Un sudor frío recorrió a primera hora de la mañana del jueves los despachos de la Agencia Francia Tesoro (AFT), organismo encargado de gestionar la deuda del Estado francés. En aquel momento, con cerca de 7.000 millones de euros por colocar, el diferencial (spread)de los tipos de interés de la deuda francesa a diez años respecto a los de Alemania superaban la barrera simbólica de 200 puntos básicos - o dos puntos porcentuales-por primera vez en veinte años. Sólo fue un susto. Al final de la jornada, el spread entre Francia y Alemania se había resituado en 175 y los títulos del tesoro francés lograron ser colocados sin problemas.
Pocos motivos tiene Francia, sin embargo, para sentirse aliviada. El coste de su deuda, aunque todavía en márgenes sostenibles, no ha parado de crecer en los últimos meses, aumentando la distancia con Alemania. Y la crisis de la zona euro ha acabado por alcanzarla. Junto a países teóricamente a salvo - como Austria, Holanda o Finlandia-,Francia ha empezado también a ser objeto de tensiones en los mercados financieros. Segunda economía del continente, si Francia vacila, es el penúltimo baluarte del euro el que se tambalea. Si cayera, el efecto dominó alcanzaría a la última pieza: Alemania.
Con una deuda pública de casi 1,7 billones de euros (el 86,2% del PIB) - según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee) correspondientes al segundo trimestre del año-,y un déficit público que alcanzó en el 2010 el 7%, Francia es uno de los países más endeudados de la zona euro. Con una economía que tarda en arrancar - el crecimiento del 0,4% en el tercer trimestre apenas oculta el -0,1% del segundo-,un paro elevado - casi el 10%-y una balanza comercial negativa, Francia es el eslabón débil del motor franco-alemán. Algo que ha empezado a traducirse en un acusado desequilibrio político en favor de Berlín.
"La diferencia creciente entre los tipos de interés de la deuda de Francia y Alemania demuestra que empieza a haber dudas y tensiones de liquidez sobre la deuda francesa", constata el profesor Radu Vranceanu, director de investigación del departamento de economía de la escuela de negocios Essec, para quien la zona euro está pagando "el derrumbe del mito de la infalibilidad de los países desarrollados". Especialista en crisis financieras y de cambios, política monetaria y deuda pública, Vranceanu ve "extremadamente difícil" detener la actual espiral de desconfianza de los inversores - "los compradores de deuda están desapareciendo", afirma-y considera que todos los países de la zona euro, sin excepción, pueden verse confrontados a crisis de falta de liquidez. "Ningún país está al abrigo, incluida Alemania", advierte.
En medio de la tormenta, Francia se agarra como un clavo ardiendo a la máxima calificación de su deuda - la famosa triple A-,pero su mantenimiento es más que dudoso. La agencia Moody´s decidió ponerla bajo vigilancia hace unas semanas y Standard & Poor´s llegó a avanzar - por error-su degradación la semana pasada. Para muchos observadores, su pérdida es sólo cuestión de tiempo. "Francia ha perdido, de facto, la triple A, es inútil obstinarse", afirmaba días atrás en una entrevista en La Tribune el ex presidente de la comisión para el Crecimiento, Jacques Attali, en cuya opinión Francia sólo escapará a "la dictadura de los mercados" con una "política rigurosa sobre las finanzas públicas".
De momento, los dos planes de austeridad consecutivos aprobados por el Gobierno - con un ahorro de 19.000 millones de euros-no han bastado para restaurar la confianza. Como las malas noticias nunca vienen solas, la última edición del informe Euro plus monitor,elaborado por el centro de estudios europeo The Lisbon Council y el banco alemán Berenger, hecho público esta semana, emite un severo juicio sobre la situación de Francia, a la que no duda en colocar en el puesto 13. º - por encima de Italia (14. º ) y por debajo de España (12. º ) - en su clasificación de los 17 países de la zona euro. "Las alarmas deberían sonar en Francia", cuyos resultados - advierte el informe-"son demasiado mediocres para un país que quiere salvaguardar su lugar en los puestos de cabeza".
Si las agencias de notación llegan a la misma conclusión, la pérdida de la triple A es inevitable. Y con ella caería algo más: el propio Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) creado para poner freno al contagio. "Si Francia pierde la triple A, habría que rehacer la última construcción europea, pues la fuerza de disuasión del fondo reposa sobre el hecho de que emite con una doble garantía triple A, la de alemanes y franceses", señalaba Daniel Cohen , vicepresidente de la Escuela de Economía de París, en Le Nouvel Observateur.
Para Vranceanu, el FEEF no puede arreglar el problema. "El fondo de estabilidad no existe, es una maquinaria virtual. Lo único creíble sería la intervención del Banco Central Europeo (BCE). Si el BCE empieza a comprar masivamente deuda europea, puede estabilizar la situación", argumenta. No es el único. Esta es la opinión prácticamente unánime en Francia. El presidente, Nicolas Sarkozy, ha defendido en vano esta idea - y otra subsidiaria, como la conversión del FEEF en un banco susceptible de financiarse en el BCE-frente a la negativa radical de la canciller alemana,
Angela Merkel, que el jueves reafirmó su determinación de no ceder en este punto. Para los alemanes, la actuación del BCE como un auténtico banco central abriría la puerta al riesgo de un inflación desbocada, lo que les remite a los sombríos años treinta y el ascenso del nazismo.
"Si el contagio llega finalmente a Alemania, deberán plantearse si asumen ese riesgo. Y quizá lo hagan. Pero no lo harán para salvar al resto", opina Vranceanu, para quien los alemanes se verán enfrentados entonces a una decisión crucial: "Deberán decidir si siguen en el euro, o no".
Una deriva típicamente francesa
El laxismo presupuestario francés,que tanto horror causa allende el Rin, es un mal enraizado en el país desde hace tres décadas.Desde la elección de François Mitterrand, todos los gobiernos franceses sin distinción de ideología, así de izquierda como de derecha, han tirado alegremente de la chequera. Hasta la victoria socialista de 1981, las finanzas públicasestaban bajo control. ValéryGiscard d´Estaing, quien sin embargo tuvo que lidiar con la primera crisis del petróleo, dejó el Elíseo con una deuda públicadel 20,7% del PIB - menor que la que había encontrado-y un déficitdel 0,3%. Cualquier país de la zona euro soñaría con estar hoy en semejante situación. Durante sus dos septenios (1981-1995), en los que se incluyen dos periodos de cohabitación con gobiernos de derechas - con Jacques Chirac y Édouard Balladur-,Mitterrand elevó la cuenta al 55,5% del PIB. Una vez investido Jacques Chirac presidente de la República,nada cambió esencialmente en este terreno. Al cabo de sus dos mandatos (1995-2007), que incluyen tambiénun periodo de cohabitación con el socialista Lionel Jospin al frente del Ejecutivo, la deuda se había colocado ya en el 64,2% del PIB...
Esta deriva, sobre el papel, tendría que haber cambiado con la llegada de Nicolas Sarkozy al poder. Su primer ministro, François Fillon, lo proclamó nada más ser designado, en el 2007, con una controvertida frase que encerraba un notable grado de osadía: "Estoy al frente de un Estado en quiebra", dijo el jefe del Gobierno francés,sin que se sepa todavía quéera más atrevido: si dramatizar el estado de las finanzas públicas- algo que hoy sería letal-o ponerse políticamente por encima del jefe del Estado. En cualquiera de los casos, las proclamas no fueron seguidas de hechos y cuatro años y medio después,la deuda se come ya el 86,2% del PIB y el déficitha alcanzado récordshistóricos. Nicolas Sarkozy ha adelgazado la Administración - a base de amortizar la mitad de los puestos de trabajo de los funcionarios que se jubilan-,pero esta ganancia no ha compensado ni de lejos los regalos fiscales realizados al inicio de su mandato. El presidente francésha esperado al año 2011 a aprobar sus primeros planes de austeridad, por un montante - 19.000 millones de euros en total, la mayor parte procedente de subidas de impuestos y sólo en menor medida de un recorte del gasto-que algunos observadores consideran irrisorio. Entre ellos, Jacques Attali, quien a partir del informe de su comisión de expertos sobre el Crecimiento del 2010 propugnaba recortar 95.000 millones de euros en tres años. "El primer plan de Fillon no estaba a la altura y el segundo, tampoco", considera a la luz de sus propuestas. Radu Vranceanu entiende que, desde el punto de vista de la sostenibilidad de la deuda a largo plazo, las medidas gubernamentales "son suficientes". "El Gobierno ha hecho lo que debía", asegura. Aunque, a la vez, expresa serias dudas de que los recortes, que "no son de un rigor extraordinario", devuelvan la confianza a los inversores.
domingo, 20 de noviembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
El átomo de la discordia
El futuro de la energía atómica en Francia, el país más nuclearizado del mundo tras Estados Unidos, va a situarse en primera línea del combate entre la derecha y la izquierda cara a las elecciones presidenciales de 2012. La consecución de un frágil acuerdo entre socialistas y ecologistas en este terreno –puesto ya en cuestión apenas veinticuatro horas después de firmado–, levantó ayer una dura ofensiva de la derecha contra el candidato del Partido Socialista al Elíseo, François Hollande, así como fuertes presiones del potente sector industrial nuclear.
La cuestión central es de gran calado: ¿va a seguir Francia los pasos de otros países europeos, como Alemania, y abandonar progresivamente la energía atómica? Tratándose del segundo país con más reactores nucleares del mundo –un total de 58, que generan el 76% de la energía eléctrica–, con un potentísimo sector industrial que da trabajo directa e indirectamente a 400.000 personas y en el que cuenta con grandes líderes mundiales –Areva, EDF–, la pregunta no es menor.
“Aberración”, “regresión”... el ministro de Industria, Eric Besson, no encontraba ayer palabras suficientemente duras para calificar el contenido del acuerdo electoral firmado en la madrugada de ayer por los socialistas y los Verdes para las elecciones legislativas del año que viene, en el que se prevé reducir, de aquí al año 2025, la energía eléctrica de origen nuclear del 76% actual al 50%, lo que comportará el cierre de 24 reactores. “Se trata de una amputación”, se exclamó Besson, quien anunció una cascada de consecuencias negativas para el país: desde el encarecimiento de la energía para los consumidores a la pérdida de puestos de trabajo –el presidente de la eléctrica EDF, Henri Proglio, ha llegado a hablar de un millón–, pasando por deslocalizaciones industriales y pérdidas de exportaciones, aparte de un aumento de la contaminación atmosférica y pérdida de independencia energética.
El acuerdo entre el PS y la coalición Europa Ecología-Los Verdes –que incluye la cesión de varias decenas de circunscripciones electorales a los ecologistas– recoge las tesis de François Hollande, favorable a reducir el peso de la energía nuclear pero hostil a su abandono total. El candidato socialista también se opuso terminantemente a la suspensión del proyecto del reactor nuclear de tercera generación EPR, que se construye actualmente en Flamanville (Normandía) como reclamaban los Verdes. El pacto a punto estuvo de naufragar por esta causa, pero finalmente los ecologistas aceptaron dejarlo provisionalmente de lado.
Puede que en vano. El acuerdo volvía a estar anoche en el alero, después de que el PS decidiera retirar asimimismo del documento la referencia a la “reconversión” –abandono, según los Verdes– del sector de retratamiento de residuos nucleares y de fabricación del combustible MOX a partir del reprocesamiento de combustible ya usado. El grupo público Areva admitió ayer haber intervenido para advertir a los dirigentes socialistas de las repercusiones económicas, industriales y laborales de semejante decisión. Esta marcha atrás desconcertó a los ecologistas, quienes podrían dar por roto el acuerdo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
El sátiro de la República
Un político puede sobrevivir a una condena judicial. Y si no, ahí está el ejemplo del ex primer ministro francés Alain Juppé, condenado en 2004 a un año de inhabilitación por malversación de fondos públicos –en el mismo caso por el que ha sido juzgado ahora Jacques Chirac–, hoy reconocido ministro de Asuntos Exteriores y eventual aspirante algún día al Elíseo. Pero difícilmente puede sobrevivir al ridículo.
Apartado de la carrera presidencial de 2012 debido a la acusación de violación presentada en su contra por la fiscalía de Nueva York –luego retirada por falta de pruebas–, Dominique Strauss-Kahn ha caído finalnente fulminado no tanto por la acumulación de escandalos sexuales y la gravedad de algunas de las sospechas que recaen sobre él como por la burla y la chanza de que es víctima en Francia. Convertido en objeto de pitorreo nacional, la imagen del ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha quedado irremediablemente, definitivamente, arruinada.
Presentado como un libidinoso, semicubierto con un batín estampado de leopardo –“Perdone mi vestimenta, acabo de salir de la ducha”, repite como una letanía–, el títere de Strauss-Kahn se ha convertido en la estrella del popular programa de marionetas Les Guignols de l’Info, emitido diariamente por Canal Plus. El personaje, rebautizado mordazmente como “DSK. Homo Erectus”, aparece regularmente en pantalla y es tratado de forma corrosiva. Baste, como ejemplo, un trozo escogido del diálogo entre el falso presentador del telediario y el sosias de Strauss-Kahn emitido el pasado jueves:
–“Tras Grecia y España, Italia está ahora en la tormenta. Y pronto lo estará Francia. Díganos, ¿qué hacer en caso de pánico?
–Es muy sencillo. En caso de pánico, de entrada, se hace salir a la prostituta de la habitación. Después, se cogen unas toallitas para secarse los genitales...
–¡No, no, no...! Esta noche está aquí para hablar de economía.
–Es cierto que es otra de mis especialidades...”.
La violencia de los ataques humorísticos de que es objeto Strauss-Kahn en los guiñoles de Canal Plus sólo tiene parangón con los que le lanza, también regularmente, el dibujante Plantu desde la portada del vespertino Le Monde, de cuya tira cómica DSK se ha convertido en un personaje casi permanente. Apenas hay tema, le concierna o no, en el que no aparezca, ni que sea colateralmente. Al igual que en televisión, la caricatura de DSK aparece aquí con un sempiterno batín.
Uno de los chistes más ácidos de los publicados por Plantu es el que presenta a Strauss-Kahn como un –sospechosamente– solícito “tío” de la recién nacida Giulia Sarkozy, claramente reconocible por su semejanza con la caricatura del presidente de la República. “Suerte que estoy yo aquí para ocuparme de la pequeña”, le hace decir a DSK el autor...
El humorista Stéphane Guillon, desembarcado en 2010 de la radio pública France Inter por sus inquisitivas bromas sobre políticos, puede jactarse de haber sido un pionero. Ya en febrero de 2009, a resultas del escándalo del affaire entre Strauss-Kahn y la economista del FMI Piroska Nagy, Guillon ironizó en directo por radio sobre la inminente entrevista con el ex ministro socialista anunciando la falsa adopción de medidas excepcionales de seguridad para proteger al “personal femenino” de la emisora, entre ellas la disolución de bromuro en su café... Strauss-Kahn protestó entonces airadamente. Hoy, impotente, nada puede hacer para detener el diluvio de mofas y escarnios que le caen encima.
Cierto es que los humoristas siguen teniendo material en el que inspirarse. Archivado en Estados Unidos el caso de la supuesta violación de la camarera del hotel Sofitel de Nueva York Naffisatou Diallo –aunque todavía en trámite la demanda civil–, archivada también en Francia la denuncia por intento de violación de la periodista y escritora Tristane Banon en 2003, el nuevo escándalo de proxenetismo en hoteles de lujo de Lille sigue salpicando abundantemente a Strauss-Kahn.
Las investigaciones policiales han revelado las estrechas relaciones del ex director del FMI con un grupo de personas de Lille –un relaciones públicas, un empresario, un alto cargo de la policía...–, que al parecer organizaban citas con prostitutas de lujo y fiestas picantes para Strauss-Kahn, así en Lille como en París, Madrid, Viena o Washington. Las últimas revelaciones vienen de mensajes de texto que Strauss-Kahn habría enviado con su teléfono móvil a uno de los encausados, el empresario y militante socialista Fabrice Paszkowski, encarcelado desde finales del pasado mes de octubre.
Strauss-Kahn pidió ayer de nuevo, a través de sus abogados, poder declarar ante los jueces que instruyen el caso para poner fin a los rumores, mientras denunciaba el “linchamiento mediático” al que dice estar siendo sometido. El interrogatorio de DSK puede estar bien próximo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Francia, en el punto de mira
Un patinazo –¿incomprensible?– de la agencia de notación Standard & Poor’s, que anunció por error la degradación de la calificación de la deuda francesa, causó ayer tarde un momento de pánico en Francia, donde el mantenimiento de la máxima nota –la famosa triple A– ha sido convertido por el presidente Nicolas Sarkozy en una causa nacional. Al final fue sólo un susto. Pero puede ser una premonición. Sometida a vigilancia por parte de Moody’s, la calificación máxima de Francia pende hoy de un hilo y, al decir de numerosos observadores, su pérdida no ofrece dudas: es sólo cuestión de tiempo. Lo más significativo del traspiés de Standard & Poor’s, rápidamente rectificado por otra parte, es que fue inmediatamente creído. Sin generar un asomo de duda.
El ambiente en Francia es eléctrico. La tormenta financiera que descarga sobre Italia ha empezado a salpicar a a este lado de los Alpes. Hasta el punto de que la pregunta “¿puede ser la segunda economía de Europa el próximo objetivo de los ataques de los mercados financieros?” ha dejado de ser un tabú. Las señales emitidas por los mercados son muy poco tranquilizadoras.
La diferencia –spread– entre los tipos de interés de las obligaciones a 10 años de Alemania y Francia alcanzó ayer un nuevo récord, situándose en algo más de 170 puntos de base. Los dos grandes motores económicos de Europa mantienen oficialmente la misma calificación –AAA–, pero mientras los alemanes pagan un 1,77% de interés, los franceses deben pagar un 3,45%. Poco importa que, para Francia, sea uno de los tipos de interés históricamente más bajos. Lo preocupante es que el spread con Alemania –que era de sólo 30 puntos el pasado mes de mayo– no para de crecer.
Los analistas consideran que,más allá del efecto llamada que los bonos alemanes ejercen sobre los inversores, los mercados dejan traslucir su desconfianza hacia Francia. Tanto por la exposición de sus bancos a la deuda soberana italiana como por el estado de sus cuentas públicas. “No nos hagamos ilusiones, en los mercados la deuda francesa ya no es AAA. No hagamos las cosas por una nota perdida”, advertía ayer desde las páginas del diario económico La Tribune Jacques Attali, que presidió la comisión de expertos sobre el crecimiento.
Lo más llamativo es que esta situación se produce después de que, el pasado lunes, el primer ministro, François Fillon, anunciara el segundo plan de austeridad desde el verano, que comportará un ajuste adicional de 7.000 millones de euros sobre los Presupuestos del Estado de 2012, que se añaden a los 12.000 millones del plan de agosto. El objetivo oficial es reducir el déficit el déficit al 3% en 2013 y alcanzar el equlibrio presupuestario en 2016.
El problema, para Francia, es que no son sólo los mercados quienes desconfían. También la Comisión Europea pone en duda las previsiones y cálculos de París. Si el Gobierno francés acaba de revisar a la baja su previsión de crecimiento para el año que viene –del 1,75% al 1%–, Bruselas lo rebajó ayer aún más, hasta situarlo en el 0,6%. Una evolución más acorde con la marcha actual de la economía francesa: el Banco de Francia anunció el miércoles que prevé un crecimiento cero para el cuatro trimestre.
A la vista de las circunstancias, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, advirtió ayer que cara a 2013 “serán necesarias medidas suplementarias para corregir el déficit público excesivo” e instó a París a “anunciar lo más rápidamente posible” lo que pretende hacer para cumplir los objetivos de la UE.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Sakozy, Obama y el "mentiroso" de Netanyahu
Para nadie es un secreto que fuera de los focos las discusiones entre los líderes políticos mundiales tienen poco que ver, por su nivel de franqueza, con sus habitualmente aterciopeladas declaraciones públicas. En la mayoría de las ocasiones –diplomacia obliga–, las broncas sólo se conocen a tiro pasado, a partir de versiones de segunda mano. Y sólo muy raramente se ofrece a unos pocos la posibilidad de escucharlas en directo.
Esto es exactamente lo que les pasó a un puñado de periodistas que el jueves pasado esperaban pacientemente el inicio de la conferencia de prensa de los presidentes de Francia y Estados Unidos, Nicolas Sarkozy y Barack Obama, en la cumbre del G-20 en Cannes, mientras ambos mandatarios mantenían su reunión en una sala cercana.
Por un error, o por un exceso de anticipación, ambos líderes tenían ya colocados y activados los micros de la conferencia de prensa, pese a que la entrevista todavía no había acabado. Perfectamente al caso, la organización empezó a distribuir entre los periodistas presentes que lo precisaban los transmisores de la traducción simultánea, pero reteniendo los auriculares. Alguna alma cándida, o excesivamente confiada, explicó a los presentes el porqué, consiguiendo que los pocos que llevaban auriculares personales encima los conectaran inmediatamente para escuchar lo que se decía.
Y lo que escucharon, según reveló el sitio web francés Arrêt sur images, dirigido por el periodista Daniel Scheneidermann, no duró más de tres minutos pero fue realmente jugoso.
Al margen de la crisis financiera de la zona euro, los presidentes de Estados Unidos y deFrancia dedicaron la parte final de su conversación al conflicto de Oriente Medio. Obama reprochó a Sarkozy no haberle prevenido del voto francés a favor del ingreso de Palestina en la Unesco. “No me gustó tu modo de presentar las cosas. Nos debilitó. Nos deberías haber consultado. Pero bueno, ahora eso ya ha pasado”, le dijo.
Más tarde, la conversaciòn derivó hacia el papel del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a quien Francia acusa de obstaculizar el proceso de paz. Sarkozy, que hace un tiempo se dijo “decepcionado” por Netanyahu, esta vez fue más allá, al decirle a su interlocutor: “No puedo verlo, es un mentiroso”. A lo que el estadounidense, lejos de defender al israelí, apostilló: “Tú estás harto de él, pero ¡yo tengo que tratar con él todos los días!”. El Elíseo no hizo ayer comentarios al respecto.
Pillados en falta, confrontados a la obligación de respetar el carácter privado de la conversación, los periodistas aceptaron la petición de la organización de no difundir el contenido de lo escuchado. Tanto por motivos deontológicos como por la voluntad de no crearles un problema a los miembros del servicio de prensa. Sólo el periodista de Le Monde Arnaud Leparmentier evocó la charla en su blog. Pero sin desvelar las palabras pronunciadas.
martes, 8 de noviembre de 2011
Carlos, profesional del terror
"Yo soy revolucionario de profesión”. Con esta facundia, y una provocadora sonrisa en los labios, se presentó ayer el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos, ante el tribunal de París que le juzga por cuatro atentados mortales perpetrados en Francia en los años ochenta. A sus 62 años, canoso y tripudo, quien fuera el terrorista internacional más buscado por las policías de todo el mundo, visto por algunos como un héroe de la causa palestina y de la revolución mundial, es hoy una sombra del mito que fue. Encarcelado en Francia desde 1994, donde cumple una condena de cadena perpetua por el asesinato de tres hombres –dos agentes de los servicios de información y un informante– cometido en 1975 en París, del escurridizo Chacal sólo queda un rastro de sangre. Y el espectro de una época en que el terrorismo palestino y de la extrema izquierda sembraban la muerte en las calles de Europa.
Encuadrado en el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) –desde donde saltó a la fama con el secuestro de los ministros de la OPEP en Viena en diciembre de 1975–, Carlos pasó después a actuar por libre, amparado por algunos regímenes comunistas del Este y algunas capitales árabes. La caída del telón de acero precipitó su final, consumado en 1994 con su secuestro por agentes secretos franceses en Sudán y su conducción a Francia.
En absoluto arrepentido de su pasado de violencia, Carlos se jactaba todavía el domingo pasado, en una entrevista publicada por el diario venezolano El Nacional, de haber dirigido o llevado a cabo más de un centenar de ataques y atentados con un balance de 1.500 a 2.000 muertos, entre los cuales –precisaba con despampanante autoindulgencia– “sólo” había 200 víctimas civiles. “Menos del 10% de inocentes sufrieron por eso”, argumentaba.
Curiosamente, el venezolano niega hoy toda implicación en los cuatro atentados cometidos en Francia por los que está siendo juzgado, y en los que murieron 11 personas y otras 150 resultaron heridas. Los cuatro atentados, que en la época no tuvo reparos en reivindicar a través de comunicados, perseguían forzar al Gobierno francés a liberar a dos de sus camaradas, Magdalena Kopp –con la que acabaría casándose y teniendo una hija– y Bruno Bréguet, dos antiguos militantes de la banda alemana Baader-Meinhof detenidos por la policía francesa el 16 de febrero de 1982.
El primer ataque se produjo el 29 de marzo, cuando una bomba explotó en un tren –el Capitole– cerca de Limoges, causando cinco muertos. El 22 de abril, coincidiendo con el inicio de la vista contra los dos activistas, un coche bomba explotó en la calle Marboeuf de París, provocando la muerte de una mujer. Los otros dos atentados se produjeron el 31 de diciembre de 1983: sendos artefactos fueron explosionados en el TGV Marsella-París y en la estación marsellesa de Saint-Charles, causando respectivamente tres y dos muertos.
Los abogados de Carlos, Isabelle Coutant-Peyre –su actual esposa– y Francis Vuillemin, intentaron retrasar ayer el proceso renunciando a la defensa. Alegaron para ello que puesto que Ramírez había perdido la ayuda económica que recibía de Venezuela no podía pagarles. El presidente del tribunal, Olivier Leurent, decidido a llevar el juicio hasta el final los nombró de oficio en el acto y los obligó a seguir en la sala. El juicio quedará visto para sentencia el 16 de diciembre.
Cuando las barbas de tu vecino veas...
Con un ojo puesto en Grecia y el otro en Italia, Francia se dispone a su vez a dar una vuelta de tuerca en su política de austeridad. Aumento del tipo reducido del IVA –del 5,5% al 7%–, subida del impuesto de sociedades a las grandes empresas y de la imposición sobre el capital, reducción generalizada de las desgravaciones fiscales, aceleración de la reforma de las pensiones, congelación de las prestaciones sociales... El nuevo plan de ajuste aprobado ayer por el Gobierno de Nicolas Sarkozy, consecuencia de la revisión a la baja de la previsión de crecimiento para 2012 –del 1,75% al 1%–, va a endurecer considerablemente la situación en Francia, donde la oposición socialista habla ya de una “dilapidación del model social francés”.
“La palabra quiebra ha dejado de ser una palabra abstracta”, afirmó el primer ministro, François Fillon, en alusión implícita al caso griego, para justificar la necesidad de una decidida política de reducción del déficit y la deuda. “El mantenimiento de nuestra soberanía financiera exige esfuerzos e incluso sacrificios”, dijo. Y añadió: “Nuestro país debe arremangarse”. El plan del Gobierno, que amplía el ya aprobado a finales de agosto, mantiene el objetivo de reducir progresivamente el déficit –al 4,5% en 2012 y al 3% en 2013– con la perspectiva de alcanzar el equilibrio presupuestario en 2016, para lo cual prevé economizar durante este periodo unos 64.700 millones de euros, 7.000 millones de los cuales en 2012. Una cura de austeridad que pretende salvaguardar la AAA puesta bajo vigilancia por Moody’s.
El Gobierno francés pretende conseguir este ahorro recortando gastos y subiendo impuestos –más o menos mitad y mitad–, algo que contrasta fuertemente con las promesas de Sarkozy de no aumentar la presión fiscal. La medida que más impacto tendrá sobre más gente es el aumento del tipo reducido del IVA del 5,5% al 7% –como en Alemania–, aplicable a productos y servicios exceptuando la alimentación y la energía. Los sindicatos ya han amenazado con movilizaciones.
Las subidas de impuestos, sin embargo, no acabarán aquí. El Gobierno impondrá asimismo durante dos años un recargo del 5% del impuesto de sociedades a las empresas con más 250 millones de euros de cifra de negocios; elevará del 19% al 24% el tipo del impuesto sobre dividendos e intereses; congelará los baremos del impuesto de la renta, del impuesto sobre la fortuna y de sucesiones –en lugar de actualizarlos en función de la inflación–, por lo que los contribuyentes que aumenten su renta subirán más fácilmente de tramo y pagarán más, y, finalmente, reducirá en un 15% el valor de todas las desgravaciones fiscales existentes –los denominados nichos– y alguna será incluso totalmene suprimida.
La otra medida conflictiva es la aceleración del ritmo de implatación de la reforma de las pensiones. La nueva edad legal de jubilación, fijada en 62 años, deberá alcanzarse ahora en el año 2017, un año antes de lo previsto, lo que de aquí a 2016 permitirá ahorrar 4.400 millones de euros.
Sueldo congelado en el Elíseo
El sueldo del presidente de la Repúlica , del jefe del Gobierno y de los ministros será congelado hasta el retorno al equilibrio presupuestario, lo que está previsto alcanzar en 2016. Fillon invitó formalmente a los dirigentes de las grandes empresas francesas –en particular las que figuran en la lista CAC40 de la Bolsa – a seguir el ejemplo. Los partidos verán reducidas un 5% las ayudas públicas.
Pestaciones sociales
Las ayudas a la familia y a la vivienda sólo aumentarán un 1%, en lugar de actualizarse con la inflación. El gasto de la Seguridad Social en materia de salud se recortará en 700 millones.
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