lunes, 17 de octubre de 2011

La pesadilla de Strauss-Kahn

Dominique Strauss-Kahn lleva la etiqueta del escándalo sexual, por decirlo a la manera francesa, pegada a la piel. Y no parece que haya manera humana de desprendérsela. Apenas tres días después de que la fiscalía de París decidiera archivar la denuncia por violación presentada contra él por la periodista y escritora Tristane Banon -en la que, curiosamente, daba por reconocido un delito de agresión sexual, ya prescrito-, un nuevo escándalo sexual salpica al ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI). En este caso, el político socialista aparece como presunto cliente de una red de prostitución de lujo.
El caso estaba ya haciendo mucho ruido en Francia antes de que saliera citado el nombre de Strauss-Kahn. La policía francesa, siguiendo una operacón iniciada por la policía belga al otro lado de la frontera, desencadenó esta semana una vasta operación para desarticular una red de proxenetismo dirigida desde Bélgica que mostraba una intensa actividad en la ciudad francesa de Lille (Nord-Pas de Calais), donde ofrecía prostitutas de alto nivel en hoteles de la ciudad. Tres directivos del hotel de lujo Carlton y un empresario han sido encarcelados preventivamente por su presunta implicación en este asunto y el establecimiento -junto a otros dos hoteles de la ciudad-, ha sido cerrado administrativamente por tres meses. Un conocido abogado de Lille ha sido también procesado.
El rumor de que un político francés podría estar entre los clientes de esta red de prostitución empezó a correr a mediados de esta semana y el viernes una publicación de la prensa rosa, Closer, aventuró que se podría tratar de Strauss-Kahn. La implicación subió de nivel ayer cuando el Journal du Dimanche publicó, citando fuentes de la investigación, que dos prostitutas le habrían señalado como cliente. La policía sospecha que la red belga, dirigida por el francés Dominique Alderweireld, alias Dodo la Saumure, habría enviado a algunas profesionales a Nueva York a finales de 2010 para prestar servicio al entonces director del FMI.
Strauss-Kahn reaccionó ayer rápidamente y pidió que el juez que instruye el caso les tome declaración “lo más rápidamente posible” en calidad de testigo, con el fin -según declaró a la agencia France Presse- de acabar con la “insinuaciones malévolas” y las “extrapolaciones aventuradas”. Ser cliente, en Francia, de una prostituta no constituye delito alguno, salvo si se trata de una menor.
Como no todo han de ser malas noticias para Strauss-Kahn, ayer el abogado de Tristane Banon, David Koubbi, declaró en una entrevista en el canal de televisión M6 que había aconsejado a su cliente renunciar a nuevas acciones judiciales contra el ex ministro socialista. El letrado ve difícil, tras el pronunciamiento de la fiscalía, que un juez pueda adoptar una decisión diferente. A la vista de los escasos elementos reunidos por la investigación, debido en gran medida al tiempo transcurrido -los hechos denunciados datan de febrero de 2003-, la fiscalía consideró imposible acreditar un posible intento de violación, aunque dio por hecho en cambio la existencia de una agresión sexual. Este delito, sin embrago, tiene en Francia un periodo de prescripción de tres años, por lo que ya es totalmente imposible juzgarlo.
Tristane Banon había anunciado previamente que si la fiscalía archivaba el caso, presentaría una nueva demanda constituyéndose en parte civil, lo cual implica la designación automática de un juez de instrucción. Su abogado ha empezado a pensar que quizá no vale la pena y que el pronunciamiento de la fiscalía, en la medida en que la reconoce como víctima de una agresión sexual, puede ser suficiente. “Muy sinceramente, le he indicado -explicó Koubbi- que si ella tiene los medios de encontrar en ello \[el auto de la fiscalía\] el medio de reconstruirse, que reflexione”.

Un falso blandengue

El díscolo y rebelde Arnaud Montebourd, que hoy le apoya, le señaló un día como "el principal defecto de Ségolène Royal" - entonces, todavía su mujer-y tuvo a bien bautizarle con el perverso apodo de Flanby.Por lo blando. Su rival en las primarias socialistas - y enemiga íntima desde hace varias décadas-,Martine Aubry, ha rescatado esta imagen para denigrarle acusándole de encarnar una "izquierda blanda".

François Hollande (Rouen, 12 de agosto de 1954), siempre ha tenido fama de blando. Hombre tranquilo, de natural amable, acusado sentido del humor e inteligente ironía, su larga jefatura al frente del Partido Socialista francés (1997-2008) estuvo caracterizada por su afán de integración y de síntesis. Incluso hasta la caricatura. A años luz del carácter fanfarrón de Nicolas Sarkozy, Hollande pasa por un débil. Los guiñoles de Canal Plus le retratan incluso como un débil mental... Para el veterano periodista Alain Duhamel, en cambio, Hollande simplemente rompe los cánones del político: "Se impone sin pisotear a los otros, sin dar codazos", subraya.

Titulado por la Escuela Nacional de Administración (ENA), seguidor temprano de Jacques Delors - fue presidente de su club Témoin-y consejero de François Mitterrand, sus adversarios subrayan su falta de experiencia de gobierno. Durante casi treinta años compañero sentimental de Ségolène Royal, con quien tiene cuatro hijos en común, se separó en 2007 para formalizar una relación con la periodista Valérie Trierweiler.

La dama de las 35 horas

Muchas cosas podrían unir a Martine Aubry y François Hollande. Desde su formación -ambos son enarcas, la élite de la República- hasta su herencia política. Pero entre la hija de Jacques Delors y quien fuera el presidente del movimiento delorista en el PS la enemistad es rancia. Más que ideológica, hay entre ellos una aversión personal, además de una diferencia abismal de carácter.
Martine Aubry (París, 8 de agosto de 1950) -¡“Yo soy más joven!”, subrayó Hollande de forma inelegante en su cara a cara televisado- es la cara opuesta de su rival. Aubry, que como tantas otras francesas ha mantenido el apellido de su primer marido, con quien tuvo una hija -actualmente está unida al abogado Jean-Louis Brochen-, se presenta como abanderada de una “izquierda fuerte” y hace gala de un carácter enérgico y determinado. Arisca donde Hollande es amable, frontal donde el otro prima las componendas, Aubry tiene fama de intransigente y -de acuerdo con una imagen que alimenta desde hace años la derecha- sectaria.
Mucho tiene que ver con ello la instauración -a paso de marcha y blandiendo el sable- de la semana laboral de 35 horas en 1998. Ministra de Trabajo, y después de Empleo, Martine Aubry ha quedado para la historia como la madre de la reforma más emblemática del Gobierno de Lionel Jospin, cuando en realidad el padre biológico era Dominique Strauss-Kahn.
En 1995, Jacques Delors declinó ser candidato del PS a la presidencia de la República. Diecisiete años después, su hija pretende cerrar la historia familiar.

Espadas en alto

Los socialistas franceses se juegan hoy la posibilidad de derrotar a Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales de la próxima primavera. De quién, y en qué condiciones, gane este domingo la segunda vuelta de las primarias para elegir al candidato al Elíseo dependerán en buena medida sus oportunidades futuras.
Dos veteranos dirigentes del Partido Socialista francés, François Hollande y Martine Aubry, se disputan el honor -y el reto- de intentar hacer posible el cambio en Francia en unas primarias abiertas y, por ende, imprevisibles. Hollande, ganador de la primera vuelta y favorito de los sondeos, tiene todas las de ganar.
El resultado que Hollande obtuvo hace una semana -39% de los votos-, sumado al de los cuatro aspirantes eliminados -Arnaud Montebourg (17%), Ségolène Royal (7%), Manuel Valls (6%) y Jean-Michel Baylet (1%)–, que le han prestado unánimemente su apoyo, le garantiza aritméticamente la elección en la segunda vuelta que se celebra hoy. Pero todo puede pasar. Nada es seguro.
Muchos de quienes votaron a los otros candidatos pueden no sentirse identificados con la decisión pragmática de sus respectivos líderes -Montebourg y Royal han apostado claramente por Hollande por ir en cabeza- y votar de forma diferente. O bien, quedarse en casa... Los socialistas corren hoy el serio riesgo de movilizar a menos ciudadanos que en la primera vuelta -en que acudieron a las urnas 2,6 millones de franceses, según los datos definitivos-, lo que fragilizaría sin duda la posición del ganador.
Mal le deberían ir las cosas a François Hollande, sin embargo, para que Martine Aubry consiguiera dar la vuelta a la situación. La ventaja que el primero sacó a la segunda hace una semana -casi nueve puntos- lógicamente se ha reducido, pero según el último sondeo se situaría aún hoy en seis puntos: 53% a 47%. La sorpresa parece, pues, improbable.
Si la victoria de Martine Aubry parece una quimera, lo que no es descartable en cambio es que los dos candidatos lleguen a la línea de meta casi codo con codo. Y si algo no deja dormir estos días a los socialistas franceses es este posible escenario, que recordaría amargamente el desastroso desenlace del congreso de Reims, en noviembre de 2008, cuando Martine Aubry se alzó con la primera secretaría del PS por una diferencia mínima de 102 votos frente a Ségolène Royal. El proceso electoral estuvo plagado además, en aquel caso, de numerosas irregularidades y Royal acusó a su rival de haber cometido fraude.
Preocupados por aquel antecedente, los socialistas han puesto en práctica esta vez un exigente sistema de garantías y controles -incluida una autoridad de supervisión independiente- para evitar cualquier sospecha de pucherazo, lo que arruinaría definitivamente el efecto de las primarias ante la opinión pública.
Pero aún sin la sombra del trapicheo, un resultado demasiado ajustado sería enormemente perjudicial para el PS. No sólo porque daría armas a la derecha para cuestionar la legitimidad y popularidad del candidato electo -incapaz de movilizar al electorado de izquierdas detrás de su persona ¿cómo iba a ser capaz de hacerlo con el conjunto de los franceses?-, sino porque además puede desatar de nuevo las guerras fratricidas entre socialistas.
No hay que olvidar que si François Hollande gana hoy, lo hará en contra de la jefa de filas del PS y, también, de los principales barones del partido, de Bertrand Delanoë a Laurent Fabius, de Henri Emmanuelli y Benoît Hamon -líderes del ala izquierda- al chamuscado Dominique Strauss-Kahn, víctima de su propia incapacidad para controlar sus desatadas pulsiones sexuales. Es decir, contra todo el aparato.
“Nicolas Sarkozy no puede ganar, pero los socialistas pueden perder”. Un estrecho colaborador del secretario general de la UMP, Jean-François Copé, subrayaba recientemente con estas palabras, alrededor de un café en un bistró cercano a la Asamblea Nacional, la delicada situación en que se encuentra el presidente de la República, con un nivel de popularidad ínfimo que apenas llega al 30%. Pero también la posibilidad cierta de que el PS despilfarre todas sus bazas gastándolas en querellas internas.
El precedente de 2007 es ilustrativo. Segolène Royal, que sin embargo se había hecho con la nominación con un aplastante 63% de los votos -en aquel caso, sólo de los militantes del PS-, no encontró en su partido el apoyo que cabía esperar y sí, en cambio, constantes palos en las ruedas. Los viejos elefantes socialistas no le perdonaron su insolente independencia y el primer secretario de la época, un tal François Hollande -su compañero sentimental en aquel momento, aunque preparando ya el salto a otra vida, y padre de sus cuatro hijos- tampoco se empleó a fondo.
Royal, pese a reunir 17 millones de votos, perdió ante Sarkozy, sin que sea posible saber hoy hasta qué punto la actuación de su partido fue un lastre decisivo. Cinco años después, en cualquier caso, Hollande -despojado de todo cargo interno y enfundado en la piel del outsider- se enfrenta a los mismos peligros que su ex,
A los mismos peligros, sí, pero no con el mismo viento a favor. Hoy no se perciben en Francia las ganas, el entusiasmo, la esperanza que embargaba hace cinco años tanto a los seguidores de Royal como de Sarkozy. Hoy la decepción y la inquietud son los sentimientos dominantes. Y si de algo se ha beneficiado Hollande es del deseo de los franceses, en estos tiempos de crisis, de tener a un presidente serio, prudente y sobrio, alejado de la impetuosidad y la arrogancia de la que a menudo hace gala Sarkozy. Hollande no desata pasiones, pero transmite seguridad y confianza.
Dominique Strauss-Kahn, ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ex ministro de Economía, reunía estas mismas características pero de forma superlativa. Y antes de que tirara por la borda toda su carrera política por ocho minutos de sexo -consentido o no- era el preferido (coqueluche) de los franceses. Con él, la derrota de Sarkozy en las presidenciales del 2012 parecía cosa asegurada. Sus herederos, aún partiendo también con ventaja -según todos los sondeos-, no distancian tanto al jefe del Estado. Y Sarkozy es mucho Sarkozy. Sobre todo en campaña.
Sin la defección de Strauss-Kahn -forzada por su detención en Nueva York acusado de violaciñon-, las cosas serían hoy muy diferentes para el Partido Socialista. Y las elecciones primarias, que casi todo el mundo celebra como un gran avance democrático, habrían quedado privadas de su sustancia, convertidas poco menos que en un plebiscito.
En cualquiera de los casos, no deja de ser una llamativa paradoja que este ejercicio -un medio de fomentar la participación democrática y la renovación política- haya desembocado en una final disputada por la primera secretaria en funciones del partido y su antecesor en el cargo, que ocupó durante once años. Es decir, dos genuinos aparatchik.

El G-20 y los grandes bancos

El grupo G-20, que reúne a las principales economías desarrolladas y emergentes del mundo, se propone atar corto a los grandes bancos mundiales para limitar los riesgos de una crisis sistémica como la provocada por la quiebra en 2008 de Lehman Brothers. Los ministros de Economía y gobernadores de los bancos centrales de los veinte -entre los que se encuentra España- ultimaron ayer en París un dispositivo especial al respecto, que deberá ser aprobado por la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno prevista en Cannes el 3 y 4 de noviembre.
El comunicado conjunto hecho público al término de la reunión no precisa los establecimientos bancarios afectados ni detalla las medidas concretas, entre las que se incluirán una “supervisión reforzada” de estos grandes bancos, la definición de regímenes de resolución, la creación de un mecanismo de cooperación transfronteriza y el establecimiento de planes de salvamento y “exigencias suplementarias de absorción de pérdidas”.
Fuentes del G-20 citadas por la agencia Reuters explicaron que el plan propondrá un aumento obligatorio, a partir del año 2016, de entre el 1% y el 2,5% del capital de estos grandes bancos, con el fin de asegurar que puedan soportar las turbulencias del mercado y evitar futuros rescates. Este “recargo” se añadiría al colchón de capital propio mínimo del 7% que se aplicará a todos los bancos a partir de 2013 según los acuerdos de Basilea III. La lista de los bancos afectados -de “importancia sistémica”, conocidos por las siglas G-SIFI-no será aprobada y hecha pública hasta la cumbre de Cannes, pero podría contar con entre 28 y 50.
“Reafirmamos nuestro compromiso de hacer todo lo necesario para preservar la estabilidad de los sistemas bancarios y de los mercados financieros. Nos aseguraremos de que los bancos disponen de un nivel de fondos propios adecuado y tienen acceso suficiente a la financiación para afrontar los riesgos actuales”, sostiene el comunicado final.
Los ministros y gobernadores del G-20 reafirmaron el papel esencial de los bancos centrales para asegurar la liquidez de los bancos, pero no se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de aumentar los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Algunos países emergentes, como Sudáfrica, habían propuesto prácticamente doblarlos -inyectando 350.000 millones de dólares adicionales a los 380.000 millones que constituye hoy su dotación-, para poder afrontar un agravamiento de las tensiones en la zona euro. Pero los países desarrollados, como Estados Unidos y Alemania, consideran que los recursos actuales son suficientes.
“Los miembros del G-20 tienen un gran interés en apoyar a Europa, y vamos a continuar haciéndolo a través del FMI. Pero el fondo cuenta ya con un sustancial arsenal de recursos financieros”, subrayó al respecto el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner. La reunión de ayer se saldó con el compromiso mínimo de aumentat los recursos del FMI en el momento en que se considere necesario.
En materia de regulación financiera, la cumbre de Cannes deberá aprobar también un reforzamiento de la regulación del sistema bancario paralelo -shadow banking-, de la protección de los consumidores frente a prácticas abusivas -sobre todo en materia de préstamos hipotecarios- y de los mercados de materias primas, desde el petróleo a los alimentos, con el fin de combatir la volatilidad de los precios. En este terreno, sin embargo, no parece que vaya a llegarse tan lejos como pretendía la presidencia francesa, ante la resistencia norteamericana.
El establecimiento de una tasa sobre las transacciones financieras internacionales -sobre la que está trabajando la Unión Europea- también choca con el rechazo de Estados Unidos.
Junto a la regulación financiera -uno de los asuntos capitales de la agenda del G-20-, la cumbre de Cannes abordará, como gran prioridad, la situación económica actual y el riesgo de una nueva recesión. Para evitarlo, las principales economías mundiales se han puesto de acuerdo para aprobar un plan de acción coordinado con el fin de tratar de relanzar el crecimiento económico. El esfuerzo recaerá, lógicamente, en aquellos países que tienen margen presupuestario para hacerlo -a los emergentes que disponen de excedentes corrientes se les anima particularmente a estimular su demanda interior-, mientras que los países en dificultades deberán poner el acento en el reequilibrio de sus finanzas públicas y en aumentar el ahorro nacional. El plan, por tanto, establecerá un marco global al que cada país deberá adaptarse en función de su situación.

Los europeos intentan tranquilizar

Los ministros europeos han intentado tranquilizar este fin de semana al resto de los miembros del G-20 presentándoles las grandes líneas del plan que debe aprobar el Consejo Europeo del 23 de octubre en Bruselas con el objetivo de poner fin a la crisis de la deuda soberana en la zona euro. La solución definitiva del caso de Grecia, la recapitalización de los bancos europeos - con el fin de que puedan absorber un impago de la deuda griega superior al 21% previsto en el acuerdo del 21 de julio-y el reforzamiento del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y del gobierno de la zona euro constituyen los ejes esenciales. Sus interlocutores acogieron con satisfacción la iniciativa europea - "Hemos escuchado cosas alentadoras", comentó el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner-,pero mantienen la guardia alerta. "Esperamos nuevos trabajos para maximizar el impacto del FEEF a fin de evitar el contagio y esperamos los resultados del Consejo Europeo del 23 de octubre", subrayan en el comunicado, en el que dicen esperar una "respuesta enérgica".

viernes, 14 de octubre de 2011

Agresión sexual, reconocida y archivada

La fiscalía de París no perseguirá a Dominique Strauss-Kahn por intento de violación. Pero ha dejado sobre su imagen una mancha indeleble, al señalarle como un agresor sexual. Al igual que hizo la fiscalía de Nueva York el pasado mes de agosto en el caso Nafissatou Diallo, el ministerio público francés decidó ayer a su vez archivar la denuncia presentada contra el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) por la escritora y periodista Tristan Banon. Pero no por falta de motivos, sino por prescripción legal.

Los hechos denunciados por Banon se remontan a febrero de 2003 y ha sido finalmente el largo tiempo transcurrido desde entonces –más de ocho años- el que ha hecho decaer la acusación. La fiscalía considera que no han podido reunirse “elementos de prueba suficientes” para perseguir a Strauss-Kahn por intento de violación –delito que tiene un periodo de prescripción de diez años y que, en consecuencia, podría todavía ser juzgado-. En cambio, da por “reconocidos” hechos que “podrían ser calificados de agresión sexual”. Este segundo delito, sin embargo, prescribe en Francia a los tres años, por lo que ya no puede ser perseguido. El caso, en consecuencia, queda archivado.

La decisión de la fiscalía no presupone, en contra de lo que pueda parecer, el entierro definitivo del caso. La ley permite ahora a Tristane Banon presentar una nueva demanda constituyéndose en parte civil, lo que supone automáticamente la designación de un juez instructor encargado de investigar de nuevo el caso. La escritora, que justo ayer sacó a la venta un libro-testimonio sobre su experiencia –“El baile de los hipócritas”, en el que no revela nada nuevo-  ya anunció en una comparecencia televisiva de finales de septiembre su intención de seguir esta vía.

Banon acusa a Strauss-Kahn de haber aprovechado una entrevista profesional para citarla en un apartamento de París, donde intentó abusar de ella. “Estoy segura de que me habría violado si no logro escapar”, explicó en su aparición televisiva. Strauss-Kahn, que al principio aseguró que los hechos denunciados eran “imaginarios” acabó admitiendo ante la policía que había intentado besarla.

El abogado de Banon, Davd Koubbi, aseguró que su defendida y él mismo estaban “extremadamente decepcionados” por la decisión de la fiscalía, aunque en seguida admitió que “en el fondo, es totalmente satisfactoria”. “Se había pretendido que todo eran hechos imaginarios. Pues bien, la decisión de la fiscalía reconoce de forma muy clara que Dominique Strauss-Kahn es un agresor sexual. Si la denuncia se hubiera presentado en 2005, hubiera sido juzgado”, añadió. En una línea parecida, Olivia Cattan, presidenta de la asociación feminista Paroles de Femmes –que ha apoyado a Banon en su iniciativa-, calificó la decisión de una “semi-victoria”. “Tristane Banon ha sido reconocida como víctima, pero el delito queda impune”, se lamentó no obstante.

La abogada de Dominique Strauss-Kahn, Frédérique Baulieu, se apresuró por su pate a celebrar la decisión de la fiscalía, que consideró equivalente a una “rehabilitación”, percepción que rápidamente fue repetida en eco por los amigos del político socialista. “La agresión sexual no ha sido probada”, subrayó la letrada. Evidentemente, a falta de juicio, el delito no ha podido ser legalmente probado, ni tampoco lo contrario.

Strauss-Kahn va camino de encontrarse en el caso Banon en la misma situación que en el caso de Nafissatou Diallo, la mujer de la limpieza del hotel Sofitel de Nueva York que el pasado 14 de mayo le acusó de violación. Retirados los cargos en su contra en un caso, archivada la causa en el otro, las acciones judiciales están sin embargo lejos de haber acabado. Así, en Estados Unidos sigue abierto el procedimiento por la vía civil. Por otro lado, si desde el punto de vista de la justicia el político socialista ha sido penalmente exculpado, la sospecha sobre su comportamiento persiste. Porque ni en un caso ni en el otro su inocencia ha quedado inequívocamente establecida.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Indignados, pero menos

¿Dónde están los indignados franceses? La pregunta hace meses que se la hacen los observadores internacionales ante el escaso pulso que, en comparación con lo que ha sucedido en otros países –desde Grecia a España, o Estados Unidos-, muestra frente a la crisis la patria mundial de la Revolución. Sea por la moderación de los recortes decididos por Nicolas Sarkozy –lejos de los adoptados por otros gobiernos europeos-, sea por el sentimiento de impotencia que inoculó la derrota sindical del año pasado contra la reforma de las pensiones, lo cierto es que los ciudadanos franceses se muestran extrañamente pasivos.
La jornada de protesta nacional convocada para ayer por la mayoría de los sindicatos franceses en contra del plan de austeridad del Gobierno fue, en este sentido, una demostración de la desmovilización que existe. Apenas unas cuantas decenas de miles de franceses -270.000, según el cálculo más generoso, de la CGT-, diseminados en cerca de 200 manifestaciones en todo el país, salieron a la calle para expresar su indignación. El líder de la CFDT, François Chérèque, se sintió obligado a definir la jornada de “simbólica”, a modo de advertencia contra nuevos recortes.

Los paros en el sector público, organizados fundamentalmente para permitir la afluencia de los trabajadores a las manifestaciones, tuvieron una incidencia muy desigual, pero en ningún caso causaron perturbaciones importantes. El mayor seguimiento, de un 20% según datos de la compañía ferroviaria, se produjo en la SNCF, lo que obligó a anular trenes. Pese a ello, ayer circularon más de la mitad de los TGV y casi la mitad de los cercanías de la región de París (Transilien). No fue el caso del tren-hotel Talgo Madrid-París, que tuvo que detenerse en Irún y sus pasajeros, seguir por carretera. El metro, el tranvía y los autobuses de la capital funcionaron con plena normalidad.

Algunos expertos, como el presidente del Instituto Superior del Trabajo, Bernard Vivier, próximo a la patronal, atribuían ayer el fracaso de la movilización sindical a la proximidad de las elecciones presidenciales de 2012. “Los descontentos con la política de Nicolas Sarkozy esperan a abril y mayo del año que viene para expresarse en las urnas”, declaró a Le Figaro.

El descontento, efectivamente, existe y a tenor de los sondeos está ampliamente instalado en la sociedad francesa. Se trata, sin embargo, de una irritación añeja, que no viene de ahora. El plan de austeridad del Gobierno en sí no ha provocado una gran contestación social, más allá de los sectores económicos más afectados. Más que por recortes del gasto –centrados en la supresión en 2012 de 30.000 empleos públicos, a base de reemplazar sólo a la mitad de los funcionarios que se jubilen-, el Ejecutivo ha apostado por aumentar la presión fiscal: creando un impuesto extraordinario del 3% sobre las rentas superiores a 500.000 euros anuales y aumentando los impuestos sobre el tabaco, el alcohol, las sodas azucaradas y las mutuas de salud. Es en este último capítulo donde los franceses de a pie van a sufrir más en su bolsillo.