domingo, 9 de junio de 2013

Acoso a los ultras

Las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias (JNR), el grupo de extrema derecha algunos de cuyos miembros están implicados en la muerte de un joven estudiante antifascista en París, tiene los días contados como organización. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, pidió ayer al ministro del Interior, Manuel Valls, que inicie el procedimiento para la disolución de esta organización y estudie la posibilidad de hacer lo mismo con otros grupúsculos de inspiración neofascista y neonazi que predican el odio racial, el antisemitismo, la xenofobia y la homofobia. El Gobierno pretende aplicar un artículo del Código de Seguridad Interior que procede de una ley de la III República, del 10 de enero de 1936, aprobada contra las ligas de extrema derecha que pretendían dar un golpe de fuerza para derribar el régimen democrático.

La disolución de las JNR difícilmente podrá derivar, sin embargo, de la muerte del estudiante Clément Méric, de 19 años. Militante de la organización Acción Antifascista, el joven falleció el jueves a resultas de las heridas recibidas durante una pelea que enfrentó el miércoles en las proximidades de la Gare de Saint-Lazare a un grupo de ultras y otro de militantes izquierdistas, que se encontraron –según ha confirmado la investigación– de manera fortuita. La fiscalía confirmó además que el altercado fue provocado por Méric y sus compañeros. El líder y fundador de las JNR, Serge Ayoub, negó asimismo que su organización esté implicada como tal en el suceso.

Según una información del canal de radio France Info, los servicios de información habrían reunido, sin embargo, elementos que indicarían que las JNR habían iniciado el proceso de constitución de un “grupo de combate”. Fundadas en 1987, las Juventudes han acabado convirtiéndose en una suerte de servicio de orden del movimiento de extrema derecha Tercera Vía, cuyo discurso y cuyos símbolos –incluido un guerrero romano– han sido tomados prestados del fascismo italiano. Los miembros de las JNR, entre una veintena y una treintena según la policía, van integralmente de negro y vestidos con una indumentaria de tipo paramilitar.

El sociólogo Gaël Brustier, especialista en este tipo de movimientos, explicó ayer en una entrevista televisiva que las JNR “constituyen la franja más radical de la extrema derecha” francesa. “Son muy pocos, pero muy activos”, añadió Brustier.

Mientras tanto, a la vista de las pruebas reunidas hasta el momento, la fiscalía de París ordenó ayer la apertura de una información judicial por “homicidio voluntario”. Así lo confirmó el fiscal jefe, François Molins, para quien no hay apenas ninguna duda de que en la agresión contra Clément Méric hubo “intención de matar”. El joven murió, según ha confirmado la autopsia, a causa de los fuertes golpes recibidos en la cara, está por determinar todavía si con la ayuda de un “puño americano. El fiscal señaló que se habían encontrado dos artilugios de este tipo –considerados por la ley como un arma blanca– en el domicilio del principal sospechoso, Esteban M., de 20 años, un skinhead de origen español –nacido en Cádiz– pero de nacionalidad francesa. El fiscal ha ordenado su encarcelamiento preventivo por “homicidio voluntario”. Otros tres lo han sido por el cargo de violencia en grupo.


sábado, 8 de junio de 2013

¿Quién empezó primero?


El presunto autor del golpe que acabó con la vida del joven estudiante de Sciences Po Clément Méric, de 19 años, muerto el jueves tras una pelea en una calle de París con un grupo de cabezas rapadas de extrema derecha, es de origen español. Así lo han confirmado fuentes policiales, según las cuales el sospechoso, Esteban M., nació hace 20 años en Cádiz, aunque tiene la nacionalidad francesa. El joven, quien ha reconocido haber dado el golpe que tumbó al suelo a la víctima –donde se golpeó la cabeza con un pilón de hierro–, ha alegado que actuó en defensa propia y que nunca tuvo intención de matar.

La autopsia realizada ayer al cadáver de Clément Méric ha aclarado que la causa de la muerte no fue, en contra de lo que parecía, el golpe que se dió en la cabeza al caer, sino uno o varios puñetazos que recibió en la cara. La policía trata de establecer si, como dicen algunos testigos, sus agresores –un segundo joven ha confesado haber golpeado también a la víctima– utilizaron “puños americanos”, un artilugio metálico ofensivo legalmente considerado como un arma blanca y que en Francia está prohibido. Todo ello podría llevar a calificar la muerte del joven estudiante como un “homicidio voluntario”.

Esteban M. fue detenido el mismo jueves, junto a otras tres personas, en un barrio de la población de Saint-Ouen, en la periferia norte de París, y posteriormente tres jóvenes más se presentaron voluntariamente a la policía. Ayer mismo lo hizo un octavo. Al cierre de esta edición, tres de ellos habían sido puestos en libertad.
Varios de los detenidos tienen vinculación con el grupo neonazi Tercera Vía y con su brazo armado, las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias (JNR), según fuentes de la investigación. Sin embargo, el líder de esta organización, Serge Ayoub, que ayer tarde declaró como testigo en la comisaría, negó que los implicados en el suceso pertenezcan a su grupo.

Poco a poco, los investigadores han ido reconstituyendo la película de los hechos. Parece confirmado que Clément Méric, militante del grupo de extrema izquierda Acción Antifascista, acudió la tarde del miércoles junto con dos camaradas a un apartamento del barrio de la Gare de Saint-Lazare, en París, para una venta privada de ropa de marca, donde coincidieron fortuitamente con otros tres jóvenes skinheads. Los insultos mutuos empezaron allí.

¿Quién empezó? Si hasta ahora se había dado por supuesto que habían sido los ultras, la investigación parece demostrar más bien lo contrario. Segun varios testigos presenciales, entre ellos uno de los vigilantes del establecimiento, fueron los activistas de izquierda –pertenecientes a un grupo conocido también por buscar la confrontación física con los fachos– quienes empezaron a provocar a sus oponentes. El vigilante habría asegurado, según Le Point, que uno de los miembros del grupo de la víctima estaba muy exaltado e incitaba a sus compañeros a la pelea, mientras que los skinheads habían buscado evitar el enfrentamiento y marcharse discretamente. El diario Libération cita otro testigo que señala al propio Clément Méric como el provocador... En todo caso, todos se encontraron en la calle –los ultras pidieron refuerzos– y perpetraron lo irreparable.


Valls anuncia “disoluciones”

El ministro francés del Interior, Manuel Valls, aseguró ayer en una entrevista radiofónica que algunos grupúsculos violentos de extrema derecha serán “sin duda disueltos”. Sin dar más pistas sobre sus intenciones, el ministro añadió, con todo, que el proceso no será inmediato, sino que se hará con “un poco de tiempo, mucha determinación, y también con método y respeto de los procedimientos”. Manuel Valls deploró el resurgimiento con fuerza de “ideas nauseabundas que nos recuerdan las peores horas de nuestra historia” e insistió en que combatirá con decisión a los grupos que defienden ideas “racistas, antisemitas y homófobas”.







viernes, 7 de junio de 2013

Los ultras ensangrientan París

A fuerza de evocarla, la violencia política ha vuelto a aparecer y a ensangrentar las calles de Francia. Un joven estudiante de 19 años, militante de la organización de extrema izquierda Acción Antifascista, Clément Méric, murió ayer a consecuencia de la violenta agresión que sufrió la tarde del miércoles en París a manos de un grupo de cabezas rapadas vinculados a un grupúsculo de extrema derecha, Tercera Vía, cuyo brazo armado –las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias (JNR)– es conocido por sus acciones violentas. La policía detuvo ayer mismo a siete personas de entre 20 y 30 años, entre los cuales parece estar el presunto autor del golpe fatal que acabó con la vida de la víctima.

Aunque todo indica que la agresión fue impremeditada –se produjo en el transcurso de una pelea entre dos grupos de jóvenes de ideología contrapuesta que se encontraron aparentemente por casualidad– y que a priori no hubo intención de matar –la víctima se dio el golpe mortal al ser proyectado al suelo y caer sobre un pilón de hierro–, el trágico suceso ha sido interpretado por la mayor parte de la clase política como la consecuencia inevitable de la extrema radicalización del debate político que se ha producido en Francia en los últimos meses a propósito de la ley del matrimonio homosexual y de la creciente actividad de los grupos de extrema derecha, que alentados por una inusitada violencia verbal han protagonizado asimismo numerosos incidentes violentos.

La muerte del joven Clément Méric causó estupor y una gran conmoción. Especialmente entre la clase política –fundamentalmente en la izquierda–, pero también en el mundo académico. La víctima, que militaba asimismo en un sindicato estudiantil, era un estudiante brillante, hijo de dos profesores universitarios de Brest (Bretaña) y acababa de empezar su primer año en Sciences Po, cuna de las élites políticas francesas. Sus amigos le califican como un muchacho serio, tranquilo y poco amigo de altercados.

El altercado, sin embargo, le encontró a él la tarde del miércoles cuando, con otros dos amigos, se acercó a una venta privada de una marca de ropa en un apartamento cercano a la Gare de Saint-Lazare, donde coincidieron con un grupo de tres cabezas rapadas. Tras un primer intercambio de insultos, ambos grupos bajaron a la calle y acabaron a puñetazos. Uno de los golpes, propinado según algunos testigos con un puño americano, hizo caer al joven Clément sobre uno de los pilones de hierro de la acera, donde se golpeó la cabeza.

Varios de los detenidos por la policía tienen alguna vinculación con el grupo de ultraderecha JNR, aunque el fundador de la organización, Serge Ayoub, alias Batskin, negó toda implicación de su grupo como tal en el suceso y atribuyó a los jóvenes antifascistas haber empezado las hostilidades. La presidenta del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, condenó asimismo la muerte del joven y rechazó que su partido tenga ninguna responsabilidad, ni siquiera indirecta, con lo sucedido.

Miles de personas se concentraron a lo largo del día en señal de duelo y de protesta en diversos lugares de París, a convocatoria de los estudiantes de Sciences Po, los sindicatos y partidos de izquierda, y también de algunos dirigentes de la derecha, como la candidata de la UMP a la alcaldía de París. Nathalie Kosciusko-Morizet. Unos jovenes depositaron flores en el lugar donde cayó Clément Méric. En el suelo, alguien pintó “No pasarán”, en español.

La tensión era palpable y algunos militantes de izquierdas acosaron a periodistas de algunos canales de televisión –a quienes acusan de dar cancha a los radicales de ultraderecha– y abuchearon a Kosciusko-Morizet, paradójicamente hostigada también por la extrema derecha y el ala más derechista de su partido por su abstención en la votación de la ley del matrimonio homosexual.

El presidente francés, François Hollande, condenó desde Tokio –donde realizaba una visita de Estado– lo que calificó de “ac-to odioso” y avanzó que su Gobierno actuará contra los grupos de ultraderecha que tratan de desestabilizar la vida democrática. Su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, prometió en el Parlamento “despedazar” estos grupos. Sin embargo, ni uno ni otro, ni siquiera el ministro del Interior, Manuel Valls, se atrevió a comprometerse explícitamente en la adopción de medidas radicales como la ilegalización o la disolución de los grupos violentos.

El Partido Socialista y el Frente de Izquierda reclamaron la prohibición, y hasta el presidente interino de la UMP, Jean-François Copé, se apuntó a la idea, eso sí, extendiendo la iniciativa a los grupos de extrema izquierda que abonen asimismo la violencia. Sin embargo, legalmente no es tan fácil. El Ministerio del Interior ya se planteó ilegalizar a uno de los grupos más radicales del movimiento contra las bodas gais, Primavera Francesa, que promovía acciones de protesta bordeando la ilegalidad, pero se vio forzado finalmente a desistir.

En todo caso, por detrás de la común condena de la agresión, la izquierda y la derecha se lanzaron los trastos a la cabeza. La izquierda acusó directamente a la UMP de haber atizado el actual clima de crispación con actitudes extremistas en su protesta contras las bodas gais. Copé censuró a su vez a quienes buscan utilizar políticamente el suceso.



jueves, 6 de junio de 2013

Hollande, el Africano

África del Oeste tiene un nuevo héroe: François Hollande. Una decena de dirigentes oesteafricanos acudió ayer a París a rendir un caluroso homenaje al presidente francés por su intervención militar en Mali contra los grupos armados terroristas, que le ha valido ser galardonado con el Premio Félix Houphouët-Boigny a la búsqueda de la Paz concedido por la Unesco. “Puede parecer una paradoja recibir una recompensa por la búsqueda de la paz después de haber asumido la responsabilidad de una guerra”, admitió Hollande, quien justificó una vez más la urgencia de intervenir en Mali –donde Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y otros grupos islamistas amenazaban con tomar el poder– y destacó el apoyo recibido por Francia de la comunidad internacional.

“La decisión que yo tomé el 11 de enero en nombre de Francia –subrayó Hollande– no tenía otro objetivo que detener una agresión (...) Frente al odio, la debilidad hubiera sido culpable, la fuerza era legítima. Todo retraso hubiera sido desastroso, toda duda hubiera sido trágica”. “Era una deuda que mi país tenía con África”, añadió. Transmutado en jefe de guerra, Hollande se ganó ese día en África del Oeste, entre ese grupo de antiguas colonias francesas conocido por Françafrique, el título de Hollande, el liberador. Y reforzó el papel hegemónico de Francia en una región donde conserva importantes intereses económicos y estratégicos.

La intervención militar francesa, respaldada sobre el terreno por tropas chadianas –las más preparadas de la región–, logró en tres meses rechazar el avance de los grupos armados islamistas y expulsarlos del país. El presidente interino de Mali, Dioncounda Traoré, presente ayer en París, expresó su gratitud al presidente francés, al que calificó de “soldado de la paz”. No fue el único: “Si Francia no hubiera intervenido, ¿dónde estaríamos? Sólo Dios lo sabe. No lo diremos nunca bastante: gracias, gracias a Francia”, declaró el presidente de Benin, Thomas Boni Yayi, ex presidente de la Unión Africana.

A juicio del jurado de la Unesco –organización donde los países africanos tienen un peso significativo–, la acción de los grupos terroristas era una grave amenaza para la paz no sólo en Mali, sino en toda la región, donde no sólo los derechos humanos sino también el patrimonio cultural de la humanidad –como los manuscritos de Tombuctú– estaban en peligro. “El jurado ha sido sensible a la solidaridad de Francia con los pueblos de África”, señaló su presidente, el ex dirigente mozambiqueño Joaquim Chissano. El premio Félix Houphouët-Boigny –creado en 1989 en recuerdo y honor del primer presidente de Costa de Marfil tras la independencia– ha sido concedido hasta ahora, entre otros, a Nelson Mandela, Frederik W. de Klerk, Yitzhak Rabin, Shimon Peres, Yasser Arafat, Luiz Inacio Lula da Silva y las Madres de Mayo.

Dotado con 150.000 dólares (cerca de 115.000 euros), Hollande anunció que repartirá la cuantía del premio entre dos asociaciones, una maliense de ayuda a las mujeres y una francesa de ayuda a los soldados heridos y las familias de los caídos. En el caso de Mali, el ejército francés ha sufrido seis bajas mortales.

Junto a los presidentes de Mali y de Benin, también acudieron al acto de entrega del premio en la sede de la Unesco, en París, los presidentes de Costa de Marfil, Alassane Ouattara –presidente a su vez de La Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste (Cedeao)–; Chad, Idriss Déby; Senegal, Macky Sall; Mauritania, Mohamed Ould Abdel Aziz; Burkina Faso, Blaise Compaoré, y Gabón, Ali Bongo Ondimba; así como el primer ministro de Níger, Brigi Rafini.

Todos ellos participaron en un almuerzo de trabajo en el Elíseo, en el que François Hollande abordó la situación de la seguridad en el Sahel y empezó a preparar una cumbre sobre la Paz y la Seguridad en África que se celebrará en París el 6 y 7 de diciembre. “La situación en el Sahel sigue siendo frágil”, remarcó el presidente francés durante su discurso en la Unesco, donde recordó los acos terroristas que ha sufrido recientemente Níger, un país que hasta ahora se había librado de este tipo de problema. “El combate bo ha acabado. Hay todavía mucho que hacer, en Mali y más allá. Es una gran parte de África la que está hoy amenazada”, añadió. os grupos terroristas expulsado de Mali, aunque debilitados, no han sido aniquilados y han buscado refugio en el desierto. En París empieza a sopesarse ya la conveniencia de una segunda intervención militar en el sur de Libia.

La cuestión tampoco está del todo arreglada en Mali, donde el miércoles estallaron nuevos enfrentamientos armados entre el ejército maliense y los rebeldes tuaregs, lo que pone seriamente a prueba el proceso de reconciliación que pide Francia. Hollande recordó ayer al presidente Traoré el compromiso de celebrar elecciones el 28 de julio.


Siria: “Hay que actuar”

“Nosotros hemos aportado elementos de prueba que ahora obligan a la comunidad internacional a actuar”, declaró el presidente Hollande después de que el Gobierno francés haya comprobado –a partir de muestras aportadas por dos periodistas de Le Monde– que el régimen sirio ha utilizado armas químicas, en concreto gas sarín, contra las fuerzas rebeldes. Londres ha confirmado también por su parte que dispone de pruebas el respecto, pero Washington consideró que hay que profundizar los análisis... Más beligerante, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, dio por hecho que “se ha franqueado una línea” y que, en consecuencia, “todas las opciones están sobre la mesa”, incluida pues la militar. Sin embargo, París ha reafirmado que nunca actuará fuera del marco internacional.







La justicia da la razón a Trierweiler

Valérie Trierweiler ha ganado su primer asalto contra los autores de una polémica biografía sobre su persona –La Frondeuse (La revoltosa)–, a quienes había demandado por atentado a la vida privada y por difamación. Los jueces, de momento, se han pronunciado a favor de la primera dama francesa sobre el primer aspecto de su demanda –el segundo, se abordará posteriormente por problemas de procedimiento–, pero la indemnización que le han concedido, aunque elevada, está lejos de lo que reclamaba.

Los autores y la editorial de la biografía, los periodistas Christophe Jakubyszyn, redactor jefe de Política de TF1 y LCI, y Alix Bouilhaguet, reportera de France 2, han sido condenados por el Tribunal Correccional de París a pagar a la compañera sentimental del presidente francés, François Hollande, la suma total de 10.000 euros –intereses incluidos– por atentado a la vida privada. La cifra es notablemente inferior a la que ella había reclamado inicialmente: 85.000 euros. El mismo tribunal también ha condenado a la revista Point de Vue y a uno de los autores, Jakubyszyn, a pagarle 3.000 euros más por una entrevista publicada en este semanario. Trierweiler ha dicho que donará el dinero a obras de caridad.

El pasaje del libro que provocó la ira de la primera dama francesa –y su demanda– es el que le atribuye una antigua relación sentimental con el ex ministro Patrick Devedjian, actual diputado de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y otrora mano derecha de Nicolas Sarkozy. Según los autores de la biografía, ambos habrían mantenido una relacion adúltera –los dos estaban casados– a finales de los años noventa, antes de que Trierweiler iniciara su relación con François Hollande, a la sazón primer secretario del Partido Socialista (PS). En la época, Trierweiler cubría la información política para Paris Match.

Patrick Devedjian también presentó una demanda por difamación –y por la misma razón– contra los autores de La Frondeuse, pero el mismo Tribunal de Correccional París ha rechazado su demanda. Lo cual hace presumir que pasará lo mismo con la demanda por difamación presentada por Trierweiler, pendiente de decisión.


martes, 4 de junio de 2013

Mónaco hace saltar la banca

Campeón de Liga, cuartofinalista de la Champions, el nuevo París Saint-Germain (PSG), con los colores –y los petrodólares- de Qatar, parecía destinado a erigirse en el único rey y señor del gallinero en el fútbol francés. Pero eso era sin contar con la aparición de otro gallo. Apenas levantados de la postración, los parisinos se enfrentan ya a la dura competencia de otro resucitado, también a base de talonario: el AS Mónaco. Salvado de la segunda división y de la ruina por el multimillonario ruso Dimitri Rybolovlev, que lo adquirió por un euro simbólico en diciembre del 2011, el nuevo Mónaco ha empezado a gastar a espuertas y a reventar el mercado de fichajes.

El viernes, el club monegasco anunció el fichaje del delantero colombiano Radamel Falcao, procedente del Atlético de Madrid, por una cuantía no confesada pero que de ser la que circula en medios futbolísticos –entre 50 y 60 millones de euros- lo convertiría en el fichaje más caro de la historia del fútbol francés, superando al de Thiago Silva por el PSG el año pasado (49 millones). La cosa, sin embargo, no se ha acabado aquí.

Empujado por le voluminosa cartera de su propietario –Rybolovlev  es la 119ª fortuna mundial, según la revista Forbes, con 9.100 millones de dólares (7.000 millones de euros)-, el AS Mónaco ha gastado ya la bagatela de 120 millones de euros. En su cartera de adquisiciones están también James Rodríguez y Joao Moutinho (Porto), así como Ricardo Carvalho (Real Madrid). Y entre los jugadores que suscitan su interés aparece asimismo el guardameta azulgrana Víctor Valdés…

Al borde de la quiebra, el AS Mónaco y su hasta entonces principal accionista –la Société des Bains de Mer (SBM), participada por el Principado- ni siquiera osaban soñar con algo así en el otoño del 2011, cuando el club parecía haber llegado al fin del camino. La intervención salvadora de Dimitri Rybolovlev fue providencial. A través de la sociedad Monaco Sports Investment (MSI), que posee el 66% del capital, el antiguo presidente de la sociedad de potasas Uralkali garantiza la continuidad de la entidad. Residente en Mónaco, su pasado –en 1996 pasó casi un año en prisión acusado de encargar el asesinato del director de una empresa que luego pasó bajo su control- no parece preocuparle a casi nadie mientras el dinero fluya.

La mayoría de los clubes de fútbol franceses observan, en cambio, con creciente inquietud este baile de millones. Frente a las billeteras del qatarí Naser Al Jelaifi, presidente de Qatar Sports Investments (QSI) y del PSG, y del antiguo emperador ruso de las potasas, determinados a disputarse la Liga y la Champions, ¿qué opciones pueden quedarles al Olympique de Marsella o al Olympique Lyonnais, al Saint-Étienne o a los Girondins de Burdeos?

Desde cierto punto de vista, el desembarco de estrellas en la liga francesa y la rivalidad PSG-Mónaco seducen a todos los clubes, que ven en ello un medio de atraer espectadores y suscitar el interés de las televisiones. Pero las condiciones en que entra en la arena el AS Mónaco, un club radicado en un paraíso fiscal que goza de sustantivas ventajas, provoca no pocos resquemores. Cuando era un equipo modesto, esta situación no presentaba ningún problema, pero ahora es juzgada como un caso de “competencia desleal”. El AS Mónaco, por ejemplo, no paga impuestos por contratar a un jugador extranjero y las cargas sociales que sufraga son muchísimo menores que las que se pagan en Francia. En un contexto en que las empresas francesas pueden verse obligadas a soportar el famoso impuesto del 75% sobre los salarios superiores al millón de euros anuales, la comparación es odiosa.

La Liga Profesional de Fútbol (LFP) ha decidido, en consecuencia, declarar la guerra. El pasado 21 de marzo, su consejo de administración aprobó una reforma de los estatutos por la cual se obliga a todos los clubes participantes en la liga a instalar su sede social en Francia antes del 1 de junio del 2014, una medida pensada para el Mónaco, con el fin de que quede sometido a las mismas reglas fiscales que los demás. Frente a sus resistencia, el 3 de mayo hubo un intento de mediación de la Federación Francesa de Fútbol, que propuso al multimillonario ruso pagar 200 millones de euros como compensación en seis años, a cambio de retirar la reforma de los estatutos. Rybolovlev rechazó de plano y con cajas destempladas tal proposición, que consideró próxima a la extorsión. Y presentó un recurso ante el Consejo d Estado, que abordará la cuestión a finales de este mes. Mientras, las espadas siguen en alto.












sábado, 1 de junio de 2013

París bien vale una mujer

El próximo alcalde de París llevará nombre de mujer. Socialista o conservador –incluso centrista, aunque ello es harto improbable–, la victoria de un partido u otro no cambiará el resultado esencial. En un país donde las mujeres no votaron por primera vez hasta 1945 y donde los partidos políticos cumplen a duras penas con la obligación legal de la paridad –en la Asamblea Nacional hay 155 diputadas entre 577, el 27%–, el acceso de una mujer a la alcaldía de la capital francesa será un acontecimiento de un profundo calado político, pero también social. Lo será con toda seguridad, puesto que las principales contendientes en las elecciones municipales del 2014 en París serán mujeres.

El cambio será posible porque los dos principales partidos presentarán a una candidata femenina: Anne Hidalgo –ya formalmente desginada–, por el Partido Socialista (PS), y Nathalie Kosciusko-Morizet –clara favorita en las elecciones primarias internas–, por la Unión por un Movimiento Popular (UMP). Para completar el cartel, el centrista Movimiento Demócrata (MoDem) presentará por su parte a Marielle de Sarnez, mientras le ex ministra Rama Yade valora la posibilidad de presentarse por la formación competidora, la Unión de los Demócratas Independientes (UDI). Si se piensa que la ministra de Vivienda, la ecologista Cécile Duflot, podría todavía decidirse a presentarse por Europa Ecología-Los Verdes, se ve hasta qué punto la batalla electoral del año que viene será cosa de mujeres.

No será la primera vez que haya candidatas femeninas. La UMP ya presentó en el 2008 a una mujer, Françoise de Panafieu. Lo mismo que el MoDem con Marielle de Sarnez (que repetirá ahora). Pero nunca había habido semejante plantel. La hazaña lograda en el 2007 por Ségolène Royal, que perdió frente a Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales pero consiguió captar 17 millones de votos, sola y contra todos, no tiene poco que ver. Fue ella quien abrió la brecha por la que una mujer llegará ahora a la alcaldía de París.

En la batalla que acaba de comenzar, quien parte con –una ligera– ventaja para suceder al socialista Bertrand Delanoë en la alcaldía es su primera teniente de alcalde, la franco-española Anne Hidalgo. Nacida en San Fernando (Cádiz) hace cerca de 54 años, la candidata del PS juega la carta de la renovación de las personas y de la continuidad política. Concejal desde que los socialistas se hicieran con el gobierno municipal de la capital en el 2001, el apoyo del que Hidalgo goza entre la opinión ha hecho que sus iniciales adversarios dentro de su partido acabaran retirándose. En campaña desde hace seis meses, los últimos sondeos, sin embargo –como el realizado por BVA el pasado mes de marzo–, le otorgan sólo un punto de ventaja en la primera vuelta (34% a 33%) frente a la candidata de la derecha.

Lo cierto es que enfrente tiene a una candidata de peso. Nathalie Kosciusko-Morizet, parisina de 40 años a quien todo el mundo conoce por el acrónimo NKM, es una figura ascendente en la derecha, donde ha conseguido acreditar una imagen de independencia, a pesar de haber sido portavoz de la –desastrosa– campaña electoral de Nicolas Sarkozy el año pasado. Con una imagen aristrocrática y falsamente altiva, la que fuera ministra de Ecología integra el ala más moderna y moderada de la UMP. Comprometida con el medio ambiente y opuesta a la deriva hacia la extrema derecha protagonizada por algunos de sus compañeros de filas, NKM osó abstenerse en la votación del matrimonio homosexual, lo que le ha valido amenazas de boicot de los radicales. La derecha tiene ahora la oportunidad de recuperar la alcaldía perdida hace 12 años. A condición de que abandone su inclinación natural al navajeo interno.


La UMP tropieza con las primarias

Después de la catástrofe política que supuso para la UMP el fiasco de la elección de su presidente en noviembre del año pasado –todavía no resuelto, por cierto, puesto que Jean-François Copé ocupa el cargo de forma interina–, la derecha francesa ha vuelto a caer en la misma trampa. Las elecciones primarias internas para elegir al candidato a la alcaldía de París en el 2014, de las que a lo largo de este fin de semana se celebra la primera vuelta, debían redimir a la UMP de la mala imagen ofrecida a todo el país hace seis meses, con la constatación de graves irregularidades. Ya no será posible. Ayer mismo, primera jornada de votación –realizada exclusivamente por vía electrónica–, las acusaciones de fraude volvieron a emponzoñar el ambiente, sumiendo al partido en la vergüenza y el desconcierto. Uno de los cuatro candidatos en liza, Pierre-Yves Bournazel, denunció irregularidades y reclamó la suspensión inmediata de las votaciones. La dirección, en principio, rechazó tal posibilidad. Ninguno de los otros tres candidatos, Nathalie Kosciusko-Morizet –favorita indiscutible, apoyada por la dirección y la opinión pública–, Jean-François Legaret y Franck Margain, se sumó a tal petición. Los resultados se esperan la noche del lunes.