lunes, 10 de septiembre de 2012

En busca de la industria perdida


Basta cruzar dos datos, aparecidos esta misma semana, para ilustrar lo que probablemente constituye el principal problema al que se enfrenta actualmente la economía francesa y el mayor reto que tiene ante sí el nuevo presidente de la República, François Hollande: la progresiva pérdida de competitividad del país y el retroceso de la producción industrial, estrechamente vinculados al aumento del déficit comercial, que en 2011 alcanzó la cifra récord de 70.000 millones.

El primer mazazo llegó el martes de la mano del World Economic Forum (WEF), que degradó a Francia del puesto 18º al 21º en el ránking mundial de competitividad, un retroceso –constante, puesto que en 2010 estaba en el 15º– que le aleja dramáticamente de los países europeos más virtuosos: Suiza, Finlandia, Suecia, Holanda y Alemania, que copan –con la excepción de Singapur, número 2– los puestos de cabeza.

La segunda mala noticia, de una importancia más simbólica que práctica, llegó el jueves con la degradación PSA Peugeot-Citroën por las autoridades bursátiles de Nyse Euronext, que decidieron sacar al grupo automovilístico francés –cuya acción ha perdido un 43% de su valor en lo que va de año– del exclusivo club del CAC 40 en beneficio del grupo químico belga Solvay. Con unas pérdidas estimadas de 700 millones de euros en el primer semestre de este año, embarcado en un plan de supresión de 8.000 empleos –lo que incluye el cierre de la fábrica de Aulnay-sous-bois–, las dificultades de PSA ejemplifican los problemas de la industria francesa.

En una década, entre 1998 y 2008, la industria perdió en Francia 500.000 puestos de trabajo, mientras su peso en el Producto Interior Bruto (PIB) cayó del 16% al 12%, muy por debajo de la media de la zona euro (17,3%) y a años luz del líder europeo, Alemania (23%). Francia sigue contando con potentísimos grupos industriales, pero su producción se ha ido concentrando en los últimos años mayoritariamente en el exterior, lo que ha representado un golpe mortal para las pequeñas y medianas empresas francesas suministradoras de la gran industria.

La recuperación del tejido industrial se ha convertido, en consecuencia, en una prioridad nacional. Lo era en la época de Nicolas Sarkozy y lo es hoy con François Hollande, que ha creado un Ministerio de la Regeneración Productiva, al frente del cual ha puesto –y eso no es un detalle menor– el adalid de la antiglobalización en el seno del Partido Socialista (PS), Arnaud Montebourg.

La cuestión central que está sobre la mesa, y que el propio presidente socialista ha admitido –un hecho infrecuente hasta ahora–, es la de los costes laborales. La derecha ha señalado tradicionalmente la implantación de las 35 horas –que sin embargo no ha osado anular cuando ha tenido el poder– como la principal causa de la desertización industrial. Pero los datos anuales demuestran, contra el relato preponderante allende el Rhin, que los alemanes trabajan menos horas al año (1.390) que los franceses (1.554) y menos todavía que españoles, portugueses, italianos y griegos.

Los salarios tampoco son la causa. Porque aunque es cierto que en Francia los costes salariales unitarios han subido un 27% en los últimos diez años mientras en Alemania lo hacían sólo un 3%, el resultado es que las diferencias no son tan notables –33 euros la hora frente a algo menos de 31– ni justifican, según los economistas, la diferencia de competitividad entre ambos países.

Los expertos apuntan como principal lastre de la competitividad francesa a las elevadas cargas sociales que pesan sobre el coste del trabajo. Por cada 100 euros de salario neto, las empresas deben pagar 85 euros, por sólo 55 euros en Alemania. Pero si más o menos todo el mundo está de acuerdo en el problema, la solución no suscita el mismo consenso. Sarkozy había decidido aligerar estos costes haciendo recaer la financiación de la protección familiar en el IVA, que debía pasar del 19,6% al 21,2%. Hollande anuló la medida nada más llegar al Elíseo. Pero aún no ha ofrecido una solución alternativa.


Defensa del sector del automóvil

En los menos de cuatro meses que lleva instalado, el nuevo Gobierno socialista apenas ha hecho otra cosa que hacer de bombero e intentar apagar los incendios que se han ido declarando por todo el territorio. Pasadas las elecciones presidenciales, los planes de reestructuración de empresas han empezado a proliferar. El fenómeno afecta a cerca de un centenar de sociedades y amenaza a unos 60.000 empleos. La reacción gubernamental frente a estos casos ha sido la tradicional en Francia, esto es, recurrir al intervencionismo del Estado. Una práctica criticada esta semana por el presidente de la Federación de la Industria Alemana (BDI), Hans-Peter Keitel. Es lo que se ha hecho en el sector del automóvil, uno de los más castigados por la crisis. El Gobierno aprobó por la vía de urgencia el pasado 31 de julio un plan hecho a medida para elevar las ayudas del Estado por la compra de vehículos eléctricos, híbridos y poco contaminantes. Tres días después, el ministro Montebourg presentó ante la Comisión Europea la puesta bajo vigilancia del acuerdo de libre comercio entre la UE y Corea del Sur, tras constatar en los dos primeros meses del año un aumento del 50% –respecto a un año atrás– de las importaciones de coches coreanos.


Tres millones de parados

El paro en Francia ha seguido progresando durante el verano, hasta alcanzar al 10,2% de la población activa (el 9,7% en la metrópoli, sin contar los territorios de ultramar), un nivel no alcanzado desde 1999. Cerca de tres millones de personas en el Hexágono –algo más en el conjunto del país– están sin empleo, contando únicamente aquellos que no han ejercido ningún trabajo, ni siquiera parcial, en las dos semanas anteriores. El paro juvenil se sitúa en el 22,7%, y el de mayores de 50 años en el 6,7%.






sábado, 8 de septiembre de 2012

Muerte en el bosque


Una disputa por una herencia podría estar detrás de la matanza de Chevaline, en los Alpes franceses, en los que una familia británica fue diezmada por uno o varios asesinos el pasado miércoles junto a un camino forestal, con el resultado de cuatro personas muertas. El fiscal de Annecy, Eric Maillaud, confirmó que un equipo de investigación conjunto franco-británico indagará sobre esta pista, considerada como seria e importante, aunque no la única.

Según varios testigos del barrio donde vivían las víctimas, una zona acomodado de Claygate (Surrey), al sur de Londres, el padre de familia asesinado, Saad al-Hilli –un ingeniero de origen iraquí que vivía en el Reino Unido desde los años setenta– mantenía un duro litigio con su hermano, Zaid, sobre la herencia de su padre, fallecido hace un año.

Zaid al-Hilli se presentó espontáneamente en dos ocasiones ante la policia británica, primero para pedir información sobre el suceso y confirmar que su hermano era una de las víctimas, y después para desmentir toda disputa familiar y negar toda implicación. Zaid al-Hilli será interrogado en los próximos días, en principio como testigo, después de que los dos jueces de instrucción que han asumido el caso en Francia hayan presentado una comisión rogatoria internacional. La herencia en disputa, según algunas fuentes, estaría integrada por diversas propiedades en el Reino Unido, Francia y España. Los investigadores de la Gendarmería no descartan, sin embargo, otro móvil de carácter criminal.

La matanza se produjo poco antes de las cuatro de la tarde del pasado miércoles, en un aparcamiento situado junto a un camino forestal cercano al cámping donde la familia Al-Hilli pasaba unos días de vacaciones. Uno o varios pistoleros –el fiscal no quiso desvelar cuántas armas ni de qué tipo se utilizaron– mataron a tiros a Saad al-Hilli, su esposa Iqbal, la que parece ser la madre de la mujer, de 74 años y nacionalidad sueca, y un ciudadano francés, Sylvain Mollier, que pasaba en aquel momento por allí con su bicicleta. Sólo las dos hijas de la pareja, de 7 y 4 años –la mayor, Zainab, herida de gravedad, y la pequeña, Zeena, ilesa–, sobrevivieron milagrosamente a la masacre. La familia fue acribillada cuando se encontraba en el interior del coche. Todas las víctimas presentaban varios impactos de bala y al menos una en la cabeza. 

Los gendarmes recogieron unos 25 casquillos junto al vehículo, un lujoso BMW todoterreno.
La hija pequeña, que se salvó al esconderse bajo su madre –donde permaneció ocho horas hasta ser descubierta por los gendarmes–, ha hablado a los investigadores, pero no ha contado nada sustancial. La mayor, golpeada violentamente en la cabeza y con una herida de bala en el hombro –a la que los asesinos dieron seguramente por muerta–, aún no ha podido ser interrogada.


De repente, el horror

El horror se presentó la tarde del miércoles en un camino forestal de Chevaline (Alta Saboya), un hermoso y apacible rincón de los Alpes franceses cercano a Annecy. Un misterioso asesino, cuyas motivaciones se ignoran pero cuya voluntad de matar no ofrece ninguna duda, acabó con la vida de cuatro personas: tres adultos de una misma familia –una pareja británica de origen iraquí y una mujer de más edad– que pasaba las vacaciones en un cámping cercano y un ciclista francés que pasaba por el lugar en el peor momento y que con toda probabilidad fue testigo de la matanza.

Dos niñas de 7 y 4 años, pertenecientes a la misma familia, se salvaron milagrosamente de la masacre. La mayor, golpeada brutalmente en la cabeza y con una bala alojada en el hombro, resultó herida de gravedad, aunque su vida no corre peligro. La menor, ilesa, permaneció ocho horas bajo el cadáver de su madre, dentro del coche, inmóvil y en silencio, sin que los gendarmes percibieran de su presencia. Ambas permanecen hospitalizadas bajo una fuerte vigilancia policial.

La matanza ha causado una gran conmoción en Francia y en Gran Bretaña. El fiscal de Annecy, Eric Maillaud, juzgó el crimen de una “salvajada extrema”.

El motor del vehículo de la familia, un lujoso todoterreno BMW de matrícula británica, estaba todavía encendido cuando un segundo ciclista que pasaba por el lugar, un turista británico veterano de la Royal Air Force (RAF), descubrió la matanza. Eran las 15.50h y el drama acababa de producirse, pues hacía muy poco que el ciclista muerto, que yacía junto al coche, le había adelantado por el camino. Dentro del vehículo estaban los cadáveres de los tres adultos y la niña herida, que el veterano socorrió colocándola en posición lateral. No vio a la pequeña, como tampoco la vieron los gendarmes después, obligados a mantener intacta la escena del crimen a la espera de los especialistas del Instituto de Investigación criminal de la Gendarmeria Nacional (IRCGN) procedentes de París. Ocho horas pasó la niña oculta hasta que fue descubierta a medianoche. Un sindicato policial, Synergie, criticó lo que considera un sistema “inepto que roza el ridículo”.

El padre de familia muerto ha sido identificado como Saad al-Hilli, de 50 años, un ingeniero aeronáutico nacido en Bagdad y residente en Gran Bretaña desde los años setenta. Su esposa, de nombre Iqbal, era asimismo de origen iraquí. La mujer de más edad –presuntamente la abuela de las niñas– tenía 74 años y era de nacionalidad sueca. La familia se alojaba desde hacía varios días en el cercano cámping Le Solitaire du Lac, en Saint-Jorioz, junto al lago de Annecy.

La policía británica registró ayer el domicilio familiar de las víctimas, en un barrio acomodado de Claygate, en el condado de Surrey, una treintena de kilómetros al sur de Londres, donde residían desde el año 1984.
El ciclista asesinado era Sylvain Mollier, de 45 años y vecino de un municipio cercano, que había salido a dar un paseo.

Tres de las cuatro personas muertas fueron asesinadas de un tiro en la cabeza. Los investigadores, que hallaron una quincena de casquillos de bala de pistola automática, no se inclinan por ninguna hipótesis en particular.

El presidente francés, François Hollande, que ayer se entrevistó en Londres con el primer ministro británico, David Cameron, prometió: “Haremos todo para encontrar a los culpables”.




Entre dos mujeres


Enarbolando una amplia sonrisa, Valérie Trierweiler avanzó con decisión hacia Ségolène Royal, sentada en la primera fila, y le estrechó la mano en medio de la estupefacción general. Sucedió el pasado 4 de abril en el palacio de Exposiciones de Rennes durante la campaña electoral francesa, en el primer y único mitin en el que el hoy presidente de la República, François Hollande, debía coincidir con su ex compañera sentimental y madre de sus cuatro hijos. La imagen de la segunda mujer saludando a la primera, difundida a todo el mundo, fue interpretada entonces como un gesto de buena voluntad. Nada más lejos de la realidad, sin embargo.

Lo cierto es que tras las educadas maneras se escondía un ataque en toda regla por parte de una encolerizada Trierweiler, una particular venganza por la intrusión unos minutos antes de Royal en el escenario junto a su ex, algo que la actual Primera Dama había vetado expresamente. La que fuera candidata socialista al Elíseo en el 2007, cuya fuerza de carácter está más que probada, forzó las cosas y se salió con la suya. Como precio a su audacia pagó el peaje de ser “humillada” –así lo sintió ella– por su rival a la vista de todos. Acorralada, crispada, no tuvo más remedio que tender su mano a “la otra”.

El soterrado rifirrafe de Rennes es sólo un episodio más de la sorda guerra que las dos mujeres de Hollande mantienen desde hace casi una década y de la que el polémico tuit lanzado contra Royal por Trierweiler en plena campaña de las elecciones legislativas, en junio pasado, fue la primera expresión pública. Los entresijos de este conflicto, marcado por el odio y los celos, son el objeto de dos libros aparecidos estos días en las librerías francesas: L’Ex (La Ex), de Editions du Moment, y Entre deux feux (Entre dos fuegos), de Grasset. El primero ha sido escrito por el periodista Sylvain Courage, cronista del semanario Le Nouvel Observateur, y el segundo por las también periodistas Anna Cabana de Le Point –autora también de una biografia sobre Cécilia Sarkozy– y Anne Rosencher, de Marianne.

Todo empezó cuando Valérie Trierweiler, joven periodista en Paris Match encargada de seguir al Partido Socialista, empezó a frecuentar al entonces primer secretario del PS, François Hollande. La relación entre ambos se fue haciendo cada vez más estrecha, hasta que en febrero 2003 Royal, a la que habían empezado a llegar insistentes rumores, abordó a Trierweiler en el Parlamento y le lanzó una advertencia: “Usted tiene tres hijos, yo tengo cuatro. Vaya con mucho cuidado”.

Según los protagonistas, sin embargo, Hollande y Trierweiler no se convirtieron en amantes hasta la primavera del 2005. Una vez fue evidente, Royal planteó batalla: instó a la dirección de Paris Match a cambiar a Trierweiler de función, presionó al editor –el empresario Arnaud Lagardère, íntimo amigo de Nicolas Sarkozy– y advirtió al marido de su rival, Denis Trierweiler, periodista también en el mismo semanario. Algo que Valérie no ha perdonado. Para rematar la faena, Royal retó públicamente a su compañero anunciando su intención de presentarse como candidata al Elíseo. Y lo hizo en Paris Match...

Ya estaban separados de hecho –aunque no era público– cuando, durante la campaña de 2007, Ségolène Royal especuló públicamente con casarse con François Hollande. No había tal. Pero, según al libro de Cabana y Rosencher, que citan a un amigo de la pareja, ese verano –cuando la ruptura era ya conocida– Hollande vaciló y estuvo a punto de regresar al domicilio familiar. El relato de la guerra entre estas dos mujeres arroja una nueva luz sobre el comportamiento reciente de Valérie Trierweiler. Sobre su ojeriza hacia Ségolène Royal. Pero también sobre sus temores y sus inseguridades.



Moral republicana


Enseñar la letra y la música de La Marsellesa, el himno nacional, y los principios básicos del sistema republicano está bien, pero no es suficiente. Así lo piensa el nuevo presidente francés, François Hollande, que aprovechó el inicio esta semana del nuevo curso escolar para confirmar su intención de introducir una nueva materia de “moral laica” –una asignatura que será obligatoria y evaluable– en la enseñanza primaria y secundaria que supere las limitaciones de la actual Instrucción Cívica. “La escuela no debe limitarse a transmitir conocimientos, debe transmitir también valores”, dijo.

La iniciativa, avanzada por el ministro de Educación Nacional, que es también su principal impulsor, el filósofo Vincent Peillon, ha provocado un amago de polémica, que promete adquirir un alcance mucho mayor cuando se entre en el contenido de la nueva materia. De momento, el Gobierno ha anunciado la creación de una comisión, con la vista puesta en el curso 2013-2014.

Curiosamente, el ataque más feroz ha venido de la derecha y, en concreto, del ex ministro de Educación Luc Chatel, quien criticó ásperamente el lenguaje utilizado por Peillon y lo comparó con el llamamiento realizado por el denostado mariscal Pétain en 1940. El pecado de Peillon fue haber hablado de la necesidad de una “regeneración intelectual y moral” de Francia, un lenguaje poco frecuente en la izquierda.

Algunos sindicatos de la enseñanza han reaccionado con incredulidad y algunos profesores no han dudado en tildar la medida de “reaccionaria”, comparándola con la época de la III República. El también filósofo Ruwen Ogien, director de investigación del CNRS ha juzgado en el diario Libération el proyecto de “autoritario y totalmente inadaptado”.

Al margen de la salida de Luc Chatel, la derecha ha acogido con reservas el anuncio del Gobierno no tanto por la iniciativa en sí misma, que considera positiva, como por las dudas sobre los medios que se destinarán y los contenidos que serán propuestos. La asociación de padres de alumnos conservadora, Peep, ha alertado sobre la pretensión gubernamental de intentar suplantar el papel de los progenitores.

Una vez más, fueron las palabras de Peillon las que pusieron a más de uno la mosca detrás de la oreja. Tras defender la enseñanza del sentido de lo justo y lo injusto, del bien y del mal, de derechos y deberes, así como de virtudes y valores, el ministro afirmó: “Tenemos que ser capaces de arrancar al alumno de todos los determinismos, familiares, étnicos, sociales, intelectuales, para después hacer una elección”.

La necesidad de inculcar un corpus de valores laicos en la escuela ha cobrado crecientes adhesiones en Francia en los últimos años, en proporción al avance de posturas maximalistas y fundamentalistas en algunos sectores de la comunidad musulmana.



jueves, 6 de septiembre de 2012

Una gaditana en la alcaldía de París

Su cabellera morena y sus intensos ojos negros, luminosos como el sol de su Andalucía natal, no engañan sobre el origen de Anne Hidalgo, la primera vicealcaldesa de París. Adjunta del carismático alcalde Bertrand Delanoë desde las elecciones del 2001, esta española de 53 años, madre de tres hijos, puede convertirse en el 2014 en la primera mujer –y la primera inmigrante– en tomar las riendas de la capital francesa. Aupada por su mentor, Anne Hidalgo anunció ayer formalmente el inicio de su precampaña. “Soy candidata para ser la próxima alcaldesa de París”, proclamó, oficializando así una ambición que todo el mundo daba por descontada desde hace tiempo. A falta de poco menos de dos años, Hidalgo parte como favorita. Pero el camino es todavía muy largo.

Simbólicamente tan largo como el que hizo su familia a principios de los años sesenta desde la ciudad gaditana de San Fernando, donde la pequeña de los Hidalgo nació el 19 de junio de 1959, hasta el barrio de La Duchère de Lyon, una cité de viviendas sociales con grandes torres y colmenas donde se instalaron.

A su llegada, Anne Hidalgo no tenía ni tres años. Su historia, su trayectoria personal, es un modelo de integración republicana –compatible con el mantenimiento de un fuerte apego a sus raíces– y de ascenso social. Sus padres, Antonio y María, pueden sentirse legítimamente orgullosos de cómo sus hijas –la mayor, Mary, es jefe de empresa en California– se han abierto camino en la vida. “Yo no tuve la suerte de ir a menudo a la escuela, por eso lo hice todo para que mis hijas pudieran seguir correctamente sus estudios”, explicó el progenitor al semanario VSD tiempo atrás.

El abuelo paterno de Anne Hidalgo, republicano comprometido, huyó a Francia en 1937. Pero en lugar de permanecer en el exilio, regresó a España, a su población natal de Antequera, al término de la Guerra Civil, el mismo año 1939. Condenado a muerte, su pena fue conmutada y pasó tres años en prisión. El padre de Anne Hidalgo atribuye a este antecedente familiar el compromiso político de su hija, quien estuvo detrás de los homenajes que en el 2004 y el 2010 rindió el Ayuntamiento de París a los combatientes españoles de La Nueve, que fueron la avanzadilla de la división Lecrec en la liberación de París en agosto de 1944.

Obligado a regresar a su tierra,marcado como integrante de una familia de rojos, el joven Antonio Hidalgo trabajó en la marina mercante y en los astilleros de San Fernando antes de emigrar a Lyon, donde trabajó en Electrifil, una empresa suministradora de equipos a la industria del automóvil. Hoy, jubilados, los padres de Anne Hidalgo viven en Chiclana.

La primera vicealcalde de París, que viaja regularmente a España para visitar a su familia, nunca ha querido renunciar a sus orígenes. Habla castellano y mantiene la doble nacionalidad. Su espíritu, forzosamente, trasciende las fronteras: “Francia me ha dado la oportunidad de hacer estudios y un porvenir que España en aquella época no me podía dar, de modo que me siento totalmente europea”, dijo. De ser elegida, sería la segunda persona de origen español, tras el ministro del Interior, Manuel Valls, en asumir una alta responsabilidad política.

Doctorada en Derecho y titular de un máster en Ciencias Sociales del Trabajo, Anne Hidalgo obtuvo en 1984 un puesto como inspectora de trabajo y se instaló en el distrito XV de París, una ciudad con la que siempre había soñado. Diez años después, se dio de alta como militante del Partiso Socialista y en 1997 se incorporó como consejera de Martine Aubry en el Ministerio de Empleo. Una experiencia que fue capital en su trayectoria política y personal, pues en el 2004 se casó con el ex director de gabinete de la ministra, Jean Germain, con quien tiene un hijo de diez años (sus otros dos hijos, de 24 y 26 años, son de una unión anterior)

Tras su paso por Empleo, Hidalgo recaló en el Ministerio de Justicia –con Marylise Lebranchu– en 1998, antes de incorporarse en el 2001 al equipo de Bertrand Delanoë y llevar por primera vez a la izquierda al Ayuntamiento de París en 130 años de historia. En estos años, Hidalgo se ha consolidado como las más firme y estrecha colaboradora de Bertrand Delanoë, afianzando su papel de delfín. Ayer, Anne Hidalgo reivindicó el legado de Delanoë, pero se desmarcó de su condición de heredera. “Hay que escribir una nueva página”, remarcó. Bajo sus formas suaves, sus compañeros de gobierno retratan a una mujer firme en sus convicciones y de carácter fuerte –no porque sí ha sobrevivido en la violenta jungla del PS–, mientras que sus oponentes critican su presunto sectarismo. Su vinculación a la ciudad, su experiencia, hacen que parta con ventaja cara a las próximas elecciones municipales. Pero París despierta muchas ambiciones...




martes, 4 de septiembre de 2012

Insumergible Ségolène

Infatigable, insumergible, incorregible ttambién, Ségolène Royal está firmemente determinada a mantenerse en la escena política francesa. Derrotada en las pasadas elecciones legislativas en la circunscripción de La Rochelle, donde según sus propias palabras sufrió una doble “humillación” –política y personal– que le cerró las puertas del Parlamento y de la presidencia de la Asamblea Nacional, la que fuera musa de Francia en 2007 no está dispuesta a retirarse ni a tirar la toalla. “¿Parar? Es impensable. Tengo detrás treinta años de vida política. Es mi pasión”, ha confiado la ex candidata socialista al Elíseo al diario Le Figaro en Sudáfrica, donde acaba de ser reelegida vicepresidenta de la Internacional Socialista. “¡No voy a entrar en un convento! Soy libre, estoy disponible... Siempre pasan cosas en política...”, afirma.

A punto de cumplir 59 años, el futuro político de Ségolène Royal es una incógnita. Tras su fallido asalto al Elíseo en 2007, en el que cayó frente a Nicolas Sarkozy, quien fuera la primer mujer socialista candidata a la presidencia de la República ha encadenado derrotas y fracasos: su lucha para hacerse con la jefatura del Partido Socialista en 2008, su apuesta por repetir como presidenciable en 2011, su intento de regresar al Parlamento en 2012... Cada caída ha sido más dura que la anterior, lo cual no le ha impedido levantarse una vez más. “Lo que no te mata te hace más fuerte”, constata esta mujer, dura como una roca, criada bajo la tiránica disciplina de su padre militar.

Tres meses después de su último fracaso, Ségolène Royal piensa ya en un nuevo destino político de ámbito nacional. Su puesto como presidenta de la región Poitou-Charentes –donde fue reelegida en 2010, su único éxito en estos años de sequía– no satisface su ambición. Pero tampoco quierre arriesgarse a una nueva derrota electoral. No intentará de nuevo auparse a la primera secretaría del PS –que quedará proximamente vacante tras la anunciada retirada de su otrora rival Martine Aubry–, ni optará a ningún nuevo cargo electo. “No quiero ponerme otra vez en situación de ser derrotada, de asumir riesgos. Ya he pasado ese estadio. Ya he dado todo lo que podía dar”, dice. Pero añadiendo a continuación: “No es una renuncia, yo sigo estando disponible, pero la próxima vez estaré segura de alcanzar mi objetivo”. Si no pasa por las urnas, éste deberá pasar pues indefectiblemente por la manos de su ex compañero sentimental y presidente de la República, François Hollande, dispuesto –en nombre de sus casi treinta años de unión y cuatro hijos en común– a buscarle un lugar bajo el sol.

Orgullosa, Royal rechaza la idea “degradante” de que esté buscando o esperando un retiro, un premio de consolación. “Hemos hablado de todo ello con François (...) Si puedo ser útil, asumiré las responsabilidades que me propongan”, dice. ¿Un ministerio? La interesada asegura que declinó una oferta del presidente, el pasado mes de mayo, para ser la nueva ministra de Justicia, alegando que su objetivo era en aquel momento la presidencia de la Asamblea Nacional. Pero ella misma, en el libro que las periodistas Anna Cabana y Anne Rosencher han dedicado al enfrentamiento personal entre Royal y la actual compañera de Hollande, Valérie Trierweiler, “Entre dos fuegos”, da a entender justamente lo contraio al asegurar: “Ella prohíbe a François nombrarme ministra, esa es la verdad”.

Su futuro probablemente estará fuera del Gobierno, que en cualquier caso está dispuesto a encontrarle “una función, una responsabilidad”, según declaró ayer en televisión la portavoz del Ejecutivo, Najat Vallaud-Belkacem, una de las figuras procedentes de las filas del segolenismo.

En sus confesiones a Le Figaro, Ségolène Royal alude oblicuamente a su conflicto con Valérie Trierweiler, a quien reprocha de forma implícita haber expuesto a la luz pública –vía Tweeter– sus conflictos privados. “Esta exhibición sin límite es deplorable. Yo no merezco ser convertida en un objeto de la prensa rosa”, sostiene. Y, cual una puya envenenada, añade: “Todo esto no es bueno para François. Él intenta llevarlo lo mejor posible. La dignidad política ha sido tocada, pero no el profundo respeto y la amistad que tenemos el uno por el otro”.


sábado, 1 de septiembre de 2012

De profesión, conferenciante


Si Dominique Strauss-Kahn, expulsado con deshonor de la vida política activa por sus derivas sexuales, se permite dar conferencias por el mundo, ¿por qué no debería hacerlo también Nicolas Sarkozy que, a fin de cuentas, sólo ha perdido unas elecciones? Es cierto que, más allá de sus comportamientos privados, el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) es una autoridad unánimemente reconocida en materia económica. Pero también lo es, en cierto modo, el ex presidente de la República francesa, que cuando estalló la crisis financiera y económica estuvo al timón de la reacción mundial.

“Sus afirmaciones interesan. Y pueden marcar la reflexión política sobre Francia y sobre nuestro tiempo”, argumentaba ayer su ex mano derecha –y ex ministro del Interior– Claude Guéant, quien confirmó en una entrevista radiofónica en Europe 1 el interés de Sarkozy por convertirse, como otros ex mandatarios cual Tony Blair o Bill Clinton, en un conferenciante internacional de gama alta. “Lo que yo sé es que ha aceptado el principio de dar un cierto número de conferencias como todos los antiguos jefes de Estado y de Gobierno”, afirmó Guéant.

Esta nueva actividad promete reportarle unos apetitosos emolumentos. El semanario satírico Le Canard Enchaîné, entre las líneas de una información sobre el reagrupamiento de los amigos de Sarkozy, deslizaba esta semana que el banco Morgan Stanley le ha ofrecido 250.000 euros por una conferencia de 45 minutos (esto es, 92,6 euros por segundo, como los más maliciosos han empezado ya a contabilizar)

El entorno de Sarkozy desmintió este extremo a la agencia France Presse, asgurando que por el momento no ha pronunciado aún ninguna conferencia. Acaso mal informado, Claude Guéant dio por hecho que ya había dado una... En cualquiera de los casos, sobre la mesa de su nuevo despacho oficial de la calle Miromesnil reposan varias decenas de peticiones en este sentido, a las que empezará a dar salida a partir de este otoño. En su decisión habrían pesado, sobre todo, lan cuestiones económicas. En su artículo, en el que utiliza como fuente al publicista Jean-Michel Goudard –cercano al ex presidente–, el Canard Enchaîné sostiene que Sarkozy estaría “obsesionado” con ganar dinero...

El ex presidente francés, sin embargo, no pasa ninguna necesidad en este terreno. En su condición de ex jefe del Estado y al margen de los servicios en especies que recibe acorde con su estatus –despacho oficial, secretaria, chófer, guardaespaldas...–, Sarkozy recibe un sueldo acumulado de 20.000 euros mensuales, entre su pensión como ex presidente de la República y su retribución como miembro del Consejo Constitucional (una suerte de cementerio de elefantes del que todos los ex presidentes son miembros natos). Tras haber amagado con no asumir este puesto, que le ponía al mismo nivel que Jacques Chirac y Valéry Giscard d’Estaing, Sarkozy se lo pensó mejor y participa en las sesiones de este organismo.

Animal político sin igual, nadie –ni sus amigos ni sus adversarios– se imagina a Nicolas Sarkozy definitivamente retirado de la política. Pero quienes le quieren bien le han aconsejado un tiempo largo de descompresión –dos años, al menos– para dejar descansar a la opinión pública, hacerse querer... Y mejor regresar.

Mientras, su mujer, Carla Bruni, liberada de su condición de primera dama, ultima la salida de su cuarto disco, que había dejado en suspenso debido al embarazo de su hija Giulia y la campaña de las elecciones presidenciales.


Fillon, el preferido

A diferencia de Jean-François Copé, su principal rival en la batalla por suceder a Nicolas Sarkozy en la presidencia de la Union por un Movimiento Popular (UMP), François Fillon no tiene ningún control sobre los resortes del partido. Pero a tenor de los sondeos cuenta con el favor de la mayoría del electorado conservador. Según una encuesta del instituto de opinión Ifop, realizado para el sitio web Atlantico, el 62% de los simpatizantes del gran partido de la derecha francesa apuestan por el ex primer ministro como líder de la UMP en los próximos años. Fillon experimenta un ascenso de 14 puntos respecto al 48% de apoyos que el mismo instituto le prestaba en un sondeo anterior, realizado a principios de agosto y publicado en Le Journal du Dimanche. El secretario general de la UMP, Jean-François Copé, se queda muy lejos de su oponente, al retroceder del 24% al 21%. Nathalie Kosciusko-Morizet pasa de 7% a 4% y Bruno Le Maire se mantiene en el 2%.