viernes, 30 de noviembre de 2012

Un accidente sin culpables

Nadie tuvo la culpa del accidente del Concorde que el 25 de julio del 2000 se estrelló en las cercanías del aeropuerto Charles de Gaulle de París causando 113 muertos. Al menos, así quedará para la justicia francesa, que ayer consideró que no había lugar a ninguna responsabilidad penal. Para sorpresa de todo el mundo, y en contra de la opinión del fiscal, el Tribunal de Apelación de Versalles decidió absolver a la compañía aérea norteamericana Continental y a uno de sus empleados, condenados en primera instancia por el tribunal de Pontoise hace casi dos años. Pese a ello, la sentencia esteblece que cometió una serie de “faltas” por las cuales le condena a pagar una indemnización de un millón de euros a la compañía Air France.

El tribunal constata la concatenación de hechos que condujo al fatal accidente. Todo empezó cuando un avión DC-10 de Continental que había despegado pocos minutos antes por la misma pista perdió en la maniobra una lámina de titanio adosada al fuselaje. Cuando le tocó el turno al Concorde –vuelo AF-4590 de Air France con destino a Nueva York–, el avión supersónico topó con la lámina, lo que provocó el reventón de un neumático del tren de aterrizaje y la perforación e incendio del depósito de combustible, lo que condujo a la pérdida de potencia de sus reactores. Imposibilitado para intentar un aterrizaje de emergencia, el Concorde se estrelló dos minutos después sobre un hotel de carretera en Gonesse, donde perecieron cuatro de las víctimas.

La primera sentencia consideró que había una relación de causa a efecto entre la pérdida de la lámina del DC-10 y el accidente, y por ello condenó a Continental al pago de una multa de 200.000 euros y a uno de sus mecánicos, a 14 meses de cárcel, además de a indemnizar –también con un millón de euros– a Air France. El Tribunal de Apelación de Versalles considera, en cambio, que la pérdida de la lámina de titanio del avión de Continental, si bien es una falta, no constituye en cambio una infracción penal.

El abogado de Continental, Olivier Metzner, celebró ayer la sentencia en la medida en que supone una reparación para la imagen de la compañía. “Este proceso ha estado contaminado por las autoridades francesas”, insistió el letrado, que ya en su momento acusó a Francia de haber “puesto el patriotismo por delante de la justicia” en este asunto. Metzner intentó siempre derivar la responsabilidad sobre Air France y los constructores del Concorde.

Air France también celebró la sentencia, que le exonera también de toda culpa y que –al establecer la responsabilidad civil de Continental– reforzará su demanda en este terreno, que es objeto de una tramitación paralela. Los únicos descontentos fueron las familias de las 113 víctimas. Stéphane Gicquel, secretario general de la Federación nacional de víctimas de accidents colectivos (Fenvac), expresó su “malestar” y “consternación”.




jueves, 29 de noviembre de 2012

La derecha francesa se suicida


Cuando los ecos de la batalla fratricida que enfrenta a Jean-François Copé y François Fillon por el liderazgo de la derecha francesa se hayan extinguido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP) asemejará un campo de ruinas. Francia asiste estupefacta e incrédula, minuto a minuto, al violento desgarramiento del gran partido de la derecha, fundado por Jacques Chirac en el 2002 con el fin de superar para siempre las luchas de clanes. Lo que el diario conservador Le Figaro no ha dudado en calificar de “suicidio en directo”. Cuando termine la guerra, que ayer se había reanudado de nuevo tras una equívoca tregua, la UMP habrá dejado en el campo de batalla toda su credibilidad, y deberá iniciar un arduo camino de reconstrucción. Eso en el mejor de los casos. En el peor, se romperá en dos.

En un mes, según pone de relieve un sondeo de TNS Sofres difundido ayer, la mala imagen de la UMP entre los franceses se ha disparado hasta el 62% (+7), mientras la buena ha caído al 27% (-8). Los dos duelistas –como ya han sido rebautizados irónicamente en alusión al obsesivo enfrentamiento de los protagonistas de la película de Ridley Scott– van a salir también desplumados del envite: entre los simpatizantes de la UMP, la popularidad de Fillon ha retrocedido al 70% (-10) y la de Copé al 44% (-17). Ya se lo advirtió el martes el ex presidente francés, Nicolas Sarkozy, cuando logró forzarles a una frágil entente: de seguir así, les recordó, no sólo el partido sufrirá, sino también su propio capital político, y sus opciones de presentarse a las elecciones presidenciales del 2017 se verán arruinadas.

Como si nada. De nada habrán valido las desesperadas gestiones del que fuera primer presidente de la UMP, Alain Juppé, admitido como mediador la semana pasada; de nada las severas admoniciones de Nicolas Sarkozy; ni los dramáticos llamamientos de una cincuentena de parlamentarios no alineados –encabezados por Bruno Le Maire y Nathalie Kosziusko-Morizet– reclamando un arreglo. Copé y Fillon extinguieron ayer la única posibilidad que había sobre la mesa para encontrar una solución, al dar por rota toda negociación sobre la organización de un referéndum interno para decidir si debe repetirse la elección de presidente del partido. ¿Es que queda ya otra opción? La celebrada el pasado día 18, en la que salió oficialmente elegido Copé, no sólo es contestada por Fillon, sino que nadie cree ya que pueda servir para sostener un nuevo liderazgo.

Cincuenta diputados y un centenar de senadores de la UMP reclamaron ayer la convocatoria de una nueva votación. Mientras, desde la base, seis federaciones del Este de Francia se proponen hacer votar a sus militantes una moción en favor de la unidad y contra “la guerra de los jefes”.

El martes por la noche, la solución del referéndum –puesta sobre la mesa por Sarkozy– había sido aceptada por ambos campos. Pero cada cual pretendió imponer al otro condiciones inaceptables. El desencadenante de la ruptura fue la decisión de Fillon de mantener, contra viento y marea, su iniciativa de crear un grupo parlamentario disidente –Reagrupamiento-UMP– en la Asamblea Nacional, integrado por una setentena de sus seguidores. Se trataba de un elemento de presión, una demostración de fuerza para negociar con ventaja las condiciones del referéndum. El propio Fillon había asegurado que el grupo se disolvería en cuanto se llegara a un acuerdo.

Pero para Copé, que más que instalado se ha encastillado en la presidencia de la UMP, el desafío de Fillon era inaceptable. Era “cruzar la línea roja”. Consumado el gesto anteanoche, ayer a primera hora Copé dió por roto el diálogo, para revenir después y fijar un plazo –hasta las 15 horas– para que el grupo fuera disuelto. “No aceptamos ultimátums de nadie”, respondieron los de Fillon. Pasaban quince minutos de las tres de la tarde cuando la número dos de Copé y secretaria general del partido, Michèle Tabarot, emitió la sentencia definitiva: “La negociación se acaba aquí”.

Las próximas veinticuatro o cuarenta y ocho horas van a resultar cruciales. François Fillon deberá decidir hasta dónde lleva su desafío. La consolidación del grupo disidente podría acabar privando a la UMP, ya en situación económica delicada, de una parte de la financiación pública a la que tiene derecho en función del número de diputados. Si el ex primer ministro da ese paso, abriría el camino a la secesión. Pero ¿quién le seguiría? En su propio campo han empezado a aparecer las primeras muestras de incomodidad y desfallecimiento.

La extrema dureza del enfrentamiento entre Jean-François Copé, de 48 años, y François Fillon, de 58, es la propia de una lucha desesperada por hacerse con el control de la UMP como paso previo para intentar el asalto al Elíseo dentro de cuatro años y medio. Pero detrás de esta guerra de personas hay también dos líneas políticas que se enfrentan.

La contestada victoria de Copé, reforzada por el triunfo de la moción La Francia Fuerte, implicaría, caso de consolidarse, la confirmación del giro estratégico dado por Nicolas Sarkozy a partir del 2011. Inspirado por los consejos de uno de sus más controvertidos asesores, Patrick Buisson, un hombre surgido de la extrema derecha, el ex presidente francés viró hacia al populismo identitario, agitando el miedo al islam y la inmigración. Frente a Copé, adalid de esta nueva “derecha desacomplejada”, Fillon representa a una derecha más moderada y liberal, más centrada.



Sin papeles, un poco más de lo mismo


En 1981, con François Mitterrand, y en 1997, con Lionel Jospin, los socialistas franceses abrieron la puerta a una regularización masiva de inmigrantes extranjeros en situación irregular. No sucederá lo mismo en el 2012 con François Hollande. El presidente francés ya lo había advertido durante la campaña electoral y ayer el Consejo de Ministros lo confirmó, al aprobar una circular oficial con las nuevas reglas para regularizar –individualmente, caso por caso– a los simpapeles que demuestren arraigo en Francia.

Los nuevos criterios, que el ministro del Interior, Manuel Valls, calificó de “exigentes y justos”, suavizan algunos de los requisitos vigentes hasta ahora y endurecen otros. Y, sobre todo, clarifican definitivamente las lagunas que existían hasta ahora y establecen las mismas reglas para todo el territorio nacional, en lugar de dejarlas a la interpretación de los prefectos. Pero en lo fundamental mantienen la misma línea restrictiva que en materia de inmigración había aplicado Nicolas Sarkozy en los últimos años. Su objetivo es también el mismo: no sobrepasar la cifra de 30.000 regularizaciones al año. Sólo una parte de los entre 300.000 y 500.000 simpapeles que se calcula que hay en Francia podrán beneficiarse de estas condiciones.

La “firmeza” en el “control de los flujos migratorios” y la “lucha contra la inmigración ilegal” evocada ayer por el Gobierno socialista enlaza directamente con la herencia del ex presidente francés, quien no porque sí tentó en su día a Manuel Valls con asumir la cartera de Interior con él. El ministro, que fue alcalde en la banlieue sur de París –en Evry– y conoce a la perfección las inquietudes de los franceses ante el fenómeno de la inmigración y el problema de la seguridad, siempre ha mantenido un discurso de firmeza en ambos terrenos, que lo ha situado en el ala derecha del Partido Socialista. Pero sus ideas, avaladas por François Hollande, son hoy las del Gobierno.

Si un acento diferente puede percibirse es en la voluntad expresada por el Ejecutivo de abordar el problema de la inmigración con “responsabilidad” pero evitando toda utilización populista –algo de lo que Sarkozy no sabía privarse– y dando un “tratamiento humano” a las situaciones personales más difíciles.
La circular aprobada ayer por el Consejo de Ministros establece como requisito general –salvo alguna excepción– la permanencia en Francia durante al menos cinco años como condición de partida para poder aspirar a obtener un permiso de residencia.

En el caso de los inmigrantes por motivos de trabajo –la mayoría–, deberán demostrar haber trabajado al menos 18 meses en los últimos dos años, o 30 meses en los últimos cinco, y presentar un contrato de trabajo o promesa de empleo. Sólo quienes hayan trabajado en periodos importantes –dos años como mínimo– podrán acogerse al mismo trato si llevan al menos tres años en el país. Con Sarkozy, se pedía también un mínimo de cinco años de permanencia en Francia y 12 meses con el mismo empleador.

Los inmigrantes simpapeles podrán asimismo pedir la regularización si tienen hijos escolarizados desde al menos tres años (incluido el nivel preescolar). Con la derecha, en el 2006, se pedían sólo dos años de residencia y un año de escolarización, pero eso duró poco y luego quedó al albur de la autoridad administrativa. Las asociaciones en defensa de los inmigrantes han criticado las restricciones en este capítulo.
Más suave es, en cambio, la condición que se impone a los cónyuges en situación irregular, a quienes se exige cinco años de presencia en Francia y 18 meses de vida en común (antes eran cinco años), además de demostrar recursos suficientes para vivir. Los jóvenes de 18 años, por su parte, podrán acceder a la regularización si han llegado al país antes de cumplir los 16 (antes la barrera estaba en los 13 años)

El Gobierno anunció la presentación, durante el segundo trimestre del 2013, de un proyecto de ley para instaurar permisos de residencia plurianuales para determinados tipos de inmigrantes regulares. Antes, durante el primer trimestre, se organizará un debate monográfico dedicado al tema de la inmigración en el Parlamento, que a partir de ese momento se repetirá anualmente. Es sí, con voz pero sin voto.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Última salida: volver a votar


Votar para ver si se ha de volver a votar. La idea, apadrinada por Nicolas Sarkozy como último recurso para salvar a la UMP de la explosión, puede parecer la broma de un prestidigitador, pero ha abierto por primera vez una débil luz al final del túnel en que se encuentra atrapada la derecha francesa. El objetivo es que los militantes de la Unión por un Movimiento Popular decidan en referéndum si quieren repetir la votación para elegir al presidente del partido, dado que la celebrada el pasado día 18 es contestada por una de las partes en liza. Esta alambicada fórmula, aceptada en principio por los dos contendientes –Jean-François Copé y François Fillon–, permitiría salvar formalmente la cara del primero dando a la vez satisfacción a las reclamaciones del segundo, que no reconoce la legitimidad de la elección y exigía su repetición.

La intervención de Nicolas Sarkozy fue “determinante”, en palabras de un lugarteniente de Fillon, para romper el bloqueo. Furioso y harto de la guerra fratricida que está desgarrando a la UMP, el ex presidente francés se empleó ayer a fondo para forzar a los dos rivales –a quienes amonestó severamente y amenazó con una descalificación pública– a buscar una salida a la crisis. Sarkozy consiguió que Copé y Fillon se reunieran, cara a cara, durante media hora en la Asamblea Nacional y aceptaran un compromiso.

Jean-François Copé, que se había encastillado en la legitimidad formal de su nombramiento como presidente –confirmada por todas las instancias oficiales del partido– y se negaba a volver a votar, ha tenido al final que ceder y aceptar implícitamente la inevitabilidad de repetir la elección. El referéndum, una argucia para suavizar esta marcha atrás y darle una suerte de cobertura jurídica, se convertirá de hecho en una primera vuelta de esta nueva elección. Y su resultado será capital. Si los militantes votan por volver a votar, Copé quedará desautorizado y más que debilitado.

El punto de inflexión de la crisis fue la decisión de François Fillon, más decidido que nunca a llegar hasta el final, de constituir un grupo parlamentario propio –separado de la UMP– en la Asamblea Nacional. Una medida de presión tan brutal como arriesgada que sitúa al partido en la antesala de la escisión. El equipo de Fillon presentó anoche la documentación oficial ante la Cámara baja, aunque la constitución formal de ese nuevo grupo, rebautizado Reagrupamiento-UMP, no se producirá antes del próximo martes. De aquí a entonces será una espada de Damocles sobre la supervivencia del partido. El ex primer ministro ha logrado reunir a 68 de los 194 diputados de la UMP y hoy podría hacer lo mismo con unos 70 de sus 131 senadores. Ese Fillon prudente y moderado, a quienes algunos de sus camaradas denigraron llamándole Mr. Nobody, ha demostrado una determinación que ha cogido a sus adversarios por sorpresa.

Anoche, ambos campos mantenían su pulso sobre las fechas y las condiciones en que debería celebrarse dicho referéndum. Fillon envió a Copé un memorándum donde urgía a convocar la consulta antes de las vacaciones de Navidad, exigía que la votación –a través de internet– sea controlada por una instancia independiente exterior al partido y, sobre todo, que en el ínterin Copé ceda el mando de la UMP a una dirección colegiada.

Jean-François Copé, que ya había anunciado su intención de seguir ejerciendo como presidente del partido hasta el final de todo el proceso, rechazó tales exigencias. Planteó celebrar la consulta más bien en enero Y reclamó por su parte a François Fillon que renuncie a su intención de fracturar la representación parlamentaria de la UMP. 


Desgaste desigual en la opinión

La mayoría de los franceses (71%) y de los simpatizantes de la UMP (67%) considera conveniente la repetición de la elección del presidente del partido. Según un sondeo de Ifop, Fillon sale mejor librado, pues su popularidad entre los electores de la UMP sólo ha bajado 4 puntos (al 86%), mientras que la de Copé ha caído 21 (al 55%)




martes, 27 de noviembre de 2012

A Sarkozy se le escapa la UMP


Llamado al rescate por Alain Juppé y algunos barones de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Nicolas Sarkozy intervino ayer entre bambalinas en la crisis de su partido para tratar de mediar entre los dos líderes enfrentados, Jean-François Copé –proclamado presidente– y François Fillon, que contesta frontalmente su elección. Sin aparente éxito. De retorno ayer mismo a París, tras haber viajado a China para pronunciar una conferencia, el expresidente francés almorzó con su antiguo primer ministro y conversó por teléfono con Copé para intentar –sin comprometerse públicamente– buscar una solución. Pero al término de la jornada, el enfrentamiento entre los dos campos era tanto o más violento que al principio.

Jean-François Copé llevó hasta el final su estrategia y consiguió que la Comisión Nacional de Recursos de la UMP –una instancia bajo su control, cuya credibilidad contesta Fillon– ratificara su elección como presidente del partido. Guinda sobre el pastel: su victoria ya no sería por el escaso margen de 98 votos –sobre un total de 150.000 sufragios emitidos–, sino de 992. La comisión tuvo a bien, en efecto, incorporar los votos “olvidados” de ultramar, pero a la vez anuló por presuntas irregularidades las votaciones en varios colegios electorales importantes –en Nueva Caledonia y Alpes Marítimos– en los que Fillon había ganado.
Jean-François Copé, en una breve intervención, dio su victoria por incontestable y la querella interna por terminada. Y, apelando al “perdón”, llamó a todos los militantes del partido –incluido Fillon: a trabajar juntos por la unidad y la “reconstrucción”. Nada que se vea en el horizonte.

El ex primer ministro rechazó de nuevo la proclamada victoria de Copé, que calificó de “golpe de fuerza”, y reiteró su intención de acudir a los tribunales de justicia para impugnar la elección interna de la UMP. Su abogado, François Soureau, confirmó la preparación de un recurso. Fillon envió a la UMP a un ujier para requerir los datos de la elección, a lo que el partido se negó.

Por si faltaran motivos de desconfianza y de tensión, el hasta ahora tesorero de la UMP, Dominique Dord –un hombre próximo a Fillon–, dimitió ayer de su cargo y acusó a Copé de haber utilizado de forma masiva los recursos del partido, económicamente exangüe, en su beneficio exclusivo para financiar su campaña.
El ex primer ministro, que hoy reunirá a sus partidarios para decidir los próximos pasos, podría plantear la creación de un grupo parlamentario aparte, separado de la UMP, anque sin llegar a encabezar una escisión del partido. Una maniobra de estas caractarísticas dejaría a la derecha gravemente tocada en el Parlamento, extremadamente debilitada, además de privarle de parte de los recursos que recibe del Estado.

Entre los dos campos, un grupos de no alineados encabezado por la exministra Nathalie Kosciusko-Morizet, promueve una petición para que se repitan las elecciones internas a presidente de la UMP. “Volver a votar es la mejor solución para evitar la escisión”, argumentó. La iniciativa recogió ayer, en un sólo día, más de 16.000 firmas. La idea parece avanzar, de momento poco a poco. Nicolas Sarkozy, según el diario Le Figaro, se habría mostrado favorable durante su conversacion con Fillon. Y anoche, el director de campaña de este último, Eric Ciotti, también la apoyó. Pero Copé la rechaza de plano.

Mientras la derecha se desangra en esta guerra civil, los partidos fronterizos con la UMP se frotan las manos. En particular la nueva Unión de los Demócratas e Independientes (UDI) del centrista Jean-Louis Borloo. Según fuentes de este partido, en la última semana han recibido nuevas peticiones de adhesión a un ritmo de mil al día. Desde principios de mes, serían ya 14.000. En el otro extremo, la presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, observa con delectación la explosión de un partido cuya ala más a la derecha se propone fagocitar.


Duelos a repetición

La agitada historia de la derecha francesa bajo la V República muestra que la guerra fratricida protagonizada por Jean-François Copé y François Fillon por el control del partido, la UMP, no es nada excepcional. El primer gran enfrentamiento se produjo en 1974 a la muerte de Georges Pompidou, cuando Jacques Chirac sumó sus fuerzas a las de Valéry Giscard d’Estaing –que saldría elegido presidente– para elminar a Jacques Chaban-Delmas. Chirac se enfrentaría posteriormente a Giscard con una gran violencia, hasta el punto de favorecer el triunfo del socialista François Mitterrand en 1981. En 1995 el duelo que desgarró a la derecha fue entre Chirac –que salió triunfante– y Édouard Balladur. El penúltimo capítulo lo protagonizaron en los tribunales Nicolas Sarkozy y Dominique de Villepin.



lunes, 26 de noviembre de 2012

La UMP avanza hacia el abismo



La derecha francesa avanza con obstinada determinación hacia el suicidio. La tentativa de mediación del ex primer ministro Alain Juppé, el hombre probablemente con más autoridad moral y política en la Unión por un Movimiento Popular (UMP), fracasó ayer rotundamente ante la negativa frontal del presidente proclamado del partido, Jean-François Copé –elegido oficialmente por una contestada ventaja de 98 votos, de 150.000, sobre François Fillon–, a aceptar las condiciones del mediador. El ex ministro Benoît Apparu, no alienado, resumió anoche con sarcasmo la situación: “¡Una nueva corriente en la UMP, la Derecha Muerta!”.

Apenas 45 minutos de reunión tripartita entre Alain Juppé, Jean-François Copé y François Fillon bastaron para certificar el deceso del proceso de mediación apenas comenzado. En un escueto comunicado, Juppé dio por “terminada” su mediación al “no reunirse las condiciones”. Ya por la mañana, el ex primer ministro lo había vaticinado. “Tengo pocas posibilidades de conseguirlo”, admitió en una entrevista radiofónica, en la que colocó a Copé y Fillon frente a sus responsabilidades: “El éxito de mi mediación es del interés de los dos protagonistas. Si no, uno y otro sufrirán las consecuencias”, advirtió.

Jean-François Copé, que ya había dado muestras durante la semana de no estar dispuesto a ceder en lo esencial, acudió a la reunión determinado a imponer sus condiciones. Esto es: mantenerse como presidente electo de la UMP y dejar que sea la Comisión Nacional de Recursos la que –estatutos en la mano– verifique las votaciones y confirme la elección. Ahora bien, esto era justamente lo que François Fillon –quien cuestiona la credibilidad de dicha comisión– y Alain Juppé –quien planteaba dirigir y controlar él todo el proceso de verificación– no podían aceptar. Sólo quedaba certificar el fracaso.

A la salida de la reunión, Copé insistió en sus planteamientos y abrió la posibilidad de un nuevo intento de mediación a posteriori; es decir, una vez confirmados los resultados y proclamado definitivamente el presidente –o sea, él–, para tratar de pactar una dirección equilibrada entre las diferentes corrientes internas.
Nadie puede creer en eso. Fillon anunció en un comunicado que impugnará los resultados electorales de la UMP ante los tribunales. Y uno de sus lugartenientes, Lionel Tardy, expuso crudamente la situación: “Todos los ingrediantes están reunidos para una escisión de la UMP”. 



sábado, 24 de noviembre de 2012

Juppé, general de 'cascos azules'


Se llaman a sí mismos los cascos azules. Son un puñado de dirigentes y militantes no alineados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) decididos a actuar como fuerza de interposición para evitar que las tropas de Jean-François Copé y François Fillon destruyan el partido en su lucha ciega por hacerse con el poder. Al frente de este precario contingente se encuentra el general Alain Juppé, la figura probablemente más carismática y respetada de la UMP, de la que fue fundador y primer presidente (2002-2004). La tarea de mediación del ex primer ministro se enfrenta a grandes dificultades. La frágil tregua pactada el jueves por la noche fue ya violentada ayer mismo. Y el ex presidente Nicolas Sarkozy –librado de sus cuitas por el caso Bettencourt– ha empezado a maniobrar entre bambalinas. No necesariamente de forma neutral.

“Lo que está en juego ya no es la presidencia de la UMP, sino su existencia. Vamos directos hacia la explosión si no se detiene esta mascarada”. Con estas duras palabras asumió Alain Juppé la responsabilidad de intentar una difícil mediación entre Jean-François Copé, oficialmente proclamado presidente de la UMP –por una escueta ventaja de 98 votos, sobre 175.000 en la elección del domingo– y el ex primer ministro François Fillon, que contesta los resultados alegando que la comisión de control “olvidó” contabilizar 1.304 votos de tres federaciones de ultramar. Un error que la propia comisión ha admitido.

Para intentar hallar una solució, Juppé ha impuesto una serie de condiciones a los dos contendientes que pasan básicamente por dos premisas: tener las manos libres para dirigir el proceso de revisión de los resultados, y que la Comisión Nacional de Recursos –instancia oficial jurídicamente responsable de dicha revisión, pero en la que Fillon no confía– acepte su relegación. Por encima de ella, con una función política, Juppé constituirá una comisión de notables integrada por dos personalidades neutrales –los ex ministros Bruno Le Maire y Nathalie Kosciusko-Morizet– y dos partidarios moderados de cada bando: el ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin y el ex presidente de la Asamblea Nacional Bernard Accoyer.

Aceptadas estas condiciones por las dos partes el jueves por la noche, el viernes Jean-François Copé volvió a cuestionar la marginación de la Comisión Nacional de Recursos. Y lo mismo ha hecho la misma comisión (que ya ha empezado, por cierto, a ser objeto de chanzas por su acrónimo, Conar, cuyo sonido en francés es idéntico a conard, gilipollas). Esta marcha atrás se produjo después de que Copé hablara telefónicamente con Nicolas Sarkozy, quien mantuvo asimismo otros contactos durante la jornada. “No voy a dejarme robar la victoria”, advirtió ayer Copé, mientras Fillon le acusaba de dirigir el partido como una “mafia”. Juppé quiere reunirlos el domingo para limar asperezas... O así.


El retorno del 'mejor’

“El mejor de entre nosotros”. Así lo calificó una vez Jacques Chirac, que había querido hacer de él su delfín. Alain Juppé, de 67 años, reducido hoy a su condición de alcalde de Burdeos y padre fundador de la UMP, lo tenía todo para haber sucedido a Chirac como líder de la derecha francesa. Ministro en varias ocasiones durante los años ochenta y primer ministro entre 1995 y 1997, Juppé dirigió en paralelo el antiguo partido gaullista, el RPR, y en 2002 pasó a ser presidente de la nueva UMP. Pero los cambalaches de Chirac en la alcaldía de París –por los que el ex presidente sería finalmente condenado en 2011– truncaron la carrera de Juppé en 2004. Condenado a un año de inhabilitación por el caso de los empleos ficticios, el otrora mano derecha de Chirac en el Ayuntamiento tuvo que abandonar todos sus cargos y se exilió temporalmente en Canadá. Cuando regresó, Nicolas Sarkozy estaba al mando.