miércoles, 9 de marzo de 2011

El banquillo puede esperar

Quien desee ver a Jacques Chirac en el banquillo tendrá que esperar. Tres meses al menos. Un día después de abierto el proceso, el tribunal que debe juzgar al ex presidente francés y a otros nueve acusados por el caso de los denominados “empleos ficticios” de la alcaldía de París decidió ayer suspender la vista al menos hasta el 20 de junio, a causa de la cuestión prioritaria de constitucionalidad presentada por el abogado de uno de los procesados.
La demanda deberá ser examinada ahora por el Tribunal de Casación –que dispone de tres meses para hacerlo– y, si considera que tiene fundamento, enviarla al Consejo Constitucional, que puede emplear otros tres meses en dictaminar. En tal caso, el Consejo deberá prescindir en sus debates de dos de sus más insignes miembros: el propio Jacques Chirac –que forma parte en su calidad de ex presidente de la República y que ha suspendido temporalmente su participación– y el presidente del organismo, Jean-Louis Debré, pues uno de los juzgados es su hermano François.
Este nuevo problema jurídico no debería impedir, sólo retrasar, el juicio a Chirac, salvo que de aquí a entonces surja algún nuevo obstáculo. Los abogados del ex presidente francés, de 78 años, no han utilizado hasta ahora esta carta, pero las recientes informaciones sobre sus problemas de salud podrían haber contribuido a preparar el terreno.
Formalmente, Chirac no sólo está dispuesto a responder ante el tribunal, sino que tiene “ganas” –según aseguró ayer uno de sus abogados, Georges Kiejman– de que el juicio se celebre. En la confianza, naturalmente, de ser absuelto. La ausencia de una acusación de peso juega a su favor.
La fiscalía, que pidió el archivo de la causa por juzgar que no había indicios de delito, ha renunciado a ejercer la acusación. Lo mismo que el Ayuntamiento de París, principal perjudicado y hasta el pasado agosto principal acusación particular, que decidió retirarse tras llegar a un acuerdo con la UMP y el propio Chirac por el cual percibirá 2,2 millones de euros como compensación por los perjuicios sufridos.
El caso de los “empleos ficticios” alude a un presunto sistema de financiación irregular del partido de Chirac –el RPR, antecedente de la UMP– durante su etapa como alcalde de París consistente en pagar sueldos municipales a personalidades del partido o familiares por funciones inexistentes. Un grupo de asociaciones anticorrupción se ha personado en la causa para cubrir el vacío dejado por el Ayuntamiento de París, pero los abogados de Chirac contestan su legitimidad.
El ex presidente francés no está detrás de la demanda que ha forzado la suspensión del juicio –como subrayó ayer el máximo responsable de su defensa, Jean Veil–, sino uno de sus antiguos directores de gabinete, Rémy Chardon. El origen del problema es la fusión, en la misma causa, de dos sumarios diferentes: uno instruido por un juzgado de París y el otro por un juzgado de Nanterre. El abogado de Chardon reivindica, en contra de la jurisprudencia vigente, que en el primero de los casos el delito ha prescrito. Y este es el asunto que deberá dilucidarse ahora. Ello no afecta sin embargo al caso de Nanterre, que ya fue juzgado –y por el que en 2004 fue condenado el actual ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé– y del que sólo queda como acusado Chirac. Su condición de presidente había impedido hasta ahora juzgarle.

martes, 8 de marzo de 2011

El juicio que puede hacer 'pitchsssss'

Ya lo dijo Jacques Chirac en el 2000 al referirse a las acusaciones de corrupción de que era objeto su gestión al frente de la alcaldía de París: “Todo esto va a hacer pitchsssss”. Después de una larga instrucción y una más larga espera, a causa de la inmunidad penal que protege al jefe del Estado durante el ejercicio de su cargo, el juicio al ex presidente francés por uno de esos casos –el de los llamados “empleos ficticios”– va camino de desinflarse.
La vista empezó ayer sin la presencia de Chirac, excusado debido a su edad –78 años– y su estado de salud de acudir a la primera jornada, destinada únicamente a los asuntos procedimentales. El ex presidente francés, que no tiene intención de acudir al tribunal antes del miércoles, podría no llegar a sentarse en el banquillo. Una cuestión prioritaria de constitucionalidad –sobre la prescripción del delito– presentada ayer por la defensa de uno de los 10 acusados podría acabar obligando a suspender sine die el proceso. El tribunal lo decidirá hoy.
Acusado de malversación de fondos públicos, Chirac será el primer presidente de la V República en ser juzgado. Una circunstancia que incomoda a numerosos políticos a derecha e izquierda –que creen que todo esto llega demasiado tarde–, pero no a los ciudadanos de a pie, el 71% de los cuales considera normal que el juicio se celebre. En caso de ser declarado culpable, Chirac se enfrenta a una posible pena de hasta 10 años de cárcel, 150.000 euros de multa e inhabilitación.
Chirac, sin embargo, no tendrá enfrente acusadores de peso. El fiscal jefe, Jean-Claude Marin, ha renunciado a la acusación, tras haber solicitado el archivo de la causa por entender que no había delito. El Ayuntamiento de París, que se presentaba como acusación particular, se ha retirado también después de que el alcalde, el socialista Bertrand Delanoë, firmara un acuerdo por el cual la UMP y el propio Chirac devolverán a las arcas municipales 2,2 millones de euros por el perjuicio sufrido. Sólo un grupo de asociaciones anticorrupción se ha presentado a última hora para cubrir este vacío, lo que la defensa de Chirac contesta.
El caso de los “empleos ficticios” de la alcaldía –que reúne en realidad dos casos idénticos instruidos originalmente por dos juzgados diferentes, en París y en Nanterre– alude al supuesto sistema de financiación ilegal organizado por el entonces principal partido de la derecha, el RPR –antecedente de la actual UMP–, consistente en contratar falsamente como empleados o comisionados del Ayuntamiento de París a personas del partido, que cobraban un sueldo municipal sin ejercer en realidad ninguna función. Los 28 casos de empleos ficticios incluidos en el sumario se produjeron mientras Chirac era alcalde de París (1977-1995) y a la vez presidente del RPR.
Cuando la justicia abrió el caso, en 1999, chocó con la inmunidad que protegía a Chirac en tanto que presidente de La República, por lo que su procesamiento tuvo que esperar a que, en 2007, abandonara el Elíseo. Nada protegió, sin embargo, al ex primer ministro y actual ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, quien en el momento de los hechos era teniente de alcalde de finanzas y secretario general del RPR, y que en 2004 fue condenado a 14 meses de prisión –con suspensión condicional de la pena– y un año de inelegibilidad. Juppé se retiró temporalmente de la política y dejó la presidencia de la recién nacida UMP, abriendo así el camino a la toma del poder del partido por Nicolas Sarkozy.
Junto a Chirac, se sientan en el banquillo otras nueve personas, presuntos cómplices o beneficiarios del sistema de los empleos ficticios. Entre ellos están dos antiguos directores de gabinete de Chirac, Michel Roussin y Rémy Chardon, así como un nieto del general De Gaulle, Jean de Gaulle, y François Debré, hermano del presidente del Consejo Constitucional, Jean-Louis Debré.

sábado, 5 de marzo de 2011

El último desfile

Una gravedad impropia, completamente extranjera al mundo de la moda, una vaga tristeza, como de fin de época, ensombrecieron la presentación ayer, en el Museo Rodin de París, de la nueva colección prêt-à-porter de Dior para la temporada otoño-invierno. Era el último desfile de John Galliano, el excéntrico y –hasta ayer mismo– mundialmente venerado director artístico de la casa, despedido sin miramientos por haber proferido injurias de corte antisemita. El último desfile de un rey ausente, a quien Dior –accionista mayoritario, con el 90%– había forzado antes a anular el desfile de su marca personal, previsto para mañana.
Ninguna concesión a la ligeraza ni a la frivolidad hubo en la puesta en escena del desfile de Dior, desertado por las celebridades que habitualmente se agolpaban en las primeras filas. Sólo la top model Natalia Vodianova, a fin de cuentas alguien del mundillo, se atrevió a acercarse a aquel mausoleo y expresar su tristeza, Sin sonrisas, con el semblante serio, las modelos presentaron sobriamente la colección. Nada de pasillos después, nada de vítores y copas de champán. Nada había que celebrar y el backstage permaneció cerrado a cal y canto.
En ese estado de excepción, el presidente de Dior –cosa totalmente excepcional– salió al escenario antes de empezar el desfile para leer un comunicado de la casa de moda. “El hecho de que el nombre de Dior haya podido mezclarse, por medio de su diseñador, por brillante que sea, con afirmaciones intolerables nos resulta muy doloroso”, leyó Sidney Toledano, que aludía a las expresiones antisemitas y racistas lanzadas por Galliano, ebrio, en varios altercados recientes.
“Tales palabras son inaceptables, en nombre de nuestro deber de memoria, en nombre de todas las víctimas del Holocausto, en nombre del respeto a todos los pueblos, en nombre de la dignidad humana”, afirmó Toledano, quien –él mismo de origen judío sefardí– recordó que una hermana del fundador, Christian Dior, fue deportada al campo de concentración nazi de Buchenwald.
La caída fulgurante de John Galliano se gestó el jueves de la semana pasada, cuando en un incidente con una pareja en la terraza de un café del Marais el modisto –bajo los efectos del alcohol– lanzó presuntamente los insultos de “sucia judía” y “jodido hijo de puta asiático”. La pareja presentó una demanda, a la que enseguida se añadió otra por otro altercado similar. Pese a que Galliano se declaró inocente, el fiscal decidió enviarlo a juicio ante el Tribunal Correcional de París, que probablemente celebrará la vista antes del próximo verano. La dirección de Dior decidió en un primer momento suspender cautelarmente a su director artístico, pero la difusión por internet de un vídeo en que el diseñador alababa a Hitler y la exterminación de los judíos precipitó su despido.
Ayer, al final del desfile –en el que los asiduos creyeron ver la “sustancia” del estilo que Galliano ha inoculado en los últimos quince años en Dior, pero sin su “alma”– no fue la estrella, siempre sorprendente y extravagente, quien salió a saludar al público, sino una cuarentena de humildes batas blancas: los artesanos del taller de confección, artistas habitualmente anónimos expuestos excepcionalmente a la luz.
Una imagen resumió el momento: Igor Dewe, un performer habitual de los salones de moda, se plantó embutido en pieles en medio de la calle con una escueta pancarta de adiós. “The king is gone”. El rey se ha ido...

Espía como puedas

El supuesto caso de espionaje industrial del que habría sido víctima el programa del vehículo eléctrico de Renault podría no haber existido nunca. Un gran bulo, un engaño, una estafa incluso –todo, menos espionaje– sería la causa de que tres veteranos directivos de la firma fueran fulminantemente despedidos, acusados de la peor de las traiciones, y que estuviera a punto de desencadenarse un conflicto diplomático entre Francia y China, a quien se acusó de estar detrás de la presunta conspiración. La investigación de la Dirección Central de Información Interior (DCRI) lo más sólido que ha encontrado hasta ahora es menos que polvo: nada.
Renault, aún sin dar definitivamente por enterrada la posibilidad de un caso de espionale, admitió ayer abiertamente que la “hipótesis” de que la compañía haya sido víctima de una manipulación es más que verosímil. De confirmarse, ello tendría un efecto devastador sobre la dirección.
El director general de Renautl y número dos de Carlos Ghosn, Patrick Pélata, explicó la situación el lunes al primer ministro francés, François Fillon, y al ministro de Industria, Eric Besson. Y ayer lo hizo públicamente en una entrevista en Le Figaro, donde aseguró que en caso de confirmarse la existencia de una manipulación, los tres directivos despedidos serían reintegrados en la empresa y la dirección asumiría sus responsabilidades: “Si no hay caso de espionaje, asumiremos todas las consecuencias hasta el más alto nivel de la empresa, esto es, hasta mí”, dijo Pélata, ofreciendo implícitamente su dimisión y salvando al presidente.
El Gobierno francés, que ya se sintió ninguneado cuando estalló el caso –nadie le previno, pese a ser el Estado el principal accionista de Renault– se apresuró ayer a tomar nota de la disposición de Pélata a dimitir. La ministra de Economía, Christine Lagarde, subrayó que, evidentemente, si se demuestra que no hubo espionaje, pedirá “responsabilidades”.
El caso se inició con una denuncia anónima, enviada a la dirección a finales del pasado verano. Renault decidió en aquel momento –y ese fue su “gran error”, según han subrayado expertos en inteligencia industrial– encargar una investigación interna, en vez de ponerlo en conocimiento de la DCRI. Como resultado de esa investigación, que ahora podría revelarse fraudulenta, la empresa creyó confirmadas sus sospechas y en enero pasado despidió a tres directivos: Michel Balthazard, miembro del comité de dirección; Bertrand Rochette, su adjunto, y Matthieu Tenenbaum, director adjunto del programa del vehículo eléctrico. Los tres han defendido siempre su inocencia y han presentado una demanda por denuncia calumniosa.
El único indicio del supuesto espionaje, aportado por la investigación interna de Renault a partir de la denuncia anónima, sería la existencia de varias cuentas bancarias en Liechtenstein y Suiza a través de las cuales los tres directivos sospechosos cobrarían supuestos sobornos a cambio de pasar información a la competencia. La investigación de la DCRI ha revelado que no existe ninguna de las cuentas bancarias citadas en Suiza y –a falta de la confirmación oficial– podría pasar otro tanto con la de Liechtenstein. La identidad del denunciante anónimo no ha sido hasta ahora desvelada. Y las motivaciones que le movieron, todavía menos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Tocado y hundido

No ha hecho falta que la investigación policial sobre los presuntos insultos racistas y antisemitas pronunciados por John Galliano culminara para que la casa Dior decidiera, ayer, el despido fulminante de su estilista estrella. Una segunda denuncia por hechos similares y –sobre todo– la difusión de un vídeo en el que el modisto, visiblemente borracho, manifestaba su adhesión a Hitler han precipitado los acontecimientos. La dirección de Dior, en un comunicado de su presidente, Sidney Toledano, explicó su expeditiva decisión por “el carácter particularmente odioso del comportamiento y de las afirmaciones de John Galliano”, que están “en total contradicción con los valores esenciales” de la casa.
El desfile previsto por la firma francesa el próximo viernes en el museo Rodin de París para presentar su nueva colecciónpara la temporada primavera-verano 2012 en la semana del prêt-à-porter, corría ayer el riesgo de ser suspendido. La misma incógnita pesaba sobre el desfile que John Galliano tenía programado para el domingo bajo su propia marca.
El modisto gibraltareño, responsable de la línea de moda femenina de Dior desde hace cerca de quince años, se situó al borde del precipicio el jueves de la semana pasada, cuando fue detenido por la policía acusado de haber proferido insultos racistas y antisemitas a una pareja que estaba sentada a su lado en la terraza de la brasserie La Perle, en el barrio parisino del Marais. Galliano, que estaba ebrio en el momento del altercado, fue suspendido en sus funciones el viernes de forma cautelar por la dirección, a la espera de aclarar la situación. No ha habido tal. Nuevos elementos aparecidos después han acabado empujando al excéntrico modisto británico al fondo del abismo.
Galliano compareció de nuevo el lunes en comisaría para un careo con sus demandantes y negó haber pronunciado injuria alguna de tipo racista o antisemita. Los demandantes mantuvieron su acusación –según la cual, el creador les habría llamado en inglés “sucia judía” y “jodido hijo de puta asiático”–, pero varios testigos presenciales aseguraron no haber escuchado semejantes palabras.
Aparentemente, Galliano –que reivindica su inocencia desde el primer momento– podría haber salido del atolladero, a falta de una prueba de cargo fehaciente. Pero la presentación de una segunda demanda por el mismo comportamiento, interpuesta por una mujer que habría sido insultada por el diseñador en el mismo lugar en octubre del año pasado, y la difusión de un comprometedor vídeo le cerraron toda salida.
En el citado vídeo, colgado en su página web por el tabloide británico The Sun, supuestamente grabado el pasado diciembre, puede verse a Galliano, sentado nuevamente en la terraza de un café, en el mismo estado de embriaguez, insultando desagradablemente en inglés a los clientes de la mesa de al lado con afirmaciones del mismo tenor. “Me encanta Hitler”, afirma en la grabación el hasta ahora director artístico de Dior, quien a continuación no deja el menor resquicio de duda sobre el sentido de sus palabras: “La gente como vosotros estaría muerta. Vuestras madres, vuestros padres serían todos unos jodidos gaseados”.
Demasiado para la imagen de Dior. El presidente del mastodóntico grupo de lujo LVMH –propietario, entre muchas otras marcas, de Dior–, Bernard Arnault, decidó zanjar el asunto rápidamente.
La fashion week de París, que ayer inauguró la creadora portuguesa Fátima Lopes y que cerrará el miércoles 9 de marzo el jordano Rad Hourani, quedará marcada a fuego por la caída de uno de sus idolatrados dioses.

Vacaciones en el Magreb

La irresistible atracción de la clase política francesa por pasar las vacaciones en países del Magreb está empezando a pasar una inesperada factura a Nicolas Sarkozy y su Gobierno, pillados de repente en una incómoda proximidad con los regímenes dictatoriales árabes que se están viniendo abajo a causa de la presión popular.
Tras el viaje privado de la hasta ahora ministra de Asuntos Exteriores, Michèle Alliot-Marie, las pasadas Navidades a Túnez –que le ha costado el cargo– y de la visita particular que efectuó por esas mismas fechas a Egipto el primer ministro, François Fillon, invitado por el derrocado presidente Hosni Mubarak, un nuevo caso ha saltado ahora a la palestra: Henri Guaino, consejero especial del presidente francés –al que escribe sus discursos– e inspirador de la iniciativa de la Unión por el Mediterráneo, pasó la Nochevieja en Libia, según ha confirmado él mismo al semanario Les Inrockuptibles, que ha desvelado la noticia.
El caso de Guaino es, a priori, muy diferente de los otros dos. El consejero de Sarkozy no viajó a Trípoli invitado por el régimen de Gadafi, sino por el embajador de Francia en Libia –un amigo suyo personal–, en cuya residencia se alojó “cuatro días y cuatro noches”. Durante su estancia –asegura– no mantuvo contacto alguno, ni oficial ni oficioso, con las autoridades libias. A diferencia de lo que sucedió con Alliot-Marie en Túnez, no había en aquel momento en el país ningún movimiento insurreccional. Y el viaje se lo pagó enteramente de su bolsillo. “Pagamos hasta los billetes para entrar en los sitios arqueológicos”, ha subrayado Guaino, quien no se privó de marcar distancias con el caso de Alliot-Marie lanzando un dardo envenenado a la ex responsable del Quai d'Orsay: “No encontré a nadie en el aeropuerto que me ofreciera llevarme en su avión privado”, dijo en alusión a la excusa que utilizó Alliot-Marie para justificar los desplazamientos que hizo en el jet particular del empresario tunecino Aziz Miled, socio de un yerno del depuesto Ben Ali.
Pero que Guaino no haya cometido ninguna falta no evita que se traslade a la opinión pública, por la acumulación de casos, una negativa sensación de sospecha.
Si algún vínculo político incómodo acaba apareciendo en el caso de Libia no parece que vaya a venir, sin embargo, de la mano de Henri Guaino, sino de uno de los miembros del Gobierno: Patrick Ollier, ministro de Relaciones con el Parlamento y –¡embarazosa coincidencia!–, compañero sentimental de Alliot-Marie. Presidente desde 2003 del Grupo de Amistad Franco-Libio de la Asamblea Nacional, Ollier ha mantenido fluidos contactos con el régimen libio –Gadafi incluido– y trabajó activamente, a partir del levantamiento del embargo internacional, por reanudar las relaciones comerciales con Libia. Según parece, Sarkozy estuvo tentado de aprovechar el cese de Alliot-Marie para dejarle también fuera del Gobierno...

martes, 1 de marzo de 2011

Memorias enfrentadas

El mundo del celuloide ha sido, este fin de semana, el escenario de una guerra sorda de memorias enfrentadas. La paralela carrera de los Oscar y de los César –su versión francesa- ha sido una competición artística indirecta teñida de intereses políticos. Dos películas de signo totalmente diferente –incluso contrapuesto–, ambientadas en dos épocas distintas de la historia argelina, se han disputado la gloria y el reconocimiento de la industria cinematográfica. Sólo una lo ha obtenido.
La primera, Hors-la-loi (Fuera de la ley), del franco-argelino Rachid Bouchareb, retrata la violenta represión francesa en su antigua colonia en 1945. La segunda, Des hommes et des dieux (Hombres y dioses), de Xavier Beauvois, relata el asesinato en 1996 de siete monjes franceses en el monasterio cisterciense de Tibéhirine a manos presuntamente de terroristas islamistas. Presentada por Argelia a la competición por el Oscar a la mejor película extranjera, Hors-la-loi consiguió colarse en la exclusiva lista de las cinco finalistas nominadas, para ser finalmente derrotada por la producción danesa In a Better World (En un mundo mejor). Avalada por Francia, Des hommes et des dieux, Gran Premio del Jurado del festival de Cannes 2010, fue descartada por los académicos de Hollywood en la selección final –evitando así una confrontación directa con la película de Bouchareb en el teatro Kodak de Los Ángeles-, pero los franceses la han compensado ampliamente con tres César, entre ellos el de mejor film, negando a su competidora todo galardón.
El film de Bouchareb es, en realidad, una coproducción internacional en la que Francia ha participado poniendo la parte del león. Justamente por eso resulta significativo que sea Argelia –país cuya participación no pasó del 20%– quien la haya apadrinado. Más aún  si se tiene en cuenta la airada polémica que despertó en Francia su estreno en el festival de Cannes. Los detractores de la película, básicamente alineados en la extrema derecha –aunque también los ha habido en las filas del partido de Nicolas Sarkozy, la UMP–, reprochan a Bouchareb haber falsificado la realidad histórica de la masacre de Sétif, ocurrida el 8 de mayo de 1945. El realizador se ha defendido, sin gran éxito, argumentando que su obra no es un documental sino una ficción cinematográfica...
El 8 de mayo de 1945, mientras se festejaba la victoria aliada sobre la Alemania nazi, una manifestación proindependentista en la población argelina de Sétif derivó en un baño de violencia que se extendió a otras ciudades y que acabó con una sanguinaria represión militar. Los historiadores cifran las víctimas en 10.000 argelinos y 103 europeos. Un desequilibrio evidente que el film de Bouchareb, sin embargo, eludió al obviar completamente (¿por qué?) la matanza de civiles franceses y europeos que desencadenó las brutales represalias de las autoridades coloniales.
Des hommes et des dieux no ha levantado polémica alguna, pero sí se convirtió –con más de tres millones de entradas vendidas- en un fenomenal éxito. Contra pronóstico, el martirio de unos monjes cristianos, ejemplo de generosidad y entrega, sacrificados en el altar de la intolerancia religiosa –nótese, islamista-, tocó la fibra de los franceses. Los valores cristianos parecen cotizar de nuevo al alza en vísperas del inquietante debate que sobre el islam quiere abrir ahora, en clave preelectoral, Nicolas Sarkozy...
A poco más de un año de que se celebre el 50º aniversario de la independencia, Argelia y Francia abordan separadas por un abismo el recuerdo de su dolorosa historia común. “En ambos lados se constata una dificultad para afrontar el pasado. En Argelia hay una sobreconmemoración de los acontecimientos, a veces falsificados, mientras en Francia prevalece el olvido”, opina el historiador Benjamin Stora.
Los franceses, lastrados por la mala conciencia de haber sido la potencia colonial –acrecentada por la historia negra de la represión, la tortura y la violencia de la OAS–, han tendido a pasar página de la guerra de Argelia, aún a costa de prácticamente ignorar el sufrimiento de las víctimas propias y desentenderse de quienes –más de un millón de colonos europeos, los pieds-noirs, y decenas de miles de harkis, argelinos que combatieron en el ejército colonial– fueron forzados al exilio, cuando no masacrados por osar quedarse.
Casi cincuenta años después, con 2,5 millones de argelinos viviendo en Francia, la reconciliación sigue siendo una asignatura pendiente.