jueves, 31 de marzo de 2011

Cristianos, musulmanes y judíos amonestan a Sarkozy

El debate sobre el islam se ha convertido para Nicolas Sarkozy en una trampa de difícil salida. Rechazada por los musulmanes, censurada por la oposición, criticada por numerosos intelectuales y mal vista por una parte de su propia familia política –que esta semana le apresuraba a dar marcha atrás–, la iniciativa recibió ayer el tiro de gracia. La Conferencia de Responsables de Culto en Francia –una organización nacida el pasado otoño que reagrupa a los máximos dirigentes de las tres iglesias cristianas, el islam, el judaísmo y el budismo– publicó una tribuna en el diario católico La Croix en la que, con palabras mesuradas pero de significado inequívoco, cuestiona abiertamente la oportunidad de un debate de tales características en un momento preelectoral como el actual. pues a su juicio podría “suscitar confusiones que no pueden ser sino perjudiciales”.
Los firmantes de la declaración –entre los que se encuentran el presidente de la conferencia episcopal francesa, el cardenal André Vingt-Trois; el Gran Rabino de Francia, Gilles Bernheim, y el presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, Mohamed Moussaoui– expresan su total adhesión al principio de laicidad consagrado en la ley de 1905. “La laicidad es uno de los pilares de nuestro pacto republicano, uno de los soportes de nuestra democracia, uno de los fundamentos de nuestra voluntad de convivencia. Cuidémonos de no dilapidar esta conquista”, dicen. Pero cuestionan la oportunidad y la forma de abrir ahora un debate. “¿Hace falta, en el contexto actual, un debate sobre la laicidad?”, se preguntan los representantes religiosos, que recuerdan que en los últimos años ha habido ya numerosos debates sobre la laicidad, que han desembocado en informes y grupos de trabajo, dando así a entender que probablemente es innecesario. Y añaden aún otra pregunta: “Un partido político, por mayoritario que sea, ¿es la instancia adecuada para conducirlo en solitario?”. Tras aludir a las crisis “política, económica, financiera y moral” que sacuden hoy a la sociedad, preconizan implícitamente la anulación del debate: “No añadamos confusión al periodo confuso que atravesamos”, aconsejan con cautela.
La tribuna de las seis grandes confesiones de Francia se añade a un sinfín de declaraciones y peticiones surgidas en las últimas semanas en contra de una iniciativa que amenaza con presentar al islam como un problema y atizar las divisiones sociales. Un grupo de políticos, intelectuales y artistas firmó la semana pasada un manifiesto pidiendo la retirada del debate, lo mismo que han hecho los principales dirigentes musulmanes franceses. Militantes musulmanes de la UMP, el partido gubernamental, han roto públicamente sus carnets de afiliado y destacados miembros del partido y el Gobierno, como el ministro François Baroin, titular de Presupuesto y Portavoz del Ejecutivo, han propugnado directamente dar marcha atrás. De momento, sin ningún éxito.
Nicolas Sarkozy reiteró el lunes, cuando aún estaba fresca la derrota de las elecciones cantonales, su determinación de celebrar el controvertido debate, previsto para el próximo día 5. Y ayer, su principal ariete, el secretario general de la UMP, Jean-François Copé, lo volvió a repetir, relativizando la tribuna de los religiosos.
Sarkozy y Copé ya pueden insistir en su presunta buena fe, que nadie les cree. El debate, formalmente reconducido al tema de la laicididad, siempre tuvo en realidad –y sigue teniendo– como objeto el islam en Francia. Y su repentina aparición en el discurso político de la UMP –tras el fallido debate de la identidad nacional y la prohibición del velo integral en el espacio público– se inscribe en la estrategia de Sarkozy de disputar el electorado popular a la extrema derecha.

Una provocadora estrella verde

El colectivo Banlieues Respect y el Consejo de los Demócratas Musulmanes de Francia (CDMF) han tomado la provocadora iniciativa de llamar a los musulmanes franceses a identificarse públicamente con una estrella verde en su indumentaria para expresar así su rechazo al debate organizado por la UMP sobre el islam, que consideran estigmatizador. La idea, cuyo eventual seguimiento es todavía una incógnita, ha generado ya airadas críticas, toda vez que asimila falsamente la situación de los musulmanes hoy en Francia con la persecución de los judíos bajo la ocupación nazi. El presidente del CDMF, Abderramán Dahmane, era hasta hace dos semanas consejero del Elíseo en materia de Integración, hasta que Nicolas Sarkozy le despidió por criticar públicamente la organización del debate.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Un faro en la noche

Acérquense a los muelles del Sena, cerca de la imponente catedral gótica de Notre Dame, y echen un vistazo a los típicos puestos de los bouquinistes (en sentido literal, libreros), esos pequeños bazares genuinamente parisinos donde se entremezclan libros antiguos, revistas ajadas de varias décadas atrás, carteles, grabados, postales… y souvenirs. No tardarán en ver, junto a la inevitable imagen de la torre Eiffel, reproducciones del affiche original del legendario cabaret Le Chat Noir. Obra del pintor modernista Théophile-Alexandre Steinlen, el cartel, mil veces visto, con su gato negro sobre fondo rojo y ocre, está íntimamente asociado a la Belle Époque, ese periodo febril y creativo, lúdico y frívolo que vivió la capital francesa entre dos siglos, de 1890 a 1914, el fecundo oasis de paz y despreocupación que discurrió entre el renacimiento posterior a la guerra franco-prusiana –que trajo la caída del Segundo Imperio y el trauma de La Comuna-, y la hecatombe de la Primera Guerra Mundial.

Le Chat Noir, fundado por el artista Rodolphe Salis en 1881 y cerrado oficialmente en 1897, fue por así decirlo el padre de los mundialmente famosos cabarets de Montmartre, como los célebres Moulin Rouge, Folies Bergère o Mirliton, algunos de ellos todavía en activo y reclamo tradicional de turistas. Su innovador teatro de sombras al son del piano –hasta ese momento, estaba prohibido tocar música en los cafés-, su espíritu bohemio y descocado, el ambiente provocador y gamberro del club de los Hidrópatas (un grupo de estudiantes y poetas, fundado por Émile Goudeau, instalados de forma permanente en el local que abominaban del agua y englutían abundante alcohol), convirtieron al Chat Noir en la principal atracción de la noche  parisina y en visita ineludible de todo aquel que estuviera de paso por la ciudad. Artistas, intelectuales… pero también burgueses provinciales y aristócratas. Entre sus habituales se contaban numerosos artistas, como Alphonse Allais, George Auriol, Caran d’Ache, Paul Verlaine, Guy de Maupassant, Claude Debussy, August Strindberg…

En su primer emplazamiento, el número 84 del boulevard Rochechouart, hay hoy una banal tienda de souvenirs –con el ineludible cartel del gato, naturalmente- y en el segundo, el que mayor fama le dio, el número 12 de la calle dedicada hoy a Victor Massé, una solitaria placa recuerda sus viejas glorias. En su último albergue, el 68 del boulevard de Clichy –a pocos pasos del Moulin Rouge-, subsiste hoy una brasserie-café concert, así como un modesto hotel de dos estrellas, con el mismo nombre, pálido recuerdo de su esplendor pasado. Le Chat Noir, cual Cid de la bohemia, ha sobrevivido sin embargo a su muerte, alzándose a la categoría de icono de aquellos años locos.

El omnipresente cartel del gato negro asalta al turista desprevenido desde que pone el pie en París, una ciudad del siglo XXI enfundada en hábitos del XIX. No se trata sólo del marketing turístico, casi exclusivamente centrado en la Belle Époque y las vanguardias artísticas de fin de siglo. Es la ciudad misma la que parece anclada en aquel periodo dorado en que fue la capital del mundo, como ensimismada en sus glorias pasadas. El París de hoy se parece mucho al París del siglo XIX. Sus edificios, sus monumentos, sus calles, pero también sus referentes simbólicos, retrotraen al pasado. Ésa es probablemente su magia. Ahí radica seguramente su particular encanto.

Montmartre es un buen lugar para empezar ese tentador viaje al pasado. Junto a los cabarets y locales de music-hall, el barrio está estrechamente asociado a los pintores impresionistas que lo poblaron y lo pintaron en la segunda mitad del XIX. Cézanne, Degas, Manet, Pissarro, Renoir, Toulouse-Lautrec, Van Gogh… Sus nombres integran el adn de París, su imagen de marca internacional. Todavía hoy su fuerza es arrolladora. En la bisagra de los años 2010 y 2011, más de un siglo después, el gran acontecimiento cultural del año ha sido la vasta exposición dedicada en el suntuoso Grand Palais al maestro Claude Monet, visitada por cerca de un millón de personas.

Dejen atrás el bullicio de los bulevares de Montmartre y asciendan por sus empinadas calles hacia la cima de la colina. Millones de turistas lo hacen cada año. A falta de original, es imprescindible. Algo de aquel espíritu mundano subsiste hoy, en forma de reflejo desvaído, en la coqueta plaza del Tertre, poblada de pintores de ocasión, muchos de ellos procedentes de países del Este, en busca de colocar su mercancía a las nutridas retahílas de visitantes. ¿Retablo de cartón piedra? ¿parque temático? Algo de artificial tiene, en efecto, este paisaje congelado. Pero, como dijo un amigo la primera vez que lo vio, probablemente era el precio que había que pagar para salvaguardar el lugar.

Una sensación de irrealidad produce también la cercana basílica del Sacré Coeur, edificada a partir de 1875, en un inverosímil estilo romano-bizantino –que Josep Pla calificó de “arquitectura de tumefacciones”-, para purgar los pecados por los que Francia había sido castigada con la guerra, la violencia y la destrucción. Declarada de utilidad pública por una ley de la Asamblea Nacional de julio de 1873, sus promotores buscaban también hacer de la basílica un templo expiatorio de los crímenes anticlericales de La Comuna -ejecución del arzobispo de París, masacres de los dominicos de Arcueil y de los jesuitas de Haxo-, insurrección libertaria que empezó justamente en Montmartre en marzo de 1871 y que fue aplastada a sangre y fuego en mayo de ese año por las tropas versallesas del mariscal Mac-Mahon

Desde las escalinatas de la basílica hay una magnífica vista de París, extendida a sus pies. Al margen de algunas torres extemporáneas de viviendas y oficinas de los años setenta, el perfil de la ciudad es el mismo de hace más de un siglo. Las estrictas normas urbanísticas han permitido preservar la esencia arquitectónica de la ciudad que legó el gran valido del emperador Napoleón III, el controvertido barón Haussmann. Entre 1853 y 1870, el verdugo del Vieux Paris reventó los barrios de estrechas y malolientes callejas de la ciudad antigua para abrir los grandes bulevares, construyó  40.000 nuevos edificios -obligando a uniformizar su altura, nunca mayor que el ancho de la calle-, construyó una moderna red de alcantarillado y plantó decenas de miles de árboles.

Los monumentos y grandes edificios que sobresalen en el horizonte, citas obligadas de toda visita turística a París, fueron edificados en gran número en ese rico y agitado siglo XIX, marcado por las revoluciones, las guerras y los dos imperios de los Bonaparte. El Arco de Triunfo, la avenida de los Campos Elíseos -“La plus belle avenue du monde”, al decir de los parisinos-, el Arco del Carrusel (en el Louvre), la iglesia de la Madeleine, el Palais Bourbon (Asamblea Nacional), el Grand Palais y el Petit Palais -construidos para la exposición de 1900-, las estaciones ferroviarias del Nord, de Lyon y d’Orsay (hoy museo), la Ópera, la Biblioteca Nacional, el Palacio de Justicia, la Bolsa, la Prefectura de Policía, la Columna de la plaza Vendôme, el edificio neorrenacentista del Hôtel de Ville (Ayuntamiento), los cementerios de Père Lachaise y Montparnasse…

… Y la torre Eiffel. Erigida con motivo de la Exposición Universal de 1889 –primer centenario de la Revolución Francesa-, osado monumento a la modernidad y el genio industrial, el artefacto diseñado por el ingeniero Gustave Eiffel fue recibido en su momento con estupefacción y desagrado. En un manifiesto publicado el 14 de febrero de 1887 en el diario Le Temps por una cincuentena de intelectuales y artistas franceses de renombre –Alexandre Dumas hijo, Guy de Maupassant, Charles Garnier, Charles Gounod…- la torre merecía adjetivos tan demoledores como “inútil y monstruosa”, “vertiginosamente ridícula” y causa de “deshonor” para París. El poeta Paul Verlaine la descalificó tildándola de “esqueleto de campanario”. Y hubo quien, desde cierto fundamentalismo católico, opuso el blanco inmaculado del Sacré Coeur de Montmartre, símbolo de fe y espiritualidad, a la oscura y pagana estructura de hierro de esa nueva “Torre de Babel” de evocaciones revolucionarias.

Construida con vocación efímera –debía ser derribada dos décadas después-, la torre Eiffel se salvó de la desaparición gracias al empeño de su autor por darle una utilidad científica, organizando experimentos en materia de comunicaciones radiofónicas. Hoy, no sólo es el monumento de pago más visitado del mundo –siete millones de visitantes al año, 250 millones desde que se abrió al público-, sino que se ha convertido en motivo de inspiración para artistas, diseñadores y hasta creadores de moda. Reproducida en toda suerte de soportes, la torre ha acabado convirtiéndose en el emblema supremo de París, al punto de confundirse con la ciudad misma. Su potente faro rasga hoy la oscuridad nocturna como una metáfora de la Ville Lumière, iluminando la tierra entera. Como subrayando las palabras del poeta decimonónico Téophile Gautier: “Si París se apagara, la noche caería sobre el mundo”.

martes, 29 de marzo de 2011

La derecha francesa, a la greña

La derrota en las elecciones cantonales ha dejado a la derecha francesa hecha un gruyère. Las disensiones en el partido de Nicolas Sarkozy, ya visibles estos últimos meses, se han recrudecido tras el fracaso del domingo, en el que la UMP quedó muy por detrás del Partido Socialista (20,3% frente a 35,7%), víctima de una deserción masiva de sus electores hacia la abstención (55,2%) y la extrema derecha, que de la mano de Marine Le Pen se ha aupado a la categoría de tercera fuerza política (11,6%). Un test desastroso a poco más de un año de las elecciones presidenciales y legislativas del 2012, tanto más cuanto que se añade a la cadena de derrotas de las municipales del 2008 y las regionales del 2010.
La UMP –sobre la que hoy se bromea que no es ni Unión, ni está en Movimiento ni es Popular– es un hervidero de tensiones y el liderazgo del presidente francés parece cada vez más contestado. Lo mismo que la estrategia de derechización aplicada en los últimos meses. La inquietud creciente ante una –cada vez más verosímil– debacle el año que viene hace que algunos barones del partido se cuestionen la idoneidad de que Sarkozy repita como candidato. Ya no es la pérdida del Elíseo lo que más temen algunos, sino el riesgo de ser barridos en el Parlamento un mes después.
Por otro lado, el descarado coqueteo de Sarkozy y sus más fieles escuderos con el discurso de la ultraderecha, en un intento –aparentemente vano– de evitar la sangría de votos hacia el Frente Nacional, ha incomodado a los sectores más moderados del partido y a la familia centrista, cada vez más inclinada a concurrir a las elecciones como una marca separada nucleada alrededor del ex ministro Jean-Louis Borloo, presidente del Partido Radical.
El primero en atacar ayer la estrategia aplicada por Sarkozy desde el verano pasado fue un verdadero primer espada, lo que da idea del grado de descomposición interna de la derecha: el ministro del Presupuesto y Portavoz del Gobierno, François Baroin, instó en unas declaraciones radiofónicas a “regresar a los valores profundamente republicanos” y a “poner fin a todos estos debates”, en inequívoca alusión al debate sobre la laicidad y el islam impulsado por el secretario de la UMP, Jean-François Copé, a iniciativa del Elíseo. Baroin llegó a sugerir incluso la posibilidad de pactar con la izquierda una resolución parlamentaria para cerrar este espinoso asunto, que a su juicio puede dar la sensación de que se pretende “estigmatizar” a una comunidad. El debate de la UMP ha causado consternación y rechazo entre las organizaciones islámicas de Francia.
Baroin, un chiraquista a fin de cuentas, fue curiosamente secundado por un sarkozysta de pura cepa, el ex ministro Christian Estrosi, alcalde de Niza, quien lanzó también una severa puya: “Cuando se quiere abrir un debate cada día, el primero que hay que abrir es sobre cómo poner fin a la máquina de perder”.
Nicolas Sarkozy, que ayer por la mañana reunió a la plana mayor de su partido en el Elíseo, reaccionó con presteza y firmeza para intentar acallar las críticas e imponer la disciplina en sus propias filas. Baroin fue instado a rectificar públicamente sus declaraciones arguyendo un inverosímil “malentendido” –lo que al cierre de esta edición aún no había hecho– y el presidente francés reafirmó su determinación de llevar adelante el debate sobre la laicidad y el islam como estaba previsto. Asimismo lanzó una seria advertencia a quienes “querrían poner en cuestión la unidad” de la mayoría presidencial, dirigiéndose implícitamente a las huestes de Jean-Louis Borloo y los centristas de Hervè Morin.
Sarkozy, sin embargo, va a tener serias dificultades para imponer su autoridad, cada vez más contestada y burlada. Las salidas de pista de Baroin y Estrosi están lejos de ser un fenómeno aislado. Ya durante la campaña de la segunda vuelta de las cantonales, diversas figuras de la derecha –entre ellas el ministro de Defensa y ex primer ministro Alain Juppé y el propio jefe del Gobierno, François Fillon– llamaron a votar “contra” el FN, en abierta contradicción con las consignas abstencionistas de Sarkozy. El caso de Fillon es particularmente llamativo: el primer ministro no deja pasar ocasión –lo ha hecho al hablar del islam, de la inmigración y de la delincuencia– para separarese claramente del giro derechista marcado por el presidente desde el verano pasado, cuando lanzó la campaña de expulsiones masivas de gitanos del Este (roms)
Los propios parlamentarios de la UMP, así en el Senado como en la Asamblea Nacional, se han permitido el lujo de desairar a su otrora idolatrado líder. El motín más sonado se produjo el mes pasado, cuando las dos cámaras del Parlamento tumbaron consecutivamente una medida anunciada a bombo y platillo por Sarkozy en su criticado discurso de Grenoble: la retirada de la nacionalidad francesa a todo aquel ciudadano naturalizado recientemente –menos de 10 años– que atentara contra la vida de un policía.

lunes, 28 de marzo de 2011

Sarkozy, de derrota en derrota

Si las elecciones cantonales francesas, de las que ayer se celebró la segunda vuelta, resultaran ser un anticipo de las presidenciales del año que viene, el futuro político de Nicolas Sarkozy no podría ser más sombrío.
El partido del presidente francés, la Unión por un Movimiento Popular (UMP) fue ayer batido en toda regla por el Partido Socialista (PS) con una abrumadora diferencia: 36,4% a 19,1%. La elevadísima abstención –un 55%–, la división del voto conservador –las candidaturas independientes captaron el 10,3% de los sufragios– y la fortaleza demostrada por la extrema derecha explican esta distancia.
El Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen retrocedió ayer en la segunda vuelta –como era de esperar, a causa del voto útil– del 15,2% al 11,4% de los sufragios globales y sólo logró dos victorias locales en Carpentras y Brignoles (Provenza-Alpes-Costa Azul). Pero en aquellos cantones donde estuvo presente no sólo no vio disminuido su apoyo respecto a la primera vuelta, sino que incluso lo reforzó, con resultados de hasta el 40%. “Estamos ante un auténtico voto de adhesión”, se felicitó anoche la presidenta del FN, quien subrayó que “el frente republicano se ha hundido”.
En esta ocasión, el denominado frente republicano sólo ha existido en realidad a medias. Porque si el PS había llamado a votar a la derecha, allí donde hiciera falta, para frenar al FN, la UMP no hizo otro tanto: la consigna de Sarkozy –frente a la que se alzaron en el partido mayoritario algunas voces disidentes– fue la de no votar ni al Frente Nacional ni a la izquierda. Empeñado en recuperar a los votantes de la extrema derecha, que le valieron la victoria en el 2007, el presidente francés busca desesperadamente seducirles a base de derechizar y radicalizar su discurso, aún a riesgo de dar alas a su adversario.
Anoche, algunos dirigentes de la UMP insistían más que nunca en la necesidad de abordar sin tapujos los temores de una parte de la población francesa ante los fenómenos de la inmigración, la inseguridad y la globalización, de seguir jugando –en definitiva– en el terreno de la extrema derecha con un discurso peligrosamente parecido. El problema, para la UMP, es que esta estrategia –abundantemente puesta en práctica en los últimos días por el ministro del Interior, Claude Guéant, mano derecha de Sarkozy – no ha hecho sino alimentar al FN.
Un nuevo sondeo de TNS Sofres confirma hasta qué punto la UMP se está dejando comer el terreno. Según esta encuesta, si las elecciones presidenciales se celebraran hoy, el socialista Dominique Strauss-Kahn sería el vencedor de la primera vuelta (34%) seguido por Marine Le Pen (21%), lo que dejaría a Sarkozy (17%) fuera de carrera.
El mapa político de Francia está en pleno proceso de recomposición. Tras estas elecciones, la tercera fuerza política del país ya no son los verdes de Europa Ecología ni los centristas del Movimiento Demócrata (MoDem), sino el Frente Nacional fundado por Jean-Marie Le Pen, convenientemente modernizado y remozado por su hija.
“El resultado [del FN] demuestra que el voto de protesta no debe ser subestimado ni banalizado. Este partido debe ser combatido y las causas de su audiencia deben ser lúcidamente evaluadas y tratadas”, declaró anoche el primer ministro, François Fillon, que se desmarcó de la línea fijada por Sarkozy y llamó a votar contra el FN en la segunda vuelta. Fillon relativizó asimismo la amplitud de la derrota de la UMP: “La izquierda progresa, pero el retroceso de la mayoría es menos importante de lo previsto”.
El Partido Socialista, aliado en la mayoría de los casos a los verdes, se vio confortado, en cambio, como la única alternativa política real a la UMP. Los socialistas no sólo avanzan en su implantación territorial –al arrebatar a la derecha la mayoría en cuatro departamentos–, sino que afianzan la serie ganadora de las municipales de 2008 y las regionales de 2010.
“Los franceses han abierto hoy la vía del cambio”, proclamó la primera secretaria del PS, Martine Aubry, quien en una implícita advertencia dirigida a los barones de su partido tentados de abrir nuevas luchas intestinas por la designación del candidato al Elíseo –que se decidirá en primarias–, alertó: “Tenemos un deber de victoria”.

domingo, 27 de marzo de 2011

Negocio nuclear

A los responsables del sector nuclear público francés, con la presidenta del gigante atómico Areva, Anne Lauvergeon, a la cabeza, les llovieron toda suerte de críticas y reproches en Francia cuando a finales del 2009 perdieron un suculento contrato para construir cuatro reactores nucleares en Abu Dabi a manos de un consorcio surcoreano dirigido por Kepco (Korean Electric Power Corp), que se lo adjudicó por 20.000 millones de dólares. Al margen de algunos fallos de coordinación a la hora de enfocar la negociación, el problema principal se reveló ser el propio producto: el nuevo reactor nuclear de tercera generación EPR desarrollado por Areva. Más moderno, más potente y más seguro... es también mucho más caro (30.000 millones de dólares fue la oferta francesa). Aparentemente invendible, el EPR, del que se están contruyendo –no sin retrasos y dificultades– dos reactores en Francia (Flamanville) y en Finlandia, puede convertirse ahora sin embargo en la gran baza internacional de Areva en la nueva etapa abierta por el accidente nuclear de la central japonesa de Fukushima.
De entrada, el horizonte que se perfila para la industria nuclear a corto plazo es más bien sombrío. El accidente de Fukushima va a frenar –lo está haciendo ya– numerosos proyectos de nuevas centrales en todo el mundo. La agencia de notación Fitch advertía esta semana que “las actividades internacionales de EDF, GDF-Suez y Areva pueden resultar aún negativamente afectadas por las consecuencias de los acontecimientos en Japón”. Sin embargo, a largo plazo Areva puede estar mejor situada que nadie y aprovechar esa mayor exigencia en materia de seguridad.
“Si hubiera habido reactores EPR en Fukushima, no habría habido fuga radioactiva”, declaró Anne Lauvergeon –Atomic Anne– esta semana en la Asamblea Nacional. ¿Un farol? No tanto, si se piensa que el EPR está dotado con una doble protección de hormigón armado –capaz de resistir el impacto de un avión–, un recinto de confinamiento estanco para las piscinas del combustible usado, cuatro sistemas independientes capaces de refrigerar el reactor cada uno por sí solo de forma autónoma y un receptáculo estanco para recoger el combustible en caso de fusión del núcleo.
Con el drama de Fukushima aún vivo, ya ha quien –seguramente de forma interesada– aventura que Abu Dabi podría revisar la adjudicación del 2009...

miércoles, 23 de marzo de 2011

La amenaza del FN alcanza a Sarkozy

Mientras el presidente francés era vitoreado el domingo en las carreteras de Bengasi por los insurgentes libios al grito de “I love you, Sarkozy”, los franceses le infligían un contundente castigo en las urnas. Con una abstención récord del 55,6%, la primera vuelta de las elecciones cantonales –una cita electoral en principio anodina si no fuera porqure es el último test antes de las presidenciales de mayo del 2012– dio un triunfo claro al Partido Socialista (PS), que obtuvo el 25% de los votos, mientras la gubernamental Unión por un Movimiento Popular (UMP) se desfondaba hasta el 17,1%. Lo peor para el partido de Sarkozy es que la ultraderecha le pisa claramente los talones: el renovado Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen se alzó con el 15,2% de los sufragios. Un resultado inédito para la extrema derecha en unas elecciones cantonales –donde se eligen los representantes de los consejos generales de departamento, una suerte de diputaciones provinciales– y que a 13 meses de las presidenciales arroja serias dudas sobre la estrategia electoral de la UMP.
Que el FN le está comiendo el terreno a la derecha republicana ya no es una hipótesis de los institutos de opinión. Ya no se trata de sondeos, sino de votos contantes y sonantes. Y, a tenor del resultado del domingo, los votantes que auparon a Sarkozy en el 2007 parecen haberse lanzado masivamente a la abstención o girado la vista hacia el nuevo FN, que ha revestido su discurso tradicional con una pátina republicana –en defensa del Estado laico contra la presión islamista– y social en el terreno económico. El acercamiento de Sarkozy y la UMP al discurso de la extrema derecha, en su lucha por esta franja del electorado, ha nutrido más bien a su adversario, al que de algún modo ha legitimado.
El FN consiguió el domingo lo impensable: pasar a la segunda vuelta en 402 cantones, al superar la barrera del 12,5% de los votantes inscritos. Su media del 15,2% en el conjunto del país esconde en realidad un apoyo superior, que se situó en el 19,2% en los cantones donde presentó candidaturas. Sus principales feudos siguen siendo el depauperado norte y la región de Marsella. En muchos lugares, los frentistas superaron el 20% y aún el 30%.
La UMP ha encajado el golpe con graves disensiones. Avalada por Nicolas Sarkozy, la consigna dada ayer por el secretario general del partido, Jean-François Copé, era de dejar libertad a sus electores cara a la segunda vuelta. La UMP ha advertido que en ningún caso apoyará ni pactará con la extrema derecha, pero tampoco quiere alimentar un frente republicano en contra del FN, con el fin de no contrariar a sus electores, que no ha renunciado a intentar seducir. El papel de los votantes de la derecha será esencial en la segunda vuelta del próximo domingo, pues el FN se enfrentará a duelo con el PS en 204 cantones por sólo 89 frente a la UMP. La izquierda se ha conjurado aquí a pedir el voto a los candidatos de la derecha para cerrar el paso al FN. Pero la UMP, en un difícil equilibrio, se resiste a hacer lo mismo a la inversa.
Esta estrategia del “ni-ni”, duramente criticada por los socialistas, ha incomodado a importantes barones de la derecha, que no han dudado en desmarcarse. Empezando por el primer ministro, François Fillon, quien no tuvo reparos en disentir con Sarkozy y llamó a votar “contra” el FN. Lo mismo que el líder del Partido Radical –integrado en la UMP–, el ex ministro Jean-Louis Borloo, que pidió votar a los socialistas allí donde se enfrenten al FN.
Todas las dudas y el desconcierto que atenazan a la UMP tras el resultado de la primera vuelta de las cantonales de este domingo se convierte en unidad y firmeza en el campo de la izquierda. Con una rapidez inusual, los líderes de los principales partidos de la izquierda comparecieron conjuntamente en la misma noche electoral para analizar los resultados y proponer la constitución de un frente republicano contra la extrema derecha en las segunda vuelta del próximo domingo. La primera secretaria del PS, Martine Aubry; la líder de los Verdes, Cécile Duflot, y el secretario general del PCF, Pierre Laurent, reunidos en una barcaza anclada en el Sena, hicieron un llamamiento a la unidad. Aubry acusó a Nicolas Sarkozy de “hundir la República” y dar alas ala ultraderecha. El presidente francés “tiene mucho que ver con el resultado del Frente Nacional”, acusó la líder socialista, quien consideró “muy grave” la estrategia de la UMP.

domingo, 20 de marzo de 2011

El Superagente 86 en Renault

El patinazo es digno del Superagente 86. Pero en Francia nadie se ha reído. Especialmente en el Elíseo, donde todavía no dan crédito al esperpento ofrecido por la cúpula de Renault a cuenta del falso caso de espionaje industrial del que había sido presunta víctima el programa del vehículo eléctrico de la firma francesa, el plan estrella de las próximas décadas.
Después de poner el grito en el cielo, de arrastrar públicamente por el barro el nombre de tres directivos de la empresa –fulminantemente despedidos por alta traición– y de acusar de forma algo menos que velada a China de estar detrás de la conspiración, al final ha resultado que la dirección del principal fabricante automovilístico francés ha sido víctima de un engaño. “Un caso de Bibi Fricotin [en alusión a un popular personaje de cómic infantil, desfacedor de entuertos, de los años veinte], de agente secreto de tercera división”, como lo calificó con despectiva ironía el ministro del Presupuesto y Portavoz del Gobierno, François Baroin, quien consideró “anormal” que una “inmensa empresa” como Renault “haya caído en semejante amateurismo”. Demoledor para la imagen de Renault.
El caso, presentado como de una gravedad sin precedentes, fue aireado directamente por Renault el pasado mes de enero, al anunciar inopinadamente el despido de tres directivos por espionaje industrial: Michel Balthazard, miembro del comité de dirección y supervisor de los anteproyectos industriales de la empresa; su adjunto, Bertrand Rochette, y Mathieu Tenenbaum, director adjunto del programa del vehículo eléctrico, protestaron su inocencia en vano. El Gobierno francés no ocultó su irritación. Para ser que el Estado es el principal accionista de Renault –con el 15% del capital–, la dirección le tuvo totalmente al margen. El enfado, sin embargo, no le llevó a cuestionar la tesis oficial.
El origen del caso fue una denuncia anónima, enviada a diversos miembros de la dirección de Renault en el verano del 2010. La compañía la consideró suficientemente grave como para investigar su veracidad. Pero en vez de ponerla en conocimiento de la Dirección Central de Investigación Interior (DCRI) –contraespionaje–, lo dejó en manos de sus servicios internos de seguridad. Un error que se revelaría fatal.
La investigación oficial abierta después de que Renault destapara el caso –y presentara la lógica denuncia judicial– reveló pronto la inconsistencia de las acusaciones contra los tres directivos despedidos. La dirección de la empresa no disponía de ninguna prueba fehaciente en su contra. Sólo la presunta existencia, a nombre de los tres implicados, de tres cuentas bancarias en Suiza y Liechtenstein a través de las cuales –se suponía– recibían el pago de su hipotética traición. ¿Por cuenta de quién? ¿A cambio de qué información? Se ignoraba.
Para apuro de la dirección de Renault –y alivio de los tres acusados– pronto se descubrió que las citadas cuentas bancarias no habían existido nunca. Todo eran castillos en el aire. Como el caso del ex director de marketing de la empresa Philippe Clogenson, despedido a finales del 2009 por una acusación similar, y cuyo testimonio resultó capital para desenredar al final el ovillo.
¿Y qué se encontró en el corazón de la madeja? Una banal estafa. Así lo explicó el lunes pasado el fiscal jefe de París, Jean-Claude Marin, al dar cuenta de la detención, encarcelamiento y procesamiento del responsable de seguridad de Renault, Dominique Gevrey, quien habría cobrado 310.000 euros de la empresa para pagar a la anónima fuente que suministraba la información –cuya identidad únicamente él decía conocer– y habría pedido 924.000 euros más para obtener las pruebas documentales incriminatorias contras los tres directivos acusados en falso... La investigación sigue abierta, pero el fiscal dio definitivamente por abandonada la pista del espionaje.
El presidente de Renault, Carlos Ghosn, apareció esa misma noche en televisión para pedir excusas públicamente y ofrecer a los directivos represaliados su reingreso en la compañía o una indemnización “a la medida del perjuicio que han sufrido”. “Yo me equivoqué, nosotros nos equivocamos”, admitió Ghosn, quien anunció una auditoría interna sobre el sistema de seguridad de la compañía y ofreció como expiación la renuncia –por su parte y por parte del director general, Patrick Pélata– de la parte variable de sus remuneraciones correspondientes al 2010 y a todo beneficio de las stock-optios en el ejercicio del 2011. A cambio de conservar en su puesto –“por el bien de Renault”– a su número dos.
Es difícil que ello baste al ultrajado Gobierno francés. Los ministros de Economía y de Industria, Christine Lagarde y Eric Besson, advirtieron el jueves que la auditoría prometida por Renault debe dar lugar a “responsabilidades personales”. “Esto no es el fin de esta historia”, remachó Besson.

La ‘otra’ cuenta bancaria en Suiza

La investigación oficial sobre el falso caso de espionaje a Renault ha demostrado que ninguno de los tres directivos inculpados tenía cuentas bancarias en Liechtenstein y Suiza, en contra de lo denunciado por una fuente anónima. Quien al parecer sí la tiene, en la Banque Cantonale Vaudoise (Lausana), es el ex responsable de seguridad de Renault, Dominique Gevrey, quien habría recibido en ella una parte del dinero pagado por la compañía para recompensar las informaciones del anónimo denunciante.



China toma nota de la rectificación

China “ha tomado nota de la aclaración aportada por la compañía francesa”, afirmó lacónicamente la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Jiang Yu, tras las explicaciones del presidente de Renault, Carlos Ghosn, sobre el falso asunto de espionaje. Las acusaciones oficiosas a China por estar presuntamente detrás del espionaje a Renault estuvieron a punto de abrir una crisis diplomática entre China y Francia. El Gobierno chino calificó tales acusaciones de “irresponsables e inaceptables”.