sábado, 5 de noviembre de 2011

Tras Grecia, Italia...

La cumbre del G-20 arrancó el jueves en Cannes con Grecia hundiéndose en el abismo - y amenazando con arrastrar detrás de sí a toda la zona euro-y acabó ayer, viernes, con Italia señalada con el dedo como el nuevo eslabón débil de la cadena. La desconfianza de los mercados financieros hacia la situación de Italia - lastrada por un deuda de 1,9 billones de euros y obligada a endeudarse a elevadísimos tipos de interés (6,4%)-y el temor a una extensión de la crisis de la deuda a la tercera economía de Europa han acabado forzando al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, a aceptar la supervisión exterior.

La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) van a colocar a partir de ahora a Italia bajo control. La decisión, adoptada de común acuerdo durante la cumbre del G-20, aparece formalmente como un gesto voluntario del Gobierno italiano para tranquilizar a los mercados. Pero esta benévola presentación de las cosas no oculta el hecho de que la política de ajustes del Gabinete de Berlusconi va a ser "evaluada", "supervisada" y "verificada" por la Comisión Europea y el FMI, que cada tres meses enviarán a sus expertos a Roma para controlar la aplicación efectiva de las reformas comprometidas por el primer ministro italiano en la cumbre de Bruselas del 26 y 27 de octubre, en particular las reformas de las pensiones y del mercado de trabajo, así como el programa de privatizaciones.

El control no afecta tanto al contenido de las reformas, decididas ya por el Gobierno taliano, como a su real implementación. Italia no necesita por el momento ninguna ayuda financiera internacional, y de lo que se trata precisamente es de que eso no llegue a ser necesario. "Italia tiene enormes activos", reconoció ayer el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien no obstante subrayó que la superación de la crisis - que "en parte es psicológica"-precisa la adopción de medidas que restablezcan la confianza de los mercados. La "invitación" a la intervención del FMI en Italia - dijo-es un ejemplo. Como ilustró con franqueza la directora del Fondo Monetario, Christine Lagarde, el problema de Italia es de "falta de credibilidad".

La crisis de la zona euro ha acabado centrando la cumbre de Cannes. Los países del G-20, que habían exigido a los europeos un plan creíble para salir del atolladero, han valorado las medidas acordadas en la cumbre de Bruselas, pero han acordado reforzarlas. Una vez más, con la intervención del FMI, como había planteado Barack Obama, que tras la cena oficial del jueves se reunió durante una hora con todos los dirigentes europeos presentes en Cannes: Nicolas Sarkozy; la canciller alemana, Angela Merkel, Silvio Berlusconi; José Luis Rodríguez Zapatero, y los presidentes del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y de la Comisión, José Manuel Durao Barroso.
Los países de la zona euro acordaron en las horas previas al inicio de la cumbre del G-20 acelerar las medidas decididas en Bruselas, y en particular la ampliación de la dotación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) -que debe pasar de 440.000 millones de euros a un billón-, con el fin de evitar que la crisis abierta en Grecia por el anuncio de controvertido referéndum no se extendiera a otros países, como Italia o España.

Para que este "cortafuegos" funcione eficazmente, el FEEF será reforzado desde el exterior. Descartada la implicación del Banco Central Europeo (BCE) –a lo que se opone Alemania– será el FMI quien asuma este papel. Con este fin, los países del G-20 acordaron ampliar los recursos del Fondo Monetario –algo que antes de la espantada de Grecia era rechazado por países como Estados Unidos o Alemania–, aunque la fórmula exacta debe definirse de aquí a la próxima reunión de minsitros de Economía programada en febrero. El FMI verá asimismo ampliadas sus funciones, con la creación de una nueva línea de créditos a corto plazo, más flexibles, para ayudar a aquellos países que, pese a aplicar una política económica rigurosa y una situación sólida, tengan problemas de liquidez a causa de ataques exteriores.

ALIVIO DE ESPAÑA

Hay veces que figurar en el comunicado final de una cumbre internacional, como le sucedió ayer a Italia, es algo parecido a una condena. No es el caso de España, que ha atravesado la prueba sin dificultades. E incluso con elogios, como los que reiteró al principio de la cumbre el presidente francés, Nicolas Sarkozy, al valorar el esfuerzo y el sentido de la responsabilidad tanto del Gobierno como de la oposición. Lo cierto es que, a diferencia de Italia, nadie ha pedido a España estos días ninguna medida adicional de ajuste. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodriguez Zapatero, aprovechó la oportunidad para sacar pecho y desautorizar a quienes han “encasillado” a España entre los países problemáticos de Europa. Zapatero reivindicó que las reformas adoptadas han permitido evitar le necesidad de pedir ayuda al exterior -“España es capaz de financiarse por sí misma”, remarcó– y, como consecuencia, la imposición de condiciones más duras.

Contra la crisis, pasito a pasito

Los países del G-20 acordaron una estrategia global, coordinada, para relanzar la economía mundial y salir del marasmo que amenaza con una nueva recesión. Según los términos del acuerdo, el plan de acción por el crecimiento marca compromisos diferentes en función - forzosamente-de la situación en que se encuentre cada país. Así, la mayoría de los países desarrollados, con una situación difícil de sus finanzas - entre los que se cuenta España, pero también Francia y el Reino Unido-,deben seguir dando prioridad a las políticas de consolidación fiscal y presupuestaria. A los demás, en cambio, se les pide un mayor compromiso para relanzar la actividad.

Los que tengan una situación más sólida, como Alemania, deberían dejar funcionar los "mecanismos de estabilización automáticos", es decir, dejar que aumente el déficit por el efecto natural de ralentización de la economía. Y los que presentan excedentes corrientes importantes, como China y otros países emergentes, se comprometen a adoptar reformas que impulsen la demanda interna y a introducir una mayor flexibilidad en sus tipos de cambio. Este último compromiso, por vago que aparezca, introduce una novedad muy importante, y así lo valoró el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pues significa que China empieza a aceptar la necesidad de revisar el tipo de cambio del yuan, como le piden los occidentales.

En el comunicado final, los países del G-20 se comprometen a potenciar la dimensión social de la globalización, ofreciendo una especial atención al problema del empleo de los jóvenes y al establecimiento - como principio-de un "zócalo" mínimo de protección social en todo el mundo. Eso sí, adaptado a la realidad de cada país.

A nivel financiero, la cumbre aprobó como estaba previsto una lista de bancos de importancia sistémica mundial - esto es, cuyos problemas podrían tener repercusiones a escala global, como la quiebra de Lehman Brothers en el 2008-,que serán sometidos a una vigilancia reforzada y a los que se exigirá un incremento adicional de sus fondos propios. En la lista, integrada por 29 establecimientos, está el español Banco Santander.

En este ámbito, el G-20 se puso asimismo de acuerdo en regular el denominado shadow baking, para evitar que las mayores exigencias impuestas a los bancos deriven a otras entidades financieras que no tienen el estatuto de banco las actividades más arriesgadas. "No permitiremos el retorno a los comportamientos precrisis en el sector financiero", señala con contundencia el comunicado. Asimismo, se refuerza la presión sobre los países - una lista de un total de once-que no han adaptado su legislación a las nuevas exigencias mundiales y que siguen actuando como paraísos fiscales.

Tal como quería Francia, en la cumbre se acordaron también una serie de medidas - en materia de información y regulación-destinadas a reducir la volatilidad de los precios agrícolas, así como de los mercados de la energía. A medio plazo, los países del G-20 se comprometen a acabar con los subsidios a los combustibles fósiles.

La cumbre se puso asimismo de acuerdo en la necesidad de prevenir la tentación del proteccionismo y acordó buscar nuevos métodos y nuevas vías de aproximación para revitalizar las negociaciones de la ronda de Doha sobre el comercio internacional.

Uno de los debates a priori más conflictivos era el de la instauración de una tasa sobre las transacciones financieras para obtener nuevos recursos con los que financiar la ayuda al desarrollo. Una opción, entre otras, planteada en el informe elaborado por el fundador de Microsoft, Bill Gates, y del que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha hecho una bandera. El comunicado final incluye esta medida como una posibilidad - sin ningún compromiso-y da vía libre a que los países que lo deseen la apliquen. Sarkozy ya anunció el acuerdo de Francia, Alemania, España, Argentina y Brasil, entre otros, para ponerla en práctica. La Comisión Europea ya trabaja en ello.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La zona euro, foco de inquietud

"No podemos aceptar la explosión del euro, porque eso supondría la explosión de Europa", afirmó anoche con tono grave - aunque con un aspecto un poco más distendido que la víspera-el presidente francés, Nicolas Sarkozy, determinado junto con la canciller alemana, Angela Merkel, a defender la moneda única e impedir el contagio de la crisis griega a otros países en situación difícil, como Italia o España. Para el resto de los países del G-20, sin embargo, el problema excede Europa, en la medida en que puede acabar arrastrando a la economía mundial a una nueva recesión, y no parecen dispuestos a dejar en las solas manos europeas la resolución de la crisis. El seísmo provocado por la iniciativa unilateral del primer ministro griego, Giorgos Papandreu, de someter a referéndum el plan de salvamento de Grecia acordado la semana pasada en Bruselas ha puesto demasiado en evidencia la fragilidad de la respuesta europea.

La cumbre del G-20, que ayer se inició oficialmente en Cannes, apenas tuvo ojos para otra cosa que para la situación en Grecia y la crisis de la zona euro. "La tarea más importante del G-20 en los próximos días es resolver la crisis en Europa", subrayó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tras su llegada a Cannes, donde mantuvo encuentros bilaterales con Sarkozy y Merkel. La presión sobre los europeos procedente de los países emergentes conocidos como BRICS - Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-era asimismo apremiante.

Durante la tarde y noche de ayer, los representantes de los países de la eurozona yde las instituciones europeas negociaban con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros países del G-20, entre ellos Estados Unidos, la forma de reforzar el dispositivo diseñado por la zona euro para evitar un efecto dominó. Así lo reconoció Sarkozy cuando se le preguntó sobre la suficiencia del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) - que deberá estar dotado con un billón de euros-para hacer frente a una crisis de la deuda de un país como Italia. "Ese es precisamente el objeto de las discusiones", dijo el presidente francés, quien remarcó la necesidad de "hacer algo creíble, ambicioso y rápido".

Una de las cuestiones que están sobre la mesa es una mayor implicación del FMI, cuyos fondos podrían ser reforzados - a título voluntario, con la contribución de determinados países-y sus funciones ampliadas, estableciendo una nueva línea de créditos a corto plazo para países enfrentados a turbulencias externas.

Una minicumbre europea abordó, por la mañana, la necesidad de acelerar la puesta en práctica de los acuerdos de Bruselas, como medio de evitar la extensión de la crisis. El principal instrumento de este "cortafuegos", como lo definió un miembro de la delegación española, es la activación inmediata del Fondo Europeo de Estabilidad, que podría adoptar la forma jurídica de una agencia de financiación. El FEEF debería asegurar la compra de deuda en los mercados secundarios, ayudar a la recapitalización de los bancos cuando resulte necesario y, en caso extremo, la concesión de créditos para cubrir problemas de liquidez. En la reunión participaron Sarkozy, Merkel, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi - miembros de la zona y del G-20-,así como los presidentes del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, y de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, y la directora del FMI, Christine Lagarde.

La situación cambiante en Grecia parecía inclinar anoche a los dirigentes europeos hacia un prudente optimismo, más acusado en Sarkozy, más reservado en Merkel. El ultimátum lanzado al Gobierno griego la víspera con la congelación de toda ayuda internacional y la amenaza de una salida de la zona euro, parecía haber surtido efecto. El mismo efecto, como apuntó el presidente francés, de un "electrochoque".

ESPAÑA

José Luis Rodríguez Zapatero defendió ayer, en la primera jornada de la cumbre del G-20, en la población francesa de Cannes, la necesidad de compensar las políticas de ajuste y consolidación fiscal de aquellos países obligados imperativamente a hacer recortes - como España-con políticas de estímulo de la economía de la parte de aquellos países cuya situación económica se lo permite, según señalaron fuentes de la Moncloa. La ministra de Economía española, Elena Salgado, subrayó después que hay países con superávit comercial en todas las regiones del mundo - una forma elegante de señalar a Alemania, en Europa-,con capacidad para aplicar políticas que impulsen el crecimiento económico.

El presidente del Gobierno español coincidió en este terreno con otros dirigentes internacionales, entre ellos el presidente francés, Nicolas Sarkozy, persuadido de que una austeridad generalizada ahogará toda posibilidad de recuperación económica. Precisamente, uno de los objetivos principales de la presidencia francesa del G-20 es alumbrar al final de la cumbre una estrategia global, concertada, de salida de la crisis, en la que cada país sin embargo se comprometería a aplicar políticas adaptadas a su situación: la consolidación presupuestaria, en aquellos casos en que las finanzas públicas no dejen margen para otra cosa, y un mayor compromiso de quienes sí lo tienen para estimular la demanda interna.

En su intervención, Zapatero se alineó con la posición francoalemana en relación con Grecia - favorable por tanto a la suspensión de la ayuda internacional mientras aquel país no asuma los compromisos que adquirió en Bruselas-,pero pidió a la vez que el G-20 envíe al pueblo griego un mensaje de esperanza.

El presidente del Gobierno aprovechó que su intervención se produjo justo después de la del primer ministro británico, David Cameron, para subrayar que si el Reino Unido, pese a tener una deuda y un déficit superior a los españoles, no tiene los mismos problemas que España es porque el Banco de Inglaterra compra la deuda británica - de la que detiene un 20%-,mientras que no sucede lo mismo en la zona euro con el Banco Central Europeo (BCE). Zapatero, sin embargo, no tenía ninguna posibilidad de convencer a la canciller alemana, Angela Merkel, totalmente hostil a tal práctica.

Ultimátum a Grecia

No se muerde la mano de quien te da de comer. Con ese mensaje inequívoco, los máximos líderes europeos recibieron anoche en Cannes, en la Costa Azul francesa, al primer ministro griego, Giorgos Papandreu, convocado de urgencia por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, la víspera de la cumbre del G-20, para abordar la situación creada por el inesperado anuncio griego de someter a referéndum el plan de ayuda aprobado la semana pasada por los países de la zona euro. La reunión acabó con un severo ultimátum: Grecia no recibirá ninguna nueva ayuda mientras no cumpla todos y cada uno de los compromisos que adquirió el pasado 27 de octubre. Si rechaza, deberá abandonar la zona euro.

El primer ministro griego reivindicó el derecho democrático a convocar un referéndum y se comprometió, a petición de sus socios, a acelerar al máximo su celebración, con el fin de no eternizar la actual situación de incertidumbre. Papandreu citó el 4 de diciembre como fecha probable.

Lo que a lo largo de toda la jornada de ayer planeó como una amenaza, se precisó por la noche, durante la tensa cena que mantuvieron, en el Palacio de Festivales de Cannes, Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y Giorgos Papandreu - acompañados por sus ministros de Economía, François Baroin, Wolfgang Schäuble y Evangelos Venizelos-,junto con la directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, y los representantes de las instituciones europeas: el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy; el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, y el presidente del Eurogrupo y primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker.

Al término de la cena, cerca ya de las once y media de la noche, Sarkozy y Merkel comparecieron para reafirmar su determinación de aplicar los acuerdos del 27 de octubre - que se comprometieron a acelerar-y de situar la salvación del euro como moneda común y estable por encima de cualquier otra consideración: incluida la permanencia de Grecia en la zona euro, una eventualidad hasta no hace mucho totalmente descartada por los líderes europeos. El tabú se ha roto.

La primera medida adoptada anoche es la congelación de toda nueva ayuda a Grecia, por parte de la Unión Europea y del FMI mientras este país no cumpla todos y cada uno de los compromisos adquiridos con sus socios europeos. "Si no se cumplen las reglas no habrá ni un céntimo", remarcó Sarkozy con brutal claridad. Grecia debía recibir en noviembre 8.000 millones de euros, correspondientes al sexto tramo de la ayuda internacional comprometida. Ahora, como confirmó por su parte Christine Lagarde, este dinero quedará en suspenso, agravando el riesgo de una posible bancarrota.

Los griegos deberán asumir sus obligaciones, subrayaron Sarkozy y Merkel al unísono, si quieren recibir la ayuda europea y si - y esto es totalmente nuevo-quieren seguir dentro de la zona euro. Ambos mandatarios asimilaron un eventual rechazo griego a las condiciones del plan de salvamento a una autoexclusión de la moneda única. Lo de menos es la pregunta: un no será interpretado como un no a Europa. "Grecia debe decidir si quiere seguir en el euro o no", afirmó el presidente francés, a lo que Merkel, que se dijo dispuesta a asumir decisiones "difíciles y duras", apostilló: "Queremos que Grecia siga en el euro. Si decide lo contrario, respetaremos su elección, pero no reunciaremos al euro".

Papandreu no se llamó a engaño. "Lo que está en juego [ en el referéndum] es saber si queremos seguir en la zona euro, eso está muy claro", declaró poco después de la reunión a los medios de comunicación. El primer ministro griego cree posible articular un amplio consenso en su país a favor de esta permanencia. Pero sus socios no lo ven tan claro.

La canciller alemana expresó, por otra parte, su convicción de que la puesta en marcha y aplicación del acuerdo del 27 de octubre bastará para asegurar la estabilidad de la zona euro, aun en el caso de una salida griega de la modena única. Merkel y Sarkozy acordaron una rápida puesta en marcha del Fondo Europeo de Estabilidad, para lo que hoy mismo mantendrán una reunión los ministros de Economía alemán y francés con el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn.

La cuestión griega monopolizó ayer la jornada previa a la cumbre del G-20, que se desarrollará entre hoy y mañana en Cannes. Y aún seguirá en la mañana de hoy, antes del inicio formal de la cumbre con un almuerzo. Nicolas Sarkozy convocó para media mañana una reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de la zona euro que forman parte también del G-20 - esto es, Francia, Alemania, Italia y España-así como los responsables de la UE, para acudir a la cumbre con una única voz. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, avanzó por ello su viaje a Cannes, donde aterrizó anoche.

La inesperada - y arriesgada-jugada del primer ministro griego de convocar un referéndum ha dinamitado la estrategia de Sarkozy - presidente de turno del G-20-cara a la cumbre. El presidente francés quería llegar a la cita con la crisis de la zona euro resuelta y poner el acento en otros ámbitos. Raté...

Integristas contra caricaturistas

En el 2006, los integristas islámicos inundaron de amenazas al semanario satírico francés Charlie Hebdo por haber osado publicar las controvertidas caricaturas del profeta Mahoma. Cinco años después, han pasado al acto. Unos desconocidos perpetraron en la noche del martes al miércoles un atentado contra la sede de la publicación, situada en el bulevar Davout (en el distrito 20 de París), sobre la que lanzaron al menos un cóctel molotov. El fuego prendió en el sistema informático y destruyó completamente la redacción del semanario. Debido a la hora en que se produjo el ataque, no hubo heridos.

Al cierre de esta edición, el atentado - así lo calificó el ministro del Interior, Claude Guéant-,no había sido reivindicado y la policía no daba por cerrada ninguna pista. Sin embargo, el director de Charlie Hebdo,el diseñador Charb, no dudó en vincularlo directamente a la aparición del número de esta semana, dedicado al triunfo de los islamistas en las elecciones tunecinas y titulado provocativamente Charia Hebdo."En los últimos días hemos recibido numerosas cartas de protesta, insultos y amenazas, a través de Facebook y Twitter", explicó. Como para corroborar sus palabras, el sitio web del semanario sufrió ayer el ataque de piratas informáticos, que colgaron de su página principal una foto de la gran mezquita de La Meca y la frase en inglés "Not god but Allah" (No hay más dios que Alá).

El ataque no evitó, sin embargo, que el número saliera ayer a la calle. Ya fuera por curiosidad, por solidaridad, por afán coleccionista, o por todo un poco, el semanario se agotó en la mayoría de quioscos en unas horas.

"Todo ha quedado destruido", se lamentaba ayer Patrick Pelloux, cronista del semanario, afectado por los efectos del atentado. Para evitar que la publicación deje de salir la semana que viene a causa de este ataque, el director del diario Libération,Nicolas

Demorand, ofreció albergar en sus locales a la redacción de Charlie Hebdo el tiempo que haga falta. Dicho y hecho, los responsables del semanario empezaron a instalarse a primera hora de la tarde.

"Nosotros sólo hemos hecho nuestro trabajo. Nosotros hacemos humor. La provocación la hacemos todas las semanas", explicó el director de la revista en la emisora de radio Europe 1, donde aclaró que el número dedicado al empuje islamista en Túnez y Libia no incluye ninguna caricatura de Mahoma, que aparece presentado como "un tipo gracioso".

Toda la clase política francesa reaccionó de forma unánime para condenar el ataque contra Charlie Hebdoydefenderla libertad de expresión. El primer ministro, François Fillon, expresó su "indignación" por el atentado y pidió al ministro del Interior que se esclarezcan los hechos y se persiga a sus autores. En términos parecidos se expresaron ministros como Nathalie Kosciusko-

Morizet o Xavier Bertrand, así como el secretario general de la UMP, Jean-François Copé. Lo mismo hicieron el candidato del Partido Socialista al Elíseo, François Hollande, y otros dirigentes de la izquierda francesa. También el presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), Mohamed Musaui, condenó el ataque y juzgó que la imagen de la portada era "menos violenta" que la del 2006.

La reacción política fue muy diferente a la que suscitó, en el 2006, la publicación por este mismo semanario de las polémicas caricaturas de Mahoma aparecidas en varios medios de Dinamarca. En aquel momento, el entonces presidente de la República, Jacques Chirac, deploró la reproducción de las caricaturas, por considerar que eran una "provocación manifiesta" y podían herir la sensibilidad de los ciudadanos que profesan la religión musulmana.

Católicos contra una obra de teatro


Organizaciones ultracatólicas han mostrado su indignación por la mofa que, según ellas, hace de Jesucristo el artista Dieudonné en un monólogo teatral en París. Si un día rezaron el rosario en la sala, el pasado sábado se manifestaron en la plaza de Pyramides, donde hubo choques con la policía.

martes, 1 de noviembre de 2011

Estancamiento a la vista

La economía del mundo desarrollado va a sufrir en 2012 un brusco frenazo y la zona euro, en particular, va a caer en una situación de estancamiento peligrosamente próxima a la recesión, a poco que el acuerdo alcanzado por la Unión Europea no consiga restablecer la confianza. Así lo vaticina, en un avance de sus previsiones económicas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que entre otras medidas invita al Banco Central Europeo (BCE) a bajar los tipos de interés actualmente situados en el 1,5%, muy por encima de los de Estados Unidos o Japón. “Los tipos de interés deberían mantenerse o, cuando sea posible, rebajarse, particularmente en la zona euro”, sostiene la organización internacional en su avance de previsiones, hecho público ayer cara a la celebración, los próximos jueves y viernes en Cannes, de la cumbre del G-20.
Junto a la reducción de los tipos de interés –y al mantenimiento del suministro de liquidez por parte de los bancos centrales–, la OCDE recomienda, antes que nada, “clarificar y aplicar completa y decididamente” los acuerdos adoptados por los países europeos el pasado 26 de octubre en Bruselas para solventar la crisis de la deuda soberana, requisito imprescindible a su juicio para evitar un contagio generalizado.
Por lo demás, el organismo que agrupa a los 34 países más desarrollados del mundo mantiene la necesidad de adoptar medidas “fuertes y creíbles” en materia de saneamiento de las finanzas públicas, así como la adopción de reformas estructurales que favorezcan un crecimiento equilibrado a largo plazo. El secretario general de la OCDE, Àngel Gurría, volvió a elogiar ayer las medidas adoptadas por el Gobierno español: “España ha hecho y está haciendo lo que hace falta”, afirmó.
En opinión de la OCDE, la cumbre de Cannes del G-20 constituye un momento crucial que debe ser aprovechado para adoptar “medidas enérgicas” que restablezcan la confianza general.
El panorama que pinta la OCDE para el año que viene es, particularmente para Europa, bastante sombrío. Si para el conjunto de los países del G-20 las previsiones vaticinan un nivel parecido al de 2011 –con un crecimiento del 3,8% del PIB en 2012, similar al 3,9% previsto para este año– y una mejora más decidida en 2013 (+4,6%), las diferencias entre las diferentes regiones son muy marcadas. Mientras los países emergentes, con China a la cabeza, retrocederán ligeramente (de 7,2% en 2011 a 6,7% en 2012) pero seguirán en niveles notablemente altos, Estados Unidos se mantendrá en cambio en niveles parecidamente bajos a los actuales (de 1,7% a 1,8%) y la zona euro caerá del 1,6% al 0,3%, una situación de estancamiento. La mejora de las perspectivas generales para 2013 dejará no obstante a la zona euro todavía en un corto 1,5%, por debajo del nivel de este año.
Las previsiones de la OCDE, según subrayó Ángel Gurría, están basadas en un escenario hipotéticamente estable, esto es, sin que se produzcan nuevos acontecimientos. Podrían mejorar ligeramente, yendo bien. Pero también empeorar, y arrastrar a algunos países a la recesión, con retrocesos de hasta el 5% del PIB.

Palestina, en la Unesco

Desde ayer, Palestina es el Estado miembro número 195 de la Unesco, la agencia de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura. En su búsqueda de reconocimiento internacional, la Autoridad Palestina, presidida por Mahmud Abbas, consiguió una victoria diplomática de enorme fuerza simbólica, que la directora general de la Unesco, Irina Bokova, no dudó en calificar de histórica, por más que su alcance práctico sea limitado. Un total de 107 países, entre ellos España y Francia, votaron a favor de la incorporación de Palestina, por sólo 14 que votaron en contra –incluidos Israel, Estados Unidos y Alemania– y 52 que se abstuvieron. A los palestinos les bastaba obtener dos terceras partes de los votos emitidos –entre los que no se cuentan, a estos efectos, las abstenciones– para que su nonato Estado fuera admitido en la Unesco, donde el obstáculo de no ser un miembro de pleno derecho de la ONU puede ser salvado con un informe favorable del comité ejecutivo. Como así fue.
Pese a la justificada alegría que manifestaba ayer la delegación palestina en la sede central de la organización, en París, el ingreso de Palestina en la Unesco no presupone su reconocimiento como Estado de pleno derecho en la ONU, donde Estados Unidos ha amenazado con ejercer su derecho de veto, lo que bastaría para cerrarle totalmente la puerta. Solicitado por Abbas el pasado 23 de septiembre ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el reconocimiento de Palestina debe ser votado el próximo 11 de noviembre en Nueva York por el Consejo de Seguridad.
Si la jornada de ayer fue histórica para los palestinos, puede resultar funesta para la Unesco. Los norteamericanos, desprovistos aquí del arma del veto, nada pudieron hacer por impedir el ingreso de Palestina en la organización. Pero sus represalias, junto a las de Israel, van a pesar como una losa sobre las finanzas de la agencia de las Naciones Unidas, que de repente va a ver amputada una cuarta parte de su presupuesto. Detrás de los aplausos, el semblante de la directora general de la Unesco manifestaba una comprensible inquietud, compartida también por el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon.
Estados Unidos, que es el principal contribuyente de la Unesco –aporta el 22% de sus fondos–, había amenazado con retirarle su apoyo económico. Y ayer mismo cumplió su amenaza. La portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, anunció desde Washington la suspensión del pago de 60 millones de dólares –43 millones de euros– que Estados Unidos debía hacer este mes de noviembre.
Los estadounidenses, más allá de su evidente disgusto, no tenían tampoco otra opción. Dos leyes vigentes, aprobadas en 1990 y 1994, prohíben explícitamente la financiación de toda agencia de Naciones Unidas que reconozca un Estado palestino en ausencia de un acuerdo previo con Israel. La Casa Blanca, a través de su portavoz, consideró que el voto de la Conferencia de la Unesco es “prematuro y contraproductivo”.
Mientras el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, se felicitaba del voto de la Unesco –que consideró una “victoria de la justicia”–, y su ministro de Asuntos Exteriores, Riyad Al Malki, lo juzgaba un “primer paso” en el camino de la “liberación”, en Israel el voto de la Unesco –que su embajador en la organización, Nimrod Barjan, calificó de “día triste”–fue recibido como una “maniobra palestina unilateral que no cambiará nada en el terreno pero aleja más la posibilidad de un acuerdo de paz”. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reprochó ante el parlamento a los palestinos “intentar tener un Esyado propio sin negociar” y advirtió que Israel “no va quedarse de brazos cruzados” ante iniciativas semejantes.
El pronunciamiento de la Unesco sobre el caso palestino ofreció ayer una nueva oportunidad de mostrar ante el resto del mundo la división de la Unión Europea, incapaz de adoptar una posición común. La ministra española de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, que encabezaba la delegación española, lamentó esta falta de unidad y justificó el voto favorable de España al reconocimiento de Palestina como nuevo Estado miembro. “España se ha situado en el lado correcto de la Historia”, dijo.
Junto a España, el otro gran país europeo que votó a favor fue Francia. Una decisión sorprendente, en la medida en que hasta ahora París se había mostrado muy reticente al reconocimiento de Palestina en la ONU –el presidente francés, Nicolas Sarkozy, propuso como alternativa el estatus intermedio de Estado observador–. El portavoz del Ministerio de Asuntos exteriores, Bernard Valero, justificó el voto francés alegando que, si bien el momento no era el más oportuno, confrontados a la votación, “debíamos asumir nuestras responsabilidades y pronunciarnos sobre el fondo” de la cuestión. Francia se sumó pues a la mayoría de países árabes y africanos, así como Rusia, China, India o Brasil.
Más prudentes, el Reino Unido e Italia optaron ayer por abstenerse, mientras que Alemania –siempre junto a Israel– , Suecia y la República Checa, se alineabas con el no, que contó también entre sus filas con Canadá y Australia.