miércoles, 4 de julio de 2012

Primero los impuestos, los recortes después

La austeridad llama finalmente a la puerta de Francia. Nicolas Sarkozy la evitó en lo que pudo, pero François Hollande no podrá escapar, por más que se resista a mentar la palabra. Su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, renegó ayer en el Parlamento de la idea de rigor: “Yo reivindico la seriedad y la responsabilidad presupuestarias. Yo quiero la justicia fiscal. Pero rechazo la austeridad”, afirmó el jefe del Gobierno en su discurso de Política General con el que inauguró formalmente su mandato. El Gobierno francés se propone atacar el problema del déficit y la deuda con un aumento de impuestos –para lo cual desmontará hoy la última reforma fiscal de Sarkozy–, pero los recortes esperan indfectiblemente al otro lado de la puerta.

El informe presentado el lunes por el Tribunal de Cuentas –presidido por el socialista Didier Migaud– no deja mucho margen para alegrías. Para cumplir los objetivos de reducción del déficit (al 4,4% en 2012 y al 3% en 2013), el Gobierno deberá encontrar este año entre 6.000 y 10.000 millones de euros adicionales, y unos 33.000 millones el año que viene. Una parte sustancial –y éste es el objetivo de Hollande– vendrá del aumento de los impuestos, pero el gasto público también será recortado. ¿En qué proporción? El Ejecutivo se ha mantenido enormemente impreciso hasta ahora. Y ayer Ayrault no lo fue menos.

“El peso de la deuda se ha vuelto abrumador”, clamó el primer ministro en el hemiciclo, donde no por casualidad abordó el problema del endeudamiento al principio de su discurso. Ayrault recordó que la deuda pública alcanzará a finales de año 1,8 billones de euros (el 90% del PIB) y que el pago de los intereses –50.000 millones al año– es el principal capítulo de gasto del Estado, por delante de la Educación. Un fardo, añadió, que amenaza la supervivencia del modelo social francés, hipoteca el futuro de las nuevas generaciones y pone en juego la propia soberanía de Francia. El jefe del Gobierno apeló al esfuerzo colectivo y al patriotismo para conseguir el enderezamiento económico y productivo del país. “He venido a llamar al conjunto de nuestro pueblo a la movilización. No es demasiado tarde para actuar y para conseguirlo”, afirmó.

Ayrault subrayó que para lograr estos objetivos será necesario relanzar el crecimiento económico. Ahora bien, de momento, las previsiones del Gobierno han sido ya revisadas a la baja: del 0,3% este año y del 1,2% el próximo. Lo cual obligará a a perforar nuevos agujeros en el cinturón... “La situación es seria, no lo escondo, pero no es una sorpresa”, afirmó, asegurando que todo estaba ya previsto...

La apuesta de Hollande, que ha enarbolado la bandera de la justicia, es hacer recaer la mayor parte de este esfuerzo en las clases acomodadas y las grandes empresas a través de la fiscalidad. El Consejo de Ministros aprobará hoy la Ley de Finanzas rectificativa para este año –esto es, una revisión de los Presupuestos en vigor– con un primer paquete de medidas que anularán las últimas reformas fiscales de Sarkozy: restablecimiento del Impuesto sobre la Fortuna (ISF) y el Impuesto de Sucesiones a su nivel anterior, anulación del escudo fiscal y de la exoneración fiscal de las horas extras –en las empresas de más de 20 empleados–. y abrogación del aumento del IVA que debía entrar en vigor el 1 de octubre. A lo que se añadirá una imposición especial sobre las grandes empresas (dividendos), entidades financieras y petroleras.

La auténtica reforma fiscal vendrá el año que viene y será aprobada en paralelo a los Presupuestos de 2013. Ayrault confirmó lo que Hollande habia anunciado en la campaña: reforma del Impuesto sobre la Renta –con la creación de un tramo del 45% para las rentas más altas y otro excepcional del 75% para aquellos ingresos por encima del millón de euros anuales–, limitación de las desgravaciones fiscales y nivelación de la fiscalidad del capital y la del trabajo.

Mucho más vago fue el primer ministro francés en lo que respecta a la reducción del gasto público, que el Tribunal de Cuentas juzga inevtable. Ayrault recordó que fuera de las áreas consideradas por Hollande como prioritarias –juventud y educación, seguridad y justicia–, todos los demás ministerios deberán hacer ajustes: “Esto exigirá decisiones en todo los otros sectores”, dijo por toda explicación.

Eso sí, en la medida en que se crearán 60.000 nuevos puestos en la Educación nacional y 5.000 en Interior y Justicia, y que la plantilla de funcionarios deberá permanecer estable, los demás tendrán que adelgazar de forma proporcional. En una carta enviada a todos los ministerios la semana pasada, Ayrault instaba a aplicar este año una reducción del 7% de los gastos de funcionamiento corriente. Pero ayer no habló de ello. Los recortes, pues, vendrán, aunque todavía no se sepa por dónde.

Jean-Marc Ayrault recibió –sin sorpresas– la confianza del Parlamento por 302 votos a favor y 225 en contra. Los comunistas se abstuvieron.



lunes, 2 de julio de 2012

Intercambio de parejas

Ni Merkozy ni Merkollande. Si algo ha rubricado la última cumbre de Bruselas ha sido el final no sólo de una etapa en Europa –marcada por la hegemonía casi tiránica de la pareja formada por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy–, sino de una política, de una forma de hacer, de un método. El ascenso de François Hollande al Elíseo ha trastocado completamente los equilibrios internos en la Unión Europea, al contestar el dogma de la austeridad impuesto hasta ahora al alimón por Berlín y París a todos sus pares. Pero ha hecho algo más: ha roto con la dinámica de la exclusividad en la pareja franco-alemana. “Merkozy se acabó, pero en su lugar no habrá Merkollande”, subrayaba ayer gráficamente, en conversación con este diario, un consejero del Elíseo.

Matrimonio de razón, Francia y Alemania no tienen más remedio que entenderse. La supervivencia misma de la Europa unida depende de ello. ¿Pero hasta el punto de arrogarse la prerrogativa de presentar a todos los demás el menú ya cocinado? François Hollande no lo cree. “El eje franco-alemán es esencial –apunta el mismo consejero, que ha formado parte de la delegación francesa en Bruselas–, pero no es suficiente. No se puede gobernar a dos una Europa de 27, no es posible”. Lo mismo sostenía Nicolas Sarkozy hace cinco años, antes de que la crisis le echara en los brazos de la canciller alemana. Su vocación inicial había sido también la de ampliar el abanico de alianzas internas en el seno de la UE, pero tuvo que conformarse con mantener una única relación adúltera: con el Reino Unido y en el terreno militar.

Hollande parte con una ambición equivalente y convicciones parecidas. Acaso el tiempo moderará también, como hizo con su antecesor, su afán de independencia. Pero el momento aún no ha llegado. La forma en que el nuevo presidente francés ha abordado la crucial reunión del Consejo Europeo de esta semana ha confirmado, en este sentido, los nuevos aires que parten del número 55 del Faubourg Saint-Honoré.

Interesado en llevar a buen puerto su proyecto de Pacto por el Crecimiento –una promesa electoral a la que había condicionado la ratificación por Francia del tratado de disciplina presupuestaria–, determinado a intentar una inflexión en la política europea de respuesta a la crisis, Hollande decidió eludir una negociación bilateral exclusiva con Alemania y asoció desde el primer momento a Italia y España, así como a la presidencia de la UE y la Comisión Europea. La propuesta de Pacto que llegó a la mesa del Consejo Europeo el pasado jueves en Bruselas ya había sido precocinado en Roma el 22 de junio por Hollande y Merkel junto con –y ésta fue la gran novedad– el primer ministro italiano, Mario Monti, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.

El desarrollo mismo de la cumbre de Bruselas confirmó esta nueva dinámica. La rebelión de Monti y Rajoy frente a Merkel, con el fin de exigir una respuesta urgente al problema de la sostenibilidad de la deuda, contó con la activa complicidad de Hollande, que apoyó en bambalinas la iniciativa pero sin sumarse a un frente común para no dar la sensación de que se intentaba acorralar a Merkel. “Nadie pretende aislar a Alemania, eso sería un error”, señala la misma fuente.

El motín de Italia y España –hostigadas por los mercados financieros– probablemente se hubiera producido de todos modos, Pero es lícito preguntarse si hubiera tenido el mismo éxito en la época en que Merkozy imponía su ley con marcialidad germana.

Francia no tiene ningún interés en alentar un Frente del Sur y menos aún en formar parte. Ni siquiere la fórmula cuatripartita ensayada en Roma –y repetida días después a nivel de los ministros de Economía en París– tiene vocación de perennidad. “No vamos a sustituir una pareja por un cuarteto”, remarca el consejero de Hollande. El presidente francés se inclina por una estrategia de alianzas de “geometría variable” pivotando alrededor del eje central París-Berlín. Una pareja abierta, pues, a otros intercambios fuera del lecho conyugal.


La conversión de Rajoy

El 23 de mayo, ocho días después de la toma de posesión del presidente francés, Mariano Rajoy se encontró por primera vez en el Elíseo con François Hollande. A la salida de la reunión, ambos mandatarios subrayaron en público sus convergencias y su determinación de defender juntos sus intereses comunes. Pero, en privado, las cosas no fueron tan fluidas. Rajoy había decidido alinearse con las tesis de Angela Merkel. “Llegó con un vocabulario germánico”, señala gráficamente un alto consejero del Elíseo. Las cosas, sin embargo, han cambiado y –según esta misma fuente– el presidente español ha acabado comprendiendo la utilidad de la alianza con París.







sábado, 30 de junio de 2012

La "reorientación" de Europa

François Hollande era ayer un hombre satisfecho. Todos los objetivos con los que había acudido el jueves a la cumbre de Bruselas fueron alcanzados. Buen jugador, el presidente francés evitó sin embargo la tentación de atribuirse ningún éxito –“Es Europa la que ha ganado y la zona euro, la que ha salido reforzada”, dijo– y desechó toda interpretación que pudiera presentar a la canciller alemana, Angela Merkel, como la derrotada. Hollande sabe que la partida es larga, que sólo se ha jugado una mano y que Berlín es un socio ineludible. Pero no se resistió a dar simbólicamente por enterrado el monopolio de la austeridad que caracterizó la etapa Merkozy: “Europa ha sido reorientada como convenía”.

El conjunto de decisiones adoptadas por el Consejo Europeo, y en particular la relativa al Pacto por el Crecimiento –que para París era fundamental–, permitieron a Hollande dar ayer por culminada la “renegociación” del tratado de disciplina presupuestaria que había puesto como condición durante la campaña de las elecciones presidenciales francesas. En consecuencia, anunció su decisión de levantar su veto y someter próximamente el tratado a la ratificación del Parlamento francés. Aunque no de forma aislada, sino formando parte de un paquete global europeo: Pacto por el Crecimiento, tasa sobre las transacciones financieras e unión bancaria. No será, pues, un trámite inmediato: “La ratificación se hará rápidamente una vez dispongamos de todos los texos legislativos”, matizó.

Para el presidente francés, cuyas principales prioridades eran hacer aprobar el Pacto por el Crecimiento –un compromiso electoral- y frenar la sangría de la deuda en Italia y España –que podría acabar propagándose a Francia-, el desenlace de la cumbre cumplió todas las expectativas. A juicio de Hollande, el plan de inversiones de 120.000 millones de euros que la UE prevé movilizar para contribuir a relanzar la actividad económica permite salir a Europa del estrecho camino de la austeridad, mientras que el nuevo papel del Mecanismo Europeo de Estabilidad lo convierte en un instrumento “rápido, eficaz, flexible y disuasivo”, que debería bastar para poner fin a la pesadilla de la deuda que atormenta a los países del Sur de Europa y desestabiliza a la zona euro.

Tan interesado en provocar un giro en la política europea frente a la crisis como en reequilibrar la pareja franco-alemana, la contestación de Hollande a los dictados de Berlin ha trastocado la correlación de fuerzas en la UE y está en el origen, en cierto modo, de la rebelión de Italia y España. El presidente francés eludió hacer un frente común contra Merkel, pero su apoyo no beligerante a Monti y Rajoy fue fundamental.

Además del anuncio de la próxima ratificación del tratado de disciplina presupuestaria, Hollande envió indirectamente una segunda prueba de buena voluntad a Angela Merkel, al anunciar a través de su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, las primeras medidas de recorte del gasto: una reducción para este año del 7% de los gastos de funcionamiento del Gobierno y una estabilización de la plantilla de funcionarios, lo que dado el aumento que se quiere hacer en educación y seguridad obligará al resto de ministerios a reducirla en un 2,5%. Hollande reafirmó asimismo en Bruselas su compromiso de reducir el déficit público al 3% el año que viene –a pesar de que las previsiones de crecimiento deberán revisarse a la baja– y de alcanzar el equilibrio presupuestario en 2017. Eso sí, sigue resistiéndose a incorporar la denominada “regla de oro” a la Constitución, a lo que prefiere una ley de carácter orgánico.

Para el presidente francés, los compromisos alcanzados en Bruselas son fruto de un “nuevo método” de trabajo basado no ya en el diálogo exclusivo entre Francia y Alemania, sino en su ampliación a otros grandes países de la zona euro –Italia y España– y la participación de la presidencia de la UE y la Comisión Europea. “Por eso la discusión ha sido tan larga, pero por eso también hemos llegado tan lejos”, argumentó. Hollande, que rechazó la emergencia de un nuevo equilibrio político en la UE, negó que Francia se haya alineado con los países del sur contra Alemania –aunque algo de eso hay– y prefirió presentar su papel como el de bisagra entre el norte y el sur.

Con todos los euroescépticos franceses en estado previo a la ebullición –la líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, denunció ayer lo que calificó de “golpe de Estado europeo”–, Hollande prefirió pasar de puntillas sobre el proceso de integración política que se dibuja en el horizonte. El presidente francés, que para eludir términos incómodos ha acuñado la fórmula de “integración solidaria”, la envió a calendas grecas diciendo: “Sobre el salto federal... no estamos ahí”.



viernes, 29 de junio de 2012

Inyección de dinero, pero escaso

La Unión Europea movilizará alrededor de 120.000 millones de euros –cifra equivalente al 1% del PIB europeo– para financiar inversiones que contribuyan a relanzar la actividad económica. Los representantes de los 27 acordaron anoche dar su luz verde al contenido del llamado Pacto por el Crecimiento propuesto conjuntamente por Alemania. Francia, Italia y España con el aval de la presidencia de la UE y la Comisión Europea. El primer ministro italiano, Mario Monti, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, condicionaron su apoyo al plan -cuyo contenido han compartido desde el primer momento- a que se adoptaran medidas urgentes para estabilizar el problema de la deuda en sus dos países. El acuerdo se cerró ya de madrugada

El Pacto por el Crecimiento es la condición que el presidente francés, François Hollande, había impuesto a sus socios para ratificar el Tratado de Disciplina Presupuestaria impulsado por su antecesor, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, aprobado por el Consejo Europeo el pasado mes de noviembre. El nuevo presidente francés, que no cuestiona la necesidad de una consolidación fiscal, entiende que la mera austeridad no sólo no resolverá la crisis, sino que la agravará, si no está complementada con una política que contribuya a relanzar la débil actividad económica en el continente. “Yo quería una cifra, no una mera declaración”, subrayó ayer a su llegada a Bruselas. La cifra, de hecho, la ató ya en la cumbre a cuatro bandas celebrada la semana pasada en Roma con Merkel, Monti y Rajoy. Pero si Hollande ha sido el catalizador del Pacto por el Crecimiento, el contenido del plan recoge en la práctica casi punto por punto una serie de propuestas en las que había trabajado previamente la Comisión Europea.

Los 120.000 millones de euros previstos procederán de tres fuentes: el Banco Europeo de Inversiones (BEI), cuya recapitalización –a la altura de 10.000 millones– debería permitir obtener en los mercados 60.000 millones para financiar proyectos; los Fondos Estructurales Europeos, de los que se reatribuirán 55.000 millones ahora no utilizados, y una emisión por valor de 4.500 millones de lo que se ha venido en llamar project bonds, una suerte de euro-bonos, garantizados por el presupuesto comunitario, para financiar proyectos de inversión. No confundir, pues, con las euro-obligaciones planteadas para mutualizar la deuda de los Estados.

Francia considera que la mayor parte de estos 120.000 millones debería poder movilizarse rápidamente, aprovechando proyectos ya identificados por Bruselas. Otra cosa es que el volumen de este plan a lo Roosevelt vaya a ser suficiente para revitalizar una economía en estado catatónico. Algo que diversos analistas han puesto en duda. El profesor Paul De Grauwe, de la London School of Economics, aunque favorable al plan, consideró en declaraciones de France Presse que su montante es “bastante limitado” y que la ejecución de los proyectos “llevará tiempo”.

Más allá de sus efectos económicos, para François Hollande, la aprobación del Pacto por el Crecimiento tiene una importancia fundamental desde el punto de vista de la política interior. El presidente francés, en efecto, había hecho de este asunto una prioridad ineludible durante la campaña de las elecciones presidenciales, hasta el punto de amenazar con la no ratificación por parte de Francia del Tratado de disciplina presupuestaria y tensar las relaciones con Angela Merkel.

Uno de sus principales objetivos, público y confeso, era reconstruir con Alemania una relación más equilibrada de lo que fue durante la era Merkozy y ofrecer a la opinión pública francesa la imagen de un presidente firme y determinado. Merkel ha cedido aquí, pero para mejor consolidar su férrea política de austeridad.

Si la eficacia del Pacto por el Crecimiento es dudosa, también lo es que Hollande haya conseguido –o vaya a conseguir– recuperar el peso perdido en la relación bilateral. Mientras Alemania siga siendo el garante financiero último de Europa y Francia –lastrada por su deuda y sus déficits– tenga un pie al borde del mismo abismo en el que se debaten España o Italia, Berlín seguirá imponiendo su ley. Por más que, en aras de la construcción europea, acepte algunos compromisos con su socio preferencial.




Vértigo ante la Europa federal

Europa vuelve a llamar a la puerta de Francia. ¿Su respuesta estará a la altura? Esta es la pregunta que empiezan a hacerse, cada vez en voz más alta, los más europeístas de los franceses, partidarios de tomar la mano que tiende Alemania y avanzar con decisión hacia una Europa federal.

El presidente francés, François Hollande, cuyo europeísmo está fuera de duda –no porque sí formó parte del círculo más próximo a Jacques Delors–, parece decidido a avanzar por ese camino, pero paso a paso, calladamente, por temor a reavivar los demonios antieuropeos arraigados en la sociedad francesa. No está claro que lo consiga: el debate está empezando a tomar cuerpo.

“Tenemos que dejar de pensar que se puede construir una Europa política a hurtadillas, creyendo que a fuerza de transferencias de soberanía invisibles reduciremos los temores de los pueblos al silencio”, escribía ayer el ex primer ministro Dominique de Villepin en una tribuna en Libération, descalificando de esta forma la estrategia de Hollande. “Hoy nuestra soberanía se nos escapa (...), pero no es Europa la que nos priva de ella, sino la mundialización”, sostiene el último jefe de Gobierno de Jacques Chirac, quien añade: “Sólo recuperaremos nuestra soberanía si aprendemos a compartirla”.

No es la única voz en la derecha que se ha alzado en este sentido. El ex ministro de Asuntos Europeos y de Agricultura Bruno Le Maire –otro hombre de Chirac, reciclado en este caso por Nicolas Sarkozy–, tras criticar la “mediocridad” de las proposiciones del actual presidente de la República, ha llamado asimismo a dar el paso y “franquear el río que nos separa de los Estados Unidos de Europa”.

Incluso el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, decidido partidario de una unión bancaria europea, defendía en una entrevista publicada ayer en Le Monde que “es necesario avanzar hacia más federalismo”. A su juicio, sólo se podrá salir de la crisis si “la voluntad de autonomía [de los Estados] se aparta ante la construcción europea”.

Hollande, que tiene marcado a fuego el fracaso del referéndum de 2005 sobre el proyecto de Constitución Europea –que dividió en dos al Partido Socialista–, pretende eludir este debate y hacer el menor ruido posible. Su política es la de avanzar por etapas y eludir peligrosas discusiones sobre conceptos como “Europa federal” o “cesión de soberanía”.

Desde el Gobierno, sólo un ministro, Jérôme de Cahuzac, titular de la cartera de Presupuesto, ha abogado públicamente por una entente para “compartir soberanía” en materia presupuestaria. Pero está lejos de representar una visión unánimemente compartida. En el otro lado de la balanza, Bernard Cazeneuve, ministro de Asuntos Europeos –un hombre muy cercano al euroescéptico titular del Quai d’Orsay, Laurent Fabius–, ha recordado que la soberanía presupuestaria recae en el Parlamento francés... La sombra del “no” acecha.




jueves, 28 de junio de 2012

Francia, a pequeños pasos

Lo primero, lo esencial, lo más urgente que debería resolver el Consejo Europeo que se inicia hoy en Bruselas es, a juicio de Francia, cerrar el nuevo Pacto por el Crecimiento caro a François Hollande y adoptar medidas inmediatas para estabilizar el sistema financiero europeo, abriendo la puerta –como reclama España– a que los fondos europeos puedan capitalizar directamente a los bancos en dificultades sin agravar el problema de la deuda de los Estados.

Todo lo demás –la integración política, el establecimiento de nuevos instrumentos de solidaridad financiera y mecanismos de control presupuestario– no es para hoy ni para mañana. Incluidas las euro-obligaciones. Es “muy importante” empezar a discutir sobre ello y fijar una hoja de ruta a diez años vista, razonan en el Elíseo, pero no cabe esperar un big bang ahora y aquí.

Hollande, para quien el documento presentado por el presidente de la UE, Herman van Rompuy, es un buen punto de partida, propugna avanzar en este terreno por etapas y de forma pragmática. Fuertemente divididos en 2005 sobre el proyecto de Constitución europea, los franceses no están preparados todavía para asumir un salto federal. Por más que el camino que entre hoy y mañana se tomará en Bruselas conduzca inevitablemente.

El presidente francés, que hace siete años se pilló los dedos en el referéndum del “no”, quiere evitar un debate en el que se hable abiertamente de “unión federal” y “cesión de soberanía”. El método de progresar por etapas, como propugna París, permite sortear este escollo y “avanzar más rápidamente”.

François Hollande, que había amenazado con no ratificar el Tratado de Disciplina Presupuestaria pactado por su antecesor, Nicolas Sarkozy, si no se complementaba con medidas concretas para estimular el relanzamiento económico, da una gran importancia a la aprobación de un Pacto por el Crecimiento, el gran triunfo que puede presentar ante los franceses.

A falta de un acuerdo a 27, las líneas fundamentales de este Pacto –que prevé movilizar entre 120.000 y 130.000 millones de euros en inversiones– fueron pactadas en la cumbre de Roma de la semana pasada con la canciller alemana, Angela Merkel; el primer ministro italiano, Mario Monti, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. El asunto encarrilado, faltará ver qué fórmula jurídica adoptará, pero todo indica que satisfará las condiciones de París. “Vamos en la buena dirección”, señalaron ayer fuentes del Elíseo.

En el capítulo del sistema financiero, donde París propugna la creación de una unión bancaria, con reglas comunes y un supervisor único, franceses y alemanes se han aproximado también considerablemente. Por contra, las polémicas euro-obligaciones, que causan sarpullidos en Alemania, han dejado de ser para Francia una prioridad. La mutualización de la deuda llegará más adelante, de la mano de un control reforzado sobre los presupuestos nacionales


De nuevo, la pareja

Siguiendo el guión de siempre, el toque final al menú de la cumbre europea de Bruselas se cocinó anoche en los fogones de París y Berlín. El presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, se reunieron en el Elíseo para tratar de superar sus últimas diferencias cara al crucial Consejo Europeo que empieza hoy. Antes de empezar la reunión –una cena de trabajo–, los dos mandatarios subrayaron los “progresos” conseguidos en las discusiones de los últimos días, enmascarados a veces por las declaraciones más o menos altisonantes de unos y de otros, y abogaron por la profundicación de la unión económica, monetaria y política de Europa. Tanto el presidente francés como la canciller alemana hicieron un esfuerzo de convergencia, ni que fuera retórica, al abogar por una Europa también más solidaria. Hollande puso en la misma balanza “integración y solidaridad”, cuidándose de añadir un matiz agradable para los oídos alemanes: “Tanta integración somo sea necesaria y tanta solidaridad como sea posible”. Merkel se unió al coro añadiendo: “Necesitamos una Europa que funcione y cuyos miembros se ayuden unos a otros”. La respuesta, hoy.




lunes, 25 de junio de 2012

La imposible Línea Maginot

“Somos un poco la bestia negra de España”, subrayó Bixente Lizarazu, más como un conjuro que como un vaticinio, pocos minutos antes del inicio del partido entre Francia y España en el Donbas Arena de Donetsk. El otrora internacional de la selección francesa –la buena, la que ganó el Mundial de 1998–, reconvertido en comentarista estrella del canal de televisión TF1, aludía a la maldición que hasta el sábado pesaba sobre la selección española, incapaz de imponerse a los bleus en la fase final de una competición oficial, como en 1984, 2000 o 2006. Sin embargo, el adverbio utilizado por el ex jugador del Athletic de Bilbao –“un poco”– traicionaba su falta de confianza.

Probablemente la Francia de Laurent Blanc, en fase de reconstruccion tras el fiasco del Mundial de Sudáfrica, no tenía nada que hacer frente a la España triunfal de Vicente del Bosque. Pero su principal problema, su carencia fundamental, no fue técnica, sino moral. A los franceses, desde el seleccionador y los jugadores hasta el último ciudadano, les atenaza la falta de confianza.

Con esa mirada permanentemete melancólica y ese tono fatalista que le caracteriza, Blanc trazó un abismo entre el fútbol de ambas selecciones la víspera misma del partido. “Ojalá supiéramos jugar como ellos”, dijo, tras calificar de “excelente” la trayectoria española. Encontrarse con el campeón de Europa y del Mundo en cuartos de final era el merecido castigo a la penosa actuación de los bleus frente a Suecia, una derrota que disparó la tensión en el vestuario e hizo revivir los fantasmas de Sudáfrica.

Poco convencido de sus posibilidades, Blanc planteó una batalla defensiva, poniendo todo el peso en una suerte de Línea Maginot desplegada atrás para detener los avances españoles, particularmente por la banda izquierda. Pero la vanguardia española la superó con la misma facilidad con que los tanques de Rommel lo hicieron en 1940 en las Ardenas. Al seleccionador francés se le derrumbó todo con el gol de Alonso a los 19 minutos de juego”. “No estaba previsto encajar un gol”, admitió Blanc, pese a lo cual nada cambió en el campo.

Los comentaristas de televisión –mientras el balón todavía rodaba en el césped– y los cronistas deportivos de los diarios franceses que salieron ayer domingo coincidieron en echar en falta en su equipo la cualidad esencial de un campeón: la audacia, el atrevimiento, una cierta dosis de locura incluso, de “folie”... La selección francesa “no supo suscitar la menor emoción, sólo el sentimiento simple de su impotencia constante”, escribía Vincent Duluc en L’Équipe, que abría su portada con el titular “SOS fantasmas”. “¡Qué tristeza!” proclamaba, por su parte, Le Parisien.

Pese a los juicios severos sobre la apuesta estratégica del seleccionador y la prestación de algunos jugadores –en particular Karim Benzema, el ariete, que se ha ido en blanco–, quien más quien menos aceptó la derrota frente a España como algo inevitable. El adjetivo “lógico” fue probablemene el más utilizado ayer para calificar el resultado del encuentro. Tan lógico como el derrumbe del ejército francés hace setenta y dos años frente a las divisiones de Panzer alemanes. Pero eso, De Gaulle ya lo había avisado


Nasri empaña la imagen de los ‘bleus’

La mayoría de los jugadores que protagonizaron el motín de Sudáfrica ya no están en la selección francesa, entre ellos Anelka, quien insultó gravemente al entonces entrenador, Raymond Domenech. Anelka ya no está, pero la imagen de la selección francesa ha vuelto a quedar marcada en esta Eurocopa por el comportamiento chulesco y barriobajero de uno de sus jugadores. En este caso ha sido Samir Nasri, el centrocampista del Manchester, que el sábado se encaró con un periodista de France Presse y le dijo: “Vete a tomar por el culo, vete a joder a tu madre, sucio hijo de puta”. Laurent Blanc calificó de “lamentable” su comportamiento.