional y algunos grupos de la izquierda pedían que fuera enterrado en el Panteón. Un centenar de indignados se concentró en la plaza de la Bastilla para decirle adiós.


"¡NO OS RINDÁIS!"

La voz de Stéphane Hessel, fallecido ayer en París a los 95 años, encontró especial eco en España, donde su libro “¡Indignáos!” estimuló el movimiento del 15-M. A los españoles va dirigida su última obra, “¡No os rindáis! Con España, en la trinchera por la libertad y el progreso” (Ediciones Destino), un libro realizado en colaboración con el corresponsal de “La Vanguardia” en París, Lluís Uría, que será publicado de forma póstuma en las próximas semanas.



domingo, 24 de febrero de 2013

Volver a empezar


Todo el mundo puede hincar la rodilla en tierra. Y tiene derecho a poder levantarse de nuevo. Al igual que otros países europeos –y a diferencia de lo que sucede en España–, Francia dispone de mecanismos legales para ayudar a quienes no pueden pagar sus deudas, sean o no inmobiliarias, y ofrecerles una nueva oportunidad. En un país donde las hipotecas tienen poco predicamento, la dación por pago no existe. La solución es más universal.

De entrada, la situación en Francia tiene pocos puntos en común con la española. Acceder a un préstamo inmobiliario –hipotecario o no– es muchísimo más difícil que en España, donde hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria los bancos y las cajas eran capaces de prestar dinero al mismísimo Carpanta. No sucede lo mismo en Francia, donde el acceso a la vivienda de propiedad es mucho más limitado: sólo el 57% de las familias es propietaria de su casa.

Los bancos franceses imponen condiciones muy restrictivas para otorgar un crédito inmobiliario. Para empezar, es impensable que cubra el 100% del valor de la vivienda. La proporción varía, según las zonas, y en los últimos años se ha reducido considerablemente. En el conjunto del país, de media, los préstamos llegan como máximo al 79%. Pero en la región de Ile-de-France es del 66% y en la ciudad de París, sólo del 42%. El resto lo ha de poner el comprador de sus ahorros.

Por lo demás, ninguna entidad bancaria concederá un crédito si la cuota resultante excede de un tercio de los ingresos mensuales. Estas condiciones, unidas al hecho de que la casi totalidad de los préstamos concedidos lo son a tipos de interés fijo –del orden del 3,2% actualmente–, reducen en gran medida el riesgo de impago. Para hacerle frente, los bancos pueden exigir una garantía hipotecaria o bien una caución, un seguro que paga el prestatario.

Los franceses pueden beneficiarse también del llamado “Préstamo a tipo cero”, un crédito especial reservado para los adquirientes de su primera vivienda –o que no hayan comprada ninguna en los últimos dos años y la nueva sea para su residencia habitual–, garantizado por el Estado. El préstamo sólo cubre una parte de la financiación, pero aligera la carga, pues no genera intereses.

Si a pesar de todo, uno no puede pagar las cuotas del banco y tiene una hipoteca, puede acabar siendo embargado por la entidad acreedora, que entonces venderá el bien para resarcirse de la deuda. Normalmente, la venta la acaba cubriendo por completo. Es significativo, a este respecto, que menos del 10% de los expedientes de ayuda presentados ante el Banco de Francia por problemas de sobreendeudamiento lo sean por la imposibilidad de pagar préstamos inmobiliarios.

En caso de embargo de la vivienda, los ocupantes tienen dos meses para abandonarla desde que reciben la orden de desahucio (expulsión, en la jerga administrativa francesa). Pero, al igua que sucede con el impago del alquiler, uno no puede ser expulsado de su casa en todo momento: entre primeros de noviembre y mediados de marzo está en vigor lo que se denomina la “tregua invernal”, que prohíbe echar a nade de su casa, deba lo que deba, y aunque exista una orden.

En todo caso, antes de llegar aquí, los afectados pueden recurrir a las autoridades bancarias para pedir ayuda. Cualquier persona que se vea imposibilitada de pagar sus deudas, ya sean un préstamo bancario, el alquiler, facturas atrasadas o cualquier otra –salvo las pensiones alimentarias, los impuestos y las multas–, puede acudir a la Comisión de Sobreendeudamiento del Banco de Francia en busca de una salida.
Una vez presentada toda la documentación, la citada comisión analiza el caso y, si lo considera procedente, lo admite a trámite. Desde ese momento y hasta que el Banco de Francia emite su dictamen –en un plazo máximo de un año– el pago de las deudas queda legalmente suspendido.

En primer lugar, la comisión busca una solución negociada con las partes. Si eso no es posible, la comisión puede imponer, de acuerdo con un juez, una moratoria temporal en el pago y un plan para la devolución escalonada de la deuda. Mientras eso dura –y hasta un máximo de ocho años– el afectado es inscrito en un fichero que pueden consultar las entidades financieras.

Si la comisión llega a la conclusión de que la cosa no tiene remedio, de que la situación económica y financiera del afectado está “irremediablemente comprometida”, puede abrir entonces un procedimiento de “restablecimiento personal”, esto es, una quiebra personal ordenada, que queda inscrita en el fichero citado durante cinco años. Esta medida, que requiere el acuerdo de un juez, comporta el embargo y, en su caso, la venta de todo el patrimonio disponible –bienes inmobiliarios, vehículos, ahorros...–, y a cambio la práctica totalidad de las deudas contraídas quedan borradas para siempre. A uno no le queda nada, pero tampoco arrastra ningún lastre del pasado. Puede volver a empezar desde cero.


765.000 hogares bajo asistencia

En los últimos cinco años, la Comisión de Sobreendeudamiento del Banco de Francia ha recibido una media de 212.000 peticiones de ayuda al año. En septiembre del 2012 había 765.000 hogares acogidos al sistema.


Endeudados por el consumo

La mayor parte de las peticiones de ayuda al Banco de Francia (81,8%) lo son por deudas financieras. Los créditos inmobiliarios sólo representan el 9,6%, mientras que el 87,4% son préstamos para bienes de consumo


viernes, 22 de febrero de 2013

Choque de Titan(es)


Maurice Taylor, alias Grizzly, feroz presidente del fabricante norteamericano de neumáticos agrícolas Titan –cuyo emblema no es porque sí un oso–, envió en el 2010 una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la que le proponía, entre otras medidas drásticas para reducir el gasto público, suprimir a los embajadores, con el argumento de que “no sirven para nada”.

Su desprecio de la diplomacia ha quedado de nuevo de manifiesto en la virulenta carta que le ha enviado al ministro francés de Regeneración Productiva, Arnaud Montebourg, tras el fracaso de las negociaciones para retomar la planta de Goodyear en Amiens, amenazada de cierre. El ministro, cuya vehemencia no tiene par en el Gobierno, le ha contestado con gran dureza.

“Los trabajadores franceses tienen salarios elevados, pero sólo trabajan tres horas al día. Tienen una hora para descansar y comer y las otras tres se las pasan charlando”, afirma Taylor en la carta enviada a Montebourg para justificar su desestimiento en la compra de la planta de Goodyear –1.173 empleados–, que descarta completamente: “¿Usted piensa que somos tan estúpidos?”, se pregunta con rudeza el empresario, quien responsabiliza de este fracaso a la CGT y al Ejecutivo: “Titan tiene el dinero y el talento para producir neumáticos. ¿Qué tienen los sindicatos locos? Tienen al Gobierno”. Y advierte que se irá a producir neumáticos más baratos en China o India para “enviarlos a Francia”.

Taylor, inasequible al arrepentimiento, se reafirmó ayer en el fondo y la forma de sus palabras. “Yo no escribo cartas rosas, ésta no era una carta a mi novia, hablamos de negocios”, dijo, antes de vaticinar que las empresas se acabarán marchando del país: “Pronto, en Francia no quedarán empleos y todo el mundo estará sentado en un café bebiendo vino tinto”. Los tópicos sobre los franceses son su fuerte. En el 2008, protagonizó un anuncio de televisión en el que decía: “Poner un neumático Michelin en un tractor es como poner una boina a un cow-boy”.

Montebourg le ha contestado con otra contundente misiva. “Sus afirmaciones, tan extremistas como insultantes, demuestran una perfecta ignorancia de nuestro país”, escribe el ministro, quien recuerda que “Titan es 20 veces más pequeña que Michelin y 35 veces menos rentable”. “Puede estar seguro de contar conmigo –concluye en tono amenazador– para hacer vigilar con redoblado celo sus neumáticos de importación”.



jueves, 21 de febrero de 2013

Francia se acerca a la recesión


Francia acabó el año 2012 con mal pié y ha empezado el 2013 de la misma forma. Las previsiones de crecimiento económico y de reducción del déficit previstas por el Gobierno en sus presupuestos no se podrán cumplir. Y así lo ha reconocido el propio presidente francés, François Hollande. La única duda es en qué medida. Pero todo indica que Francia camina en dirección a la recesión.

El primer jarro de agua fría cayó la semana pasada, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee) revisó a la baja el resultado del cuatro trimestre del 2012 y situó el crecimiento del PIB en el -0,3%, lo que arrastró el global del año al 0%, encefalograma plano. El dato hizo explotar de golpe todas las previsiones para este año, que el Gobierno había fijado de forma optimista –calificada de irreal por algunos economistas– en un crecimiento del 0,8%.

La corrección amenaza con ser abultada. La Comisión Europea, según avanzó ayer Le Point, ha revisado sus previsiones a la baja y ahora vaticina para Francia un crecimiento del 0,1%. El Gobierno francés no ha dicho aún esta boca es mía y el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, insistió en que el Ejecutivo procederá a la revisión de sus propias previsiones en el mes de abril. El titular de la cartera de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, sin embargo, cometió una indiscreción en una entrevista radiofónica y vaticinó que la nueva previsión sería del 0,2% o 0,3%.

Tanto en un caso como en el otro, la caída de la actividad económica dejará asimismo caducas las previsiones de reducción del déficit público al 3% del PIB, de cuyo cumplimiento François Hollande había hecho una prueba de credibilidad internacional, casi una cuestión de honor. El presidente también ha tenido que admitir que este objetivo no será alcanzado. ¿Hasta dónde se irá el déficit? El Gobierno se contenta con reafirmar su intención de llegar al equilibrio de las cuentas públicas –cero déficit– en el 2017, pero no ha fijado aún oficialmente su nuevo horizonte, a falta de llegar a un acuerdo cob Bruselas. La Comisión piensa en el 3,6%.

En este contexto, François Hollande insistió ayer en que intentará acercarse “lo más posible” al objetivo del 3%, pero sin introducir recortes presupuestarios adicionales que ahoguen la ya de por sí débil actividad económica y “agraven las condiciones de vida” de los ciudadanos. “No se trata de añadir medidas a más medidas, porque no queremos caer en la austeridad”, afirmó el presidente francés, quien reivindica la necesidad de mantener un mínimo margen de maniobra presupuestaria para apoyar el crecimiento.

Hollande apostó por “preservar las capacidades de inversión” de las administraciones locales, que asumen las tres cuartas partes de la inversión pública. Con este fin, el Gobierno prestará en los próximos cinco años 20.000 millones de euros a bajo interés para que las colectividades locales y los hospitales puedan invertir. Los capítulos prioritarios son las infraestructuras de transporte, las comunicaciones, el agua, el saneamiento, el tratamiento de residuos y la renovación térmica.

Recortes, sin embargo, habrá. Y eso ha empezado a provocar tensiones internas en el Gobierno. Una idea puesta ya sobre la mesa es revisar la sacrosanta política de ayudas familiares, introduciendo criterios de renta.


Pérdida histórica de 6.470 millones en Crédit Agricole

Los directivos de Crédit Agricole, el tercer banco de Francia por capitalización, ya lo habían advertido hace un par de semanas: el ejercicio del 2012 iba a ser catastrófico, con pérdidas jamás vistas antes en la historia de la entidad. La realidad, dada a conocer ayer, fue aún peor de la que esperaban los observadores y analistas. El grupo Crédit Agricole SA (CASA) cerró el año con unas pérdidas de 6.470 millones de euros, debido fundamentalmente a la venta de su filial griega Emporiki, la depreciación de otros activos y las provisiones para riesgos de crédito. El año 2011 la entidad ya cerró –por primera vez– con pérdidas, pero fueron cuatro veces menores que las del año pasado. En esta ocasión, el beneficio de la banca de detalle –1.700 millones– no ha logrado compensar las pérdidas en el resto de las áreas de negocio. “Hemos pasado una página, hemos transformado profundamente nuestro grupo”, señaló el director general, Jean-Paul Chifflet, quien sostuvo que el banco partirá ahora con bases nuevas. De momento, y a la espera del plan estratégico que está previsto aprobar en otoño, el grupo se proponer reducir sus gastos en 650 millones.






Ségolène Royal encuentra su sitio


François Hollande ha necesitado ocho meses de gestación para encontrar un destino político adecuado a Ségolène Royal bajo el nuevo poder socialista. La ex mujer del presidente francés y malograda candidata del PS al Elíseo en el 2007 será nombrada hoy vicepresidenta y portavoz del Banco Público de Inversiones (BPI), el nuevo instrumento financiero con que el Gobierno pretende inyectar dinero a las pequeñas y medianas empresas, y dar un poco de aliento a la átona economía francesa. Royal, que preside la región Poitou-Charentes, fue nombrada ya el lunes miembro del consejo de administración del BPI en representación de las regiones. Su puesto no será remunerado.

Con el fracaso cosechado en las elecciones legislativas de junio del año pasado, en las que fue derrotada por un disidente socialista, Ségolène Royal vio frustrado su objetivo de acceder a la presidencia de la Asamblea Nacional y tener, así, un destino político de ámbito nacional. La derrota fue tanto más amarga cuanto que su rival recibió el estentóreo apoyo de la nueva primera dama de Francia, Valérie Trierweiler, la nueva compañera sentimental del padre de sus cuatro hijos. El gesto desplazado de Trierweiler –del que ella se arrepintió públicamente después– puso en una situación políticamente delicada a François Hollande, quien más que nunca quedó obligado a buscarle un destino político aceptable a su ex compañera.

La mezcla de las esferas pública y privada ha convertido la tarea del presidente en un ejercicio arduo. Reivindicando su legitimidad para ejercer un papel importante en el “dispositivo” del nuevo poder socialista, Royal acariciaba la posibilidad de ser nombrada ministra. Pero la entrada de su antigua rival sentimental en el Gobierno, y por tanto en el círculo más próximo del jefe del Estado, fue vetada personalmente por Trierweiler. “No necesito un premio de consolación”, advirtió a su vez Royal, determinada a no aceptar cualquier cosa.

Hollande ha conseguido finalmente situar a su ex mujer en un puesto que le satisface –Royal siempre había defendido la idea de crear una entidad como el BCI, que ya había puesto en práctica en su región– y bajo la benevolente complicidad del presidente del Banco, Jean-Pierre Jouyet, un amigo de hace más de treinta años de la ex pareja.

Jouyet valoró ayer la cualidades de Ségolène Royal en tanto que “figura política de primer plano” y sus “dotes de comunicadora”, y añadió que su elección como vicepresidenta permitirá además cumplir con el principio de paridad de sexos en la cúpula directiva del nuevo banco público.

La oposición recibió de uñas el nombramiento de Royal, considerándolo una muestra más de la política de Hollande de “colocar a sus amigos” en todas las instituciones y organismos del Estado. Varios diputados de la UMP criticaron esta elección, pero hubo uno, Lionnel Luca, que puso el dedo en la llaga: “¿Qué se hubiera dicho si Nicolas Sarkozy hubiera nombrado a Cécilia?”. 


Trierweiler ataca a su revista por sus “fotos de mierda”

Para que una periodista llame al director de la revista para la que trabaja y deje un mensaje en el contestador criticando los reportajes “de mierda” y las “fotos de mierda” que publica su “periódico de mierda” ha de tener un terrible carácter y gozar de un estatus muy especial. Es el caso de Valérie Trierweiler. Según Le Canard Enchaîné, la primera dama dejó un mensaje con tales imprecaciones al director de Paris Match, encolerizada por un reportaje en la que se la veía en un “paseo amoroso” con François Hollande.


Juan Carlos I, frente al espejo francés


Proyectada desde una cierta distancia, la luz ilumina los objetos con menos crudeza y contraste, con más matices, que cuando el foco está demasiado encima. Reflejada en el espejo francés, la figura de Juan Carlos I, rey de España, adquiere también una dimensión diferente, más cerca de la Historia y más lejos de la coyuntura política. Fue con esta perspectiva que 3,7 millones de franceses, el 14,1% de la audiencia, se acercaron anteanoche a través de sus televisores a la personalidad de Juan Carlos I, ese descendiente de Luis XIV, el despótico Rey Sol, convertido en heraldo de la democracia. Sólo el carismático Doctor House, con 6,8 millones de telespectadores, se puso a esa hora –la de máxima audiencia en la franja nocturna– por delante.

El programa dedicado a Don Juan Carlos –con motivo de su 75º aniversario– constituyó la última entrega de la serie documental "Secrets d’Histoire", que conduce Stéphane Bern en el principal canal público, France 2. La emisión, inaugurada en el año 2007, pretende arrojar nueva luz sobre personajes históricos de Francia y de Europa. Dos españolas habían retenido hasta ahora la atención del programa –la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III (2010), y la reina Isabel la Católica (2012)–, además de Cristóbal Colón (2008)

El tono general del programa y la personalidad de Stéphane Bern, un periodista que nunca ha ocultado sus inclinaciones promonarquicás –llegó a militar en la Nouvelle Action Royaliste (NAR)– y que se ha especializado como comentarista de las bodas reales y principescas, garantizaban de antemano una aproximación amable y benevolente a la figura del Rey. Como así fue.

El título de la emisión, “Juan Carlos, el rey de los españoles”, era ya una especie de declaración de principios. El programa insistió mucho en la especial relación que el Monarca consiguió establecer, a lo largo de su reinado, con los españoles, y que actualmente se ha visto debilitada por la sucesión de escándalos que ha afectado a la Casa del Rey. Stéphane Bern no eludió los episodios más conflictivos de la historia reciente –la caza de elefantes en Botswana, la imputación del yerno del Rey, Iñaki Urdangarín–, pero tampoco se regodeó en ellos. Por el contrario, tras calificar el año 2012 de “annus horribilis” para Don Juan Carlos, el periodista acabó el programa haciendo votos por que el Rey consiga “restablecer su vínculo histórico con el pueblo español”.

Durante cerca de dos horas, el documental repasó la trayectoria humana y política del Monarca español, de quien se destacó su “personalidad asombrosa y atrayente”, y a quien presentó en todo momento como el “símbolo incontestable” de la nueva democracia española, que contribuyó a reinstaurar tras la muerte de Franco y que defendió frente a la intentona golpista del 23-F.

El documental, que incluyó imágenes poco vistas del Palacio Real y del Palacio de Aranjuez, contó con los testimonios del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, y del embajador de España en París, Carlos Bastarreche; y de amigos del Rey, como Josep Cusí y Jaime Carvajal, entre otros.

La figura del Príncipe Felipe –“Como hijo y hombre es una bendición del cielo; tenemos al príncipe de Asturias mejor preparado de la historia, estoy muy orgulloso”, dijo de él su padre– emergió al final del programa como el garante de la continuidad de la monarquía en España.


Fuerzas especiales en Camerún


Miembros de las fuerzas especiales, procedentes de Chad, y un equipo de gendarmes han sido enviados por Francia al norte de Camerún para investigar el secuestro de una familia francesa y tratar de encontrar a los siete rehenes –cuatro niños, de entre cinco y doce años, y tres adultos–, capturados presuntamente por un grupo terrorista islamista el martes por la mañana en las cercanías del parque nacional de Waza. El ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, precisó que la misión de este contingente no es rescatar a los secuestrados. Al menos, no en principio. Una acción de este tipo sería enormemente arriesgada –las últimas han acabado mal– y, habiendo niños, un desenlace trágico sería muy difícilmente encajado.

La presencia de miembros de las fuerzas especiales francesas en Camerún no fue confirmada por París, que habló de “militares”, pero sí por el gobernador de la región camerunesa del Extremo Norte, Augustin Fonka Awa. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, aseguró en el Parlamento que el Gobierno hará todo lo posible para obtener la liberación de los rehenes, aunque añadió que “Francia no cederá frente a los grupos terroristas”. La nueva doctrina del presidente François Hollande rompe con la política anterior, que detrás de un discurso de firmeza ocultaba el pago habitual de un rescate.

Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado el secuestro de los siete franceses. Pero todas las sospechas recaen en la secta islamista radical Boko Haram, cuyo feudo se encuentra en la región nigeriana de Maidaguri, ciudad a tan sólo 150 kilómetros del lugar donde se produjo el secuestro. El vehículo de la familia francesa fue interceptado por los secuestradores a sólo dos centenares de metros de la frontera con Nigeria, país adonde se sospecha que han sido conducidos. Las autoridades de este país han señalado que este extremo no ha podido todavía ser verificado. Según testigos presenciales citados por la televisión camerunesa, los cuatro niños fueron separados de sus padres y del tercer adulto por los secuestradores en el momento en que se los llevaron.

El Quai d’Orsay llamó a los franceses a evitar viajar al extremo norte de Camerún, una zona que hasta ahora pasaba por no ser muy peligrosa, y en las cercanías de la frontera con Nigeria. A quienes se encuentren allí, les invitó a “abandonar imperativamente la zona”. En Camerún viven más de 6.000 franceses.