miércoles, 16 de enero de 2013

Objetivo: "destruir" a los terroristas


Francia no ha regresado a Mali, su antigua colonia africana, para quedarse. Pero se quedará todo el tiempo que haga falta, hasta que los islamistas del norte sean expulsados, la seguridad esté garantizada, haya una autoridad legítima en el país y pueda abrirse un proceso electoral. Así lo expuso ayer François Hollande durante una visita oficial a Dubai, confirmando que la intervención militar francesa iniciada al pasado día 11 promete ser larga y ardua. Y sin cuartel, puesto que el objetivo final es –según sus palabras– “destruir” a los terroristas.

Revestido con los hábitos de comandante en jefe de los ejércitos, el presidente francés ofreció una imagen desacostumbrada de sí mismo. Hollande el blando, el dubitativo, el pusilánime –como repetidamente le han descrito sus adversarios y algunos de sus camaradas– mostró un insospechado ardor guerrero. Preguntado por el objetivo de Francia respecto a los terroristas, sobre si su intención era capturarlos y juzgarlos, contestó: “Destruirlos”. “Por lo demás, si podemos hacer prisioneros, los haremos... Puede ser útil”, añadió vagamente.

El presidente francés justificó de nuevo la intervención militar de Francia por la urgencia de evitar el derrumbe del ejército maliense a causa de la ofensiva lanzada el jueves pasado por las fuerzas islamistas –el grupo tuareg Ansar al Din, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unicidad y la Yihad en África del Oeste (Muyao)– e impedir la toma del poder por los insurgentes, que podría convertir a Mali en un nuevo Estado terrorista a la imagen de Afganistán. “Si yo no hubiera tomado el viernes la decisión de intervenir, ¿dónde estaría Mali hoy?”, se preguntó Hollande, quien subrayó que únicamente Francia podía asumir esa responsabilidad: “Hemos tomado una decisión mayor. Éramos los únicos capaces de tomarla”, dijo.

Los únicos... y de momento solos. El presidente francés eludió expresar queja alguna por el hecho de que sea Francia el único país que asume por ahora y en solitario –mientras no se constituya el contingente africano previsto por la ONU– el esfuerzo militar para respaldar al maltrecho ejército maliense. Hollande se contentó con subrayar la cobertura legal de la intervención, el unánime respaldo político con que cuenta –del Consejo de Seguridad, de los países africanos, de la Unión Europea– y el apoyo material de algunos de sus aliados. Sin embargo, el ministro francés de Relaciones con el Parlamento, Alain Vidalies, deploró esta situación. “No se puede decir que Francia está completamente sola, pero hay ausencias lamentables”, afirmó en televisión, antes de añadir: En Europa la movilización ha sido mínima”.

Hollande insistió repetidas veces en que “Francia no tiene vocación de quedarse en Mali”, que su intervención es “excepcional y por tiempo limitado”, y que la antigua metrópoli no tiene intención alguna de volver a hacer de gendarme de la Françafrique: “Son los propios africanos quienes deben garantizar su seguridad”, dijo. Y añadió: “No hay ningún interés francés en Mali, salvo sus ciudadanos (hay 6.000 residentes franceses); sólo defendemos una causa, la integridad de Mali, y sólo combatimos un adversario, el terrorismo”.

El presidente francés aseguró que Francia no se irá hasta que haya “seguridad, autoridades legítimas, un proceso electoral y no más terroristas”. Pero insitió, como ha venido haciendo en los últimos días, en que su deseo es asumir una labor de apoyo –esto es, pasar a segundo plano– una vez pueda desplegarse la fuerza de 3.300 soldados aportados por varios países africanos en cumplimiento de la resolución 2085 del Consejo de Seguridad de la ONU.

El problema es que ese despliegue puede tardar aún varias semanas y habrá que ver, entonces, si esa fuerza es capaz de afrontar a los combatientes islamistas, que han demostrado contar con armamento moderno y estar bien organizados y entrenados.

Por el momento, lo único cierto es que Francia está aumentando ya su despliegue militar en Mali, y que ha empezado a comprometer ya a sus tropas en los combates terrestres, donde el ejército maliense está demostrando una debilidad inquietante: las tropas gubernamentales, que el lunes perdieron el control de la ciudad de Diabali –en el este del país– ante los islamistas, todavía no han logrado reconquistar Konna –en el oeste–, perdida el jueves de la semana pasada, como reconoció el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Brian.

Los ataques aéreos contra las fuerzas y la retaguardia de los islamistas –que llevan a cabo una docena de cazabombarderos Mirage, con el apoyo ocasional de los Rafale– no son suficientes. De ahí que Francia haya decidido comprometerse en el terreno. Los primeros soldados franceses habrían entrado ya en combate ayer mismo en un intento por recuperar Diabali, según autoridades locales. París ha comprometido hasta ahora un contingente de 1.700 militares en la Operación Serval –de los que 800 se encuentran ya en Mali, procedentes del Chad y de Costa de Marfil– y espera aumentar su número hasta los 2.500 en principio. Un escuadrón de blindados ligeros llegado a Bamako partió ayer hacia el norte del país con el fin de implicarse en los combates.


Homenaje a la primera víctima

El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, presidió ayer el homenaje nacional a la primera víctima francesa de la guerra en Mali. El teniente Damien Boiteux, de 41 años, piloto de helicóptero de combate, murió en el primer ataque francés contra las fuerzas islamistas, el pasado viernes, cuando fue alcanzado por disparos de los rebeldes. Boiteux llevaba 22 años en el ejército.



martes, 15 de enero de 2013

Francia se enreda en Mali


La guerra de Mali no va a ser un paseo militar para Francia. La capacidad de resistencia y el poder de respuesta demostrado en cuatro días de combates por las fuerzas islamistas del norte del país –que en las últimas horas han lanzado una contraofensiva al oeste y tomado la ciudad de Diabali–, unida a la debilidad flagrante del ejército regular maliense, amenaza con arrastrar a Francia a un largo conflicto de desgaste. ante esta situación, París se dispone a reforzar su intervención militar con el envío de más tropas a la zona. Los 500 soldados llegados el pasado fin de semana a la capital, Bamako, podrían elevarse en los próximos días a 2.500 e implicarse en los combates terrestres, ya sea para contener los ataques islamistas, ya sea para lanzar una ofensiva hacia el norte.

El Gobierno francés insistió ayer, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, en que “Francia no tiene ninguna vocación de intervenir sola” y llamó a la comunidad internacional a implicarse decididamente en Mali, donde el riesgo de constitución de un Estado islamista –“terrorista”, según la terminología utilizada por París– representaría un serio riesgo para África del Oeste, donde Francia conserva importantes intereses, pero también para toda Europa.

Francia ha empezado a recibir apoyo logístico y de transporte de sus aliados –Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Holanda...–, pero ninguno de ellos tiene la menor intención de comprometerse militarmente. Paralelamente, diversos países africanos –Senegal, Níger, Costa de Marfil, Burkina-Faso, Benin, Togo...– han anunciado la aportación de tropas para constituir el contingente africano de 3.300 soldados autorizado por la ONU para apoyar al ejército maliense en su objetivo de reconquistar el norte del país, controlado por las fuerzas islamistas desde la primavera del 2012. Pero, como subrayaban expertos militares, difícilmente este contingente estará operativo antes de tres meses... Y cuando lo esté, parece dificil que resulte suficiente para sostener a un ejército –el de Mali– prácticamente desarbolado y hacer frente a unos adversarios fuertemente armados, con material moderno, bien organizados y extremadamente motivados.

Los ataques aéreos lanzados por Francia contra las fuerzas islamistas en el frente y en sus bases de retaguardia –en los que ha utilizado cazabombarderos Mirage y Rafale– han permitido detener uno de los ejes de la ofensiva islamista, que el jueves pasado llegó a amenazar seriamente con llegar a la capital y precipitó la intervención francesa. En este eje, situado en el este, el ejército maliense apoyado por los franceses ha conseguido reconquistar la ciudad de Konna y forzado el repliegue de las fuerzas del grupo islamista tuareg Ansar al Din.

Pero este éxito no ha tenido equivalente en el sector oeste, donde las tropas malienses deben hacer frente a las milicias de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Los salafistas lanzaron ayer una contraofensiva en la zona y consiguieron tomar el control, después de violentos combates, de la localidad de Diabali, cerca de la frontera con Mauritania y a tan sólo 400 kilómetros de Bamako. Una victoria que demuestra –como lo hizo la muerte del piloto de un helicóptero de combate francés– la capacidad militar de los islamistas y confirma que las cosas no serán fáciles.

Francia, en lo que ha bautizado como Operación Serval –nombre de un felino del desierto–, ha desplegado hasta ahora entre 500 y 600 soldados, la mayor parte de los cuales permanecen en Bamako, oficialmente para reforzar la seguridad de la capital y proteger a los 6.000 residentes franceses. Una cincuentena de soldados de las fuerzas especiales se encuentran en la zona del frente. Pero este dispositivo, contenido, podría elevarse rápidamente hasta los 2.500 soldados, que serían enviados hacia el centro del país. Algunas fuentes sostienen que el objetivo –de acuerdo con lo expresado por el presidente François Hollande– sería únicamente el de desplegarse como fuerza de contención para frenar nuevas ofensivas islamistas. Pero algunos expertos militares consideran que lo conveniente sería aprovechar la situación y, valiéndose de control absoluto del espacio aérero, atacar al norte.

“Si no se va más allá de la destrucción de objetivos militares, no hay que creer que la victoria estará conseguida –apuntó en declaraciones a France Presse elpolitólogo Bruno Tertrais, de la Fundación para la Investigación Estratégica–. Después habrá que ocupar el terreno de forma duradera y, en consecuencia, desplegar hombres y medios”.

Las fuerzas islamistas, en concreto AQMI y otra de las miliacias asociadas, el Movimiento por la Unicidad y la Yihad en África del Oeste (Mujao), amenazaron a los franceses con golpear “en el corazón de Francia” como represalia. El Ministerio del Interior considera que la amenaza de atentados terroristas es real y elevada, y ha decidido reforzar la vigilancia en los edificios públicos e infraestructuras de transporte. La única buena noticia en este terreno es el pronunciamiento de los independentistas tuaregs del Movimiento Nacional para la Liberación del Azaward (MNLA) de apoyar a los franceses en el desierto.

Los malienses, espantados por el régimen de terror impuesto por los islamistas en el norte del país, con lapidaciones y amputaciones, han recibido con entusiasmo la intervención francesa. En Bamako, proliferan las banderas francesas como muestra de reconocimiento. Pero los combates han empezado a arrojar a los caminos a miles de refugiados. La ONU calcula que 30.000 personas han huido de la zona.


Los ‘shebab’ difunden la foto del comando muerto

Los shebab, como se conoce a los milicianos del grupo islamista somalí Al Shabab, difundieron ayer a través de las redes sociales de internet una imagen del presunto cadáver del comando francés que cayó herido y fue apresado durante la fallida operación de rescate de un rehén francés el pasado sábado. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, censuró lo que calificó de “puesta en escena particularmente odiosa”. Los medios de comunicación franceses renunciaron voluntariamente a reproducir la foto. Dos comandos franceses murieron en el asalto lanzado el sábado por los servicios especiales de la Diorección General de Seguridad Exterior (DGSE) –servicios secretos– en la población de Bulomarer, en el sur de Somalia, en un intento de liberar a uno de los suyos, el agente conocido bajo el seudónimo Denis Allex, que había sido secuestrado en Mogadiscio en julio del 2009. París da por hecho que Allex fue asesinado por sus captores durante el asalto. La razón del fracaso parece haber estribado en que los comandos franceses –una cincuentena de hombres, trasladados en helicópteros a un punto situado a tres kilómetros del objetivo– fueron detectados por los shebab antes de llegar a la casa donde estaba retenido Denis Allex, lo que eliminó el factor sorpresa y permitió a los islamistas –más numerosos– preparar su defensa.






lunes, 14 de enero de 2013

Marea conservadora en París


Un marea humana, enarbolando los colores azul y rosa, inundó ayer París contra el proyecto de François Hollande de legalizar el matrimonio entre homosexuales. Entre 340.000 y 800.000 personas –según los dispares cálculos de la Prefectura de Policía y de los organizadores– secundaron el llamamiento de las organizaciones católicas, asociaciones de defensa de la familia y partidos políticos de la derecha, desde la Unión por un Movimiento Popular (UMP) hasta el Frente Nacional (FN), para reclamar la retirada del proyecto de ley y, eventualmente, la convocatoria de un referéndum. Se trata de la mayor manifestación registrada en París desde la protesta monstruo de 1984 –con un millón de personas– contra el proyecto de reforma educativa de François Mitterrand. Tras un primer intento del Gobierno de relativizar la importancia de la movilización, el Elíseo se vio obligado a admitir a última hora de la jornada que la manifestación fue “consistente”.

El presidente francés reiteró, a través de un portavoz, su firme intención de que el Parlamento aborde la discusión del proyecto de ley según el calendario previsto, esto es, a partir del próximo 29 de enero. Mientras, desde el Partido Socialista (PS), su primer secretario, Harlem Désir, reiteró la “total determinación” de los socialistas franceses de aprobar la reforma, una de las promesas electorales de mayor contenido simbólico de Hollande.

“¡Las familias están en la calle!”, coreaban –entre otros muchos eslóganes– los manifestantes. Y nada había más cierto. En los tres cortejos que convergieron, a partir de la una de la tarde, hacia el Campo de Marte, a los pies de la torre Eiffel, había muchísimas familias. Los manifestantes eran de todas las edades: viejos, mayores, jóvenes, adolescentes y niños, muchos niños. Centenares de autocares y varios trenes especiales trasladaron a la capital francesa a miles de personas procedentes de todo el país.

La Francia católica –también en parte la musulmana y la judía– estaba ayer en la calle. Un grupo de chicas jóvenes, vestidas de blanco, abría el desfile iniciado en la plaza Denfert-Rechereau, en el barrio de Montparnasse. Con un gorro frigio rojo, una banda tricolor y el código civil en la mano, las chicas iban disfrazadas de Marianne, la encarnación de la República. Pero los que estaban ayer en la calle no eran los herederos de quienes tomaron la Bastilla en 1789, sino los representantes de la Francia conservadora, la Francia del oeste parisino, de Versalles y de la Vendée.

Ayer, en la plaza Denfert-Rochereau –desde donde se accede a las Catacumbas de París–, los manifestantes recibieron el aliento del cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal. La Iglesia católica ha evitado situarse en el primer plano de la protesta, pero ha apoyado sin reservas la iniciativa, organizada por una plataforma de asociaciones católicas liderada por una mujer de 50 años, Frigide Barjot –su seudónimo artístico–, que en pocas semanas ha conseguido convertirse en una celebridad.

La manifestación, perfectamente organizada y con un efectivo servicio de orden, no se desvió ni un milímetro de lo que habían planificado sus promotores. Esto es, una protesta pacífica y festiva, que eludió en todo momento los mensajes agresivos u homófobos. El desgajamiento de los extremistas católicos de Civitas –que realizaron una jmarcha separada del resto– permitió mantener este objetivo. Los opositores al “matrimonio para todos” –según el concepto acuñado por el Gobierno, que pone el acento en la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales– han eludido entrar en los términos del debate así planteado. Por el contrario, lo han dirigido hacia la cuestión de la filiación y los derechos de los niños, un asunto sensible que suscita dudas en muchos franceses.

Los sucesivos sondeos demuestran que si bien una mayoría de ciudadanos (57%) se muestra favorable a la legalización de las bodas gay, rechaza en cambio que los matrimonios homosexuales puedan adoptar como cualquier otra pareja (55%) o tengan derecho –en el caso de las lesbianas– a la reproducción asistida (63%). Los franceses están completamente divididos en este terreno. Consciente de esta fractura, el Gobierno ha decidido desgajar del proyecto de ley sobre el matrimonio homosexual la cuestión de la reproducción asistida, que será abordada cuando se plantee la reforma de la legislación sobre la familia. Y es aquí por donde los promotores de la manifestación de ayer pretenden introducir una cuña, al reivindicar –junto a la suspensión del proyecto de ley actual– la convocatoria de unos “estados generales” sobre la familia para abordar todos estos asuntos.

Los mensajes incluidos en las pancartas y carteles de los manifestantes incidían prácticamente de forma exclusiva en esta perspectiva: “Todos nacidos de un hombre y una mujer”, “La ley priva al niño de un padre y una madre”, “Papá, mamá y los niños, es natural”, “Made in papá & mamá”, “Nuestros vientres no son caddies”, “No hay óvulos en los testículos” y otros por el estilo.

“La cuestión no es la homosexualidad, sino el matrimonio”, resumió el vicario general de la diócesis de París, monseñor Michel Ayetit. Para los opuestos al proyecto gubernamental es la transformación del concepto de matrimonio, con todo lo que de ello se deriva, el verdadero problema.

Un grupo de 115 parlmentarios de la derecha reclamaron ayer formalmente la convocatoria de un referéndum, pero la idea fue rápida y cleramente descartada por la ministra de Justicia, Christiane Toubira. Para el presidente interino de la UMP, Jean-François Copé –presente en la manifestación junto a numerosas figuras de la derecha–, la protesta de ayer representa “un test para François Hollande”. “Aquí se ve claramente que en Francia hay millones de franceses preocupados por esta reforma”. También lo es en cierto modo para la UMP, prácticamente desaparecida hasta ahora del debate político a causa de la guerra interna entre Copé y François Fillon por la sucesión de Nicolas Sarkozy al frente de la jefatura del partido. La movilización de ayer, aunque seguida –más que impulsada– por el partido confirma la existencia de un estado de opinión adverso para al presidente francés.

Para François Hollande, que afronta la mayor contestación social en sus ocho meses de mandato, el desarrollo de los acontecimiento será capital. El presidente no puede ceder aquí, porque el matrimonio homosexual se ha convertido en el símbolo de la sensibilidad “de izquierda” de un Gobierno obligado a adoptar medidas económicas dificiles de digerir para su electorado. Y porque una marcha atrás sería percibida como un muestra de debilidad –un sambenito que le persigue desde hace años– que fragilizaría su posición.


Hollande, Hitler y el homosexual disidente

La jornada de protesta tuvo su nota discordante en las controvertidas declaraciones de uno de los portavoces de la movilización, Xavier Bongibault, homosexual declarado que preside la asociación Más Gay sin Matrimonio. Bongibault, para embarazo de su colega Frigide Barjot, se dejó llevar ayer por el entusiasmo y acabó haciendo ante las cámaras del canal de televisión BFMTV una forzada comparación entre el presidente francés, François Hollande, y Adolf Hitler. “Nos explican de forma permanente que todos los homosexuales están a favor de este proyecto de ley porque son homosexuales –dijo Bongibault–. Es una lógica chocante y homófoba por parte de este Gobierno”. “Decir que todos los homosexuales tienen por único instinto su orientación sexual es la línea que defendía un hombre que Alemania conoció muy bien a partir de 1933 y es la línea que François Hollande defiende hoy”, añadió. “Esta comparación no tiene razón de ser”, zanjó más tarde Frigide Barjot, la líder del movimiento, quien no obstante tuvo palabras de comprensión hacia su colega: “Creo que hoy los organizadores han llegado a algo que les sobrepasa”. Xavier Bongibault acabó pidieno disculpas por su declaraciones al final de la jornada.



Francia ataca la retaguardia islamista


Detenido, o al menos frenado, el avance de los grupos islamistas del norte de Mali hacia el sur del país y la capital, Bamako, las fuerzas aéreas francesas atacaron ayer la retaguardia de las tropas rebeldes. Si en las primeras horas, Francia envió helicópteros de combate, y posteriormente aviones Mirage estacionados en el cercano Chad, para atacar a las columnas islamistas, ayer desplegó su arma más sofisticada: el cazabombardero de última generación Rafale. Cuatro cazas despegaron de su base en Francia y se dirigieron a través de Argelia –país que ha abierto su espacio aéreo a los franceses– hacia el norte de Mali, donde bombardearon objetivos islamistas en las ciudades de Gao y Kidal. Fuentes locales hablaron también de ataques aéreos en Léré y Douentza.

El ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, afirmó que los ataques tenían como objetivo destruir campos de entrenamiento, depósitos logísticos e infraestructuras (como el aeropuerto de Gao) en las bases de la retaguardia islamista. El ministro no quiso ser más preciso y aseguró que las acciones militares se prosiguen. “Hay incursiones permanentemente. Las hay en este momento, las ha habido la noche pasada y las habrá mañana”, dijo.

Le Drian insistió en que si Francia no hubiera intervenido el viernes, los grupos islamistas –los tuaregs de Ansar al Din y Al Qaeda en el Magreb Islámico (Aqmi)– habrían alcanzado Bamako, provocando el derrumbe del Estado maliense, y reafirmó que el presidente François Hollande está “totalmete determinado” a erradicar a los terroristas instalados en el norte de Mali, zona que controlan desde el pasado abril.

El minstro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, como hiciera el propio Hollande el día anterior, aseguró ayer que la ofensiva islamista ha sido “detenida”. Sin embargo, Le Drian fue más cauto. El titular de la cartera de Defensa explicó que uno de los dos ejes del avance islamista –por el este– ha sido efectivamente frenado y las tropas del ejército regular maliense han retomado el control de la ciudad de Konna, que había caído el jueves en manos de los yihadistas. Sin embargo, el avance por el oeste no ha sido todavía liquidado. “Los combates se prosiguen, no se ha acabado. Una operación no se acaba en dos días”, dijo. Francia interviene con ataques aéreos pero los combates terrestres los lleva a cabo el ejército maliense.

No hay datos precisos sobre el número de bajas causadas por los combates. En el campo islamista se habla de decenas de yihadistas muertos, incluso de un centenar. Según fuentes regionales, en los combates habría muerto Abdel Krim, alias Kojak, uno de los lugartenientes del líder de Ansar al Din, Iyad Ag Ghaly. La asociación Human Rights Watch informó a su vez de la muerte de diez civiles, entre ellos tres niños.

Fuentes del Elíseo citadas por France Presse han señalado que el ejército francés está sorprendido de los “bien equipados, bien armados y bien entrenados” que están los combatientes islamistas, quienes cuentan con armamento moderno y sofisticado que saben utilizar. La muerte de un piloto de helicóptero en los primeros combates efectuados en la zona de Konna, el teniente Damien Boiteux, alcanzado por disparos islamistas, demostró ya que las cosas no iban a ser fáciles.

Francia está pagando aquí la arriesgada apuesta efectuada en Libia, al lanzar por paracaídas –sin ningún tipo de control– armamento moderno, como lanzamisiles, para armar a los grupos rebeldes que combatían en Libia contra el régimen del coronel Gadafi. Una gran parte de este armamento se perdió después en el desierto y, como se temían los mas pesimistas, ha ido a parar a manos de los grupos terroristas que operan en la zona del Sahel.


Apoyo de los aliados

Si hasta ahora Francia ha sido –y es– el único país occidental que está interviniendo militarmente en Mali, el apoyo de sus aliados ha empezado a materializarse. El ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, dijo ayer contar con el apoyo, “incluido práctico”, del Reino Unido y de Dinamarca, así como de otros países europeos que no citó. Estados Unidos, que ya había anunciado la víspera su intención de prestar apoyo logístico, aporta ayuda en materia de “comunicaciones y transporte”. Los norteamericanos habían ofrecido también el despliegue de aviones teledirigidos para realizar tareas de observación y vigilancia. Mientras tanto, se van acelerando los trámites para desplegar la fuerza militar africana –integrada por 3.300 soldados– que de acuerdo con las resluciones del Consejo de Seguridad de la ONU ha de apoyar al ejército regular de Mali para reconquistar el norte del país, en manos de los grupos islamistas. El presidente de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, ha convocado una cumbre de jefes de Estado de la Comunidad Económoca de los Estados de África del Oeste (Cedeao) el próximo sábado, día 19, para abordar la constitución de esta fuerza.




domingo, 13 de enero de 2013

Católicos contra Hollande


Ocho meses después de acceder al Elíseo, François Hollande afronta el primer gran movimiento de contestación de su mandato. Los partidos de todo el arco de la derecha –desde la UMP hasta el Frente Nacional– y las organizaciones católicas de todo signo, con el respaldo explícito de la jerarquía de la Iglesia, han organizado para hoy una gran manifestación en París contra el proyecto gubernamental de legalizar el matrimonio entre homosexuales, una de las reformas sociales –y de los compromisos electorales– de mayor calado político y simbólico del presidente francés.

Los promotores de la protesta, determinados a realizar una gran demostración de fuerza, sueñan con una movilización gigantesca, si no del nivel de la manifestación contra la reforma escolar de François Mitterrand en 1984 –con un millón de participantes–, sí comparable al menos a la demostración de rechazo al líder ultraderehista Jean-Marie Le Pen en las elecciones presidenciales del 2002, que reunió a 300.000 franceses. En todo caso, la Prefectura de Policía de París, que ha movilizado a 5.000 agentes de la Policía y de la Gendarmería, espera una participación masiva. Los organizadores han contradado un millar de autocares y media docena de trenes de alta velocidad (TGV) para transportar a la capital a manifestantes procedentes de todo el país.

El proyecto de legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo –rebautizado por elGobierno como “matrimonio para todos”, un concepto más digerible– ha provocado en la sociedad francesa un vivo debate, que trasciende en ocasiones las fronteras ideológicas. Si el derecho al matrimonio de los homosexuales recibe un apoyo mayoritario entre los ciudadanos –57% contra un 43%, según un sondeo último de Opinion Way para Le Figaro_, el derecho subsiguiente a la adopción suscita en cambio un fuerte rechazo –55% a 45%– y aún más la posibilidad de que las parejas de lesbianas puedan acceder a la procreación médicamente asistida –63% en contra por sólo un 37% a favor–. El Gobierno ha conseguido convencer a los diputados socialistas de dejar este último extremo –que querían introducir mediante una enmienda– para más adelante con el fin de apaciguar los ánimos. Pero este movimiento ha sido insuficiente.

Oficialmente, la tranquilidad reina en el Elíseo y en Matignon. El Ejecutivo dirigido por el primer ministro Jean-Marc Ayrault no cree en una manifestación gigantesca y asegura que piensa mantener la tramitación del proyecto de ley sin claudicar ante la presión de la calle. Como diría y haría cualquier otro Gobierno en las mismas circunstancias. Pero el pulso sólo acaba de empezar.

El principal partido de la dereche, exangüe tras la guerra interna entre Jean-François Copé y François Fillon, confía en este movimiento para recuperar su fragilizada salud. El ex presidente Nicolas Sarkozy, de ser exactos los comentarios reproducidos por el semanario Le Point, estaría firmemente convencido de que la jornada de hoy marcará un punto de inflexión político que irá más allá del proyecto del matrimonio homosexual en sí. “Esto va a ser una ola contra el Gobierno, un movimiento que va a arrollar a todo el mundo”, habría dicho el antiguo líder de la UMP.

No han sido hasta ahora los políticos, sin embargo, quienes han estado en primera línea de la movilización, sino las organizaciones católicas. La Iglesia, al principio formalmente discreta, se ha puesto poco menos que a la cabeza de la manifestación y el cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal, hará probablemente acto de presencia hoy en la protesta, que contará con la presencia de otros dignatarios religiosos –evangelistas, judíos y musulmanes– unidos contra una reforma que a su juicio desnaturaliza el concepto de la familia.

Al frente de la movilización se encuentra una activista católica sin parangón. Virginie Merle, de 50 años, más conocida por su nombre artístico –Frigide Barjot, una menos que velada alusión a Brigitte Bardot–, que ha sabido utilizar con envidiable pericia sus dotes mediáticas. Cantante, actriz y humorista especializada en las parodias, Barjot saltó a la luz en 2011 con la publicación de un libro –Confessions d’une catho branchée (Confesiones de una católica moderna)– en el que explicaba su descubrimiento de la fe, y se ha convertido en la imagen de un movimiento de contestación que pretende huir tanto de la imagen carca tradicional como de las posiciones de los grupos extremistas y abiertamente homófobos. La protesta ha sido organizada en tres cortejos diferentes que partirán, a las 13 horas, de tres puntos de la ciudad para converger en el Campo de Marte, a los pies de la torre Eiffel. Al margen se manifestará la organización de extrema derecha Civitas.



Francia limita su intervención en Mali


La intervención militar de Francia en Mali durará todo lo que sea necesario, pero no más. Y, sobre todo, en ningún caso irá más allá de detener el avance hacia el sur de los islamistas que ya controlan el norte del país y de garantizar, de este modo, el despliegue de una fuerza militar africana en apoyo del ejército regular maliense, tal como acordó el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre. Se trata, pues, únicamente de estabilizar la situación y ganar tiempo para que pueda desplegarse la nueva fuerza internacional. Así lo subrayó ayer el presidente francés, François Hollande, tras reunir en el Elíseo al Consejo de Defensa. “He dado hoy, de nuevo, todas las instrucciones para que los medios utilizados por Francia estén estrictamente limitados a este objetivo”, afirmó.

La intervención francesa, bautizada con el nombre de Operación Serval –nombre de un felino del desierto– e iniciada la tarde del viernes con ataques aéreos sobre las fuerzas islamistas, ha conseguido ya detener provisionalmente el avance de los rebeldes. Pero le ha costado también su primera víctima: un piloto, el teniente Damien Boiteux –del 4º Regimiento de Helicópteros de las Fuerzas Especiales–, murió alcanzado por los disparos de un arma ligera. Su muerte es un toque de alerta sobre la complejidad y los riesgos de la intervención.

Francia, que nunca quiso intervenir directamente en Mali –limitándose a dar apoyo logístico–, se ha visto impelida a hacerlo ante el derrumbamiento, el jueves en Konna, del ejército maliense frente a la ofensiva islamista, que hubiera hecho inviable e inútil toda intervención internacional. Pero no tiene ninguna intención de enviar tropas de combate terrestres y meterse en el cenagal maliense. La recuperación del norte del país deberá asumirla el propio ejército de Mali con el apoyo del contingente de 3.300 soldados que deben enviar varios países africanos. Costa de Marfil anunció el viernes el inicio de los preparativos a este respecto y otros tres países –Burkina, Níger y Senegal– confirmaron ayer el inminente envío de tropas a Mali.
“En esta operación Francia no persigue ningún otros interés particular –insistió Hollande, cons-ciente de las suspicacias que puede suscitar la intervención francesa en su antigua colonia– que la salvaguarda de un país amigo y no tiene otro objetivo que la lucha contra el terrorismo”.

El ejército francés prosiguió ayer los ataques aéreos contra los islamistas del grupo tuareg Ansar al Din y de Al Qaeda del Magreb Islámico (Aqmi), que habían lanzado su ofensiva a través de dos ejes de penetración. Además de los helicópteros de combate Gazelle de las fuerzas especiales –armados con misiles–, también fueron utilizados cazabombarderos Mirage 2000 y Mirage F1 estacionados en Chad. Según el jefe del Alto Estado Mayor de los Ejércitos, el almirante Édouard Guillaud, fueron destruidos numerosos vehículos de los islamistas, así como un centro de mando. El Gobierno maliense aseguró haber reconquistado, con el apoyo francés, la ciudad de Konna, caída el jueves.

Francia ha enviado asimismo un número indeterminado de militares a la ciudad de Sevaré, con el fin de respaldar al centro de mando táctico del ejército maliense. Asimismo, varios centenares de soldados –diversas compañías – han empezado a ser desplegados en Bamako con el fin de reforzar la seguridad de la capital, y en particular de los 6.000 residentes franceses, así como del resto de ciudadanos europeos. Las autoridades militares francesas guardan una absoluta reserva sobre el número de efectivos, el despliegue y los medios comprometidos en la Operación Serval.

El presidente interino de Mali, Dioncounda Traoré –quien había pedido oficialmente el apoyo urgente de Francia–, agradeció ayer a Hollande la intervención militar francesa, saludada tambien por Londres y Washington. Los estadounidenses han ofrecido a los franceses apoyo logístico, reavituallamiento en vuelo y aviones teledirigidos de vigilancia. Pero, por ahora, Francia está actuando en solitario.


Refuerzo de la vigilancia antiterrorista

Tras reunir en el Elíseo al al Consejo de Defensa, François Hollande anunció haber pedido al primer ministro, Jean-Marc Ayrault, el refuerzo de la vigilancia antiterrorista en Francia, en particular la seguridad de los servicios públicos y las infraestructuras de transporte. “La lucha contra el terrorismo exige también tomar todas las precauciones aquí, en Francia”, argumentó el presidente francés en una decaración por televisión. Formalmente, el Plan Vigipirate va a ser reforzado, pero se mantendrá tal como estaba ya actualmente, en el nivel rojo –el tercero en una escala de cuatro–, sin subir al nivel escarlata, que es el de máxima alerta y que normalmente se declararía tras la comisión de un atentado. Varios grupos islamistas, así en Mali como en Somalia, han anunciado ya con tomar represalias contra Francia y contra sus ciudadanos en el mundo árabe. De acuerdo con el nivel rojo de alerta –vigente desde el año 2005–, unos 1.200 soldados realizan labores de vigilancia.





Fallido rescate en Somalia


Podría haber sido un gran golpe de efecto, una demostración de fuerza, pero acabó siendo un fiasco. La operación de rescate lanzada en la madrugada de ayer por los servicios secretos franceses para liberar a uno de sus agentes retenido en Somalia desde hace más de tres años se saldó con un trágico fracaso: el rehén y dos de los soldados franceses participantes en la acción de comando perdieron la vida durante la operación. Así lo confirmó a última hora del día el presidente François Hollande, que compareció de nuevo desde el Elíseo. La muerte de 17 presuntos terroristas muestra la violencia del enfrentamiento.

La operación en Somalia fue decidida hace varios días, después de que los servicios de información confirmaran el lugar donde estaba retenido Denis Allez, seudónimo de un agente de la Dirección General de Seguridad Exerior (DGSE) que había sido secuestrado en la capital de Somalia, Mogadiscio, el 14 de julio del 2009 a manos del grupo islamista Al Shabab, vinculado a la organización terrorista Al Qaeda. Otro agente capturado el mismo día consiguió escapar poco después, en el mes de agosto, aprovechando una distracción de sus captores.

El ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, justificó la decisión de asumir una operación tan arriesgada y peligrosa ante el bloqueo de la vía negociadora con los secuestradores. Y aseguró que esta operación estaba “totalmente desconectada” de la intervención militar en Mali contra los grupos islamistas que combaten contra el ejército gubernamental. Pero lo cierto es que la superposición de ambas acciones, que se refuerzan mutuamente, no parece casual. Según expresó Hollande en su declaración desde el Elíseo, con esta acción “Francia confirma su determinación de no ceder al chantaje terrorista”.

La operación se desencadenó a las dos de la madrugada (hora local) en la localidad de Bulomarer, en el sur de Somalia, y en ella participaron una cincuentena de comandos del Servicio de Acción de la DGSE, transportados hasta el lugar a bordo de cinco helicópteros del Grupo Aéreo Mixto GAM 56 Vaucluse. El enfrentamiento con los militantes islamistas, que presentaron una encarnizada resistencia, fue –en palabras del ministro Le Drian– de “gran violencia”.

Uno de los soldados franceses fue herido mortalmente –y evacuado– mientras que otro se dio inicialmente por desaparecido. Los islamistas aseguraron haber capturado al militar francés herido y anunciaron el “juicio” inminente del rehén. Pero tras horas de dudas sobre la suerte de ambos hombres, el presidente francés confirmó la muerte del comando y el asesinato “sin ninguna duda” de Denis Allex. Hollande saludó el “sacrificio” de los dos soldados y expresó sus condolencias a las familias de las víctimas.