jueves, 12 de diciembre de 2013

La leyenda del Hada Verde

“Para hacer poemas no se bebe agua”, cantaba la francesa Barbara en los albores de los años setenta, cuando reivindicar el poder embriagador de la absenta -“esos alcoholes de oro que nos emborrachan el corazón”- suponía una cierta transgresión. Prohibida en Francia durante casi un siglo, de 1915 al 2011 –aunque fue de nuevo parcialmente tolerada a partir de 1988-, en aquella época la absenta se destilaba todavía clandestinamente y era bebida por un puñado de nostálgicos. La leyenda negra atribuía a este brebaje, que puede alcanzar los 72º de alcohol, toda suerte de poderes maléficos, el principal de los cuales era el de destruir la poca o mucha cordura de quien lo bebía. La causa: una molécula euforizante llamada tujona, de la familia del cannabis, presente en el ajenjo…

“La absenta se elabora a partir de la destilación de una decena de plantas medicinales. ¿Se vuelven malas sólo por pasar por el alambique?”, pregunta socarronamente Jean-Paul, quien explica con pasión su compleja composición –en la que no pueden faltar ni la planta de la absenta ni el anís- y su proceso de elaboración. “Dicen que uno se vuelve loco a partir de la copa número 50, así que lo prudente es detenerse en la 49…”, añade.

Beber una copa, desde luego, no altera el juicio. Y si uno cierra los ojos diría que está bebiendo el célebre pastís, su primo hermano. De color verde pálido y de natural amargo, la absenta también se bebe mezclada con agua, a razón de entre tres y cinco partes de agua por una de licor y, en función del gusto de cada cual, se añade una pizca de azúcar. La liturgia tradicional consiste en hacer caer agua helada –almacenada en una fuente de cristal con hielo, dotada de grifos- sobre un terrón de azúcar depositado en una cuchara especial que reposa sobre la copa donde se ha vertido previamente la absenta.

Elaborada tradicionalmente en el cantón suizo de Neuchâtel y en la región francesa del Franco Condado, la absenta se popularizó como aperitivo entre finales del siglo XIX y principios del XX. Y en el París de la bohemia pronto se convirtió en la bebida de referencia de poetas y artistas. Verlaine, Baudelaire y Rimbaud eran bebedores asiduos, como después lo serían Picasso y Hemingway. Pintores como Manet y Degas le dedicaron cuadros, y se dice que Van Gogh se cortó la oreja a resultas de una borrachera verde…

Popular, muy popular, era la absenta. Y barata, más barata que el vino. Lo que sin duda propició una alianza contra natura entre las ligas anti-alcohol y los viticultores para conseguir su prohibición. En Suiza, donde se puso fuera de la ley cinco años antes que en Francia -en 1910-, un estremecedor parricidio fue atribuido al efecto nocivo de la absenta y precipitó su interdicción. “Los productores de vino querían acabar a toda costa con esa competencia”, apunta Francis Martin, hijo y nieto de destiladores en Val-de-Travers, donde la tradición se mantuvo a pesar de todo de forma ininterrumpida.

Hoy los tiempos de la prohibición y la clandestinidad quedan atrás. La absenta ha perdido su legendaria mala fama e incluso se ha convertido, en su tierra natal, en el motivo de una ruta turística… Tampoco queda mucho del París bohemio. Pero si alguien quiere beber una buena absenta, a la manera antigua y en un local de la época, no tiene más que subir a Montmartre y buscar en una empinada calle no muy lejos de Pigalle el restaurante Le Bon Bock, el más antiguo del barrio. Abierto en 1879, el mismo año en que La Marsellesa se convirtió en el himno nacional de Francia, el establecimiento ha mantenido la decoración original y conserva una seductora atmósfera decimonónica. Una vez dentro, el tiempo se detiene. Las hadas no andan lejos…








miércoles, 11 de diciembre de 2013

Francia, en el avispero centroafricano

Francia se ha metido en un avispero en el centro de África. Dos soldados franceses perdieron la vida la noche del lunes cerca del aeropuerto de la capital de la República Centroafricana,  Bangui, durante un violento enfrentamiento armado con milicias locales, en lo que constituye las primeras bajas sufridas por el ejército francés desde que, el pasado fin de semana, enviara un contingente de 1.600 soldados bajo mandato de la ONU para poner fin a las masacres. A pesar de la inestabilidad y la inseguridad, el presidente François Hollande, procedente del funeral de Nelson Mandela en Sudáfrica, decidió hacer escala en Bangui para expresar su apoyo a las tropas francesas.

Once meses después de intervenir militarmente en Mali, Francia se ha visto forzada a hacerlo ahora en otra de sus excolonias, Centroáfrica, en plena descomposición y abocada a una guerra civil e interreligiosa. El pasado mes de marzo, la milicia rebelde del norte del país, Seleka -integrada fundamentalmente por musulmanes-, perpetró un golpe de Estado e impuso como presidente de transición a François Bozizé, que se ha visto incapaz de imponer el orden. Disuelta formalmente el pasado mes de septiembre, Seleka se ha dividido en numerosos grupos, con presencia de mercenarios y bandidos, que siembran el terror en el país. Como respuesta, grupos de cristianos han creado su propia milicia, la antibalaka , que ataca a los musulmanes.

A iniciativa de Francia, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió por unanimidad el pasado viernes una intervención militar exterior en apoyo de las fuerzas africanas ya desplegadas en el país -2.500 soldados mal equipados y peor entrenados que han sido incapaces de imponer el orden-, con el objetivo de detener la acción de las milicias armadas, libradas al pillaje, la violación, la tortura y el asesinato. De una población de 4,6 millones de habitantes -para un territorio superior al de Francia-, se calcula que hay 400.000 personas desplazadas en el interior y 70.000 refugiados en los países del entorno.

Durante el pasado fin de semana, Francia culminó la puesta en marcha de la operación Sangaris -nombre de una mariposa local-, integrada por 1.600 soldados, cuya misión principal es garantizar la seguridad en la capital y los principales núcleos urbanos, así como los ejes de comunicación. Acantonados principalmente junto al aeropuerto, al igual que los soldados de la fuerza africana, su presencia ha atraído a 10.000 personas, que se han instalado a su lado huyendo de las matanzas.

Los soldados franceses empezaron el lunes a desarmar a las milicias todavía presentes en Bangui. Durante la jornada, la tensión fue en aumento y por la noche, una patrulla francesa integrada por treinta soldados fue atacada a un kilómetro del aeropuerto. Fruto de este enfrentamiento, murieron dos soldados del 8.º regimiento de paracaidistas de Infantería de Marina, Nicolas Vokaer y Antoine Le Quinio, de 23 y 22 años respectivamente.

En Francia, la oposición expresó ayer su apoyo a la intervención de Francia en Centroáfrica, como en Mali. Y, al igual que en el caso de Mali, denunció la soledad en la que Francia se encuentra, sin ningún apoyo militar europeo. Hollande ha prometido una intervención rápida y controlada. No parece que vaya a ser ni una cosa ni otra.



Cárcel por la estafa de los implantes mamarios

Los responsables de la estafa de los implantes mamarios defectuosos de la empresa francesa PIP, que afecta potencialmente a unas 300.000 mujeres en todo el mundo, pagarán su fraude con la cárcel. Así lo ha decidido el Tribunal Correccional de Marsella, que condenó al fundador y presidente de PIP (Poly Implant Prothèse), Jean-Claude Mas, a cuatro años de cárcel firmes y a 75.000 euros de multa –indemnizaciones aparte–, además de prohibirle ejercer de por vida en el sector médico o dirigir una empresa. Otros cuatro directivos han sido condenados a penas de entre 18 meses y tres años de cárcel.

La sentencia se ha ajustado bastante a lo solicitado por la fiscalía y ha satisfecho a la acusación particular. Sin embargo, su aplicación no es firme, por cuanto los condenados han anunciado ya su intención de presentar un recurso de apelación. Y ello tendrá una consecuencia directa sobre el pago de las indemnizaciones, que quedarán también en suspenso. La sentencia reconoce el derecho a percibir una indemnización a cerca de 5.000 mujeres de las 7.113 que se constituyeron en parte civil y que se vieron obligadas a extirpar los implantes. El tribunal ha establecido como baremo cuantías de hasta 6.000 euros en el caso de que sólo se reconozcan perjuicios psicológicos y hasta 13.000 si además se han constatado perjuicios físicos.

En total, las indemnizaciones pueden sumar alrededor de 40 millones de euros, según la fiscalía. El problema es que Jean-Claude Mas –que se vio obligado a cerrar la empresa y que al inicio del juicio declaró como únicos ingresos de entre 1.700 y 1.800 euros de pensión de jubilación– se declarará insolvente. Para sortear este problema, una parte de las víctimas logró el pasado mes de noviembre la condena de la empresa alemana de control de calidad TÜV –que sí es solvente– en un procedimiento civil, pero esta sentencia también ha sido recurrida.

El fallo del Tribunal Correccional de Marsella considera probado que los directivos de la empresa PIP fabricaron sus implantes con un gel no autorizado y de fabricación casera, sobre cuya inocuidad no tenían ninguna garantía, con el único fin de ahorrarse un millón de euros al año. Los susodichos implantes se revelaron asimismo defectuosos, con un nivel de rupturas muy alto, del 25%. Según la sentencia, los empleados contribuyeron a ocultar el fraude, que ni la empresa encargada de controlar el producto –TÜV– ni las autoridades sanitarias francesas lograron detectar.

En Francia unas 30.000 mujeres llevan estos implantes, que han sido sustituidos en 17.135 casos. En España, eran 18.500 las mujeres afectadas, de las que 1.451 se los habían hecho retirar hasta el pasado verano.



domingo, 8 de diciembre de 2013

Torturador empecinado

Paul Aussaresses
General del ejército francés
Saint-Paul-Cap-de-Joux 1918 – París 2013-12-07


Noventa y cinco años tenía el general francés Paul Aussaresses cuando dio su último suspiro, el martes pasado, en París. La misma edad que Nelson Mandela, que expiraría dos días después en Johannesburgo. Es el único punto en común entre los dos hombres. Porque si el líder sudafricano era la luz, Aussaresses era la oscuridad. Si el primero era la vida, el segundo era la muerte. Repudiado por todo el mundo –incluida su propia familia- y desposeído de sus más preciadas condecoraciones, el viejo general encarnaba uno de los aspectos más sombríos de la historia reciente de Francia: la guerra sucia llevada a cabo por el ejército francés en Argelia en la segunda mitad de los años cincuenta. Torturador y asesino confeso, Aussaresses no sólo no se arrepintió nunca de su inhumana actuación sino que la reivindicó públicamente con un raro empecinamiento. “La tortura es legítima cuando la urgencia se impone”, proclamó.

Nada hacía pensar que el joven Paul Aussaresses, un estudiante modelo aficionado a la literatura, acabaría convirtiéndose en un verdugo. Todo lo contrario. Incluso empezó forjándose una leyenda de héroe de la Resistencia. En 1941, sublevado por la ocupación nazi, se enroló voluntario en las fuerzas de la Francia Libre e integró los célebres Jedburghs, comandos británicos formados por tres paracaidistas que eran lanzados detrás de las líneas alemanas para realizar acciones de sabotaje y hacer de enlace con grupos de resistentes. Aussaresses fue lanzado en 1944 en el Ariège, donde combatió al lado de un grupo del maquis integrado por anarquistas españoles de la FAI. Sus acciones de guerra le valieron varias condecoraciones, entre ellas la Legión de Honor.

Pero la guerra tiene muchas caras. Y los hombres también. Acabada la guerra, en aquel momento con el grado de teniente, Paul Aussaresses participó en 1946 en la creación del servicio de información y contraespionaje francés. Tras servir como jefe de batallón paracaidista en la guerra de Indochina, en 1955 fue enviado a Argelia, a Philippeville, donde empezaría su siniestra carrera de carnicero. Pronto llamó la atención del general Jacques Massu, que en 1957 se lo llevó a su lado para librar la Batalla de Argel.

“Formábamos un escuadrón de la muerte”, confesaría el propio Aussaresses muchos años después sin asomo de arrepentimiento ni remordimiento. Cada noche, su equipo procedía al arresto de sospechosos, que eran sistemáticamente torturados y “neutralizados”. Algunos hablaban, otros no, pero muy pocos sobrevivieron. “Era raro que los prisioneros interrogados durante la noche, se encontraran todavía vivos al alba », explicó él mismo. Entre las 24 personas que el general confesó haber matado personalmente estaba el jefe del FLN en Argel, Larbi ben M’Hidi, ahorcado para hacer pasar su muerte por un suicidio.

Paul Aussaresses , que en los años sesenta y setenta instruyó a los boinas verdes norteamericanos y a los militares brasileños y chilenos en sus técnicas de “lucha antisubversiva”, podría haber acabado sus días apaciblemente si a partir del año 2000, por narcisismo o aburrimiento, no hubiera desvelado la infame verdad en una serie de entrevistas periodísticas y en dos libros de memorias: “Servicios especiales: Argelia 1955-1957” y “No lo he dicho todo”. Cuando saltó el escándalo, el presidente Jacques Chirac le retiró la Legión de Honor, el ejército le repudió, sus hijas le abandonaron, la justicia le condenó en el 2004 por apología de la tortura y a punto estuvo de sucumbir a varios atentados. Impasible, el viejo general acusó a la clase política de haber “tolerado e incluso recomendado” la tortura. “Yo no soy un criminal, un asesino, un monstruo -dijo una vez-, sólo soy un soldado que hizo lo que Francia le pidió”.





El inesperado regreso de los 'conquistadores'

Francia vuelve a mirar hacia España. Lo hizo con envidia antes del estallido de la crisis y después, con piedad. Ahora, lo hace con aprensión. España sigue en estado de postración económica y tardará todavía tiempo en salir verdaderamente de la crisis. Pero la recuperación, aún limitada y balbuciente, de la economía española está teniendo a Francia como su principal víctima colateral.

Los medios de comunicación franceses observan, por ahora, con benevolencia el tímido resurgir de la actividad económica allende los Pirineos. Los titulares positivos –“España inspira de nuevo confianza”, “España se pone a soñar”– van sustituyendo poco a poco a los negativos. La estabilización de la economía española es una buena noticia para la zona euro. ¿Pero lo es también para Francia? Los analistas franceses más avisados se han dado ya cuenta de que los brotes verdes de la economía española tienen espinas.

“España no saldrá de la crisis mientras no haya resuelto el problema del paro y el problema de sus bancos, pero sí ha salido de la recesión, y las reformas emprendidas –reducción del gasto público, mejora de la productividad, rebaja de los costes laborales, flexibilización del mercado laboral– empiezan a dar sus frutos, como demuestra la mejora espectacular de la balanza comercial –que es excedentaria– y de la balanza corriente”. Así opina el economista y abogado francés Nicolas Baverez, quien constata que “el crecimiento de las exportaciones españolas, principalmente en la Unión Europea, se está produciendo a costa de Francia”.

La batalla está entablada en diversos sectores, de la construcción a la agricultura, pasando por el turismo, pero se produce sobre todo en la industria. Una industria que en Francia ha ido retrocediendo año tras año: entre 1998 y el 2008 perdió 500.000 puestos de trabajo y el peso de su valor añadido sobre el valor añadido total de la economía francesa ha descendido de forma constante durante la última década, hasta hasta situarse en el 2011 –según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee)– en el 10%, mientras que en España la caída empezó a remontarse en el 2010 y un año después estaba en el 14%. La rentabilidad de las empresas españolas empezó a recuperarse también a partir de ese año, hasta situarse –según datos del banco francés de negocios Natixis– en torno al 12%, mientras que las francesas están en el 7%.

"El peso de la industria en el Producto Interior Bruto (PIB) español es un 30% superior al de Francia”, remarca Alain Minc, presidente de la sociedad de autopistas francesa Sanef –filial de la española Abertis– y miembro de numerosos consejos de administración de empresas francesas y españolas. “Los españoles han hecho el trabajo, han realizado esfuerzos extremadamente significativos dentro de una relativa calma social”, opina Minc –un amante y fino observador de la realidad española–, para quien no hay duda de que “la industria española vuelve a ser competitiva”.

“Este año, España va a fabricar más coches que Francia, algo nunca visto”, subraya por su parte Nicolas Baverez, dando indirectamente la razón al patrón del grupo Renault-Nissan, Carlos Ghosn, quien pronto vió la oportunidad de aprovechar la coyuntura para negociar en el 2012 con los sindicatos acuerdos de competitividad por los cuales se garantizaba la carga de trabajo en las plantas de Palencia, Valladolild y Sevilla a cambio de la aceptación por parte de los trabajadores de medidas de flexibilidad. “España es el país europeo que más ha avanzado para recobrar su competitividad y ha conseguido suprimir la rigidez de su mercado de trabajo”, ha declarado Carlos Ghosn, quien en marzo de este año alcanzó un acuerdo similar con los sindicatos franceses.

Miembro del gabinete de abogados Gibson Dunn y del comité ejecutivo del Instituto Montaigne, Nicolas Baverez atribuye en gran medida este cambio a la drástica reducción del coste del trabajo en España, mientras que en Francia –con cuya política económica es muy severo– ha seguido aumentando. “En la relación coste de trabajo-productividad, la ganancia española ha sido espectacular: su ventaja sobre Francia ha crecido casi un 15% desde el 2008”, remarca. Y añade gráficamente: “Francia está cogida en una tenaza, entre la competitividad-calidad de Alemania, por un lado, y la competitividad-precio de España, por el otro”. Y así seguirá, vaticina, si el presidente François Hollande sigue postergando las reformas que a su juicio son necesarias: “Francia corre el riesgo de quedar al margen de la recuperación europea a causa de una política lamentable”. “La recuperación española agrava el problema francés”, zanja.

Si la principal batalla económica entre España y Francia se libra fuera de sus fronteras, las relaciones económicas y comerciales bilaterales reflejan también en alguna medida esta situación. Fruto de la mayor actividad exportadora de las empresas españolas y de la atonía de la demanda interna, las exportaciones de España a Francia han crecido este año –de enero a septiembre– un 1,7%, según datos de la oficina económica de la Embajada española en París, mientras que las importaciones han caído un 3,3%. Los principales productos exportados son automóviles y maquinaria, pero los que más han crecido son los combustibles minerales, los productos aeronáuticos, las frutas y la carne. El saldo global es favorable para España –de 8.041 millones de euros–, lo que representa un incremento en este mismo periodo del 15,7%. Francia sigue siendo el primer cliente de España (16% de las exportaciones totales) y es el segundo proveedor (10,8%)

“Todo esto no ha pasado por milagro, España ha hecho reformas dolorosas que le han permitido ser más competitiva”, constata por su parte José Miguel García, presidente de la Cámara Oficial de Comercio de España en Francia (Cocef), quien señala que las empresas españolas son cada vez más conscientes de que su supervivencia pasa por su internacionalización y cada vez más salen a buscar nuevos mercados. En esta búsqueda, “Francia tiene un interés doble: es una prolongación natural del mercado doméstico y tiene una posición geográfica estratégica para saltar a otros países”, argumenta.

“Para los españoles, Francia es un mercado cercano y maduro”, apunta por su parte, Alicia Ramos, responsable del área de proyectos españoles de la Agencia de Desarrollo de Val-de-Marne, cuyo Centro de Negocios abierto en el 2007 para acoger a empresas españolas ha apadrinado el desembarco de unas 40 sociedades.

Lo cierto es que cada vez hay más empresas, tanto grandes como pequeñas y medianas, que buscan negocio en Francia y se llevan concursos públicos. Eso es especialmente así en el sector de la construcción – “Los españoles les están quitando mercado”, constata el presidente de la Cocef–, pero no únicamente. Así, la empresa española Gowex se ha hecho con la instalación de wifi en la red de metro de París, ACS se ha adjudicado una parte del contrato de limpieza de la capital francesa y Gas Natural, el suministro de la región Île-de-France.

Con 33 proyectos, que han generado 1.056 empleos, España se situó el año pasado como el séptimo inversor extranjero en Francia, según datos de la Agencia Francesa para las Inversiones Internacionales (Afii). Las inversiones españolas en este país –donde hay instaladas 500 empresas hispanas– crecieron en el 2012 un 22%, mientras que las inversines europeas bajaron en conjunto un 4%. El grupo Abertis, el primer inversor español, negocia en estos momentos con el Gobierno francés nuevos proyectos de inversión por 700 millones...

Los conquistadores, como se bautizó en Francia a las empresas españolas en el momento más fulgurante del engañoso milagro español, están de regreso. Algunos, en realidad, nunca se fueron.


A la ofensiva en el sur de Francia

En Perpiñán, el nuevo cuartel de bomberos de la ciudad está siendo construido por la empresa barcelonesa Urcotex, que ganó de calle el concurso público convocado por el Consejo General de los Pirineos Orientales. En Frontignan ha sido la sociedad catalana Arcadi Pla quien ha sido encargada de la nueva mediateca. En Toulouse y en Albi, la también catalana Comsa ha ganado sendos concursos para las obras del tranvía y la nueva variante...

Poco a poco, en un goteo interminable, las empresas españolas del sector de la construcción van ganando terreno en el mercado público francés, especialmente en el Sur, para cólera de los constructores franceses.
“España juega a la ofensiva”, titulaba recientemente en portada la revista de obras públicas Le Moniteur, que resucitaba de nuevo la imagen del toro. El sector está que arde con la repentida competencia de las empresas españolas, que están aprovechando a fondo la reducción de los costes laborales para poner en práctica una agresiva política de precios que deja a los franceses totalmente desarmados. Todos los intentos por impugnar los concursos ganados por los españoles –y ha habido varios– han fracasado ante los tribunales administrativos.

“En España, las cargas sociales son la mitad que en Francia, lo que al final representa una ventaja del 25% respecto a una oferta francesa del mismo nivel”, se quejaba recientemente el presidente de los constructores de los Pirineos Orientales, Guy Durand. Pero la ley es la ley, y las empresas españolas pueden legalmete llevar temporalmente a sus propios trabajadores a Francia y pagar las cotizaciones en España. Mientras cumplan las normas laborales francesas –35 horas, salario mínimo...–, su posición es totalmente inatacable.

El pasado 29 de octubre, la Federación Francesa de la Construcción (FFB) lanzó una petición para combatir la “competencia desleal extranjera”, procedente de “empresas del Sur y del Esta de Europa”. Fruto de esta presión, el Gobierno francés pretende buscar ahora la complicidad de sus socios comunitarios para endurecer los controles y evitar los excesos en esta materia.

En Francia hay actualmente 144.000 trabajadores “desplazados”, principalmente polacos, portugueses y rumanos. Los españoles son 9.000, la mitad que los 18.500 franceses contratados en empresas situadas en otros países y reenviados a su país...



jueves, 5 de diciembre de 2013

Cruzada contra la prostitución

“¿Cuánto?”. A partir de ahora, la formulación de esta pregunta puede causar en Francia serios disgustos a quienes –en su mayoría, hombres, pero también algunas mujeres– sean cogidos in fraganti en el momento de contratar o disfrutar del sexo de pago. Así lo prevé la nueva ley de “lucha contra el sistema prostitucional” (sic) aprobada ayer por la Asamblea Nacional, que descarga a las prostitutas de toda responsabilidad penal –vender el propio cuerpo no será delito– y la traspasa a los clientes, a quienes se prohíbe la compra bajo pena de una multa. La sanción será de 1.500 euros y de 3.750 en caso de reincidencia, eventualmente acompañada de un cursillo de sensibilización.

La proposición de ley, que deberá ser discutida y aprobada por el Senado antes de su entrada en vigor, fue aprobada por una clara mayoría de 268 votos contra 138. Pero detrás de este contundente apoyo, esencialmente procedente de la izquierda, se esconde una división que trasciende las diferencias de partido. Ayer, un total de 79 diputados de todos los partidos se abstuvieron y 92 eludieron quedarse en el hemiciclo.

Los socialistas votaron mayoritariamente a favor, aunque cinco de ellos –como el histórico Jean-Marie Le Guen– lo hicieron en contra y 18 se abstuvieron. El resto de la izquierda apoyó el texto, salvo los ecologistas, que en su mayoría lo rechazaron. La derecha votó en bloque en contra, en desacuerdo con la supresión del delito de “incitación pasiva” introducido por Nicolas Sarkozy para perseguir a las prostitutas y por las facilidades que se darán ahora a las prostitutas extranjeras para obtener la residencia, pero once de sus diputados –como la candidata a la alcaldía de París, Nathalie Kosciusko-Morizet– votaron a favor y 42 se abstuvieron.

La nueva ley pretende también reforzar la lucha contra el proxenetismo y las redes de trata de mujeres, así como fomentar la reinserción social y profesional de las prostitutas que quieran abandonar lel oficio, para lo que el Gobierno promete aprobar un programa dotado con 20 millones de euros. Pero la decisión de penalizar a los clientes, siguiendo el modelo aplicado en Suecia, ha sido la que ha centrado el debate, suscitado el rechazo de las profesionales y generado una viva polémica social y política.

La votación de ayer es un triunfo para la ministra de los Derechos de las Mujeres y portavoz de Gobierno, Najat Vallaud-Belkacem, declaradamente abolicionista y una de las más firmes defensoras de la ley, que se felicitó del voto de la Asamblea y auguró que con este nuevo instrumento se podrá combatir mejor la prostitución, identificada como una violencia ejercida sobre las mujeres, y a medio y largo plazo reducir el número de profesionales que se dedican a ello, cifradas oficialmente –probablemente a la baja– en entre 20.000 y 40.000.

La nueva ley, sin embargo, es percibida con enorme suspicia, cuando no aversión, por los sectores más directamente concernidos. De entrada las prostitutas independientes, agrupadas en el Sindicato de Trabajadoras del Sexo (Strass), que reivindican la libertad de ejercer el oficio sin que se persiga a sus clientes y se ponga en peligro su modo de vida. Y también las organizaciones de salud pública que trabajan sobre el terreno en la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, como Médicos del Mundo, porque a su juicio la ley empujará a los clientes y a las prostitutas a la clandestinidad, dejando a estas últimas en una situación de mayor fragilidad. Por no hablar de los sindicatos de policía y de los agentes encargados de le represión del proxenetismo, que dudan de la eficacia de la ley y de su posibilidad real de aplicación, y lamentan la supresión del delito de “incitación pasiva”, que les permitía detener a las prostitutas y, a partir de ahí, tratar de llegar a sus proxenetas.

Finalmente, diversos grupos de intelectuales y feministas, con la filósofa Elisabeth Badinter a la cabeza, se han pronunciado también en contra por entender que el Estado no debe inmiscuirse en las prácticas sexuales consentidas de los ciudadanos adultos.


La operación secreta de Hollande

François Hollande fue operado en febrero del 2011 de una hipertrofia benigna de la próstata. Así lo confirmó ayer oficialmente el Elíseo, que subrayó en un comunicado que la intervención no requirió ningún seguimiento médico. Esto es, no se trataba de un cáncer. Si la operación del presidente francés, en vísperas de declararse candidato al Elíseo, se convirtió ayer en una noticia nacional en Francia es porque Hollande se preocupó en aquel momento de guardarla absolutamente en secreto. Y porque una vez elegido se comprometió a hacer público cada seis meses su estado de salud, por considerar que cuando se trata del jefe de Estado los ciudadanos tienen derecho a saber si se encuentra en condiciones de ejercer el cargo. El resultado de los dos exámenes que ha hecho públicos hasta ahora –en junio del 2012 y en marzo de este año– no han relevado ningún problema de salud.

Si existe en Francia una preocupación, legítima, sobre el estado de salud del presidente es porque la historia reciente de la V República ha estado marcada por engaños y ocultaciones. Georges Pompidou murió en 1974, dos años antes de acabar su mandato, de una forma de cáncer de huesos –la enfermedad de Kahler– que había mantenido oculta. Lo mismo que François Mitterrand, quien en noviembre de 1981 –poco después de ser elegido presidente de la República– supo que padecía cáncer de próstata, lo ocultó y aún estando enfermo se presentó a un segundo mandato en 1988. El cáncer le acabó matando en 1996. Recientemente, la ministra delegada de la Familia, Dominique Bertinotti, reveló públicamente que padece un cáncer de mama desde el pasado mes de febrero.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Bob Dylan irrita a los croatas

Tres inolvidables conciertos en el Grand Rex, una inusual condecoración como caballero de la Legión de Honor y una no menos infrecuente imputación judicial por los presuntos delitos de injurias e incitación al odio... No se puede decir que la estancia de Bob Dylan en París, el pasado mes de noviembre, haya pasado desapercibida. El origen de los problemas judiciales de quien el presidente Barack Obama calificara como “el músico americano más grande de la Historia” está en unas declaraciones que el cantautor, de 72 años, realizó a finales del 2012 a la revista Rolling Stone y que han sido percibidas como calumniosas por la comunidad croata en Francia.

¿Escuchaban los croatas a Bob Dylan en los años sesenta, cuando el músico estadounidense cantaba contra la guerra de Vietnam y en favor de los derechos civiles de los negros norteamericanos? En la época de Tito no debía ser muy fácil. En todo caso, los croatas que hoy viven en Francia le leen. Y lo que leyeron hace una año en Rolling Stone no les gustó nada. Hablando de la pervivencia del racismo en Estados Unidos, Dylan señaló: “Si usted tiene un esclavista o un miembro del Ku Klux Klan en su sangre, los negros pueden percibirlo. Incluso todavía hoy. Lo mismo que los judíos pueden percibir la sangre nazi y los serbios, la sangre croata”.

Bob Dylan aludía aquí, sin duda, no a la guerra de la ex Yugoslavia de los años noventa, sino a la actuación del régimen pronazi que gobernó Croacia durante la Segunda Guerra Mundial y que causó la muerte de cientos de miles de serbios, judíos, gitanos y opositores en campos de concentración. Dylan, cuyo verdadero nombre es Robert Zimmerman, nació en el seno de una familia judía de origen ucraniano y lituano, aunque a finales de los setenta se convirtió al cristianismo.

El Consejo representativo de la comunidad y las instituciones croatas en Francia (Criccf) consideró que las declaraciones del artista, publicadas en octubre del 2012 en la edición francesa de Rolling Stone, eran injuriosas para su comunidad y alimentaban el odio entre serbios y croatas, y en diciembre presentó una demanda. La justicia francesa la admitió a trámite, como es usual en estos casos, y el mes pasado aprovechó la presencia de Dylan en París para tomarle declaración y comunicarle su imputación. En principio, el caso deberá ser juzgado en una fecha todavía por determinar por la sala 17 del Tribunal de Gran Instancia de París, encargada de los asuntos de prensa. Como coacusado está también el editor francés de Rolling Stone.

El abogado del Crifcc, Ivan Jurasinovic, señaló a la agencia France Presse que su entidad, más que una condena judicial, desearía que Bob Dylan pidiera disculpas públicas. Por el momento, ni el cantante ni su casa de discos, Sony Music, han querido hacer comentarios al respecto.

La estancia de Bob Dylan en Francia pudo haber sido todavía más accidentada, puesto que –según reveló el semanario Le Canard Enchaîné–, la Gran Cancillería de la Legión de Honor se había opuesto a la condecoración del músico por sus posturas abiertamente antibelicistas y por haber fumado marihuana... En todo caso, su principal mérito, a ojos de la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, era precisamente haber “encarnado la fuerza subversiva de la cultura”.