lunes, 26 de noviembre de 2012

La UMP avanza hacia el abismo



La derecha francesa avanza con obstinada determinación hacia el suicidio. La tentativa de mediación del ex primer ministro Alain Juppé, el hombre probablemente con más autoridad moral y política en la Unión por un Movimiento Popular (UMP), fracasó ayer rotundamente ante la negativa frontal del presidente proclamado del partido, Jean-François Copé –elegido oficialmente por una contestada ventaja de 98 votos, de 150.000, sobre François Fillon–, a aceptar las condiciones del mediador. El ex ministro Benoît Apparu, no alienado, resumió anoche con sarcasmo la situación: “¡Una nueva corriente en la UMP, la Derecha Muerta!”.

Apenas 45 minutos de reunión tripartita entre Alain Juppé, Jean-François Copé y François Fillon bastaron para certificar el deceso del proceso de mediación apenas comenzado. En un escueto comunicado, Juppé dio por “terminada” su mediación al “no reunirse las condiciones”. Ya por la mañana, el ex primer ministro lo había vaticinado. “Tengo pocas posibilidades de conseguirlo”, admitió en una entrevista radiofónica, en la que colocó a Copé y Fillon frente a sus responsabilidades: “El éxito de mi mediación es del interés de los dos protagonistas. Si no, uno y otro sufrirán las consecuencias”, advirtió.

Jean-François Copé, que ya había dado muestras durante la semana de no estar dispuesto a ceder en lo esencial, acudió a la reunión determinado a imponer sus condiciones. Esto es: mantenerse como presidente electo de la UMP y dejar que sea la Comisión Nacional de Recursos la que –estatutos en la mano– verifique las votaciones y confirme la elección. Ahora bien, esto era justamente lo que François Fillon –quien cuestiona la credibilidad de dicha comisión– y Alain Juppé –quien planteaba dirigir y controlar él todo el proceso de verificación– no podían aceptar. Sólo quedaba certificar el fracaso.

A la salida de la reunión, Copé insistió en sus planteamientos y abrió la posibilidad de un nuevo intento de mediación a posteriori; es decir, una vez confirmados los resultados y proclamado definitivamente el presidente –o sea, él–, para tratar de pactar una dirección equilibrada entre las diferentes corrientes internas.
Nadie puede creer en eso. Fillon anunció en un comunicado que impugnará los resultados electorales de la UMP ante los tribunales. Y uno de sus lugartenientes, Lionel Tardy, expuso crudamente la situación: “Todos los ingrediantes están reunidos para una escisión de la UMP”. 



sábado, 24 de noviembre de 2012

Juppé, general de 'cascos azules'


Se llaman a sí mismos los cascos azules. Son un puñado de dirigentes y militantes no alineados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) decididos a actuar como fuerza de interposición para evitar que las tropas de Jean-François Copé y François Fillon destruyan el partido en su lucha ciega por hacerse con el poder. Al frente de este precario contingente se encuentra el general Alain Juppé, la figura probablemente más carismática y respetada de la UMP, de la que fue fundador y primer presidente (2002-2004). La tarea de mediación del ex primer ministro se enfrenta a grandes dificultades. La frágil tregua pactada el jueves por la noche fue ya violentada ayer mismo. Y el ex presidente Nicolas Sarkozy –librado de sus cuitas por el caso Bettencourt– ha empezado a maniobrar entre bambalinas. No necesariamente de forma neutral.

“Lo que está en juego ya no es la presidencia de la UMP, sino su existencia. Vamos directos hacia la explosión si no se detiene esta mascarada”. Con estas duras palabras asumió Alain Juppé la responsabilidad de intentar una difícil mediación entre Jean-François Copé, oficialmente proclamado presidente de la UMP –por una escueta ventaja de 98 votos, sobre 175.000 en la elección del domingo– y el ex primer ministro François Fillon, que contesta los resultados alegando que la comisión de control “olvidó” contabilizar 1.304 votos de tres federaciones de ultramar. Un error que la propia comisión ha admitido.

Para intentar hallar una solució, Juppé ha impuesto una serie de condiciones a los dos contendientes que pasan básicamente por dos premisas: tener las manos libres para dirigir el proceso de revisión de los resultados, y que la Comisión Nacional de Recursos –instancia oficial jurídicamente responsable de dicha revisión, pero en la que Fillon no confía– acepte su relegación. Por encima de ella, con una función política, Juppé constituirá una comisión de notables integrada por dos personalidades neutrales –los ex ministros Bruno Le Maire y Nathalie Kosciusko-Morizet– y dos partidarios moderados de cada bando: el ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin y el ex presidente de la Asamblea Nacional Bernard Accoyer.

Aceptadas estas condiciones por las dos partes el jueves por la noche, el viernes Jean-François Copé volvió a cuestionar la marginación de la Comisión Nacional de Recursos. Y lo mismo ha hecho la misma comisión (que ya ha empezado, por cierto, a ser objeto de chanzas por su acrónimo, Conar, cuyo sonido en francés es idéntico a conard, gilipollas). Esta marcha atrás se produjo después de que Copé hablara telefónicamente con Nicolas Sarkozy, quien mantuvo asimismo otros contactos durante la jornada. “No voy a dejarme robar la victoria”, advirtió ayer Copé, mientras Fillon le acusaba de dirigir el partido como una “mafia”. Juppé quiere reunirlos el domingo para limar asperezas... O así.


El retorno del 'mejor’

“El mejor de entre nosotros”. Así lo calificó una vez Jacques Chirac, que había querido hacer de él su delfín. Alain Juppé, de 67 años, reducido hoy a su condición de alcalde de Burdeos y padre fundador de la UMP, lo tenía todo para haber sucedido a Chirac como líder de la derecha francesa. Ministro en varias ocasiones durante los años ochenta y primer ministro entre 1995 y 1997, Juppé dirigió en paralelo el antiguo partido gaullista, el RPR, y en 2002 pasó a ser presidente de la nueva UMP. Pero los cambalaches de Chirac en la alcaldía de París –por los que el ex presidente sería finalmente condenado en 2011– truncaron la carrera de Juppé en 2004. Condenado a un año de inhabilitación por el caso de los empleos ficticios, el otrora mano derecha de Chirac en el Ayuntamiento tuvo que abandonar todos sus cargos y se exilió temporalmente en Canadá. Cuando regresó, Nicolas Sarkozy estaba al mando.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Sarkozy y el juez (no tan) Gentil


Nicolas Sarkozy tuvo ayer la oportunidad de comprobar personalmente que el juez Jean-Michel Gentil, de gentil sólo tiene el nombre. El magistrado, reputado por sus métodos enérgicos, sometió al ex presidente francés a un maratoniano interrogatorio de doce horas y media –Sarkozy llegó al juzgado de Burdeos a las 9.15h y salió las 21.45h– para tratar de establecer su implicación en el llamado caso Bettencourt. La justicia investiga si la heredera del imperio L’Oréal, Liliane Bettencourt, de 90 años, fue víctima de la codicia de su entorno, que se habría aprovechado de su senilidad para sacarle el dinero.

En lo que atañe a Sarkozy, el juez investiga si Bettencourt –consciente de ello o no– contribuyó a financiar de forma irregular la campaña electoral de las presidenciales del 2007. Como este presunto delito estaría ya prescrito, el juez se planteaba la posibilidad de imputar al ex presidente francés por “abuso de debilidad”. De momento, lo ha puesto en calidad de “testigo asistido”.

Nicolas Sarkozy es el segundo presidente de la V República inquietado por la justicia al término de su mandato. El otro ha sido su antecesor en el Elíseo, Jacques Chirac, que ayer hizo exactamente cinco años y un día fue imputado por el caso de los empleos ficticios de la alcaldía de París y finalmente condenado en el 2011 a dos años de cárcel con suspensión condicional de la pena.

El juez Gentil está doblemente interesado en determinar el papel exacto de Sarkozy en la presunta captación irregular de dinero de Bettencourt para financiar su campaña y, una vez en el Elíseo, su eventual intervención, en presunta connivencia con el fiscal Philippe Courroye, del que es amigo personal, para tratar de frenar la investigación del caso.

El juez tiene varios indicios comprometedores. De entrada, una declaración de la ex contable de la heredera de L’Oréal, Claire Thibout, quien sostiene que a principios del 2007 el entonces administrador de los bienes de Bettencourt, Patrice de Maistre, le había pedido 150.000 euros en efectivo para dárselos a Eric Woerth, tesorero de la campaña de Sarkozy. El juez cuenta también con sospechosas proximidades de fechas entre la retirada de cuatro millones de euros en efectivo entre los años 2007 y 2009 de las cuentas bancarias de Bettencourt en Suiza y varias reuniones de Sarkozy y Woerth con Bettencourt y De Maistre. Una anotación del fotógrafo François Marie Banier, amigo de la multimillonaria, en su diario alimenta también la duda: “De Maistre me ha dicho que Sarkozy había pedido otra vez dinero. Yo he dicho sí”. Todos ellos, hasta un total de 14 personas, están imputados.

El juez quiere saber también por qué Sarkozy se reunió hasta ocho veces con el fiscal de Nanterre, Philippe Courroye, quien pretendía dirigir la investigación en abierto conflicto con la juez de instrucción Isabelle Prevost-Desprez, antes de que el sumario fuera trasladado a Burdeos.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Guerra civil en la derecha francesa


La guerra civil en la derecha francesa es ya abierta, irreversible, violenta. La fractura entre el campo de Jean-François Copé, líder del ala más derechista de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), proclamado oficialmente presidente del partido tras la eleción del domingo, y el del ex primer ministro François Fillon, cabecilla del sector moderado, que perdió formalmente por sólo 98 votos de un total de casi 175.000 emitidos, se ha convertido en un profundo abismo que amenaza gravemente con hacer saltar por los aires el partido de Nicolas Sarkozy. La escisión ya no es una palabra tabú. La ruptura está a la vuelta de la esquina.

El detonante de la deflagración que sacudió ayer los cimientos de la UMP fue el asombroso descubrimiento, por parte del equipo de Fillon, de que la comisión encargada de verificar el escrutinio se había olvidado por error de contabilizar los 1.304 votos emitidos por los militantes de tres federaciones de Ultramar: Nueva Caledonia, Mayotte y Wallis-et-Futuna. El director de campaña del ex primer ministro, Eric Ciotti, aseguró que si estos sufragios se contabilizan, el triunfador de la elección sería Fillon por 26 votos de ventaja, y reclamó la “reparación inmediata” del error.

El presidente de la comisión electoral, Patrice Gélard –quien según los fillonistas habría reconocido el olvido–, advirtió enseguida de la imposibilidad de rectificar los resultados, competencia que una vez proclamados está en manos de la comisión de recursos. Los fillonistas quieren evitar precisamente pasar por esta instancia, presidida por un copeísta.

François Fillon, que compareció anoche en el canal de televisión TF1, rechazó totalmente recurrir a esta comisión – “No tengo confianza, nunca ha habido en la UMP una instancia verdaderamente independiente”, denunció– e insistió en que se contabilicen los votos de las tres federaciones olvidadas. Pero no para ser elegido presidente: “Yo no reclamo la presidencia de la UMP, yo renuncio”, aseguró, ejecutando un nuevo golpe de teatro que buscaba inequívocamente la deslegitimación de Copé en la presidencia. “La UMP no puede ser dirigida por un presidente con sólo 98 o 26 votos de ventaja”, afirmó el ex primer ministro, quien propuso la formación de una dirección colegiada bajo la dirección de un “hombre incontestable”, el también ex primer ministro Alain Juppé, quien fuera fundador y primer presidente del partido.

“Francia necesita una UMP que represente la ética y la moral”, argumentó con dureza. Fillon, que amenazó con recurrir los resultados de la elección de la UMP ante los tribunales si sus demandas son rechazadas, eludió referirse con claridad al riesgo de una ruptura del partido. Pero se mostró extremadamente resuelto: “Iré hasta el final”, dijo.

La escisión está lejos de ser una amenaza meramente teórica. Un grupo de 135 diputados, senadores, europarlamentarios y ex ministros afines a Fillon pidieron formalmente la designación de Alain Juppé como presidente interino, condición que plantearon como irrenunciable. En caso de no ser escuchados, los reunidos pusieron sin ambages sobre la mesa la amenaza de ruptura total, según indicó uno de los presentes al diario económico Les Échos: “Estamos dispuestos a crear grupos en la Asamblea Nacional y el Senado”, confirmó.

Juppé, que ha permanecido neutral en la encarnizada lucha entre Fillon y Copé, se mostró dispuesto a ejercer el papel de mediador entre los dos campos enfrentados, pero a condición de que ambos estén de acuerdo. De momento, no es el caso.

Jean-François Copé rechazó implícitamente la solución Juppé –al que en una breve declaración ni se molestó en citar– y, por el contrario, reafirmó su legitimidad en tanto que presidente electo de la UMP. Copé lamentó el “espectáculo desolador” que está ofreciendo la derecha, esgrimió los estatutos internos para rechazar las pretensiones de los fillonistas e invitó al ex primer ministro a apelar a la comisión de recursos. Pero en tal caso, advirtió en tono amenazador, serán revisados “todos los votos de todos los colegios electorales, no sólo los que quiera el señor Fillon”.

En un tono que se quería mesurado, Copé ofreció buscar un terreno de entendimiento para recuperar “el apaciguamiento y al diálogo”, pero descargó toda la culpa de lo que está pasando en su adversario: “Apelo a François Fillon a reencontrar el sentido de la responsabilidad”, concluyó.

En el campo de Copé, la irritación era ayer extrema y entre sus seguidores el lenguaje utilizado era de gran dureza. Entre quienes se expresaron con mayor severidad estuvo el ex consejero de Nicolas Sarkozy en el Elíseo Henri Guaino, quien cuestionó la altura de hombre de Estado de Fillon y retó a sus seguidores a marcharse: “Tienen la puerta abierta”.


El silencio de Sarkozy

Mientras su partido se desgarra en una lucha interna de consecuencias incalculables, Nicolas Sarkozy guarda por el momento un absoluto silencio. El ex presidente francés evitó ayer cuidadosamente a los periodistas que intentaron obtener su opinión aprovechando su presencia en un hotel de Londres para pronunciar una conferencia ante empresarios.






miércoles, 21 de noviembre de 2012

La derecha francesa desproteje su centro


La victoria de Jean-François Copé en las elecciones internas para elegir al nuevo presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) va a marcar un punto de inflexión en la historia del partido creado en el 2010 por Jacques Chirac para reunir en una gran fuerza política única a todas las sensibilidades de la derecha y acabar con las guerras fratricidas de los años ochenta y noventa. Poco importará, al final, que Copé, exponente del sector más radicalmente a la derecha del partido, haya ganado por apenas 98 votos a su rival, François Fillon, líder del ala más moderada. Su ascenso a la jefatura de la UMP, en la que sucede a Nicolas Sarkozy, consolida el acusado giro a la derecha iniciado por el ex presidente francés hace un año y abre un espacio inesperado para la nueva fuerza centrista aglutinada en torno a Jean-Louis Borloo, presidente de la nueva Unión de los Demócratas e Independientes (UDI)

A fuerza de obsesionarse únicamente por su flanco derecho, disputando los votos del Frente Nacional (FN) con un discurso rayano en el populismo, Sarkozy acabó perdiendo las elecciones presidenciales. Y sus émulos, con Copé a la cabeza, se arriesgan a conducir a la ruina al partido entero.

Jean-François Copé, todavía no investido presidente pero ya en ejercicio –de hecho, ya actuaba como el capataz del partido en tanto que secretario general–, se reunió ayer a puerta cerrada con el grupo parlamentario de la UMP en la Asamblea Nacional para intentar cohesionar sus filas, después de la grave fractura que ha dividido a la organización en dos mitades enfrentadas.

“Yo no dejaré rehacer la UDF”, advirtió Copé seriamente a sus diputados –informó el canal de televisión LCI–, en alusión a la Unión por la Democracia Francesa (UDF) de Valéry Giscard d’Estaing, el partido de centro que en los años setenta disputó la hegemonía de la derecha al gaullista Reagrupamiento por la República (RPR) de Chirac. “Tenemos un peligro: el retorno al horror del RPR-UDF”, añadió.

Pero al nuevo presidente de la UMP, que hasta ahora ha despreciado la sensibilidad de centroderecha en su propio partido, necesitará algo más que amenazas para salvar los muebles. Las heridas están aún sangrantes, como demostró la posterior intervención de Copé en el hemiciclo –en la que lanzó una agresiva pregunta al Gobierno–, fervorosamente aplaudida por una parte de los diputados de la UMP puestos en pie mientras los demás se quedaban sentados con los brazos cruzados. El campo del derrotado François Fillon no está aún presto a recoger la manto tendida de su verdugo: ayer rechazaron con cajas destempladas –calificándola de “grotesca”– la oferta de conceder al ex primer minstro una vicepresidencias de la UMP.

Pese a las advertencias de Copé, las deserciones en el interior del partido han empezado a dejar de ser un riesgo para convertirse en una realidad. El centrista Pierre Méhaignerie, que habia apoyado la candidatura de Fillon, anunció ayer mismo su intención de abandonar la UMP y unirse a la UDI de Jean-Louis Borloo. Otro diputado de sensibilidad centrista, Lionel Tardy, se dijo dispuesto a hacer lo mismo si el ex primer ministro no organiza una nueva “estructura” política. Tardy añadió que una quincena de diputados de la UMP se reunirán hoy con el fin de discutir su eventual pase a la UDI.

Para las ambiciones de Jean-Louis Borloo, cuyo objetivo declarado es resucitar –bajo otro nombre– la antigua UDF, empeño para el que cuenta con el padrinazgo del propio Giscard, la evolución de los acontecimientos no puede se más favorable. “La ilusión de un partido único ya no se aguanta”, declaró ayer en una entrevista en Le Monde, donde señalaba que el triunfo de Copé consolida definitivamente una fractura ideológica en la UMP.



martes, 20 de noviembre de 2012

Copé se impone a Fillon por 98 votos


Nicolas Sarkozy ya tiene sucesor. Jean-François Copé, de 48 años, fue proclamado anoche oficialmente nuevo presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) tras ser declarado vencedor, por un escasísimo margen –menos de 100 votos–, de las elecciones internas celebradas el pasado domingo. El nuevo líder de la derecha francesa, contestado y frágil, tendrá como primera y más urgente misión intentar cerrar la grave fractura que ha dividido en dos al partido. Su oponete, el ex primer ministro François Fillon, de 58 años, que ayer todavía reivindicaba la victoria, asumió disciplinadamente los resultados y renunció a presentar recurso a pesar de constatar “numerosas irregularidades”. Pero negó su “aprobación” a los métodos utilizados por su rival, al que de forma implícita deslegitimó.

Pasaban unos minutos de las diez y media de la noche cuando el presidente de la comisión electoral de la UMP, Patrice Gélard, anunció, cual un árbitro en medio del cuadrilátero, los resultados oficiales: 87.388 votos en favor de Copé (50,03%) por 87.290 en favor de Fillon (49,97%), tan sólo 98 votos de diferencia. Una victoria a los puntos que puede cobrarse un costoso peaje en términos de cohesión interna. La comisión necesitó veinticuatro tensas horas, en medio de gravísimas acusaciones de fraude lanzadas por un campo y el otro, para contar, recontar y volver a contar los votos emitidos el domingo por los militantes. El presidente de la comisión instó a reformar de inmediato los estatutos del partido, que consideró “completamente inadaptados” a las exigencias de la democracia interna.

Jean-François Copé, “sin amargura ni rencor”, tendió enseguida la mano a su rival para intentar restañar las heridas y le invitó a “unirse” a él en la nueva etapa que ahora se inicia. “Lo que nos une es infinitamente superior a lo que nos divide”, afirmó el nuevo presidente de la UMP, quien se mostró dispuesto a “trabajar con todo el mundo”. François Fillon no está presto a dársela. En una declaración muy breve pero de una gran dureza, el ex primer ministro constató que “la fractura que atraviesa nuestro campo político es ahora manifiesta”. “Es una fractura política y moral”, añadió con gravedad, antes de anunciar que en los próximos días comunicará qué piensa hacer respecto a su futuro político.

El riesgo de una ruptura, de una dislocación, de la UMP recorrió los espíritus durante toda la jornada. Hasta el punto de que el ex primer ministro Alain Juppé, primer presidente del partido tras su fundación en el 2002, hizo un dramático llamamiento para salvar la unidad y evitar el “estallido” de la organización. “Es la propia existencia de la UMP la que está en cuestión”, advirtió.

La UMP no está condenada de antemano. El Partido Socialista vivió una experiencia idéntica hace cuatro años, en el fratricida congreso celebrado en Reims en noviembre del 2008. También entonces, Martine Aubry se impuso a Ségolène Royal por sólo 102 votos de diferencia en medio de acusaciones de fraude. El hoy ministro del Interior, Manuel Valls, llegó a amenazar con recurrir a los tribunales de justicia. Pero al final, el instinto de conservación y de supervivencia se impuso.

La UMP probablemente se salvará por las mismas razones. Pero la fractura que han puesto en evidencia las elecciones internas de este domingo va mucho más allá de una lucha de clanes, de un choque de ambiciones personales. La UMP está netamente dividida en dos mitades prácticamente iguales con sensibilidades políticas muy marcadas: detrás de Copé, adalid de lo que el llama una “derecha desacomplejada”, se agrupa el sector más radical e intransigente de la derecha, al que no incomoda coquetear con las ideas de la extrema derecha. Detrás de Fillon, se agrupa el sector más moderado, de tradición gaullista y democristiano.


lunes, 19 de noviembre de 2012

La derecha francesa se desgarra


La peor pesadilla que podía imaginar la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el gran partido de la derecha francesa, se hizo anoche realidad. Profundamente dividido entre los partidarios de François Fillon y Jean-François Copé, candidatos a suceder a Nicolas Sarkozy en la presidencia de la organización en las elecciones internas celebradas ayer, el partido se fracturó en dos bloques violentamente enfrentados. En medio de una gran tensión, exacerbada por el equilibrio de fuerzas existente, ambos campos intercambiaron graves acusaciones de fraude, dejando el resultado completamente en el aire. Uno y otro reividicaron la victoria en el filo de la medianoche.

El pulso entre el exprimer ministro y el secretario general de la UMP por hacerse con la jefatura del partido, extremadamente ajustado, acabó en una guerra abierta como la que vivieron en 2008 los socialistas franceses en el fratricida congreso de Reims. Como hace cuatro años entre Martine Aubry y Ségolène Royal, un puñado de votos separaba anoche, al cierre de esta edición, a Fillon y Copé. Pero las impugnaciones presentadas por uno y otro bando ante la comisión de control electoral convertían en incierto el nombre del ganador.

El recuento de los votos, alrededor de 180.000 –sobre un censo de militantes cercano a los 300.000– fue largo y penoso. Los problemas de organización, con colas de dos y tres horas para votar en algunos colegios electorales, retrasaron el cierre de las urnas y el inicio del escrutinio. Pero enseguida, las denuncias de irregularidades y de anomalías esgrimidas por una y otra parte emponzoñaron todo el proceso. El campo de Jean-François Copé impugnó el voto en algunas circuncripciones de Niza y París, mientras el equipo de François Fillon cuestionaba el voto en lugares como Toulouse y Marsella.

El equipo de Copé reivindicó, a las 23.30 horas, su victoria, que de confirmarse desmentiría de forma radical todas las previsiones de los sondeos y demostraría que entre la militancia de la UMP y sus votantes hay serias divergencias de orientación política. Jean-François Copé fue el primero en comparecer ante los medios de comunicación para dar por segura su victoria y atribuirse la presidencia de la UMP. Profeta de una “derecha desacomplejada”, prometió –tal como ha repetido durante su campaña– una oposición de “resistencia” contra el Gobierno socialista. Y tendió la mano a Fillon, en nombre de la reconciliación y de la unidad.

Nada más incierto, sin embargo, en este momento. Los partidarios del ex primer ministro contestaron la declaración de Copé cantando a todo pulmón La Marsellesa. Como un desafío. Quince minutos después, fue François Fillon quien reivindicó para sí el triunfo y advirtió a su adversario: “No dejaré robar la victoria de los militantes”, amenazó. Todo dependerá ahora del recuento oficial de la comisión de control.

A la vista de lo sucedido ayer, la herencia que ha dejado Nicolas Sarkozy en la UMP ha sido absolutamente envenenada. El radical giro a la derecha impuesto por el expresidente francés durante su campaña electoral, que ahuyentó a los sectores más moderados de su electorado –sin por el contrario convencer a los votantes de extrema derecha– y precipitó su derrota frente al socialista François Hollande, ha sembrado también la división y la discordia en su partido.

Hoy, en la UMP, hay dos almas enfrentadas: un sector moderado, de matriz gaullista y democristiana, y un sector más radical e intransigente, cuyos extremos se acercan peligrosamente a las tesis de la ultraderecha. Copé, autoerigido en heredero de Sarkozy, se ha apuntado sin ambages a esta línea, agitando el miedo al islam como banderín de enganche.

El balance de las elecciones internas de la UMP, precisamente por lo ajustado del resultado, dejará al nuevo jefe del partido en una situación precaria que, de repente, abre todas las posibilidades para un retorno con fuerza de Nicolas Sarkozy cara a las elecciones presidenciales del 2007. El ex presidente francés no podía esperar mejor escenario. Un líder fuerte le cerraría la puerta. Ahora, la tiene abierta.


La alargada sombra de Sarkozy

Conforme pasa el tiempo, más crece la figura de Nicolas Sarkozy entre el electorado de la derecha, cada vez más inclinado a acariciar la idea de un retorno político del ex presidente francés. Un sondeo realizado hace una semana por el instituto de opinión Ifop para el Journal du Dimanche constata que un 64% de los votantes de la UMP es partidario de que Nicolas Sarkozy sea de nuevo el cabeza de cartel del partido en las elecciones presidenciales del 2017, esto es, once puntos más que el pasado mes de agosto. En el caso del electorado de derecha en sentido amplio el porcentaje es algo menor: 51%. Sólo un escuálido 6% prefiere amortizar a su antiguo campeón y aboga por su definitiva retirada política. La popularidad del ex jefe del Estado es especialmente acusada entre los más jóvenes –de 18 a 24 años– de los simpatizantes de derechas (60%), los obreros (63%) y los habitantes de municipios rurales (57%)