viernes, 16 de septiembre de 2011

Contar el paro

Los datos oficiales del paro en España –los más altos, con mucho, entre los países desarrollados- llevan de cabeza a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, cuyos economistas no acaban de entender la abismal distancia entre el índice de desempleo español (20,1% en 2010) y la media de la OCDE (8,6% en el mismo periodo). “España ha tenido quince años de crecimiento económico por encima de la media y, sin embargo, al inicio de la crisis tenía entre el 8% y el 9% de paro”, comentó con cierta incredulidad el secretario general de la organización, el mexicano Ángel Gurría, quien aventuró que “hay algo en la forma de contabilizar [el paro] que hace que las cifras no sean exactamente comparables [con las de los demás países]”. Ni siquiera Irlanda (13,7%), Grecia (12,6%) o Portugal (11%) lo tienen tan alto.
Que el paro se haya doblado en España desde el inicio de la crisis y la explosión de la burbuja financiera, en cambio, no sorprende a nadie. La “dualidad” del mercado de trabajo, con una elevada proporción de contratos temporales, hace –según la OCDE- que sea muy fácil desprenderse de trabajadores. De ahí que el ajuste se haya hecho más con la pérdida de empleos que a través de reducción de salarios o las horas de trabajo.

Del mismo modo que tampoco ofrece ninguna duda que, al ritmo de crecimiento económico actual, el descenso significativo del paro precisará mucho tiempo. Para recuperar los niveles anteriores a la crisis, España necesitará crear 2,2 millones de nuevos empleos, según consta en el informe de Perspectivas del Empleo presentado ayer por la OCDE en París.

La plana mayor de la OCDE aplaudió la reforma laboral abordada en España –Gurría volvió a elogiar el “coraje político” del Gobierno-, pero recordó que sus efectos tardarán varios años en percibirse. “Las reformas aprobadas en Alemania en 2005, y que explican el éxito de este país en la lucha contra el paro, no empezaron a dar los primeros frutos hasta el 2009”, subrayó el director de Empleo de la OCDE, el irlandés John Martin. Alemania es el único país de la organización que ha logrado reducir el paro durante los años de crisis: de 8,7% en 2007 a 7,1% en 2010.

La OCDE animó asimismo a España a profundizar la reforma de las políticas activas de empleo en la línea de lo defendido por la organización, esto es, integrando en lo posible la prestación del desempleo con la gestión de las ofertas de empleo a los parados. La OCDE deploró en este sentido que la aplicación de las políticas activas de empleo estén dispersas y recaigan en las comunidades autónomas, un sistema –subrayó John Martin- que “no ha funcionado nada bien”. Martin añadió que España, al igual que Irlanda y Portugal, son de los países de la OCDE que más gastan en este terreno –cerca del 1% del PIB-, pero con nulo éxito. “Hasta ahora se ha despilfarrado buena parte de ese dinero en dispositivos ineficaces”, zanjó.

Doble pareja

En Bengasi, un agradecido comerciante desplegó en su modesto puestecillo de banderas y gorras de la insurrección libia una enorme pancarta con la imagen de Nicolas Sarkozy recortada sobre un fondo tricolor. Una frase, en inglés y en árabe, decía: “Gracias, Francia”. Dos palabras que resumen el mayor triunfo de la política exterior francesa desde que, hace una década, los atentados del 11-S sacudieran el orden internacional.
Nicolas Sarkozy saboreaba este éxito cuando, el pasado 1 de septiembre, en el mismo salón Napoleón III del Elíseo donde el 19 de marzo había declarado la guerra, anunció al mundo el acuerdo de la comunidad internacional para respaldar al nuevo poder surgido en Libia tras la caída del coronel Muamar el Gadafi. Su apuesta, abiertamente puesta en entredicho durante los meses en que la intervención militar parecía penosamente empantanada en las arenas el desierto, se había revelado acertada.

En el Quai d’Orsay la satisfacción es tan contenida como intensa. La intervención militar en Libia –limitada por razones políticas a una campaña aérea- no sólo ha permitido acabar con Gadafi y abrir el camino de una transición democrática en Libia, sin una sola baja propia y reduciendo al mínimo las víctimas civiles, sino que ha alumbrado un nuevo equilibrio internacional en el que Francia tiene un papel relevante.

“La intervención en Libia ha demostrado que Europa puede asumir el liderazgo en una operación internacional y que la OTAN, en la que Francia vuelve a estar integrada a todos los niveles, es un excelente instrumento para asegurar la coordinación”, valora al respecto un alto diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores francés.

Al igual que en 2008, cuando el largo periodo de traspaso de poderes en la Casa Blanca dejó en bandeja a Sarkozy –entonces, presidente de turno de la Unión Europea- la oportunidad de liderar la respuesta internacional a la crisis financiera, en el caso de Libia ha sido nuevamente la inhibición de Washington, fruto de la doctrina del liderazgo en la sombra (Leading from behind) de Barack Obama, la que ha permitido a París volver a situarse en primera línea.

Pese la incredulidad inicial de muchos observadores, el liderazgo de la intervención en Libia acabó recayendo enseguida en Francia y el Reino Unido, después de que los norteamericanos, tras una participación activa en los primeros días de la operación, se retiraran. No sólo el liderazgo, también el peso de la intervención descansó en franceses y británicos, “los únicos con capacidad militar suficiente”, subraya la misma fuente, para quien el caso libio ha puesto crudamente de manifiesto las “carencias” europeas en materia de defensa.

La experiencia, según reivindicó el propio Sarkozy en un acto de homenaje a las víctimas del 11-S en la embajada de Estados Unidos en París el pasado viernes, es un aval para su controvertida decisión de reincorporar a Francia en el mando militar integrado de la OTAN, por cuanto demuestra que no sólo no resulta perjudicial para el proyecto de una defensa europea, sino que –por el contrario- puede contribuir a redinamizarlo.

El caso de Libia, por otro lado, parece consolidar en el seno de la Unión Europea una doble pareja rectora, un doble motor: el eje franco-alemán en el terreno político-económico y el eje franco-británico en el terreno político-militar. Un esquema dual que reserva a París un lugar central en Europa pero que no está exento de fricciones, como demostró la tensión generada entre París y Berlín a causa de la crisis libia.

Este doble equilibrio conviene perfectamente a Sarkozy, que desde el inicio de su mandato en 2007 se propuso diversificar su política de alianzas y reforzar sus vínculos con Londres. Pero no lo forzará hasta el punto de poner en peligro el eje París-Berlín, que ha tenido que admitir como irreemplazable. Como decía el general De Gaulle: “Europa son Alemania y Francia, los demás son la guanición”.

Héroes de la liberación

Sarkozy y Cameron, Cameron y Sarkozy -tanto monta, monta tanto-, pisaron ayer suelo libio aclamados como liberadores. Como héroes. Seis meses después de los primeros ataques aéreos de la coalición internacional contra las tropas del coronel Muamar el Gadafi, y mientras las fuerzas de la rebelión combaten todavía frente a los últimos reductos gadafistas, el presidente francés y el primer ministro británico se apresuraron a viajar a Libia –antes que cualquier otro líder extranjero- para reforzar su apoyo al nuevo poder revolucionario y subrayar que si Francia y el Reino Unido fueron los primeros en acudir en socorro de la insurrección, están determinados a seguir siéndolo en su respaldo al proceso de transición democrática y en la reconstrucción del país.
El primer mensaje de David Cameron y Nicolas Sarkozy a su llegada a Trípoli fue garantizar el mantenimiento del compromiso militar francobritánico hasta que el país sea completamente pacificado. “El trabajo no ha terminado. Hay zonas de Libia que todavía están bajo el control de Gadafi, que aún no ha sido capturado. Hay que acabar el trabajo”, afirmó el premier británico en la conferencia de prensa conjunta dada en Trípoli junto al jefe del Estado francés y el president del Consejo Nacional de Transición Libio (CNT), Mustafá Abdeljalil. Sus palabras encontraron su eco en las de Sarkozy: “Los ataques de la OTAN continuarán tanto cuanto los dirigentes de la Libia libre lo consideren necesario. El trabajo debe llegar a su fin”, dijo el presidente francés, quien remarcó que “Gadafi deber ser arrestado y rendir cuentas ante la justicia”.

La visita de Sarkozy y Cameron coincidió con una nueva ofensiva lanzada por las fuerzas rebeldes contra el bastión gadafista de Syrte, donde se registraron durante toda la jornada violentos combates. El Consejo Militar de Misrata difundió a última hora de la tarde un comunicado en el que afirmaba que sus tropas habían alcanzado el puente de Al-Gharbiyat, ya dentro del feudo familiar del dictador caído. El primer ministro británico subrayó que la cooperación militar occidental incluye también recuperar los miles de armas, sobre todo misiles y minas, que hay hoy en el país.

Los dos dirigentes se comprometieron con el CNT a apoyarle en la busca y captura no sólo de Gadafi, sino también de sus familiares y de todos aquellos prohombres del régimen acusados de crímenes. Sarkozy y Cameron aceptaron, a petición de Abdeljalil, gestionar con el Gobierno de Níger la entrega de los gadafistas refugiados en este país subsahariano. El presidente francés pidió a los libios que aborden la transición con un espíritu de “perdón y reconciliación”, aunque admitió que eso sólo será posible si los culpables de crímenes son juzgados. “No puede haber perdón si hay impunidad”, dijo.

Cameron y Sarkozy aterrizaron en el aeropuerto de Trípoli a media mañana, con sólo nueve minutos de diferencia –ventaja para el británico- y en medio de fuertes medidas de seguridad. París envió a Libia un contingente especial de 160 agentes especiales de las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS). El viaje, largamente acariciado por el presidente francés, ha esperado a que el nuevo poder nacido en Bengasi –ciudad que visitaron por la tarde- se instalara en la capital. Para Francia, como para el Reino Unido, la integridad y unidad del país es una prioridad innegociable.

Los dos líderes europeos reafirmaron su determinación de mantener su apoyo a la transición libia, no sólo militar, sino también político, diplomático y económico. Empezando por conseguir el reconocimiento de la ONU al nuevo poder constituido y la liberación de los fondos libios congelados en el extranjero. Y ambos, nuevamente al unísono, descartaron toda tentación o sospecha de tutela exterior: “Los libios deben elegir su futuro y a sus dirigentes”, subrayó Sarkozy. “Ésta es vuestra revolución, no la nuestra”, remachó Cameron. Pronto se vio, sin embargo, que si el intervencionismo político y militar francobritánico no levanta, en apariencia, grandes suspicacias en Libia, no sucede lo mismo cuando se aborda la cuestión de los intereses económicos en juego.

Si el primer ministro británico eludió referirse a este espinoso asunto, Sarkozy lo abordó de cara, para desmentir vigorosamente la existencia de tratos secretos sobre el reparto del petróleo libio. “No ha habido ningún acuerdo bajo mano sobre las riquezas de Libia. Nosotros no pedimos ninguna preferencia, ningún favor”, aseguró el presidente francés, quien instó al nuevo gobierno libio a abordar los proyectos de reconstrucción del país convocando concursos de ofertas públicos y respetando las garantías del Estado de derecho. Abdeljalil, naturalmente, se comprometió a ello. Aunque matizó: “Todos los países participarán al nivel de su implicación”. Ventaja para París y Londres.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Villepin, con la puerta abierta pero solo

Nicolas Sarkozy había prometido colgar de un gancho de carnicero a los urdidores del caso Clearstream, entre los que incluía a Dominique de Villepin. La justicia francesa le habrá dejado con las ganas. El Tribunal de Apelación de París exculpó ayer definitivamente al ex primer ministro, confirmando así la primera sentencia absolutoria dictada en enero de 2010 por el Tribunal Correccional. El fallo despeja el camino para una eventual candidatura de Villepin al Elíseo en 2012, posibilidad que él mismo ha alimentado en los últimos meses y sobre la cual dejó planear ayer de nuevo una calculada ambigüedad.
La sentencia del Tribunal de Apelación desmonta los argumentos de la fiscalía y concluye que no hay ninguna prueba que demuestre la implicación de Villepin –ni como instigador ni como cómplice- en la trama montada en 2004 para desacreditar a un grupo de empresarios y políticos franceses, entre ellos el actual presidente de la República, a base de atribuirles falsamente el cobro de comisiones ilegales a través de cuentas bancarias en el extranjero. Las presuntas pruebas esgrimidas consistían en unas falsas listas de la caja de compensación luxemburguesa Clearstream.

El tribunal condena, en cambio, por falsificación y denuncia calumniosa al matemático Imad Lahoud, ex director científico del grupo aeronáutico y de defensa europeo EADS, a tres años de cárcel -con 18 meses de suspensión condicional de la pena- y 40.000 euros de multa. Y por denuncia calumniosa al ex vicepresidente de EADS Jean-Louis Gergorin, con otros tres años de prisión –con 30 meses de suspensión- y otros 40.000 euros.

Villepin expresó a la salida del tribunal su satisfacción por la sentencia, pero su semblante serio manifestaba otra preocupación. Enterrado el caso Clearstream, un nuevo escándalo amenaza ahora al ex primer ministro, acusado por el turbio abogado Robert Bourgi de haber cobrado –junto con el ex presidente Jacques Chirac- grandes sumas de dinero de varios autócratas africanos. “Clearstream fue iniciado en 2005-2006, en vísperas de la elección presidencial de 2007. Me gustaría que eso pueda servir de lección para la presidencial de 2012”, advirtió de forma velada Villepin.

La amenaza de nuevos problemas judiciales no es el único motivo de preocupación para Villepin. Su movimiento político, República Solidaria, no acaba de despegar y los sondeos preelectorales no le dan más de un 5% de expectativas de voto. Poco a poco, además, se va quedando solo. A los secretarios de Estado Georges Tron y Marie-Anne Montchamp, que le dejaron en la estacada cuando Sarkozy les ofreció un puesto en el Gobierno, se han sumado nuevos desertores, entre ellos los diputados Hervé Mariton y François Goulard, dos de los fieles de primera hora. Por irse, se han acabado yendo hasta el portavoz de su partido, Daniel Garrigue, y su jefa de prensa, Chantal Bockel.

Y, para rematar, lo ha abandonado incluso su propia esposa, Marie-Laure de Villepin, tras 25 años de matrimonio, poco dispuesta a seguirle en su nueva aventura. “El compromiso político es su vida. Yo he jugado el juego durante años y ahora quiero pasar página. Pero él quiere continuar, así que yo tomo otro camino”, declaró a la revista Gala. “Cuando me casé con él, era un diplomático, no un político, ¡me engañaron con la mercancía!”, ironizó su ex mujer, con quien tiene tres hijos.

En estas circunstancias, ¿dará Villepin el paso de presentarse como candidato? Para ayudarle a decidir en sentido contrario, la UMP busca la reconciliación y, según se dice, parece dispuesta a ofrecerle una cómoda circunscripción para ser elegido diputado en las próximas elecciones legislativas.

martes, 13 de septiembre de 2011

Tormenta bancaria

Tres de los mayores bancos franceses, BNP Paribas, Crédit Agricole y –sobre todo- la Société Générale, están en el ojo del huracán a causa de su exposición a la deuda griega y la perspectiva de una inminente degradación de su calificación por parte de la agencia de notación Moody’s. La tormenta bancaria llevó ayer a la Bolsa de París a cerrar una nueva jornada negra, con una caída del 4,3%, que se añade al descenso del 3,6% del pasado viernes y sitúa el índice CAC 40 en su nivel más bajo desde abril del 2009. Las tres entidades citadas fueron las más castigadas –con pérdidas del 12,35%, 10,64% y 10,75%, respectivamente-, mientras los responsables políticos y económicos franceses multiplicaban sus intervenciones para garantizar la solidez del sistema bancario.
“Los bancos franceses no tienen problemas de liquidez ni de solvencia. Cualquiera que sea el escenario griego y cualesquiera que sean las provisiones a hacer, los bancos franceses tienen los medios de hacerle frente”, aseguró a media mañana –sin gran éxito sobre la evolución de los valores bursátiles- el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, respaldado más tarde por el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, quien aseguró que el BCE está dispuesto a facilitar a los bancos toda la liquidez necesaria, de forma “ilimitada” y a un tipo de interés “fijo” para la zona euro.

El Gobierno francés, con el primer ministro, François Fillon, y el ministro de Economía, François Baroin, a la cabeza repetían en eco las declaraciones tranquilizadoras, mientras el ministro de Industria, Eric Besson, juzgaba “totalmente prematuro” plantear una posible nacionalización parcial de los bancos franceses.

El pánico en la Bolsa de París se desató por los rumores insistentes de que Moody’s podría decidir en los próximos días rebajar en un peldaño la actual calificación de los tres grandes bancos franceses a causa de su exposición a la deuda griega ante la perspectiva de una eventual quiebra del Estado griego.

Los últimos datos oficiales conocidos sobre el volumen de deuda griega en manos de estos tres bancos –BNP, 5.000 millones de euros; Société Générale, 2.700 millones; Crédit Agricole, 600 millones- son antiguos y, en consecuencia, poco fiables.

Así, la Société Générale poseería en este momento ya sólo 1.000 millones de deuda griega lo que a juicio de su presidente, Frédéric Oudéa, hace que un eventual impago  tuviera un efecto “despreciable”.  Globalmente, la entidad tiene un total de 4.300 millones de deuda soberana de los países de la zona euro que atraviesan dificultades en los mercados –España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal-, una exposición que considera “limitada, a la baja y asumible”.  Oudéa aseguró también que el banco tiene totalmente cerrado su programa de financiación a largo plazo para 2011, de 26.000 millones de euros, a tipos de interés “competitivos” y quitó importancia a la degradación de la nota de Moody’s, por ser un acontecimiento ya asumido por el mercado.

La situación de Société Générale, tocada por el caso Kerviel y la crisis de las subprimes, y objeto de rumores poco tranquilizadores, es la más delicada, toda vez que desde principios de año ha perdido cerca del 60% de su capitalización bursátil. En este contexto, su presidente anunció  un plan de recorte del gasto que pasará por una reducción del 5% de los costes de su banco de inversiones (Corporate Investment Banking), junto a una disminución de sus actividades, la liberación de activos por valor de 4.000 millones y una reducción “significativa” de personal en “ciertos países”, sin más precisión.


Susto nuclear

Un muerto, cuatro heridos –uno de ellos con graves quemaduras- y un susto. Un susto finalmente sin consecuencias. Éste es el balance del accidente que sobrevino ayer, al filo de mediodía, en el centro de tratamiento de residuos radioactivos francés Centraco, situado junto al complejo nuclear de Marcoule, a orillas del Ródano, en el departamento del Gard. Como siempre que se produce un incidente en una planta nuclear, un escalofrío sacudió a la opinión pública francesa -y también a la española, debido a la relativa proximidad de la frontera: 286 kilómetros-, antes de que la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) diera por terminado el problema poco después de las cuatro de la tarde. La sombra de Fukushima y aún de Chernobyl –sobre cuyos efectos diferidos se ha pronunciado esta misma semana la justicia francesa, para archivarlos- pesa en los ánimos.
El accidente de Centraco se produjo al explotar,  presumiblemente a causa de una reacción química, un horno destinado a fundir metales de baja radioactividad. La explosión mató en el acto a uno de los trabajadores y causó heridas a otros cuatro, trasladados al hospital de Montpellier. Ninguno de los heridos resultó contaminado por radiaciones. De hecho, no se registró ninguna fuga de radioactividad al exterior. Ni la explosión ni el incendio causado por ésta –dominado por los bomberos a la una de la tarde- dañaron la integridad del edificio que contiene el horno.

La empresa que gestiona el centro, Socodei –filial del grupo eléctrico público EDF- puso en marcha su plan de seguridad interno y la ASN activó su centro de crisis y envió un equipo de inspectores al centro. Pero al no haber ninguna fuga de radioactividad no fue necesario ni evacuar ni confinar a los trabajadores ni tampoco a la población. La radioactividad dentro del horno que explotó es de aproximadamente 67.000 bequereles por cada cuatro toneladas, lo que representa 17 bequereles por kilo, una cantidad “muy, muy débil”, según subrayó a la agencia France Presse Olivier Isnard, experto del Instituto de Radioprotección y Seguridad Nuclear.

Centraco, en el que trabajan 350 personas, está especializado en la recuperación y  tratamiento de residuos nucleares de baja o muy baja actividad. Situado en el término municipal de Codolet, junto al gran complejo nuclear de Marcoule –donde se produjo por primera vez en Francia plutonio para uso militar-, el centro empezó a funcionar en 1999. La ASN constató tiempo atrás algunas “lagunas” en la “cultura de seguridad” de esta planta, que según las autoridades habían empezado ya a ser corregidas en 2010, según el informe del año pasado. “Si las nuevas disposiciones puestas en práctica indican una real implicación del explotador para remediar las dificultades encontradas, la ASN velará sin embargo por que esta estrategia puesta en práctica permita inscribir estos progresos en el tiempo”, añadía.

Las 58 centrales nucleares francesas y todos los centros de tratamiento y almacenamiento de residuos radioactivos han sido sometidos en los últimos meses, a raíz del accidente nuclear en la central japonesa de Fukushima, a pruebas de resistencia (stress test), cuyos resultados deben conocerse antes de fin de año.

DSK, segundo asalto

Sin esposas, sin paseíllo ante las cámaras, con la discreción típicamente francesa y bajo la cómoda condición de testigo –no de acusado-, Dominique Strauss-Kahn se vio ayer de nuevo interrogado por la policía por un presunto intento de violación. En este caso, de la periodista y escritora francesa Tristane Banon, que el pasado mes de julio presentó una denuncia contra el ex ministro socialista y ex director del Fondo Monetario Internaciona (FMI) por unos hechos supuestamente cometidos el año 2003.
Exculpado por la justicia norteamericana –por falta de pruebas- de la violación de la empleada del hotel Sofitel de Manhattan  Nafisatou Diallo, y de regreso en Francia desde el pasado 4 de septiembre, Strauss-Kahn se enfrenta ahora al riesgo de un segundo proceso por un delito sexual. Pero si le fue difícil a la fiscalía de Nueva York reunir pruebas suficientes para mantener los cargos en su contra no parece que le vaya a ser más fácil a la fiscalía de París, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido.

Strauss-Kahn acudió a declarar a petición propia –con el fin de acelerar el procedimiento y según sus amigos, “saldar este asunto”- a la sede de la policía judicial, en la que permaneció tres horas. El ex director del FMI, que ha presentado una demanda contra Banon por denuncia calumniosa, negó todas las acusaciones de la joven, que en su momento calificó de “fabulaciones”.

Banon, de 32 años, acusa a Strauss-Kahn de haber intentado abusar sexualmente de ella en 2003, en un apartamento de París donde la había citado para realizar una entrevista, en el marco de un libro que la joven estaba preparando. Banon renunció a presentar denuncia en su momento aconsejada por su madre, Anne Mansouret, militante socialista y –según confesó este verano- ex amante del político francés.

Toda la dificultad de la investigación abierta por la fiscalía de París reside en establecer si en efecto hubo un intento de violación –delito que tiene diez años de prescripción y que, por tanto, todavía podría ser juzgado- o hubo sólo una agresión sexual, en cuyo caso habría prescrito.

Antes de tomar declaración a Strauss-Kahn, la policía ha interrogado a numerosas personas, entre ellas a la segunda esposa del político, Brigitte Guillemette, cuya hija –Camille, la misma con la que DSK almorzó el día en que fue detenido en Nueva York- era amiga personal de Tristane Banon, así como al primer secretario del Partido Socialista en la época, François Hollande. Ahora, el fiscal deberá decidir si archiva el caso o lo pasa a un juez de instrucción.

Temiendo que la justicia francesa se disponga a cerrar el caso, Tristane Banon ha organizado con el apoyo de diversas asociaciones feministas una manifestación frente al palacio de justicia el 24 de septiembre. En un texto colgado de su página de Facebook, la periodista expresa su “náusea” por el tratamiento de “héroe” con que Strauss-Kahn ha sido recibido a su regreso a Francia. Y añade: “Sin embargo, soy yo quien agacha la cabeza y camina pegada a las paredes, cuando otros sonríen a las cámaras”.
 

Chirac y Villepin, salpicados por la ‘Françafrique’

Un nuevo escándalo, aunque con sabor añejo, ha venido a sacudir la política francesa a siete meses de las elecciones presidenciales, en lo que aparece como el enésimo ajuste de cuentas en el seno de la derecha. Esta vez, de la mano de la tumultuosa Françafrique. Un oscuro abogado, Robert Bourgi, histórico intermediario entre París y los jefes de Estado de las antiguas colonias francesas en África, ha salido de su silencio para acusar al ex presidente de la República Jacques Chirac y el ex primer ministro de Dominique de Villepin de haber recibido entre 1997 y 2005 –a través suyo- hasta 20 millones de dólares donados por diversos dirigentes africanos. Bourgi, que aporta numerosos detalles aunque admite no tener pruebas materiales, sostiene que estas prácticas habrían beneficiado también a Pompidou y Giscard d’Estaing, así como al fundador de Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, y que habrían cesado con Nicolas Sarkozy. Se da la circunstancia de que Bourgi es un hombre próximo al actual presidente francés. Chirac y Villepin negaron tales acusaciones y anunciaron la presentación de demandas por difamación.