domingo, 15 de septiembre de 2013

Francia, más que reticente

“Francia es absolutamente contraria a la independencia de Catalunya, lo que por otra parte es normal. Es contra su modelo de Estado que nosotros luchamos desde hace trescientos años”. Lúcido y sin paños calientes, Jordi Pujol no se engañaba esta semana en París sobre la escasa simpatía –cuando no beligerancia– que los objetivos secesionistas catalanes pueden encontrar al otro lado de los Pirineos. El asunto es en Francia políticamente tabú, un asunto interno de España en el que París no quiere entrar, ni oficial ni oficiosamente. Aunque en privado y bajo juramento de respetar el anonimato hay quien juzga que la disgregación y el debilitamiento de España, un aliado incondicional de Francia en Europa, sería muy mala noticia.

“Los franceses observan lo que está pasando con asombro, pero por su historia están espontáneamente del lado del Estado”, sostiene el politólogo Stéphane Rozès, presidente de la sociedad Conseil, Analyse et Perspective (CAP), como si quisiera dar la razón al ex presidente catalán. En opinión de Rozès, “la situación es muy complicada, mucho más complicada de lo que parece,tanto para España como para Catalunya”. Y vaticina que en caso de separación, ambas serían duramente atacadas por los mercados financieros. El politólogo está convencido de que si se celebrara ahora un referéndum, la opción de la independencia saldría triunfante y ello conduciría al “desmantelamiento de España”. “El Gobierno español debería tratar de encontrar una solución de compromiso razonable”, sostiene, con el fin de evitar la ruptura. Pero no se manifiesta optimista: “La Historia demuestra que la razón no vence siempre”, dice.

La negociación y el acuerdo parecen, a juicio de Guilaume Tusseau, profesor de Derecho Público en Sciences po, la única vía para celebrer una consulta en Catalunya, puesto que la Constitución española no lo reconoce. “Haría falta una ley”, opina. Tusseau, quien recientemente participó en un seminario sobre el derecho a decidir organizado por la delegación de la Generalitat en París, considera que el principal argumento jurídico-político esgrimido por los independentistas catalanes –esto es, el derecho democrático de los individuos de un territorio a decidir su forma de gobierno– es un arma de doble filo: “Por este mismo principio, dentro de Catalunya, los contrarios a la independencia podrían reivindicar a su vez la independencia del nuevo Estado”.





viernes, 13 de septiembre de 2013

La apuesta de la industria

Si Francia es hoy una potencia nuclear se debe a la anticipación del general De Gaulle. Si el tren de alta velocidad es unas de las joyas tecnológicas francesas, es fruto de la visión del presidente Pompidou... François Hollande, a su manera, se ha propuesto seguir los pasos de sus antecesores e impulsar desde el Estado la resurrección de la industria francesa, que en las últimas décadas ha ido perdiendo terreno inexorablemente. El presidente francés presentó ayer con este fin un ambicioso programa, concertado por el Estado y las empresas privadas, para impulsar 34 proyectos de innovación tecnológica que sitúen al país a la cabeza de la industria del futuro. “La tercera revolución industrial se producirá también en Francia”, dijo.

Los 34 proyectos, convertidos desde ahora en una “prioridad nacional”, están asociados a tres ejes estratégicos –la transición energética y medioambiental, la salud y la tecnología digital– y van desde el futuro avión eléctrico hasta la nueva generación del Tren de Alta Velocidad (TGV), pasando por automóviles de bajo consumo o guiados sin conductor, la “e-educación”, la ciberseguridad, la nanoelectrónica, la robótica o la biotecnología médica.

Se trata en todos los casos de proyectos sobre los que las grandes empresas y grupos industriales franceses ya han empezado a trabajar y que pueden tener una traducción material concreta en el plazo de una década. En su mayor parte han sido propuestos por las propias empresas y serán asimismo reconocidos empresarios los encargados de pilotarlos.

El Estado francés, que destinará a este programa 7.500 millones de euros –entre préstamos, ayudas y beneficios fiscales– no pretende esta vez asumir un papel dirigista, sino acompañar a la iniciativa privada, que deberá asumir el grueso de las inversiones. “No se trata de volver a los años sesenta, cuando el Estado era el prescriptor, el productor y el cliente”, aseguró Hollande. Se trata, en cierto modo, de un colbertismo puesto al día, de un modo de intervencionismo suave.

El gabinete estadounidense McKinsey, que ha colaborado en la preparación del programa, estima que en el plazo de una década el plan puede generar 475.000 nuevos empleos industriales, crear un valor añadido de 45.000 millones de euros y un aumento de las exportaciones francesas por un valor de 18.000 millones.

La industria francesa está bien necesitada de una gran revulsivo. En claro retroceso, en los últimos diez años ha perdido alrededor de 750.000 empleos, según señaló el ministro de Regeneración Industrial, Arnaud Montebourg, y ha visto reducido su peso en la economía del país al 12% del Producto Interior Bruto (PIB), por debajo de la media europea y la mitad que en Alemania. Como resultado, el déficit exterior de Francia alcanzó en el 2011 la cifra récord de 70.000 millones de euros, una sangría que se reduce, pero muy poco a poco: el año pasado bajó a 67.200 millones.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Los ministros, privados de su teléfono móvil

Nada de utilizar el teléfono móvil personal, o la tableta digital,para hablar de asuntos del Gobierno ni intercambiar información “sensible”, menos aún si está clasificada. Nada de recurrir alegremente a internet, ni reenviar los mensajes del correo electrónico oficial al personal. Nada de intercambiar mensajes de texto (sms), ni de hablar como si nada cuando se viaja al extranjero...

El gabinete del primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, envió a finales de agosto un correo a todos los miembros del Gabinete instándoles a extremar las medidas de seguridad para evitar ser espiados. La carta, según ha revelado L’Express, recuerda los “atentados a la seguridad de los sistemas de información” constatados en los últimos meses, en una clara alusión a las escuchas masivas realizadas por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos. Francia ya puede ser el “más antiguo aliado” de EE.UU., como ha subrayado el secretario de Estado, John Kerry, a propósito de la estrecha cooperación franco-americana en la crisis de Siria, que no por ello ha sido menos espiado por Washington, como pusieron de relieve los documentos revelados por el ex agente Edward Snowden.

Las instrucciones empiezan subrayando la necesidad de que todas las informaciones relativas a la defensa nacional y clasificadas como confidenciales o secretas deben imperativamente ser transmitidas a través de los equipamientos especiales suministrados, esto es, el teléfono móvil encriptado Theorem –desarrollado por la sociedad Thales, de los que se han distribuido 2.300 unidades en los ministerios de Defensa, Interior, Justicia, Economía y Finanzas, y Asuntos Exteriores– y el sistema de intranet Isis. Hasta aquí, nada de particular.

El problema viene con lo que la circular define como “informaciones sensibles”, que a juicio de Matignon son prácticamente todas: “En su mayoría, las informaciones manipuladas o intercambiadas en el seno de la administración, particularmente por la autoridades y los gabinetes ministeriales, son sensibles, sin estar clasificadas”, sostiene la misiva.

Ninguna de estas informaciones debería pasar a partir de ahora, ni verbal ni documentalmente, por ningún teléfono móvil personal (smartphones) sin un dispositivo de seguridad avalado por la Agencia Nacional de la Seguridad de los Sistemas de Información (Anssi), ni viajar por internet si no han sido previamente cifradas. Nada de utilizar para los asuntos gubernamentales los ordenadores personales, ni las tabletas, ni el correo electrónico personal, ni enviar sms... Y en caso de viajar al extranjero, vigilar lo que se dice en las sedes de organismos internacionales, aeropuertos, hoteles, restaurantes y cybercafés... casi, casi, como los espías de John Le Carré.

Si el primer ministro se ha visto obligado a enviar esta circular a los miembros del Gobierno es porque hasta el momento la mayoría no han mostrado una excesiva preocupación por estos asuntos. Tampoco los del Gabinete anterior. El ex presidente Nicolas Sarkozy, sin ir más lejos, se impacientaba enormemente con la lentitud de su teléfono Theorem y acabó por dejarlo normalmente en un rincón. Muchos ministros de François Hollande siguen haciendo hoy lo mismo. Y no parece que el tono apocalíptico de la carta vaya a hacerles cambiar de opinión. La mayoría, al salir ayer el Consejo de Ministros, parecía ignorar las nuevas instrucciones. Y el titular de Trabajo, Michel Sapin, les quitó toda importancia: “No creo que mis informaciones interesen a Barack Obama”.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Francia aprieta las tuercas

Francia acepta la vía diplomática para superar la crisis siria, pero no a cualquier precio. François Hollande, como hicieran Barack Obama y David Cameron, se ha mostrado dispuesto a explorar la solución propuesta por Rusia –y aceptada por Siria– consistente en colocar el arsenal de armas químicas del régimen de Bashar el Asad bajo control internacional, pero con condiciones extremadamente severas y con la amenaza de un recurso automático a la fuerza en caso de incumplimiento. París presentó a sus dos principales interlocutores en el Consejo de Seguridad de la ONU, Washington y Londres, un proyecto de resolución sobre Siria que aprieta considerablemente las tuercas a Damasco y que Moscú, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Sergéi Lavrov, juzgó “inaceptable”.

La propuesta francesa, que ayer mismo empezó a ser discutida con estadounidenses y británicos, fue objeto de una entrevista telefónica entre Hollande y Obama, quienes según informó el Elíseo “subrayaron la importancia de mantener abiertas todas las opciones”. La militar, incluida.

El proyecto de resolución elaborado por Francia es enormemente exigente. París plantea no sólo el control, sino el desmantelamiento y destrucción total del arsenal químico sirio bajo control de los inspectores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en sus siglas en inglés); la adopción por parte de Siria del tratado internacional que prohíbe la fabricación, uso y almacenamiento de este tipo de armas, y la presentación ante el Tribunal Internacional de La Haya de los responsables de la matanza del 21 de agosto en el barrio de La Ghouta de Damasco con un balance, según los servicios secretos norteamericanos, de unas 1.500 víctimas por gas.

Los más indigesto, tanto para los sirios como para los rusos, es que el proyecto de resolución, acogiéndose al capítulo 7º de la Carta de las Naciones Unidas –relativo a la acción en caso de amenaza contra la paz o agresión–, prevé la autorización automática del recurso de la fuerza en caso de incumplimiento. Sin necesidad, por tanto, de una nueva votación del Consejo de Seguridad.

La diplomacia parece imponerse a los tambores de guerra en la crisis siria, pero la amenaza de una intervención internacional militar sigue, pues, en pie. “Todas las opciones siguen sobre la mesa”, subrayó el ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, quien consideró crucial asegurarse de que tras la propuesta rusa no se esconde una “trampa” para ganar tiempo.

Descolocado consecutivamente por la defección británica, la decisión del presidente de Estados Unidos de apelar al Congreso y la maniobra diplomática rusa, el presidente francés ha decidido retomar la iniciativa para no quedar fuera de juego. Hollande, que fue el primero en lanzarse a reclamar un castigo ejemplar contra El Asad por la masacre del 21 de agosto y a defender una intervención militar, argumenta que la apertura diplomática rusa no hubiera sido posible sin la amenaza del recurso a la fuerza y parece determinado a mantenerse como el adalid de la línea dura.

El Elíseo, que ha abandonado en su discurso toda referencia moral, sostiene que sólo una reacción internacional firme puede evitar el uso generalizado de las armas químicas en el futuro y forzar a El Asad a aceptar una salida política negociada a la crisis.

La propuesta francesa de desmantelar y destruir la totalidad del arsenal de armas químicas sirio –evaluado por los servicios secretos franceses en unas 1.000 toneladas– es de muy difícil aplicación y exigirá mucho tiempo. Así lo exponía ayer en la edición digital del diario Le Figaro el especialista Olivier Lepick, de la Fundación para la Investigación Estratégica, según el cual el desarrollo de un programa de este tipo “precisaría una decena de años”.

La Unión Europea, por boca de la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, mostró asimismo su apoyo a la propuesta rusa de poner bajo control el armamento químico sirio.



Protesta a medio gas

El pulso planteado por una parte de los sindicatos franceses y la extrema izquierda a François Hollande por la reforma de las pensiones, a priori la reforma potencialmente más conflictiva de su mandato, no pudo empezar mejor para el presidente francés. Los cuatro sindicatos convocantes de la jornada de protesta de ayer, la primera de una campaña que en principio se presume larga –entre ellos la CGT y Fuerza Obrera (FO)–, consiguieron una movilización más que discreta.

Las 170 manifestaciones organizadas en todo el país sólo reunieron a entre 155.000 y 360.000 personas –según los datos contradictorios de la policía y los organizadores– y los paros previstos en el sector público, gracias a los servicios mínimos pero también a una débil participación, apenas tuvieron repercusión. “Los franceses están contra esta reforma, no hay que engañarse, la movilización está en las cabezas”, se consoló el líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon. Los sondeos, en efecto, señalan que el 56% de los ciudadanos rechaza la reforma...

Las razones de este primer fracaso –que no presupone la evolución de las protestas en el futuro– son diversas. De entrada, la reforma ha sido pactada con una parte de los sindicatos, particularmente la CFDT, y el Gobierno ha evitado los principales escollos que podrían haber generado una protesta más activa: no toca la situación de los funcionarios ni tampoco los regímenes especiales de las grandes corporaciones públicas. Por otro lado, los franceses parecen bastante resignados después de la experiencia de hace tres años: la reforma de las pensiones aprobada en el 2010 por Nicolas Sarkozy –que elevó de 60 a 62 años la edad legal de jubilación– generó una potentísima movilización, con una decena de jornadas de protesta que pusieron el país patas arriba, y sin embargo acabó siendo aprobada.

En la reforma actual, los socialistas han evitado tocar la edad legal de jubilación –de la que hicieron un caballo de batalla hace tres años– y han introducido algunas mejoras caras a los sindicatos en materia de reconocimiento de los empleos penosos y el trato que reciben los trabajadores con contratos parciales, generalmente las mujeres, a la hora de calcular la pensión de jubilación.

El Gobierno de Hollande ha optado, en cambio, por alargar el periodo de cotización exigido para poder cobrar la pensión completa, que pasará progresivamente de 41,5 años –cifra a la que se debe llegar en el 2020, según la reforma de Sarkozy– a los 43 años en el 2035. Éste es el aspecto más contestado y el que ha empujado a algunos sindicatos a oponerse a la reforma. Pero sin una gran beligerancia. Así la CGT, no pide la retirada de la reforma y sólo reclama algunas modificaciones.

Para ahorrarse una gran protesta social, la reforma de Hollande se queda a medias. A través de un aumento moderado de las cotizaciones, el Gobierno logrará cubrir el déficit previsto en el régimen general –7.300 millones en el 2020–, pero eso sólo representa un tercio del déficit total.





domingo, 8 de septiembre de 2013

Enemigos íntimos

"Bashar es como tu hijo, deberás pues tratarle como tal”. Con estas palabras pidió el líder sirio Hafez el Asad poco antes de morir, en junio del 2000, al presidente francés Jacques Chirac su ayuda para introducir a su vástago –heredero forzoso del poder ante la desaparición de su hermano mayor, Bassel, en un accidente– en el proceloso océano de las relaciones internacionales. Chirac, padrino y tutor del joven Bashar el Asad, aprendiz de tirano... La imagen resulta chocante en un momento en que otro presidente de francés, François Hollande, se dispone a atacar a Siria. Pero no por ello es menos cierta.

La anécdota no procede de un rumor más o menos fundado, la explica el propio ex presidente de la República en el segundo tomo de sus memorias –Le temps présidentiel (La época presidencial), editado en el 2011– e ilustra con la cruda luz de la historia las estrechas relaciones que durante décadas mantuvieron los sucesivos inquilinos del Elíseo con el clan El Asad y que llevaron a Chirac a ser el único líder occidental en acudir a los funerales del rais en Damasco. “Por inaprehensible que fuera, y en muchos aspectos duro e implacable, siempre tuve la sensación de tener en Hafez el Asad a un hombre de palabra y un interlocutor sincero en su deseo de diálogo con Francia”, escribió Chirac, quien pronto pudo observar las “insuficiencias y debilidad de carácter” del hijo.

Jacques Chirac no fue el único en contemporizar con el clan El Asad. Antes que él lo había hecho ya François Mitterrand –quien pasó por alto la feroz represión del régimen sirio sobre la insurrección de los Hermanos Musulmanes en 1982– y después lo haría Nicolas Sarkozy. Plagada de altibajos, la relación particular entre Francia y Siria es heredera de la época de la ocupación francesa (1920-1946) y la política llevada a cabo por los sucesivos presidentes franceses de mantener, por encima de las cuestiones de los derechos humanos, un contacto privilegiado con Damasco radica fundamentalmente en su voluntad de salvaguardar la estabilidad de Líbano, país con el que Francia mantiene vínculos históricos, políticos y personales extremadamente fuertes. Como dijo una vez De Gaulle: “Los libaneses son el único pueblo cuyo corazón nunca ha dejado de latir al ritmo del de Francia”.

Líbano ha sido siempre la piedra angular de las relaciones entre Francia y Siria. La explicación de su acercamiento. La causa de sus desencuentros. Si las relaciones entre Jacques Chirac y Bashar el Asad nunca fueron muy buenas, la ruptura definitiva llegó con el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri –amigo íntimo y personal del presidente francés– el 14 de febrero del 2005. A partir de entonces, Chirac cortó todos los puentes y trabajó con denuedo para aislar diplomáticamente al líder sirio.

La situación cambió drásticamente en el 2007 con la elección de Nicolas Sarkozy, quien ya diez años antes había visitado Siria invitado por el partido Baas y posteriormente, como ministro del Interior, logró salvaguardar la cooperación entre los servicios de información de ambos países en la lucha antiterrorista. Si a alguien inquieta hoy sobremanera la beligerancia de François Hollande contra Bashar el Asad –quien calificó en una entrevista en Le Figaro al Estado francés de “enemigo”– es a los servicios secretos franceses, que han perdido una fuente de información clave sobre el terrorismo islamista.

Una vez en el Elíseo, Sarkozy buscó restablecer el diálogo con Damasco, que se reanudó de forma abierta en el 2008, después de que El Asad permitiera un acuerdo para elegir a Michel Sleiman como presidente de Líbano. Para el presidente francés, Siria era una pieza fundamental no sólo en el futuro de Líbano, sino también en la paz en Oriente Medio –en la que Sarkozy aspiraba a jugar un papel importante– y en su gran sueño de construir la nueva Unión por el Mediterráneo (UPM). Bashar el Asad acudió a la cumbre fundacional de la unión el 13 de julio y estuvo como invitado de honor en la tribuna del desfile militar de la fiesta nacional del 14 de Julio, para indignación de los defensores de los derechos humanos. Sarkozy viajó a Damasco ese otoño y en el 2009 y el 2010, el dictador sirio –rehabilitado por París– volvería a ser recibido en el Elíseo. Sin embargo, la aproximación a Damasco no dio los frutos esperados.

La insurrección en Siria en el 2011, siguiendo la estela de las revoluciones de la primavera árabe, y la represión brutal de los rebeldes por parte del régimen cambiaron radicalmente el escenario. Ese verano, la embajada francesa en Dasmasco fue atacada y Sarkozy, que había liderado la intervención militar contra el régimen de Muamar el Gadafi en Libia, buscó activamente a partir de entonces la imposición de sanciones internacionales contra Siria. A principios del 2012 fue el primer líder occidental en reclamar la renuncia de El Asad. Hollande ha seguido su camino.



sábado, 7 de septiembre de 2013

El peso del amor

Cuando el Pont des Arts, uno de los puentes más bellos y sin duda el más romántico de París, fue abierto por primera vez al público en 1804 por iniciativa de Napoleón Bonaparte los pasantes debían pagar un par de monedas como peaje. Hoy el paso es libre, pero el peaje en cierto modo subsiste. Un nutrido grupo de vendedores ambulantes ofrecen, por 10 euros, sencillos candados de latón fabricados en China para que los enamorados que no hayan tenido la precaución de traerlo cumplan con el ritual de colgarlo en el enrejado del pretil con el nombre de la persona amada y tirar después (o no) la llave al río Sena. El precio incluye el derecho a utilizar un rotulador, pero no garantiza encontrar un lugar donde colgarlo… ¡Difícil empresa! Miles de candados pueblan hoy la pasarela. Miles de nombres con corazones, dedicatorias y promesas. Miles de historias, de deseos y de esperanzas.

Desde que, en el 2008, la novela “Tengo ganas de ti”, del escritor italiano Federico Moccia, generalizara la moda de colgar candados de amor en los puentes, algunas de las pasarelas que atraviesan el Sena han sido tomadas al asalto por amantes de todo el mundo. Como el puente del Arzobispo, que tiene como principal encanto su impagable vista sobre Notre Dame. Pero fundamentalmente y por encima de cualquier otro el Pont des Arts, cuya magia seduce para siempre a todo aquel que lo atraviesa. Hay que acercarse al caer el día, cuando el cielo malva se refleja en la superficie plomiza del río, para captar su embrujo.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos candados hay en el puente, ¿5.000? ¿10.000?, nadie los ha contado nunca. Pero su acumulación ha empezado a preocupar al Ayuntamiento de París, que ha decidido incrementar la vigilancia para evitar que su peso pueda poner en peligro la estabilidad de las barandillas y provocar un accidente. Algún tramo ha cedido ya y ha tenido que ser sustituido, ante el riesgo de que pudiera caer sobre alguno de los barcos turísticos que discurren constantemente por el río. Hace tres años, gran parte de los candados desapareció misteriosamente… y reapareció en parte integrando una obra de la exposiciónThe Unplayed Notes, del artista plástico Loris Gréaud. De los otros, nada se ha sabido. Ahora, los servicios municipales han empezado a hacer lo mismo, retirando de vez en cuando, para evitar males mayores, los tramos de la baranda particularmente cargados o maltrechos y sustituyendo el enrejado por otro nuevo.


Quienes hoy regresen al puente en busca del candado que un día colgaron pueden llevarse una decepción. Los recién llegados, en cambio, pueden tener la inesperada oportunidad de dejar temporalmente su huella. Pero cuando aparece la ocasión, hay que darse prisa. Los huecos vacíos se llenan rápido, muy rápido. Mucho más rápido que los huecos del corazón.