martes, 9 de abril de 2013

Ambiente envenenado en la política francesa


Un ambiente enrarecido, tóxico, venenoso, envuelve la política francesa desde que estalló el escándalo de la cuenta suiza del exministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac. Las revelaciones del caso, y particularmente la investigación abierta en torno al banco que organizó la evasión fiscal del hasta hace poco responsable de la Hacienda pública francesa –Reyl & Cie., en cuya cartera de clientes podrían figurar numerosas personalidades francesas–, ha disparado la paranoia entre la clase política y ha generalizado la sospecha entre la población: la mayoría de los franceses ve hoy corrupción por todas partes y –escandalizada por las mentiras de Cahuzac– no acredita valor alguno a la palabra de los políticos, ya sean de izquierda o de derecha.

Fruto de esta situación emponzoñada, el rotativo Libération –presionado por una nueva investigación en curso de Mediapart, el diario digital que reveló el caso Cahuzac– se hizo ayer eco de un rumor sin confirmar según el cual el ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, tendría también una cuenta en Suiza. El máximo responsable del Quai d’Orsay lo desmintió “formalmente” –algo que ha perdido muchos enteros después de los falsos desmentidos del exministro del Presupuesto– y anunció la presentación de una demanda contra el periódico. Libé se justificó alegando que sólo pretendía informar de que la investigación de Mediapart había sembrado el pánico durante el fin de semana en el Elíseo... Un argumento contestado en la propia redacción.

La inquietud en el Elíseo está plenamente justificada. Si en los próximos días o semanas aparece un nuevo caso Cahuzac, el daño puede ser irreparable. Si el implicado es un político de la oposición, añadirá más descrédito a la clase política en general, percibida como una casta. Si el implicado es un miembro del Gobierno, podría precipitar su caída y la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas. En ambos casos, como apuntan algunos observadores, puede acabar poniendo en cuestión el sistema político-institucional de la V República.

La caja de Pandora, en fase de apertura, se llama Reyl & Cie., una sociedad de gestión de activos con sede en Ginebra (Suiza) que en el 2010 adquirió el rango de banco. Fue a través de esta entidad financiera, fundada por el francés Dominique Reyl, que Jérôme Cahuzac trasladó la cuenta bancaria que tenía en el banco USB a Singapur, para evitar el control fiscal. A petición de la justicia francesa, la policía helvética registró el 22 de marzo la sede de Reyl & Cie, que gestiona activos financieros por valor de 6.000 millones de euros. Y aunque en principio el objeto sólo era la cuenta de Cahuzac, todo lo que puedan haber descubierto podría inclinar a los jueces a ampliar el ámbito de la investigación. Según el diario Le Monde, uno de los medios internacionales que ha participado en la investigación periodística Offshoreleaks, el banco tendría entre sus clientes a “decenas de VIP franceses, políticos de derecha como de izquierda, industriales y empresarios”.

La televisión suiza informó el pasado fin de semana de que, más allá de los 600.000 euros que Cahuzac ha admitido tener depositados en su cuenta, el exministro habría intentado sin éxito en el 2009 colocar una cantidad muy superior, de 15 millones de euros, lo que su abogado niega. La cifra, de ser cierta, hace pensar a algunos expertos en la implicación de otras personas... o acaso del Partido Socialista.

Para tratar de frenar el descrédito y recuperar su imagen y la de su Gobierno ante la opinión pública, el presidente François Hollande prepara medidas de choque en materia de lucha contra la corrupción, en línea con lo anunciado personalmente en su comparecencia televisiva para evocar el caso Cahuzac. Hollande se reunió el domingo en el Elíseo con el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, y diversos ministros para preparar un proyecto de ley de moralización de la vida política que será estudiado por el Consejo de Ministros de mañana mismo. El objetivo es aprobarlo el próximo día 24 y enviarlo inmediatamente al Parlamento.

De momento, de aquí al próximo lunes, Ayrault ha exigido a todos sus ministros que hagan público su patrimonio, en un gesto de transparencia que pretende apaciguar los ánimos. Sin esperar a la orden, ayer se adelantó la ministra delegada para los Minusválidos y la Exclusión, Marie-Arlette Carlotti, quien en su blog declaró un patrimonio por valor de cerca de 640.000 euros, incluyendo dos apartamentos, una casa, dos coches, acciones en Bolsa, seguros de vida y cuentas bancarias.



lunes, 8 de abril de 2013

El regionalismo fracasa en Alsacia


El regionalismo no tiene mucho predicamento en Francia. No lo tenía antes y no lo tiene ahora. Alsacia, una de las regiones francesas con mayor personalidad y con una lengua propia –el alsaciano, de raíz germánica–, renunció ayer a potenciar el poder regional y optó por mantener el actual statu quo, que tiene en los departamentos –equivalente francés de las provincias españolas– una pieza fundamental de la administración del Estado francés. Convocados en referéndum para decidir la fusión de los dos departamentos en que está dividida la región –el Alto y el Bajo Rhin– y el Consejo Regional en un único organismo político-administrativo, los alsacianos dijeron no.

Bastaba que los electores de uno de los dos departamentos rechazara el proyecto para tumbarlo. Y así sucedió: en el Alto Rhin, con capital en Colmar, el “no” ganó por un contundente 55%. En el Bajo Rhin, con capital en Estrasburgo, el sí ganó con el 67%. Pero no sirvió de nada. La participación fue mínima, del 30%.

Es la segunda vez que una región francesa de la metrópoli, con una marcada identidad y una lengua diferente, rechaza la potenciación del nivel regional: en julio del 2003, los ciudadanos corsos rechazaron en referéndum la fusión de los dos departamentos en que está dividida Córcega y el consejo regional, un proyecto impulsado por el entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy.

El fracaso del referéndum en Alsacia enfriará ahora a los promotores de proyectos similares en otras regiones francesas. Y supondrá un frenazo para la idea recurrente –apoyada por una parte de la derecha y sugerida ahora por la OCDE, para reducir gasto– de suprimir los departamentos y convertir la región en el polo de la administración territorial.

El proyecto de fusión en Alsacia fue presentado por sus promotores, con el presidente de la región –Philippe Richert (UMP)– a la cabeza, no tanto como un medio de reafirmar la identidad alsaciana sino como una forma de simplificar la administración y reducir –ni que sea modestamente, porque ningún funcionario será despedido– reducir costes. El plan de unificación ha sido respaldado por la derecha, los centristas y los ecologistas, mientras que los socialistas han oscilado entre el no y la abstención.

La campaña del no ha sido alimentada sobre todo por los extremos, por el Frente Nacional (FN) y por el Partido de la Izquierda (PG), y con parecidos argumentos. “Si este proyecto se aprueba, sería un precedente peligroso, sería el principio de la descomposición de la República”, advirtió Marine Le Pen, mientras Jean-Luc Mélenchon reivindicaba que “Francia es una e indivisible”. A la inversa, los regionalistas de Alsace d’abord! (¡Alsacia primero!) han propugnado el sí en nombre de la identidad alsaciana.

Con menos de dos millones de habitantes, Alsacia es la región más pequeña de Francia. Pero su importancia simbólica es muy superior. A orillas del Rhin, históricamente disputada por Francia y Alemania, Alsacia ha tenido una historia torturada y compleja. Territorio originalmente integrante del Sacro Imperio Romano-Germánico, pasó a depender del rey de Francia a finales del siglo XVII. El káiser Guillermo se la anexionó, junto con una parte de Lorena, en 1871 por el Tratado de Frankfurt, tras vencer a Napoleón III en la guerra franco-prusiana. Alsacia permaneció casi cincuenta años en manos alemanas y por ello ha conservado ciertas especificidades jurídicas (por ejemplo, la ley de laicidad de 1905 no se aplica y aún es válido el Concordato firmado con el Papa por Napoleón en 1801)

Francia la recuperó en 1919 con el Tratado de Versalles, tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. En 1940 Hitler la invadió de nuevo y la anexionó al III Reich. Unos 100.000 alsacianos, considerados alemanes por Berlín y conocidos en Francia como los malgré nous, fueron enrolados a la fuerza en la Wermacht y enviados a combatir al frente del Este.


domingo, 7 de abril de 2013

Saltimbanqui de la política


A algunos hombres, cuando llegan al ecuador de su vida, se les aparece lo que los franceses llaman el “Démon de midi” y se fugan con una jovencita. A Virginie Merle, de 50 años, activista católica más conocida por el nombre artístico de Frigide Barjot –irónica alusión a Brigitte Bardot–, hace cinco años se le apareció Dios. Y bajo su bandera ha levantado un masivo movimiento contra el proyecto del presidente François Hollande de legalizar el matrimonio homosexual. Mientras la Unión por un Movimiento Popular (UMP) vegeta, postrada por la resaca de las luchas internas entre los clanes de Jean-François Copé y François Fillon, Frigide Barjot se ha convertido en la auténtica líder de la oposición, capaz de sacar a la calle a cientos y cientos de miles de personas. “Cuando Dios está ahí, todo es posible. Esto es lo que está pasando en Francia”, dice sin pestañear.

Barjot habla con pasión, persuadida de estar llevando a cabo una misión casi divina. Vestida de rosa, el color del movimiento (“El rosa es un color alegre, común a las chicas y a los homosexuales”, argumenta), de su cuello cuelgan una cruz, una imagen de la Vírgen y un crismón. “Había llegado a la mitad de mi vida, lo tenía todo y no tenía nada. Sentía un vacío sideral, tenía necesidad de absoluto”, explica tras definirse como “católica convertida”. Hija de una familia burguesa de Lyon, bautizada como mandan los cánones y educada en un colegio de monjas, nunca abrazó la fe... hasta ahora. “Hace cinco años encontré a Dios”, dice.

Una nueva vida empezó entonces para Frigide –así la llaman hasta los obispos, no Virginie–, cuyo compromiso político ha sellado probablemente para siempre su vida anterior. Casada con el escritor y humorista Bruno Tellenne, alias Basile de Koch –con quien tiene dos hijos–, su carrera profesional discurrió por el terreno de la canción, del humor y de la parodia... Muy lejos de la que sus estudios en la selecta Sciences Po –donde tuvo a François Hollande como maestro de conferencias– podía hacer prever. Su salto a la televisión, a principios de los 2000, acabó bruscamente cuando en uno de los programas en los que participaba le pidieron que hiciera un sketch consistente en salir a la calle vestida de monja a vender sex-toys. “Me negué, alegando que era católica. ¡A una musulmana no le hubieran pedido salir con el hiyab a hacer lo mismo!”, objeta no sin razón.

Su rebelión contra el matrimonio homosexual, que considera una negación de la naturaleza humana, surgió de su rechazo a aceptar la concesión de la adopción plena a los homosexuales y al cambio de la filiación. “No somos homófobos –se defiende–, pero los niños nacen de un hombre y una mujer. La ley no puede dar lo que la naturaleza no da”.

El 27 de mayo del 2012, pocos días después de la elección de Hollande como presidente, creó el Colectivo por una Humanidad Duradera: “Todo empezó en un café, Le Thermidor, de resonancias revolucionarias, éramos sólo cuatro personas”, relata. Pero el carisma mediático de Frigide, que ella relativiza (“Yo sólo he hecho una cosa: he hablado cuando todo el mundo callaba”), logró levantar un tsunami. Seguramente nunca hubo un millón de manifestantes el 13 de enero, ni 1,4 millones el 24 de marzo, pero sí había cientos de miles. “Si el Senado aprueba la ley, el 26 de mayo seremos dos millones –dice en plan retador–, ¡vamos a acabar con el espíritu de Mayo del 68!”.

Antigua chiraquista, Barjot pretende estar por encima de las diferencias ideológicas (“No soy de derechas ni de izquierdas, soy de otra parte”, sostiene) y se desmarca de la política tradicional, de sus “pactos y cambalaches”. “Somos los saltimbanquis de la democracia francesa”, proclama.

¿Estará naciendo un nuevo Beppe Grillo? Es pronto para descartarlo. El movimiento que ha desencadenado, aglutinador de descontentos y desengañados, es demasiado fuerte, demasiado potente. Si la ley pasa, Frigide y los suyos se plantean intervenir en la campaña de las elecciones municipales del 2014. Y quién sabe si también en las presidenciales del 2017. ¿Hasta el punto de presentarse? “No... Salvo que nadie asuma en su programa la defensa de la dignidad humana”.


La tentación del escrache salta los Pirineos

El acoso a los parlamentarios –la táctica del escrache– ha saltado los Pirineos. Un grupo de unos 60 activistas contrarios al matrimonio homosexual se concentraron a las 6,15h de la mañana del jueves frente al edificio donde reside la senadora centrista Chantal Jouanno –exministra de Nicolas Sarkozy– para despertarla a gritos y reprocharle su anunciado voto a favor de la reforma. Indignada por esta nueva forma de protesta, inédita en Francia, Jouanno anunció la presentación de una denuncia. “Si nos plegamos ante las amenazas, ante la fuerza, es el fracaso de la democracia”, advirtió. Algunos grupos, como los integristas católicos de Civitas, han empezado a radicalizar sus acciones.





sábado, 6 de abril de 2013

La izquierda radical se revuelve contra Hollande


Llevaba semanas, meses incluso, esperando el momento oportuno para romper la ficción de la alianza de las izquierdas, en la que nunca se sintió a gusto, y lanzarse frontalmente contra el Gobierno francés y contra el presidente de la República, François Hollande, a quienes reprocha haberse plegado a las exigencias de los poderes financieros. El líder del Partido de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, caracterizado por un discurso radical-populista, lo ha encontrado con el escándalo de la cuenta suiza del exministro del Presupuesto, el socialista Jérôme Cahuzac, que ha colocado al Ejecutivo al pie de los caballos.

Para Mélenchon, que días atrás llamó “cabrón” al ministro de Economía, Pierre Moscovici, por el trato dado a Chipre por la Unión Europea –para incomodidad de su aliado, el Partido Comunista (PCF)– y que hace cuatro meses acusó a Hollande de estar “tan ciego como Luis XVI” –el rey que acabó en la guillotina–, el fraude fiscal cometido por el ministro Cahuzac es la gota que colma el vaso de la paciencia.

Enmendando la plana al presidente francés, el líder del Partido de Izquierda afirmó que el caso Cahuzac no es la falta de una persona, sino la expresión de la “podedumbre intrínseca del sistema”. En consecuencia, ayer convocó una manifestación popular para el 5 de mayo con el fin de reclamar un cambio de régimen y el advenimiento de una VI República. “Hace falta dar un escobazo para purificar esta atmósfera política absolutamente insoportable”, dijo Mélenchon, que sigue decidido a disputar a la extrema derecha el electorado popular castigado por la crisis económica y asqueado de la política. Los franceses no parecen confiar mucho en sus posibilidades, pues el 70% cree –según un sondeo de BVA– que la crisis política actual beneficiará al Frente Nacional.

Mientras tanto, la posibilidad de que Jérôme Cahuzac pueda regresar como diputado a la Asamblea Nacional –a lo que legalmente tiene derecho y que se producirá automáticamente si no presenta una carta de dimisión antes del día 19– tenía ayer muy alterados a los parlamentarios, especialmente a los socialistas. El presidente de la cámara baja, Claude Bartolone (PS), habló ayer por teléfono con el exministro para tratar de disuadirle. La víspera, el primer ministro, Jean-Marc Ayrault le pidió que renunciara a la pensión que le corresponde como ex miembro del Gobierno. El PS ya le ha expulsado y ayer decidió hacerlo a su vez la gran logia masónica del Gran Oriente, a la que Cahuzac pertenecía.



viernes, 5 de abril de 2013

El Gobierno francés se tambalea


La onda expansiva provocada por el caso Cahuzac ha dañado gravemente, acaso de forma irreparable, la estabilidad del Gobierno francés, que once meses después de su constitución puede tener las semanas contadas. La oposición, pero también numerosos miembros de la mayoría gubernamental, presionan a François Hollande para que responda a la crisis política abierta con el escándalo de la cuenta suiza del exministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac, con una remodelación en profundidad del Ejecutivo y un giro en la orientación política.

El presidente francés, poco dado a las maniobras bruscas, prefiere diferir los cambios, tanto más cuanto que es la derecha quien –por boca del presidente de la UMP, Jean-François Copé– los pide a voz en grito. “No es el Gobierno quien está en cuestión, sino un hombre. No hay ninguna decisión que tomar sobre el Gobierno”, afirmó ayer Hollande en Rabat, donde finalizó una visita oficial de dos días a Marruecos. Pero la gravedad de la crisis es tal que no podrá no hacer nada.

La intervención por televisión del presidente el miércoles prometiendo la adopción de nuevas medidas contra la corrupción –la mayoría de las cuales ya estaban sobre la mesa– no han bastado para restablecer la confianza.

El escándalo de la cuenta bancaria abierta en Suiza y no declarada por Jérôme Cahuzac –que acabó confesando tras negarlo de forma pertinaz durante cuatro meses–, ha caído a plomo sobre el presidente francés, además de esparcir el descrédito sobre la clase política francesa. La desafección de los ciudadanos hacia Hollande –apenas un 27% o un 29%, según diversos sondeos, confía todavía en él– ha llegado a un nivel nunca visto en tan poco tiempo en la historia de la V República. Todo el plan de comunicación diseñado por el Elíseo para tratar de recuperar el favor de la opinión –y que culminó con la entrevista televisiva del presidente de hace justo una semana– ha quedado totalmente destrozado.

El hecho de que Cahuzac, que no dimitió hasta el pasado 19 de marzo, haya podido engañar impunemente durante tanto tiempo al presidente de la República y al primer ministro, Jean-Marc Ayrault, ha causado estupefacción, cuando no incredulidad. Los mejor pensados hablan de impericia, los más desconfiados sospechan que el Gobierno sabía pero trató de tapar el asunto.

En un caso como en el otro, quien se encuentra en una situación más delicada es el superior jerárquico de Cahuzac, el ministro de Economía, Pierre Moscovici. Si Hollande se viera forzado a prescindir de él en una eventual remodelación gubernamental, implicaría –si se le suma el cese forzoso de Cahuzac– lisa y llanamente el desmantelamiento del equipo económico del Gobierno.

El problema para Hollande es que no es únicamente la UMP quien le exige un cambio de Gobierno. Los propios socialistas y sus aliados –la mayoría, bajo anonimato, pero unos pocos públicamente– le empujan para que tome una decisión audaz que transmita a la opinion pública que recupera la iniciativa política. El presidente del grupo parlamentario socialista en la Asamblea Nacional, Bruno Le Roux, sugirió ayer la necesidad de hacer cambios en el Gobierno para formar un un equipo más reducido e integrado. Por su parte, la líder de Los Verdes y ministra de Vivienda, Cécile Duflot, juzgó necesario tomar una decisión “fuerte”, en la forma como en el fondo”.

El primer problema que se plantea es el futuro del primer ministro. Discutido dentro y fuera, cuestionado en su autoridad, Jean-Marc Ayrault podría ser el principal candidato a saltar –para eso el jefe de Matignon es el principal fusible político de la V República– si no fuera porque no lleva ni un año en el cargo. El segundo problema es identificar a las personalidades, del PS o de fuera, que podrían sumarse al Ejecutivo. En el partido no menudean las grandes figuras, con peso político e impacto mediático. Martine Aubry y Ségolène Royal lo tienen, pero por razones diferentes no serían interlocutores fáciles para el presidente francés. Hay quien habla también del alcalde de París, Bertrand Delanoë.

Más allá de las personas, algunos socialistas creen necesario dar un golpe de timón a la izquierda y suavizar los planes de reducción del déficit, aún a costa de enfrentarse con Angela Merkel.


El tesorero del presidente, en las Islas Caimán

Nunca hay un buen momento para determinadas revelaciones, pero en este caso a François Hollande no podía caerle peor. En medio del escándalo Cahuzac, el diario vespertino Le Monde reveló ayer que el hombre de negocios Jean-Jacques Augier, viejo amigo del presidente francés y tesorero de su campaña en las elecciones presidenciales del 2012, es accionista de dos sociedades offshore (extraterritoriales) en el paraíso fiscal de las Islas Caimán. La revelación forma parte de un vasto trabajo de investigación periodística sobre los paraísos fiscales –Offshoreleaks– llevada a cabo por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, con base en Washington, en colaboración con 36 medios de comunicación de todo el mundo, que han analizado 2,5 millones de documentos.

Entre los datos obtenidos sobre personalidades francesas, que Le Monde promete ir desvelando en los próximos días, acaso el políticamente más destacado es el que atañe a Jean-Jacques Augier, un amigo de Hollande de la época de la ENA, donde ambos integraron la promoción Voltaire. Augier, que fue inspector de finanzas antes de dedicarse a los negocios –es editor de los semanarios Books y Têtu–, reconoció ser accionista de dos sociedades a través de su holding financiero Eurane, y justificó su creación por una petición de sus socios en China. Pero negó haber hecho nada ilegal ni haber obtenido ningún beneficio de tipo fiscal, a la vez que aseguró no disponer de ninguna cuenta bancaria personal fuera de Francia. Y añadió que el presidente francés no tiene nada que ver.

François Hollande aseguró desde Rabat (Marruecos) ignorar por completo las actividades privadas de su amigo y añadió que si de su actividad en el paraíso fiscal de las Islas Caimán se deduce una infracción, las autoridades fiscales actuarán en consecuencia. El presidente añadió que las cuentas de su campaña electoral fueron avaladas por el Consejo Constitucional, que no encontró ninguna irregularidad.


Registro por el caso de los sondeos de Sarkozy

La policía registró ayer el domicilio y un despacho de Patrick Buisson, ex colaborador de Nicolas Sarkozy en el Elíseo, en el marco del llamado caso de los sondeos. La justicia investiga si hubo favoritismo en la adjudicación de las numerosas encuestas encargadas entre el 2007 y el 2012 por la Presidencia, por un montante de 9,3 millones de euros.





jueves, 4 de abril de 2013

Desestabilizado, Hollande promete mano dura contra la corrupción


El rostro grave, la palabra solemne, el presidente francés, François Hollande, se dirigió ayer a los ciudadanos en una alocución televisiva grabada para deplorar el escándalo de la cuenta bancaria en Suiza del exministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac –un “ultraje a la República”, lo calificó–, y prometer una batería de medidas contra la corrupción.

Políticamente desestabilizado por la inesperada confesión pública del exministro, el jefe del Estado y el Gobierno en pleno se han apresurado a presentarse públicamente como víctimas de un engaño, de una traición imperdonable. Pero la oposición plantea serias dudas sobre el papel del ministro de Economía, Pierre Moscovici –de quien algunos diputados pedían ayer la dimisión–, y hasta del propio Elíseo, a quienes acusan veladamente de haberse inhibido en este asunto o, peor aún, de haber tratado de taparlo.

“Jérôme Cahuzac no se ha beneficiado de ninguna otra protección que la de la presunción de inocencia y abandonó el Gobierno, a mi demanda, desde que se abrió la información judicial”, declaró François Hollande, en alusión al cese del minisro el pasado 19 de marzo. El primer ministro, Jean-Marc Ayrault, insistió en el Parlamento en que, simplemente, creyeron “en su palabra”.

Pero a juicio de la UMP y de diversos medios –entre ellos Mediapart, que destapó el caso– subsisten serias dudas al respecto. Moscovici, el ministro de tutela de Cahuzac, es el principal señalado, por no haber actuado con el celo y la celeridad que requerían la gravedad de las acusaciones contra el ministro del Presupuesto. Tener una cuenta bancaria no declarada en el extranjero no sólo es un delito grave en sí mismo, sino que es absolutamente intolerable cuando quien lo tiene es nada menos que el ministro de Hacienda, encargado de luchar contra el fraude fiscal. El titular de Economía se defendió ayer asegurando que nunca tuvo la intención de exculpar a su subordinado y que su departamento siempre ha cooperado con la justicia...

Lo cierto, en todo caso, es que desde que el caso fue difundido por el diario digital de investigación Mediapart el pasado mes de diciembre, el Gobierno no tomó ninguna decisión hasta que la fiscalía decidió, en marzo, abrir una información judicial y pedir la designación de un juez de instrucción. El abogado y ex alcalde del RPR Michel Gonelle, que disponía de la grabación que constituía la principal prueba inicial contra Cahuzac, aseguró ayer que puso todos los hechos en conocimiento de los servicios del Elíseo el 15 de diciembre. Y el semanario Le Point asegura, en una información que aparece hoy, que el Elíseo disponía ya ese mismo mes de una nota informativa interna sobre este asunto...

Hollande, retomando una divisa utilizada en su tiempo por Nicolas Sarkozy –la “República irreprochable”–, prometió ayer nuevas iniciativas legislativas en tres ámbitos: el reforzamiento de la independencia de la justicia y la capacidad de investigación de los jueces; la lucha contra el conflicto entre los intereses públicos y privados, con un mayor control sobre el patrimonio de los miembros del Gobierno y el Parlamento –el presidente prometió una “lucha sin piedad” en este terreno–, y un endurecimiento de las penas para todos los cargos electos por corrupción o fraude fiscal, a quienes se prohibirá todo mandato público en el futuro.
Jérôme Cahuzac, que ha reconocido disponer de 600.000 euros en una cuenta abierta hace veinte años en Suiza –algo confirmado ayer por la fiscalía helvética–, ha sido inculpado por blanqueamiento de fraude fiscal, que podría acarrearle una pena de cinco años de cárcel. A la espera de un previsible juicio, el Partido Socialista le dio ayer de baja y el presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolone, le pidió su renuncia como diputado.


El equívoco papel de Marine Le Pen

La líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, cargó ayer con gran dureza contra el Gobierno francés por el escándalo Cahuzac y llegó a pedir la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Su papel de martillo de corruptos, sin embargo, se vio velado por la revelación, por el diario Le Monde, de que la cuenta bancaria abierta por Cahuzac en 1992 en el banco suizo UBS lo fue a través del ex abogado Philippe Péninque, quien resulta ser uno de los consejeros oficiosos de Marine Le Pen. Péninque dice haber informado de la cuenta a la líder del FN.






miércoles, 3 de abril de 2013

Antieuropeísmo sin fronteras


Todos a una contra Europa. Punta de lanza del antieuropeísmo en Francia, el Frente Nacional (FN) ha decidido por una vez abrazar la Europa sin fronteras para atacar directamente al corazón de la construcción europea. En un gesto inédito, la presidenta del FN. Marine Le Pen, lanzó ayer un llamamiento a todos los pueblos europeos a forzar la celebració simultánea, en el 2014, de referéndums nacionales para liquidar la Unión Europea. En nombre de la libertad y la democracia, Le Pen opuso la legitimidad de las soberanías nacionales a la Europa “totalitaria”, los pueblos a la “oligarquía” de Bruselas.

El Frente Nacional no tiene ninguna posibilidad de forzar la celebración –ni en Francia ni en la mayor parte de los países de la UE– de las consultas populares que propugna, pero su iniciativa pretende alimentar y reforzar el sentimiento antieuropeo que las políticas de austeridad están fomentando en todo el continente.
A juicio de Marine le Pen, el triunfo en Italia de las fuerzas antieuropeístas –de Beppe Grillo al reconvertido Silvio Berlusoni– y el nacimiento en Alemania de un partido euroescéptico –Alternativa para Alemania– son signos de un movimiento subterráneo, “como el de las placas tectónicas”, que acabará por provocar un seísmo político. Aunque menos evidente, Le Pen apuntó que también en España “algunas personalidades” están reflexionando para crear una fuerza antieuropea.

El FN, que en las próximas semanas multiplicará sus contactos internacionales con este fin, pretende actuar como federador o catalizador de este magma, que podría estallar en una erupción en las elecciones europeas previstas el verano del año que viene.

Ironía o provocación, Marine Le Pen aprovechó su condición de eurodiputada para hacer su proclama en la sede de las instituciones europeas en París. Minutos antes, una de sus colaboradoras retiró y arrinconó la bandera europea presente en la sala. Toda una declaración de intenciones.

Con un lenguaje apocalíptico, la líder del FN acusó a la UE de haber sumido a los pueblos europeos en las “tinieblas”, de haber convertido el sueño europeo en “un monstruo frío, hinchado de orgullo y de desprecio por las democracias y las soberanías”, dispuesto a “sacrificar a los pueblos” en nombre de los “dogmas”. Le Pen juzgó que las “terribles políticas de hiper-austeridad” impuestas por Bruselas –de Berlín, nada dijo– son una nueva “forma de esclavitud” y dibujó un panorama catastrófico: “Nos vendieron la paz, y muchos creyeron en el proyecto europeo porque ponía fin a la guerra entre los pueblos de Europa (...) Pero es ahora hacia el odio, hacia la guerra, adonde nos conduce la Unión Europea, al atizar las tensiones, el resentimiento y los rencores entre las naciones”.

El discurso de la ultraderecha francesa sobre Europa –que tiene su eco en la extrema izquierda populista liderada por Jean-Luc Mélenchon– puede prender fácilmente en la sociedad francesa, que ya en el 2005 demostró con su “no” en el referéndum de la Constitución europea su aversión a la Europa diseñada en Bruselas. Un reciente sondeo del instituto BVA, publicado el pasado mes de febrero, constataba que el 75% de los franceses considera a la UE ineficaz y por primera vez quienes piensan que la Unión es un motivo de temor (37%) casi equipara a quienes la ven como un motivo de esperanza (38%)

Los analistas atribuyen a la crisis económica –agravada por la rígida política de austeridad impuesta de forma inflexible a toda Europa contra la opinión de todos los organismos internacionales, del FMI a la OCDE– y al descrédito de la clase política y las instituciones, el aumento de las fuerzas populistas, nacionalistas y antieuropeas en todo el continente, donde el proceso de radicalización general recuerda, según algunos observadores, a la situación de los años treinta.

Para el politólogo Alain Duhamel, Europa es la única solución. Pero la UE “reacciona con una espectacular y terrorífica torpeza, siempre demasiado tarde, cada vez peor. La absurdidad de su gobernanza, la inadaptación trágica de su toma de decisiones, su déficit mortal de democracia, la excepcional mediocridad de sus dirigentes le enajenan los pueblos”. A juicio de Dominique Reynié, director de Fondapol, el populismo prospera en todos los países y las elecciones europeas del 2014 pueden catalizar una “ola protestataria” caracterizada por “el rechazo de las élites, del sistema, de lo extranjero y de Europa”.


Un ex ministro confiesa tener una cuenta secreta

Si el populismo se nutre del desprestigio de la clase política, el hasta hace poco ministro francés del Presupuesto, el socialista Jérôme Cahuzac, le ha dado más carnaza. Forzado a dimitir el pasado 19 de marzo tras ser objeto de una investigación judicial, Cahuzac confesó ayer públicamente tener una cuenta bancaria en el extranjero –en Suiza, luego transferida a Singapur– desde hace una veintena de años, algo que –frente a las revelaciones del diario digital Mediapart– había negado categóricamente una y otra vez. Tras declarar ayer voluntariamente ante los jueces que instruyen la causa, fue imputado por blanqueamiento de fraude fiscal. A través de su blog, el ex ministro –cuya fortuna procede de su etapa como cirujano especializado en implantes capilares– admitió tener 600.000 euros en una cuenta bancaria que, según él, no habría sido alimentada desde hace 12 años, esto es. desde que entró en política. Cahuzac pidió perdón al presidente francés, François Hollane, al primer ministro, al Gobierno, al Parlamento y a todos los franceses. “Estoy devastado por los remordimientos”, aseguró. El Elíseo calificó sus mentiras de “imperdonable falta moral”.