domingo, 13 de enero de 2013

Fallido rescate en Somalia


Podría haber sido un gran golpe de efecto, una demostración de fuerza, pero acabó siendo un fiasco. La operación de rescate lanzada en la madrugada de ayer por los servicios secretos franceses para liberar a uno de sus agentes retenido en Somalia desde hace más de tres años se saldó con un trágico fracaso: el rehén y dos de los soldados franceses participantes en la acción de comando perdieron la vida durante la operación. Así lo confirmó a última hora del día el presidente François Hollande, que compareció de nuevo desde el Elíseo. La muerte de 17 presuntos terroristas muestra la violencia del enfrentamiento.

La operación en Somalia fue decidida hace varios días, después de que los servicios de información confirmaran el lugar donde estaba retenido Denis Allez, seudónimo de un agente de la Dirección General de Seguridad Exerior (DGSE) que había sido secuestrado en la capital de Somalia, Mogadiscio, el 14 de julio del 2009 a manos del grupo islamista Al Shabab, vinculado a la organización terrorista Al Qaeda. Otro agente capturado el mismo día consiguió escapar poco después, en el mes de agosto, aprovechando una distracción de sus captores.

El ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, justificó la decisión de asumir una operación tan arriesgada y peligrosa ante el bloqueo de la vía negociadora con los secuestradores. Y aseguró que esta operación estaba “totalmente desconectada” de la intervención militar en Mali contra los grupos islamistas que combaten contra el ejército gubernamental. Pero lo cierto es que la superposición de ambas acciones, que se refuerzan mutuamente, no parece casual. Según expresó Hollande en su declaración desde el Elíseo, con esta acción “Francia confirma su determinación de no ceder al chantaje terrorista”.

La operación se desencadenó a las dos de la madrugada (hora local) en la localidad de Bulomarer, en el sur de Somalia, y en ella participaron una cincuentena de comandos del Servicio de Acción de la DGSE, transportados hasta el lugar a bordo de cinco helicópteros del Grupo Aéreo Mixto GAM 56 Vaucluse. El enfrentamiento con los militantes islamistas, que presentaron una encarnizada resistencia, fue –en palabras del ministro Le Drian– de “gran violencia”.

Uno de los soldados franceses fue herido mortalmente –y evacuado– mientras que otro se dio inicialmente por desaparecido. Los islamistas aseguraron haber capturado al militar francés herido y anunciaron el “juicio” inminente del rehén. Pero tras horas de dudas sobre la suerte de ambos hombres, el presidente francés confirmó la muerte del comando y el asesinato “sin ninguna duda” de Denis Allex. Hollande saludó el “sacrificio” de los dos soldados y expresó sus condolencias a las familias de las víctimas.


sábado, 12 de enero de 2013

Montmartre contra Starbucks


La Place du Tertre –literalmente, plaza de la colina–, en lo alto de la loma de Montmartre, suscita en el visitante primerizo un sentimiento ambiguo. El lugar, con sus pintores y sus tradicionales cafés y bistrots, retrotrae a aquel tiempo en que los impresionistas hicieron de este rincón popular de París el centro de la bohemia mundial. Y por ello mismo desprende una imagen de artificialidad. Pero en esta equívoca imagen es donde reside precisamente el encanto de la plaza, el espíritu parisino que turistas de todo el mundo vienen a buscar por millones.

Ahora, este precario ecosistema se ve amenazado con la proyectada apertura, en la embocadura de la plaza, de un café de la cadena norteamericana Starbucks, quintaesencia de la uniformización de las costumbres y la estandarización de los gustos.

Las asociaciones y vecinos del barrio han empezado a movilizarse para tratar de impedir la apertura del nuevo establecimiento, que se ha hecho con el traspaso de un viejo local tradicional, Au Pichet du Tertre, cerrado hace tres meses. “La cadena Starbucks no pega nada con el ambiente y la imagen de Montmartre, un barrio popular, muy parisino”, subraya Mathieu Vrinks, portavoz de la asociación Paris Fierté (París Orgullo), una de las entidades junto con la Asociación de Comerciantes del Alto-Montmartre que organizan la movilización.

Los opositores a Starbucks han repartido panfletos y preparan una concentración de protesta para el día 20. También han apelado al ayuntamiento del distrito, para tratar de convencerle de que intervenga y –ejerciendo su derecho preferente– adquiera los derechos sobre el local e impida lo irreparable. Hasta ahora, sólo han recibido silencio como respuesta.

Un lluvia fina, pero persistente, barre la Place du Tertre en esta mañana de invierno. Apenas hay turistas y sólo un puñado de pintores, entre la esperanza y el desafío, mantiene en pie sus atriles. Jean-Marc y José Luis –este último, de origen malagueño–, que aseguran ser los más veteranos de la comunidad de artistas, echan pestes de la proyectada apertura de un café Starbucks, que juzgan un paso más en la “degradación” del barrio. “Eso quitará el encanto a la plaza”, opina José Luis. Su camarada es más radical. “La decadencia es inexorable –dice Jean-Marc–. Está lleno de galerías que venden reproducciones hechas en China, los cafés sirven una comida infecta... Sólo cuenta el dinero, ¡la pasta!”.

En el viejo local de Au Pichet du Tertre nada parece moverse. No hay obras a la vista, tampoco ningún cartel. En el interior el tiempo parece haberse detenido y en la veterana barra de madera siguen perfectamente alineadas las tradicionales jarras –pichets– para servir el vino. En el exterior, tras un cristal resquebrajado por un golpe de ira, puede leerse aún la carta de comidas y bebidas. Un himno a la ambivalencia: la oferta estrella, por 12,50 euros, era el Menú Hamburguer. Eso sí, la carne era de origen francés garantizado. Y de postre había crêpe...



Francia entra en guerra en Mali


Nicolas Sarkozy tuvo su guerra, en Libia. Y François Hollande tendrá la suya, en Mali. El presidente francés, que hizo una bandera de la retirada anticipada de las tropas francesas en Afganistán –todas las unidades de combate regresaron a Francia el mes de diciembre–, abrió ayer un nuevo escenario bélico contra el mismo enemigo, el terrorismo islamista, y con el mismo incierto resultado, en el corazón de África.

A petición del presidente maliense, Dioncounda Traoré; bajo cobertura de la ONU; con el acuerdo de los países africanos, y el plácet de sus principales aliados –Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, a la cabeza–, Hollande ordenó una intervención militar inmediata para frenar el avance de las fuerzas rebeldes del norte de Mali, capitaneadas por Ansar al Din, el grupo islamista tuareg, aliado con Al Qaeda en el Magreb Islámico (Aqmi), hacia la capital, Bamako.

“Los terroristas deben saber que Francia estará siempre ahí cuando se trate (de defender) no ya sus intereses fundamentales sino los derechos de una población, la de Mali, que quiere vivir libre y en democracia”, advirtió el presidente francés en una breve y comedida declaración televisada desde el Elíseo. Hollande, quien subrayó que la propia existencia de Mali está en juego, justificó la intervención en la necesidad de detener la “agresión de elementos terroristas, procedentes del Norte, de los que el mundo entero conoce ahora su brutalidad y fanatismo”. El jefe de Estado añadió que la intervención “durará el tiempo que sea necesario”. El objetivo oficial declarado, según explicitó después el ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, es detener el avance de los grupos terroristas hacia el sur de Mali, salvaguardar la integridad territorial del país y proteger a los residentes franceses, una comunidad integrada por 6.000 personas. “La victoria de los terroristas sería una amenaza para África y también para Europa”, afirmó, Fabius, para quien el objetivo de los rebeldes no es otro que erigir en Mali un “Estado terrorista”.

Ni Hollande ni el ministro de Asuntos Exteriores Fabius –habrá que ver si hoy lo hace el de Defensa Le Drian– dieron detalles sobre la intervención militar. Lo único que confirmó el jefe del Quai d’Orsay es que la aviación francesa bombardeó las columnas rebeldes. Francia disponía ya sobre el terreno de varios asesores militares para cooperar con el ejército maliense, pero no ha desplegado –al menos, por ahora– tropas de combate.

Bamako habló de la presencia de soldados nigerianos y senegaleses, pero según Fabius por ahora la única presencia es francesa. El presidente de Costa de Marfil y presidente de turno de la Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste (Cedeao), Alassane Ouattara, autorizó el envío inmediato de tropas de apoyo en el marco de Fuerza Internacional de Apoyo a Mali (MISMA), en fase de constitución a raíz de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU del 21 de diciembre, que aprobó la constitución de un contingente militar africano de 3.300 soldados para socorrer al Gobierno de Mali.

La necesidad de una intervención militar urgente se hizo evidente para París –y para la comunidad internacional– el jueves, cuando en su ofensiva en dirección al sur, los terroristas consiguieron conquistar la localidad de Konna –la rótula que separa elnorte y el sur del país–, desarbolando al ejército regular. La posibilidad, a partir de ahí, de que los rebeldes tomaran Mopti –lo que les dejaría el camino prácticament expedito hacia la capital– se convertía en un riesgo muy serio. “La situación se había deteriorado de forma muy grave”, remarcó Fabius. Para Francia, se había alcanzado la línea roja.

París llevaba meses insistiendo, casi en solitario, en la necesidad de una rápida intervención militar internacional en Mali para evitar que se convierta en un nuevo Afganistán en el sur de Europa. Desde abril del año pasado, el norte del país está bajo control de los grupos islamistas, principalmente AQMI –la franquicia magrebí de le nebulosa terrorista creada por Osama Bin Laden– y los rebeldes separatistas tuaregs de Ansar al Din, que han impuesto de forma brutal la ley islámica.

La presión francesa, sin embargo, no consiguió convencer a dos piezas fundamentales de la comunidad internacional: Estados Unidos por un lado y Argelia –la principal potencia regional– por el otro, que forzaron a Francia a rebajar sus pretensiones y aceptar una resolución en la ONU que propugnaba explorar las posibilidades de abordar un proceso de diálogo con algunas de las fuerzas rebeldes antes de enviar tropas sobre el terreno, algo que se dejó en todo caso para el segundo semestre de este año.

Los acontecimientos, sin embargo, se han precipitado y la decisión de los terroristas de aprovechar la pasividad internacional para lanzar una ofensiva militar han obligado a cambiar rápidamente de estrategia. Varios países, entre ellos EE.UU. y el Reino Unido, apoyaron públicamente la intervención, que recibió también el respaldo interior de la principal fuerza de la oposición, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), por boca de Jean-François Copé y François Fillon.

La decisión de Hollande coloca a Francia ante el riesgo de sufrir represalias por parte de los islamistas. Los seis ciudadanos franceses que permanecen secuestrados en la zona en manos de los grupos islamistas podrían se las primeras victimas. Pero la amenaza puede llegar al Hexágono mismo. El Ministerio del Interior podría decidir en las próximas horas elevar el nivel de alerta antiterrorista en el país.


viernes, 11 de enero de 2013

Matanza antikurda en París


La guerra del Kurdistán ha abierto un nuevo frente en el corazón de Europa justo cuando parecía que las armas podrían estar próximas a callar. Tres mujeres, activistas del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), fueron asesinadas la tarde del miércoles con fría y profesional precisión –aunque sus cadáveres no fueron hallados hasta la madrugada de ayer– en un local de la diáspora kurda en París, provocando una fuerte conmoción en la comunidad kurda en Francia –integrada por unas 150.000 personas– y en todo el país. El presidente François Hollande, que conocía personalmente a una de las víctimas, calificó el crimen de “horrible”.

La masacre se produjo al día siguiente de que trascendieran avances significativos en el proceso de diálogo abordado por el Gobierno turco –a través de sus servicios secretos– y el líder del PKK, Abdullah Öcalan –encarcelado en Turquía–, cara a poner fin a la lucha armada y acabar con un conflicto que ha costado la vida a 45.000 personas. Los autores o inductores del triple asesinato, sobre cuya filiación política –y aún menos, su identidad– no hay ningún indicio, podrían estar movidos por el objetivo de sabotear las conversaciones.

Una de las víctimas del atentado, cuyas identidades fueron facilitadas por la Federación de Asociaciones Kurdas de Francia, es Sakine Cansiz, una de las fundadoras del PKK –creado en 1978 en Turquía– y persona muy próxima a Abdullah Öcalan, según subrayó a la agencia France Presse una especialista del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), Dorothée Schmid. Las otras dos víctimas son Fidan Dogan, presidenta del Centro de Información Kurdo de París, y Leyla Söylemez, una joven militante de base del partido.

Las tres mujeres se encontraban solas en la sede del citado centro de información, en un edificio del distrito X de la capital francesa, cuando fueron asesinadas. Su o sus verdugos accedieron al local –que no tiene ninguna identificación– sin forzar la puerta y, al parecer, utilizaron un arma con silenciador. Dos de las víctimas recibieron un tiro en la nuca, y la tercera un disparo en la frente y otro en el vientre. Inquietos por la imposibilidad de contactar con ellas, los familiares de las víctimas acabaron acercándose al local, cuya puerta forzaron hacia la una de la madrugada.

Tras conocerse el triple asesinato, centanares de kurdos se concentraron en París –frente al centro de información– y en Marsella en medio de una gran tensión. Los manifestantes no dudaron en acusar a Ankara de la masacre –“¡Turquía asesina, Hollande cómplice!”, gritaban–, pero la autoría del crimen no puede ser más oscura. Los especialistas consideran que extremistas de uno y otro bando podrían estar detrás del atentado con el fin de torpedear el proceso de paz. El propio PKK expresó a través de un portavoz en el Kurdistán iraquí que no haría ninguna declaración mientras la investigación oficial en Francia no haya concluido.

Ninguna pista ha sido, por el momento, descartada. Los responsables de la investigación, que ha sido puesta en manos de los servicios antiterroristas de la Policía, creen posible tanto la actuación de grupos nacionalistas extremostas turcos, como los llamados Lobos Grises o grupos mafiosos vinculados al Estado turco, como un ajuste de cuentas entre facciones del movimiento kurdo, que ya en los años noventa protagonizaron fuertes enfrentamientos intestinos. La Federación de Asociaciones Kurdas ha convocado una manifestación de protesta para mañana sábado en París.

Ankara seguirá negociando con el PKK pese al triple asesinato, una clara provocación para descarrilar un esperanzador proceso de paz. En este sentido se pronunciaron ayer varios representantes del Gobierno turco como reacción al atentado en París, informa Ricardo Ginés. El primer ministro, Recep T. Erdogan, se mostró cauto y barajó varias posibilidades de autoría mientras instaba a llevar a cabo una investigación en profundidad. “Podría ser un ajuste de cuentas interno o una provocación de aquellos que no desean que avancemos en este proceso”, dijo el jefe del Gobierno.

Desde hace varios meses Ankara mantiene conversaciones con el encarcelado líder de la banda armada Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan. El objetivo es lograr llegar a un acuerdo de abandono de armas a cambio de soluciones políticas que den más autonomía a la minoría kurda en Turquía.

Por su parte, el partido prokurdo de la Paz y la Democracia (BDP) también hizo hincapié en profundizar la investigación criminal antes de hablar de culpables. El conflicto armado entre el PKK y las fuerzas de seguridad turcas ha causado más de 45.000 muertes desde que la organización ilegal se alzara en armas en los ochenta.

Bases para un acuerdo

Según dos medios de comunicación turkos, Ankara y la dirección del PKK hbrían llegado a un acuerdo de principio sobre las bases de una paz negoaciada. Ésta pasaría por la retirada de todos los guerrilleros del PKK a la zona iraquí del Kurdistán y el abandono de las armas, la liberación de presos vinculados al movimiento kurdo y el reconocimiento político de la identidad y la autonomía –que no la independencia- de los kurdos.




jueves, 10 de enero de 2013

Hogar, amargo hogar


La casa de un hombre es su castillo, declaró para la eternidad Sir Edward Coke en el siglo XVII. Para la familia de Dominique Barreteau, un hombre de 51 años aparentemente desquiciado residente en la localidad francesa de Saint-Nazaire, junto a la desembocadura del Loira, se convirtió durante años en una sórdida prisión. La llamada desesperada de su esposa a los bomberos en la madrugada del pasado sábado, fingiendo un problema de salud, puso fin al infierno de esta mujer y de los cinco hijos del matrimonio –la mayoría, chicas–, de entre 14 y 25 años. Hallados en situación de postración y con aparentes problemas de crecimiento, han sido ingresados pese a su edad en el servicio de pediatría del Centro Hospitalario de Saint-Nazaire. El padre ha sido internado, de momento, en un centro psiquiátrico.

Dentro del piso, cuyas ventanas permanecían cerradas a cal y canto, los bomberos encontraron un panorama desolador. Las paredes y el techo estaban ennegrecidos con manchas de humedad y moho. Y en todas las puertas había cerrojos. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos años ha permanecido recluida esta familia en lo que algún día fue su hogar. Algunos vecinos sostienen no haber visto a ninguno de sus miembros –salvo al padre– desde hace al menos un año. Otros, desde hace tres. Incluso hay quien al parecer ignoraba que alguien viviera en aquel apartamento. La mayoría estaba convencido de que la mujer y los hijos habían abandonado el domicilio familiar. Al hombre, que ocultaba su mirada bajo la visera de una gorra, se le veía raramente. Nunca saludaba a nadie.

Nada, o casi nada, hizo sospechar a los vecinos del inmnueble, un modesto edificio de viviendas sociales en el barrio de La Trébade, de la tragedia que se desarrollaba tras los tabiques del apartamento número 5. Como sucede en estos casos, nadie vio nada, nadie oyó nada. Sólo la vecina del apartamento de encima, Pascale Le Gall, se había quejado tiempo atrás de malos olores... La sociedad pública que gestiona las viviendas tampoco había advertido nada. El alquiler, de 350 euros al mes –antes de las ayudas sociales–, era pagado puntualmente desde hace más de diez años. “Como todo el mundo, nosotros también estamos conmocionados”, declaró un portavoz, Benoît Delliaux. Tampoco los servicios sociales recibieron ninguna señal, ninguna advertencia, ninguna alerta. Los hijos de la familia habían sido objeto de un seguimiento socio-educativo en los años noventa y la familia recibió ayudas sociales entre 2007 y 2010. Después, el silencio. La nada.

La fiscalía ha abierto una investigación oficial por incumplimiento de las obligaciones paternas. Un portavoz precisó que, por ahora, no se verificado que haya habido secuestro. Tampoco malos tratos físicos ni abusos sexuales... No, de momento. El misterio de lo que ha sucedido estos años entre las paredes roñosas del apartamento número 5 aún tiene que ser desvelado.


miércoles, 9 de enero de 2013

Tensión eclesiástica


La tensión entre el Gobierno francés y la Iglesia católica, cuyas relaciones se han deteriorado a ojos vista a causa del proyecto de legalización del matrimonio entre homosexuales, está alcanzando un nivel nunca visto desde la guerra escolar de los años ochenta. La crispación ha ido en aumento estos últimos días, conforme se acerca la celebración de la gran manifestación convocada para el próximo domingo, día 13, por las organizaciones cristianas y la oposición de derechas –desde la UMP al Frente Nacional– contra el proyecto, que el Ejecutivo ha bautizado como “matrimonio para todos”. Los impulsores de la marcha sueñan con reeditar el éxito de 1984, cuando una manifestación gigantesca en defensa de la escuela privada forzó al presidente François Mitterrand a retirar su reforma educativa.

Después de haber mantenido una calculada distancia, el cardenal arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal, André Vingt-Trois, expresó ayer su apoyo a la manifestación. “Puesto que el Gobierno ha estimado que no era útil organizar un debate público y hay gente que tiene cosas que decir, es necesario que encuentre un modo de expresarse”, dijo el presidente de los obispos, antes de llamar a los católicos a manifestarse “de forma democrática y razonable, es decir, no inspirados por el odio la violencia o el desprecio”.

Menos conciliador, más beligerante, el obispo de Bayona, Marc Aillet, acusó con dureza al Gobierno socialista de alentar un “anticlericalismo de Estado”. En una tribuna publicada ayer en el diario Le Figaro, el prelado censuró la forma en que el Ejecutivo ha planteado el debate sobre el matrimonio homosexual y le reprochó los ataques que la Iglesia ha recibido de algunos ministros, como los titulares de Vivienda y Educación, Cécile Duflot y Vincent Peillon. “Esta histeria anticlerical no honra nuestra democracia”, escribe el obispo, quien compara la actual “agresividad antirreligiosa” con la que reinaba en Francia en 1905, cuando se aprobó la ley de separación de las iglesias y el Estado, y se instauró el principio de la laicidad.

La crispación se ha disparado esta semana a causa de la inicitiva –posteriormente matizada– de las escuelas católicas de promover debates en los centros sobre el matrimonio de los homosexuales y la reacción del ministro de Educación. Vincent Peillon envió una circular a las autoridades eductivas territoriales para que “extremaran la vigilancia” sobre el desarrollo de estos debates en los establecimientos privados. Pero lo más polémico fue su referencia a las numerosas tentativas de suicidios de jóvenes homosexuales en los medios católicos, sospechosos de homofobia...

Esta tensión marcó la celebración, ayer, del acto de Año Nuevo que François Hollande celebró en el Elíseo con los líderes de todas las comunidades religiosas, unánimemente opuestos al proyecto del Gobierno. El presidente no abordó directamente el asunto, que según los presentes no fue objeto de conversación.
Un sondeo de Ifop, publicado por Le Pélerin, ha constatado que para el 75% de los franceses el matrimonio enre homosexuales es un asunto “secundario”. Una neta mayoría (un 60%) son, además, favorables a la medida. Pero no sucede lo mismo con el derecho a la adopción de niños, apoyado sólo por 46% frente al 54%.


Investigado por fraude fiscal el ministro Cahuzac

La fiscalía de París decidió ayer abrir una investigación preliminar para determinar la posible responsabilidad del ministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac, en un presunto delito de “blanqueamiento de fraude fiscal”. La apertura de estas diligencias pretende establecer si hay indicios suficientes de que Cahuzac hubiera poseído años atrás una cuenta bancaria en la Union des Banques Suisses (USB) para escapar al fisco francés, tal como sostiene el diario digital Mediapart, que esgrime como principal prueba una grabación accidental en la que –según su poseedor, que la encontró en su contestador automático– el ministro admitía la existencia de tal cuenta. Cahuzac, que era entonces un cirujano de éxito especializado en implantes capilares, ha negado de forma tajante haber tenido cuentas bancarias en el extranjero y ha demandado Mediapart por injurias.


Depardieu encadena los desplantes

Gérard Depardieu, tótem del cine francés embarcado en un pulso con el Gobierno a causa de la presión fiscal sobre las grandes fortunas, añadió ayer un nuevo desplante a su espiral de provocaciones al ignorar una citación judicial. El actor debía comparecer ante un juez por un presunto delito de conducción en estado de embriaguez. En lugar de ello, tras haber pasado en los últimos días por Moscú, Mordovia y Suiza, viajó a Montenegro con el objetivo –según su abogado, Éric de Caumont– de reunirse con los productores de una nueva película. Dirigido por Abel Ferrara, el film abordará el caso de Dominique Strauss-Kahn, en la que Depardieu debería interpretar el papel del ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Depardieu, de 64 años, sufrió una caida sin consecuencias cuando conducía su moto por una calle de París el pasado 29 de noviembre. El control de la policía demostró que el actor presentaba un nivel de alcoholemia de 1,8 gramos de alcohol por litro de sangre, cuando el limite legal en Francia está en 0,5, y pasó varias horas en una celda. Su incomparecencia ayer, en un procedimiento judicial simplificado, hará que ahora sea enviado a juicio ante un tribunal correccional, que podria condenarle con hasta 4.500 de multa y dos años de prisión.

La espiral en la que parece atrapado Depardieu, convertido a su pesar en el símbolo de la insumisión fiscal, empezó el pasado mes de diciembre, cuando trascendió que el actor había decidido trasladar su residencia a un pueblo fronterizo de Bélgica, Néchin, para escapar al fisco francés. Calificado su gesto de “miserable” por el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, Gérard Depardieu reaccionó anunciando su intención de renunciar a la nacionalidad francesa. Desde entonces, ha aceptado el pasaporte ruso que le obsequió el presidente Vladimir Putin –embarcado él también en un pulso con el presidente francés, François Hollande– y se dejó agasajar hasta rozar el ridículo por las autoridades de la República rusa de Mordovia, quienes le ofrecieron una casa y hasta el cargo de ministro de Cultura.

La deriva de Depardieu, un hombre de carácter y hábitos excesivos, ha empezado a preocupar a sus amigos. Su ex mujer, Elisabeth Depardieu, lanzó un grito de alerta desde la radio RTL: “Se trata de alguien que tiene borrascas, que es extremadamente desgraciado e inconsolable, y ustedes saben por qué –dijo en alusión a la muerte de su hijo Guillaume en el 2008–, y que intenta como puede tratar de vivir aún”. “Se ha marchado porque no recibía atención, ni amor. Cuando se siente rechazado se vuelve provocador y en lo peor imaginable”.






¿Bulbos dorados? No, gracias


A François Hollande no le gusta la idea de ver cinco bulbos dorados a los piés de la torre Eiffel. El presidente francés ha forzado la suspensión provisional de la construcción de la nueva iglesia ortodoxa rusa de París, pactada en su día por Nicolas Sarkozy y Vladimir Putin, y encargado una revisión del proyecto, obra del arquitecto español Manuel Núñez-Yanowski. Para justificar esta decisión, el Elíseo prefiere poner el acento en la aparición de “dificultades de realización” de la obra. Pero detrás de los presuntos problemas de carácter técnico parecen esconderse más bien consideraciones estéticas. Y la preocupación de que el complejo, integrado por un templo y un centro cultural, desentone tan cerca de la torre Eiffel y no se inscriba suficientemente “en el espíritu de las realizaciones arquitectónicas más emblemáticas de las riberas del Sena”.

La iglesia debe erigirse en un solar antiguamente ocupado por la sede de Méteo-France, en el Quai Branly, junto al Pont de l’Alma, en pleno centro de la ciudad, que la Federación rusa adquirió al Estado francés en el 2009 por 70 millones de euros. Se trata de una verdadera operación de Estado, a través de la cual Rusia pretende llenar un vacío y asentar la preeminencia del patriarcado de Moscú sobre la diáspora rusa. En París sólo existe actualmente una iglesia ortodoxa rusa –Saint Alexandre Nevsky, situada en una discreta calle cerca del Arco de Triunfo–, pero por razones históricas presta obediencia al patriarcado de Constantinopla. De ahí la intervención del Elíseo.

“Se ha iniciado un trabajo, de común acuerdo entre Francia y Rusia, a fin de que el proyecto responda plenamente a las exigencias vinculadas tanto a la factibilidad de su realización técnica como a su inserción en un lugar patrimonial excepcional”, explicó a La Vanguardia un portavoz de la Presidencia de laRepública, quien añadió que a raíz de este acuerdo el Gobierno ruso ha suspendido provisionalmente su solicitud de permiso de obras. El autor del proyecto, Manuel Núñez-Yanowski, prefirió no hacer comentario alguno, a la espera de una decisión oficial definitiva.

La iglesia ortodoxa rusa imaginada por Núñez-Yanowski, que en marzo de 2011 ganó el concurso internacional convocado a tal efecto –asociado con la agencia rusa Arch Group–, pretendía casar los cánones tradicionales de las iglesias ortodoxas rusas con la modernidad. En su proyecto, de las cinco cúpulas doradas en forma de bulbo del templo, descendía una espectacular cubierta de cristal alegórica del manto de la Vírgen María. La propuesta de Núñez-Yanowski era atrevida y audaz. Él mismo la comparó al “aterrizaje de un ovni ortodoxo y postsoviético en medio de París” (véase La Vanguardia del 11 de abril del 2011). La obra, presupuestada en 34,5 millones de euros, fue adjudicada al grupo Bouygues y el calendario inicial preveía su finalización en el 2014.

Nada en el proyecto de Núñez-Yanowski puso el menor problema al Gobierno francés de la época, que lo avaló oficialmente a través del entonces ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand. Sin embargo, al nuevo presidente francés, François Hollande, que mantiene unas frías relaciones con su homólogo ruso, Vladimir Putin, los ovnis parecen no gustarle nada. Y los bulbos, menos todavía.