jueves, 9 de junio de 2011

Chirac reniega de Sarkozy

Hasta ahora, Jacques Chirac se había guardado de emitir cualquier juicio negativo sobre Nicolas Sarkozy. Publicado en 2009, el primer tomo de sus memorias –“Cada paso debe ser un objetivo”– fue un ejemplo de extrema benevolencia hacia el actual presidente francés. Chirac prefirió pasar suavemente sobre uno de los episodios más espinosos de su relación: la traición de Sarkozy en 1995, cuando decidió apoyar al entonces primer ministro Édouard Balladur, en su contra, en su fallida carrera al Elíseo. En el segundo tomo de sus memorias –“La etapa presidencial”–, que sale mañana a la venta, la magnanimidad se ha acabado.
Nada hay de vengativo en las palabras de Jacques Chirac, según se desprende de los fragmentos del libro que avanzaron ayer algunos medios de comunicación franceses. Pero a sus 78 años, el ex presidente de la República parece igualmente decidido a dejar a la posteridad, negro sobre blanco, su sincera opinión sobre su sucesor en el Elíseo. Y el retrato que destilan sus páginas es afilado. “Nervioso, impetuoso, desbordante de ambición, no duda de nada y menos aún de sí mismo”, enjuicia el ex presidente francés sobre Sarkozy, a quien profesa una profunda desconfianza.
Chirac rememora las razones que le llevaron tras su reelección en 2002 a descartarle como primer ministro. “No subestimo sus cualidades: su fuerza de trabajo, su energía, su sentido táctico, sus talentos mediáticos, que hacen de él, a mi juicio, uno de los hombres políticos más dotados de su generación”, recita el ex presidente, quien añade aún en su favor “su dinamismo, su insaciable apetito de acción”. Pero detrás de esta brillante faz, Chirac observa también un inquietante reverso: “La confianza no se decreta, pero es imperativa. Y subsisten demasiadas zonas de sombra y de malentendidos entre Nicolas Sarkozy y yo”, explica, mientras expresa grandes dudas sobre la lealtad de su pupilo: “El riesgo sería encontrarme confrontado rápidamente a un jefe de Gobierno dispuesto a afirmar su autonomía, a discutirme incluso mis prerrogativas, sin prohibirse aparecer ya como aspirante a mi sucesión”, afirma.
El comportamiento posterior de Sarkozy como ministro del Interior acabaría dándole la razón. “Tiene una cualidad innegable: avanza siempre al descubierto. Sus ambiciones presidenciales devinieron rápidamente transparentes, apenas llegado a la plaza Beauvau [sede del Ministerio]”. Más allá de la confianza personal, el ex presidente subraya también la existencia de una fractura ideológica entre él y Sarkozy: “No compartimos probablemente la misma visión de Francia”.
Chirac repasa asimismo en su libro las ofensas recibidas del actual presidente de la República. Tanto las comprobadas como las supuestas. Entre las primeras se encuentra la burla pública de Sarkozy sobre la afición de Chirac por el sumo y las tradiciones japonesas –que estuvo a punto de costarle el cargo, según confiesa el ex presidente–. Entre las segundas, la sospecha de que fue el entonces ministro del Presupuesto quien en 1995 movió el asunto de los terrenos de Vigneux-sur-Seine para ensuciar la reputación de la familia de su esposa y, en última instancia, la suya. La última estocada fue cuando Sarkozy evitó toda referencia a Chirac en su toma de posesión en 2007. “En el fondo, eso me dolió”, confiesa.

Bettencourt, otra vez a la greña

Seis meses, ni un día más, ha durado la paz –una paz armada, por lo que se ve– entre las dos principales accionistas del grupo francés L’Oréal. Liliane Bettencourt, de 88 años, heredera del fundador del gigante de la cosmética, y su hija, Françoise Bettencourt-Meyers, de 57, vuelven a verse las caras en los tribunales. La causa de este nuevo enfrentamiento es muy parecida a la que desencadenó las primeras hostilidades, en 2007, sólo los personajes han cambiado: la hija acusa al nuevo entorno de la multimillonaria –con una fortuna de 14.500 millones de euros, la mujer más rica de Francia– de aprovecharse de la senilidad de su madre para sacarle el dinero.
Françoise Bettencourt-Meyers presentó el lunes ante la juez de tutelas de Courbevoie (alrededores de París) una demanda para que se retiren los poderes al abogado de la propietaria de L’Oréal, Pascal Wilhem, que según avanzó ayer el diario Le Monde habría convencido presuntamente a Liliane Bettencourt de invertir una fuerte suma de dinero –143 millones de euros– en el holding empresarial de otro de sus clientes, el hombre de negocios Stéphane Courbit, especializado en el sector audiovisual. La demanda, que esta vez va firmada también por los dos nietos de la multimillonaria –Jean-Victor y Nicolas Meyers, ajenos a la primera guerra familiar–, acusa asimismo al nuevo entorno de la multimillonaria de aislar a la mujer de su familia.
El enfermero de la anciana, Alain T., se emplearía supuestamente en restringir y controlar las visitas de Françoise Bettencourt-Meyeres a su madre en el domicilio de Neuilly-Sur-Seine.
La juez de Courbevoie, Stéphanie Kass-Danno, podría decicir someter a tutela judicial a la multimillonaria, quien ya en marzo había alertado sobre la “imposibilidad \[de Liliane Bettencourt\] de ocuparse de sus intereses”, a causa del hecho de que sus “facultades cognitivas están netamente alteradas por una enfermedad cerebral”. Así lo exponía la juez en una comunicación enviada al Tribunal de Casación en la que preguntaba si podía proseguir la instrucción del caso después de que la hija desistiera de una primera demanda de tutela judicial presentada en octubre del 2010.
La primera guerra de las Bettencourt, iniciada en 2007, fue desencadenada por las prodigalidades de la multimillonaria con un controvertido personaje, el fotógrafo François-Marie Banier, a quien había hecho regalos por cerca de 1.000 millones de euros. Las dos mujeres, madre e hija, acabaron firmando la paz el pasado mes de diciembre. A cambio de retirar todas sus demanda judiciales, Françoise Bettencourt-Meyers logró que Banier renunciara a dos suculentos seguros de vida en su favor y se alejara de la multimillonaria. Lo mismo que el hasta entonces administrador de su patrimonio, Patrice de Maistre. Liliane Bettencourt aceptó asimismo someterse a la protección –una especie de tutela privada– de su abogado, Pascal Wilhem, en el caso de que en un futuro se viera imposibilitada de ejercer sus funciones al frente de L’Oréal.
Curiosamente es, pues, el encargado de proteger a Liliane Bettencourt el que es acusado ahora de actuar como depredador.

martes, 7 de junio de 2011

El mundo mágico de Nadal

Hace una semana, eran legión quienes anunciaban el ocaso de su estrella. Hoy, apenas veinticuatro horas después de su espectacular e inapelable sexto triunfo en la final de Roland Garros - su décimo trofeo del Grand Slam-,todo el mundo ha empezado a proyectarle en la leyenda. Rafael Nadal demostró el domingo no sólo que no está acabado, sino que a sus recién cumplidos 25 años tiene abierto de par en par el camino para intentar arrebatar a su admirado Roger Federer su condición de "mejor tenista de la historia". El camino de la gloria.

No será el jugador español quien lo admita. Su humildad, su modestia, se lo impiden. "Soy muy feliz con lo que soy y no me planteo si soy el mejor de la historia, formo parte de los mejores, eso me basta", declaró tras su victoria. Pero nada impide que lo reconozcan los demás. "El récord le espera", titulaba ayer a siete columnas en primera página el diario francés L´Équipe - sin embargo, muy avaro con Nadal hasta ahora-,transmitiendo una expectativa ampliamente compartida.

De repente, la diferencia que le separa del récord de 16 trofeos del Grand Slam acumulados por Federer ha dejado de ser un abismo. Nadal es todavía muy joven. A su edad, el jugador suizo había logrado ocho títulos, dos menos... Y sólo un tenista había llegado a los 10 un poco antes que él, Björn Borg, a quien el jugador balear igualó el domingo sus seis victorias en Roland Garros. El mítico tenista sueco, en una entrevista publicada por el diario Expressen, no ocultaba su admiración por el español: "Nadal es ciertamente increíble, los rivales deben pensar que se enfrentan a un monstruo que siempre o casi siempre consigue devolver las pelotas". Borg vaticinaba que Nadal ganará todavía un par de Roland Garros al menos, así como otros trofeos de los cuatro grandes. El diario norteamericano The New York Times ya daba ayer por hecha la séptima victoria de Nadal en la tierra batida de París el año que viene. "Es difícil imaginar que no logre un séptimo", decía.

El brillante partido jugado por Federer en la final, que todo el mundo aclama de forma unánime, no hace sino agigantar la figura del mallorquín, quien además tuvo que remontar un mal inicio de torneo, lastrado por sus dudas y falta de confianza. Capaz de devolver pelotas inverosímiles, Nadal ha demostrado ser capaz también de salir del pozo con su único esfuerzo y su proverbial combatividad. Esa "mentalidad de acero", esa "voluntad de hierro" que destacaba ayer el diario francés Le Figaro y que - con palabras similares-ha reconocido y saludado toda la prensa mundial.

El público parisino es el único que sigue resistiéndose a abrazar la causa de Nadal, obnubilado como está desde hace años con el tenis espléndido de Federer, la niña de sus ojos. Pero hay síntomas de que algo ha empezado a cambiar en esta edición. Al tenista español, en quien algunos habían confundido hasta ahora timidez con soberbia, han empezado a mirarlo de otro modo. El monstruo es también humano, como demostró - para pasmo de propios y extraños-al admitir públicamente sus problemas. "El verdadero Rafa son los dos", respondió el domingo a un periodista, "el que juega bien y gana, pero también el que juega mal, el que sufre y lucha". A ese Nadal que sufre y lucha han empezado a llegarle en la cancha las primeras voces de aliento en francés.

Nadal, confirmado ayer como número 1 del ranking mundial por la ATP - seguido muy de cerca, a sólo 45 puntos, por el serbio Novak Djokovic-,terminó de celebrar ayer en Disneyland París su sexta copa de Roland Garros. Pero su mente estaba ya sobre la verde hierba de Queen´s y Wimbledon. Para seguir la lucha.

lunes, 6 de junio de 2011

El emperador imbatible

En el imperio de Rafael Nadal sobre el tenis mundial no se pone el sol. No todavía. El mejor tenista español de todos los tiempos se alzó ayer, sobre la tierra rojiza de París, con su sexto trofeo de Roland Garros - su décimo título del Grand Slam-,igualando el récord que desde los años ochenta ostentaba el sueco Björn Borg y amarrando su condición de número 1 del mundo delante del serbio Novak Djokovic, número 2, que deberá esperar al menos un poco más para ocupar el trono.

En un titánico partido que duró tres horas y 40 minutos, Nadal se impuso por cuarta vez en una final del torneo francés a su sempiterno rival, el suizo Roger Federer - actual número 3-,quien pese a dar una nueva lección magistral de tenis no pudo batir a su verdugo. Nadal y Federer, dos auténticos colosos, demostraron a Djokovic, el nuevo gigante del circuito, descabalgado del torneo por el suizo en las semifinales, que no le va a resultar fácil desalojarlos del olimpo.

A diferencia del paseo militar de hace tres años - su último enfrentamiento en París-,Nadal necesitó cuatro duros sets para batir a Federer. El resultado del partido (7-5, 7-6, 5-7 y 6-1), el más apretado de todos los que han disputado cara a cara en Roland Garros - la semifinal del 2005 y las finales de 2006, 2007 y2008-,pone de manifiesto hasta qué punto fue dura la batalla. Ambos tenistas combatieron encarnizadamente por cada punto durante todo el encuentro, hasta que, ya en la recta final del cuarto set, Nadal empezó a irse en el marcador (3-1) y Federer rindió sus armas.

No fue el último set el más espectacular del match,ni probablemente el más decisivo, sino el primero. Ahí, en cierto sentido, se jugó todo. Federer, que salió muy agresivo, rompió el servicio de Nadal a las primeras de cambio y no tardó mucho en colocarse 2-5. El tenista español, que hizo venir al fisioterapeuta para que le aflojara un vendaje en el pie, parecía desorientado e inerme.

Pero a partir de ese momento, justo cuando el suizo parecía a punto de llevarse el primer set, el partido basculó. Una pelota crucial, lanzada por Federer cuando tenía ventaja, cayó sobre la línea. Cuando el público celebraba ya la victoria del suizo, el árbitro concedió el punto a Nadal, que después se hizo con el juego (3-5). El balear, que hasta ese momento había ido a remolque, sacó de sus entrañas una fuerza homérica y logró un parcial de 5 a0, lo que le permitió dar la vuelta al ritmo del encuentro y ganar el set por un definitivo 7-5.

El segundo set, interrumpido durante diez minutos por la lluvia - que hizo su primera y fugaz aparición en el torneo parisino-,fue igualmente disputado, pero mucho más equilibrado. Nadal fue en general por delante de Federer. Cuando la lluvia obligó a parar, el marcador estaba 5-4 a favor del español, y Nadal, que habría podido rematar el set, acababa de dejarse igualar a 40 a causa de una pelota que salió fuera tras rebotar en la red.

De regreso a la pista, Federer remontó, rompió el servicio de su rival (5-5) y logró adelantarle (5-6), antes que éste le empatara (6-6). Finalmente, Nadal resolvió en el tiebreak por 7 a 3. El público estaba mayoritariamente a favor de Federer, a quien a partir de ese momento empezó a jalear ruidosamente con gritos de "¡Roger! ¡Roger!", mientras los espectadores españoles no conseguían más que fundir los suyos de "¡Rafa! ¡Rafa!". En la tribuna, a diferencia de la final del año pasado, no estaba la reina Sofía, ni ningún otro representante de la Casa del Rey. El máximo representante español era el secretario de Estado del Deporte, Albert Soler, que se sentó junto a la ministra francesa del ramo, la karateka Chantal Jouanno. En las tribunas estaban también el baloncestista Pau Gasol y el tenista Manuel Santana, que ganó Roland Garros hace ahora 50 años.

El tercer set fue el más complicado para Nadal, que sucumbió frente a un Federer inmenso. Tras empatar 5-5, el suizo fue lanzado hasta el definitivo 5-7. Frente a semejante "vendaval", según sus propias palabras, Nadal decidió aguantar y esperar su oportunidad. Ésta le llegó en el cuatro set, cuando logró romper el servicio de Federer y situarse 3-1. El suizo ya no tuvo nada que hacer. Pasaban 7 minutos de las cinco de la tarde cuando Nadal remató a su adversario 6-1. En ese momento, una voz gritó en francés: "¡Rafa, tu est le meilleur!".

El clásico de entre los clásicos

La final de Roland Garros va a alumbrar esta tarde a partir de las 15 horas el 25. º duelo entre Rafael Nadal y Roger Federer, la cumbre del tenis, un clásico entre los clásicos. De creer a André Agassi, no podía haber mejor cartel, ahora y siempre. "Son los dos mejores de todos los tiempos, uno contra el otro", valoró el legendario estadounidense sobre el partido que enfrentará por cuarta vez en una final en París a los dos jugadores que se han repartido el número 1 y 2 del tenis mundial en los últimos seis años.

La escalada imparable en estos últimos meses del serbio Novak Djokovic, actual número 2 y serio aspirante a desalojar a Nadal del trono mundial - que podría obtener mañana si el mallorquín cae esta tarde en la tierra batida de Roland Garros-parecía hacer inviable la reedición del clásico. El mediocre comienzo de torneo de Nadal y el supuesto declive de Federer parecían corroborar el advenimiento de una nueva época... Acaso sea así en el tenis, pero no en Roland Garros. No todavía. La clara victoria de Nadal el viernes sobre el escocés Andy Murray y la exhibición de Federer frente a Djokovic, cuya imbatibilidad rompió en un partido de antología, volvieron a poner las cosas en su sitio. "Nadal y Federer son indisociables", subrayó ayer un comentarista francés.

Mirando hacia atrás, Nadal es el favorito de la final: el tenista español ha ganado cinco veces el torneo - 2005, 2006, 2007, 2008 y 2010-y se ha impuesto al suizo las cuatro veces que lo ha tenido delante en París, una en semifinales y tres en la final. La última, en 2008, ganó por un contundente 6-1, 6-3, 6-0. Federer, en cambio, sólo ha podido ganar en Roland Garros una vez - en 2009-,en la única ocasión en la que el tenista balear no logró llegar a la final, descabalgado en octavos de final por Robin Söderling. En su duelo particular, Nadal ha vencido a Federer en 16 de las 24 ocasiones en que se han enfrentado, y en cinco de siete finales del Grand Slam.

Después de los titubeos de la primera semana y media, Nadal dice haber recuperado la forma y la confianza. Pero delante no va a tener al campeón en horas bajas que su discreta temporada - no ha estado en una final del Grand Slam desde el Open de Australia en enero de 2010-parecía dejar entrever. Federer, actual número 3 del ranking, demostró el viernes una vez más su altísimo nivel, ofrenciendo un espectáculo deslumbrante. Para el suizo, la de hoy es una nueva oportunidad de desquite ante su rival de siempre. "Todo el mundo sabe cuántas veces me ha ganado aquí y será muy duro. Pero para que una final de Roland Garros sea verdaderamente especial, tiene que estar Rafa", dijo.

A priori, Federer parte con la ventaja relativa de estar más descansado - ha jugado en el torneo 12 horas y 52 minutos, por 17 horas y 18 minutos el español-,aunque eso no le sirvió de mucho el viernes a Djokovic, que se había ahorrado - por abandono de su rival, Fabio Fognini-el partido de cuartos de final. Factor más determinante puede ser la meteorología. Después de una semana de sol, hoy podría aparecer la lluvia. Una perspectiva que no pone demasiado feliz a Rafael Nadal. "Yo prefiero el sol, es mejor para mi juego si la pelota es rápida y el rebote alto. Otras condiciones más pesadas darían la ventaja a Roger", explicó. El jugador español sabe, en cualquier caso, que deberá dar lo mejor de sí mismo: "Tendré que jugar a mi mejor nivel y algunas veces eso no es suficiente para ganar. Él es el mejor jugador de la historia", concluyó.
Primera china que gana un torneo del Grand Slam

China está que se sale, en todos los terrenos. Incluido el tenis. Na Li, de 29 años, hizo historia ayer tarde en París al ganar la final de Roland Garros y convertirse en la primera tenista de nacionalidad china en obtener un trofeo del Grand Slam. Na Li venció en dos sets - en un partido que duró una hora y 48 minutos-a la última campeona del torneo francés, la italiana Francesca Schiavone, de 30 años. El himno chino sonó por primera vez en el estadio Philippe Chatrier. La tenista, que ascenderá ahora del número 6 al 4 del ranking, se ha convertido en una heroína en su país.

La jugadora china, que se mostró más segura en la pista que su oponente, ganó cómodamente el primer set por 6-4 y se impuso en el segundo por 7-6 (0). Na Li, que en el Open de Australia logró llegar a la final, donde fue derrotada por la belga Kim Clijsters, había ganado hasta ahora cuatro trofeos: los disputados en Cantón (2004), Gold Coast (2008), Birmingham (2010) y Sydney (2011).

sábado, 4 de junio de 2011

Doble regalo para Nadal

Rafael Nadal va disparado a por la sexta. Olvidado el desconcierto y la ansiedad que le atenazó al principio del torneo, recobrada la confianza y su nivel de juego, el tenista español se colocó ayer a un paso de coronarse por sexta vez en París - e igualar así el récord del sueco Björn Borg-,al batir de forma implacable, en sólo tres sets, al escocés Andy Murray en la primera de las dos semifinales masculinas. Mañana, en la pista del estadio Philippe Chatrier, Nadal tendrá enfrente a un viejo conocido, Roger Federer, contra quien ya ha disputado tres finales en Roland Garros. Un doble regalo de cumpleaños para el balear, que le da opción, si gana el torneo, de conservar el número 1 del ranking mundial. El suizo, en el filo de la noche, destrozó los pronósticos que daban vencedor a Novak Djokovic, a quien rompió su racha. El serbio, que no pudo ponerse número 1 ayer, llevaba 41 victorias seguidas en el 2011. Su última derrota databa de noviembre del 2010, en el Masters, también a manos de Federer.

La recuperación mostrada por Nadal el miércoles, en el partido de cuartos con Robin Söderling, se vio confirmada ayer. En forma, física y mental, Nadal no dejó ninguna oportunidad a Andy Murray, quien en ningún momento se acercó a ganar un set. El resultado final (6-4, 7-5 y 6-4), al que se llegó tras más de tres horas y cuarto de juego, demuestra que hubo batalla. Pero a diferencia de lo que sucedió con Söderling - al que Nadal venció en el tercer set en el tie-break-,frente a Murray el balear siempre llegó con ventaja al final de cada manga y nunca cedió la iniciativa.

El viento tuvo un acusado protagonismo. "Desde el exterior no se puede imaginar lo difícil que es jugar en condiciones como las de hoy,", subrayó Nadal al término del encuentro. Antes de iniciar el tercer set hubo que regar la pista para evitar los remolinos de polvo. Murray jugó ligeramente lesionado en un tobillo, pero salvo un traspiés en el primer set, no pareció acusarlo.

El escocés, número 4 del ranking mundial, arrancó el partido de forma agresiva, subiendo a la red y poniendo en dificultades a Nadal con dos dejadas a las primeras de cambio, algo que trató de repetir a lo largo de todo el encuentro. El mallorquín, que salvó 15 de 18 pelotas de break de su adversario, acabó no obstante imponiendo su juego: un ritmo lento, con largos intercambios desde el fondo de la pista. "Es el juego que me conviene", subrayó.

Nadal se comportó como una apisonadora en el primer set hasta colocarse 5 a 1, pero a partir de ahí - "cometí dos errores idiotas", confesó-dejó que su rival se le acercara peligrosamente hasta ponerse a 5-4. El segundo set, en el que Nadal fue en dos ocasiones ligeramente por detrás, y el tercero fueron más igualados, pero el mallorquín acabó imponiendo su maestría en los puntos decisivos.

Rafa Nadal se mostró "feliz" de haber llegado por sexta vez a la final de Roland Garros y satisfecho de haber superado sus problemas. Y aunque, con su prudencia habitual, recordó que aún no hay nada ganado, se mostró tranquilo ante la cita de mañana: "En la final ya no hay miedo a perder, ahora juego para ganar", afirmó.

El tenista balear tuvo palabras extremadamente amables para su rival: "Siempre he apreciado a Andy, como hombre y como jugador. Estoy triste por él, porque merece ganar un Grand Slam". Murray admitió por su parte que Nadal ganó porque "jugó mejor" - "es uno de los mejores jugadores de la historia y, por supuesto, el mejor jugador en tierra batida de la historia", remarcó-,pero dijo haber salido con la sensación de haber "acortado distancias".

El partido entre Federer y Djokovic (7-6, 6-3, 3-6, 7-6), resuelto ya con escasa luz natural en el tie-break, fue absolutamente electrizante. El estadio, entregado a Federer, parecía venirse a abajo con cada punto logrado por el suizo. En la final, Nadal no jugará - esta vez tampoco-en casa.


"Happy birthday" en el estadio Philippe Chatrier


Una parte del públicodel estadio Philippe Chatrier - justo el situado en la esquina donde se encontraba su tío y entrenador, Toni Nadal-empezó a entonar al términodel encuentro Happy birthday to you para felicitar al campeón español por su 25 cumpleaños, que celebraba ayer. El árbitro animó a seguir al resto de los espectadores, que se sumaron con un caluroso aplauso. Los organizadores del torneo le prepararon un gran pastel de aniversario y el canal de televisión públicoFrance 2, que le entrevistó al final del partido, le obsequió con un estuche que contenía, en cinco CD, las cinco finales que ha ganado en Roland Garros: 2010, 2008, 2007, 2006 y 2005.

¿El final de una diarquía?

Rafael Nadal se juega en los próximos tres días en París algo más que su sexto torneo de Roland Garros y la posibilidad de igualar el récord del sueco Björn Borj. El tenista español, número 1 del ránking, arriesga también su liderazgo mundial. Nada nuevo, en cierto modo. Si no fuera porque, por primera vez desde hace seis años, quien aspira a desalojarle de la cima del tenis no es el eterno Roger Federer –“el mejor tenista de la historia”, en palabras del propio Nadal–, sino Novak Djokovic, perpetuo tercero devenido número 2, aparentemente condenado hasta hora a mirar hacia la cumbre sin esperanza. Este fin de semana en la capital francesa, el tenis mundial puede dejar de ser una diarquía.
Para conservar su trono, Nadal debe ganar imperativamente el trofeo de Roland Garros –nada evidente, a la vista de su desigual actuación hasta el momento–, empezando por la semifinal que le enfrentará hoy al escocés Andy Murray. Pero ni siquiera así puede garantizarlo. Bastará con que Djokovic venza, en la otra semifinal, a Federer para que el serbio se haga con la corona mundial, algo con lo que sueña desde niño. Gane o no gane en la final.
Si sale hoy victorioso, Djokovic, el hombre más fuerte en este momento en las canchas de tenis, igualará el récord que el legendario John McEnroe mantiene desde 1984 en número de victorias consecutivas (42) en el arranque de la temporada. El empuje implacable del serbio, que ha infligido recientemente a Nadal dos severes derrotas en Roma y Madrid, y que le persigue infatigablemente, el aliento en la nuca, justo cuando Federer empieza a declinar, contribuye a explicar el desfallecimiento de la moral del jugador balear, quien días atrás admitía estar “fatigado”. “Hace seis años que debo defender cada día mi rango de primero o segundo mundial. Es mucho estrés”, dijo.
La falta de confianza que había atenazado a Nadal durante la primera semana y media de competición llevó a su entrenador y tío, Toni Nadal, a hacerle una severa admonición: “Si sigues jugando así, da por perdido el torneo, es imposible ganar”. Así lo explicó el propio preparador a Efe, quien se mostró aliviado tras la victoria de su sobrino sobre el sueco Robin Söderling el miércoles en cuartos de final. “Ha sido una semiliberación”, confió. La mejora del juego del tenista manacorense, que parece haber recuperado su nivel habitual, le permite ahora afrontar como favorito su encuentro con Andy Murray, un jugador peligroso pero a quien Nadal ha vencido en diez de las 14 ocasiones en que se ha enfrentado con él, entre ellas la última, en Montecarlo, así como en todos los partidos –tres– que han disputado sobre tierra batida. Veteranos tenistas como Mats Wilander o Àlex Corretja consideran que Nadal no debería perder hoy.
Como favorito parte también Djokovic contra Federer, pero esta circunstancia puede jugarle una mala pasada. Libre de la presión, el jugador suizo podría aguarle la fiesta al serbio y romper su racha de victorias. A fin de cuentas, la última derrota de Djoikovic, en los Masters de Londres en noviembre pasado, fue precisamente contra Federer, decidido a demostrar que todavía tiene mucho que decir en las pistas. Si hinca la rodilla esta tarde, el tenista serbio deberá esperar al domingo para ver si puede ceñirse la corona de número 1.