jueves, 16 de mayo de 2013

Francia también cae en la recesión


Francia ha vuelto a hincar la rodilla en el suelo. Después del tropezón del 2009, la economía francesa ha vuelto a caer en la recesión, al acumular dos trimestres consecutivos con una contracción del PIB del 0,2%. El presidente francés, François Hollande, admitió ayer en la reunión del Consejo de Ministros que la situación es “grave”, pero posteriormente y de puertas afuera –durante una conferencia de prensa conjunta en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso– hizo gala de su irredento optimismo, al dar una vez más por “pasado el momento más difícil”. No es la primera ni la segunda vez que lo dice. Y los franceses han dejado ya de creerle.

Hollande atribuyó la nueva caída de Francia en la recesión –“menos profunda que la del 2008-2009”, objetó no obstante– a la situación general de la zona euro, donde varios países están en la misma o peor situación, con el consiguiente retroceso de la demanda. El presidente francés recordó, de paso, que Alemania si bien ha crecido un 0,1% en el primer trimestre de este año, cayó un 0,7% en los últimos tres meses del 2012... E insistió de nuevo en la necesidad de aplicar sin más dilación el Pacto por el Crecimiento a nivel europeo y adelantar el programa de fomento del empleo juvenil, dotado con 6.000 millones de euros.

La contracción del 0,2% de la economía francesa en el primer trimestre del año no fue la única mala noticia que dio ayer el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos. El Insee, en efecto, empeoró los datos de 2012 sobre la evolución del poder adquisitivo –que bajó un 0,9% en lugar del 0,4% apuntado inicialmente– y del consumo de las familias, tradicional motor de la economía francesa. que cayó un 0,4% y no un 0,1%.

El Gobierno mantuvo oficialmente su previsión de crecimiento para este año en el 0,1%, aunque el propio Hollande admitió que el crecimiento probablemente será “nulo”. En cualquiera de los casos no se ve cómo en estas circunstancias el presidente francés podrá cumplir su compromiso de invertir la curva del paro –que ha sobrepasado ya el 10%– ni rebajar el déficit público –que cerró el año pasado en el 4,8%– al 2,9% anunciado.

La Comisión Europea, en todo caso, no lo cree y ya ha aceptado conceder a Francia un plazo suplementario de dos años –hasta el 2015– para situar el déficit por debajo del listón del 3%. La benevolencia de Bruselas, cada vez más consciente de que es necesario aflojar un poco la soga de la austeridad, tendrá sin embargo un precio. Barroso recordó ayer que la CE espera de Francia la adopción de reformas estructurales “creíbles”. El presidente de la Comisión subrayó la urgencia de adoptar medidas para recuperar la competitividad perdida, a lo que Hollande respondió con las reformas ya adoptadas hasta el momento –Pacto de Competitividad, reforma laboral, reforma bancaria– y algunas que vendrán –como la de las pensiones–, pero habrá que ver si Bruselas las considera suficientes. La sentencia caerá el 29 de mayo... 


miércoles, 15 de mayo de 2013

Los vándalos vuelven a atacar en París


La plaza Trocadéro de París, esa magnífica terraza sobre la torre Eiffel por la que circulan diariamente cientos de turistas –ignorantes en su mayoría de la razón de tal nombre, que conmemora la victoria de los Cien Mil Hijos de San Luis sobre los liberales españoles en 1823 a las puertas de Cádiz–, parecía ayer un campo después de la batalla. Motos y coches destrozados –alguno, incluso quemado–, vitrinas y escaparates quebrados, comercios saqueados, paradas de autobús, señales de tráfico y contenedores rotos, era el balance de los disturbios que se produjeron tras la fiesta para celebrar la tercera victoria en la Liga francesa de fútbol del Paris Saint-Germain (PSG)

Centenares de jóvenes –cerca de 3.000 según algunas fuentes–, algunos pertenecientes a los grupos de hinchas ultras del PSG y otros a bandas de gamberros venidos de la banlieue, provocaron violentos incidentes y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad al grito de “¡París es nuestro!” (Paris est à nous!). Los incidentes más graves se produjeron en la plaza Trocadéro, pero se extendieron también al pie de la torre Eiffel –donde el depósito de equipajes de un autocar de turistas fue desvalijado– y a los Campos Elíseos. Un total de 32 personas resultaron heridas y la policía detuvo a 42 alborotadores. Las autoridades suspendieron sobre la marcha el crucero que el equipo del PSG debía realizar por el Sena y la presentación del trofeo en la plaza del Ayuntamiento.

El dispositivo policial, integrado por 800 agentes entre policías de seguridad ciudadana y antidisturbios, quedó rápidamente desbordado, hasta el punto de que la plaza Trocadéro –que las fuerzas de seguridad abandonaron precipitadamente para acudir en socorro de los Campos Elíseo– quedó durante veinte inacabables minutos a merced de los vándalos.

La fiesta se convirtió en un fiasco y la operación de imagen internacional del nuevo PSG –atrapado por su pasado de violencia– quedó totalmente arruinada. Para desesperación de los nuevos propietarios del club, Qatar Sport Investments (QSI), las imágenes de París contrastaron radicalmente con las de la cívica fiesta azulgrana en Barcelona.

La polémica desencadenada por estos hechos, sin embargo, ha ido mucho más allá del ámbito del fútbol para entrar de lleno en el de la política. Ministro más popular del Gobierno, el titular de la cartera de Interior, Manuel Valls, ha chocado aquí con su primer gran fracaso y la oposición de derechas no ha tardado ni un segundo en aprovechar la ocasión de echársele encima.

El presidente interino de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean-François Copé pidió el cese del prefecto de Policía de París, Bernard Boucault –nombrado hace un año por el nuevo poder socialista–, pero el diputado de su partido Claude Goasguen, alcalde del distrito XVI de París –donde se encuentra la plaza Trocadéro–, fue más allá y reclamó la dimisión del ministro del Interior. La derecha ha pedido también una comisión de investigación en a Asamblea Nacional para analizar los sucesos.

Lo primero que ha sido puesto en cuestión es la elección del lugar para el festejo, una plaza pública en lugar del Parque de los Príncipes. Para algunos observadores, era dar una oportunidad de oro para que actuaran –y se vengaran– los alrededor de 300 hinchas radicales que tienen prohibido entrar en el estadio. Según Le Point, los responsables del grupo de violencia urbana de los servicios de información habían alertado del riesgo y aconsejado aplazar la celebración.

La oposición denuncia falta de previsión, así como la infradotación del dispositivo policial y fallos de coordinación a la hora de hacer frente al problema, tal como han apuntado los sindicatos policiales Alliance y Synergie.


“Descendientes de esclavos”

“Los vándalos son seguramente descendientes de esclavos, tienen excusa, (Christiane) Taubira les dará una compensación!”. El diputado de la UMP Jean-Sébastien Vialatte se lanzó anoche en Twiter con una controvertida afirmación, al vincular la propuesta de la ministra de Justicia de compensar económicamente a los descendientes de esclavos con la identidad de los gamberros. Vialatte borró su tuit y admitió su error.





La OCDE alerta de la desigualdad y la pobresa


La crisis ha acentuado –está acentuando– las desigualdades de renta entre ricos y pobres en los países más desarrollados del planeta, mientras aumentan los niveles de pobreza, sobre todo entre jóvenes y niños. Así lo constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en un informe hecho público hoy. Los datos comparan la evolución de la renta disponible entre el 2007 y el 2010, por lo que –subrayan los autores del estudio– se trata sólo del “principio” del problema. En la medida en que la crisis persiste –con algunos países en recesión– y que cada vez hay más parados que pierden la prestación de desempleo, la situación no puede sino empeorar.

“Las desigualdades de renta han crecido más en los tres primeros años de la crisis que en los 12 años anteriores”, remarca el informe de la OCDE, aunque esta progresión –añade– ha sido suavizada en la práctica por las políticas fiscales y las transferencias sociales. Con todo, una vez sumados estos factores correctores, el 10% de la población más rica en los 33 países de la OCDE ganó en el 2010 hasta 9,5 veces más que el 10% más pobre, cuando en el 2007 era 9 veces.

“Estos datos preocupantes subrayan la necesidad de proteger a los más vulnerables de la sociedad, especialmente cuando los gobiernos prosiguen la necesaria tarea de controlar el gasto público”, declaró el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría. Los recortes sociales –alerta el informe– “amenazan con profundizar la desigualdad y la pobreza en los próximos años”.

Los niveles de pobreza han aumentado ya a causa de la crisis. En el 2010, según el estudio, la pobreza –entendida como tal una renta inferior el 50% de la renta media disponible– afectaba ya al 11% de la población de la OCDE. Esta progresión ha sido particularmente acusada entre los niños (que ha pasado en tres años del 13% a 14%) y los jóvenes (del 12% al 14%), mientras que la incidencia de la pobreza entre la gente mayor –más protegida por los gobiernos– ha bajado del 15% al 12%.

España, donde la crisis ha sido particularmente grave y donde el paro alcanza unos niveles extremadamente elevados, aparece en el informe de la OCDE más bien mal colocada. España es, por ejemplo, uno de los países donde la renta global ha caído de forma más acusada (un 6%), donde las desigualdades han crecido más (2,5 puntos, frente a 1,3 de media) y donde la pobreza alcanza a más familias (un 15%), aunque por detrás en esta caso de Japón y Estados Unidos. Único consuelo, España aparece como uno de los países donde las transferencias fiscales y sociales son más altas.



martes, 14 de mayo de 2013

Diecinueve años para la tercera


París vivió ayer una jornada como no vivía desde hace diecinueve años, los mismos que el Paris Saint-Germain (PSG) ha tardado en conseguir su tercera victoria en la Liga de fútbol francesa. Sólo en otras dos ocasiones, en 1986 y 1994, había logrado hacerse con el título. Magro palmarés que explica el entusiasmo desbordante de los miles y miles de hinchas y seguidores parisinos que se concentraron ayer en la plaza de Trocadéro –con la torre Eiffel como telón de fondo– y en los puentes y las riberas del Sena, por donde el equipo azul y rojo paseó orgulloso su victoria. Algunos grupos de hinchas desbordaron a las fuerzas policiales, se encaramaron peligrosamente a andamios y provocaron incidentes. Los disturbios se saldaron con 30 heridos y una veintena de detenidos.

La resurrección del PSG, que hace tan sólo cinco años estuvo a un paso de descender a segunda división, tiene el color del dinero. De los petrodólares, para ser más exactos. El cambio de tendencia llegó en el 2011 con la entrada en el capital del club de Qatar Sport Investments (QSI), que se hizo con el 100% de la propiedad al año siguiente. En dos años, los qataríes han dado la vuelta a la tortilla y han devuelto al Paris Saint-Germain la ambición perdida.

Nada que ver con el trabajo paciente y perserverante del Barça con su cantera, el nuevo PSG, campeón de Liga y cuartofinalista en la Champions esta temporada, se ha construido a base de talonario y fichajes estelares: Thiago Silva, David Beckham y –sobre todo– el ex barcelonista Zlatan Ibrahimovic, quien con 27 goles en 32 partidos se ha convertido en el alma del equipo. “Esto es el comienzo de la nueva historia del PSG”, declaró a L’Équipe el presidente del club y de QSI, el qatarí Nasser Al Khelafi.

El director deportivo del club, Leonardo –quien la noche del doming mantuvo un altercado en los vestuarios con Ibrahimovic–, tuvo que ser hospitalizado ayer por un problema de tensión.

Para proseguir esta trayectoria, los dirigentes del PSG piensan ya en nuevos fichajes –el madridista Cristiano Ronaldo está en su punto de mira– y, sobre todo, en amarrar la continuidad de su entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, que mantiene la duda sobre su futuro en la capital francesa. Al Khelafi aseguró ayer haber pedido personalmente al director general del Real Madrid, José Ángel Sánchez, de respetar el contrato del entrenador, a quien le queda todavía una temporada más. Pero Ancelotti, molesto con la forma en que fue tratado por la dirección cuando el PSG pasó un bache en diciembre. acaricia la idea de marcharse.



lunes, 6 de mayo de 2013

Todo contra Hollande


François Hollande tiene todo y a todos en contra. O casi. Es una rara unanimidad. Los empresarios, los obreros, los católicos, los maestros, los sindicalistas, los conservadores, los progresistas... Todos están descontentos y lo expresan cada vez con más ruido, cada vez más en la calle, Un año después de su victoria electoral sobre Nicolas Sarkozy, el 6 de mayo del 2012, la sociedad francesa ha dado la espalda al presidente francés, que cuenta con muy escasos apoyos y ha conseguido suscitar el disgusto y la decepción en todos los frentes, así a su derecha como a su izquierda. Sólo uno de cada cuatro franceses tiene todavía confianza en él. Ningún otro presidente en toda la historia de la V República había sido tan impopular tan sólo doce meses después de haber sido elegido.

Hollande asegura saber adónde va, pero el país lo ignora, lo que no hace sino acrecentar la angustia y la incertidumbre. La hoja de ruta aparece borrosa y los resultados, hasta ahora, son decepcionantes. Al borde de la recesión y con un paro descontrolado, con una clase política lastrada por los casos de corrupción, Francia bulle de agitación, las posturas se radicalizan y los extremos –particularmente la ultraderecha– prosperan a caballo de un populismo desbocado. Si hoy se repitieran las elecciones presidenciales, Marine Le Pen tendría grandes posibilidades de tumbar al candidato socialista en la primera vuelta... Como en el 2002.

“Hollande es ampliamente minoritario en todas las franjas de edad, en todos los medios sociales y en todos los electorados salvo el socialista”, constata el director del Centro de investigaciones políticas de Sciences Po (Cevipof), Pascal Perrineau, para quien esta vertiginosa caída de popularidad no tiene parangón.

Algunos juicios son enormemente severos con Hollande, como el del economista Nicolas Baverez, quien considera que el presidente está totalmente sobrepasado por los acontecimientos y desconectado de la realidad. “Jamás debería haber accedido a la presidencia de la República sin la locura combinada de un psicópata del sexo. Dominique Strauss-Kahn, y de un egocéntrico paralizado por la negación de su impopularidad, Nicolas Sarkozy”, escribía recientemente en Le Point.

Otros –pocos– son más benevolentes. Así, Jean-Marie Colombani, que fuera director de Le Monde, en cuya opinión la política de Hollande mira a largo plazo y no puede arrojar resultados inmediatos. Sus dificultades actuales son, a su juicio, “consecuencia directa de su coraje político”.

Con 3,2 millones de desempleados absolutos (un 10,7% de la población activa), que se elevan a cinco millones si se cuentan quienes trabajan menos horas de lo que desearían, el paro ha roto en Francia su techo histórico. Y es aquí donde reside el principal problema del país. Y la principal pesadilla de Hollande. El presidente francés, confiado en unas previsiones económicas que se revelaron pronto extremadamente optimistas, había prometido la recuperación económica y una inversión de la curva del paro este mismo año. La realidad, sin embargo, ha sido mucho más cruel y nada indica que tales promesas puedan cumplirse no ya en el 2013, sino ni siquiera en el 2014. La economía francesa está casi sin pulso y mucho hará si consigue evitar caer en la recesión.

Ante semejante situación, las viejas recetas ya no sirven. Con una deuda que alcanzará este año el 93,6% del PIB y un déficit previsto del 3,7% –por encima del 3% comprometido–, el Estado francés no tiene los medios para llevar a cabo una política de relanzamiento ni intervenir en la economía como en el pasado. Ni siquiera para salvar los altos hornos de Florange, una de las promesas rotas de Hollande que más cara le ha costado en términos de imagen entre los trabajadores.

La política del presidente –tímida para unos, excesiva para otros– busca relanzar la actividad a base de estimular la producción privada dando facilidades a las empresas. Varias medidas aprobadas por su Gobierno –el Pacto de Competitividad, la reforma laboral– van en este sentido. Los empresarios le aplaudirían si ello no se hubiera visto acompañado por un notable aumento de los impuestos. Determinado a sanear las finanzas del Estado, Hollande ha ajustado hasta ahora las cuentas públicas a base de aumentar la presión fiscal, pero los recortes del gasto van a empezar a producirse a partir del 2014 en casi todos los ámbitos. Las ayudas a la familia y las pensiones están ya en el punto de mira.

Para la izquierda radical y comunista –e incluso para una parte del Partido Socialista– esta política choca frontalmente con lo que debería ser una política de izquierdas. Y la contestación ha empezado a convertirse ya en una oposición beligerante.

De poco le ha servido a Hollande el guiño hecho al electorado progresista con la aprobación del matrimonio homosexual, otra de sus compromisos electorales. La reforma no sólo no ha tenido ninguna incidencia en su popularidad, sino que ha provocado además una profunda división en el país y ha favorecido la emergencia de un gran movimiento de protesta al margen de los partidos cuyos efectos políticos futuros son todavía un misterio.


El seísmo Cahuzac

La República ejemplar proclamada por Hollande sufrió un golpe terrible con la confesión del exministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac, de que había defraudado al fisco al ocultar una cuenta bancaria en Suiza. El efecto negativo ha trascendido, sin embargo, a los socialistas y ha alcanzado a toda la clase política.




La decepción europea


"La ausencia de una iniciativa fuerte por parte de Francia nos apena y nos duele. Habíamos puesto muchas esperanzas en François Hollande...”. La constatación –casi un lamento– realizada por el presidente de la Autoridad griega de los Mercados Financieros, Kostas Botopoulos, al semanario Le Nouvel Observateur lo dice todo. La queja podrían suscribirla igualmente los españoles, los portugueses o los italianos...

La elección de Hollande como presidente de la República, hace un año, suscitó grandes esperanzas en la Europa del Sur, la más castigada por la férrea política de austeridad impuesta al alimón por la canciller alemana, Angela Merkel, y el anterior inquilino del Elíseo, Nicolas Sarkozy. El nuevo presidente prometió acabar con el imperio de Merkozy –lo que ha cumplido– y forzar un viraje en la política europea. Lo cual no se ha producido.

Merkozy era un monstruo con dos cabezas. La primera, la más evidente y antipática, era la del diktat franco-alemán: los dos padres fundadores de la Europa unida, las dos grandes potencias continentales, imponiendo a todos los demás lo que había que hacer, cómo y cúando. La segunda cabeza, menos visible, escondía en realidad una relación desequilibrada en la que Francia adoptaba el papel de socio subalterno. Como ha ilustrado con preclara ironía el periodista François Lenglet, de France 2, Nicolas Sarkozy asumía en la pareja la función de “director adjunto de la Europa del Norte”, si no la de “ director de comunicación de la canciller, con función de traductor”.

En doce meses, Hollande ha cortado la primera cabeza, pero no la segunda. Con el presidente socialista, Francia sigue adoptando el mismo papel subalterno, pero en peor. Porque su capacidad de influencia sobre Berlín ha disminuido considerablemente. La estrategia de la “tensión amistosa” puesta en práctica por Hollande acaso contente al ala izquierdista y vagamente euroescéptica de su partido, pero ha dejado a Angela Merkel como única dueña y señora del escenario.

El único y –como el tiempo ha demostrado– pírrico triunfo del presidente francés fue el alumbramiento del Pacto por el Crecimiento, que había puesto como condición para ratificar el tratado de disciplina presupuestaria pactado por Sarkozy. Celebrado por todo el mundo como un gran avance, lo cierto es que el acuerdo –ya bastante engañoso, por cuanto incluía programas comunitarios ya previstos– ha quedado en papel mojado. Sobre todo después del recorte presupuestario impuesto en la UE por alemanes y británicos, ante la impotencia de los franceses.

Hollande “hace un análisis muy pesimista de la relación de fuerza con Alemania, se bate enseguida en retirada”, constataba recientemente en Le Monde el eurodiputado franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, quien echa en falta en el presidente francés una actitud como la del primer ministro británico, David Cameron, pero en clave europeísta: “Si se atreviera, podría conseguir más cosas de Angela Merkel”, concluía.

El problema, para Francia pero sobre todo para Europa entera, es que si Hollande no se atreve a más es porque sabe que no es capaz de tomar la mano que le tiende Berlín. Para avanzar en la solidaridad europea que el presidente francés reclama, Alemania pone una condición fundamental: avanzar previamente, y de forma decidida en una construcción federal de Europa, con importantes cesiones de soberanía. Y a eso, Hollande –¡que se formó políticamente junto a Jacques Delors!– no se atreve a jugar.


Mali: éxiito militar, incertitud política

Entre las pocas acciones de Hollande rubricadas con el aplauso general está la intervención en Mali para acabar con la ofensiva de los grupos terroristas que amenazaban con tomar el poder y crear un nuevo Afganistán a las puertas de Europa. Pero el éxito militar no ha tenido continuidad, por ahora, en el terreno político, donde la situación está estancada.






jueves, 2 de mayo de 2013

Compromiso para salvar Europa


La Europa del Sur, en la que Francia parece cada vez más anclada, quiere arrancar un compromiso urgente a la Europa del Norte para salvar la casa común, cuya estabilidad está seriamente amenazada por la recesión económica y el paro de masas. Y con ella, el sueño europeo. París y Roma, hoy en la misma onda, están decididas a hacer valer el peso del eje transalpino –con el apoyo de Madrid– para tratar de convencer a Berlín de que es urgente una inflexión en la política de austeridad.

El presidente francés, François Hollande, y el primer ministro italiano, Enrico Letta, que mantuvieron ayer su primera reunión en el Elíseo, expresaron una total sintonía al respecto. Sin citarla personalmente, sin cuestionar su política de rigor presupuestario, con buenas palabras y tendiéndole la mano, pero con firmeza, ambos instaron a la canciller alemana, Angela Merkel, a buscar rápidamente de forma conjunta una salida para evitar una catástrofe económica y política. “No puede haber una Europa en que uno de sus miembros, o dos o tres, se salven y el resto se hunda”, advirtió Enrico Letta.

“Si los ciudadanos tienen la impresión de que Europa es una mala madre que les da la espalda, eso nos conducirá a un desastre democrático”, remarcó el primer ministro italiano, alertando del aumento de los movimientos populistas y antieuropeos, como demuestra lo sucedido en Italia. El presidente francés, que hace semanas señaló por su parte que Europa se encaminaba a una “explosión”, se sumó a las advertencias del mandatario italiano. “Lo que está en juego no es sólo la idea europea, sino también la estabilidad política en nuestros respectivos países”, afirmó Hollande, quien dijo que los europeos se enfrentan al dilema de “si Europa tendrá todavía un destino común o son los egoísmos nacionales los que prevalecerán”. “Por eso es necesario un compromiso. Tenemos la responsabilidad de ofrecer una perspectiva, de dar una esperanza”, añadió.

Hollande y Letta, sin cuestionar los principios –irrenunciables para a Alemania– del rigor presupuestario y la consolidación fiscal, abogaron por una cierta flexibilización en el ritmo de reduccion de los déficits públicos –“La trayectoria presupuestaria debe ser adaptada a la realidad del crecimiento”, dijo el presidente francés–, y aceptaron asimismo la necesidad de abordar las reformas necesarias para mejorar la competitividad, una cuestión fundamental para Berlín. Pero reclamaron que, “con la misma determinación” que se ha abordado el saneamiento de las cuentas públicas y la estabilidad del euro, se ponga en marcha una política para favorecer el crecimiento económico y el fomento del empleo, sobre todo juvenil.

Letta como Hollande insistieron en la necesidad de aplicar el Pacto por el Crecimiento suscrito el año pasado y de poner en marcha sin más dilación la acordada unión bancaria, que debería permitir relajar las tensiones alcistas que sufren algunos países en los intereses de su deuda y que el crédito llegue las empresas. “La unión bancaria hemos de hacerla sin perder tiempo”, dijo el primer ministro italiano. Ambos mandatarios se mostraron poco dispuestos a esperar el desenlace de las elecciones alemanas del próximo otoño y subrayaron que es urgente tomar medidas al respecto en el Consejo Europeo del próximo mes de junio.

Hollande aprovechó la conferencia de prensa para templar los ánimos entre París y Berlín, bastante alterados por la beligerancia demostrada por el Partido Socialista francés en un texto contrario a la política de austeridad. El presidente francés, que hizo retirar del texto las alusiones personales a Merkel, hizo una nueva profesión de fe en la pareja franco-alemana: “Francia y Alemania deben trabajar juntas, sean cuales sean las coyunturas, los dirigentes o las sensibilidades”.


Un francófono criado en Estrasburgo

François Hollande se puso ayer un auricular para escuchar las intervenciones de Enrico Letta en italiano durante la conferencia de prensa que ambos mandatarios ofrecieron en el Elíseo. Al primer ministro italiano no le hizo falta. Letta, que pasó una parte de su infancia en Estrasburgo, demostró un dominio perfecto de la lengua francesa, para satisfacción de la aurícula chauvinista que late en el corazón de los franceses. El presidente de la República no perdió la oportunidad de subrayarlo y de hacer un guiño al jefe del Gobierno italiano al traer al Elíseo a la que fuera su profesora, tiempo ha, en la capital alsaciana.


Le Pen promete a los franceses sacar al país de las “tinieblas de Europa”


La ultraderecha francesa ha encontrado en la férrea política de austeridad impuesta en Europa el mejor argumento para tratar de seducir políticamente a las víctimas de la crisis económica. Fiel a su línea política histórica, que hace de la Unión Europea y de Bruselas el epicentro de todos los males, la presidenta del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, aprovechó su tradicional discurso del Primero de Mayo en honor de Juana de Arco para lanzar una nueva soflama antieuropea. Le Pen se presentó como la “luz de la esperanza” para sacar a Francia de las “tinieblas europeas” en las que está “encerrada”.

“Francia se hunde en una política absurda de austeridad sin fin, porque se trata de salvar un sistema a cualquier precio, porque se trata de decir siempre sí a Bruselas, a Berlín naturalmente, en todas circunstancias a los magnates de las altas finanzas, a sus serviles lacayos del Banco Central (Europeo) de Frankfurt o de la Comisión Europea”, clamó ante varios miles de seguidores del FN concentrados frente al edificio de la Ópera de París. Decidida a hacer de Europa su campo de batalla, Le Pen reclama la celebración de un referéndum en Francia para salir de la UE.

La satanización de Europa –asociada a la exaltación del orgullo patrio– y la reiterada culpabilización de la inmigración extranjera y del islam como foco de desestabilización de la identidad nacional, encuentran cada vez más eco en las clases populares, castigadas por una crisis a la que no se le ve el final y un paro que ha superado la barrera histórica de 3,2 millones de personas.

El Frente Nacional está totalmente movilizado ya en la organización de la campaña de las elecciones europeas y municipales del 2014, en las que piensa dar la campanada. Los sondeos, ni que sea virtuales, que van apareciendo indican una clara tendencia al alza. Una encuesta realizada por el instituto CSA para el canal informativo BFMTV, y difundida el pasado lunes, apunta que si las últimas elecciones presidenciales se repitieran hoy, los ganadores de la primera vuelta serían Nicolas Sarkozy (que con un 34% de los votos saldría en cabeza) y Marine Le Pen (23%), que pasaría a la segunda vuelta y eliminaría a François Hollande (19%) como hizo su padre, Jean-Marie, en el 2002 con Lionel Jospin.

La líder del FN proclamó ayer la necesidad de que Francia cuente con un “verdadero jefe”, en lugar de “los Breznev que nos gobiernan”. ¿Pensaría en Stalin?