jueves, 22 de septiembre de 2011

El caso Karachi y el Elíseo

Dos hombres cercanos al presidente francés, Nicolas Sarkozy, y al ex primer ministro Édouard Balladur han sido detenidos por su relación con el denominado caso Karachi, sobre el supuesto pago de comisiones ilegales en la operación de venta de tres submarinos franceses Augusta a Pakistán en 1994. El juez encargado de la instrucción del sumario, Renaud Van Ruymbeke, investiga si una parte de ese dinero regresó a Francia –en forma de “retrocomisiones”- para financiar la campaña electoral de Balladur y si el impago de las comisiones pactadas una vez Jacques Chirac llegó al Elíseo estuvo detrás del atentado que en 2002 costó la vida en Karachi a 14 personas, entre ellas 11 ingenieros franceses que trabajaban en la adaptación de los submarinos.

Los dos detenidos son Nicolas Bazire, en la época director de gabinete en Matignon y director de campaña de Balladur, y Thierry Gaubert, colaborador del hoy jefe del Estado en el tiempo en que fue alcalde de Neuilly-sur-Seine (banlieue de París) y ministro del Presupuesto en el Gobierno de Balladur. Nicolas Bazire, en la actualidad un alto directivo del grupo LVMH, es además amigo personal de Sarkozy, de cuya boda con Carla Bruni en 2008 fue testigo. En aquella época, el hoy presidente de la República, además de dirigir Bercy, era el portavoz de campaña del primer ministro para las presidenciales de 1995, lo que le enemistó con Jacques Chirac.

Bazire fue detenido por la policía a primera hora de la mañana en su domicilio, que fue resgistrado, así como su despacho profesional. Al cierre de esta edición seguía declarando en los locales de la división de investigaciones financieras de la Policía. Gaubert, por su parte, fue detenido el lunes y ayer estaba pendiente de pasar a disposición del juez Van Ruymbeke.

La detención de Bazire y Gaubert ha sido precipitada, al parecer, por el testimonio clave de la ex esposa de este último, la princesa Elena de Yugoslavia. Según la edición electrónica de Le Nouvel Observateur, la aristócrata –descendiente del rey Umberto II de Italia- habría declarado que su ex marido, del que se divorció hace tres años, había realizado en los años 1994-1995 varios viajes a Suiza junto con el hombre de negocios libanés Ziad Takieddine –intermediario de la operación de los submarinos y actualmente procesado- para recoger “voluminosas” maletas llenas de billetes de banco. Dicho dinero, según la princesa, era entregado a Nicolas Bazire.

La convicción de que había habido “retrocomisiones” en la venta de los submarinos a Pakistán –esto es, el retorno a responsables políticos franceses de una parte de las comiciones pagadas a los pakistaníes- ya había sido señalada ante el juez por el ex ministro de Defensa Charles Millon, quin accedió al cargo en 1995 tras la llegada de Chirac al Elíseo. Millon confirmó que ante tal sospecha, Chirac ordenó que se suspendiera el pago de las comisiones pendientes.

Un informe confidencial de la Dirección de Construcciones Navales (DCN), titulado Nautilus y elaborado al parecer por un ex agente secreto francés, descubierto hace un par de años, apuntaba la hipótesis de que miembros del ejército pakistaní habrían manipulado a un grupo islamista para perpetrar el atentado de Karachi, cometido el 7 de mayo de 2002 –al día siguiente de la reelección de Chirac-, cuyo objetivo sería forzar el pago de las comisiones pendientes.

martes, 20 de septiembre de 2011

Strauss-Kahn no convence

Si Dominique Strauss-Kahn logró arrastrar la noche del domingo una audiencia televisiva extraordinaria, en su primera declaración pública desde su detención el 14 de mayo en Nueva York acusado de violación, su capacidad de convicción no estuvo a la altura. Su intervención, preparada al milímetro, fue tan impecable en su ejecución como fallida en su resultado. Sólo quienes estaban ya predispuestos a creerle le creyeron. Los demás vieron en la iniciativa del ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) una operación de comunicación desprovista de autenticidad.
Entre la gente de la calle la incredulidad era el sentimiento dominante. “Sobreactuado”, “poco sincero”, “se veía que representaba un papel”, “todo estaba preparado”… Los comentarios espontáneos indican que los franceses acabaron defraudados. Strauss-Kahn no explicó lo que pasó en el hotel Sofitel de Manhattan, se escudó en el informe exculpatorio del fiscal para eludir cualquier confesión personal y, si calificó su actitud de “falta moral”, no pidió excusas. Su acto de contricción pareció falso – “Extraño mea culpa”, tituló en portada Le Parisien- y, en contra de lo que esperaba el 53% de la ciudadanía, no anunció su retirada de la política. Todo lo contrario.

“Desde el primer momento saltó a la vista su falta de naturalidad, de franqueza, de sinceridad”, valoró el editorialista de Canal Plus Jean-Michel Apathie, resumiendo la impresión más generalizada. Pero junto a la incredulidad había ayer también indignación. La cólera era unánime entre las organizaciones feministas, que calificaron la intervención de Strauss-Kahn de “escandalosa”, “indecente” y  “lamentable”.

Los análisis políticos y periodísticos no fueron más benévolos. El ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin (UMP) escribió en Twiter que Strauss-Kahn “pareció más cómodo al mostrar su competencia [en economía] que su sinceridad. La decencia hubiera sido el silencio”. Christophe Barbier, el director del semanario L’Express –al que Strauss-Kahn descalificó durante la entrevista- le contestó con una carta pública en la que concluía: “Desde hace cuatro meses, el verdadero motivo de interrogación no es la actitud de la prensa, es la suya”. Y Vincent Giret, en el editorial de Libération, ridiculizaba la teoría del complot –“la trampa se la tendió de entrada él mismo”- y juzgaba que su intervención “no ha disipado el malestar”. “Apagando el televisor anoche, teníamos unas ganas furiosas de pasar a otra cosa”, concluía.

Si Strauss-Kahn no logró convencer a la audiencia, sí consiguió en cambio envenenar el debate de las primarias socialistas, al reconocer que él quería ser candidato al Elíseo –antes de su arresto- y confirmar que tenía un pacto con Martine Aubry a este respecto, lo cual daba entender que la primera secretaria del PS es una candidata “de recambio”. François Hollande y los suyos se metieron en la brecha para desestabilizar a su rival.

Por otra parte, Tristane Banon, la escritora y periodista que le ha denunciado en Francia por un presunto intento de violación en 2003, anunció ayer en televisión que si la fiscalía archiva el caso, se constituirá en parte civil, lo que obligará a nombrar un juez de instrucción. Banon expresó su malestar por la intervención de Strauss-Kahn y parafraseando al político socialista dijo: “Yo, la ligereza la perdí en 2003”.


13,4 millones de telespectadores

Una media de 13,4 millones de telespectadores –el 47% de la audiencia- siguió la intervención televisiva de Dominique Strauss-Kahn la noche del domingo en TF1, con una punta al final del programa de 14,2 millones, lo que representa el doble de la audiencia habitual. No había habido tanta expectación ante un informativo desde los disturbios de las banlieues de 2005.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ségolène vuelve al ataque

Ella lo llama tenacidad, perseverancia, convicción. Pero su actitud responde más bien a lo que se entiende por fe. Una fe pétrea, insobornable, inasequible a la duda. “Primero ganaré las elecciones primarias y luego, las presidenciales”, afirma sin pestañear, sin el más leve temblor en la voz. ¿Sabrá ella algo que no sepan todos los demás? ¿O será realmente una “iluminada”, como la ha calificado –poco piadosamente- la ex ministra conservadora y muy católica Christine Boutin? Sea como fuere, lo cierto es que Ségolène Royal ha regresado de la profunda sima a la que le habían arrojado sus dos derrotas anteriores –en 2007, frente a Nicolas Sarkozy por la presidencia de la República, y en 2008, frente a Martine Aubry por la jefatura del Partido Socialista francés- para dar de nuevo la batalla por el Elíseo. Sola contra todos, de nuevo.
En un reciente almuerzo con un grupo de corresponsales extranjeros, en un concurrido restaurante próximo a la Asamblea Nacional, Ségolene Royal se mostró determinada como siempre. Decidida y segura de sí misma, al igual que hace cinco años. Pero –dice- diferente… “He trabajado mucho, mi proyecto tiene hoy más madurez y profundidad que en 2007. Me siento extremadamente sólida y serena”, asegura. A punto de cumplir 58 años –el 22 de septiembre-, puntúa sus frases con su franca y característica risa.

Cinco años después de haber vencido contra pronóstico en las primarias socialistas –en aquel momento, circunscritas a los militantes del PS- a dos grandes pesos pesados del partido, Dominique Strauss-Kahn y Laurent Fabius, Ségolène Royal se propone repetir ahora la hazaña, venciendo el 9 y el 16 de octubre a sus cinco rivales. Cuatro viejos conocidos y un outsider: Martine Aubry, su más entrañable rival –que hace tres años le arrebató la primera secretaría del PS por sólo 102 votos, en medio de acusaciones de pucherazo-; François Hollande, su ex compañero sentimental –con quien convivió cerca de 25 años y tuvo cuatro hijos antes de separarse tras la elección presidencial-; los jóvenes Manuel Valls y Arnaud Montebourg, que fueron sus portavoces durante la campaña de 2007, y Jean-Michel Baylet, líder del Partido Radical de Izquierda.

Los sondeos, que tanto contribuyeron hace cinco años a catapultarla políticamente, le auguran hoy con pertinaz unanimidad una derrota sin paliativos frente a los dos principales favoritos, Hollande y Aubry. Ella lo rechaza, y se indigna. “Estoy recibiendo golpes muy violentos de los sondeos, es una negación de la democracia”, se queja. Y aduce que –abiertas a todos los simpatizantes de izquierda- estas primarias no tienen precedente. Pero no arroja la toalla. “Otros hubiera abandonado, no yo. Yo creo profundamente en lo que digo y en lo que hago. Mi fuerza es mi convicción”, asegura.

Acusada en 2007  de incompetencia por sus rivales –y no pocos de sus camaradas-, Royal observa hoy con satisfacción, y un cierto regusto de revancha, cómo el mismísimo Sarkozy le copia su controvertida propuesta de someter a los jóvenes delincuentes a la disciplina militar como alternativa a la cárcel. Hoy la aspirante socialista, sin olvidar la seguridad, centra su mirada en el sistema financiero. “Estoy a favor de una política de rigor, pero empezando por los mercados”, afirma, mientras promete disciplinar a los bancos. Un mensaje que encuentra eco en las clases populares.

A la espera de la cita con las urnas, Ségolène Royal recuerda una de las enseñanzas que aprendió de François Mitterrand cuando era una de sus consejeras en el Elíseo, a principios de los ochenta: “Decía Mitterrand que para encontrar la victoria hay que forzarla. Es lo que estoy haciendo”. Aún dará una sorpresa.


La traición de François

Junio de 2006. El presidente de la Polinesia francesa, Oscar Temaru, propone públicamente a Ségolène Royal y François Hollande casarlos en Tahití… Una propuesta intempestiva con la que, sin embargo, Royal juguetea coquetamente en público. Más tarde, en plena campaña de las presidenciales, la candidata socialista al Elíseo declararía haber considerado la idea “locamente romántica”. Quienes, en el seno del Partido Socialista, aún confiaban en 2006 en poder detener la candidatura de Royal empujaron a Hollande a aceptar la boda que le ponían en bandeja. “Cásate con ella, cásate con ella… ¡por el partido!”, le rogaron algunos, esperando de que de esta forma ella le acabaría cediendo el paso. Pero el entonces primer secretario del PS dijo que no. Al revelar las presiones del partido, una reciente biografía sobre el político socialista –“François Hollande, itinerario secreto”, de Serge Raffy- viene a confirmar la idea de que Ségolène Royal se lanzó a la carrera por el Elíseo por despecho. Si Hollande no quiso oir hablar de matrimonio era porque su cabeza y su corazón estaban ya muy lejos… El líder del PS mantenía ya entonces una relación sentimental con la periodista Valérie Trierweiler, convertida ahora en su compañera oficial. Trierweiler, según revela también el libro, era una antigua amiga de la pareja Hollande-Royal. Ella fue, bajo el nombre de Valérie Massonneau, quien firmó el famoso reportaje de Paris Match del verano de 1992 en que Ségolène Royal, entonces ministra, presentó a su hija recién nacida en la clínica.

Strauss-Kahn para rato

Dominique Strauss-Kahn puede estar acabado, pero no muerto. Cuatro meses y cuatro días después de su inopinada detención en Nueva York acusado de violación, oficialmente exculpado pero socialmente señalado, el ex ministro socialista francés y ex director del Fondo Monetario Internacion al (FMI) compareció anoche por primera vez en televisión para ofrecer su versión de los hechos –parca, sin detalles- y buscar el perdón de los franceses. Strauss-Kahn hizo acto de contricción –aunque no pidió directamente excusas-, admitió su culpa -pero presentándose como víctima- y confirmó su apartamiento –temporal- de la política, aunque dejando la puerta abierta de par en par a un eventual retorno. La pasión con que habló de la tormente del euro y la crisis económico-financiera dieron a entender que hay Strauss-Kahn para rato.
La anunciada aparición de DSK en televisión levantó una enorme excitación en el mundo político-mediático. Pero en la calle no había una expectación especial. Como mucho, curiosidad y, si acaso, morbo. Un sondeo del instituto Ifop para el Journal du Dimanche constataba ayer mismo que la mayoría de los franceses, el 53%, sólo esperaba, y deseaba, que DSK anunciara anoche su retirada política. No hubo tal.

Por el contrario, Strauss-Kahn, pese a situarse momentáneamente al margen del debate político interno –“No soy candidato a nada”, “no pienso inmiscuirme en las primarias socialistas”, dijo-, demostró que sigue sintiéndose personalmente implicado en lo que está pasando en Francia, Europa y el mundo. De momento, remarcó, se tomará “un tiempo” para descansar, reflexionar y reencontrar a su familia. Pero más adelante no descarta asumir un compromiso político. “Toda mi vida ha estado consagrada a intentar ser útil al bien público… Ya se verá”, dijo. On verra!

Strauss-Kahn eligió calculadamente dar la cara en el telediario de la noche de TF1 –el de más audiencia-, y hacerlo en domingo, para asegurarse que le entrevistaba la periodista Claire Chazal, una amiga de su mujer. El tono, efectivamente, fue en todo momento amable y considerado. El ex director del FMI, con traje negro, apareció con semblante serio y mirada grave, que sólo chispeó al hablar de cuestiones económicas.

Lo que sucedió exactamente el 14 de mayo en la suite 2806 del hotel Sofitel de Manhattan entre el político socialista y la mujer de la limpieza Nafissatou Diallo siempre será un misterio. Strauss-Kahn, que reiteró su inocencia, no lo explicó anoche. Sólo dijo lo que no pasó: “No hubo violencia, ni coacción, ni agresión, ni ningún acto delictivo”, seguró, apoyándose a este respecto en el contenido del informe final del fiscal de Nueva York –que esgrimió ante las cámaras- por el cual se retiraron los cargos en su contra.

Strauss-Kahn admitió la existencia de una relación sexual consentida, aunque –aclaró explícitamente- no “tarifada”. Una relación “no sólo inapropiada” –dijo-, “sino que representa una falta. Hacia mi mujer, mis hijos, mis amigos y los franceses”. “Fue peor que una debilidad,  fue una falta moral, que no he dejado de lamentar”, añadió.

Más allá de esto, y apoyándose nuevamente en el informe del fiscal, acusó a Nafissatou Diallo de mentir, mostró su incredulidad por el hecho de ser perseguido ahora por la vía civil y sugirió que detrás de la denuncia de la empleada del hotel podría haber un interés económico. ¿Una trampa? “Una trampa es posible, un complot… ya veremos”, contestó cuando se le preguntó sobre ello. El ex director del FMI, sin lanzar una acusación explícita, dejó caer la sospecha sobre la actuación equívoca de la dirección del hotel –de la cadena francesa Accor-, que negó información a sus abogados defensores. “Colaboró con Nafissatou Diallo pero no conmigo”, subrayó. Y no parece presto a olvidarlo.

Enfundado en el traje de víctima, Strauss-Kahn dijo haberse sentido “humillado y pisoteado”, y haber “tenido miedo, mucho miedo”. “He perdido mucho”, remarcó, antes de admitir que, antes de su detención, tenía decidido presentarse como candidato el Elíseo. “Todo esto ha quedado atrás”.

El político socialista no perdió la oportunidad de agradecer publicamente a su esposa, la ex periodista Anne Sinclair, el apoyo sin reservas que le ha prestado desde el primer momento. “Es una mujer excepcional. No hubiera resistido sin ella, tengo una suerte enorme por tenerla a mi lado”, afirmó. Y lamentó haberle “hecho daño”. “Me lo reprocho”.

Exculpado en Estados Unidos –al menos en materia penal-, Strauss-Kahn tiene abierto aún en Francia un caso similar, tras la denuncia presentada por la periodista y escritora Tristane Banon por un supuesto intento de violación en 2003. El ex ministro negó las acusaciones: “No hubo ninguna agresión, ninguna violencia. No diré más”, afirmó, antes de acusar a Banon de ofrecer una versión “imaginaria y calumniosa”.

Con todo, dijo comprender la imagen negativa que de él puedan tener las mujeres francesas a partir de todo lo que se ha dicho. “Se han escrito decenas de mentiras. No me gusta el retrato que se ha hecho de mí y lo recuso, aunque asumo mi responsabilidad”. Tras reivindicar su respeto por las mujeres, admitió implícitamente su anterior vida disipada cuando dijo: “Esa ligereza la he perdido para siempre”.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Prohibido rezar en la calle

Se acabó rezar en la calle. Después de largas negociaciones con los colectivos islámicos afectados en busca de lugares alternativos para albergar a los fieles, el Gobierno francés ha decidido prohibir de forma terminante la oración en la vía pública. En varias calles de París, así como en Marsella y Niza, grupos de musulmanes se habían apropiado del espacio público alrededor de algunas mezquitas –exiguas- y ocupaban regularmente las aceras e incluso las calzadas durante la plegaria del viernes, la más concurrida, provocando tensiones con el vecindario y agitadas polémicas políticas. Hace unos meses, la presidenta del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, llegó a comparar la invasión de las calles por los musulmanes con la ocupación nazi de Francia.
El ministro del Interior, Claude Guéant, anunció el final de la tolerancia gubernamental y la aplicación inmediata de la prohibición el pasado jueves, horas después de que se cerrara un acuerdo en París con los responsables del culto musulmán y los imanes de dos mezquitas del distrito XVIII para habilitar un antiguo cuartel de bomberos en desuso como lugar de oración. La interdicción entró oficialmente en vigor ayer.

Cerca de 4.000 fieles abarrotaron el nuevo centro de oración, que se vio enseguida desbordado, obligando a una parte de los mismos a rezar en el parking. Aunque globalmente se respetó, unos 200 musulmanes desafiaron la prohibición y oraron en la calle junto a una de las dos mezquitas conflictivas, en el barrio de la Goutte d’Or, cerradas ayer para la ocasión. También hubo rezos en la calle en Niza y Marsella, por falta de tiempo para acondicionar los nuevos locales. Algunos de los fieles aseguraron haber actuado así por desconocimiento… En cualquier caso, y pese a que Claude Guéant advirtió que, llegado el caso, ordenaría la intervención de las fuerzas del orden, la policía ayer no actuó.

“Podríamos llegar hasta el empleo de la fuerza si fuera necesario, pero es una hipótesis que descarto puesto que el diálogo ha dado frutos”, declaró el ministro del Interior en una entrevista publicada el jueves por Le Figaro. Antes de declarar la prohibición, el Gobierno se ha cuidado de buscar y pactar alternativas con la comunidad islámica. Con la ley en la mano, la policía podría haber actuado mucho antes para acabar con esta práctica, pero ello hubiera podido degenerar en un conflicto altamente peligroso.

En París, el Ayuntamiento impulsa una solución defnitiva para la falta de centros de culto de suficiente capacidad a través de la creación del Instituto de las Culturas del Islam –presidido por Hakim El Karoui, director del Banco Rothschild-, que prevé abrir en 2013 un gran centro cultural y de culto en el distrito XVIII. A la espera de que este proyecto culmine, el Gobierno ha acordado la cesión temporal del antiguo cuartel de bomberos, alquilado a la comunidad islámica por 30.000 euros al año por tres años.

Los socialistas ganan a los chefs

La política se impuso a la cocina. Los socialistas franceses cosecharon la noche del jueves su primera victoria –simbólica- en la larga carrera hacia el Elíseo al conseguir reunir ante las pantallas de televisión a 4,9 millones de telespectadores para seguir el primer debate entre los seis aspirantes a conducir la candidatura del PS en las elecciones presidenciales de 2012, batiendo al popular concurso culinario Master Chef, de TF1, que atrajo a 4,4 millones se seguidores.  Si el debate, que se prolongó casi tres horas, satisfizo o defraudó a la audiencia se verá en las dos próximas citas televisivas programadas de aquí a la primera vuelta de las primarias, el próximo 9 de octubre.
La primera confrontación entre los seis precandidatos –Martine Aubry, François Hollande, Ségolène Royal, Manuel Valls, Arnaud Montebourg y Jean-Michel Baylet (este último, presidente del Partido Radical de Izquierda)- sirvió para subrayar la personalidad de cada uno y marcar algunas diferencias políticas, pero no alteró la correlación de fuerzas que parece haberse instalado en la carrera socialista. El debate, extremadamente correcto, pareció en cierto modo un primer y prudente tanteo.

Demasiado prudente para Martine Aubry, que sólo tiene tres semanas para tratar de recortar la ventaja que le ha tomado François Hollande. La primera secretaria del PS –candidata de recambio, tras la baja inopinada de Dominique Strauss-Kahn- arrancó con retraso y todavía no ha conseguido recuperar el tiempo perdido. El jueves atacó a su principal rival en el tema de la energía nuclear, que Aubry propone abandonar –aunque sin fecha- y le reprochó su obsesión por el déficit cero, pero Hollande, que a lo largo del debate le lanzó algunas puyas, se deshizo sin gran dificultad del acoso.

De acuerdo en general en las grandes líneas, los candidatos socialistas marcaron sus diferencias básicamente en tres asuntos –energía nuclear, despenalización del cannabis y política de austeridad-, sobre los que expresaron acentos y matices distintos. Mientras Aubry se alineaba, ortodoxamente, con el programa oficial socialista, con un claro anclaje a la izquierda, Hollande apareció como el adalid del rigor presupuestario.

El ex jefe de filas de los socialistas franceses –que dirigió el partido entre 1998 y 2008- era quien más tenía que perder y se empeñó en transmitir una imagen de seriedad, de altura presidencial, dando alguna calculada muestra de agresividad –más hacia los periodistas que le interrogaban que a sus camaradas- para borrar de la memoria colectiva su tradicional fama de blando. Se acabó Flanby.

Si Hollande ha cambiado, lo mismo reivindica –aunque sea menos observable- su ex compañera sentimental, Ségolène Royal. Fiel a sí misma en lo inclasificable, la ex candidata socialista al Elíseo en 2007 combinó una nueva radicalidad contra el sistema financiero con alguna evasión lírica. Royal, que aseguró haberse preparado y trabajado como no hizo hace cinco años, evitó a sus dos principales contrincantes –a quienes sin embargo había zurrado violentamente a través de los medios días atrás- y tampoco fue objeto de ningún ataque: su peso puede decantar la balanza en la segunda vuelta.

El duelo de baja intensidad entre Hollande y Aubry tuvo su reflejo en los dos outsiders de la carrera, Arnaud Montebourg –situado en el ala más radical- y el barcelonés Manuel Valls –en el ala derecha, con contrastadas propuestas en materia de seguridad e inmigración-, que tuvieron de largo la mejor actuación. Los dos jóvenes leones del PS, que fueron –ambos- portavoces de Royal en la campaña del 2007, saben que no pueden ganar pero aspiran a consolidar su ascensión en el seno del PS.

Fuera del PS, Jean-Michel Baylet parecía un pez fuera del agua. Nadie le hubiera prestado atención si no hubiera osado proponer la legalización del cannabis y la eutanasia.

Strauss-Kahn (suite)

Algo pasó con Nafissatou Diallo en el hotel Sofitel Nueva York el pasado 14 de mayo –aunque no hubiera violación- y algo pasó también con Tristane Banon en un apartamento de París en febrero de 2003. No fue sólo una fabulación, ni el producto de una imagniación desbocada. El ex ministro socialista francés Dominique Strauss-Kahn ha reconocido por primera vez que la entrevista con la periodista traspasó el umbral de lo conveniente. El ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) admitió a la policía el pasado lunes, según avanzó el semanario L’Express en su edición digital, que el día de autos había intentado besar a Tristane Banon creyendo que era consentido y que la joven se resistió. Strauss-Kahn negó, sin embargo, haber intentado violarla como ella sostiene en su denuncia, y aseguró que tras el incidente la chica se marchó.
La madre de la presunta víctima, Anne Mansouret –militante socialista y ex amante de Strauss-Kahn-, negó ayer toda credibilidad a la versión de éste y sostuvo que el estado de alteración en que encontró a su hija tras su encuentro con el político y el estado “deplorable” de sus ropas no se correspondía con un mero intento de besarla. Tristane Banon asegura en su denuncia que DSK la sujetó en el suelo e intentó forzarla.

La declaración de Strauss-Kahn, que el lunes fue interrogado en calidad de testigo durante tres horas por la policía judicial, abre una nueva perspectiva al caso Banon y rompe la línea de defensa mantenida hasta ahora por el político socialista, empeñado en negar todo incidente. Su abogado, Henri Leclerc, no quiso hacer comentarios.

La fiscalía debe decidir en los próximos días, a partir de todos los testimonios recogidos,  si pudo haber efectivamente un intento de violación –delito que tiene en Francia un periodo de prescripción de diez años, por lo que todavía podría ser juzgado-, en cuyo caso enviaría el asunto a un juez de instrucción. O bien si se trató, como mucho, de una agresión sexual, en cuyo caso el delito ya habría prescrito.

Dominique Strauss-Kahn, que regresó a Francia el pasado 4 de septiembre tras ser retirada la acusación de violación en su contra en Estados Unidos, ha anunciado una comparecencia televisiva mañana por la noche en el telediario de mayor audiencia para explicarse ante los franceses. Algunos dirigentes socialistas, como Arnaud Montebourg –candidato en las primarias del PS para el Elíseo-, le han instado a pedir “excusas” a la izquierda por el daño político infligido.