viernes, 9 de septiembre de 2011

Alerta de recesión

Una nueva recesión puede estar a la vuelta de la esquina en los países ricos. Así lo alertó ayer la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), que se ha visto obligada a revisar rápidamente a la baja las previsiones de crecimiento que había hecho en mayo pasado. “El riesgo de un periodo de crecimiento negativo se ha reforzado”, advirtió el economista jefe de la organización, Pier Carlo Padoan, quien llamó a los bancos centrales a mantener los actuales tipos de interés y aún a bajarlos si la recuperación no vuelve a arrancar. Del mismo modo, alentó a los países que tienen margen presupuestario para hacerlo  -Alemania, entre otros- a aflojar un poco la mano en la política de austeridad. La OCDE, profeta del saneamiento financiero, ha tenido que rendirse a la evidencia de que las restricciones presupuestarias adoptadas de forma generalizada en Europa amenazan con provocar una recaída.
Los últimos cálculos de la OCDE, aunque solamente indicativos –el grado de incertidumbre, admite la propia organización, impide tomárselos al pie de la letra- son más bien sombríos para los países desarrollados. Dejando al margen a Japón –en una situación particular a causa de los efectos del tsunami-, el crecimiento económico en el resto de países del G-7 (Estados Unidos, Canadá, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia) quedará, de media, por debajo del 1%. Con algún vaticinio sorprendente, incluso, como el dato negativo (-1,4%) previsto para Alemania en el cuarto trimestre de este año y para Italia (-0,1%) en el tercer trimestre.

El análisis de la OCDE constata una ralentización de la economía próxima al estancamiento, la contracción del comercio mundial –con el mantenimiento de fuertes desequilibrios de balanza corriente-, el mantenimiento de elevados índices de paro y una degradación de la confianza de las empresas y los consumidores particulares. Los bajos niveles de consumo y de inversión de las empresas son uno de los factores de riesgo que, según la OCDE, amenazan la recuperación, junto con las medidas de saneamiento de las finanzas públicas, la excesivamente moderada bajada de los precios del petróleo, la crisis de la deuda soberana en la zona euro y el impacto de factores coyunturales, como el parón nuclear en Alemania.

La OCDE no descarta que la crisis de la deuda soberana pueda intensificarse de nuevo en los próximos meses. Para frenar esta deriva y restablecer la confianza, la organización defiende la mejora de los mecanismos de gobierno de la zona euro y la recapitalización de los bancos afectados por su exposición a la deuda soberana de los países en dificultades. En esto último, la OCDE coincide totalmente con la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, que ha sido ásperamente criticada en Europa, y particularmente en Francia, por decir lo mismo.



Justicia clemente para Galliano

Despedido fulminantemente de la casa Dior, privado de la marca que lleva su propio nombre, avergonzado ante todo el planeta, John Galliano ha encontrado en la justicia francesa la clemencia que sus patrones le negaron hace seis meses. El Tribunal Correccional de París condenó ayer al modisto británico a 6.000 euros de multa, con suspensión de condena –esto es, que no deberá cumplir si no reincide-, por un delito de injurias racistas de carácter antisemita.
Los jueces han optado por ser benevolentes, después de que el creador pidiera excusas por su comportamiento y se comprometiera a seguir tratamientos de desintoxicación de su adicciónal alcohol y los medicamente (los somníferos y el valium), y le han infligido una sanción más leve que la solicitada por la fiscalía -10.000 euros- y que la pena máxima prevista por la ley –de hasta seis meses de cárcel y 22.500 euros de multa-.

Galliano ha sido condenado por dos hechos similares ocurridos –en octubre del 2010 y febrero del 2011- en el mismo lugar: la terraza del café La Perle, un establecimiento próximo al domicilio del estilista, en el barrio parisino del Marais. En ambos casos, el modisto, totalmente ebrio, importunó a otros clientes del local, profiriendo insultos racistas y haciendo proclamas antijudías. Por el segundo caso –el que precipitó su caída- ha recibido una multa de 4.000 euros y 2.000 por el primero, grabado en vídeo. Galliano deberá asimismo indemnizar simbólicamente con un euro a cada una de las personas ofendidas, así como costear los gastos judiciales de las mismas y de las cuatro asociaciones antirracistas que se personaron en la causa, entre ellas Sos Racisme.

El abogado del modisto, Aurélien Hamelle, expresó su satisfacción por la sentencia del tribunal y valoró el hecho de que los jueces hayan tenido en cuenta “las circunstancias de su enfermedad”. Para curarse de sus múltiples adicciones, Galliano siguió durante dos meses dos tratamientos de desintoxicación en Arizona (Estados Unidos) y Suiza.

Arrojado fuera del paraíso de la moda por el dios del lujo, el todopoderoso presidente del grupo LVMH, Bernard Arnault, el modisto británico no sólo perdió la dirección artística de Dior, sino que también fue despedido de su propia sociedad –John Galliano-, cuyo accionista mayoritario era su patrón. Para el presidente de Dior, Sidney Toledano, el comportamiento de su creador estrella fue “particularmente odioso”.

Desde entonces, Galliano ha estado apartado del mundo de la moda. Con una única excepción: fue él quien en plena cura de desintoxicación diseñó el que iba a ser el vestido de boda de la top model Kate Moss, que contrajo matrimonio el pasado mes de julio con el rockero Jamie Hince. Con un talento mundialmente reconocido, el regreso de Galliano a las pasarelas puede ser sólo una cuestión de tiempo.

Donde, presumiblemente, Galliano no volverá a poner nunca más los pies es en la casa Dior, ni en niguna otra del gigantesco grupo LVMH. Y no porque el puesto no esté libre. Bernard Arnault se ha tomado un largo tiempor de reflexión y todavía no ha nombrado a su sustituto en Dior. El último nombre que suena es el de Marc Jacobs, un hombre de la casa, que se ha labrado un reconocimiento unánime al frente de la dirección artística de Louis Vuitton.

martes, 6 de septiembre de 2011

Chirac, doblemente ausente

Jacques Chirac no se sentará finalmente en el banquillo. Nunca. Pero no se librará de ser juzgado. El Tribunal Correccional de París decidió ayer abrir el –eternamente aplazado- juicio sobre el caso de los empleos ficticios de la alcaldía de París sin la presencia del ex presidente francés, debido a la degradación de su estado de salud. Chirac, que el próximo mes de noviembre cumplirá 79 años, padece una enfermedad neurodegenerativa que le causa, entre otros síntomas, pérdidas de memoria, según un informe médico del jefe del servicio de neurología del hospital de la Pitié-Salpêtrière de París, Olivier Lyon-Caen, presentado hace tres días por los abogados de la defensa. Aquejado, según el informe, de anosognosia –trastorno de la percepción que niega la propia patología-, Chirac no sería él mismo consciente de sus problemas, derivados presumiblemente del accidente vascular cerebral que sufrió en septiembre del 2005.
El tribunal, presidido por el magistrado Dominique Pauthe –el mismo que juzgó los casos Clearstream y Kerviel-, decidió tomar nota del informe médico y darlo por bueno para excusar la presencia de Chirac y juzgarlo en ausencia, algo que la fiscalía y la acusación civil aceptaron sin problema para evitar un enésimo aplazamiento de la vista. “Su presencia personal no será ordenada”, comunicó el tribunal tras una corta deliberación. El ex president francés, juzgado junto a otros nueve inculpados, será representado por sus abogados.

El llamado caso de los empleos ficticios de la alcaldía de París, por el que ya fue condenado en 2004 el hoy ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, alude a un sistema de financiación irregular del antiguo partido fundado y dirigido por Chirac –el RPR, antecedente de la UMP– durante su etapa como alcalde de París (1977-1995) consistente en pagar fraudulentamente sueldos municipales a personas del partido por funciones inexistentes. Las acciones judiciales contra Chirac tuvieron que suspenderse mientras fue presidente a causa de la inmunidad penal del jefe del Estado.

El juicio de Chirac, que se enfrenta a una pena teórica de 10 años de cárcel y 150.000 euros de multa, tiene una particularidad: la única acusación es la de un grupo de asociaciones anticorrupción, presentadas en la causa en el último momento. La fiscalía, que en su momento pidió su archivo por juzgar que no había indicios de delito, ha renunciado a ejercer la acusación. Lo mismo que el Ayuntamiento de París,  principal  perjudicado y hasta agosto del 2010, principal acusación particular, que decidió retirarse tras llegar a un acuerdo económico con la UMP y el propio Chirac por el cual percibirá 2,2 millones de  euros  como  compensación por los perjuicios sufridos.

Sobre la degradación de la salud de Chirac llevaba varios meses hablándose. Entre quienes le visitaban, había quien le encontraba en baja forma, abúlico, olvidadizo y disperso. En este contexto, su estentóreo anuncio del pasado mes de junio diciendo que votaría por el socialista François Hollande ¿fue una boutade o un descarrilamiento?

La maniobra de última hora de la defensa de Chirac ha generado un cierto escepticismo y hay quienes sospechan que todo ha sido instigado por la esposa del ex presidente francés, Bernadette Chirac, para evitar que su marido tuviera el dudoso honor de ser el primer presidente de la V República en sentarse en el banquillo. Pero si es así, ha sido a costa de un costoso peaje: la presentación del informe médico y su aceptación por el tribunal supone, en la práctica, la muerte pública definitiva de Chirac, imposibilitado a partir de ahora de emitir opiniones políticas o participar en las deliberaciones del Consejo Constitucional, del que todos los ex presidentes son miembros natos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El incómodo retorno de DSK

Un avión de Air France procedente de Nueva York debía aterrizar esta mañana en París con dos esperados pasajeros a bordo: Dominique Strauss-Kahn y su mujer, Anne Sinclair, cuyo regreso a Francia había sido anunciado a voces por sus amigos para este fin de semana. Numerosos fotógrafos llevan días acechando la llegada del ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) apostados en el aeropuerto Charles de Gaulle y en los alrededores de su domicilio parisino, en la supercarísima plaza de los Vosgos, en el Marais, dispuestos a seguir escrutando con lupa sus idas y venidas.
Exculpado por la justicia norteamericana de la acusación de violación de una empleada del hotel Sofitel de Manhattan, quien fuera hasta hace tan sólo tres meses y medio el gran favorito del Partido Socialista francés para desalojar a Nicolas Sarkozy del Elíseo, regresa como un hombre políticamente hundido y moralmente desacreditado. Hasta el punto de que incluso sus camaradas juzgan conveniente mantenerse lo más alejados posible de él, como si fuera un apestado. Para el PS, inmerso en el proceso de elecciones primarias cara a las presidenciales del 2012, DSK asemeja -por retomar la caricatura del diario conservador Le Figaro- el molesto esparadrapo que se pegaba obstinadamente al capitán Haddock en El Asunto Tornasol de Tintin.

El retorno de DSK, a quien el 60% de los franceses desea ahora alejado del Gobierno, se ha convertido en una losa, en un lastre político. Sólo así se explica el espectacular desmarque protagonizado esta semana por la primera secretaria del PS, Martine Aubry. “Yo pienso lo mismo que muchas mujeres sobre la actitud de Dominique Strauss-Kahn hacia las mujeres”, espetó en televisión la jefa de filas de los socialistas, cuya candidatura en las primarias fue una consecuencia directa de la inculpación de DSK. Una frase que, viniendo de quien viene, le ha hecho probablemente más daño que la alusión, por hiriente que fuera, del ex primer ministro Michel Rocard a su supuesta “enfermedad mental” en materia de conducta sexual.

Porque DSK puede haberse librado en Estados Unidos de una gravísima acusación de violación, pero la renuncia de la fiscalía de Nueva York a mantener los cargos en su contra –por falta de pruebas- no ha despejado, ni mucho menos, lo que realmente sucedió en la suite 2806 del hotel Sofitel. La sospecha permanece instalada en la opinión pública francesa –especialmente la femenina- y no ayuda precisamente a diluirla la existencia de una denuncia similar en Francia, realizada por la periodista Tristane Banon. El frente judicial sigue aquí abierto: la investigación está en manos de la fiscalía, que podría llamar próximamente a Strauss-Kahn a declarar.

En cualquier caso, aún si no es culpable de ningún delito, su imagen ha quedado irremediablemente dañada. El proceso ha servido para sacar a la cruda luz del día la enfermiza dependencia de DSK hacia el sexo y, de paso, exhibir la inmensa fortuna y el gusto por el lujo de la pareja Strauss-Kahn-Sinclair, un pecado capital para el electorado popular que el PS pretende sustraer a los cánticos populistas de la extrema derecha.

Algunos de sus más fervorosos partidarios, persuadidos de que el tiempo todo lo cura, quieren creer, pese a todo, que su campeón estará llamado de nuevo en el futuro a tener un papel político de primera línea. Como ha expresado uno de ellos: “En este momento, Dominique no es bebible, pero mañana no excluyo que los franceses tengan sed”.


sábado, 3 de septiembre de 2011

El amigo qatarí

Cinco personas comparecieron la noche del jueves en el salón Napoleón III del palacio del Elíseo para anunciar al mundo el respaldo de la comunidad internacional a la nueva Libia. Junto al presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, David Cameron –convocantes de la cumbre-; el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, y el presidente del Consejo Nacional de Transición libio, Mustafá Abdel Yalil, estaba, por derecho propio, el emir de Qatar. El jeque Hamad bin Jalifa Al Zani ha tenido un papel fundamental en el éxito de la intervención militar internacional que ha precipitado la caída del coronel Muamar el Gadafi, al garantizar el engarce del mundo árabe en la coalición liderada por Francia y el Reino Unido.
Capaz de hablar con todos los interlocutores del complejo mosaico de Oriente Medio y amigo leal de Occidente, el emir Al Zani juega un papel diplomático y político clave en la región y en los últimos años se ha convertido en un aliado esencial de Francia en la zona. No hay iniciativa francesa en el tablero árabe que no se haya apoyado de un modo u otro en la discreta acción del amigo qatarí. Así en la liberación de las enfermeras búlgaras presas en Libia en 2007,  en el intento de acercamiento al sirio Bachar el Asad entre 2008 y 2009,  o ahora en el apoyo a la insurrección contra Gadafi.

Nicolas Sarkozy ha mimado desde el principio las relaciones con el emir de Qatar. El jeque Al Zani fue el primer jefe de Estado en ser recibido en el Elíseo tras su elección como presidente de la República en mayo del 2007, y ese mismo año –así como el siguiente-, fue invitado de honor en la fiesta nacional del 14 de Julio. El presidente francés ha viajado desde entonces cuatro veces a Doha y el emir fue recibido en París con gran pompa en una visita de Estado en 2010.

La familia Al Zani, propietaria de imponentes mansiones en París –en la selecta plaza Vendôme y en la isla de Saint-Louis-  ha cuidado también enormemente las relaciones con Francia, país que mantiene una política exterior activa e independiente –como demostró al oponerse  a la guerra de Iraq en 2003-, cultivando en especial los contactos con dirigentes políticos franceses, tanto de la derecha como de la izquierda, invitados regularmente al emirato. Esta proximidad se ha traducido en los útimos años en una creciente imbricación económica. Si numerosas son las empresas franceses presentes en Qatar, los intereses qataríes en Francia se han multiplicado.

La presencia destacada del emir Hamad bin Jalifa Al Zani el jueves en el Elíseo, que subrayaba el relevante papel internacional del emirato, tiene su reverso en la de su hijo, el príncipe heredero Tamim bin Hamad al Zani, en el palco del estadio del Parque de los Príncipes el pasado 21 de agosto, en el partido entre el Paris Saint-Germain y el Valenciennes, ilustrativa del desembarco qatarí en la capital francesa.

El joven heredero del emirato es el nuevo presidente del PSG, el histórico club de fútbol de París, en el que Qatar no se ha conformado con grabar su nombre en las camisetas sino que ha comprado la entidad, haciéndose con el 70% del capital por 39 millones de euros. La operación, completada con la adjudiación al canal Al Yazira Sport de una parte de los derechos de televisión de la Liga 1 en 2012 por 90 millones más,  confirma el interés de los qataríes en el terreno deportivo, donde ya se habían introducido como patrocinadores de la última edición del Tour de Francia y, desde 2009, del Premio hípico Arc de Triomphe, la gran cita anual del hipódromo de Longchamp.

Los intereses Qatar no se limitan al terreno deportivo. El emirato posee participaciones estratégicas en algunas de las más importantes empresas francesas –Lagardère (7,6%), Vinci (5,8%), Veolia (5%), Suez Environnement (1%)-, así como fuertes intereses en el sector hotelero –hotel Royal Monceau y otro en proyecto en el antiguo centro de convenciones Kleber, en París, y Majestic, en Cannes- y del juego, donde posee el 22% de la Sociedad de Casinos de Cannes.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mano tendida a la nueva Libia

La nueva Libia tiene al mundo de su lado. Olvidadas –o casi- las resistencias y  objeciones de algunos países a salir en defensa de los rebeldes contra el régimen de Muamar el Gadafi, la comunidad internacional mostró ayer en París, caído ya el dictador, su determinación común de apoyar a las nuevas autoridades libias en la reconstrucción política y económica del país. Los cerca de 60 participantes en la cumbre de “amigos de Libia” –como informalmente fueron bautizados por el Elíseo- acordó el levantamiento de la congelación de los bienes libios en el extranjero decidida por las Naciones Unidas –unos 15.000 millones de dólares-, con el fin de liberar los fondos necesarios para atender las necesidades más urgentes de la población, y promover un amplio reconocimiento internacional del Consejo Nacional de Transición (CNT)
A cambio, la comunidad internacional pidió a las nuevas autoridades libias, representadas por el presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, un compromiso para conducir la transición democrática en un marco de “reconciliación y perdón”, según explicó al término de la reunión el presidente francés, Nicolas Sarkozy -anfitrión y promotor del encuentro junto al primer ministro británico, David Cameron-, quien en alusión a Iraq  llamó a evitar “los errores cometidos en otros países en el pasado”. La OTAN, añadió Sarkozy, seguirá actuando mientras Gadafi y las fuerzas que aún le son leales sigan representando una amenaza.

Veintintinueve jefes de Estado y de Gobierno -el resto de países estuvo representado en su mayoría por sus ministros de Exteriores- acudieron a la cita convocada por Sarkozy y Cameron. Un éxito para París y Londres, que fueron los artífices de la intervención internacional que ha acabado precipitando la derrota de Gadafi y pretenden mantenerse ahora como los principales impulsores del proceso de reconstrucción.

La conferencia internacional de ayer logró trascender el reducido grupo de países que se comprometió en la intervención militar internacional contra Gadafi, incorporando en particular a los que habían puesto más obstáculos en la ONU para dar luz verde a la intervención y que más ásperamente criticaron los bombardeos de la OTAN. El nivel de los representantes enviados por China, Rusia, Brasil y la India –un viceministro, un senador, un embajador, un secretario de Estado- fue, sin embargo, bastante discreto. Por parte de Alemania, en cambio, que también se desmarcó de sus socios europeos absteniéndose en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad 1973, acudió la canciller Angela Merkel, obligada a subirse al tranvía ya en marcha.

La movilización de los países participantes fue muy desigual. Los europeos estuvieron presentes al más alto nivel. Junto a Sarkozy, Cameron y Merkel, se sentaron entre otros el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, así como los presidentes del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y de la Comisión, José Manuel Durao Barroso. Estados Unidos estuvo representado por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y la ONU por su secretario general, Ban Ki-Moon.

Zapatero insistió durante y después de la reunión en la necesidad de que el nuevo Estado democrático libio garantice “la pluralidad y la libertad religiosa”. E hizo un llamamiento a la comunidad internacional a inspirarse en el caso de Libia para actuar también en Siria.

La fecha de la reunión, el 1 de septiembre –42º aniversario del golpe de Estado del coronel Muamar el Gadafi contra el rey Idris-, fue escogida con toda la intención para marcar simbólicamente el fin de una era. Igualmente, el Elíseo agrupó a las delegaciones internacionales –que siguieron las discusiones de los dirigentes a distancia-  en un entoldado levantado en en el jardín del vecino Hôtel de Marigny, en el mismo lugar en que el dictador libio había plantado su jaima durante su controvertida visita oficial a París en el 2007.

Más allá de la ayuda económica inmediata y el apuntalamiento político al nuevo régimen, lo que va a ventilarse en los próximos meses es el reparto del suculento pastel de la reconstrucción del país. La caída de Gadafi ha cambiado completamente las cartas y los países que más se han comprometido con el triunfo de la insurrección –Francia, Reino Unido, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos- parten con indudable ventaja. En estos meses, mientras los aviones bombardeaban a las fuerzas del dictador, diplomáticos y empresarios empezaban ya a preparar el terreno futuro.

Gadafi en España

Los bienes de la familia Gadafi congelados por el Gobierno español incluyen una finca de siete hectáreas en la zona de Marbella –con un valor catastral de 45 millones de euros-, un depósito de 300 millones en el banco Aresbank y una cuenta bancaria de poco más de 400.000 euros a plaza a nombre de un hijo del dictador. El Gobierno ha congelado asimismo el pago de los intereses de la deuda soberana española que detiene el Estado libio –bonos por valor de 800 millones-, así como las deudas de las empresa españolas con el Estado libio.

Una juez contra Sarkozy

El caso Bettencourt vuelve a llamar a la puerta de Nicolas Sarkozy. La juez Isabelle Prévost-Desprez, vicepresidenta del Tribunal Correccional de Nanterre (alrededores de París) y ex instructora del sumario, ha revelado en un libro la existencia de un testigo según el cual el presidente francés recibió dinero en metálico de la principal accionista del grupo L’Oréal, Liliane Bettencourt, para financiar su campaña electoral en 2007, en lo que constituiría un presunto delito de financiación ilegal. La magistrada acusa al Elíseo se haber torpedeado la investigación, a  través de la acción del fiscal Philippe Courroye, y de haber conseguido apartarla del caso en otoño del año pasado.
No es la primera vez que Sarkozy es acusado de haberse beneficiado del dinero que la familia Bettencourt entregaba regularmente a algunos políticos. La antigua contable de la multimillonaria, Claire Thibout, declaró en su momento a la policía haber recibido la instrucción de retirar 150.000 euros con destino al tesorero de la campaña del presidente, Eric Woerth, a quien el escándalo le costó el cargo de ministro de Trabajo.

Pero hasta ahora nadie había señalado personalmente al jefe del Estado como perceptor directo del dinero. La juez Prévost-Desprez lo hace –de forma bastante irregular, tratándose de una magistrada en ejercicio- en un libro escrito por los periodistas de Le Monde Gérard Davet y Fabrice Lhomme, “Sarko m’a tuer” (“Sarko me ha matado”) –título que reproduce la misma falta ortográfica de un célebre crimen ocurrido en Francia en 1991-, donde entrevistan a cerca de una treintena de víctimas políticas de Sarkozy.

En su entrevista, la juez Prévost-Desprez explica que un segundo testigo, la antigua enfermera que estaba al cargo de Liliane Bettencourt, aseguró confidencialmente a la secretaria de su juzgado –al margen de su declaración oficial- que había “visto” entregar dinero en metálico al hoy presidente. “Los testigos tenían miedo de hablar en su declaración sobre Nicolas Sarkozy”, afirma la juez, quien añade: “Este proceso representaba para el Elíseo un gran riesgo, había un 90% de posibilidades de una deflagración. Tenían que quitarme el caso por todos los medios. Era imperativo apartarme”. La disputa entre Prévost-Desprez y el fiscal Courroye por dirigir la investigación se zanjó con un traslado del caso al tribunal de Burdeos. Por miedo -o no-, la enfermera negó haber lanzado semejante acusación sólo unas pocas horas después.

La actuación de Courroye en este caso es cuestionada asimismo por un ex consejero de la entonces ministra de Justicia, Michèle Alliot-Marie, David Sénat –también represaliado y también entrevistado en el libro-, quien subraya que el fiscal sólo pasaba información al Elíseo, saltándose la jerarquía del Ministerio.

El Elíseo desmintió ayer categóricamente las acusaciones de Prévost-Desprez, que calificó de “infundadas, mentirosas y escandalosas”, y diversas figuras de la derecha salieron al paso denunciando su intencionalidad política. El primer ministro, François Fillon, difundió un comunicado –cosa infrecuente- en el que considera tales afirmaciones como un “rumor detestable e insidioso” y una “manipulación” que vinculó al actual periodo preelectoral.

Muy diferente fue la reacción de la oposición. La primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry, pidió públicamente la apertura de una investigación, sobre las revelaciones de la juez, mientras que el resto de aspirante a encabezar la candidatura socialista al Elíseo, desde François Hollande a Ségolène Royal pasando por Manuel Valls y Arnaud Montebourg, denunciaron las presiones del poder sobre la justicia.