domingo, 19 de junio de 2011

“La revolución es la antítesis de la negociación”. Entrevista con Aurélien Colson, director del IRENE

El buen negociador no nace, se hace. Así lo sostiene uno de los mayores expertos franceses en este terreno, Aurélien Colson, director del Instituto de Investigación y Enseñanza sobre la Negociación (IRENE) y profesor de ciencia política en la escuela de negocios ESSEC. Coautor a sus 37 años de un libro de referencia, “Método de mediacion. En el corazón de la conciliación”, Colson enseña también a los diplomáticos del Quai d’Orsay y a altos cargos de la Comisión Europea, y ha participado en diversas misiones internacionales de reconciliación en países en post-conflicto.

- El buen negociador ¿nace?
- La negociación se aprende. Naturalmente, algunas personas están dotadas de cualidades que pueden ayudarles. Pero la negociación es, ante todo, un conjunto de útiles, de métodos… y eso se puede aprender. Antoine Pecquet, un diplomático francés de la época de Luis XV, escribió en 1737: “Uno aprende toda la vida a convertirse en un buen negociador”. Sigue siendo cierto hoy.

-¿Cuáles son las cualidades esenciales de un negociador?
- La paciencia, la capacidad de escuchar, la firmeza en el fondo aunada con el respeto al interlocutor. Hay que respetar siempre al interlocutor. Algunos lo hacen a la inversa: son muy duros con su interlocutor y, en cambio, hacen concesiones sobre el fondo. Es muy importante escuchar. El buen negociador no es necesariamente rápido.

- ¿Cuál es el secreto de una buena negociación?
- Si tuviera que elegir sólo uno, sería la preparación. Es esencial. Muchas cosas se determinan antes mismo de llegar a la mesa de negociación.

- ¿Negociar es renunciar?
- En ciertos casos, sí, pero no siempre. Uno debe llegar, en todo caso, a la negociación sabiendo a qué puede renunciar. Eso forma parte de la preparación, deslindar lo esencial de lo accesorio.

- Usted trabajó entre 1998 y 2002 con Lionel Jospin cuando éste era primer ministro. ¿Qué aprendió de esta experiencia?
- Que lo esencial, antes de una negociación, es construir un consenso interno. Es en la propia organización donde hay que negociar, de entrada, una posición común. Y luego, negociar en el exterior. Eso es válido tanto para el Gobierno como para una empresa o cualquier organización.

-Se dice a menudo que en Francia no existe el hábito de negociar. ¿Lo suscribe?
- Un sindicalista francés me dijo hace años: “Francia es un país al que no le gusta negociar”. Esto sigue siendo así, y es un gran problema. Porque cuando no se negocia se deja espacio al conflicto, y ello es costosísimo. Francia tiene ante sí un reto colectivo: reconocer la importancia de la negociación. Francia ha hecho revoluciones, y la revolución es la antítesis de la negociación. Ese recuerdo sigue muy presente. En 2007, Nicolas Sarkozy enarboló la bandera de la ruptura… La ruptura está muy lejos del universo de la negociación. No creo que sea un buen método.

- Desde hace un tiempo, usted forma también en la negociación a los diplomáticos del Quai d'Orsay. ¿Saber negociar es hoy más necesario que antes?
- Empezamos con un seminario en 2010. Se han producido dos movimientos. Por una parte, los responsables del Ministerio de Asuntos Exteriores se dieron cuenta de que la negociación se puede aprender, que no es sólo fruto de la experiencia. Por otra parte, es cierto que se negocia cada vez más, y sobre temas cada vez más complejos: el cambio climático, el sistema financiero internacional… Para tratar de estos asuntos hacen falta expertos en el tema, pero también expertos en métodos de negociación.

- ¿Son los chinos, como se dice, los más temibles negociadores?
- En el IRENE hemos creado un programa en Asia cuy objetivo es precisamente estudiar cómo negocian los asiáticos, y los chinos en particular. Porque sí, los chinos son grandes negociadores.

- La guerra ¿es el fracaso de la negociación? ¿o es justamente un elemento de negociación?
- No se puede separar. La negociación implica un pulso y el pulso incluye la posibilidad de recurrir a la fuerza. Hay un continuum. Lo importante es que el recurso a la fuerza sea la última solución. Pero si la única solución para concluir un conflicto por la negociación es recurrir a la fuerza, no hay que dudarlo.

- La negociación ¿es la única salida al conflicto en Libia?
- Sí. La cuestión, sin embargo, es con quién negociar, quién estará alrededor de la mesa de negociación. Hoy, el mapa de la mesa denegociación no está claro.

- ¿Por qué fracasan siempre las negociaciones entre israelíes y palestinos?
- Es una situación muy complicada. Pienso que las dos partes, pero en particular Israel, tiene la impresión falsa de que puede ganar sin negociar. Israel prosigue la colonización, pensando en crear una situación irreversible. Es un mal cálculo, que acabará mal.

sábado, 18 de junio de 2011

La escritura y la muerte

Sesenta y seis años después, la muerte ha dado finalmente alcance a Jorge Semprún, quien yace ya para siempre en el pequeño cementerio de Garentreville, al sur de París, junto a su mujer, Colette. Sesenta y seis años de libertad vigilada desde que regresara a la vida, procedente de las tinieblas del campo de concentración nazi de Buchenwald, cerca de la evocadora ciudad de Weimar, un domingo de abril de 1945. Sesenta y seis años con la muerte pegada al alma. La muerte áspera que él mismo infligió una mañana de otoño antes de caer prisionero. La muerte amarga de sus compañeros de infortunio. La propia muerte. Agazapada. Contumaz. “Yo no evité la muerte, la atravesé”, decía.

Semprún esperó medio siglo para volcar su experiencia en “La escritura o la vida”, soberbio y sobrecogedor relato del horror, retrato vívido de un siglo atravesado por el mal. Sobrevivir exigía, en el momento de la liberación, silencio y distancia. “Tenía que elegir entre la escritura y la vida, y opté por la vida”, explicó él mismo para justificar ese largo mutismo de cincuenta años. La palabra estaba demasiado cargada de dolor.

Testigo excepcional de un tiempo atormentado, militante insobornable por la libertad y contra todo tipo de totalitarismo, Semprún ya no está entre nosotros. Pero nos quedan sus palabras, nos queda su memoria. Un legado de lectura imperativa.

Las imágenes -duras, afiladas- de la escritura de Semprún golpean el rostro de quien se atreve a asomarse al espanto. El humo anaranjado y el olor –obsesivo- a carne quemada expelido por la chimenea del crematorio del campo. El pavoroso silencio del bosque, huérfano de pájaros. Los ojos de los muertos en sus camastros el día de la liberación, ojos desesperadamente abiertos de par en par en busca de una quimérica esperanza de salvación. Y en medio, una voz de ultratumba expresándose en yiddish. Los cadáveres ambulantes de los supervivientes, más muertos que vivos. Imágenes como puñales…

Y el relato punzante de dos muertes. Dos muertes que este lector no ha podido olvidar.

La primera muerte llega una mañana de otoño de 1943, una soleada y luminosa mañana de otoño en la dulce campiña francesa. El joven Semprún, veinte años apenas, acecha –junto a otro miembro de la Resistencia, Julien- los movimientos de las tropas alemanas junto a un riachuelo en Semur-en-Auxois, cuando aparece un soldado solitario en una motocicleta. Un joven alemán alto, rubio y de hermosa voz. Lo tienen allí, a su alcance, cuando empieza a cantar la versión alemana de La Paloma: “Kommt eine weisse Taube zu Dir geflogen…”. La mera evocación de esta canción de infancia –“Si a tu ventana llega una paloma…”- paraliza a Semprún, quien se siente por unos instantes incapaz de disparar. Sólo unos instantes. Después le dispara, por la espalda. “¡Mierda, mierda, mierda!”, grita fuera de sí, desmoronándose por lo que acaba de hacer. El joven soldado queda boca abajo, muerto, junto al bucólico arroyo. No hay ningún juicio moral en el relato de Semprún, no hay arrepentimiento tampoco. Sólo una infinita tristeza.

La segunda muerte acaece en abril de 1945, pocos días después de que el campo de concentración haya sido liberado por las fuerzas del general Patton. Semprún está a la cabecera de Diego Morales, múltiple superviviente de la Guerra Civil española, la Resistencia y los campos de Auschwitz y Buchenwald… a punto de morir sin embargo –cuando ya acaricia la libertad con la mano- a causa de una vulgar disentería.
- “Morirse así, de cagalera, no hay derecho…”, susurra el moribundo.
Semprún está totalmente de acuerdo. Piensa que es injusto, que la muerte es estúpida por definición. “Tan estúpida como el nacer, por lo menos. Tan pasmosa, igualmente”. E intenta recitarle un poema de César Vallejo. No llega a tiempo, sin embargo:
“Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: ‘¡No mueras, te amo tanto!’.
Pero el cadáver, ¡ay!, siguió muriendo…”

Tan español como francés, amante apasionado de la cultura alemana –lengua que aprendió en la infancia-, a Semprún le incomodaban las eternas preguntas sobre su identidad. Una vez dejó escrito: “Al final, cuando insisten en saber si mi patria es el español o el francés, tengo ganas de contestar: tengo la matrícula 44904 grabada en mi cuerpo desde mi deportación a Buchenwald”.  El preso número 44904 no salió del tenebroso pozo del infierno con sed de venganza, sino con hambre de paz. Del mismo modo que del horror que asoló el continente entre 1939 y 1945, nació la voluntad de unidad y reconciliación entre europeos con la que Semprún estuvo siempre firmemente comprometido. Como le dijo en una ocasión a Daniel Cohn-Bendit, el emblemático líder del movimiento de Mayo del 68: “Europa nació en Buchenwald”.

viernes, 17 de junio de 2011

Rama rompe amarras

La ruptura política entre Nicolas Sarkozy y la que fuera una de las figuras más emblemáticas y prometedoras de su primer Gobierno, Rama Yade, es ya definitiva. La ex secretaria de Estado, una de las mujeres negras que más alto había llegado en el escalafón gubernamental en Francia, ha presentado su dimisión como embajadora ante la Unesco –cargo para el que fue designada hace sólo cinco meses– para dedicarse de lleno a la preparación de la campaña de las elecciones presidenciales junto al líder del Partido Radical, Jean-Louis Borloo.
Rama Yade, de 34 años, decidió el pasado mes de abril dejar el partido de Sarkozy, la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y sumarse a la nueva aventura política de los centristas, que han decidido romper las amarras con el gran partido de la derecha para volar solos y –eventualmente– presentar una candidatura propia al Elíseo el año que viene. “Es la elección de la libertad y la coherencia”, explicó Yade en declaraciones a France Prese para justificar su decisión.
La ruptura de los centristas ha sido espoleada por el radical giro a la derecha impuesto por Sarkozy desde mediados del 2010 para intentar recuperar al electorado de extrema derecha, y que ha tenido como último exponente el controvertido debate sobre el papel del islam en Francia. Para Yade, de origen senegalés y de confesión musulmana –aunque casada con un judío–, el planteamiento del debate en los términos en que se hizo fue razón suficiente para alejarse de la UMP. En los últimos meses Yade no se había abstenido de emitir opiniones políticas, haciendo insostenible su función diplomática. Si al final ha dimitido, ha sido para evitar que el presidente la cesara.
El distanciamiento entre Sarkozy y Yade, sin embargo, viene de lejos. Contestataria y rebelde, las cualidades que el candidato Sarkozy apreció en 2007 en la joven militante de la UMP devinieron sus principales defectos para el Sarkozy presidente, progresivamente incómodo con la desobediencia de su pupila. Nombrada secretaria de Estado de Derechos Humanos en 2007, fue transmutada a la secretaría de Estado de Deportes en 2009 y finalmente sacada del Gobierno en 2010.

Regreso a casa

El buque Île-de-Sein atracó a primera hora de la mañana de ayer en el puerto de Bayona (sudoeste de Francia) con una carga muy especial. En cuatro contenedores cargaba los cadáveres de 104 de los 228 ocupantes del vuelo de Air France AF447 entre Río de Janeiro y París, que el 1 de junio del 2009 se estrelló en medio del Atlántico, así como diversos restos del avión, recuperados del fondo del océano a 3.900 metros de profundidad por un submarino teledirigido. Los restos mortales fueron trasladados ayer mismo al Instituto Médico Legal de París para proceder a su identificación. Hasta ahora sólo se había podido recuperar, e identificar, los cuerpos de 50 víctimas, hallados flotando en la superficie en días posteriores al accidente. Los 74 restantes permanecen en el fondo, quizá para siempre.
Los familiares de las víctimas –de 32 nacionalidades, aunque son mayoría los franceses y brasileños– están totalmente divididos sobre esta cuestión. Algunos deseaban recuperar los restos de sus familiares para darles sepultura, otros preferían que reposaran en el fondo del Atlántico.
Una vez localizados los restos del avión, el pasado mes de abril, las autoridades francesas condicionaron la recuperación de los cadáveres a la viabilidad de su identificación a través del ADN, dado que el estado de los cuerpos –dos años después– hacía harto improbable su identificación por otros medios. Confirmada esta posibilidad y de acuerdo con el juez que instruye el sumario abierto por el accidente se decidió remontar a la superficie aquellos cuerpos que fuera posible.
Ahora, un equipo integrado por tres médicos forenses, dos radiólogos y dos ortodoncistas, trabajarán en la identificación de los cadáveres, proceso que puede necesitar semanas, si no meses.
La localización de los restos del avión, y con ellos las dos cajas negras donde se graban los datos técnicos y las conversaciones de los pilotos, ha sido fundamental para poder saber lo que ocurrió el 1 de junio. El Bureau d’Enquêtes et d’Analyses (BEA) –el organismo oficial encargado de la investigación– todavía no ha hecho público ningún informe sobre la causa o causas de la catástrofe. Un primer informe de etapa al respecto debería ver la luz entre finales de este mes y julio.
Sin embargo, las circunstancias que rodearon el desarrollo del accidente –según se desprende de un primer avance realizado por el BEA– dan algunas pistas de lo que pasó. Así, el desencadenante de la tragedia fue la disfunción de las sondas de velocidad –denominadas sondas Pitot–, que dieron datos contradictorios sobre la velocidad del avión, lo que comportó como consecuencia la desactivación del piloto automático y otros automatismos del avión. A partir de esta constatación, que ya se dedujo de la lectura de los datos enviados automáticamente en vuelo al centro de mantenimiento, el juez instructor decidió procesar por homicidio involuntario a la compañía aérea, Air France, y a Airbus, fabricante del avión, un A330.
Lo que las cajas negras han revelado es que los copilotos –el comandante estaba descansando en aquel momento– intentaron recuperar el control del avión levantando el morro para ascender, todo lo contrario al parecer de lo que deberían haber hecho en aquella altitud –11.500 metros–, o sea, picar. 

jueves, 16 de junio de 2011

Los homosexuales franceses tendrán que esperar

Los homosexuales seguirán sin poder contraer matrimonio en Francia. Al menos, por un tiempo. El Consejo Constitucional francés, en una sentencia emitida el pasado mes de enero, se había lavado las manos al respecto, dejando toda la potestad al criterio del Parlamento. Y el Parlamento se ha pronunciado. La Asamblea Nacional –cámara baja– rechazó el martes, por 293 votos contra 222, una proposición de ley socialista para legalizar el matrimonio de personas del mismo sexo.
La derecha, como estaba previsto, votó masivamente en contra. Pero no de forma unánime: una treintena larga de miembros de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) –el partido de Nicolas Sarkozy– se abstuvieron directa o indirectamente en la votación y una decena de insignes diputados decidieron apoyar la propuesta de la izquierda. Entre ellos estaba el presidente del Partido Radical, el ex ministro Jean-Louis Borloo, en pleno proceso de despegue de la mayoría presidencial con vistas a las elecciones presidenciales de 2012.
“¡Atrévanse!”, espetó en el hemiciclo el socialista Patrick Bloche –ponente de la proposición– dirigiéndose a los bancos de la derecha, a quienes recordó que “incluso la católica España” había reconocido este derecho a los homosexuales. Pocos se atrevieron. La derecha francesa, pese a estar dividida, sigue mayoritariamente anclada en una oposición feroz a igualar ante la ley a las parejas heterosexuales y homosexuales. “El matrimonio entre personas del mismo sexo es una aberración antropológica”, tronó el diputado conservador Christian Vanneste, un punto de vista radical, poco proclive a encontrar un terreno de entendimiento.
En 2007, antes de ser elegido presidente de la República, Nicolas Sarkozy parecía decidido a avanzar en este terreno, si no reconociendo el matrimonio entre homosexuales, sí equiparando en la práctica los derechos de estos últimos con los miembros de parejas heterosexuales en materia de adopción, patria potestad y sucesiones. La resistencia en sus propias filas, sin embargo, ha hecho que no haya avanzado nada en estos últimos cuatro años.
En Francia, los homosexuales pueden unirse legalmente fuera del matrimonio a través del llamado Pacto Civil de Solidaridad (Pacs), instaurado en 1999 y abierto también a lo heterosexuales que prefieren unos lazos de unión jurídicamente más leves que los del matrimonio. Los homosexuales pueden también adoptar a un niño, pero sólo a título individual, lo que deja al otro miembro de la pareja legalmente indefenso, ya sea en caso de separación o de fallecimiento.
Una pareja de lesbianas con tres hijos en común –concebidos por inseminación artificial– llevaron sus reclamaciones de igualdad en este terreno hasta el Consejo Constitucional –órgano equivalente al Tribunal Constitucional español, pero no integrado por jueces, sino por políticos–, que dictaminó el pasado mes de enero. En su sentencia, el Consejo consideró que el hecho de reservar el matrimonio para la unión de un hombre y una mujer, como hace el Código Civil, no vulnera el principio de igualdad consagrado en la Constitución. Y atribuyó al Parlamento la potestad de legislar en este sentido o en su contrario. De ahí la proposición del Partido Socialista (PS)
La derrota parlamentaria de la propuesta no ha cerrado el debate, que probablemente resurgirá durante la campaña de las elecciones presidenciales del año que viene. Así lo ha prometido ya François Hollande, actual favorito –tras la caída de Dominique Strauss-Kahn– para encabezar la candidatura socialista al Elíseo.
La derecha misma es consciente de que deberá hacer algo para intentar dar una salida a las reivindicaciones del colectivo homosexual. El presidente del grupo parlamentario de la UMP en la Asamblea Nacional, Jean-François Copé, ha anunciado ya la creación de un grupo de trabajo en el seno de la mayoría para abordar esta cuestión. La ministra de la Cophesión Social, Roselyne Bachelot –partidaria, ella sí, de la igualación de derechos–, vaticinó ayer que tarde o temprano el matrimonio entre homosexuales será reconocido. “De todos modos, esto se hará. Es una cuestión de meses, o de años, pero se hará”, declaró la ministra, quien recordó que ella fue en su día la única diputada de la derecha en apoyar los Pacs: “En estos temas, al final, siempre he ganado”.

División en el PS sobre la legalización del cannabis

Una nueva polémica se ha abierto en el Parlamento francés después de que el grupo de trabajo del Partido Socialista sobre drogas, presidido por el diputado Daniel Vaillant, haya presentado un informe en el que propugna la legalización del cannabis, como medio de acabar con las mafias de narcotraficantes e intentar moderar el consumo. La idea va mucho más allá de la simple despenalización –actualmente, el consumo está penalizado en Francia– y propone crear un auténtico sector industrial controlado de cabo a rabo, desde la producción hasta la distribución, por el Estado. Si la derecha es hostil a semejante propuesta, el propio PS está radicalmente dividido. Diversos diputados socialistas mostraron su oposición a la iniciativa –entre ellos, el alcalde de Evry, Manuel Valls, exponente de la línea dura– y la primera secretaria del partido, Martine Aubry, escurrió el bulto y se negó a pronunciarse al respecto.



domingo, 12 de junio de 2011

La crisis, según Alain Touraine

Premio Príncipe de Asturias 2010 de Comunicación y Humanidades,  el sociólogo francés Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, 1925) es un profundo conocedor de la sociedad industrial y el mundo del trabajo. En su último libro, Después de la crisis (Paidós), analiza las transformaciones sociales que germinan tras la crisis económica y financiera desencadenada a partir del 2007. 

La economía mundial da signos de recuperación. ¿Es eso realmente la salida de la crisis?
En el plano puramente económico, no hemos salido verdaderamente del estancamiento. En Estados Unidos, la capacidad de creación e innovación es tan importante que se puede hablar de elementos de arranque. Pero en Europa, el único país que está saliendo es Alemania, donde han tenido la inteligencia de mantener la sociedad industrial. La situación en Francia, en Italia, no es brillante. En España, hay un 21% de paro... Y hay tres países en situación difícil. ¿Se puede hablar de salida de la crisis con los casos de Grecia, Irlanda y Portugal? 

Pese a todo, la situación no es tan dramática como la que se produjo tras el crack del 29. 

Ciertamente, hemos evitado 1929. Hemos conseguido, pese a las dificultades, hacer algo para salvar la zona euro. Y los países europeos, salvo excepciones, han entendido que encerrarse, cerrar las fronteras como propone en Francia Marine Le Pen, sería una catástrofe, que abandonar el euro no es una solución. Hemos evitado lo peor. Pero no se puede decir que las cosas se han recuperado. Y esto pasa en un mundo que está en pleno crecimiento: América Latina, India, Corea, China… incluso África.

¿La hegemonía mundial se está desplazando con la crisis? 

El gran fenómeno es el desplazamiento hacia los países nuevos. Es el hecho más importante. Los americanos han perdido mucha influencia, pero los europeos todavía más. Hoy no cabe imaginar a Europa como un elemento fundamental de la economía mundial. No hemos salido, no salimos, de la crisis porque no podemos salir sin un cambio cualitativo, profundo, cultural, político, social… y estamos muy lejos. Abordamos pequeños problemas con enormes dificultades. 

¿Es un declive inevitable? 

Nada es inevitable. Aunque hay que entender que salir de la crisis implica cambiar de visión, cambiar de paradigma, de representación de un tipo societal nuevo. Lo que es extremadamente difícil. En el siglo XIX, en Europa - Inglaterra aparte-el pensamiento industrial tuvo muchas dificultades para imponerse. 

No encontramos el camino... 

En Europa, y esto es algo extraordinario, han desaparecido los actores sociales y políticos. En la derecha no hay nada nuevo. El único cambio es la penetración de las ideas de la extrema derecha. El único movimiento importante hoy en Europa es la xenofobia. Y la izquierda está en retroceso. El problema fundamental es que los actores de la sociedad industrial han desaparecido y no han sido reemplazados. La extrema derecha es un contra-actor. Estamos en un continente sin actores. En un mundo vacío donde no hay grandes movimientos sociales. En la Europa de los últimos años había movimientos de cierta importancia, vinculados a la deslocalización industrial, al cierre de empresas. Después del inicio de la crisis en 2007 se terminó, porque la gente está en una situación mucho más difícil. 

Usted habla en su libro del silencio de las víctimas de la crisis. ¿A qué lo atribuye? 

No tengo respuestas suficientes. Pero es el problema más importante. La gran cuestión son los dominados, el pueblo, los trabajadores. Las fuerzas de oposición ya no son los trabajadores. 

En España han roto ese silencio los indignados.

La ausencia de respuesta de los países europeos a la crisis ha comportado una crisis política. Los electores, sobre todo los jóvenes instruidos, tienen la conciencia de que se encuentran frente a un vacío político. En varios países, y no sólo en España, ha habido movimientos parecidos de ruptura. No se trata en absoluto de revolución, sino de la conciencia de no estar ya representados. El movimiento español parece una manifestación desesperada de una izquierda abandonada y engañada. Estos movimientos reclaman con urgencia nuevas proposiciones del sistema político. Es la ausencia de propuestas para salir de la crisis la que causa la indignación. 

Si ya no son los trabajadores la principal fuerza de oposición, ¿quién puede serlo? 

Ésa es la gran cuestión… Se puede responder de tres maneras. Se puede decir, de entrada, que en este mundo global la única respuesta con sentido debe ser mundial, es decir, ecologista. Aquí hay una capacidad de acción incontestable. La segunda es la respuesta a la mundialización. Pero los altermundialistas, que se han movilizado formidablemente, no tienen ningún asidero político. Es un movimiento de opinión que no deviene movimiento político. En tercer lugar, yo había formulado la hipótesis, que se ha revelado errónea, de que entre las principales fuerzas estaría el feminismo. No se ha producido. 



Sostiene en su libro que ya no hay lucha de clases. 

Estamos en un mundo donde hay una especie de descomposición de lo económico y lo social. En el mundo de lo subsocial está el tema de la ecología y de la desigualdad económica, y por encima, el problema de los derechos morales, de la igualdad, de la lucha contra la xenofobia. Hemos salido de la época que estaba dominada por las categorías sociales. Estamos más allá de lo social. Por eso hablo de una sociedad postsocial, de una situación posthistórica.

¿Los nuevos combates son, pues, universales? 

¿Qué puede ser movilizador? No digo qué gente, sino qué temas ¿qué puede hacer salir a la gente de su casa? Esta es la cuestión que planteo en el libro y que, si todavía tengo algunos meses, intentaré dar elementos de respuesta en un nuevo libro que será probablemente el último. Creo que lo que es movilizador hoy es el tema de los derechos, un tema moral. Es más un juicio moral que un juicio social. En los siglos pasados hemos combatido por los derechos políticos, por los derechos sociales, por derechos culturales en una cierta medida, por los derechos sexuales… Ahora todo esto se funde en la cuestión de los derechos del ser humano. Hay muchos intelectuales, en particular franceses, que pretenden ser modernos burlándose del derechohumanismo. Son unos imbéciles. La capacidad de movilización en defensa de los derechos es hoy considerable y tomará cada vez más importancia.

¿Las revoluciones árabes responden a este proceso? 

Se trata de un acontecimiento fundamental. De repente, toda la construcción política sobre el mundo árabe ha devenido un camelo. La realidad es que hay una gente, que ha hecho estudios y no tiene trabajo, y que quieren una vida política y económica - y perdón por la expresión- a la occidental. 

sábado, 11 de junio de 2011

Ventaja para Lagarde

La pugna por la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI), vacante tras la dimisión forzada de Dominique Strauss-Kahn, va a reducirse a un duelo entre la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, y el presidente del Banco de México, Agustín Carstens, los dos candidatos mejor situados. El pulso, sin embargo, parte enormemente desequilibrado en favor de la ministra francesa, que ha afianzado en las últimas dos semanas su condición de favorita. El plazo para la presentación de candidaturas se cerró anoche, pero el FMI no dará a conocer oficialmente la lista hasta la semana que viene –en caso de que no haya más de tres– o más tarde –si hay más–.
Christine Lagarde, que en los últimos diez días ha visitado las capitales de los tres grandes países emergentes en busca de un respaldo amplio a su candidatura –Brasilia el 30 de mayo, Nueva Delhi el 7 de junio, Pekín el 9–, acudió ayer a Lisboa aprovechando una reunión del Banco Africano de Desarrollo. Y no se fue con las manos vacías. Los ministros de Economía de la República Democrática de Congo y de Costa de Marfil, Matata Mapon y Charles Koffi Diby, anunciaron el apoyo del África subsahariana a la candidatura de Lagarde, quien ya había recibido el respaldo de Marruecos, Chad y Guinea.
África no presentará ningún candidato propio, después de que el principal favorito, el ministro de Planificación de Sudáfrica, Trevor Manuel, confirmara ayer su renuncia a presentar su candidatura. Los sudafricanos habían tanteado –sin éxito– la posibilidad de que Manuel recibiera el respaldo de los otros miembros del BRICS –Brasil, Rusia, India y China–. Lo cierto es que los países emergentes, que reclaman al unísono mayor peso en el FMI, no han logrado ponerse de acuerdo sobre un nombre común.
Ni siquiera el mexicano Carlos Carstens parece en disposición de atraerse su respaldo, percibido al parecer como demasiado próximo a Washington. Carstens, que ayer se encontraba en Nueva Delhi –donde pidió una elección basada exclusivamente en el mérito–, sólo ha conseguido hasta ahora el apoyo de una docena de países latinoamericanos, entre los que no están los dos grandes: Argentina y Brasil.
Christine Lagarde, en cambio, parte con la aplastante ventaja de contar con el apoyo unánime y explícito de la Unión Europea –reacia a aceptar un director del FMI no europeo, en plena tormenta monetaria–, y el respaldo implícito de Estados Unidos y de Rusia, que le dieron su luz verde durante la cumbre del G-8 celebrada los pasados 26 y 27 de mayo en la población francesa de Deauville. A diferencia del resto de países de los BRICS, los rusos han elogiado públicamente a Lagarde, dejando clamorosamente solo al tercer candidato en discordia: el presidente del Banco Central de Kazajstán, Grigori Martchenko.
La única sombra que planea sobre Lagarde, cuya competencia y dotes de negociación, es unánimemente reconocida, es interior: la amenaza de ser sometida en Francia a una investigación judicial por presunto abuso de poder por su papel en el arbitraje que resolvió el litigio entre el empresario Bernard Tapie y el Estado francés –en tanto que heredero subsidiario del Crédit Lyonnais– por la venta de Adidas. El Tribunal de Justicia de la República aplazó ayer una decisión sobre este asunto al próximo 8 de julio.