jueves, 21 de febrero de 2013

Juan Carlos I, frente al espejo francés


Proyectada desde una cierta distancia, la luz ilumina los objetos con menos crudeza y contraste, con más matices, que cuando el foco está demasiado encima. Reflejada en el espejo francés, la figura de Juan Carlos I, rey de España, adquiere también una dimensión diferente, más cerca de la Historia y más lejos de la coyuntura política. Fue con esta perspectiva que 3,7 millones de franceses, el 14,1% de la audiencia, se acercaron anteanoche a través de sus televisores a la personalidad de Juan Carlos I, ese descendiente de Luis XIV, el despótico Rey Sol, convertido en heraldo de la democracia. Sólo el carismático Doctor House, con 6,8 millones de telespectadores, se puso a esa hora –la de máxima audiencia en la franja nocturna– por delante.

El programa dedicado a Don Juan Carlos –con motivo de su 75º aniversario– constituyó la última entrega de la serie documental "Secrets d’Histoire", que conduce Stéphane Bern en el principal canal público, France 2. La emisión, inaugurada en el año 2007, pretende arrojar nueva luz sobre personajes históricos de Francia y de Europa. Dos españolas habían retenido hasta ahora la atención del programa –la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III (2010), y la reina Isabel la Católica (2012)–, además de Cristóbal Colón (2008)

El tono general del programa y la personalidad de Stéphane Bern, un periodista que nunca ha ocultado sus inclinaciones promonarquicás –llegó a militar en la Nouvelle Action Royaliste (NAR)– y que se ha especializado como comentarista de las bodas reales y principescas, garantizaban de antemano una aproximación amable y benevolente a la figura del Rey. Como así fue.

El título de la emisión, “Juan Carlos, el rey de los españoles”, era ya una especie de declaración de principios. El programa insistió mucho en la especial relación que el Monarca consiguió establecer, a lo largo de su reinado, con los españoles, y que actualmente se ha visto debilitada por la sucesión de escándalos que ha afectado a la Casa del Rey. Stéphane Bern no eludió los episodios más conflictivos de la historia reciente –la caza de elefantes en Botswana, la imputación del yerno del Rey, Iñaki Urdangarín–, pero tampoco se regodeó en ellos. Por el contrario, tras calificar el año 2012 de “annus horribilis” para Don Juan Carlos, el periodista acabó el programa haciendo votos por que el Rey consiga “restablecer su vínculo histórico con el pueblo español”.

Durante cerca de dos horas, el documental repasó la trayectoria humana y política del Monarca español, de quien se destacó su “personalidad asombrosa y atrayente”, y a quien presentó en todo momento como el “símbolo incontestable” de la nueva democracia española, que contribuyó a reinstaurar tras la muerte de Franco y que defendió frente a la intentona golpista del 23-F.

El documental, que incluyó imágenes poco vistas del Palacio Real y del Palacio de Aranjuez, contó con los testimonios del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, y del embajador de España en París, Carlos Bastarreche; y de amigos del Rey, como Josep Cusí y Jaime Carvajal, entre otros.

La figura del Príncipe Felipe –“Como hijo y hombre es una bendición del cielo; tenemos al príncipe de Asturias mejor preparado de la historia, estoy muy orgulloso”, dijo de él su padre– emergió al final del programa como el garante de la continuidad de la monarquía en España.


Fuerzas especiales en Camerún


Miembros de las fuerzas especiales, procedentes de Chad, y un equipo de gendarmes han sido enviados por Francia al norte de Camerún para investigar el secuestro de una familia francesa y tratar de encontrar a los siete rehenes –cuatro niños, de entre cinco y doce años, y tres adultos–, capturados presuntamente por un grupo terrorista islamista el martes por la mañana en las cercanías del parque nacional de Waza. El ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, precisó que la misión de este contingente no es rescatar a los secuestrados. Al menos, no en principio. Una acción de este tipo sería enormemente arriesgada –las últimas han acabado mal– y, habiendo niños, un desenlace trágico sería muy difícilmente encajado.

La presencia de miembros de las fuerzas especiales francesas en Camerún no fue confirmada por París, que habló de “militares”, pero sí por el gobernador de la región camerunesa del Extremo Norte, Augustin Fonka Awa. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, aseguró en el Parlamento que el Gobierno hará todo lo posible para obtener la liberación de los rehenes, aunque añadió que “Francia no cederá frente a los grupos terroristas”. La nueva doctrina del presidente François Hollande rompe con la política anterior, que detrás de un discurso de firmeza ocultaba el pago habitual de un rescate.

Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado el secuestro de los siete franceses. Pero todas las sospechas recaen en la secta islamista radical Boko Haram, cuyo feudo se encuentra en la región nigeriana de Maidaguri, ciudad a tan sólo 150 kilómetros del lugar donde se produjo el secuestro. El vehículo de la familia francesa fue interceptado por los secuestradores a sólo dos centenares de metros de la frontera con Nigeria, país adonde se sospecha que han sido conducidos. Las autoridades de este país han señalado que este extremo no ha podido todavía ser verificado. Según testigos presenciales citados por la televisión camerunesa, los cuatro niños fueron separados de sus padres y del tercer adulto por los secuestradores en el momento en que se los llevaron.

El Quai d’Orsay llamó a los franceses a evitar viajar al extremo norte de Camerún, una zona que hasta ahora pasaba por no ser muy peligrosa, y en las cercanías de la frontera con Nigeria. A quienes se encuentren allí, les invitó a “abandonar imperativamente la zona”. En Camerún viven más de 6.000 franceses.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Los islamistas, ahora a por los niños


Los niños, hasta ahora relativamente respetados, se han convertido en un objetivo de primera clase en la siniestra guerra de los grupos terroristas islamistas. Siete franceses, seis de los cuales pertenecientes a una misma familia –entre ellos cuatro niños de 12, 10, 8 y 5 años, algo inédito hasta ahora–, fueron secuestrados ayer en Camerún por un grupo islamista nigeriano, en lo que constituye una evidente acción de intimidación contra Francia por su intervención militar en Mali. La presencia de niños en el grupo va a poner seriamente a prueba la nueva política antiterrorista decidida por el presidente François Hollande, determinado a no negociar ni pactar ningún rescate.

Uno de los adultos secuestrados es un cuadro directivo de la empresa francesa Gaz de France-Suez (GDF), residente en la capital camerunesa, Yaundé. Pero los secuestradores, ya actuaran por cuenta propia o por encargo, sólo vieron en ellos a turistas. La familia, una pareja con cuatro hijos, acompañada por un amigo, fue capturada en el extremo norte de Camerún, adonde se habían desplazado en su propio vehículo para visitar el parque nacional de Waza, el más famoso del país, en cuyas 170.000 áridas hectáreas pueden admirarse leones, hienas, elefantes, jirafas, antílopes y gacelas. El secuestro se produjo en las cercanías de la ciudad de Dadanga, junto a la frontera con Nigeria, país adonde los rehenes podrían haber sido trasladados. Según varios testigos, fueron atacados por entre cinco y seis personas que se desplazaban en moto.

El Gobierno francés, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, expresó su sospecha de que el secuestro haya sido obra del grupo nigeriano Boko Haram, una secta islamista –que mezcla las enseñanzas del islam con las tradiciones africanas– que tiene vínculos con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), en cuyas bases en Mali habrían recibido entrenamiento unos 200 de sus activistas. Boko Haram no había llevado a cabo hasta ahora secuestros, a diferencia de otro grupo islamista nigeriano, Ansaru, que el pasado fin de semana secuestró a siete trabajadores de varias nacionalidades –ninguno de ellos, francés– de una empresa de construcción libanesa. Este grupo retiene asimismo a un ciudadano francés, el ingeniero Francis Collomp, desde diciembre del año pasado.

En la zona actúan también bandas de delicuentes, de tipo mafioso, que se dedican a secuestros, pero hasta ahora no habían atacado nunca a los occidentales y no parece ser una hipótesis tenida en cuenta.
El presidente francés, François Hollande, llamó ayer a los ciudadanos franceses presentes en África Occidental a extremar las precauciones y recordó que la zona fronteriza con Nigeria es “peligrosa”. Sin embargo, hasta ahora ningún turista occidental había sido secuestrado en Camerún. Y en el sitio web del Quai d’Orsay se consideraba, hasta ayer, que el riesgo terrorista en este país era más bien “débil”. No puede presumirse, pues, que la familia secuestrada hubiera cometido una imprudencia.

Con la acción de ayer son ya quince los franceses secuestrados en el mundo, todos ellos en África Occidental. Es el país occidental más afectado por este fenómeno, por delantne de Estados Unidos. Junto a los siete capturados ayer en Camerún y al otro francés que sigue retenido en Nigeria, hay otros siete –secuestrados en Mali y en Níger entre el 2010 y el 2011– que podrían encontrarse en el macizo montañoso de los Ifoghas, en el nordeste de Mali, junto a la frontera con Argelia y con Níger.

François Hollande, en visita oficial en Grecia, delindó el secuestro de la familia francesa en Camerún de la intervención militar de Francia contra los grupos armados islamistas en Mali. “Los franceses eran objetivo de los islamistas antes de que se produjera la intervención”, subrayó al respecto. El presidente francés insistió en que Francia no cejará en su batalla contra el terrorismo –“Vamos a perseguir a los terroristas allí donde se encuentren y a liberar a nuestros ciudadanos secuestrados”. dijo– y apeló de nuevo a un mayor compromiso de la comunidad internacional contra una amenaza, recordó, que “no afecta sólo a Mali, sino a toda el África Occidental”.


Muere un legionario en una operación en Mali

Un legionario francés, suboficial del grupo de comandos del 2º Regimiento Extranjero de Paracaidistas, murió ayer en el norte de Mali en una operación del ejército francés contra los grupos terroristas islamistas refugiados en el macizo montañoso de los Ifoghas. Fuerzas francesas y malienses, apoyadas por una dotación de blindados y dos aviones Mirage, lanzaron la víspera la Operación Pantera, cuyo objetivo es desmantelar los santuarios terroristas. El legionaro francés murió en el transcurso de los combates que se desarrollaron ayer en la zona y que causaron la muerte, según el Ministerio de Defensa francés, de una veintena de islamistas. François Hollande afirmó ayer que, una vez desactivada la amenaza de los islamistas sobre Mali y de haber restablecido el control del territorio, la intervención en Mali ha entrado en su última fase, consistente en neutralizar a los terroristas.







lunes, 18 de febrero de 2013

De eslabón débil a pilar de Francia


Su risa, franca, abierta, imparable, ha dado la vuelta a Francia y a medio mundo a través de internet, ofreciendo una nueva imagen de la ministra francesa de Justicia, hasta ahora percibida como una persona rígida y más bien malcarada. Pero ha habido algo más que eso. El ataque de hilaridad protagonizado por Christiane Taubira en pleno debate parlamentario sobre el proyecto de ley del matrimonio homosexual –una feliz inflexión en una discusión dura y agria– ha sido sólo la culminación ruidosa de lo que ha constituido una auténtica revelación. La mayoría de los franceses, incluyendo en esta categoría a algunos políticos, han descubierto en las dos últimas semanas la verdadera personalidad –y la indiscutible valía– de una mujer que hasta ahora no pocos habían menospreciado. Algo que nadie podrá hacer ya más.

Considerada el eslabón débil del Gobierno nombrado por el presidente François Hollande, la derecha tomó en seguida a Taubira como su víctima preferida, una especie de putching-ball sobre el que descargar su ira por la derrota de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales de mayo del 2012. El talante de la nueva ministra de Justicia, extremadamente laxista a sus ojos, aparecía como el objetivo ideal. Consciente de lo que se le iba a venir encima –“Sé que me buscan y esto no se va a parar”, había vaticinado–, ella aguantó a pie firme.

Aguantó y ha acabado por demostrar que, lejos de ser el eslabón débil, es uno de los pilares del Gobierno francés, hasta el punto de que algunos de sus compañeros –entusiasmados por su actuación– le encuentran ahora fuste de primer ministro. ¿Qué ha pasado para que Taubira, observada con desconfianza hasta en sus propias filas, concite hoy los elogios de propios y extraños, incluidos los de la oposición?

La combatividad, la determinación y la solidez mostrada por la ministra de Justicia en el Parlamento, defendiendo el proyecto del Gobierno del “matrimonio para todos”, ha impresionado a todo el mundo. Pero menos que su extraordinaria capacidad oratoria, trufada de citas poéticas o filosóficas, argumentos jurídicos impecablemente cincelados y brillos de un innegable sentido del humor. Christiane Taubira empezó apabullando a sus señorías ya desde su primera intervención, el 29 de enero, cuando pronunció un inspirado discurso de 40 minutos sin mirar ni una sola nota. Pocos políticos podrían hacerlo.

Nacida hace 61 años en Cayenne, en la Guyana francesa, Christiane Taubira, doctora y profesora universitaria de Economía, es una peculiaridad en la política francesa. Criada con rectitud por una madre enfermera, en el seno de una familia de 11 hermanos de la que el padre desapareció un buen día, la hoy ministra siempre fue una alumna brillante y acabó estudiando Ciencias Económicas y Sociología en la metrópoli. “Comprendí que era negra al llegar a París”, ha explicado.

Activista en defensa de los derechos de las minorías –su ídolo de juventud era la norteamericana Angela Davis– y ex militante independentista, Taubira inició su carrera política en el Hexágono en 1993, cuando fue elegida diputada en representación de su pequeño partido guyanés Walwari (abanico). En 1994 se presentó a las elecciones europeas por el Partido Radical y en 1997, reelegida en el Palacio Bourbon, se integró en el grupo socialista. Fue en sus filas, en el 2001, cuando ya ofreció la primera muestra de lo que era capaz, al defender con pasión la ley que reconoció como crimen contra la humanidad la trata de esclavos.

En el 2002, Christiane Taubira se convirtió en la primera mujer negra en presentarse a las elecciones presidenciales, donde obtuvo más de 600.000 votos (el 2,3%). Un resultado testimonial si se quiere, pero que le ha pesado desde entonces como un lastre, pues los socialistas la han acusado siempre –a ella y a Jean-Pierre Chévenement– de haber contribuido a la derrota del entonces primer ministro Lionel Jospin frente al líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen. Taubira, en cualquier caso, no repitió la aventura: en el 2007 apoyó a Ségolène Royal y en el 2012 a François Hollande. Probablemente nunca pensó en ese momento que acabaría siendo ministra de Justicia y defendiendo una de las reformas sociales de mayor calado simbólico del quinquenato.



jueves, 14 de febrero de 2013

Una mujer al frente de Le Monde


Mujer, joven e independiente. Éste es el perfil que han elegido finalmente los tres principales accionistas del diario francés Le Monde a la hora de proponer un candidato para sustituir a Erik Izraelewicz –muerto de forma inesperada y fulminante el pasado mes de noviembre– al frente del vespertino. Natalie Nougayrède, de 46 años, encargada hasta ahora de la información diplomática, será la primera mujer en asumir la dirección del diario. Aunque, para ello, antes deberá convencer a la mayoría de la redacción: la candidata necesita obtener al menos el 60% de los votos de la Sociedad de Redactores, que se pronunciará el próximo 1 de marzo.

La trayectoria de Natalie Nougayrède, de quien los accionistas de Le Monde elogian el “rigor, entusiasmo y profesionalidad”, está vinculada a la información internacional. Especialista en Rusia y los países de la antigua Unión Soviética, empezó trabajando en el diario Libération y ejerció como reportera free-lance en Ucrania antes de incorporarse en 1996 a Le Monde, del que fue corresponsal en Moscú. Su cobertura de la guerra de Chechenia fue recompensada el año 2005 con el premio Albert Londres, prestigioso galardón del gran reporterismo.

Nougayrède no ha asumido hasta ahora ninguna responsabilidad de dirección en el rotativo y no forma parte de ningún clan de la redacción, donde es relativamente poco conocida. La aspirante a directora, que algunos periodistas califican de “enigma”, es una outsider cuya nominación ha dejado a todo el mundo sorprendido. Su candidatura fue presentada muy a última hora y de forma inesperada.

Frente a ella había otros tres candidatos: Arnaud Leparmentier, de 45 años, ex corresponsal en Berlín y en Bruselas, y editorialista de Política; Franck Nouchi, de 56 años, ex redactor jefe y ex director de Le Monde des livres y hoy director de Desarrollo Editorial, y Alain Faujas, de 67 años, periodista económico y decano de la redacción.

Más allá de sus méritos, Natalie Nougayrède parece haberse beneficiado del bloqueo existente desde hace un par de semanas en el seno de la propiedad para dirimir entre otros los dos candidatos que partían como favoritos: Franck Nouchi, propuesto por Pierre Bergé –fundador de Yves Saint-Laurent–, y Arnaud Leparmentier, apoyado por los otros dos accionistas, Xavier Niel –propietario del grupo de internet y telefonía móvil Free– y Matthieu Pigasse, director general del Banco Lazard y presidente del semanario Les Inrockuptibles. Si es elegida, Nougayrède recibirá un mandato de seis años y podrá nombrar un director de la redacción.



miércoles, 13 de febrero de 2013

Revolución gay en Francia

Francia se ha incorporado al reducido club de países –apenas una docena en todo el mundo– que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo. El proyecto de ley para autorizar las bodas gay, una de las promesas electorales de mayor calado simbólico de François Hollande, fue aprobado ayer por la Asamblea Nacional por una mayoría clara de 329 contra 229 votos, después de un largo, apasionado y a veces bronco debate parlamentario que ha durado diez días –incluyendo alguna noche en blanco– y con el telón de fondo de masivas protestas en la calle, donde los adversarios de la reforma han reunido a cientos de miles de personas. La ley será examinada ahora por el Senado, donde –pese a las intenciones de la derecha– es muy difícil que sea rechazada.

El proyecto del Gobierno socialista, bautizado como el del “matrimonio para todos” –para subrayar que de lo que se trataba era de reconocer a todos los ciudadanos los mismos derechos–, ha dividido en dos a la sociedad francesa. Los oponentes, respaldados por la Iglesia católica y otras confesiones religiosas, han expresado su rechazo al cambio esencial de la naturaleza del matrimonio y lo que ello comporta en términos de filiación. El hecho de que la ley reconozca a los homosexuales en pie de igualdad el derecho a la adopción –de niños que pasarán a tener dos progenitores del mismo sexo legalmente reconocidos como tales– se ha colocado en el centro del debate. Y en su estela, pese a no estar incluido en el proyecto de ley, la posibilidad de que se les pueda reconocer el derecho a programas de gestación asistida y –más allá– la autorización de madres de alquiler.

El Palacio Bourbon, sede de la cámara baja, respiraba ayer el ambiente de las jornadas históricas. A la mente de muchos diputados venían las imágenes de la abolición de la pena de muerte, en 1981, y sobre todo de la despenalización del aborto, en 1975, cuyos debates fueron de un gran dramatismo. Si entonces brilló la figura de Simone Veil, que afrontó con gran coraje y entereza los peores y más bajos ataques, esta vez ha sido la ministra de Justicia, Christiane Taubira, quien ha acabado por impresionar a toda la cámatra por su determinación, su solidez y su brillante oratoria.

La aprobación del matrimonio homosexual, en la que el presidente Hollande había empeñado su palabra, no se enfrentaba a la Asamblea Nacional a ningún riesgo, habida cuenta de la amplia mayoría con que cuenta el Partido Socialista, y más allá, la izquierda. Pero el resultado de la votación –329 a favor por 229 en contra , con diez abstenciones y nueve ausencias– no refleja exactamente la correlación de fuerzas en la cámara baja. Cuatro diputados de la izquierda votaron en contra del proyecto gubernamental, mientras que destacados parlamentarios centristas –como el ex ministro Jean-Louis Borloo, aunque se equivocó de botón– y alguno de la UMP –como Benoît Apparu– votaron a favor. Los ex ministros Bruno Le Maire y Nathalie Kosciusko-Morizet optaron por una neutra abstención.

Christiane Taubira, que en su parlamento final citó al poeta Antonio Machado y al filósofo Emmanuel Levinas, puso fin a los debates con un toque lírico. Tras agradecer a los diputados de la oposición su trabajo, les dijo: “Quedarán siempre muchas mujeres para mirarles, señores, para observarles, para tratar de percibir detrás de sus caparazones la ternura que a veces les habita”.



lunes, 11 de febrero de 2013

Mali o el riesgo de un nuevo Afganistán


Hasta ahora todo ha sido relativamente fácil, lo difícil empieza ahora. Un mes después de iniciada la intervención militar en Mali –plazo que se cumple exactamente hoy–, Francia aborda una nueva fase en su guerra contra los grupos armados islamistas. Acorralados en gran medida en las montañas del nordeste de Mali –el macizo de Adrar de Ifoghas–, la organización terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y sus aliados, que hasta ahora habían evitado el enfrentamiento directo para no ser aplastados por la potencia militar francesa, han empezado a contraatacar a su modo: cometiendo atentados suicidas y sembrando de minas-trampa los caminos. Un escenario que se parece, cada vez más al del temido Afganistán.

El viernes pasado, soldados franceses y chadianos –en este rincón de Mali, de mayoría tuareg, los soldados malienses no son bienvenidos– tomaron la población de Tessalit, al norte de Kidal, cerca de la frontera con Argelia, una progresión que reduce aún más el territorio en el que los islamistas pueden moverse libremente. Y aún con problemas. La avición francesa hostiga de forma sistemática la retaguardia de los yihadistas, aunque sólo sea para recordarles la fragilidad de su situación. “Demostramos a los terroristas que no estarán tranquilos en ningún sitio, ni siquiera en sus santuarios”, explicaba ayer con inusual claridad en Le Parisien el piloto de un Mirage 2000.

Pero la superioridad militar, como se ha visto en Afganistán, no lo es todo. La facilidad con que las tropas francesas han conseguido recuperar el territorio maliense controlado hasta hace tan sólo un mes por los islamistas –explicable en parte por la estrategia de evitación de los yihadistas– va camino de trocarse en una difícil guerra donde el enemigo, emboscado en eldesierto y las montañas, se libra a una táctica de hostigamiento permanente.

Mientras los franceses concentran tropas y medios materiales en el norte con el objetivo de acosar a los islamistas en sus refugios y tratar de liberar a los siete rehenes franceses retenidos en esta zona –cuya liberación podría ser intentada por las fuerzas especiales–, los yihadistas han empezado a actuar más al sur.
En los últimos días, la acción armada de los grupos armados –básicamente el Movimiento por la Unicidad y la Yihad en África del Oeste (Muyao)– ha sido especialmente activa en la zona de Gao, una ciudad reconquistada por las tropas franco-malienses el pasado 25 de enero. Ayer mismo, milicianos islamistas mantuvieron un enfrentamiento armado con soldados franceses y malienses en el centro mismo de Gao, obligando a sus habitantes a refugiarse en sus casas. El ejército francés, poco partidario de dar publicidad a su intervención, evacuó de la ciudad a 50 periodistas.

El sábado por la noche, un terrorista suicida hizo explotar una bomba junto a un control militar a la entrada de la ciudad, sin causar víctimas. La víspera, un atentado similar causó un herido entre las tropas malienses. También el sábado, el ejército detuvo veinte kilómetros al norte de la ciudad a dos jóvenes con mochilas cargadas de explosivos. En la última semana, seis personas –cuatro civiles y dos militares– han muerto a causa de la explosión de minas colocadas en la carretera entre Gao y Douentza,una práctica tomada prestada de los talibanes en Afganistán.

Todo el temor y la preocupación que hay en Francia es precisamente el riesgo de que la intervención en Mali acabe atascada en un cenagal parecido al de Afganistán, del que el ejército francés no ha salido –a destiempo y con mal sabor de boca– hasta once años después. París insiste día sí y día también en que su intención no es permanecer indefinidamente en Mali y que su objetivo es pasar el relevo cuanto antes a las tropas africanas de la fuerza de la Misión Internacional de Apoyo a Mali (Misma) acordada por la ONU. El presidente francés llegó a decir días atrás que su intención es poder empezar a retirar una parte de las tropas desplegadas, que actualmente suman ya 4.000 soldados, en marzo. Pero de momento, los efectivos de la Misma apenas llegan a 2.000 soldados y la efectiva entrada en servicio de este contingente –que debería llegar al menos a 6.000– todavía se hará esperar.

El ejército maliense, que debe empezar a ser formado por instructores militares de la Unión Europea, tampoco está por el momento en el nivel esperado. Todo lo contrario. El viernes, miembros de un cuerpo especial conocido como boinas rojas –fieles al ex presidente Amadou Toumani Touré, depuesto por un golpe de Estado en el 2012– se enfrentaron a tiros en la capital, Bamako, contra los boinas verdes, que respaldaron el alzamiento.



2,7 millones por día

La intervención militar en Mali, bautizada Operación Serval, está costando a Francia una media de 2,7 millones de euros por día, lo que lleva el total gastado en un mes a alrededor de 80 millones. El coste, según los datos facilitados por el Ministerio de Defensa, serían así superiores a los de la intervención armada en Libia (1,6 millones diarios) o Afganistán (1,4 millones). El grueso de este gasto se lo ha llevado hasta ahora el transporte de tropas –hasta 4.000 soldados– y material bélico –unas 10.000 toneladas, incluidos vehículos y carros blindados–. El Gobierno de Estados Unidos, que colabora con Francia facilitando aviones de transporte, intentó en un primer momento cobrarse el servicio, un gesto –rápidamente rectificado– que en París se interpreta como un pequeño castigo por la retirada anticipada del ejército francés de Afganistán.